Víctimas del futuro De plan de rescate en plan del rescate hacia la derrota final o el regreso del proteccionismo Adiós al liberalismo: en busca de la confianza perdida El “último tango” en… Wall Street: ¿Soberbia, ignorancia o mentira?



Descargar 1.61 Mb.
Página1/8
Fecha de conversión20.04.2019
Tamaño1.61 Mb.
Vistas154
Descargas0
  1   2   3   4   5   6   7   8

Víctimas del futuro - De plan de rescate en plan del rescate hacia la derrota final o el regreso del proteccionismo - Adiós al liberalismo: en busca de la confianza perdida

- El “último tango” en… Wall Street: ¿Soberbia, ignorancia o mentira?

“La nación, en plena recesión, exige una nueva burbuja en la que invertir” aseguraba hace unos meses un artículo de The Onion, el diario satírico estadounidense. “Un panel constituido por los principales líderes empresariales testificó el lunes ante el Congreso, y exigió al Gobierno que ofreciera a los americanos otra irresponsable y extraordinariamente ilusoria burbuja en la que invertir”. Con su habitual ironía, la publicación tocaba uno de los puntos clave de los mercados financieros de la última década: las mayores creaciones de riqueza desde finales de los noventa se han producido a lomos de sendas burbujas: la burbuja puntocom y la del crédito fácil, causa subyacente de la burbuja inmobiliaria. Para no romper la magia de la ironía, The Onion no menciona explícitamente que el posterior estallido de cada burbuja destruye buena parte de la riqueza creada. Si no toda.

En cualquier caso, lo curioso de esa sucesión de irracionalidades es que la reacción del mercado y de las instituciones a cada una de las burbujas ha generado el caldo de cultivo de la siguiente. Los tipos históricamente bajos con los que los bancos centrales de todo el mundo pretendían estimular la demanda, evitar la deflación y coagular la sangría bursátil de principios de siglo XXI, abarataron hasta niveles jamás vistos los costes de endeudarse. El dinero fácil salía a espuertas de los bancos centrales y llegaba tanto a empresas como a hogares a través de la banca comercial y de inversión.

Dinero fácil

Con tanta oferta de crédito como demanda, se perdió la noción del riesgo y se generaron pequeñas burbujas de activos, como la inmobiliaria, la de materias primas, e incluso la bolsa... Los precios de la vivienda en las principales ciudades de EEUU han caído más de un 20%, el petróleo ha pasado de 150 dólares por barril a 30 dólares y la bolsa ha llegado a caer casi tanto como se dejó en el estallido del puntocom (Ibex 35), o incluso más (S&P 500). El propio George Soros, el multibillonario inversor que se hizo rico a principios de los años noventa apostando en contra de la libra esterlina, ha dedicado los últimos años de su vida a perfilar una teoría que define la economía moderna como una sucesión de superburbujas, que a su vez tienen pequeñas burbujas dentro.

Simplemente la experiencia de puntocom y la del crédito legitiman el debate de cuál será la siguiente explosión de euforia irracional, y, sobre todo, si la explosión de ésta última burbuja está abonando el terreno para otra. Y, de momento, muchos ojos se están centrando en la deuda pública. Esto es, la deuda que emiten los Estados para financiar sus gastos e inversiones, y cubrir los déficits presupuestarios en los que incurren año a año. La emisión de deuda se ha disparado en las últimas semanas, porque los Gobiernos tienen que financiar los rescates del sistema bancario y los planes de estímulo fiscal para impulsar la demanda. Los bancos Société Générale y Goldman Sachs prevén una emisión cercana al billón de euros durante 2009 en la eurozona, y de en torno a 2 billones de dólares en EEUU.

La turbulencia financiera estadounidense del año 2008 será memorable: la implosión de la burbuja hipotecaria, el desquiciado apalancamiento de activos y el delirante desfile de salvatajes, han llevado a la economía mundial a una crisis que conmueve las bases de la arquitectura económica internacional.

Estados Unidos se ha convertido en un país especializado más en hacer papel que cosas y eso ha hecho que Wall Street haya inventado cada vez más activos y obligado a Main Street a invertir en ellos, endeudándose cada vez más. De lo que no se dieron cuenta es que las atractivas rentabilidades necesitaban la inclusión de nuevos jugadores y de la producción de más papel. Para peor, otras grandes economías han seguido el mismo camino.

Lo que no se reconoció bien es que estas políticas eran huecas, autodestructivas y destinadas en último lugar a lo que siempre fueron: esquemas Ponzi (estafas piramidales). Existen varios ejemplos (el de Bernard Madoff, por pillarnos más cerca, aunque hay muchos otros tan culpables como él), pero hay uno que explica a la perfección el fraude piramidal de la economía: uno sólo tiene que ver que ha pasado en el mercado hipotecario para entender las similitudes.

