Xi congreso de Sociología. Madrid. 10-13 de Julio de 2013



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XI Congreso de Sociología. Madrid. 10-13 de Julio de 2013
Grupo 18: Sociología de la Cultura y de las Artes


FUNDAMENTO CULTURAL DE LA TAUROMAQUIA.

UN ANÁLISIS SOCIOLÓGICO
Emilia Riesco Vázquez
Universidad de Salamanca. Facultad de Ciencias Sociales.

Departamento de Sociología y Comunicación.

Avenida Tomás y Valiente s/n. Campus Unamuno. CP: 37007. Salamanca.

Teléfono: 923294400; extensión: 3206

Correo electrónico: riesco@usal.es
Resumen:

En esta comunicación se realiza un análisis de la tauromaquia desde la perspectiva sociológica. Se argumenta que la sociología de la tauromaquia no debe reducirse a ser considerada sólo como una sociología del ocio o del espectáculo, sino que debe considerarse como una sociología de la cultura y del ámbito social de la producción ganadera, ya que sin toro bravo no existiría la tauromaquia. El toro bravo es el principio de la misma y la bravura es el producto cultural de una sociedad como se analiza en este texto.



Palabras claves: cultura, tauromaquia, valores, bravura, toreo.

El 29 de julio de 2011 el Consejo de Ministros aprobó el Real Decreto 1151/2011 que ratifica el paso de los toros del Ministerio del Interior al Ministerio de Cultura. El Gobierno, en este decreto se reconoce expresamente “la tauromaquia como una disciplina artística y un producto cultural”. Este reconocimiento es un hito muy importante en la historia del toreo y ha puesto de actualidad la necesidad de abrir debates académicos acerca de esta declaración.


¿La tauromaquia, desde el punto de vista de la sociología, es realmente un producto cultural? ¿Superará con éxito el análisis sociológico esta disciplina? Estas son algunas de las preguntas a las que se trata de dar respuesta en esta ponencia.
Son muchos los intelectuales y artistas de distintas disciplinas que, a lo largo de los años, se han referido a la tauromaquia exaltando sus valores artísticos y culturales. En esta introducción, a modo de ejemplo, me referiré solo a algunos de ellos para dejar constancia de su pensamiento sobre la Fiesta.

Federico García Lorca, pocos meses antes de morir en 1936, en una entrevista en el diario el Sol dejo estas manifestaciones sobre la fiesta de los toros:

El toreo es probablemente la riqueza poética y vital mayor de España, increíblemente desaprovechada por los escritores y artistas, debido principalmente a una falsa educación pedagógica que nos han dado y que hemos sido los hombres de mi generación los primeros en rechazar. Creo que los toros es la fiesta más culta que hay en el mundo.

El poeta granadino era un gran aficionado y defendió siempre la tauromaquia de los ataques de los que la calificaban de inculta y bárbara. A los anales de la poesía ha pasado su Llanto por Sánchez Mejías cuando a este lo mató el toro ‘Granadino’ en Manzanares el 11 de agosto de 1934.

El Profesor Tierno Galván, en un singular ensayo sobre los toros escrito en 1951, titulado: Los toros acontecimiento nacional sostiene que los toros expresan los estados de conciencia más profundos del español en cuanto sujeto y objeto de un ámbito cultural propio. Asimismo, el profesor manifiesta que “Si alguna vez los toros desparecen, en los Pirineos, umbral de la Península, habría que poner un letrero que dijere: Aquí yace Tauridia” y en esa misma obra sostiene: "Los toros son el acontecimiento que más ha educado social, e incluso políticamente, al pueblo español".

