Violencia contra la mujer con discapacidad



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VIOLENCIA CONTRA LA MUJER CON DISCAPACIDAD

Autora: María del Pilar Gomiz Pascual

Datos de contacto: Teléfono 657596409; e-mail: pgomiz@poli.uned.es

RESUMEN


La violencia contra la mujer con discapacidad es a día de hoy una realidad que sin embargo se ha convertido en una asignatura pendiente. La falta de estudios sobre este tema es un ejemplo de la invisibilidad que estas mujeres sufren, que están sometidas a una discriminación múltiple o multifactorial que surge a raíz de dos variables discriminatorias: el género y tener una discapacidad. A estas variables se van sumando de forma exponencial otras tantas cuyo resultado es una mayor exposición a situaciones de discriminación, lo que las hace más vulnerable y facilita que se conviertan en víctimas de violencia, quedando muchas veces condenadas a la exclusión social. En este artículo estudiamos la violencia incorporando el género a la discapacidad, para intentar dar luz a la dura situación a la que estas mujeres se enfrentan, analizando su situación, sus necesidades y las trabas a las que tienen que enfrentarse para su inclusión plena en la sociedad.

PALABRAS CLAVE: mujer, discapacidad, violencia, discriminación múltiple o multifactorial

ABSTRACT

Violence against disabled women is nowadays a reality that has become an unresolved matter. The lack of studies on this subject is an example of the invisibility that these women suffer. They are subject to multiple or multifactor discrimination that rises as a result of two discriminatory variables: gender and having a disability. On these variables many others are being added in an exponential way whose result is a greater exposure to situations of discrimination, which makes them more vulnerable and easier to become victims of violence, being often condemned to social exclusion. In this paper we study violence adding gender to disability, in an attempt to elucidate the hard situation that these women have to confront, analysing their situation, their needs and the hindrances they have to deal with to a full inclusion in the society.

KEYS WORDS: women, disability, violence, multiple or multifactor discrimination


  1. INTRODUCCIÓN

El presente artículo parte de la investigación realizada por el Grupo de Tendencias Sociales GETS, dentro de la línea de investigación 2012-2013 sobre personas con riesgo de vulnerabilidad y exclusión social altos, y titulada Violencia contra la Mujer con discapacidad, realizada bajo la coordinación del Profesor José Félix Tezanos. En dicho trabajo se pretende realizar una primera aproximación analítica a una cuestión crucial, la violencia desde una doble perspectiva: el género y la discapacidad.

En el año 2012, 38 mujeres murieron víctimas de la violencia de género, según las estadísticas del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad. Una cifra que se eleva hasta 75 si contabilizamos el total de casos de muertes por violencia contra la mujer, utilizando para el cómputo la definición que Naciones Unidas hace de este concepto y que queda recogida en la Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer/ Resolución de la Asamblea General de 48/104 del 20 de diciembre de 1993. En dicha resolución el concepto de violencia se amplía incluyéndose en la definición las muertes por asalto sexual o como consecuencia del tráfico de mujeres o prostitución.

La muerte es la expresión más cruel de la violencia contra la mujer. Una violencia que afecta a muchas mujeres independientemente de su edad, nivel de estudios o clase social y que, en el caso de las mujeres con discapacidad, presenta ciertas peculiaridades que analizamos en este artículo y que hace que su exposición sea más alta como nos confirman las cifras. Según datos oficiales1, en 2011 un 18,8% de las mujeres españolas con discapacidad sufrieron violencia de este tipo, frente al 10% de las mujeres sin discapacidad.


  1. SITUACIÓN DE LA MUJER CON DISCAPACIDAD

Son escasos los estudios que existen sobre la situación de la mujer con discapacidad, algo que a priori nos alerta de la falta de atención que existe sobre este tema y de la invisibilidad a la que se enfrentan socialmente estas mujeres.

Si nos centramos en España, y tomando como referencia la Encuesta de Discapacidad, Autonomía personal y situaciones de Dependencia (EDAD) realizada por el INE en el año 2008, más de tres millones y medio de personas tienen algún tipo de discapacidad en nuestro país. De ellas, un 60% son mujeres. Si bien hasta los 44 años, el porcentaje de hombres con discapacidad es algo mayor, a partir de los 45 se incrementa el número de mujeres, aumentando el porcentaje según aumenta la edad.

En cuanto al empleo, las personas con discapacidad con edades comprendidas entre los 16 y los 64 años tienen una tasa de empleo del 24%, siendo ésta entre las mujeres con discapacidad del 16%, la mitad que la masculina (32%).

En lo que se refiere al nivel de estudios, en el grupo de edad de entre los 10 y los 64 años, el 24,3% no tiene estudios y el 10,8% son analfabetos, de los cuales más de la mitad lo son por problemas físicos o psíquicos. El 37% tiene estudios primarios, el 22,4% estudios secundarios y el 5,2% estudios universitarios o enseñanzas profesionales superiores.

Respecto a la manera en la que influye la variable de género en los niveles de educación de las personas con discapacidad, podemos hacernos una idea si tenemos en cuenta que la tasa mundial de alfabetización para las mujeres con discapacidad es de tan solo el 1%, según datos de la ONU sobre mujer y discapacidad.

Si tenemos todo esto en cuenta, nos encontramos ante un grupo que ve limitados sus derechos y oportunidades y que se encuentra con serias dificultades para lograr su plena inclusión en la sociedad, sus posibilidades de acceso en igualdad de condiciones y su plena participación en la economía y en la sociedad del conocimiento.



