Voces juveniles en una ciudad media de la provincia de Bs As: relatos desde la institucionalización



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Voces juveniles en una ciudad media de la provincia de Bs As: relatos desde la institucionalización.”

Eje: Derechos Humanos.



Autores/as:

Alí, Matías

Bugliese, Matías

Sabarots, Horacio

Salazar, Mayra

Venzi, Agustín.



Instituciones:

NuRES- Departamento de Antropología Social / Zoom Agencia de Noticias de Niñez y Adolescencia- Comunica Agencia de Noticias Comunitarias- Facultad de Ciencias Sociales- Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires.

Se presenta en esta ponencia un proyecto de investigación y producción de un texto titulado: “Voces juveniles en una ciudad media de la provincia de Buenos Aires”: relatos desde la institucionalización”. La propuesta surge de la puesta en cooperación de un grupo de investigación perteneciente al NuRES-FACSO y la Agencia de Noticias para la niñez y la adolescencia, ZUM de la Secretaría de Extensión de la FACSO.

Proponemos, para esta mesa de trabajo compartir la problematización de unos primeros avances que permitan identificar ejes y niveles de articulación entre la trayectoria biográfica de cada joven y el contexto histórico general en que se inscribe. Atendemos particularmente al registro de la experiencia vivida en su vínculo con las instituciones estatales encargadas de conferirles “cuidado y protección” antes y después del cambio paradigmático y normativo de mediados de la década pasada en materia de derechos de infancia y juventud.

La estrategia metodológica seleccionada asume, bajo el paradigma de la reflexividad, un carácter participativo en tanto los informantes tienen, en el transcurso del proyecto la posibilidad de incidir activamente en el proceso de escritura del texto final; el cual consistirá en un libro de circulación y uso en diversos contextos educativos.

Introducción

El anuncio de la realización de las III Jornadas de Extensión del Mercosur en el marco institucional de nuestra Universidad constituyó un fuerte motivador para presentar esta ponencia que pretende exponer los avances de nuestro proyecto en curso titulado: “Voces juveniles en una ciudad media de la provincia de Buenos Aires: relatos desde la institucionalización”. Esto es así dado que el mismo surgió de la puesta en cooperación de un grupo de investigación perteneciente al NuRES y la Secretaría de Extensión de la Facultad de Ciencias sociales de Olavarría, en particular la Agencia de noticias para la niñez y la adolescencia, ZUM.

La convergencia de ambos espacios institucionales se produce en el interés por registrar, comprender y aportar ideas en torno a la situación de jóvenes con derechos vulnerados e intervenidos institucionalmente por distintas agencias estatales y no estatales, en el área de influencia de la ciudad de Olavarría. Por una parte nuestro grupo de investigación que viene trabajando sobre los “Nuevos escenarios en las relaciones entre la sociedad civil y el Estado. Reclamos, negociaciones e intercambios”1 ha relevado de modo amplio los espacios institucionales de intervención sobre jóvenes en situación de vulnerabilidad, además de realizar estudios de caso en instituciones puntuales de la ciudad analizando las lógicas de construcción discursiva sobre estos sujetos que a la vez habilitan determinadas prácticas terapéuticas para “normalizar” sus conductas. Por otra parte la Agencia de Noticias para la Niñez y la Adolescencia, desde su Observatorio de Medios sobre Niñez y Adolescencia cuyo objetivo es registrar las narrativas que sobre estas franjas etarias producen los medios de comunicación de la región, viene produciendo notas e informe que ponen en evidencia situaciones de violencia que no solamente atentan contra los derechos elementales de algunos niños y jóvenes, sino que ponen es serio riesgo sus vidas.

En ese sentido el proyecto pretende aunar las fortalezas de un grupo de investigación antropológica que viene realizando etnografías de las políticas públicas con la experiencia de la agencia de noticias de la Facultad de Ciencias Sociales, en el campo de la comunicación a nivel regional. El vínculo termina constituido por la incidencia de un tercer actor; una legisladora de la provincia de Buenos Aires interesada en apoyar financieramente un proyecto que registre desde las vidas de los propios jóvenes la incidencia de los cambios en la legislación para esta franja etaria, especialmente en su implementación práctica. Además se manifestó el interés de que el proyecto tenga una finalidad clara de difusión de los resultados y extensión al conjunto de la sociedad, en el formato de un libro orientado a un público amplio. Se busca, por lo tanto una aplicación práctica del proyecto en el campo educativo en una temática particularmente sensible. Ya se verá a lo largo de esta ponencia que lo analizado en el desarrollo actual de la investigación desborda esa demanda de la legisladora, ya que los cambios en las leyes atinentes a los derechos de niños y jóvenes de por si relevante se conecta con otras variables y factores que condicionan la vida cotidiana en los casos de los jóvenes seleccionados para el proyecto.



La elaboración del proyecto

La demanda por parte de la Secretaría de Extensión de la FACSO a nuestro grupo de investigación para que elaboremos el proyecto se disparó por una experiencia periodística de miembros de la Agencia de noticias que consistió en una entrevista a Manuel, que luego publicó también el principal diario local que recogía algunos relatos de institucionalización por parte del joven con importantes niveles de injusticia, maltrato y violencia.

A la vez la circunstancia de que dicho joven no fuera advertido o consultado acerca de la publicación de la entrevista en ese medio – el único con formato impreso de la ciudad - lo sorprendió manifestando a posteriori que ello podría traerle problemas, en principio con su madre. Ello motivo una saludable autocrítica y una reflexión necesaria acerca de los riesgos y peligros que implica la difusión de situaciones que pueden comprometer a los protagonistas teniendo en cuenta que se hayan involucradas personas e instituciones responsables de la intervención sobre menores en situación de riesgo. Se implican cuestiones de responsabilidad profesional en las que no es un dato menor la posibilidad de los entrevistados de influir en el contenido y los canales de difusión de los resultados, teniendo en cuenta la gravedad de algunos hechos relatados. Por ello se verá que desde la misma formulación del proyecto se ha tenido especial cuidado sobre estas cuestiones con la idea de no generar más dificultades a situaciones de menores, de por sí complejas y con la intención de aportar a la sensibilización mediante la producción de un conocimiento que incorpore la mirada y las voces de los protagonistas.

La elaboración del proyecto estuvo a nuestro cargo y fue presentado a la Secretaría de Extensión de la FACSO para su evaluación por parte de los responsables de la Agencia de Noticias y para que se lo presenten a la legisladora interesada de la Provincia de Buenos Aires. Con algunos ajustes el proyecto fue aprobado y hemos recibido una beca por parte de la Honorable Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires, asignada a quien se desempeña como la coordinadora del trabajo de campo, alumna avanzada de la carrera de Comunicación social de la FACSO. El equipo de trabajo se completa con el director; docente investigador de la FACSO, tres estudiantes avanzados de la carrera de Antropología Social, una asesora de la Agencia de Noticias con extensa experiencia en Salud y familia, una especialista en producción de textos y miembros de la Agencia de Noticias para la Niñez y Adolescencia.