Y de los aficionados dijo:

"(...) el espectador de los toros se está continuamente ejercitando en la apreciación de lo bueno y de lo malo, de lo justo y de lo injusto, de lo bello y de lo feo. El que va a los toros es exactamente lo contrario de aquel aficionado a los espectáculos, de quien dice Platón que no tolera que le hablen de la belleza en sí, de la justicia en sí y de otras cosas semejantes. El espectador de los toros no es un mero, un simple aficionado a lo espectacular, ni tampoco exclusivamente un entusiasta de la exaltación embriagadora, es, mejor que todo esto un amante del conjunto del cual, en cuanto acontecimiento, es parte necesaria" (Tierno Galván, [1951] 1988:73)
Rafael Alberti, torero por un día1, en su obra figuran numerosas poesías taurinas, tuvo una gran amistad con Luis Miguel Dominguín para el que diseñó el último traje de luces que vistió el torero madrileño e incluso pintó el cartel de una corrida que toreó en Belgrado.

Podríamos citar una larga retahíla de los considerados imprescindibles: Góngora, Quevedo, Fernández de Moratín, los mencionados Lorca y Alberti, Vicente Aleixandre, Miguel Hernández, Antonio y Manuel Machado, Gerardo Diego, Ortega y Gasset, Ramón Pérez de Ayala, Salvador de Madariaga, Américo Castro, José Bergamín y tantos otros. El propio José Ortega y Gasset aseguraba que había que "asomarse a las plazas de toros para comprender la historia de España", y al igual que el académico José María de Cossío, realizaba un paralelismo entre las corridas de toros y la historia de España.

Para finalizar este breve repaso de algunos de los escritores e intelectuales más clásicos, citaré a Camilo José Cela, nuestro último premio Nobel de Literatura, quien dijo cuando La Coruña recuperó recientemente su plaza de toros, que por fin la ciudad se incorporaba de nuevo a la verdadera cultura y de quien en la nota de Quién es quién en las letras españolas se dice: "Periodista, poeta, torero, pintor...".
Como ya he expresado anteriormente, en esta ponencia me centraré en realizar un análisis de la tauromaquia2 desde la perspectiva sociológica, aunque la sociología española, a diferencia de la antropología, ha mantenido un claro desinterés por la misma.

La sociología, según Anthony Giddens “es el estudio de la vida social humana, de los grupos y sociedades” (1989: 41), tiene como objeto de estudio nuestro propio comportamiento como seres humanos y por ello, “el ámbito de la sociología es extremadamente amplio” (ibídem) ya que se ocupa de los fenómenos colectivos producidos por la actividad social de los seres humanos dentro del contexto histórico-cultural en el que se encuentran inmersos. Como tal se ocupa de lo que es compartido por  la sociedad; tanto de lo convergente como de lo divergente. Aplicar la perspectiva sociológica se trata de llevar a cabo lo que Wright Mills en su famosa frase denominó la “imaginación sociológica” (Mills, 1974), es decir poder “pensar tomando distancia” frente a las rutinas de la vida cotidiana para poder verlas como si se tratara de algo nuevo y diferente. Desarrollar la imaginación sociológica supone utilizar materiales de la antropología y de la historia (Giddens, 1989). La dimensión antropológica nos permite conocer las diferentes formas de la vida social humana y comprender “lo distintivo de nuestras pautas específicas de conducta” (ibídem). La dimensión histórica también es fundamental, ya que sólo comparando con lo ocurrido en el pasado podemos “captar la naturaleza distintiva de nuestro mundo actual” (ibídem) y a través de este ejercicio podremos llegar a otro aspecto, muy relevante para Mills, las posibilidades para el futuro. Así, la perspectiva sociológica no sólo nos permite ver que es lo que ocurre en el presente, sino que puede permitirnos conocer que podría ocurrir en futuro en el caso de producirse algún efecto. Pues bien, esto es lo que pretendemos llevar a cabo con la Fiesta de los toros.

La obra de Pierre Bourdieu, La distinción: criterio y bases sociales del gusto es un modelo excelente para llevar a cabo una sociología taurina. Establece la correlación entre el  gusto y el estrato social (Bourdieu es considerado un sociólogo de la cultura).

La sociología de la tauromaquia no debe reducirse a ser sólo una sociología del ocio o del espectáculo, sino que debe considerarse como una sociología de la cultura y del ámbito social de la producción ganadera (Sarasa 2007), ya que sin toro bravo no existiría la tauromaquia. El toro bravo es el principio de la misma y la bravura es el producto cultural de una sociedad como analizaremos a continuación.