La peor crisis económica desde la Segunda Guerra Mundial ha otorgado a los Gobiernos de todo el mundo un papel clave en la supervivencia del sistema bancario internacional. La quiebra de Lehman Brothers fue la primera pieza en caer de un dominó construido sobre un terreno pantanoso. Desde entonces, la amenaza de un colapso total de la economía financiera impulsó a las autoridades gubernamentales, con independencia de su orientación política, a tomar medidas urgentes para evitarlo.

Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Alemania,… procedieron así al rescate de muchos bancos y asimilados, dedicando para ello una ingente cantidad de recursos económicos que muchos discuten si no estarían mejor empleados en apoyar la economía real. Inyecciones de liquidez, aportaciones de capital, avales, etcétera (incluyendo en el etc., ni más ni menos, algunas nacionalizaciones… que continúan).

Pocas fueron las entidades que quedaron fuera de la intervención directa de los Estados. Aparentemente las más saneadas. Sin embargo acontecimientos recientes (16/1/09) han cuestionado esa aparente fortaleza, que ahora cobra más fuerza tras el salvavidas lanzado, a Bank of America y deja una pregunta en el aire: ¿Puede la banca sobrevivir a la crisis sin el colchón de las ayudas públicas?

Al desmoronarse el círculo vicioso inflación de deuda-revalorización de activos, los estadistas del bienestar y sus banqueros centrales aceleran el proceso de inflación monetaria, tratando de compensar el desinflado de la(s) burbuja(s) que arrastran consigo la riqueza virtual creada artificialmente y cuyo destino último es convertirse en sumidero(s) financiero(s). Este esquema piramidal globalizado ha alcanzado tal surrealismo que estados y bancos centrales se reconvierten en prestamistas de última instancia. La pirámide no puede adelgazar, debe seguir ensanchando. “Rescates” aparte, la tasa de inflación de deuda norteamericana crece más del 9% anual desde 1980. Incluyendo compromisos socio-sanitarios, en endeudamiento total de EEUU ronda el 500% del PIB, creado en su mayoría en los últimos 30 años, más que doblado desde el año 2000.

The party is over

La fiesta ha terminado. Se apagan los ecos del “último tango”… en Wall Street. Grandes dosis de despreocupación, autosatisfacción y cinismo… han derivado en una economía “sin responsables”. Una economía de “call centers” (nadie sabe dónde están, ni quién los atiende). Así y todo, algunos mitos económicos comienzan a caer. Posiblemente, uno de ellos (eso espero) sea el del librecambio.

Cuando la globalización nos la prometía tan felices, cuando la tierra era plana… con la “falacia” de la libre circulación de mercancía (que sólo fue parcial y sesgada), con la “promesa” (espejismo, timo) de la libre circulación de trabajadores, se impuso (único fin cierto, primigenio y constatable) la libre circulación de capitales. Eso era lo que verdaderamente interesaba a los “amos del mundo”. Lo demás eran espejitos de colores para entretener a la “manada” (gilada). Peanuts.

Ahora, que se ha constatado que la globalización lo único que ha globalizado han sido las pérdidas (repartido la mierda, digamos), un efecto “esperable” del coito interruptus, tal vez sea (eso anhelo) el regreso del proteccionismo.

¿Estamos llegando al fin del capitalismo? Quizás no, pero es probable que estemos ante el fin de cierto tipo de capitalismo, el financiero y especulativo, que ha crecido demasiado en las dos últimas décadas, y la crisis actual sólo una elocuente expresión de ello, aunque no la única. Las causas de esta crisis tienen raíces muy profundas, tanto en el sistema financiero, como en los estilos de vida y consumo.

El capitalismo puramente financiero es amoral. Es hora de “volver a creer” en el capitalismo del esfuerzo y del trabajo. Se debe moralizar el capitalismo. Refundarlo. Eso no quiere decir destruirlo. Destruirlo es dar un paso atrás, renunciar a todo lo hecho. Pero, o lo refundamos o se destruirá.

- El fin de la economía “low cost”

Cuando las empresas inventaron el “outsourcing” (deslocalización), hijo bastardo de la globalización, hicieron creer a los trabajadores que perdían sus empleos, que ayudados por el menor costo de los productos (ahora importados) y el auxilio del crédito (entonces ilimitado y barato) podrían seguir “enganchados” (adictos) al “consumismo feliz”.

Ahora, frente a la crisis, los ex-trabajadores (desocupados), no tienen ni fábricas, ni créditos. La sociedad de consumo se ha esfumado, como lo hicieron los capitales de las “catedrales” bancarias de Manhattan.