  1. MARCO TEÓRICO Y CONCEPTUAL

En el año 2006, la Convención sobre los derechos de las personas con Discapacidad de la ONU advierte “que las mujeres y las niñas (con discapacidad) suelen estar expuestas a un riesgo mayor, dentro y fuera del hogar, de violencia, lesiones o abuso, abandono o trato negligente, malos tratos o explotación”.

En la misma línea, el Segundo Manifiesto de los derechos de las mujeres y niñas con discapacidad de la Unión Europea de 2011, señala la necesidad de incorporar la perspectiva de género en todas las actividades destinadas a promover el pleno goce de los derechos y libertades de las mujeres y niñas con discapacidad, solicitando a los Estados en su artículo 6 que tomen medidas para potenciar a la mujer, reconociendo la existencia de múltiples formas de discriminación en las mujeres con discapacidad. En su artículo 6.2, hace referencia a la violencia contra la mujer, tanto dentro del hogar como fuera del mismo, que sea ejercida por miembros de su familia, personas encargadas de su cuidado o desconocidos. En el artículo 6.3 el concepto de violencia contra la mujer alcanza cualquier forma de violencia, incluida la explotación o el abuso, incluyendo la esterilización forzosa y el aborto coercitivo y, finalmente, el artículo 6.4 de este Manifiesto plantea la necesidad de tener en cuenta la diversidad en cuanto a orientación e identidad sexual de las mujeres con discapacidad, contemplando la heterosexualidad, el lesbianismo, la bisexualidad y la transexualidad.

En este trabajo reconocemos la existencia de múltiples definiciones de lo que es violencia contra la mujer, pero nos decantamos por el concepto utilizado en la Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, según Resolución de la Asamblea General 48/194 ONU, 1994, que dice que la violencia contra la mujer es “todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño físico, sexual o psicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la provocación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la privada”.

Según esta declaración, la violencia contra la mujer incluye la violencia física, sexual y psicológica en la familia, incluidos los golpes, el abuso sexual de las niñas en el hogar, la violencia relacionada con la dote, la violación por el marido, la mutilación genital y otras prácticas tradicionales que atentan contra la mujer, la violencia ejercida por personas distintas del marido y la violencia relacionada con la explotación la violencia física, sexual y psicológica de la comunidad en general, incluidas las violaciones, los abusos sexuales, el hostigamiento y la intimidación sexual en el trabajo, en instituciones educacionales y en otros ámbitos, el tráfico de mujeres y la prostitución forzada y la violencia física, sexual y psicológica perpetrada o tolerada por el Estado, dondequiera que ocurra.



El concepto de discriminación múltiple o multifactorial

Si bien existen teorías que sostienen la doble discriminación que padecen las mujeres con discapacidad, nosotros nos inclinamos por aquellas que aluden a la discriminación múltiple o multifactorial, defendiendo que la suma factorial de las variables discriminatorias que afectan a la mujer con discapacidad aumentan la exposición de la misma también de forma exponencial.

Esta idea, por ejemplo, se contempla en el estudio realizado por el CERMI y titulado La Transversalidad de Género en las Políticas Públicas de Discapacidad. Volumen I, del año 2012, donde se resalta que el enfoque múltiple o interseccional de la discriminación se da cuando esta resulta de la interacción de varios factores que, unidos, producen una forma de discriminación específica y diferente de cualquier otra discriminación de un solo tipo. De esta forma, el enfoque múltiple tiene en cuenta elementos de tipo social, histórico, político y cultural, y considera la realidad de cada persona a partir del conjunto de todos los factores relevantes que influyen en ella.

La discriminación múltiple se encuentra asociada a estereotipos negativos bastante arraigados en la sociedad que, por una parte acentúa y transforma el tipo de lesión, y por otra, aumenta el distanciamiento con la sociedad en general.

Finalmente a esta amalgama de factores discriminatorios hay que unir uno proveniente de la propia discapacidad y es el hecho de tratar todas las discapacidades como si fueran iguales. Es decir, es necesario entender que la principal característica de la discapacidad es la heterogeneidad implícita en ella que impide establecer un perfil estándar y requiere estudiar y contemplar las especificidades propias de cada tipo de discapacidad a la hora de diseñar cualquier medida respecto a ella. No hacerlo es otro tipo más de discriminación que se suma a las ya existentes. La discapacidad puede presentarse de innumerables formas: está la discapacidad intelectual, la psicosocial, la sensorial, la de movilidad reducida, así como otras estrechamente relacionadas con otras patologías, o incluso puede pasar que una o varias discapacidades coincidan en la misma persona, y toda ellas presentan unas características y requieren unas necesidades diferentes y serán, lo que resulta de suma importancia, determinantes para establecer el grado de autonomía de la mujer, fundamental para determinar la dependencia que tiene.

¿Por qué es tan relevante esto?. Pues porque como se observa en los resultados de nuestro estudio, la dependencia es el principal factor de discriminación de la mujer con discapacidad: en la medida que mayor sea la dependencia de la mujer con discapacidad, mayor será su grado de exposición a situaciones discriminatorias y mayor el riesgo a padecer situaciones de violencia.



  1. OBJETIVOS Y METODOLOGÍA DE LA INVESTIGACIÓN

El objetivo principal de este artículo es intentar dar respuesta a la siguiente pregunta: ¿por qué es necesario establecer especificidades al hablar de violencia contra las mujeres con discapacidad respecto a la violencia contra las mujeres en general?.

