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  1. La Comunidad ha sido víctima de amenazas y atropellos que se describen en el cuerpo del presente escrito, provenientes tanto de particulares como de agentes del Estado, con el interés de desalentarla en su reclamo. Con fundamento en tales circunstancias, la Ilustre Comisión ha dispuesto en su momento, medidas cautelares a favor de la misma.

  2. El Estado de Paraguay ha incumplido su obligación de garantizar a la Comunidad Yakye Axa y sus miembros, el desarrollo progresivo de una amplia gama de derechos económicos, sociales y culturales, en conexión con circunstancias que han provacado un daño en concreto a las víctimas y a la situación de menoscabo generalizado del disfrute de tales derechos respecto a los Pueblos Indígenas del Paraguay.

  3. Hasta la fecha, el Estado de Paraguay no ha adoptado medidas efectivas para asegurar el derecho de propiedad de la comunidad Yakye Axa sobre parte de sus tierras ancestrales y sus recursos naturales, ni ha proveído ante la falta de acceso a dichos bienes vitales, las medidas asistenciales suficientes y regulares a las que se comprometiera para garantizar condiciones alimentarias y de asistencia en salud que palien la situación de extrema vulnerabilidad en la que se encuentra la comunidad.


II.a Antecedentes Históricos de la Comunidad YAKYE AXA
Tal como señala la Ilustre Comisión en su demanda, los Enxet (lengua, Angaité y Sanapaná) –junto con otros pueblos indígenas chaqueños- son los pobladores originarios del Chaco, y ocupan ancestralmente el noreste del Bajo Chaco. Los Enxet-Lengua han estado subdivididos en varios grupos: los Paisia-Apto12, Mopey-Apto, Yexwase Apto, Chanawatsan, etc. Las tierras reclamadas se encuentran en una zona tradicionalmente ocupada por los Chanawatsan13 que significa “Los del Río Paraguay”, grupo al que pertenece la comunidad de Yakye Axa, y que comprende desde la ribera hasta unos 70 kilómetros tierras adentro del Chaco.
El Pueblo Enxet es un pueblo de cazadores, recolectores, horticultores y pastores, una sociedad señalada como minimalista, con escasa o ninguna jerarquía y con una asociación a un territorio concreto. Su pauta de poblamiento se caracteriza por una amplia movilidad en el extenso territorio del que son originarios y por la flexibilidad de sus asentamientos, íntimamente ligados a factores sociales, políticos y económicos.
A fines del siglo XIX comenzaron a llegar a la zona del Chaco las primeras misiones de la iglesia anglicana, con el objeto de “atender a las necesidades de los nativos”. De acuerdo con el Informe Antropológico sobre la Comunidad Yakye Axa (Loma Verde) del Pueblo Enxet-Lengua del Centro de Estudios Antropológicos de la Universidad Católica “Nuestra Señora de la Asunción”, elaborado por el antropólogo Miguel Chase-Sardi, los misioneros anglicanos quienes sirvieron de punta de lanza a las empresas extranjeras y a los latifundistas particulares.
Como señala el mismo informe, a principios del siglo XX se inicia en el Chaco la colonización no indígena. Los misioneros anglicanos fueron estableciendo estaciones misioneras en las aldeas indígenas Enxet donde encontraban receptividad. A medida que los anglicanos, a partir de un trato paternalista hacia los indígenas, lograron consolidar misiones en las aldeas elegidas, dieron una mayor seguridad a los colonos para avanzar sobre el territorio indígena. Estos, a su vez fueron fraccionando los terrenos y levantando estancias. El Antropólogo Miguel Chase Sardi señala que la estrategia de establecer centros misioneros para volver sedentarios a los indígenas nómadas e incivilizados, fue una estrategia de control social y dominación, funcional a los intereses del capital extranjero en el Chaco.
Los misioneros no solo cristianizaron a los indígenas persiguiendo su cosmovisión y prácticas rituales, sino trataron de reemplazar sus sistemas económicos -de explotación extensiva de los recursos naturales- y sociales –de movilidad y libre elección de residencia-, sistemas fundados en las características de los sistemas ecológicos y la pauta de poblamiento asociada a su sistema de relaciones sociales y políticas. En las misiones se buscaba, además, crear la dependencia de los indígenas hacia actividades asalariadas –peonaje y obraje- para convertirlos en mano de obra de las estancias y centros extractivos que se erigían. La estancia The Pass 14(actualmente Maroma), creada por los anglicanos –tal como describe el Sr. Miguel Chase-Sardi en su informe antropológico- en la zona de los Chanawatsan, tenía como fin convertirse en un centro industrial de la misión, atrayendo a la numerosa población, entre la que se encontraban los antecesores directos de la comunidad Yakye Axa.
Después de Maroma, otras estancias se levantaron y el territorio de los Chanawatsan se enajenó y fraccionó entre cada vez más titulares no indígenas. Otras circunstancias tales como las epidemias traídas por los colonizadores (viruela, sarampión, etc.) volvieron aún más vulnerables a los indígenas y los condicionaron a vivir bajo las reglas de las nuevas estancias y sus propietarios. Es así que cuando se establece la Estancia Loma Verde (comprensiva del área reivindicada por Yakye Axa), los indígenas Enxet fueron obligados a ubicar su aldea cerca del casco del establecimiento, a fin de disponer de ellos como mano de obra barata en un régimen de dominación casi feudal. En tal sentido, menciona el ya señalado informe antropológico de Chase Sardi, que gran parte de la infraestructura de la Estancia Loma Verde fue construida por indígenas de la Comunidad Yakye Axa casi gratuitamente.
En la medida que las estancias fueron levantando sus alambrados y fijando sus cascos, los libres ocupantes de estas tierras -en este caso los Chanawatsan- vieron restringirse poco a poco la libertad de determinación de sus aldeas y de sus mismas actividades de subsistencia.
Muchos cascos de estancias y retiros se levantaron en lugares de antiguas aldeas indígenas, (abundantes nombres de la geografía chaqueña -Toldo kue : antigua toldería, Toldo’i : pequeña toldería- testimonian este hecho) y los indígenas tuvieron que fijar sus residencias al costado del casco de las estancias. Muchas aldeas fueron dispersadas o inclusive masacradas cuando los indígenas se negaron a someterse a los emergentes patrones. Ejemplo de lo anterior es que en el año 1909, el Rvdo. Hunt menciona la masacre de una aldea completa de los Chanawatsan por represalia a supuestos hechos de abigeato cometidos por indígenas15. Estas circunstancias obligaron a un gran número de indígenas, ubicados ya en los cascos de las estancias, a trabajar para ellas en penosas condiciones, situación que persiste hasta nuestros días, como en el caso concreto de la gente de Yakye Axa.