 

¿Qué es cultura?
Con el término cultura nos referimos al conjunto de valores, normas, creencias, aptitudes, palabras y objetos materiales que prevalecen en un lugar y en un espacio histórico determinados. Si bien, en un sentido antropológico, podemos entender el término cultura como la totalidad de la experiencia humana acumulada y transmitida de generación en generación, en su interior se dan múltiples modelos y diversas formas de pensar que configuran subculturas, propias de distintos grupos humanos (García Escribano y Frutos, 1999) Los valores y las normas de comportamiento varían de una cultura a otra, y a menudo contrastan notablemente, con lo que se considera “normal” por los integrantes de distintas subculturas. La cultura modela nuestras creencias a cerca de lo que es importante en la vida y nuestras interpretaciones acerca del significado dado a los hechos. La música, la pintura, la literatura o la tauromaquia son sólo una pequeña parte de la cultura que incluye normas sobre el comportamiento adecuado, valores, bienes materiales, lenguaje y símbolos que utilizamos de forma cotidiana. Pues bien, la corrida de toros se presta al análisis conceptual porque afecta a los valores3, tanto éticos como estéticos. Así, el escritor y filósofo de la generación del 27, José Bergamín (1994: 73) afirmó:

En el toreo se afirman, físicamente, todos los valores estéticos del cuerpo humano (figura, agilidad, destreza, gracia, etc.), y, metafísicamente, todas las cualidades que pudiéramos llamar deportivas de la inteligencia (rápida concepción o abstracción sensible para relacionar). Es un doble ejercicio físico y metafísico de integración espiritual, en que se valora el significado de lo humano heroicamente o puramente: en cuerpo y alma, aparentemente inmortal.



El filósofo catalán Víctor Gómez Pin4, define la Tauromaquia como la escuela más sobria de vida, y como "exigencia indisociablemente ética y estética".


- Posee un lenguaje propio. Incluso el lenguaje taurino ha traspasado sus propias fronteras e impregna todo nuestro léxico, tanto en el lenguaje cotidiano como en el culto. El lenguaje propio afecta tanto al denominado por Bernstein (1990) código restringido como al código elaborado. A todos alguna vez nos ha pillado el toro o hemos cambiado de tercio incluso, con una larga cambiada, o hemos cogido el toro por los cuernos o en peores plazas hemos toreado. El lenguaje tiene su propia estructura interna y sus reglas. La estructura del lenguaje es fundamental en la expresión del significado.

- Posee normas: algunas de ellas escritas, con rango de leyes o recogidas en los diecisiete reglamentos taurinos y, otras, no menos importantes, no escritas que forman parte de la rica tradición.

- Produce bienes materiales: bien para la lidia, como son los vestidos, carteles, capotes, garrochas, plazas de toros, etc… y otros muchos objetos específicos para las necesarias tares de campo, previas a la lidia. Tanto los objetos materiales como los distintos aspectos del comportamiento generan y expresan significados culturales.


Por medio de la cultura podemos entender el mundo que nos rodea y nuestra posición en ese mundo; eso podemos hacerlo desde distintos paradigmas: Análisis funcionalista, Sociología del Conflicto o desde el Paradigma de la acción: El individuo y la cultura. Desde este enfoque muchos sociólogos contemporáneos están de acuerdo en que los seres humanos somos productores de cultura y también producto de nuestra cultura. Según afirma Bourdieu, la cultura nos modela y nosotros modelamos a nuestra cultura (1988). La tauromaquia, analizada desde este enfoque teórico, es un producto cultural y es productora de cultura.


  1. La tauromaquia, como productora de cultura

Que la tauromaquia es productora de cultura no hay ninguna duda y son sobradas las muestras de la aportación de la tauromaquia en la literatura, la pintura, el cine, la fotografía, el teatro, la filosofía, la antropología, la historia, la ciencia, la economía, el periodismo, la veterinaria, la ecología, las nuevas artes escénicas o la arquitectura.