Para cumplir este objetivo, hemos utilizado una metodología en dos fases:

a. Primera fase: análisis bibliográfico. En esta fase se ha realizado una revisión exhaustiva de la bibliografía existente sobre la materia.

b. Segunda fase: Estudio cualitativo. En esta fase se ha utilizado la técnica de la entrevista en profundidad semiestructurada, realizando un total de catorce entrevistas, de las cuales once se han efectuado a mujeres con discapacidad víctimas de violencia y mayores de edad, y tres a profesionales y expertas en la materia, que conocen y trabajan la problemática a tratar. En la selección de las entrevistadas se ha procurado tener una representación de los diferentes tipos de discapacidad, dada la importancia de considerar la realidad del mayor número posible de discapacidades, para contemplar las características y necesidades particulares que presentan los distintos tipos de discapacidad.



Hipótesis de trabajo

Partimos de las siguientes hipótesis de trabajo:

1. Las mujeres con discapacidad presentan unas especificidades que les hacen tener una mayor exposición a situaciones de violencia.

2. Las mujeres con discapacidad se encuentran ante riesgos de una discriminación multifactorial que tiene como punto de partida el género y el hecho de padecer una discapacidad, a la que se van asociando otros componentes discriminatorios que convergen en la misma dirección.

3. Esta suma multifactorial de diferentes variables discriminatorias, unidas a las especificidades de las que parten por la discapacidad que presentan, provoca una mayor situación de invisibilidad de estas mujeres.

4. Dicha condición de invisibilidad, unida a otras circunstancias de potencial discriminador, hace que sea escaso el número de mujeres con discapacidad que denuncian acontecimientos de violencia de género.

5. Las mujeres con discapacidad que son víctimas de violencia presentan un mayor peligro de exclusión social.

5. ANÁLISIS Y RESULTADOS

Como ya hemos indicado, en el estudio se han realizado un total de 11 entrevistas entre los meses de octubre y diciembre de 2012, más dos piloto. La duración de la entrevista ha oscilado dependiendo de las necesidades de cada una y de su propio discurso, con una duración media de 45 minutos para las mujeres con discapacidad.

Además las preguntas se adecuaban en cada caso a las necesidades que requiriesen las mujeres en función de las discapacidades padecidas. Así, se simplificaron las estructuras sintácticas y gramaticales de las preguntas originales en el caso de algunas de las mujeres con discapacidad intelectual o psicosocial entrevistadas o se simplificó el lenguaje para permitir una buena lectura de labios, en la entrevista realizada a una mujer sorda. Para esta entrevista, se previno a un intérprete de lengua de signos, aunque finalmente no se utilizó ya que la mujer podía leer los labios y se la entendía al hablar. La adaptación del vocabulario y el incremento del tiempo de la entrevista (casi dos horas) fue suficiente para poder realizarla.

En cuanto a las entrevistas con expertas y profesionales se han realizado siempre en sus despachos o los lugares de trabajo. También en este caso se ha respetado el discurso de las propias entrevistadas, a partir del guión del que partíamos. La duración media de estas entrevistas ha sido de una hora.



En el cuadro nº 1 se indica la codificación utilizada para el análisis de la entrevista así como los datos básicos de las mujeres entrevistadas:2

CUADRO Nº 1

DATOS BÁSICOS Y CODIFICACIÓN DE LA MUESTRA DE MUJERES CON DISCAPACIDAD

CÓDIGO ENTREVISTA

TIPO DE DISCAPACIDAD

LUGAR DE RESIDENCIA

CON QUIÉN VIVE

HIJOS (SÍ/NO)

EDAD

EM1

Intelectual

Madrid capital

Sola con su hija



27

EM2

Intelectual

Madrid provincia

En casa de sus padres con sus dos hijos



34

EM3

Psicosocial

Madrid capital

En institución/casa de acogida

No

55

EM4

Movilidad reducida: tetrapléjica

Madrid capital

En casa de familiares

No

43

EM5

Problemas en el habla más secuelas de un cáncer de garganta

Madrid provincia

En institución/casa de acogida



52

EM6

Movilidad reducida

Madrid provincia

En casa de familiares

No

51

EM7

Visual

Madrid provincia

En su casa con pareja e hijos



45

EM8- Entrevista NULA

Psicosocial

Madrid provincia

En casa de sus padres

No

51

EM9

Visual

Cáceres provincia

En su propia casa con sus padres a su cargo, aunque recibe ayuda para la asistencia de su madre, enferma de Alzheimer

No

52

EM10

Sordera y otras dolencias de huesos, nervios, etc.

Valencia provincia

En su propia casa con su hija



56

EM11- Entrevista NULA

Visual

Madrid capital


En casa de sus padres

No

37

Por su parte, las entrevistas de las profesionales/expertas entrevistadas aparecen consignadas de la manera en que se indica en el cuadro nº 2.

CUADRO 2

ENTREVISTAS A EXPERTAS/PROFESIONALES

ENTREVISTA

CODIFICACIÓN

ENTREVISTA EXPERTA 1

EE1

ENTREVISTA EXPERTA 2

EE2

ENTREVISTA EXPERTA 3

EE3

En cuanto a las características de edad, las mujeres con discapacidad entrevistadas se situaban entre los 27 y los 56 años. Un 22,2% de ellas tienen menos de 35 años, un 11,1% tienen entre 35 y 45 años y un 66,7% 45 años o más.

Finalmente, hay que señalar que de las nueve mujeres entrevistadas, cinco tienen hijos y cuatro no tienen hijos.

Además, todas las entrevistadas –salvo EM5—tienen la discapacidad de forma congénita, es decir detectada en el nacimiento o durante los primeros años de vida. Sólo EM5 presenta una discapacidad adquirida.