En cuanto al objetivo general del proyecto se trata de comprender las situaciones de exclusión-inclusión de jóvenes con derechos vulnerados e intervenidos por instituciones estatales. Indisolublemente a ello se plantea como finalidad de extensión la difusión de los resultados del trabajo, mostrando las dimensiones subjetivas y de construcción de las identidades de jóvenes de ambos sexos, mediante la técnica de la historias de vida, y en base a un intercambio reflexivo entre investigador-investigado.

Los siguientes puntos sintetizan algunas de las ideas y supuestos teóricos de los que partimos para abordar nuestro tema:



  1. En la actual coyuntura político-cultural en la que se ha instalado el tema de la inseguridad entendida como la amenaza a la propiedad privada y a la vida, problemática que atraviesa a toda la sociedad, se hace evidente que se visibilizan determinadas víctimas, a la vez que se invisibilizan y no se registran las voces de los más vulnerables. Los jóvenes en situación de precariedad configuraran un colectivo silenciado y en ocasiones acusado de promover ese malestar social.

  2. Se propone un trabajo de investigación cualitativo en profundidad en base a la técnica de historias de vida de tres casos, ya que puede brindarnos información invalorable en cuanto a la construcción de subjetividades en contextos socio-institucionales e históricos complejos caracterizados por la existencia de violencia institucional y la transición hacia un paradigma basado en la recuperación de derechos.

  3. Establecer vínculos entre “investigador-investigado” que no supongan solamente una mera extracción de datos del informante, sino que apunte a una construcción intersubjetiva reflexiva con el informante. Ello implica un compromiso ético de confidencialidad de la información y consulta en cuanto a la publicación de los resultados de la investigación.

  4. Tomamos como referente la tradición de la antropología política que focaliza en el individuo en la arena política que abreva en la teoría de la acción (M. Weber), y que desarrolló el “psicodrama social” (V. Turner) y la teoría de los juegos (F.G. Bailey), entre otros. Hacemos nuestra la idea de que:

Una razón de peso para centrarnos en el individuo y no en los grupos es que en el individuo convergen varios sistemas diferentes. Un grupo puede desempeñar solo un papel en un momento determinado; el individuo en cambio siempre personifica papeles en conflicto (…) El individuo, pues, es la expresión misma de unas contradicciones que en el estudio de los grupos quizás no aparecerían” (Lewellen, 1995:106).

  1. Presupuestos teórico-analíticos:

  • Durante la hegemonía neoliberal de los años 90, las juventudes, en especial de los sectores populares, fueron uno de los segmentos más precarizados alcanzando cifras alarmantes de desocupación y fragilidad educativa. Actualmente, y luego de varios años de crecimiento económico sostenido desde el año 2003, las oportunidades han mejorado, sin embargo las posibilidades de acceso y la calidad de la oferta educativo-laboral para los jóvenes de familias humildes sigue siendo deficitaria.

  • Las problemáticas de las juventudes están hoy en la agenda pública, ganando un lugar destacado en las investigaciones académicas. Ello, tal vez configure más bien un síntoma de una crisis sociocultural más abarcadora cuya comprensión desborda lo juvenil. Y es probable que se deba en parte también al avance del enfoque basado en derechos, tendiente a la ampliación progresiva de los derechos humanos para un sector de la población que, para el caso que nos ocupa, hasta el año 2005 no tenía estatuto de titular específico. Recuperar analíticamente sus voces constituye un aporte a la reflexión sobre cómo hacer de nuestras sociedades ámbitos más acogedores y generadores donde los niños y jóvenes puedan desarrollar mejor todas sus potencialidades.

  • Las juventudes precarizadas son sub-valoradas por el discurso hegemónico adultocéntrico que los inferioriza por su edad: “menores”, “inmaduros”, “sin experiencia”, etc. Por el contrario para mejorar las políticas públicas en particular, y avanzar en la participación ciudadana, en general, se deben incorporar las voces juveniles: los valores, las expectativas, los deseos, las angustias y los temores de quienes se dice, a veces formalmente, son el futuro de nuestro país.

  1. Recopilar y trabajar la información en base a cuatro dimensiones iniciales que creemos relevantes:

  • Género y sexualidad

  • Clase social

  • Violencias y lugar de residencia

  • Trayectorias institucionales (públicas y privadas)

Estas dimensiones se encuentran atravesadas por las representaciones sociales entre los jóvenes y, desde y hacia los jóvenes con respecto a la sociedad en la que viven. Asimismo hay que pensarlas no como cuestiones en-sí sino como dimensiones que se articulan para formar entramados que originan configuraciones identitarias diversas y complejas.

  1. La composición interdisciplinaria del grupo de trabajo, así como la diversidad de inserciones laborales y profesionales es pensada como una riqueza que permitirá elaborar un texto en el que se contemplen distintos aspectos y dimensiones de la problemática abordada. Concretamente desde una mirada socio-cultural, una perspectiva legal-institucional, y una visión desde la salud-enfermedad en sentido amplio.

  2. La finalidad de este proyecto de investigación-producción es elaborar un texto orientado preferentemente a la divulgación científica, que tenga una utilidad operativa en el debate social acera de la problemática de las juventudes en nuestro país. Específicamente se apunta a una utilidad en el sistema educativo formal e informal en los distintos niveles como extensión universitaria.