Deteniéndonos brevemente en la música, encontramos que el mundo de los toros ha dado lugar a una rica y variada producción musical. Es indiscutible la existencia de un género musical ligado a lo taurino, el pasodoble, pero al margen de los pasodobles, existen óperas como la Carmen de George Bizet y la de Barbieri titulada Pan y toros. Joaquín Turina compuso La oración del torero y más reciente es la ópera rock Matador de Andrew Lloyd Weber basada en la vida de Paquirri. Incluso autores de música actual se han inspirado de una u otra forma en el universo taurino. Como ejemplo podemos citar uno de los sonetos que dedica Joaquín Sabina al torero José Tomas:

Cosido a tu capote

José Tomas canta como Tiziano,

levita como dios, saca de quicio,

se venga del bochorno del verano,

prende un horno sin juegos de artificio.

Compite en quites, mece en chicuelinas,

va de paseo al coliseo de Roma,

desentumece, por manoletinas,

la rutina ferial Santa Coloma.

Republicano zar de los toreros,

el barrabás parece, cuando pasa

por tu fajín, rocín de don Quijote.

Tu pasión es cruzarte con isleros,

tu puerta la del príncipe y tu casa

mi corazón cosido a tu capote.


Recientemente (marzo de 2013) se ha celebrado en la plaza de toros de Valencia el espectáculo Rock & Bou que es una nueva apuesta por la cultura popular y underground libre de prejuicios y cargada de pasiones. Los organizadores de este imaginativo espectáculo lo definen como la unión de dos formas de entender la vida y una actitud clara por diferenciarse y sacudir tópicos.
No podemos tampoco dejar de mencionar el impacto de la fiesta en los intelectuales extranjeros, como ejemplo podemos citar la fascinación del espectáculo y de determinados toreros en los viajeros románticos del XIX o más recientemente en los norteamericanos Orson Wells, o en los premios nobel de literatura Ernest Hemingway o Mario Vargas Llosa, en el escultor y pintor Fernando Botero; o en la actualidad sobre los intelectuales franceses que se acercan a los toros con admiración, tolerancia y respeto (Almenara). En ese país, una veintena de universitarios, profesores, escritores y aficionados franceses han publicado recientemente una historia y diccionario de la tauromaquia que quizá sea la obra taurina más importante que se ha publicado fuera de España. Una historia crítica del arte del toreo y un diccionario sobre todos los protagonistas de la historia y el presente del mundo taurino. Un compendio artístico creado por intelectuales franceses que sorprenderá a los aficionados españoles. 

El nobel hispanoperuano Mario Vargas Llosa manifestó en mayo de 20125, en un mano a mano dialéctico con el también escritor Fernando Sánchez Dragó que "los toros son alta pedagogía" y que "la Fiesta va a sobrevivir a éste y a otros intentos abolicionistas" en referencia a la prohibición en Cataluña, y se mostró esperanzado al afirmar que "Cataluña tiene vocación de modernidad, expresada en su cultura, y los toros volverán allí".

Después de este breve recorrido compartimos y hacemos nuestra la afirmación de Jorge Ramón Sarasa: “No creemos que sea posible crear otra especie animal que se asemeje al toro de lidia por lo que este aporta a la cultura” (2007:10) y especialmente en un país como el nuestro.


  1. La tauromaquia como producto cultural

Asimismo, la tauromaquia es también un producto cultural en sí misma. La corrida de toros engendra discursos, tiene sus teóricos, tiene autores de tauromaquia (Tauromaquia o el arte de torear a pie y a caballo de Pepe Hillo, (1769), tiene sus historiadores, sus críticos, sus lexicógrafos y sus antropólogos, psicólogos y filósofos, tales como Fernando Savater, Francis Wolff o Víctor Gómez Pin).

La tauromaquia o el arte de lidiar toros, es una construcción social; es el resultado de un proceso de interacción entre el toro bravo, cuya bravura se define culturalmente y el torero que interpreta el concepto del arte definido para ese momento con arreglo a los cambios experimentados en la sociedad.