Principales resultados del estudio

Una vez realizadas las entrevistas se procedió a un análisis detallado de toda la información disponible, que nos permitió establecer las siguientes resultantes, resumidas en el cuadro nº 3:



CUADRO 3

PRINCIPALES RESULTADOS DE LA INVESTIGACIÓN

PRINCIPALES RESULTADOS

1. La discriminación está presente en la vida de la mujer con discapacidad.

2. La independencia económica es la principal necesidad de la mujer con discapacidad

3. Los prejuicio y la falta de atención son las principales trabas a las que se enfrenta la mujer con discapacidad

4. El paternalismo es otra forma más de discriminación

5. La sociedad y la Administración desconocen las necesidades y los problemas de la mujer con discapacidad

6. La violencia está presente en la vida de las mujeres con discapacidad a través de diferentes planos y situaciones.

7. La mujer con discapacidad tiene una mayor exposición a la violencia

8. La mujer con discapacidad se siente sola ante la violencia

9. Se normaliza la violencia contra la mujer con discapacidad

10. La mujer con discapacidad es invisible para la sociedad

11. Tener pareja puede implicar mantener un estatus de normalidad a pesar de que exista violencia

12. La sexualidad y la maternidad son también factores de discriminación para la mujer con discapacidad

FUENTE: GETS, Investigación Violencia contra la mujer con discapacidad, 2012

  1. La discriminación está presente en alto grado en la vida de las mujeres con discapacidad.

A la pregunta ¿se ha sentido discriminada en algún momento durante los últimos seis meses? todas nuestras entrevistadas dijeron que sí. Todas habían sentido algún tipo de discriminación durante los seis meses anteriores a la realización de la entrevista: en el trabajo, en casa con la familia, en el centro en el que estaba alojada, o por parte de las personas que la cuidan, o por la gente en la calle, por los médicos o, en el ámbito laboral.


Cuando preguntamos a las entrevistadas si estas discriminaciones que sentían estaban motivadas sobre todo por ser mujer, por la discapacidad o por ambas, más del 50% indicó que por tener la discapacidad, mientras que el resto opinaba que era por ser mujer o por ambas en similares porcentajes.
Para las expertas entrevistadas, esta discriminación latente es fruto de una confluencia mutua, “una discriminación múltiple y multifactorial y también estructural, que toma como base la condición de ser mujer y la condición de tener una discapacidad, pero que se enraíza con otros factores de discriminación como son la falta de capacidades económicas, el hecho de vivir en un entorno segregado o cerrado, la falta de acceso a los bienes y servicios de la comunidad, la renuncia a la toma de decisiones, el no tener una formación requerida en el mercado laboral, incluso la pobreza” (EE2). Situaciones que muchas veces hacen que “la mujer con discapacidad muestre cierta resignación que muchas veces asocian por la presión del entorno a la discapacidad, cuando la discapacidad es solo un desencadenante” (EE1).
II. La independencia económica es la principal necesidad de la mujer con discapacidad.

A la pregunta ¿cuáles crees que son las principales necesidades de la mujer con discapacidad para tener una vida plena?, el 44,4% de las mujeres contestaron que lo fundamental era tener una independencia económica, seguido del acceso efectivo a la educación y tener un buen trabajo. Le siguen la necesidad de que la sociedad tenga un mayor conocimiento de lo que es la discapacidad, así como que se haga una evaluación de la mujer con discapacidad en función de las capacidades que tenga y no de su discapacidad, y que se tenga el apoyo de personas cercanas y se facilite el acceso a la vivienda. También se refiere la necesidad de que se facilite el acceso a los medios, servicios y a la información, así como a cualquier acción de poder.


III. Los prejuicios y la falta de atención son las principales trabas para la inclusión de la mujer con discapacidad

Cuando preguntamos a nuestras entrevistadas cuáles consideraban que son las principales trabas a las que se enfrenta la mujer con discapacidad para su inclusión en la sociedad, una respuesta que se destacó claramente fue la falta de comprensión y los prejuicios. Le siguen la falta de recursos económicos; las trabas para acceder al mundo laboral o mantenerse en él; la falta de adaptación de los recursos existentes tanto en educación, barreras arquitectónicas, etc.; así como la propia discapacidad.


IV. El paternalismo es otra forma de discriminar

Para las expertas entrevistadas, aparte de las trabas mencionadas por las mujeres con discapacidad (como la falta de verdaderas oportunidades en el acceso al mercado laboral, la acceso a las nuevas tecnologías, la falta de alternativas para ser independiente), hay otro factor especialmente pernicioso para la inclusión de la mujer en la sociedad y es el hecho de que “las mujeres con discapacidad no están –no participan─ en la toma de decisiones sobre circunstancias y asuntos que les afectan directamente” (EE2). “La sobreprotección a la que están sometidas desde pequeñas por las familias y, según crecen por cuidadores, profesores e incluso parejas en el caso de que las tengan, las impide desarrollarse como mujeres, como seres humanos. Se produce un paternalismo que contrasta con la falta de atención efectiva que en muchas ocasiones presentan” (EE1).