La guerra del Chaco entre Bolivia y Paraguay (1932-1935), la presencia de las industrias tanineras sobre el río Paraguay, la consolidación de estancias, las misiones y la nación menonita en el centro del Chaco, marcan el definitivo despojo territorial de los Enxet (al igual que los otros pueblos chaqueños), a mediados del siglo XX.


En la década del 50 y posteriores, los Enxet fueron la mano de obra barata de los grandes latifundios del Bajo Chaco y de los obrajes tanineros de la ribera del río Paraguay, en este tiempo ya en decadencia. La difícil situación hace que a principios de los años sesenta, los indígenas (Nivaclé, Guaraní y Enxet) marchen por Filadelfia, centro de la Colonia Menonita Ferheim. En las colonias menonitas, de creciente industrialización, los salarios también eran muy bajos y sólo contaban con campamentos urbanos de unas pocas hectáreas. Allí empieza el reclamo de mejores salarios y tierras para cultivar.
Durante esa misma década, la comunidad Yakye Axa establecida en Loma Verde renovó sus vínculos con la Misión Anglicana, se construyó un templo de palmas cerca del casco actual de la estancia y un indígena incluso fue ordenado pastor de dicha iglesia16.
A finales de los 70 e inicios de los 80 varias comunidades Enxet empiezan a ejercer una mayor presión sobre los anglicanos -su principal referente con la sociedad envolvente -, dada la nula presencia del Estado en el Chaco- para mejorar sus condiciones de vida dentro de las estancias y en la Colonia Makxawaiya, asiento central de la Misión Anglicana en el chaco desde comienzos del siglo XX. Fue en ese entonces cuando fueron adquiridas dentro del Dpto. de Presidente Hayes, aparte de la citada colonia, tierras para otras tres más: El Estribo, Sombrero Pirí y la Patria, totalizando unas 45.000 hectáreas.
Para 1985 los indígenas de Yakye Axa padecían una situación de explotación laboral extrema en la Estancia Loma Verde y la Iglesia Anglicana les ofreció la posibilidad de trasladarse a la colonia El Estribo, cuyas tierras fueron adquiridas dicho año. Desinformados y empujados por la situación difícil que vivían, en 1986 la comunidad decide asentarse transitoriamente en dicha Colonia. Sin embargo, otras comunidades asentadas en estancias privadas, migraron también a las nuevas colonias anglicanas, buscando un mayor bienestar material y autonomía política. En poco tiempo, la colonia El Estribo se encontró sobrepoblada17 y las tierras se volvieron absolutamente insuficientes y se agotaron sus recursos naturales. Aunque los indígenas de Yakye Axa se esforzaron mucho para vivir de la tierra de El Estribo, sus cultivos producían poco, la gran mayoría de sus animales domésticos morían y tenían que continuar trabajando fuera de la colonia recibiendo sueldos bajos. Por otra parte, nunca abandonaron su deseo de volver a sus tierras ancestrales, lo cual se testimonia en la solicitud de la personería jurídica de El Estribo18, donde se especifica que los mismos consideraban su estadía en dicho lugar como transitoria y que querían volver a su tierra de ocupación tradicional.
Como resultado, y después de evaluar las posibilidades legales que brindaba la nueva Constitución Nacional del año 1992 en materia de derechos indígenas, formalmente el 13 de octubre de 1993 presentan ante el Estado la reivindicación de sus tierras y en 1996 la comunidad decide abandonar El Estribo y retornar a su antiguo hábitat, asentándose en el lugar que actualmente ocupan al costado de la ruta Pozo Colorado – Concepción.