Aspectos metodológicos. La historia de vida como técnica

En primer lugar procedimos a la selección de los informantes cuyo perfil reuniese las características idóneas para conformar el conjunto de las historias a analizar atendiendo a los objetivos propuestos en la investigación. Los criterios estuvieron directamente vinculados con las posibilidades de llevar adelante un proceso de investigación de tipo cualitativo que desde el enfoque etnográfico, privilegie la perspectiva émica. En nuestro caso, la de quienes constituyen el objeto de nuestra indagación: jóvenes cuya trayectoria vital estuvo y está atravesada por la experiencia de la institucionalización de agencias estatales especializadas en niñez y adoelscencia. La evaluación de los perfiles – efectuada en conjunto con una integrante de la Agencia que tenía un vínculo previo con el joven cuya historia disparó la posibilidad de esta investigación – se realizó teniendo en cuenta las posibilidades reales de que los jóvenes pudiesen convertirse en informantes de un proceso de investigación con características diferentes a los desarrollados previamente. Es decir, además de tratarse de personas jóvenes que hayan transitado y o estén transitando por instituciones tutelares también era preciso que posean un componente actitudinal de relevancia central: estar dispuestos/as a narrar su historia vital en clave testimonial para que otros trabajen sobre esos relatos interpretándolos para que finalmente otros – que podemos en principio pre-suponer pero sin garantías totales – lean - y vuelvan a interpretar - esas narrativas. Lo que implica ni más ni menos que, si bien con reserva de identidad, la historia de sus vidas por ellos/as narrada trascienda las fronteras de la intimidad para convertirse en un texto público, cuestión controversial si tenemos en cuenta que una de las recurrencias más frecuentes en los relatos está representada por el carácter conflictivo de los modos de vincularse con el orden de la ley, las instituciones y la comunidad. Esto nos obligó como equipo a pensar una forma de aproximación con nuestros informantes que de alguna manera acabó convirtiéndose en una suerte de pauta epistémico-metodológica, y que consiste en la consideración permanente de nuestros informantes no ya solamente en términos de recuperar su perspectiva émica sobre sus experiencias vitales sino también respecto de la marcha del proceso mismo de construcción de conocimiento. Este modo de vinculación, si bien las posiciones están notablemente definidas marcando límites más o menos nítidos de distancia social (Bourdieu, 1990) – identificada básicamente por nuestra condición de jóvenes universitarios –, tiene como implicancia un descentramiento considerable de quien investiga dado que no sólo se habilita la interpelación a quien clásicamente construye el saber sino que además asumimos como pauta el compromiso de ir compartiendo lo producido e incorporar las eventuales sugerencias – desacuerdos, aportes – de nuestros informantes volviendo sobre la toma de decisiones en el proceso investigativo.

Recurrimos a la historia de vida como técnica de producción pero también como forma central de presentación de los resultados. Es decir, la historia de vida no será aquí instancia de un análisis más amplio sino que en conjunto las tres historias estructurarán la organización del producto final.

Como plantea Sautu, (1999) el método biográfico consiste en un conjunto de técnicas basadas en la indagación no estructurada sobre las historias de vida tal como son relatadas por los propios sujetos. En tanto opción metodológica, el relato biográfico actualiza siempre la discusión en torno a uno de los debates más clásicos en investigación en ciencias sociales: la relación individuo / sociedad. No nos explayaremos en esto, simplemente diremos que el uso de la narrativa personal como método supone el desafío de reponer los relatos producidos en la situación de entrevista como clave de lectura de las características del contexto socio-histórico en el que se inscribe el problema de conocimiento a abordar. Clave de lectura que por supuesto no agota todas las posibilidades de existencia y significación de los actores y sus prácticas y en la que es preciso considerar también, tal como plantea Barbieri que “la apropiación de lo social a través de la dimensión de la subjetividad relatada, devela en qué medida el sujeto acepta, reformula, o se aparta de lo establecido. No escapa a las improntas de su época, pero también deja sus huellas” (Barbieri, 2000, 2008).

Con estos presupuestos, consideramos que la opción por la historia de vida abre una interesante perspectiva de trabajo para nuestro problema de estudio – los modos en que jóvenes de sectores populares significan la experiencia de institucionalización antes y después del cambio normativo - por varias cuestiones:



  • Por la creencia en la necesidad de dar voz de la manera más directa posible - sin ilusiones de transparencia discursiva, claro - a los propios jóvenes recuperando el sentido asignado a sus prácticas y a las prácticas de otros - adultos - que inciden en sus vidas. En un contexto de multiinterpelación a su condición de jóvenes en posición de subalternidad identificar las maneras en que significan su estar en el mundo en términos de experiencia vivida pero también de experiencia percibida constituye una práctica de lectura a contrapelo, - en sentido benjaminiano - con la cual impugnar los discursos y prácticas hegemónicas que obstaculizan el ejercicio de los derechos y de la ciudadanía de los jóvenes.



  • El trabajo sobre el relato de la experiencia de vida se torna fructífero para observar con detalle el juego de producción de identidades e identificaciones en un contexto contemporáneo de multiplicidad de adscripciones y referencias no excentas de efectos de contradicción. Esto nos resulta particularmente útil para identificar la experiencia de la transición normativa desde la perspectiva de los jóvenes en el marco específico de sus condiciones sociales e institucionales de existencia (Rockwell, 1987) desde una mirada no lineal que no asuma apriorísticamente supuestos de interpretación sobre el modo en que ambos modelos (de Situación Irregular y de Protección) y la transición entre ambos, afectó la experiencia vital de cada joven cuyas trayectorias institucionales son, además, diferentes.



  • El recurso a la narración biográfica habilita una nada despreciable posibilidad de producción de conocimiento situado particularmente valorado en el campo de estudios de juventudes por la necesidad de avanzar hacia una práctica de conocimiento que permita desactivar discursos y prácticas homogeneizantes hacia los jóvenes para dar cuenta de cómo en el marco de unas sociedades material y simbólicamente desiguales, los jóvenes de cada región experimentan su cotidianeidad atendiendo a las formas sociales y culturales que viven y que crean activamente en sus distintos contextos situacionales.

Desde esta perspectiva, decimos que no es la intención de este proyecto intentar dar cuenta de pautas o modelos de “representaciones de los jóvenes intitucionalizados” que identifique a los jóvenes de sectores populares con unas maneras típicas y homogéneas de representar o imaginar la vida desde sus contextos de institucionalización. Sin descartar regularidades que permitan alcanzar grados (variables) de generalización, la posición analítica abreva más bien en procurar el abordaje de unas narraciones situadas en contextos socioinstitucionales específicos que son condición de posibilidad para su producción y en los que la intervención del analista también forma parte más o menos condicionante de la narrativa sobre la experiencia y de la proyección dramática de la subjetividad. La explicitación de esas condiciones es requisito para ver cabalmente cómo esos relatos se conectan históricamamente con sensibilidades y formas de percepción autobiográfica (Barbieri, 2005) y cómo la narración a otro – dependiendo el fin – de la propia vida se torna oportunidad para reescribir, reflexividad mediante, la trayectoria vital desde sus múltiples complejidades.

Notas de campo.

Una cuestión que constituye una preocupación constante en la experiencia de campo de este proyecto es la reflexión acerca de la validación de nuestro lugar como interlocutores y de sus efectos condicionantes en la situación de entrevista. Es decir, la intervención del analista no sólo está presente en la instancia interpretativa sino que también condiciona la producción del discurso en situación en la medida en que organiza el relato del entrevistado a partir de la consigna y la escucha (Kornblit, 2010). Esto que puede en principio resultar una obviedad no lo es en la medida en que se pone en acto en la relación entrevistador – entrevistado.