Por eso, se entienden que la mujer en vez de estar sujeta a actitudes y comportamientos paternalistas que la debilitan, ha de estar incluida en la sociedad desde pequeña. En tal sentido, se reclama “la formación y un apoyo que fomente su autonomía. Hay que ayudarlas –se nos dice─ a ser personas independientes y permitir que formen parte de la sociedad en todos sus ámbitos, son una garantía de inclusión real de la mujer. Lo contrario la impide participar en esa sociedad en igualdad de condiciones, y fomenta que la sociedad se mantenga apartada de los principios de no discriminación, igualdad de condiciones y accesibilidad universal” (EE3).
V. Existe bastante desconocimiento de la problemática de la mujer con discapacidad por parte de la sociedad y de la Administración Pública
Cuando en nuestro estudio se planteó si la sociedad conoce y entiende las necesidades y trabas de la mujer con discapacidad, las respuestas fueron unánimes: todas las entrevistadas dijeron que no, siendo la estigmatización y la falta de educación, los principales problemas causales señalados. Para la mayoría de ellas, tampoco la Administración es consciente de estas trabas, dificultando los recortes cualquier esfuerzo que se pudiera hacer desde ellas.
Para las expertas la principal causa del desconocimiento existente sobre las necesidades y las trabas que tiene la mujer con discapacidad son los estereotipos.
VI. La violencia está presente en la vida de las mujeres con discapacidad a través de diferentes planos y situaciones
Para plantear el problema específico de la violencia de género, empezamos por sondear entre las entrevistadas qué se entiende por violencia contra la mujer. Entre las respuestas que nos dieron, además de los malos tratos físicos (palizas, bofetones, agresiones físicas, etc.) y psíquicos (desprecio ante tus acciones, humillaciones, no querer a la mujer, decirle continuamente lo que tiene que hacer o no hacer, privarla de libertad, no ver a la mujer, etc.), salieron a relucir otros tipos de forma de violencia: las agresiones sexuales, las discriminaciones por motivos culturales (tener que llevas el burka u otras prendas de vestir, ir a rezar a un lugar diferente de donde acuden los hombres, etc.), discriminación laboral (tener peores puestos o menores salarios), relegar a la mujer al cuidado de los hijos sin darle la posibilidad de salir de casa, negarle derechos, ponerle trabas para que acceda a la justicia en igualdad de condiciones que el hombre, negarle el derecho a ejercer libremente su sexualidad, etc.
Las mujeres entrevistadas identifican diferentes actores –y escenarios─ como ejecutores de la violencia: el actor más evidente estaba referido a la pareja o ex pareja o la familia. Otro actor, en un escenario más sutil, es en el que aquellos que imparten la violencia son terceros, como cuidadores de Centros, compañeros de trabajo, personas del entorno laboral. Finalmente se refirió también una violencia estructural, en la que el sistema, la justicia, la religión, etc. Aparecen como elementos desde los que se ejerce o tolera de manera cómplice la violencia.
Me gustaría incidir en un hecho como poco curioso: si bien todas las mujeres entrevistadas han referido en algún momento de la entrevista algún episodio en el que han sido víctimas de violencia por su condición de mujer: en el colegio, por parte de la familia, en el trabajo o por alguna pareja… a la pregunta específica ¿has padecido algún tipo de violencia?, de las 9 mujeres entrevistadas, dos de ellas aseguran que no han padecido nunca violencia. Ambas mujeres, tienen estudios y son capaces de explicar e identificar los distintos tipos de violencia contra la mujer que existen. Pero, tanto antes como después de esta pregunta, han contado episodios de violencia que han padecido en primera persona. Pero, cuando se les preguntó directamente, ninguna de ellas afirmó que han sido víctimas de violencia.
Para explicar esta actitud, hemos de considerar la estigmatización que existe hacia la mujer con discapacidad o sin ella, que es víctima de violencia y que una vez más se acentúa en el caso de tener una discapacidad, al sumarse a otros estereotipos con los que la mujer con discapacidad tiene que enfrentarse a diario. Lo cual condiciona bastante su vida, como explicaba una de las mujeres entrevistadas: “La sociedad ni conoce ni entiende. Muchas veces no puedes decir que estás en un centro de acogida porque te miran peor… Es como si te valoraran menos, como si fueras menos persona por estar aquí, como si la culpa fuera tuya” (EM6. Discapacidad por habla).
Otra de las razones que puede llevar a negarse a reconocer el papel de víctima es la normalización que desde la sociedad se suele hacer de la violencia contra la mujer con discapacidad y que veremos en el punto IX.
VII. La mujer con discapacidad tiene una mayor exposición a la violencia
Si bien ya lo hemos indicado, a la pregunta concreta ¿cree que la exposición de la mujer con discapacidad a sufrir violencia es mayor que la de la mujer sin discapacidad?, el 78% de las mujeres entrevistadas consideran que sí. Esta pregunta nos proporcionó mucha información, pues nos permitió, por ejemplo, identificar los principales factores que propician esta mayor exposición. Algunos de ellos son:
- La mayor dependencia en cualquiera de sus formas: económica, emocional o por la necesidad de los cuidados requeridos por las características propias de la discapacidad. Nótese que en las situaciones de dependencia, bien por falta de recursos, bien por otros aspectos, la relación que existe con la persona que causa el maltrato, hace que quien ejerce la violencia sienta que tiene un mayor poder que legitima sus actos, al tiempo que la mujer maltratada aguante más estas situaciones, debido a su necesidad y a su dependencia.
- La falta de acceso a la información: Muchas mujeres no tienen información suficiente para valorar qué significa estar viviendo situaciones de violencia porque no tienen información suficiente para discriminar qué es y qué no es violencia. Además, les falta información sobre cómo salir de esta situación. Ocurre mucho en las mujeres con discapacidad intelectual, pero también en mujeres sordas, mucho más aisladas, que no saben identificar y codificar correctamente que aquellos que padecen no es lo normal. Es la violencia “normalizada”, a la que haremos alusión a continuación. En ellas, por ejemplo, hay que añadir la imposibilidad de llamar al teléfono de atención a víctimas de violencia, por ejemplo, en caso de violencia de género la mujer con discapacidad queda completamente aislada en manos del agresor.
- Tener un peor concepto de sí misma: la mujer con discapacidad suele tener un peor concepto de sí misma y un fuerte sentimiento de inferioridad. En parte por la negación constante de su condición de mujer desde pequeña y los referentes estéticos de belleza perfecta que existen en la sociedad hoy en día y cuyos cánones diferencian lo aceptable de aquello lo que no lo es. Pero también debido a la baja autoestima producida por la reiteración desde pequeña de episodios en los que no se las valora como mujeres, sino que se incide en la discapacidad y en la sensación de inferioridad, minusvalorando sus aptitudes y posibilidades, como decía una entrevistada, “lo peor es el concepto de ti misma”.
- La falta de relaciones sociales. Ya hemos visto que la mujer con discapacidad se encuentra más aislada, lo que hace que la persona que la maltrata tenga más libertad para hacerlo, pues ella no puede compartir lo que le está pasando con nadie más.
Para evaluar hasta qué punto la exposición de la mujer con discapacidad es mayor que la de la mujer sin discapacidad, las expertas explican que resulta habitual que las situaciones de violencia surjan o empeoren a partir del momento en el que aparece la discapacidad, cuando esta es sobrevenida, o en momentos en los que la discapacidad congénita se ha incrementado. Así lo contaba una entrevistada: “Mi ex marido siempre me ha tratado mal, pero cuando yo dejé de poder valerme por mí misma, surgió el gran desencadenante. Cuando eres fuerte les plantas cara, pero cuando te ven débil te atacan con todas sus fuerzas, porque el maltratador es así, se envalentona y siempre quiere estar por encima. Cuando a mí me operaron del cáncer que me dejó sin poder hablar, él empezó a mirarme con desprecio. Sabía que yo no me podía mover, que no podía salir corriendo ni tenía opción a escapar. No podía hablar, no podía contarle a nadie mi infierno y él se aprovechó y cometió las peores vejaciones conmigo, las peores”. (EM5. Discapacidad por habla).
VIII. La mujer con discapacidad se siente sola ante la violencia

