Verdaderamente, ¿hay personas ex-gays



Descargar 104 Kb.
Página1/3
Fecha de conversión24.01.2018
Tamaño104 Kb.
  1   2   3

Verdaderamente, ¿hay personas ex-gays?

Una evaluación del Movimiento Evangélico de Ex-Gays basado en

la experiencia del autor como ex-gay1 y los testimonios de los dirigentes del movimiento ex-gay

Por Stephen Parelli, ThB, MDiv

Director Ejecutivo, Otras Ovejas
Corrían lágrimas por mis mejillas cuando caminaba a ese encuentro. Por vez primera en mi vida creía que había encontrado a quien me ayudaría lidiar con mis sentimientos homosexuales. Llegué muy puntualmente a esa primera de las tres reuniones obligatorias para el ingreso al grupo de autoayuda de gays y lesbianas para dejar de ser homosexuales. Cuando finalizó esa primera reunión el coordinador me eximió de asistir a las otras dos pues estaba aceptado. ¿Por qué me eximió? Desde hacía años yo practicaba la norma de disciplina espiritual que ese coordinador aplicaba, quien, por lo tanto, consideró que estaba más que calificado espiritualmente.2 Nada sorprendente ya que, después de todo, era un pastor bautista al inicio de sus cuarenta años.

Además de las reuniones con el grupo de ex-gay, tuve sesiones telefónicas con el terapeuta Joseph Nicolosi3 durante nueve meses (Nicolosi estaba en California y yo estaba en Nueva Jersey).4 Nicolosi es uno de los fundadores de la discutida Asociación Nacional de Investigación y Terapia de la Homosexualidad (National Association for Research & Therapy of Homosexuality, NARTH). 5 Siguiendo su consejo, me vinculé e hice miembro de New Warriors (Nuevo Guerreros), una organización internacional heterosexual que guía y reúne grupos de varones en la aplicación de métodos terapéuticos dinámicos para sanar heridas emocionales.6 En dos oportunidades asistí una conferencia regional en el nordeste de EEUU de Exodus (una organización internacional ex-gay). Casi diariamente y durante horas, me reuní con pacientes de Joseph Nicolosi. Hice amistades nuevas con los pastores de la zona, a tres de los cuales revelé la lucha con mis impulsos homosexuales.7 Me entrené diariamente en el gimnasio, muchas veces hasta dos veces al día, y tomé lecciones de tenis.8 Y por si esto fuera poco, leí, medité y apliqué todo el material ex-gay que podía obtener.


"Llegarás a ser el muchacho estrella de la terapia reparadora y los ministerios ex-gay", decía mi terapeuta. Al contrario, nueve años después me pregunto, "puede uno realmente dejar de ser homosexual" y respondo, "creo que no".
A continuación manifiesto mi evaluación personal del ministerio evangélico ex-gay tal como lo experimenté y llegué a comprenderlo. En total, formulo ocho observaciones.
Primero, las raíces de los ministerios ex-gays son las normas culturales tradicionales más que la exégesis bíblica auténtica y las ciencias sociales actuales.
A mediados de la década de 1970, los ministerios evangélicos ex-gay fueron la reacción refleja de las personas de fe religiosa a la explosión de la cultura gay en la sociedad anglosajona norteamericana. El movimiento y los ministerios ex-gay fueron presentados como la misión de rescate para salvar homosexuales ignorando o desconociendo dos áreas esenciales: (a) la exégesis bíblica9 y (b) la psicología y la sociología de la homosexualidad. Faltos de una auténtica exégesis, los ministerios ex-gay citaron desatinadamente cualesquiera texto bíblico que apoyase sus puntos de vista. Y en lugar de considerar la investigación sociológica actual, reprodujeron mitos y estereotipos vulgares sobre las personas gays.10
Segundo, su uso de la psicología es selectivo e irónicamente domina demasiado en un movimiento religioso que rechaza las tesis modernas sobre la homosexualidad.
En contraste al uso simplista de los textos bíblicos como Génesis 19, para establecer y sostener su razón de ser y promoverse a sí mismo como medio para "cambiar" y "curar", el movimiento depende y está íntimamente relacionado con la difusión de los principios de la terapia reparadora a través de conferencias, folletos y entusiastas colaboradores como James Dobson (un líder evangélico en los EEUU de mucha influencia). Su uso distorsionado de la psicología asociado a una exégesis inaceptable de los textos bíblicos manifiesta los prejuicios culturales del movimiento. El uso acrítico de la Escritura por el movimiento en tanto que al mismo tiempo exponen detalladamente los elementos de la terapia reparadora o de conversión demuestran una hipocresía religiosa, sobre todo cuando los evangélicos se enorgullecen de sus exégesis como estudiosos de la Biblia.
Tercero, en tanto que, públicamente, el movimiento promete "cambio" y "cura", sus dirigentes admiten, fácilmente, que estos cambios son sólo de la conducta externa.