Siguiendo a Arfuch (1995) la entrevista es ese discurrir dialógico y discursivo que se torna espacio de puesta en escena de teatralización de múltiples y desordenados flujos de experiencia, subjetividades, roles, posiciones, reciprocidades, rupturas, imprevisibilidades y acuerdos tácitos de cooperación y también es un espacio co-producido de actualización y reproducción de relaciones de poder. Con estas consideraciones es que vislumbramos la necesidad de poner en práctica estrategias conversacionales tendientes a objetivar y legitimar nuestra posición (tratando) de conjurar una inquietud: cómo demarcarnos de la situación de entrevista a la que estaban habituados nuestros informantes en sus contextos institucionales teniendo en cuenta la valoración negativa asignada por los jóvenes a esos espacios en los que se ponían en juego situaciones que incidían directamente en sus posibilidades de acceder a determinados beneficios, ser sujetos a medidas disciplinarias, ver o dejar de ver a determinadas personas, concretar egresos, traslados.

Esas entrevistas en las que el rol de entrevistador es encarnado por profesionales de la psicología y el trabajo social constituyen para nuestros informantes instancias de negociación en las que se ponen en juego consecuencias más o menos coercitivas y posibilidades de acceso a determinados beneficios. Pero donde lo que prima en general es una suerte de desconfianza que se torna base del vínculo: “Eso que te dicen de que queda todo ahí, de que lo que contás es secreto, vamos…es mentira. La psicóloga manejaba nuestros papeles para el juzgado, se ponían a hacer cosas que iban para los juzgados, nosotras teníamos que hacer un comparendo y eso iba al juzgado. Ahí (adentro) no sirve una psicóloga. El espacio terapéutico tiene que ser afuera y realmente privado. Para resolver conflictos tampoco servía. Hacíamos reuniones donde nos hacía decirnos todo y después afuera nos matábamos. Nos parecía al pedo, no ayudaba a nadie” (Paula). Y también: “Ahí adentro aprendés a bancártela solo, sabes que no podes confiar en nadie, menos en los psicólogos que son los que hacen los informes para el juez” (Manuel). Además, nos encontramos con una variante valorativa que identificó el espacio conversacional de una de nuestras entrevistas con la posibilidad de resolver un conflicto amoroso. Mariela, la hermana de Paula, le indicó en uno de los encuentros “escucharnos” y “hacernos caso” porque “ellos te van a ayudar” homologando nuestra posición de entrevistadores con la función que en principio, es formalmente atribuida a las psicólogas y que en el caso de la hermana de Paula es significada en términos de “ayuda”. Demarcar la posición con un “yo no soy psicóloga” no fue suficiente para Mariela puesto que nosotros debíamos estar ahí para hacer algo, para ayudar con la situación de su hermana. Cómo demarcar la propia posición de la mirada moralmente evaluadora de la institución tutelar implica pensar en posibles formas de un diálogo performativo que desheche las categorías del discurso hegemónico sobre los jóvenes para ensayar maneras más indeterminadas de conversación que posibiliten una apertura que no deja de estar atravesada por el ejercicio del poder en función de las posiciones diferenciales. Parte de este ejercicio de “validación y demarcación” fue facilitado además por nuestra pertenencia a la “Facultad de Sociales” a la que Paula identifica en términos de valoración positiva en tanto sus referentes más significativas provienen de este campo. En el caso de Manuel, la historia disparadora, nuestro lugar es valorado en términos testimoniales como la posibilidad de “contar a otros jóvenes” su experiencia de vida marcada por su permanencia en instituciones de encierro y por el constante acoso policial.



El estigma como efecto de sentido práctico

A continuación presentamos los recorridos institucionales de Paula, Manuel y Francisco. Para atender a sus particularidades y ordenar sus relatos, tratamos, en primera instancia, cada caso por separado y, por último, los relacionamos. La perspectiva de los actores es complementada con categorías de análisis para dimensionar sus experiencias biográficas en un plano teórico.

El término estigma es de origen griego: “para referirse a signos corporales con los cuales se intentaba exhibir algo malo y poco habitual en el status moral de quien los presentaba. Los signos consistían en cortes o quemaduras en el cuerpo, y advertían que el portador era un esclavo, un criminal o un traidor -una persona corrupta, ritualmente deshonrada, a quien debía evitarse, especialmente en lugares públicos-“ (Goffman, E.; 1970:11). Por otra parte, en su sentido analítico: “el estigma implica no tanto un conjunto de individuos concretos separables en dos grupos, los estigmatizados y los normales, como un penetrante proceso social de dos roles en el cual cada individuo participa en ambos roles, al menos en ciertos contextos y en algunas fases de la vida. El normal y el estigmatizado no son personas, sino, más bien, perspectivas” (Goffman, E.; 1970:160). A propósito, y teniendo en cuenta los puntos de vista de los actores sociales involucrados en este trabajo, nos preguntamos ¿cómo perciben, sienten y viven el estigma?

Entonces, si el estigma es una perspectiva, de carácter social, en estos casos ¿cómo se produce y reproduce? Para lograr un mejor entendimiento sobre esta cuestión, consideramos apropiado hablar de ritos de institución. Bourdieu sostiene que: “la ciencia social debe tener presente el hecho de la eficacia simbólica de los ritos de institución, es decir, el poder que poseen de actuar sobre lo real actuando sobre la representación de lo real “(Bourdieu, P.; 1993:115). La eficacia simbólica tiene efectos reales porque: “transforma realmente a la persona consagrada: en primer lugar, porque transforma la imagen que de ella tienen los demás agentes y, sobre todo, quizá los comportamientos que adopten con respecto a ella […]; y, luego, porque transforma al mismo tiempo la imagen que la persona investida tiene de sí misma y los comportamientos que se cree obligada a adoptar para ajustarse a esta imagen” (Bourdieu, P.; 1993:116).

La intervención de las agencias estatales especializadas en niñez, adolescencia y juventud tuvo efectos complejos y contradictorios en las trayectorias vitales de nuestros informantes. Uno de esos efectos concretos, con mayor eficacia en el caso de Manuel y Paula -dado que su incorporación en los circuitos estatales se efectivizó en la década de los ’90, en plena vigencia legal y cultural del Patronato de la Infancia - es la estigmatización. Retomando a Bourdieu: “el acto de institución es un acto de comunicación, pero de una clase particular: notifica a alguien su identidad, pero a la vez que expresa esa identidad y se la impone, la expresa ante todos […] y le notifica con autoridad lo que es y lo que tiene que ser “(Bourdieu, P.; 1993:117). El estigma es, también, una cuestión de clase: “debido a una especie de maldición, la naturaleza esencialmente diacrítica, diferencial, distintiva, del poder simbólico, hace que el acceso de la clase distinguida al Ser tenga como contrapartida inevitable la caída de la clase complementaria en la nada o en el ser menor” (Bourdieu, P.; 1993:123).