  1. El toro bravo

Comenzamos el análisis de ambos elementos por su génesis, por el toro bravo, ya que en palabras Francis Wolff “la bravura es la única justificación de la corrida y su mayor gloria” (2007: 81). Respecto al toro de lidia podemos plantearnos si la bravura es obra de la naturaleza o de la mano del hombre, esta pregunta se la ha planteado el sociólogo Sarasa en la Sociología del Toro de Lidia: Tesis Cultural de la Bravura y afirma que gana el concepto de la bravura como creación humana. Más del El 90%  de los ganaderos admite que la bravura es cultural, ya que ha sido, o bien creada o bien mejorada,  por una selección de la que el hombre es el autor: La naturaleza no ha creado el toro bravo como hoy existe.

La sociedad influye en la cría del toro porque la corrida es un reflejo de la sociedad. Así en la selección del toro de lidia intervienen diversos factores:

1- El cambio de valores que se ha dado en la afición taurina, tanto en la ética como en la estética

2- Las demandas del mercado, condicionadas por las preferencias de los toreros y otras influencias externas, como los medios de comunicación que son creadores de opinión pública.

3- La reglamentación vigente en cada época y lugar6: Las influencias presidenciales y reglamentarias se hacen notar sobre todo en los reconocimientos previos a la corrida, que van fijando la morfología que se exige en las plazas.

4- Las innovaciones tecnológicas, fruto de las investigaciones desarrolladas en la propia especie o de las transferencias de otras.

5- La pluralidad y diversidad de ocio y consumo: la oferta es mucho más amplia y consumimos el espectáculo de otra manera.

6- Asimismo, hay que tener en cuenta los requisitos culturales del toro: ahora se le exige un componente de nobleza, que antiguamente casi no era necesario, ya que el toreo de hoy ha evolucionado y consiste en dirigir al toro con los vuelos del capote y la muleta. Y por último, también hay que considerar que el ganadero, aunque no siempre de forma consciente, les imprime  el concepto que él tiene del toreo.

Al toro de lidia de hoy se le exige: Fijeza en la embestida. Que se venga pronto, de largo y sin movimientos mortecinos. Con un galope ágil y veloz. Que  posea movilidad, que embista con claridad y franqueza. Que humille y se desplace entregado. Que tenga durabilidad y continuidad en la embestida. Que acuda al caballo, empuje  y repita. Cuando un toro bravo se entrega permite el toreo bueno. Combatividad, codicia y transmisión,  o sea la cualidad que suscita las emociones del público. Que busque el terreno de los medios para morir (Sarasa 2007).
El toro del futuro va a evolucionar cómo evolucione el toreo, por ello es tan importante la técnica de la selección7. “La selección hecha por el hombre es tan fundamental que si llevásemos una ganadería brava a una isla desierta volvería progresivamente a su estado primitivo de agresividad salvaje” (Sarasa 2007).

La bravura es evolutiva

También ha cambiado el concepto de bravura con el tiempo, porque la bravura forma parte de la escala de valores de los aficionados. El toro de hace un siglo, o siglo y medio, no se parecía al de hoy8. Actualmente, el toro es más noble y menos fiero que en otros tiempos. Entonces lo admirable para el público era que un toro pelease bien con el caballo. En cambio, hoy en día, para el aficionado lo primordial del toro es la acometividad constante, así como una embestida más rítmica y noble. El toro que permita crear el concepto actual del arte. El que ayude al torero a hacer un espectáculo creativo y con belleza9. Por todo ello podemos ratificar que la bravura es evolutiva.

Las pautas culturales de la selección reciben influencias sociales externas, percibidas o no por el ganadero. La mentalidad del ganadero está sometida a cambios.

Así, podemos afirmar que el toro bravo es un producto cultural porque se le selecciona en orden a  caracteres comportamentales que no se daban en el toro primitivo. Bravura de ataque, no de defensa. Que se venga pronto, que galope con ritmo, que humille o que se desplace son cualidades producto de la selección.




  1. El Torero

El otro elemento de análisis de la corrida de toros se refiere al hombre, al torero; “ser torero” es indudablemente una forma de ser, “estilizar la existencia propia” (Michel Foucault).