El movimiento ex-gay desencamina a las personas inexpertas con las palabras y frases gráficas tales como "ex-gay", "cambio", “cura” y "salir de la homosexualidad". El movimiento promueve esta imagen de "cambio" en las cubiertas de sus libros, circulares y comunicados. Sin embargo, el examen detallado de las publicaciones del movimiento revela matices en los significados. "Cambio" y "cura" hacen referencia a la conducta y estilo de vida, jamás a la orientación sexual. "Salir de la homosexualidad" es entrar a una tierra sexual deshabitada, no a la heterosexualidad. Y "ex-gay" es un proceso vitalicio más que un cambio radical en el núcleo interno.11



En su mayoría, los testimonios de "cambio" de ex-gay caen en una de dos categorías. Algunos de esos testimonios informan tan indiferentemente sobre sus preferencias homosexuales antes del cambio que, sin duda, su orientación está en el punto medio de la escala de Kinsey e inclinada, más bien, al extremo heterosexual del continuo.12 El "cambio" experimentado por estos ex-gays radica en la opción por su orientación heterosexual dominante sobre su menos dominante orientación homosexual.
En contraste a estos aspectos de la primera categoría, la mayoría de los ex-gays dan testimonio de "cambios" en la conducta o el estilo de vida, no de un cambio en su orientación homosexual. Y el hecho en cuestión es este: Los dirigentes del movimiento insisten repetidamente, en sus escritos y conferencias, que "cambio" es un proceso de toda la vida y que, incluso casado, el ex-gay sentirá, una y otra vez, fuertes deseos por relaciones homosexuales.13
Cuarto, el movimiento afirma un punto de vista estereotipado de los roles de género varón/mujer y considera que la homosexualidad es, en parte, el resultado del fracaso individual para adoptar el propio género.
El énfasis del movimiento ex-gay en la terapia reparadora y en los roles de género varón/mujer tradicionales14 cierran la posibilidad de preguntar "¿Quién vino primero, el huevo o la gallina?". Según el movimiento ex-gay, el muchacho que fracasa en adoptar los rasgos e intereses masculinos aceptados está rechazando su masculinidad y fracasará, por su propia falta y por defecto, en los vínculos con sus pares y los modelos de rol masculino. A su vez, debido a la falta de conexión masculina, erotizará homosexualmente ese deseo por el varón durante su adolescencia, lo que lo llevará a actos homosexuales.
Este esquema teórico del muchacho que rechaza la masculinidad y la sociedad masculina deja de preguntar lo obvio: ¿Fue el muchacho quien rechazó la definición culturalmente "correcta" de masculinidad de la sociedad o fue la sociedad la que rechazó al muchacho por su estilo de masculinidad culturalmente "incorrecto"? En otras palabras, ¿el muchacho rechazó la masculinidad prescrita por la sociedad eligiendo lo que la sociedad consideraba inapropiado?, o ¿el muchacho sólo siguió sus intereses aunque eran antagónicos a las normas prescritas por la sociedad? El movimiento ex-gay opta por la primera sin considerar la segunda. El movimiento jamás hace la más obvia de las preguntas, "¿Quién rechaza a quién?" Quizá sean los intereses "poco masculinos" del muchacho los que provocan la intolerancia de la sociedad y su rechazo.15
Este es el punto y cualquiera puede observar los datos: (1) el muchacho y sus intereses y emprendimientos "poco masculinos"; (2) los roles de género prescritos por la sociedad; y (3) el muchacho en un lugar fuera del círculo de la aprobación social. No obstante, cuando interpretamos los datos debemos tener en cuenta sus premisas y tendencias para que las conclusiones sean consistentes. El movimiento evangélico ex-gay nos ha informado cuáles son sus tendencias.16 No es de sorprender, entonces, que la interpretación que hace el movimiento ex-gay de esos datos indique que la homosexualidad se desarrolla, en parte, debido al rechazo de la masculinidad y de los roles de género masculinos. Por otra parte, los datos podrían fácilmente interpretarse que las normas de la sociedad son rígidas e implacables, manteniendo sus roles de género masculino/femenino como absolutos y que el muchacho no rechazó la masculinidad ni los modelos de rol masculino sino que la sociedad intolerante e ignorante no lo perdonó y lo rechazó y marginó. El movimiento ex-gay deja de explorar esta interpretación alternativa.