Aunque hacen referencia a la familia, a alguna Asociación que conozca el tema, o a alguna persona que haya pasado por el mismo trauma, así como a la policía o a la Guardia Civil al preguntarles a quiénes pueden acudir, la respuesta más común de entre todas las obtenidas fue que la mujer se enfrenta sola a la violencia, bien por no querer ser una carga para la familia o los amigos, por la falta de relaciones con el entorno o por no tener información sobre qué pasos dar. A esto se unen las múltiples barreras arquitectónicas y socioeconómicas con las que tienen que enfrentarse las mujeres con discapacidad y que limitan todos sus movimientos. La falta de adaptación del entorno, del sistema, de la sociedad, es el principal desencadenante.


La mujer con discapacidad se enfrenta a la violencia aguantando la situación y manteniéndola en el tiempo bien porque no son conscientes de su situación de víctima –ya lo hemos visto—y no identifica la violencia como tal, o por la imposibilidad de romper con la situación. Entre las principales trabas identificadas para poder romper con la situación estaban las siguientes:
- La dependencia y la falta de alternativas.

- Los problemas para acceder a la información y la falta de relaciones sociales, que vuelven a relucir.

- El miedo a romper situaciones afectivas y/o crear desequilibrios dentro de la familia o de la institución en la que se encuentra, cuando la violencia surge en el seno del entorno más próximo.

- Barreras arquitectónicas y de accesibilidad a los recursos. Por ejemplo, una mujer con problemas de movilidad no puede salir corriendo de su casa y llegar a una comisaría con relativa facilidad si esta se encuentra lejos de donde vive, más teniendo en cuanta que puede que su agresor salga detrás de ella. O una mujer sorda o con problemas en el habla, no puede llamar a los teléfonos de asistencia a víctimas de violencia, o una vez en la comisaría no siempre encuentra las condiciones necesarias para poder hacerse entender, bien porque no hay intérpretes de lengua de signos o por circunstancias tan sencillas como que no existe un bucle magnético que aísla el ruido de fondo e impide que funcionen correctamente los audífonos. O una mujer ciega no puede estar segura de que su agresor no la persigue, aun cuando tenga una orden de alejamiento interpuesta con él, porque no ve quién está detrás de ella, o quien se sienta a su lado en la parada del autobús o en otros lugares.


Es necesario, por lo tanto, adaptar los recursos existentes para dar una mayor accesibilidad y movilidad a las mujeres con discapacidad a ellos, y evitar que puedan encontrarse como presas en sus entornos.
XIX. Normalización de la violencia
Los actos violentos se van incorporando en el día a día y se justifican de forma inconsciente, hasta llegar a asumir que forman parte de la normalidad. Un ejemplo de ello lo encontramos en una de nuestras entrevistadas, la número 2 (EM2), que aseguraba ser víctima de violencia contra la mujer por parte de su ex marido, pero no se reconoce como víctima de violencia dentro de su familia, pese a estar sometida a situaciones por parte de su madre que son claramente violentas: insultos, humillaciones, faltas de respeto, la no valoración de sus actos y la recriminación constante de lo que se pueden entender como errores, la continua repetición de alusiones a la discapacidad intelectual que padece, con palabras despectivas como “eres tontita” o “eres subnormal”, o incluso la esterilización forzosa a la que fue sometida en su momento, cuando se separó de su marido maltratador y regresó a casa de sus padres con sus hijos. Curiosamente en este caso, la madre ─que la acusa de “ser una carga”─ maneja todo el dinero de esta mujer, evitando así que pueda ser económicamente independiente, lo que le facilitaría tener una vivienda propia donde vivir con sus hijos y ser independiente también emocionalmente de la situación de maltrato a en la que vive.
Queremos llamar la atención sobre un hecho al que las expertas califican de grave y que aparece de forma recurrente en su discurso y en el de las víctimas: el miedo a que no te crean.
Independientemente del tipo de discapacidad, existe una tendencia a legitimar la violencia en la mujer con discapacidad y normalizarla también por parte de la sociedad. De esta forma, muchas mujeres nos han dicho que lo primero que hace una mujer con discapacidad que, por ejemplo, va a poner una denuncia por maltrato es ─si puede─ evitar decir que tiene esa discapacidad, ocultarlo. También las hay que ni siquiera se plantean denunciar porque piensan que no las van a creer, o ya han tenido una mala experiencia al respecto. Desgraciadamente esto no solo sucede con las autoridades –lo cual ya es grave─, o con los tribunales ─lo que las puede dejar desamparadas ante la ley─, sino que se da también en el entorno más próximo. De hecho, una de las causas por las que las mujeres con discapacidad que padecen violencia en el seno familiar o en la institución en la que están no lo cuentan es porque temen que las tilden de mentirosas, que crean que exageran, o que se minimicen la gravedad de los hechos violentos, provocando indefensión en la víctima. Un hecho que es especialmente preocupante en las mujeres con discapacidad intelectual. En este caso, la falta de adaptación de los recursos que se constata al acudir a los tribunales, y la presencia de una estigmatización hacia la promiscuidad hace que estén más desprotegidas ante determinados abusos. Un claro ejemplo de violencia estructural.
X. La sociedad tiende a “invisibilizar” la violencia en la mujer con discapacidad y a desconocer este problema
Ya lo hemos visto a través de sus respuestas y lo corroboran cuando les preguntamos directamente si creían que la violencia de las mujeres con discapacidad están presentes en la sociedad. Todas contestaron que no.
XI. Tener pareja puede implicar mantener un estatus “de normalidad” a pesar de la violencia