Asumiendo que la institución de un estigma provoca efectos no fatalmente determinantes pero que sí condicionan de diversas maneras el decurso del proceso de socialización en tanto implica una identidad deteriorada nos preguntamos: ¿Qué particularidades asumen los procesos de socialización de Paula, Manuel y Francisco, al haber sido apartados de sus familias e insertos en regímenes institucionales estatales de “cuidado y control de sus vidas”? ¿Qué significa la institución de la familia para estos actores sociales y cómo afecta sus procesos de socialización?

Con Paula hicimos las primeras entrevistas. Ella nos cuenta: “nací en Buenos Aires, no viví mucho. Cuando tenía un año y medio ya entré al Hogar, era un bebé cuando entré. Así que no estuve mucho en Buenos Aires. Mi familia toda está allá. […] La primera vez que entramos al hogar entramos seis hermanos, todas mujeres, yo que era bebé, y estuvimos cinco años. […] Mucho no me acuerdo, ahí, de cuando era chica. Sí me acuerdo de […] una de las Directoras que estuvo en el hogar, bastante severa. Mis hermanas eran bastante terribles, yo también. […] No sé, cosas comunes. Mis hermanas se escapaban. Yo las buchoneaba. Las boconeábamos, cosas que haces cuando sos chico. O sea, me críe ahí, prácticamente. Mi mamá, que a mí mamá la tengo acá. […] Mi mamá está allá. […] Mi mamá de crianza está acá, que es una preceptora que estuvo en el Hogar”.

En las primeras palabras que intercambiamos, aparecen dos significados que pueden ser entendidos como una unidad de contrarios: el Hogar y la familia. Cuando un/a Juez/a decidió separarla de la familia, ella hizo su familia en el Hogar. Es decir, eligió a su mamá de crianza. El Hogar aparece en la vida de Eliana como un lugar en el que, no obstante sufrir abusos y malos tratos (“había una operadora que te sopapeaba, esa era tremenda”), o asignársele la categoría de “irrecuperable” es considerado en términos sociales y afectivos como “mi casa”: “vos me preguntas dónde está mi casa y te digo mi casa está en el Hogar. Hoy en día es el Hogar”. Esta definición no obstante, no opaca una consideración afectiva hacia su madre biológica: “mi mamá es mi mamá de acá, es mi vieja, la que me enseñó a ir al baño”, pero bueno mi mamá (biológica) es mi mamá […] Yo la extraño a mi mamá”.

En el discurso de Paula el estigma se presenta de diferentes maneras. Cuando por ejemplo, le preguntamos sobre la relación con su padre nos respondió: “bien...es un... no es como mi papá, mi papá, pero bueno. Referentes masculinos así nunca tuve. Todas las personas del hogar son todas mujeres”. También la hicieron sentir inestable, vulnerable: “los traslados se hacían, bueno, se hacían... un día nos despertábamos y desaparecían tres nenitas y vos decís: ¿y por qué se las llevaron? Porque no estaba más para estar acá ¿Por qué? Porque eran tremendas, o lo que sea, y bueno listo traslado, llevala allá. Hubo pastores tremendos. Hubo pastores me entendés, y agarrate, porque ahí en el hogar la amenaza era: mira que te llevamos con los pastores”. Es decir, el único referente masculino significaba una amenaza para ella. Y la seguridad de vivir en el Hogar era puesta en cuestión bajo amenazas de traslados.

Las relaciones con otros que la institucionalidad del Hogar le ofrecía eran frágiles, inestables, inciertas: “este fin de semana te viene a buscar tal, este fin de semana te viene a buscar tal. Yo después a lo último ya me quedaba nomás en la casa de mi mamá y en lo de la tía […] que era una preceptora también del hogar. Ya a lo último me quedaba ahí, con mi mamá, nada más. Pero después iba a casas de gente que me cruzo por la calle y me decía: ah, te acordás que antes vos me decís mamá a mí. Y yo digo: ¿y este quién es? Y son gente que desaparece […] y te re aferrás, nosotros teníamos que nos aferrábamos mucho a las personas, entonces cuando se iban decían: no, si voy a volver. Y era como un quiebre....nos pasó a todos. Se acercaba, te traían golosinas primero, te empezaban a sacar y después la gente desaparecía. Desaparecía”. Relaciones permeadas por la culpa instituida: “capaz que vos decías, bueno, seguro porque son chicos, le rompí eso, capaz que se enojó por eso”.

Cuando se refiere a una Directora del Hogar dice: “te caratulaban como irrecuperable y ya está. ¿Sabés todas las que hay ahí que son irrecuperables según ella?”. El estigma era instituido hasta que ella misma se llegaba a pensar en los términos que le imponían: “te lo decían directamente, antes y después, cuando yo era chiquita: vos no vas a llegar a nada, vas a terminar como tu mamá. Y nosotras estábamos continuamente luchando para no ser igual, para no esto que el otro. Yo una vez le pegué a una nena y dije: soy igual que mi vieja. No queríamos vivir la misma situación y creo que hoy en día lo logramos, hay cosas que no las vamos a cambiar porque mucho tratamiento psicológico tendríamos que tener”.

Le preguntamos cómo era su situación en la escuela y nos dijo: “una <>, eras eso”. Esa homogeneización estigmatizante era construida, además de las instituciones judiciales, por las instituciones educativas: “por los docentes. Por los compañeros no sé si tanto porque ahí cuando sos chico no entendés. Pero había algunos compañeros que la mamá nos sacaba a nosotros e íbamos a la casa, íbamos el fin de semana con compañeras de la escuela y todo. Pero era como que las chicas del hogar éramos terribles: las chicas del Hogar son tremendas". Resumió el estigma de acuerdo a las autoridades de la escuela de esta manera: “si una se mandaba alguna caíamos todas. Si una era media rápida, éramos todas rápidas y todo así”. Con respecto a su relación con gente de su edad nos dice que: “por el hogar pasaban los chicos en bicicleta diciendo: yo tengo mamá y papá. Y nosotras salíamos todas negras más o menos y no los podíamos agarrar porque estaban las rejas y los pendejos del otro lado”. A esto nos referíamos cuando hablamos de la eficacia del estigma, que se reproduce en diferentes actores sociales y condiciona el proceso de socialización.