Quinto, la honestidad de los integrantes, a menudo, está ausente en la dinámica de los encuentros de ex-gay.
Recuerdo cuán sorprendido me sentí cuando, en los encuentros semanales del grupo de ex-gay en New Jersey, caí en la cuenta que sus miembros ocultaban sus recaídas.17 Había convenido encontrarme con un integrante del grupo una hora antes de la reunión quien llegó casi media hora tarde. Estaba abrumado de culpa pues había estado buscando sexo. Me lo confesó con lágrimas en los ojos preguntándome si Dios podría llegar a aceptarlo algún día.
Durante el encuentro de esa tarde, el coordinador del grupo preguntó si alguno había tenido recaídas en la semana. Estaba seguro que mi amigo respondería. No dijo nada, ni una sola palabra. Esa tarde advertí que las expectativas "religiosas" del movimiento ex-gay predominaban sobre las realidades y honestidad de los individuos presentes pues compartir las recaídas era admitir la derrota o el fracaso espiritual. Aún así, se suponía que era un lugar seguro para ser honesto. Mi experiencia fue muy distinta.
Tras encontrarme con José, quien sería mi pareja, y acompañarlo a los grupos de autoayuda seculares a los que asistía, experimenté por vez primera honestidad entre los integrantes de un grupo.18 José asistía a grupos de los doce pasos vinculados al sexo en Manhattan, procurando manejar adecuadamente su conflicto. También asistía al grupo evangélico ex-gay buscando una perspectiva cristiana de recuperación. Pronto supe porque prefería los grupos seculares. En ellos había honestidad y seguridad porque no se permitían comentarios, ni a favor ni en contra de lo que uno dijera.19 La honestidad y la franqueza que presencié en los grupos seculares y la energía positiva que irradiaba, subrayaban la ineptitud e inoperancia del intercambio silencioso de los integrantes de los grupos evangélicos ex-gay a los que estaba asistiendo.