En el punto IX hemos dicho que la sociedad tiene a normalizar la violencia que padecen las mujeres con discapacidad, pero esta normalización no sólo se produce por el entorno, sino también por las propias mujeres. Aquí se produce una vivencia compleja relacionada con la violencia por parte de la pareja. En muchas ocasiones tener pareja se convierte para la mujer con discapacidad en la vía para lograr un estatus de normalidad similar al de gente que la rodea. La negación desde pequeñas de su propia condición de mujer en el caso de las mujeres con discapacidad hace que sean vistas como eternas solteras sin derecho a disfrutar del amor o de las relaciones sentimentales. Tener una pareja rompe con esto y hace que la mujer con discapacidad se sienta incluida en la sociedad en igualdad de condiciones que otras mujeres, por haber encontrado un compañero, alguien que las quiera y que las considere como mujer. El problema llega cuando esta pareja no solo no la quiere si no que la trata mal. La mujer, ante esta tesitura, tiene que elegir si intenta mantener el estatus alcanzado y a su pareja, aun a costa de consentir los malos tratos, o si rompe con la situación y pierde todo lo que había obtenido.


XII. La sexualidad y la maternidad como factores adicionales de discriminación

Dentro de esa discriminación multifactorial que venimos definiendo, la sexualidad y la maternidad son dos de estos factores discriminatorios que convergen. Se suele pensar que la mujer con discapacidad es un ser asexuado, negándole derechos básicos en lo referente a la libertad de ejercer su sexualidad. Una de las formas más terribles de violencia, y sin embargo aceptada y tolerada por la sociedad y el sistema, son los abortos coercitivos y las esterilizaciones forzosas. En el caso de la mujer con discapacidad intelectual surge una paradoja que una vez más tiene como base los estereotipos a los que se enfrenta la mujer con discapacidad, y es la dicotomía entre el papel de asexuada y el papel de promiscua.


De una u otra forma, la mujer con discapacidad parece no tener derecho a disfrutar libremente de su sexualidad (esterilización forzosa).
La negación de la sexualidad es especialmente severa en el caso de las mujeres con discapacidad que son lesbianas. Si la sociedad ya rechaza la sexualidad de la mujer con discapacidad es más difícil que entienda el lesbianismo como opción libre de disfrutar de esa sexualidad, lo que obliga a la mujer con discapacidad a esconderse en muchas ocasiones para poder vivir su sexualidad. Pero esta no es la única traba a la que ha de enfrentarse la mujer con discapacidad lesbiana. Otros impedimentos son: el miedo al rechazo debido a la propia discapacidad o el problema a acceder a determinados lugares donde relacionarse con otras lesbianas.
Cuando la maternidad es efectiva, también el tener hijos es una variable de discriminación. Por un lado porque la mujer con discapacidad se siente constantemente cuestionada en su papel de madre. Además, en el caso de violencia, la mujer con discapacidad con hijos encuentra otro motivo más para mantener o aguantar la situación de violencia, puesto que los factores que ya hemos analizado como la dependencia económica, la necesidad de encontrar un lugar donde vivir en caso de decidir alejarse del foco de violencia, son más influyentes cuando la mujer tiene descendencia.
Pero no solo eso, la incorporación laboral es más complicada en el caso de tener discapacidad y ser madre, ejemplos todos, de esa suma multifactorial de elementos discriminatorios.
Como resaltaba una entrevistada: “Si tienes hijos, una discapacidad y cierta edad, olvídate de encontrar trabajo. Se unen demasiadas cosas y ya parece que no sirves para nada”. (EM7. Discapacidad visual).
CONCLUSIONES

Para finalizar vamos a exponer algunas de las principales conclusiones que se desprenden del estudio:



  1. La discriminación que sufre la mujer con discapacidad es una discriminación compleja y multifactorial.

  2. La mujer con discapacidad tiende a aparecer como invisible para la sociedad y, por lo tanto, también lo es la violencia que se ejerce contra ella, que tiende a ser “normalizada” independientemente del tipo de violencia ejercida o de la persona que la ejerce.