En el caso de Manuel, a los seis años lo denunciaron por tirar una piedra que impactó en la cabeza de una vecina y el entonces Juez de Menores decidió que tenía que irse a vivir con su abuela. A los catorce años fue trasladado a un Hogar en la ciudad de Tandil por una causa de robo. Él lo relata así: “en sí a mí me llevaron allá y era un chamuyo. Porque me re chamuyaron a mí. A mí me dijeron 6 meses. Y yo… pasaron los 6 meses y no pasaba nada. Y me decían: ‘no, te tenés que quedar un tiempo más’. No, yo me quiero ir. Yo ya cumplí los 6 meses. A mí me dijeron 6 meses. Yo, ya está, ya me quiero ir. Y no, entonces agarré y me vine a la mierda. Agarré un día, me costó tres días para venirme pero me vine. Porque no tenía plata, no tenía nada”. Ahora bien, durante esos meses, que estaba en un Centro de Contención “semi-cerrado”, nos cuenta que: “Yo conocí a una chica que estaba estudiando psicopedagogía ahí. Iba a hacer pasantías ahí. Ellos iban, nos ayudaban a hacer los deberes, nos llevaban a pasear… Bueno, yo me pongo de novio con la mina y entonces me acuerdo con la chica y con la madre, a mí me llevaron a la casa ellas. Y… bueno, estuve como… sí, como cinco meses en la casa de la chica., yo me quería venir para acá. Y la vieja, la que era mi suegra no me dejó porque yo estaba bajo encierro de ellos. Yo, supuestamente, para el Estado estaba en el hogar y yo estaba en la otra casa”. A partir de eso, nos dice que: “era menor de edad yo, era inimputable. Después bueno, con la fuga sí. Con la fuga empezaron… […] en total tengo veinticuatro fugas”.

La historia de Manuel es muy compleja, debido a la cantidad de instituciones -que van desde semi-encierro hasta de máxima seguridad- y por la dificultad que tiene para relatarlas cronológicamente. Sobre esos meses que estuvo en Tandil nos cuenta: “pero para, supuestamente para el Juzgado yo estaba en el Centro de Contención. Porque mandaban todos los informes, todos los meses, todo, ellos. Como que yo estaba ahí. Pero ya ahí era… peor porque ya… para mí en ese momento era mejor porque yo estaba ahí, qué con la vieja chupábamos vino, me daba pastillas. […] Y yo con la vieja, en ese momento, todo re piola porque es más… ni ir a la escuela me decía. Tomá, tomá me decía, me daba siete pastillas, yo en la escuela re empastado estaba. la mina es como depresiva, así, toma medicamentos. Y ella tenía así, siempre un tarrito así y me decía tomá… siete. Ella tenía las recetas de ella, estaba recetada. Ella me daba a mí”. Es decir, estaba en un Centro de Contención, donde se suponía que entre otras cosas debía abordarse su relación problemática con el consumo de drogas, y le permitieron ir a vivir con una mujer que le proveía pastillas todos los días, con complicidad -y violencia- institucional. Según nos dijo, se empastillaba desde los doce años. Cuando estuvo en la Casa del Adolescente, en Olavarría, iba al Centro Provincial de Atención a las Adicciones (C.P.A.) y sucedía algo similar: “iba al CPA y me tenían medicado todo el día”. El abordaje institucional de sus adicciones fue canalizado casi exclusivamente por la vía de la medicalización.

Su experiencia institucional está permeada por abusos y maltratos. Para referenciar el abuso institucional, nos cuenta: “por ahí si te tomaba de punto algún coordinador iba y te escupía la comida y lo tenías que comer o no te la daba a horario o te levantaban más temprano de lo que tenías que levantar. Cuando ingresas te dan un papel así con las reglas de ahí. Te hacían limpiar y después te ensuciaban de vuelta y te hacían limpiar todo de vuelta, todas cosas así…”. Con respecto a su educación formal, terminó 9° año en “El Castillito”, una institución semi-cerrada ubicada en la localidad platense de Abasto. Se quejó de la relación con el maestro: “muy hincha pelota era. Te decía, ya lo conocías y te decía: ¿hey maestro me das fuego? ‘¿Cómo me vas a pedir fuego? ¿no aprendés todavía?’. Bueno qué sé yo, me quiero prender un cigarro, fue. ‘No, tenés que decir: maestro ¿me presta su encendedor para prender mi apagado?’. Te verdugueaban todo el día así. Y vos te cansabas también un poco. Si ya nos conocíamos ya…”. Además no tenía clases sino que: “yo a la escuela bajaba los miércoles cinco minutos. Cinco minutos bajaba, los miércoles solo. Copiaba así o le dejaba el cuaderno a la maestra y la maestra agarraba después, que se iba a la casa, nos ponía deberes y nos daba. Para los miércoles nomás. Y yo ahí hice 8° y 9°, terminé… hice 8° y 9° ahí. Había una maestra sola y ahí éramos muchos, éramos ahí. Y si nos juntaban… ponele nos juntaban a dos o tres y siempre terminábamos peleándonos o bardeándola a la maestra, encarándosela… porque se la encaraban, la encarábamos todos a la maestra. Si no había mujeres ¿sabés qué? A la psicóloga nomás, también…”.

El estigma se manifiesta principalmente en la institución policial y en los vecinos del pueblo en donde creció y volvió cada vez que se fue de los institutos y centros en los que estaba judicializado. Es el pueblo donde hoy reside y del que nos cuenta: “yo me tuve que ir de acá. Me tuve que ir al Sur yo porque si me quedaba acá me iban a pegar un tiro en la cabeza los milicos. […] Me agarraron en la calle, me mataban a piñas, me llevaban a la comisaría, me largaban… como que si yo no hubiese estado. Yo llegaba todo roto, llegaba. Mi vieja me veía. ‘¿Qué pasó?’ me dijo. ‘No, los milicos’ le dije. ‘¿Cómo que los milicos?’. […] Me veían y me llevaban. Éramos 10 chupando, a mí me llevaban nomás. […] Es más, no te llevaban a hacer precaria, ahí, en la salita… ¿viste que a vos te llevan, te meten preso y te tienen que llevar a la salita para que vos no estás con ningún golpe y después vos salís también? Te tienen que llevar a la salita. Que te hace precario el médico, el médico… policial. Me han llevado pero si el médico éste está metido con los milicos, si es médico policial, es… Todo roto”. Cuando le preguntamos si había denunciado los casos de abuso nos contó que: “Sí pero si todos te piden pruebas. ¿Pruebas de qué si te tienen en la comisaría?”.

Con respecto al estigma desde la perspectiva de los vecinos, uno de los dos vecinos que se acercó a Manuel para ayudarlo -y lo acompañó cuando hicimos las entrevistas- nos dijo: “te cuento allá en [el pueblo] por ejemplo cuando él andaba así la gente se reunió, entonces todos dijeron ahí en la sociedad de fomento: ya sabemos quién es, le decían al policía en la reunión, pero nadie dijo: bueno tiene problemas él, de adicciones, nadie dijo eso, no, este roba tiene que ir preso de por vida o…, y bueno entonces hacían esas reuniones y inclusive no querían que vaya a la villa él, los mismo milicos sabían que vos no tenías que entrar a la villa”. Desde su punto de vista, nos dice que: “primero hicieron una que expulsaron a tres de los pibes que allá estaban conmigo y a mi bueno me llevaron al instituto. Y ahora la última vez hicieron una hace poco, pero yo ya no hacía nada”. El estigma lo hacía merecedor del destierro según sus vecinos y la policía del pueblo, uno de los peores castigos de la antigüedad aún hoy vigente.