Sexto, el movimiento ex-gay evangélico proclama éxitos carentes de sustento. 20
"Durante años presenciamos la transformación de muchas vidas y participamos del entusiasmo de infinidad de personas que lograron la victoria y ganaron una nueva libertad. Creemos que Jesucristo fue quien curó y realizó los milagros y vimos muchos de esos milagros de cambio entre nosotros". ¿Tremenda afirmación, no?
HOPE, el grupo de apoyo ex-gay de la Iglesia Bautista Calvary de Manhattan en la ciudad de Nueva York, hace esta proclama en su sitio.21 Pero ninguno de los elementos del sitio sustenta esa afirmación. Asistí a ese grupo con mi pareja José durante ocho meses en 1997, dos años y medio después de su formación. Jamás su dirigente nos presentó o contó de alguien que hubiese participado y fuese ejemplo de "cambio entre nosotros".
Años más tarde, por el contrario, encontré en un bar gay a alguien que asistía a las reuniones de ex-gay de HOPE que dijo que no asistiría más al grupo. En otra oportunidad, también en un bar gay, topé con un integrante de HOPE que me contó que necesitaba la compañía de personas gay. Otro integrante casado de HOPE me informó que estaba en proceso de divorcio. Un cuarto integrante de HOPE me manifestó sus vacilaciones entre aceptar su homosexualidad o casarse con una mujer para resolver su soledad. Por cierto, estas son inconcluyentes a los fines de la efectividad de HOPE pues hace tres años que perdimos contacto con estas personas y carecemos de experiencia con la mayoría de quienes recurrieron a HOPE desde 1993 hasta el presente, 2006. Nuestro testimonio es fragmentario y carente de método científico. Y ahí esta el punto. ¿Ha comprobado HOPE debidamente sus "milagros" y "cambios"? De acuerdo a su sitio, aún no. El sitio no reporta ningunos datos que comprueban sus afirmaciones. José y yo jamás participamos de ninguna investigación promovida por HOPE. Como ya dijimos, tampoco quien dirigía al grupo nos informó de algún integrante que fuese ejemplo de "cambio".22
Recuerdo al docente y amigo personal que, cuando di a conocer mi orientación homosexual, me informó, con afectuosa preocupación, que le habían dicho que un cristiano homosexual había sido "curado" inmediatamente por un ministerio carismático. Dudé de su información y dejé su oficina preguntándome por qué carecíamos de otros datos sobre esa persona que los que había dado días después de la que era llamada su liberación: ¿quién era, dónde vivía, cómo sabía que había cambiado, de qué modo había cambiado, cuál era la prueba, continúa cambiado?23
¿Cuál es la prueba del cambio? Tres años de abstinencia sexual. ¿Qué le parece? A fines de la década de 1990, asistí a una conferencia regional en el estado de Massachusetts de ex-gays de Exodus. Los organizadores de la conferencia anunciaron la oportunidad de tomar una foto de todos los "ex-gays" que habían sido "sanados". La fotografía del grupo sería colocado en los más importantes diarios de Estados Unidos como una "vitrina" de individuos que habían sido "liberados" de la homosexualidad. El único criterio para estar en la foto era que los participantes tenían que tener tres años sin cualquier tipo de actividad sexual con otra persona del mismo sexo. Eso fue todo. Nuevamente me pregunté: ¿porqué tres años?, ¿por qué no cuatro o dos? ¿Es la abstinencia la prueba de fuego? ¿Qué es la prueba decisiva? ¿No debiera ser un cambio en la orientación sexual? ¿"Ser liberado" de la homosexualidad no debe significar ser heterosexual?, esto es, ¿ser tan atraído por las mujeres como lo era por los varones? Pero la prueba era la abstinencia. Me fue imposible advertir "auténtica publicidad" en promocionar la fotografía de este grupo como "liberados" de la homosexualidad.24
Séptimo, un "realineamiento de la voluntad"25 y la práctica regular de la oración, la lectura de la Biblia, la asistencia al culto,26 la responsabilidad ante otros27 y más28 son tareas esenciales a observar religiosamente en el proceso inacabable de la superación.
Tras aprender en las reuniones de los grupos ex-gay que la respuesta básica para resolver la identidad homosexual estaba en las elecciones personales diarias surgidas en la relación con Jesucristo, me di cuenta que lo había estado haciendo durante treinta años de todo corazón sin ningún resultado.
Caminar con Jesús es, en esencia, lo que significa ser evangélico.29 Los grupos ex-gay evangélicos han llegado a ser una experiencia de la derecha religiosa norteamericana para probar que el cristianismo, según lo definen los evangélicos, sí funciona.30 Y, en lugar de ajustar su punto de vista bíblico que los actos homosexuales son pecados,31 la comunidad evangélica se convirtió en una celosa propulsora de la idea que "vivir en Cristo" es la respuesta a la homosexualidad.
Yo, durante mi adolescencia, influido por la piedad evangélica y, aunque parezca extraño, impulsado por mis deseos homosexuales, implementé dos horas de meditación devocional.32 Este enfoque en el "otro mundo" fue todo lo que pude hallar para satisfacer mis necesidades en el mundo real. Era un adolescente homosexual que necesitaba un amigo que lo escuchase, entendiese y ayudase. Hay que tomar en cuenta que era a fines de la década de 1960. ¿A quién, sino a Jesús, podía recurrir?
Mi teología calvinista estaba asociada a mi fe evangélica adolescente. Había aprendido bien que “una vez salvo, siempre salvo” y que "nada podía separarme del amor de Cristo", ni siquiera mis impulsos y actos homosexuales.33
De ese modo, encapsulado en ese amor incondicional como un adolescente cristiano evangélico gay de los últimos años de la década de 1960, que carecía con quien hablar sobre su orientación homosexual, hice lo obvio, uniendo mi fe evangélica y mi teología calvinista a mis "tentaciones" homosexuales para otorgarles sentido, como lo haría el movimiento ex-gay aún por conocer. Mi "vida en Cristo" evangélica probaría ser la respuesta, pensaba, de manera que apliqué mi fe a todos los aspectos de mi vida durante los siguientes treinta años.
No obstante, mis treinta años de "vida en Cristo" terminaron en un fracaso total. Descubrí que tenía una necesidad que Cristo no podría satisfacer personalmente. Incapaz de articularlo en ese momento, había advertido inconscientemente que Cristo me había creado con necesidades de relación humana que nunca fue su intención satisfacer personalmente sino mediante otros medios. Durante tres años, me levanté diariamente con el alma deshecha e inmediatamente dejaba mi casa calladamente a emprender mi caminata de oración. Cualesquiera fuesen mis pensamientos y meditaciones, repetía continuamente, entre incesantes lágrimas, esta oración: "¡Señor, envíame brazos masculinos amorosos que me abracen! ¡No puedo esperar hasta el día que te vea, Jesús, y tu me abraces!" Necesitaba el toque físico masculino no sexual que ni siquiera la presencia espiritual de Jesús alcanzaba a cumplir.
Ningún cristiano heterosexual propugna una teología de la "vida en Cristo" que signifique unilateralmente un celibato universal para todos los heterosexuales. Aún así, es el cristiano heterosexual que rechaza el examen de las Escrituras a la luz contemporánea, quien difunde la falacia de que la "vida en Cristo" es lo único que necesita el homosexual soltero para una vida plena y satisfactoria. Mis treinta años de experiencia evangélica "en Cristo" me probaron todo lo contrario.
Recuerdo la charla, a mediados de la década de 1990, de una lesbiana cristiana "ex-gay" en la conferencia regional del nordeste de Exodus sobre la negación de sí mismo hallado en unos de los textos en la Carta a los Romanos con una exégesis admirable. Era una oradora tan formidable como si fuese la conferencista de un seminario bíblico. Pero cuando escuchaba me aturdió advertir que no había un concepto que ella había descubierto que yo no había escuchado y aplicado por más de veinte años desde mis días en el seminario. En tanto no dudaba de su sinceridad, determinación o su teología de "morir en Cristo", cuestionaba su testimonio personal en este sentido: ¿Cuál sería su propuesta dentro de treinta años? Percibía que su experiencia "en Cristo" como nueva "ex-gay" estaba siendo planteada a nosotros prematuramente como modelo o norma. Existe, frecuentemente, un mundo de diferencia entre la creencia y la realidad que sólo el tiempo puede probar.
A propósito, tras la entrevista inicial para integrarme a mi primer grupo ex-gay y escuchar mi testimonio que había "caminado con Jesús" durante toda mi vida, el coordinador recomendó, inmediatamente, que iniciase terapia reparadora con el terapeuta Joseph Nicolosi. Ignoro si era la norma común pero fue como un soplo de aire fresco. "Caminar con Jesús" durante treinta años había fracasado en domar mis ansias homosexuales. "Quizá la terapia reparadora pueda hacerlo" pensé, y me aferré a esa esperanza.