Respecto a los datos demográficos de Yakye Axa, éstos son variables. En 1978, la Misión Anglicana censó19 a la comunidad y encontró a 47 personas dentro de la Estancia Loma Verde; otros miembros vivían cerca: 44 personas en la Estancia Ledesma y 37 en la Estancia Maroma y un número no determinado en la Colonia Makxawaiya, de quienes habían salido de Loma Verde años atrás.
Los últimos censos realizados (1993, 1998, 2002)20 presentan variaciones en el número de población, lo que se debe, todavía, a la movilidad de esta sociedad. Muchas veces al tiempo de la elaboración de los censos personas que pertenecían a la comunidad estaban trabajando en otros lugares –de forma transitoria o semi-permanente- y/o varios miembros se habían adscrito a la comunidad a partir de relaciones de parentesco común, casamiento, co-residencia en El Estribo o por el tipo liderazgo comprometido con la reivindicación de sus tierras ancestrales ejercido por Tomás Galeano y Esteban López; pautas consuetudinarias éstas perfectamente reconocidas de hecho y de derecho a los pueblos indígenas bajo el concepto de autodefinición.
También es necesario mencionar que varios miembros originales de la comunidad la han abandonado por diversos motivos, mayormente, por las difíciles circunstancias en que se ha desenvuelto a lo largo de su historia. Sin embargo, las variaciones detectadas por los distintos censos no conllevan la ausencia de una identidad material de la comunidad Yakye Axa, dado que persiste –hecho comprobable en todos ellos- un núcleo importante y hasta mayoritario de personas que la han integrado a lo largo de su historia.
De este proceso histórico parte la singularidad de la comunidad Yakye Axa, y es así como debemos entender los aludidos lugares de nacimiento y variación de su población.
II.b El territorio del pueblo Enxet y su continua ocupación
Han transcurrido ya diez años desde que la Comunidad Yakye Axa diera inicio a su solicitud al Estado paraguayo de restitución de sus tierras ancestrales21, de cuyo dominio y derechos de propiedad fueron privados sin indemnización alguna por actos continuos de despojo que se inician con la confiscación y venta de las tierras pertenecientes al Pueblo Enxet por parte del Gobierno paraguayo en el periodo de post guerra de la Triple Alianza, de 1885 a 188722 y que no culminan hasta el presente.
A pesar de este proceso histórico, el pueblo Exnet ha mantenido una territorialidad claramente definida basada en los referentes socio culturales y su presencia en lo que es su territorio ancestral.
Según testimonio de los primeros misioneros y antropólogos23 que llegaron a esta zona, hasta comienzos del siglo XX el pueblo Enxet era prácticamente el principal ocupante de un área aproximada de 7.000.000 de hectáreas, y los Chanawatsan cerca de un 8% de esta área. Su pauta de poblamiento se caracterizaba por la movilidad de sus miembros y la flexibilidad de sus asentamientos. Las aldeas –entendidas como el asiento de las casas y huertas- se iban formando de acuerdo con razones socio culturales, políticas y ecológicas:
a) El tipo de liderazgo político-religioso. Un líder generoso (que podía ser shamán a la vez) con iniciativas que beneficiaban más al grupo antes que a él mismo, que podía manejar conflictos internos y mantener alejados peligros externos aglutinaba en torno a él más gente;