La experiencia institucional de Francisco, el último de los entrevistados, está mediada, principalmente, por su adicción a las drogas, a la cocaína en particular. Según su relato: “a los doce, trece años estuve en el C.P.A. [Centro de Provincial de Atención de las Adicciones]. Dos años y medio estuve en el C.P.A. Todo fue porque eh… hace más de cinco años, en el Servicio Local había un grupo […] que coso, que… que juntaba a los pibes que se drogaban, que hacían bondi, todo, los hacía pasar una tarde, una vez por semana, los miércoles, ir a comer un helado, jugar al fulbo y todo eso ¿viste? Y… una vez estábamos en el Servicio Local y viene uno de los operadores, o sea del C.P.A. […]. Y me dijo el loco: ¿querés empezar el C.P.A.? Estuvimos hablando de lo que me pasó a mí: si querés empezá, yo te llevo, todo. Y yo fui. Y… bah, me tuve que quedar directamente ¿viste? Y ahí empecé con el tratamiento. Estuve dos años y medio y, la verdad, no me sirvió de nada. Me drogaba igual”.

El tratamiento se divide en tres etapas: Admisión, Fases uno y dos. Nos cuenta que: “la Admisión era un bondi, porque son todos los que recién llegan, ya están, están… ponele, vos hace una semana que no consumís y vos llegás de una, con todos los bondis llegás. Y es un espacio grande, a lo último no entraba más nadie. Y hablaban. O sea, cómo era la droga, qué te hacía y te pasaba la palabra a vos, así, y yo nunca hablaba. Yo porque ahora hablo no sé cómo pero antes no decía ni ‘a’. O sea, siempre callado yo. […] Me pasaban la palabra y no, que no quería hablar: no -le digo- no voy a hablar. Y estuve un año en admisión. Hasta que hablé, tuve que hablar sino no pasaba más”. Él mismo dimensiona la problemática del consumo en la ciudad puesto que cuenta que “no entraba más nadie”.

Además, el tratamiento consiste en: “reuniones, a ver qué hiciste en la semana, […] Pero… o sea, a mí no me sirvió porque ellos constantemente te estaban hablando de la droga. Yo un día le dije: antes de hablarme de la droga -le digo- por qué no me hablás de cómo anda mi familia, porque vos me quemás el bocho con la droga y yo quiero más droga -le digo-, yo recaigo en pensamientos con la droga, de toque -le digo-. Y sí… vos me hablás de mi familia y por lo menos estoy pensando en otra cosa. Y corte que me miraban ¿viste? Constantemente droga, droga, de acá, a los pibes, vos le hablás de droga y el chabón te va a decir que no pero el chabón salía y se tomaba una tiza o se fumaba un porro ¿o no es así? ‘Y sí’ me decía el chabón”. Es decir según Francisco se soslayaba como parte del abordaje las consideraciones de los destinatarios del tratamiento.

Una vez que dejó de asistir al C.P.A., ingresó a La Casa del Adolescente: “yo entré acá ¿y vos sabés lo que era? Un cachivache. Y los chabones me re cambiaron […] todo, casi todo. Mi forma de ser, lo que era, todo, todo, todo, todo… todo. Antes era maldito, bardeaba, o sea no tenía respeto a nadie, no me importaba un… nada, nada… si tenía que lastimar a uno no me importaba, no pensaba en nada, si tenía que lastimar a mi vieja la lastimaba. Casi le di una puñalada a mi viejo cuando después de no sé cuántos años fue el chabón, casi lo lastimé. O sea, no me importaba nada, era yo sólo nada más en el mundo. Y de a poco, de a poco, de a poco, de a poco no, no… no me pinta para hacer maldad, no quiero hacer ninguna, no me gusta robar, no me cabe eso ya, porque me gusta laburar y ganármela a la plata rompiéndome el lomo y… maldito no, o sea, soy una buena persona porque cualquiera te puede decir. Lo único, bueno, es el problema de la droga, nada más. Después cambié en todo. Nada que ver lo que era antes. Antes era una porquería porque era verdad. Ahora no, ahora tengo respeto por la gente”. Como en el caso de Paula, aunque con una mayor valoración positiva del lugar, Francisco hizo del Hogar un espacio propio en el que encontró la posibilidad de abordar su problema con el consumo, básicamente un lugar en el que sentirse seguro. Una especie de refugio frente al riesgo que representaba para su vida la vida en las calles y en su barrio.

A diferencia de Paula y Manuel, se presentó voluntariamente a la institución: “yo me metí acá. Porque yo no aguantaba más la vida que tenía, me quería matar… me quería matar mucha gente. O sea, tenía bronca con un par de gente que me quería bajar. Ya sabía que me querían matar, no tenía muchas posibilidades. Y yo decidí que estaba muy mal, muy mal, sabía que iba a terminar mal yo. Vine un fin de semana, me quedé a dormir y después, bueno… creo que pasó unos días y… me vine del todo pa’ca”.

Tanto en el caso de Manuel como en el de Francisco, el estigma cobra sentido también en su relación con la institución policial. Sobre su experiencia nos cuenta que: “una sola vez me cagaron a palos, me rompieron todo los gatos esos. Porque llevaba cosas robadas. […] Son muy atrevidos, algunos son muy atrevidos. Pero después sí, me han parado una banda de veces porque, por cómo es… porque… bah, por la carita ¿viste? […] Cómo te vestís, vos te vestís todo cumbiero, todo así… Por ejemplo, hace dos meses atrás tenía todos los aritos en la cara yo y era un secuestro, nada que ver. Y nada que ver, iba caminando por la calle y capaz que estaba robando el de al lado y te paraba a vos. Nada que ver, si son cualquier cosa. […] Un par de veces nos han hecho parar contra la pared, en el medio del centro. […] Trasca tranzan con los pibes, porque [un pibe que conozco] tranza con la policía. Tranzan… vos en la tele ves veinte kilos de cocaína y te aparecen diez nada más. La misma policía, la misma policía es la que roba. Conozco pibes que se manejan con la policía. […] Porque la policía va y te pide un porcentaje. O sea, después cuando no le servís más a la policía te mata, si ¿cuántos pibes ha matado la policía? Esos son más chorros que los pibes de abajo. Esos son los chorros realmente. No te digo que todos los policías pero la gran mayoría son los que te van a mandar al muere”.