Ocho, el movimiento ex-gay considera esenciales para la "cura" a las relaciones masculinas estrechas y castas.34
"¡Lee este libro!"35, dijo mi amigo paciente de Joseph Nicolosi. Y agregó: "Incluso los heterosexuales sienten 'hambre por los varones'", concluyendo, "Entonces, ¿porqué nosotros somos gay y ellos no?". 36 Tomé el libro y lo leí. Su observación tenía mérito. Los homosexuales están entre muchos otros varones heridos. Las necesidades infantiles insatisfechas de intimidad y compañerismo varonil que observamos en los varones homosexuales adultos son también observables, con la misma intensidad, en varones heterosexuales. Del mismo modo que los varones homosexuales, los heterosexuales necesitan "curar" las heridas infantiles infligidas por padres emocionalmente ausentes.37
Pregunté a mi terapeuta porqué mi hermano heterosexual, dos años y medio más joven, jamás "devinó" homosexual como yo. "Ambos sufrimos de nuestro padre las mismas heridas", afirmé. Ya sabía la respuesta por mis lecturas sobre recuperación: "Sí", dijo mi terapeuta, "la diferencia es que su hermano no internalizó sus heridas emocionalmente como lo hizo usted". Su respuesta intentaba sostener a su teoría pero carecía de fuerza lógica.
Al promediar mis cuarenta años mi hermano compartió algunos detalles sobre las heridas infligidas por nuestro padre durante su adolescencia y juventud. Luego, hablando francamente sobre nuestro padre, me aconsejó: "Te destruirá a menos que te separes emocionalmente, por completo, de él". Mi hermano me contó que hacia los veinte años tuvo una crisis nerviosa y lloró un mar de lágrimas a causa de las heridas infligidas por nuestro padre. Y a causa del hambre de padre que experimentaba tan profundamente sin ninguna esperanza de saciarla, había cortado con él, decididamente, sus lazos emocionales aunque no físicos.
Mi hermano heterosexual me parecía muy semejante al autor heterosexual del libro entregado por mi amigo. Ambos, el autor y mi hermano, habían sufrido heridas de sus padres como otros varones, tanto heterosexuales como homosexuales. Me pareció que "internalizar" las heridas del padre carecía de relación con la orientación sexual. Pero el terapeuta quería convencerme que mi hermano había optado distanciarse una y otra vez, sabiamente, ante los intentos de herir de nuestro padre lográndolo para las etapas cruciales de su primer desarrollo de modo que pudo eludir convertirse en homosexual. ¡Un logro verdaderamente extraordinario para cualquier niño!
A mediados de mis cuarenta años experimentaba una necesidad crónica tan aguda de la caricia masculina afectuosa que era imposible pensar en otra cosa. Cada célula de mi cuerpo parecía aislada de relaciones y famélica de emociones. La vida estaba vaciando tan completa y fatalmente a mi ser que mi sistema interior de seguridad clamó por una ayuda urgente. Necesitaba desesperadamente que me abrazaran brazos masculinos amorosos. No el abrazo prolongado de un oso, no un hombro sobre el cual llorar sino, más bien, que las células de mi cuerpo se fusionasen con las de él, ni importa quien sea. Ser infundido con el toque masculino dador de vida, cara a cara, cuerpo a cuerpo, los pies entrelazados, las manos anudadas. Dos cuerpos pero uno sólo sanando, abrazando, entrelazándose.38 Esa era mi necesidad y lo dije a mi terapeuta, Joseph Nicolosi.
Mi terapeuta entendió mi hambre de varón. ¡Lo entendió! Es inexpresable cuán legitimado y esperanzado me sentí cuando mi terapeuta afirmó y amplió los parámetros de mi solicitud. "Sí", dijo, "José puede abrazarte desde la noche de viernes y todo el sábado y domingo hasta el lunes en la mañana". Había pedido por una sola noche de ser abrazado. Mi terapeuta me había dado tres días de una vez, noche y día, día y noche, sin interrupción.39
Informé del resultado de mis averiguaciones a José quien, con los años, sería mi pareja. "Necesito ser abrazado", le dije. "Mi terapeuta está de acuerdo en que es parte de mi sanación. Quiero que me abraces", le expliqué. José dio una respuesta que jamás olvidaré. "¿Cuánto abrazo es suficiente?", afirmando más que preguntando en la que quizá sea la cuestión de todo varón herido, heterosexual u homosexual.
José me abrazó, a veces durante toda la noche. Así que mi alma y espíritu empezaron a revivir, pero por grados tan diminutos que, por momentos, podríamos preguntarnos si estaba ocurriendo algo o no. Yo era como un terreno estéril sin agua. Me abrazó y abrevé en su agua vivificante como si nunca hubiese llovido, aún reseco y sediento. Y responder a la cuestión "¿Cuánto abrazo es suficiente?", requirió cinco o seis años. ¡Fue la cantidad de tiempo que necesité! Finalmente, quedé repleto. ¿Nos abrazamos ahora? Sí, de continuo, pero más para completarnos que por el hambre de varón, más para estar "en nuestro hogar" y "unidos felizmente" que a causa de ansias infantiles insatisfechas.40
Ahora, presumo, debo ser heterosexual. Esto es, con mis necesidades de hambre de varón satisfechas, mis pasiones sexuales deben ser heterosexuales. Después de todo, tengo más de ocho años de abrazo masculino con José, mi pareja desde octubre de 1997. El apetito sexual por las mujeres me estaría arrasando ahora que mis ansias por el varón han sido satisfechas. Con todo, este es el argumento hecho por el movimiento ex-gay. Pero, felizmente, mi orientación sexual permanece la misma y estoy tan enamorado como siempre.