b) Las relaciones de parentesco, ya sea consanguíneas –ascendientes, descendientes- o afines –cónyuges y sus parientes- eran también tenidas en cuenta para determinar con quién vivir y agruparse;

c) La época y/o estación del año ligada a los recursos naturales disponibles para el sustento del grupo –caza, pesca, agua, frutos, tierra cultivable- cuya variabilidad es bien conocida en el Chaco;

d) Las relaciones con otras aldeas y otros pueblos indígenas –pacíficas o bélicas- incluidos los no-indígenas;

e) El sistema resolución de conflictos a través de la escisión de individuos, familias y grupos.
Estas razones combinadas determinaban la durabilidad de las aldeas en un sitio determinado y la cantidad de sus integrantes. Está fehacientemente comprobado, a través de los diversos testimonios recogidos por los misioneros y los primeros etnólogos chaqueños (Grubb, entre los primeros, Metraux, Nordeskiold, Susnik, etc.) que la co-residencia, residir en una misma aldea, generaba importantes vínculos entre las personas y una identidad común. A partir de esta identidad común – expresada con el nombre del cacique o de alguna característica del lugar (p.e. Yakye Axa: Isla de palmas)- se construían códigos de manejo, idioma y ritos, así como un conocimiento compartido del espacio geográfico que se recorría en función de la subsistencia y relaciones sociales.
Las identidades dinámicas construían un espacio geográfico interconectado de varias aldeas permanentes, semi-permanentes y asientos transitorios, que es lo que se entiende hoy por territorio o por el hábitat tradicional en este caso particular del subgrupo Chanawatsan. La asignación de nombres a lugares de común conocimiento y ocupación, permitía humanizar la geografía chaqueña. El hecho de que un lugar sea nombrado de una determinada manera (como Nentamakxa menxay etkok:: “donde comimos los pira mbocayá24”) implica no solamente facilitar una referencia geográfica que puede ser utilizada en la vida cotidiana (p. Ej. un sujeto cualquiera podría decir “...voy de Yakye Axa hasta Netamakxa menxay etkok”). El topónimo también describe lo que ocurrió en el lugar –ya sea un hecho auspicioso o fatídico- lo que permanece en la memoria colectiva como una lección o una anécdota y garantiza la transmisión de la historia como referente de identidad.
La formación de las estancias durante la primera mitad del siglo XX no impidió que los Chanawatsan mantuvieran la ocupación de sus tierras. Su pauta de poblamiento, con características de movilidad y flexibilidad, se fue adecuando a las nuevas circunstancias impuestas por la colonización y puede decirse que aún se mantiene.

A la vez que permanecieron como empleados de los sucesivos patrones o al menos como parientes de estos empleados, fundaron sus aldeas alrededor de la estancias y mantuvieron algunas de sus actividades tradicionales de subsistencia (cacería pesca y recolección no así el pastoreo y la agricultura). En efecto, la extensión de las explotaciones (miles de hectáreas) y la conveniencia de los patrones de tener a su disposición a los indígenas, les permitía combinar el trabajo asalariado temporal o semi-permanente, con la ocupación de su hábitat tradicional y la intercomunicación entre las aldeas ya mayormente distribuidas entre cascos y retiros. Esto explica que los Exnet mantengan claro su referente territorial.