Consideraciones finales: expectativas y proyecciones

Uno de los ejes centrales del proyecto es rescatar y comprender las motivaciones y las expectativas que cada joven entrevistado posee en relación al trabajo del cual son protagonistas. La experiencia de realizar entrevistas de este tipo se fue desarrollando de manera pausada, atravesada por distintas etapas en el proceso de elaboración de los diferentes relatos. Los primeros acercamientos se dieron de manera un tanto retraída, con buena predisposición, pero sin demasiada prolongación en detalles o sentimientos.

Con el desarrollo de charlas cada vez mas distendidas y amenas, los jóvenes elaboraron un relato  que expresa en gran medida las  expectativas tanto con respecto a su futuro en la vida como con respecto  a la investigación.  

En primera instancia la evocación del pasado en los jóvenes, fue una situación de difícil configuración. Al reflexionar sobre ello, las temporalidades no se encuentran del todo claras y los actores van reviviendo de a una, y de manera fragmentada, las experiencias relatadas. A partir de esto, las expectativas de los jóvenes con respecto a la investigación giraron en torno al deseo de dar a conocer su situación, su experiencia, sus miedos y necesidades.

El desarrollo de las charlas llevó a una mirada retrospectiva de su vida que impulsó una reflexión sobre su condición y la de otros jóvenes que puedan estar o hayan estado en la misma situación. La reflexión en la propia experiencia por parte de los jóvenes entrevistados nos presenta unos modos específicos de comprensión de una situación social que es adversa también en otros jóvenes. Los actores plantean que este trabajo puede funcionar como una herramienta que ayude a transformar la noción o sensibilidad de todos aquéllos actores involucrados desde lo público con la problemática de los jóvenes en situación de vulnerabilidad social.

En el caso de Manuel, su valoración respecto del proyecto está directamente relacionada con la construcción del vínculo con quien en ese momento era Directora de Niñez del Municipio. Ante la imposibilidad de comunicarse mediante la palabra, comenzó a generar sus primeros lazos comunicativos mediante cartas con Alejandra y fue ella quien lo ayudó a recuperar un poco de la confianza que había perdido en el largo proceso de institucionalización sufrido. De ese intercambio epistolar surgió la idea de, en algún momento, compilar esos registros en un libro que pueda servir para “contarle a otros las cosas por las que pasé, y que se puede salir adelante”. Para Francisco, el libro implica la posibilidad de “que lo lean los pibes de la calle, que pasaron lo mismo que yo para que sepan que si quieren pueden rescatarse”.

Como equipo de trabajo, la experiencia biográfica está vislumbrando cuestiones muy difíciles de presuponer. A lo largo de las entrevistas con los protagonistas de este trabajo, tanto ellos como nosotros, concretamos una interacción comunicativa particular que iba variando según el eje establecido por cada uno de los jóvenes. Esto es algo que a nosotros nos permitió individualizar ciertas cuestiones en cada uno de los relatos pero que, sin embargo, encuentran en el análisis múltiples puntos en común, considerando como fundamental el marco institucional que, aunque vivenciado y percibido de manera particular en cada historia, fue marco de referencia y de sentido en las complejas trayectorias aquí presentadas.

La perspectiva de la reflexividad otorga la posibilidad de ejercer una autocrítica que ponga de relieve las dificultades de la experiencia, discutiendo los desafíos que enfrentamos como científicos sociales, no explicando la realidad social sino más bien describiendo e interpretándola. Esta actitud introspectiva del científico permite, como dice Bourdieu (2001)2, tomar a la ciencia como objeto en sí misma teniendo en cuenta todos los factores que intervienen en la investigación.

Nuestras expectativas con respecto a este trabajo biográfico no sólo tienen que ver con el trabajo de investigación sino que constituye una excelente posibilidad de posicionar a la universidad pública - mediante el desafío de la producción participativa de conocimiento – como un actor clave que pueda disputar en espacios de poder concretos y específicos, políticas y prácticas públicas tendientes a procurar la efectivización de los derechos de niños, niñas, adolescentes y jóvenes.

Bibliografía:

Arfuch, L. El espacio biográfico. Dilemas de la subjetividad contemporaánea. Bs. As. Ed. Fondo de Cultura Económica. 2010.

Barbieri, A. La perspectiva cualitativa en la investigación social: el uso de la narrativa personal. V Jornadas de Sociología de la UNLP y I Encuentro Latinoamericano de Metodología de las Ciencias Sociales. La Plata, 10, 11 y 12 de diciembre de 2008.

Goffman, E. Estigma. La identidad deteriorada. Bs. As. Ed. Amorrortu. 2006.



  1. Hall, S. Codificar y decodificar. En Sin garantías. Trayectorias y problemáticas en Estudios Culturales. Restrepo, E. Universidad Andina Simón Bolívar. 2004

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Lewellen, T. C. Introducción a la Antropología Política. Editorial Bellaterra. Barcelona. 1995.

  1. Raggio, L. Sabarots, H. Políticas públicas dirigidas a juventudes vulnerables. Continuidades y transformaciones en la última década. RUNA. Archivo para las ciencias del Hombre: 2012; XXXIII, (1): 9-31.



  2. Reguillo Cruz, R. Estrategias del desencanto. Emergencias de culturas juveniles. Buenos Aires: Editorial Norma; 2000.



  1. Thompson, E.P. La formación de la clase obrera en Inglaterra. Crítica. Buenos Aires. 1989 [1961]

  2. Saltalamacchia, H. La Historia de Vida: reflexiones a partir de una experiencia de investigación. Puerto Rico: Ediciones CIJUP; 1992.

  3. Sabarots H. y otros Juventudes en riesgo o juventudes riesgosas. La construcción de un mapa institucional de intervención sobre jóvenes vulnerables en Olavarría. En: Villafañe A. Adad L. Antropología y crisis global: desafíos para una interpretación desde el sur. Tandil: Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires; 2011.



  4. Sabarots, H. Políticas públicas orientadas a juventudes precarizadas. En: Jóvenes argentinos. Miradas sobre un colectivo social diverso. Sección de Divulgación Universitaria de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires. On-line: http://www.unicen.edu.ar/content/j%C3%B3venes-argentinos-miradas-sobre-un-colectivo-social-diverso. Tandil, 11 de agosto de 2011.

Sautu, R. El método biográfico. La reconstrucción de la sociedad a partir del testimonio de los actores. Bs. As. Ed Lumiere. 2004



1 Proyecto acreditado para el período 2012-2014 por la Secretaria de Ciencia, Arte y Tecnología de la UNCPBA, e integrante del Programa de Estudios de los procesos socioculturales y desarrollo local en la región pampeana (03/F146-B)

2 Bourdieu, Pierre (2001). El oficio del científico. Ciencia de la ciencia y reflexividad. Anagrama, Barcelona.



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