  3. La mujer con discapacidad presenta una mayor dificultad para ser consciente de que es víctima de violencia. Entre las razones está esa normalización de la violencia, la falta de relaciones sociales, el mayor aislamiento o los problemas de acceso a fuentes de información o medios de comunicación.

  4. Cuando la mujer con discapacidad asume su situación de víctima de violencia también encuentra problemas para contar lo que le pasa y reaccionar en su defensa, que dependerán de tipo de discapacidad que presente: barreras arquitectónicas, de falta de adaptación del lenguaje, etcétera; incluso por existir prejuicios que hacen que piense que no la van a creer.

  5. La dependencia especialmente económica, pero también afectiva, emocional y de cuidados, hace que a la mujer con discapacidad le resulte más difícil poner fin a determinadas situaciones de maltrato o abuso.

  6. La mayor dependencia de la persona que cuida a estas mujeres dificulta la movilidad sin la presencia de esa persona. Cuando coincide que el cuidador es quien ejerce la violencia, se puede juntar la falta de movilidad con el miedo a perder los vínculos establecidos, incluso los cuidados del sujeto, en caso de denunciar la situación de violencia.

  7. Las formas de ejercer violencia contra la mujer con discapacidad son muy diversas y a veces horrorosas. Van desde la negación de cuidados, la humillación, la estigmatización por la discapacidad, la negación de derechos básicos como los derechos a disfrutar de su sexualidad o ejercer la maternidad, con atrocidades como el aborto coercitivo o la esterilización forzosa y la falta de comprensión en caso de lesbianismo, por ejemplo.

  8. Existe un conflicto entre los roles asignados a la condición de mujer y la negación de los mismos debido a la discapacidad. A esto se une la imposición social de unos patrones de belleza artificial basados en cánoces de perfección, que reducen la autoestima de la mujer con discapacidad y que distorsiona la imagen que tiene de sí misma, haciéndola más débil y contribuyendo a que se sienta rechazada.

  9. La mujeres con discapacidad tienen menores posibilidades para defenderse físicamente y también psicológicamente, existiendo además una serie de barreras arquitectónicas y de otro tipo que incrementan cierta indefensión y dificultades para moverse o salir huyendo de las agresiones en su caso.

  10. Las mujeres con discapacidad padecen un cierto aislamiento social, lo que la impide compartir situaciones y experiencias y establecer comparaciones con el fin de saber discernir comportamientos normales hacia ella de otros que no lo son.

  11. Estas mujeres tienen menores posibilidades de acceso a las nuevas tecnologías y a los canales de información y comunicación, lo que la impide tener una información a priori de lo que es o no violencia, así como conocer los procedimientos a seguir y las formas de recibir ayuda en situaciones de violencia.

  12. La mayor dependencia económica va unida a una falta de alternativas en caso de romper con la situación de violencia: el acceso a la vivienda, a un puesto de trabajo, o a la posibilidad de recibir formación, obligan a algunas mujeres a aceptar situaciones de violencia. Denunciar o romper con ellas sin existir alternativas ─cuando decide abandonar su hogar o romper la relación con el foco de violencia─ son barreras difíciles de salvar.

  13. La mayor dependencia económica confluye con situaciones donde la mujer no tiene libertad para acceder y gestionar su dinero de forma autónoma. Lo que las hace víctimas de posturas paternalistas, desde las que se ve a la mujer con discapacidad como un ser débil, negándoles el derecho a la autonomía desde pequeñas, contribuyendo al sometimiento de la misma.

  14. La mujer con discapacidad tiene un mayor riesgo de sufrir abusos y agresiones de carácter sexual, siendo la discapacidad intelectual, especialmente vulnerable a este tipo de violencia. El problema viene cuando tanto en asuntos de esta índole, como en otros ejemplos de violencia, la mujer tiene una menor credibilidad. Lo que provoca una gran indefensión de la víctima.

  15. La mujer con discapacidad con demasiada frecuecia resulta “invisible” para la sociedad, así como la violencia ejercida contra ella. De hecho, no existen estadísticas sobre violencia y discapacidad que arrogen luz y visibilidad de esta problemática, cuya existencia es conocida por aquellos que tienen información de cerca sobre la discapacidad.

  16. En su conjunto, la mujer con discapacidad está más expuesta a la violencia que otras mujeres, pues está sometida a más factores de discriminación que inciden con más fuerza en ella.

  17. De la misma manera que la acumulación de variables discriminatorias por ser mujer y por tener una discapacidad, se convierte en una suma exponencial, el tener o no hijos, la tendencia sexual, o vivir en una gran ciudad o en un medio rural, son ejemplos de otros factores discriminatorios que se añaden a la suma de discriminación que padecen las mujeres con discapacidad, sometidas a una serie de variables exclusógenas que las condenan en muchas ocasiones a situaciones agudas de exclusión social.

BIBLIOGRAFÍA

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1 Datos ofrecidos por la delegada del gobierno para la Violencia de Género, Blanca Hernández en julio de 2012, durante su participación en la mesa redonda “Los compromisos  de las administraciones públicas con la violencia en las mujeres con discapacidad”, en el marco de la conferencia internacional “Los desafíos en el nuevo milenio para las mujeres con discapacidad”, organizada por el CERMI.

2 La entrevista a la mujer con discapacidad número 8 y la entrevista a la mujer con discapacidad número 11, no pudieron utilizarse finalmente y las tuvimos que considerar nulas pues, en el primer caso, la entrevistada se encontraba excesivamente sobremedicada durante la misma, impidiendo mantener un discurso lo suficientemente estructurado como para poder utilizarlo y, en el segundo caso, la mujer finalmente no quiso que se utilizara nada de lo que nos contó tras padecer una crisis nerviosa durante la entrevista.

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