Al no existir entre los pueblos chaqueños previamente a la colonización el concepto de la propiedad privada de dominio exclusivo, tampoco tiene razón de ser el concepto espacial de áreas. Los nombres en el territorio Enxet designan puntos específicos debido a que la visión pre-colonial del territorio (de finales del siglo XIX en el caso del Chaco) es unidimensional, lo que comprende puntos y líneas antes que bidimensional, lo que comprendería áreas. Así se puede entender el hecho de que la solicitud original de Yakye Axa presentada ante el Instituto de Bienestar Rural (IBR) haya expresado que “nuestro territorio tradicional se encuentra en los alrededores de las estancias Loma Verde, Ledesma y Maroma (sic)25”, entendiendo que debía restituirse áreas que incluyeran estos puntos, los cuales constituyen las referencias geográficas de asociación con un determinado territorio y hábitat, del cual no se podía establecer límites precisos a priori.

Los criterios aludidos permiten entender la relación de la población de Yakye Axa con su hábitat y la de sus miembros entre sí: antepasados directos comunes, hábitat tradicional compartido, historia común en Yakye Axa, convivencia y co-residencia en este lugar, códigos comunes –topónimos-, parentesco entre sí y con otras aldeas (matrimonios entre las aldeas), liderazgo común –de Tomás Galeano y Esteban López- que se proyecta hasta el presente, y circunstancias históricas compartidas –explotación en la Estancia Loma Verde y otras, desarraigo, experiencia en El Estribo y luego el actual asiento a la vera de la ruta Pozo Colorado – Concepción frente a las tierras reivindicadas.


El informe del Centro de Estudios Antropológicos de la Universidad Católica26, firmado por el conocido antropólogo Miguel Chase Sardi, confirma la condición de hábitat tradicional de Yakye Axa teniendo en cuenta las razones aludidas.
Un rápido repaso de la historia nos señala cuatro momentos sucesivos en la ocupación del territorio por los indígenas Enxet:


  1. Los Chanawatsan ocupaban libremente un vasto territorio, que luego se fracciona en estancias;

  2. Las aldeas perviven al costado de las estancias, Yakye Axa al lado de Loma Verde; y los indígenas mantienen la ocupación de su territorio de un modo restringido

  3. Las condiciones laborables fuerzan a los indígenas Yakye Axa al desplazamiento desde Loma Verde y fundar la Colonia 20 de Enero en la Colonia El Estribo, pero desde allí mantienen su relación con su hábitat y sus relaciones de intercambio con los miembros que permanecieron en las antiguas estancias.

  4. Las posteriores condiciones insostenibles -sobrepoblación, desempleo, fracaso en proyectos comunitarios productivos como la plantación de algodón, conflictos con otras aldeas, etc. - en El Estribo y el auspicio de leyes más favorables para el reconocimiento de sus derechos territoriales impulsa a los indígenas a reclamar parte de su hábitat tradicional y a regresar a éste, ubicándose al costado de la ruta donde hoy se encuentran.

Los indígenas han determinado los lugares que quieren recuperar, y la necesidad operativa de establecer límites a estas pretensiones es la que obliga a señalar las fincas que incluyen estos lugares. Los límites que se establecieron a fortiriori sobre el reclamo original, fueron asistidos por un conjunto de criterios. El primero i) la inclusión de determinados lugares tradicionales27; el segundo ii) es el artículo 18 de la Ley 904/81 que habla del mínimo de 100 hectáreas a ser restituido por familia en la región Occidental. Este parámetro fue sustentado por las investigaciones del antropólogo Walter Regehr, en base al cálculo de las tierras suficientes para garantizar la sustentabilidad socio-económica y cultural de una familia conforme a sus actividades tradicionales (caza, pesca, recolección, modesta agricultura y pastoreo); el tercero iii) el artículo 64 de la Constitución Nacional del Paraguay, el cual no establece un parámetro cuantitativo sino más bien cualitativo en lo relativo a la extensión y calidad suficiente de las tierras a restituirse a los pueblos indígenas, que conforme a estudios más actualizados (Leake, 1999) sobre la sustentabilidad económica de las actividades tradicionales en el propio Chaco, superarían ampliamente lo establecido por el parámetro de la ley 904/81; el cuarto iv) es el mayor conocimiento de las fincas afectadas, sus propietarios y superficies correspondientes, de modo a delimitar con precisión geográfica el reclamos; y el quinto v) sería la propia viabilidad jurídica-política del reclamo, puesto que a partir de la presentación inicial del reclamo que pesaba sobre tres estancias distintas –por ende tres propietarios particulares distintos, o más- se entendía que esto podría dificultar la restitución conciliada del reclamo entre el Estado, la comunidad y los propietarios –teniendo en cuenta la experiencia de tramitación de otras reivindicaciones.