Conclusión: Verdaderamente, ¿hay personas ex-gay?
Tras haber realizado y dicho lo que correspondía, satisfacer las necesidades emocionales masculinas, analizar, comprender e incluso actuar los roles de género,41 mantener e incluso ampliar el "andar con Jesús" y cualesquiera otra cosa que el movimiento ex-gay me hubiese prescrito para la "cura", ninguna persona como José me hace dar vuelta la cabeza (¡excepto tal vez algún otro muchacho bien parecido!)42 No he leído un solo testimonio ex-gay donde el presunto varón ex-gay se refiera a las relaciones sexuales con mujeres con la misma terminología sexual excitante que usó cuando hablaba de la atracción homosexual que precedió a su "conversión". Esto debiera decirlo todo sobre hasta donde llegan los "cambios".
La sexualidad humana es una fuerza dinámica poderosa. En tanto las relaciones domésticas también son construidas sobre la comprensión y la satisfacción mutua de las necesidades emocionales, incluso los "caprichos" si fuere el caso, junto con el compromiso y el apoyo y cualesquiera otra cosa que una pareja dada considerase, todavía hay sexo en la relación, sea atracción por el sexo opuesto o por el mismo sexo, siempre es sexo. Es la propia orientación sexual la que determina el foco y el flujo de la atracción sexual, ninguna otra cosa. Y cualquier cosa intentase y cuanto tiempo persistiese, concluyo que mi orientación sexual continuará siendo la misma. Soy exclusivamente homosexual. Esa es mi orientación sexual.43
Solamente espero que el sexo, sin olvidar al amor, es tan ardiente y satisfactorio para los heterosexuales como es para mí, un homosexual. Pienso que es, así que, ¿porqué tanto lío? Lo ignoro. Pudiéramos preguntar al movimiento ex-gay por qué tanto lío pero pienso que ya sabemos la respuesta. Volvamos a nuestra primera observación. El movimiento evangélico ex-gay es un movimiento contracultural, religioso, reaccionario surgido a principios de la década de 1970 (Love In Action, 197344). El movimiento, cegado por sus prejuicios culturales, dejó de examinar sus presuposiciones religiosas, teológicas y tradicionales y, en consecuencia, también dejó de considerar los resultados actuales de las ciencias sociales sobre la homosexualidad.
Algún día, la iglesia lamentará que valientemente intentó salvar América de los homosexuales y a los homosexuales de ellos mismos. Con el tiempo, las denominaciones históricas, e incluso los evangélicos, tras una segunda y plena consideración de las Escrituras valorará los derechos civiles para los homosexuales sin conflictos personales de conciencia. En palabras de Mark Twain: "El mundo ha corregido a la Biblia. La iglesia nunca lo corrige y jamás deja de entrar a la cola de la procesión y reclamar el crédito por la corrección".45
Supongo que Mark Twain está en lo cierto si entendemos por iglesia la gran mayoría de sus dirigentes. Sin embargo, dentro de la iglesia hay los muy pocos, impulsados culturalmente o no, que cuestionaron y desafiaron la posición de la iglesia sobre la homosexualidad.46 Parecería que en la historia de la iglesia siempre fueron los menos los que "corrigieron la Biblia".47 Con esta observación, creo, podemos dejar quedar el comentario de Mark Twain.
Y con este comentario también: "¡La iglesia lo lamentará algún día!".