La corrida de toros, desde el comienzo del siglo XX, lo que se ha podido llamar la revolución formal de Juan Belmonte, pasó a ser una clase de arte, donde los valores éticos van emparejados con los estéticos. De hecho, lo que es un arte, no es la corrida, si no lo que se llama toreo. El toreo obedece a las reglas más clásicas de las bellas artes (pintura, música, literatura) y responde a la exigencia fundamental del arte: dar forma a una materia en bruto: la embestida del toro

“El toreo es el arte de dar forma humana –familiar- a un material en bruto… o al menos extraño, la embestida del toro: equilibrio de las líneas y los volúmenes en tensión opuesta, como en la obra plástica, concordancia de los acontecimientos consonantes o disyuntos, como en la obra musical, bodas del azar y la necesidad, como en cualquier actuación única” (Wolff, 2007: 15).

Recordemos, también, lo que Salvador de Madariaga nos dejo dicho de la corrida de toros: Participa de casi todas las artes. Fundamentalmente es un drama: el hombre está en constante peligro, y el toro, destinado a la muerte.

Este hecho le da una especial tensión. A este aspecto dramático se unen las demás artes. Una corrida es una pintura de una belleza impar, en la que juegan papel decisivo el color y la luz cambiante. A la vez, es una obra maestra del arte escultórico y en ella son decisivos elementos del ballet, porque es una síntesis de color y movimiento. Y no cabe imaginar corrida de toros sin música.

O la manifestación del filosofo Fernando Savater:   “Si nuestro teatro tuviese el temblor de las fiestas de toros, sería magnífico. Si hubiese sabido transportar esa violencia estética, sería un teatro heroico como La Iliada... Una corrida de toros es algo muy hermoso”. Albert Boadella va más lejos y considera que es el único arte, ya que en él todo es de verdad, hasta el punto de jugar con la propia vida.


¿Por qué ser torero?
En los años 1950 y 1960, los expertos en sociología elemental vaticinaban que “cuando todo el mundo pueda saciar su hambre, se acabarán los toreros y, por tanto, las corridas de toros". Afortunadamente, vemos que esto no se ha cumplido, y hoy sigue habiendo tantas, si no más, vocaciones de toreros, cada vez más audaces y decididos, que llenan las múltiples escuelas taurinas que se han creado.

¿Por qué arriesgarse a poner en peligro su existencia y su tranquilidad? Por nada tal vez. ¿Por juego, por desafío, por libertad?

Ha de haber por fuerza, todo un fundamento, inconsciente pero tenaz, de valores e ideales. Lo mejor que puede ser un torero es simplemente serlo; eso significa que la excelencia suprema no consiste en hacer o haber hecho algo, sino en ser alguien.
¿Qué es ser torero?
En primer lugar, es identificarse son un traje, un porte, una prestancia, una manera de presentarse y parecer; no solo en la plaza sino que el torero ha aprendido a parecer torero, incluso fuera de ella. Pues ser torero es eso: mostrase imperturbable (estoico). Mantener una actitud tanto más distante de lo que le ocurra cuanto más cerca se esté del avance de los pitones que llegan. Eso se resume en una palabra: “aguantar”. Aguantar, ocurra lo que ocurra, cueste lo que cueste. Sólo se puede dominar al adversario, si previamente se tiene autodominio. Sólo se domina el toro dominando los afectos propios.

La mayor gloria para un torero, es ser llamado ¡Torero! ¡Torero!. Así, pues, “Torero” tiene dos sentidos:



Ser un torero: es un ofició, es el nombre común a todos los que lidian toros.

Ser torero: es un valor, es el adjetivo que califica una conducta excepcional. “No es sólo un ejemplar de la clase, es ejemplar de la clase” (Wolff 2007: 129-130).

El torero es, en una palabra, el héroe. Encarna sus valores; su comportamiento obedece a sus normas. El héroe en general es el hombre excepcional que afronta la prueba o la adversidad solo, sin ayuda de los demás o antes que los demás. El que hace lo que otros no pueden hacer y por ello suscita su asombro y su admiración. Es también quien da prueba de virtudes como el valor, la resistencia. “Valores” que subsisten, embellecidos por la travesía de las épocas y la imaginación creadora de tres siglos del arte de la tauromáquica. Están a disposición de todo el mundo y sobreviven en los sueños de algunos. Ortega y Gasset confesaba que “hubiera cambiado mi fama por la gloria que solo es dable a los matadores de toros” y Hemingway dijo en cierta ocasión que hubiera preferido "cortar una oreja en Las Ventas antes que el premio nobel".