Por ende, siendo la Estancia Loma Verde la parte principal del hábitat tradicional de la comunidad, y satisfaciendo mínimamente la totalidad de su extensión, 18.189 hectáreas, el criterio del artículo 64 de la Constitución, la comunidad decidió delimitar su reclamo sobre aquella. A partir de esto se asienta la reivindicación indígena concreta, en este caso de Yakye Axa, sobre lugares concretos determinados y superficies delimitadas –fincas- que incluyen estos lugares.
II.c. Los pueblos indígenas y el derecho a la tierra en Paraguay
Los Pueblos Indígenas en el Paraguay se encuentran distribuidos en 5 familias lingüísticas y 17 pueblos28 cuya población, conforme a los resultados preliminares del II Censo Nacional Indígena de Población y Viviendas 200229 , alcanzan unos 85.674 personas, lo que constituye aproximadamente el 1,8% de la población nacional. Unos 13 pueblos se encuentran en la Región Occidental o Chaco (constituyéndose en la población mayoritaria de la zona) y 4 en la Región Oriental.
Estos Pueblos Indígenas se diferencian del resto de la población nacional a través de sus formas propias de organización y manifestación política, económica, cultural, lingüística y social. Por lo general, las sociedades indígenas del Paraguay, al igual que otras de América del Sur, se han distinguido por la ausencia de jerarquías estables en su composición social, por lo que se las ha denominado como “sociedades minimalistas” (Vivieros de Castro, 1993), además de otras denominaciones de carácter más economicista (cazadores, recolectores y horticultores).
Si bien el genocidio de los Pueblos Indígenas y la privación de sus territorios se remontan a tiempos de la colonización española, el despojo territorial de los 17 pueblos actualmente existentes en el Paraguay tiene orígenes y causas no tan lejanas en el tiempo. A finales del siglo XIX y durante la primera mitad del siglo XX se operativiza la colonización de amplias áreas geográficas en el Paraguay, hasta entonces libremente ocupadas por estos Pueblos30, como se ha podido explicar en el caso de los Enxet.
La venta de tierras públicas31 y la posterior concentración de grandes extensiones por latifundistas, así como la expansión de la frontera agrícola y la presencia de colonias de nacionales y extranjeros (menonitas32, japoneses, brasileños, etc.) constituyen el marco histórico estructural donde se encuadra la situación actual de los pueblos indígenas del Paraguay. Durante este proceso progresivo de expulsión de los indígenas de sus tierras, concentración en pequeñas áreas adquiridas por misioneros o cedidas “en uso” por el Estado, y/o asentamiento en la periferia de poblaciones urbanas, el Estado paraguayo nunca reconoció los derechos indígenas territoriales preexistentes y la justicia de su restitución o al menos de su reparación.
Recién a partir de la década de los ’70 se dio un cambio mínimo en la política estatal, y se restituyeron algunas tierras, en su mayoría, por del impulso de instituciones privadas y el apoyo de la cooperación internacional. En los años ’80 se sanciona la Ley 904/81 que reconoce a las comunidades indígenas el derecho a la propiedad comunitaria de sus tierras, y se asigna al Instituto Paraguayo del Indígena (INDI) y al Instituto de Bienestar Rural (IBR) competencia para la asignación de tierras a las comunidades. Sin embargo, hasta el término de la dictadura del Gral. Stroessner (1954/1989) las restituciones de tierras comunitarias se seguían realizando a partir de iniciativa privada y la cooperación extranjera33.
El inicio de la transición democrática también trae aparejado un orden legal más favorable en términos de derechos substantivos, con la sanción de la Constitución Nacional de 1992, que en su capítulo V reconoce la preexistencia de los pueblos indígenas al Estado paraguayo y la obligación de restituirles tierras comunitarias en extensión y calidad suficientes. A esto se suma la ratificación del Convenio N° 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) por medio de la Ley N° 234/93 y la promulgación de la Ley 43/89 que establece un régimen de regularización de los asentamientos indígenas.