Is There Really Such A Thing As Ex-Gay? by Stephen Parelli, ThB, MDiv

Copyright ã 2006 Other Sheep. All articles remain the property of each individual author.

Please write info@othersheep.org for permission before reposting or reprinting any material.




Compartir con tus amigos:
  1   2   3


La base de datos está protegida por derechos de autor ©psicolog.org 2019
enviar mensaje

    Página principal
Universidad nacional
Curriculum vitae
derechos humanos
ciencias sociales
salud mental
buenos aires
datos personales
Datos personales
psicoan lisis
distrito federal
Psicoan lisis
plata facultad
Proyecto educativo
psicol gicos
Corte interamericana
violencia familiar
psicol gicas
letras departamento
caracter sticas
consejo directivo
vitae datos
recursos humanos
general universitario
Programa nacional
diagn stico
educativo institucional
Datos generales
Escuela superior
trabajo social
Diagn stico
poblaciones vulnerables
datos generales
Pontificia universidad
nacional contra
Corte suprema
Universidad autonoma
salvador facultad
culum vitae
Caracter sticas
Amparo directo
Instituto superior
curriculum vitae
Reglamento interno
polit cnica
ciencias humanas
guayaquil facultad
desarrollo humano
desarrollo integral
redes sociales
personales nombre
aires facultad