Pero el torero también es el maestro, aunque tenga 18 años, él es quien estará en primera línea delante del toro, es él quien matará con riesgo de su vida. La distinción no existe por adelantado, corresponde a cada cual conquistarla y ante todo sobre sí mismo. El maestro encarna todas las virtudes, hasta lo imposible y la paradoja, ya que ni siquiera está sometido ya a los deberes de los hombres corrientes. Es la transposición pragmática del modelo cultural del toreo que representa para España un patrimonio cultural de primer orden. Creo que podemos traer aquí las palabras de D. Ramón Pérez de Ayala sobre los toros: "No. Nunca... los toros no pueden morir. Moriría España".
Concepto del toreo
El concepto del arte del toreo también ha cambiado con el tiempo al igual y a la par que ha cambiado el concepto de bravura. El toreo de hoy no se parece al del siglo XIX o de comienzos del XX, porque el toreo forma parte de la escala de valores de los aficionados. El toreo es un modelo cultural, creado socialmente y por tanto sujeto a cambios; es el modelo de una época concreta, en el que intervienen las aportaciones de las grandes figuras del toreo, las que crean escuela o protagonizan la revolución del momento, pero en el que fundamentalmente está presente el cambio experimentado en la escala de valores sociales; el público es el que interpreta la creación del torero, juzga y sanciona, con su aceptación o rechazo, las innovaciones o recreaciones presentadas.
A modo de conclusión: la tauromaquia o el arte de lidiar toros, es una construcción social; es el resultado de un proceso de interacción entre el toro bravo, cuya bravura ha sido definida culturalmente y el torero que interpreta el concepto del arte definido para ese momento con arreglo al cambio experimentado en la escala de valores de  la sociedad.

BIBLIOGRAFÍA


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Wollff Francis. (2007) Filosofía de las corridas de toros, Barcelona, Bellaterra.



 


1 El 14 de julio de 1927 hizo el paseíllo en la plaza de Pontevedra en la cuadrilla de Sánchez Mejías.

2 Según la RAE: 1- “Arte de lidiar toros” y 2-“Obra o libro que trata de este arte”

3 Valores: ideas que los individuos o grupos humanos mantienen sobre lo que es deseable, apropiado, bueno o malo.


4 Catedrático de Filosofía de la Universidad Autónoma de Barcelona, coordinador del Congreso Internacional de Ontología patrocinado por la UNESCO, y miembro asesor de los estudios de doctorado de la Universidad de París X.

5 En un momento de su intervención en el acto de inauguración del "Espacio Arte y Cultura", en los aledaños de Las Ventas.

6. Por ejemplo en la cuestión de los indultos. La corrida es la tienta más perfecta y la lidia un test al que sometemos el toro. El indulto no debe considerarse como un premio para la ganadería, sino como una herramienta imprescindible para la selección y la mejora del toro de lidia (Sarasa).


7 El ganadero cría toros por el método de la descendencia. La verdadera selección es la descendencia. Para fiarse de un reproductor/a hay que esperar el resultado de varias crías. La cría del toro no es tarea fácil. Se trata de un proceso lento y largo. La reacción del ganadero siempre es tardía. Las reacciones del ganadero, son necesariamente retardadas porque una toma de decisión tarda cinco años en verificarse en la plaza (Sarasa 2007).


8 En las corridas del siglo XVIII, y buena parte del siglo XIX, el toro acometía y huía. Embestía en defensa propia. Después llegó la supremacía de la suerte de varas sin peto. La faena de muleta quedaba reducida a una rápida preparación del toro para la muerte (Sarasa 2007)


9 Toro funcional: la fijeza que da confianza al torero; la humillación, la clase y la movilidad.


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