A pesar del marco normativo que progresivamente se fue consolidando, en los primeros años de la década del ’90 el Estado no dispuso de los recursos económicos apropiados para la restitución de las tierras indígenas. Si bien las reivindicaciones indígenas aumentaron ostensiblemente con la emergencia de dicho marco, el principal problema para la restitución de las tierras obedecía a que la mayoría de éstas están sobrepuestas a tierras privadas gracias a la política de dilapidación de las tierras fiscales largamente practicada por el Estado paraguayo (Pastore, 1979). Por tanto, para satisfacer los reclamos de tierra indígenas conforme a los estándares constitucionales y legales, era y sigue siendo necesaria la provisión y gestión de suficientes fondos públicos para indemnizar a los particulares afectados.


Intentando modificar esta situación, los pueblos y comunidades indígenas y las entidades indigenistas ejercieron una presión cada vez mayor sobre el Estado para la asignación de recursos suficientes al INDI destinados a la compra y pago de tierras reclamadas por los indígenas. Gracias a esta presión el Parlamento aprobó una asignación presupuestaria –aproximadamente 30 millones de dólares americanos- a ser ejecutada proporcionalmente en tres ejercicios presupuestarios (de 1996 a 1998). Sin embargo, la malversación de fondos y la tramitación de procesos irregulares de compra de tierras por el INDI, resultó en la sobrefacturación de algunas tierras y la adquisición de otras no reivindicadas por las comunidades y, malgastándose entre el 40 y 60% de estos fondos34. En el Chaco, por ejemplo, investigaciones independientes sobre las compras realizadas durante el período 1995-1997 (Lackner, 1997; Kidd, 1998; Palmer, 1999) indican que unas 270.000 hectáreas aproximadamente habrían sido adquiridas sin un reclamo previo y/o fundado de una comunidad ante el IBR o el INDI.
Estos acontecimientos no solo fueron negativos por el malgasto y la corrupción sino por que lesionaron aún más los derechos de un sinnúmero de comunidades, que legitima y legalmente fundadas, habían iniciado sus reivindicaciones territoriales al inicio de los ’90 y aún de antes. La postergación de los reclamos derivó, a su vez, en el agravamiento progresivo de las ya malas condiciones de vida de las comunidades sin tierra.
En respuesta a la dilapidación de los recursos asignados, el Parlamento sancionó al INDI con el recorte presupuestario del rubro de adquisición de tierras, que fue operándose sucesivamente a partir del año 1999 hasta su desaparición efectiva en los años 2001 y 2002. Aún con los primeros recortes la corrupción siguió imperando, a tal punto que durante el año 2000, 3 de las 4 adquisiciones realizadas fueron cuestionadas por sobreprecio o por tratarse de tierras no reivindicadas.
El argumento de la corrupción, esgrimido por los parlamentarios en su momento para no asignar fondos al INDI, dejando de lado la responsabilidad del Ministerio Público y del Poder Judicial para investigar y penalizar a los responsables de la malversación, pareciera ocultar una visión de las representantes de los poderes estatales que menosprecia los derechos de los pueblos indígenas.
Prueba de lo anterior es que recientemente, en el juicio por una estafa de más de catorce mil millones de guaraníes (U$S 4 millones en su momento) en contra del Estado paraguayo perpetrada con la compra de tierras, pese a las pruebas existentes fue sobreseído el Sr. Valentín Gamarra, ex-presidente del INDI. Otros imputados habían sido liberados de la investigación con anterioridad.
También es indicativo de esta afirmación que, en el marco de la reforma del Estado, el Poder Ejecutivo presentara en abril del 2001, una propuesta de reforma de la Ley 904/81 que, a la vez que reestructuraba el INDI, restringía los derechos de los pueblos indígenas, disponiendo la reducción en un 50% de la tierra que debe ser asignada por familia para la restitución a las comunidades. 35

Cabe agregar que a fin de caracterizar correctamente las condiciones objetivas de restitución de tierras vigentes en el país, debemos decir que su déficit en casos determinadios como el de Yakye Axa, se debe no sólo a la corrupción y a la negligencia de los entes administrativos, INDI e IBR, en la tramitación de las reivindicaciones, sino fundamentalmente, a la demostrada falta de eficacia de los procedimientos administrativos establecidos en la legislación paraguaya para hacer efectiva la reparación de los derechos de propiedad y posesión de los Pueblos Indígenas sobre su hábitat ancestral. Este aspecto lo profundizaremos más adelante en cuanto hagamos alusión a la violación de los artículos 8 y 25 de la Convención Americana.






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