Ahora, frente a la crisis, esas empresas “deslocalizadas” comienzan a abandonar el barco (países emergentes), dejando a los “nuevos” trabajadores en una situación tan cercana a la pobreza original que, más de uno de ellos, se estará preguntando si todo habrá sido, únicamente, una ilusión óptica (ahora, una pesadilla).

El “low cost” sólo ha enriquecido a las empresas deslocalizadas. Ni los “nuevos” trabajadores, ni los “viejos” trabajadores han participado del festín, ficticio, de una economía “sin barreras”.

Detrás de esta crisis se esconde una patología del consumo en las familias, que se ha extendido desde el capitalismo norteamericano a todo el Occidente opulento. El endeudamiento excesivo de las familias americanas ha creado un terreno frágil, que se ha hundido bajo el peso de la crisis de las hipotecas de alto riesgo. La hipoteca sobre la casa ha venido a añadirse a una serie de endeudamientos en una cultura que privilegia el consumo aquí y ahora, y que ha olvidado el valor del ahorro, también el sentido ético.

En realidad, cada vez más el consumo se ve apremiado y drogado por un sistema económico y financiero, y los medios de comunicación son cómplices de ello, que induce a las familias a endeudarse por encima de sus reales posibilidades de restituir el crédito.

La crisis actual, pues, puede ser una buena ocasión para reflexionar en profundidad sobre el estilo de vida insostenible que el capitalismo financiero actual ha determinado. Y no se trata de imaginarse una economía sin bancos. No. La banca y las finanzas son demasiado importantes como para dejársela sólo a los especuladores. Una buena sociedad no se hace sin banca ni finanzas, sino con una buena banca y unas buenas finanzas.

De la economía “low cost” fuimos todos responsables (culpables). Las empresas por buscar la rentabilidad por encima de la responsabilidad, seguridad, transparencia y sostenibilidad. Los gobiernos por transitar frívolamente por la senda de un crecimiento económico electoralista, demagógico y corrupto. Los consumidores por atragantarse con cuanto producto o servicio le ofrecieran, al mínimo costo y con grandes facilidades, por encima de sus posibilidades y sin mirar el origen. En esa irresponsabilidad (inmadurez) atropellaron, inconscientemente, hasta sus propios empleos. Para ser consumidores “Todo a 100”, aceptaron sustituir empleo por crédito.

La culpa la hemos tenido todos: los bancos por animarnos a consumir lo que no teníamos y nosotros por creerlo. Durante muchos años ha imperado la máxima del “todo vale” y ahora lo estamos pagando.

De modo que estamos ante un reto cultural y antropológico, y para afrontarlo se requiere un compromiso de todos, dentro y fuera de los mercados.

- ¿Del neoliberalismo al neoproteccionismo?

Salir de la crisis inyectando dinero debe hacerse con inteligencia. Y eso significa que los gastos deben ser inversiones. Deben ser sostenibles para que no se limiten a lanzar dinero a los problemas, sino utilizando, en cambio, esos fondos para poner los cimientos de un futuro más estable y próspero.

Ninguna nación se ha librado, pero las más pobres son las que sienten más intensamente esos golpes. Si no se aborda correctamente, la crisis financiera se convertirá en la crisis humana del futuro. Los disturbios sociales y la inestabilidad política aumentarán y exacerbarán todos los demás problemas. En última instancia, el peligro es una serie de crisis en cascada, cada una de las cuales nacerá de las otras, con consecuencias potencialmente devastadoras para todos,

La crisis es ya una realidad palpable para casi todos los países. Y echarle la culpa al mundo es tan falso como injusto. Hay culpables de primera (los acreedores / especuladores), de segunda (los deudores) y de tercera (los gobiernos cómplices).

Luego están las “víctimas del futuro” (los Santos Inocentes). Aquellos que sin saber nunca lo que era una hipoteca subprime, ni una titulización, ni los estructurados, ni los fondos de retorno absoluto, ni los CDS, SIV, conduits, OTC, u otras “sopas de letras”, impresentables e incomprensibles, hasta para sus propios inventores, ha sido barridos por el tsunami financiero aunque vivieran a más de 10.000 kilómetros de la Gran Manzana.

Si en las “buenas” no vieron una y en las “malas” quedaron culo pa’arriba, ¿no será hora de cuestionar los “beneficios” del modelo neoliberal? El modelo del “todos ponen” y el “ganador se lleva todo”, ha fracasado. La tierra no es plana (y nunca lo será). El “fin de la historia”, es una falacia (y continúa). Las asimetrías económicas no se compensan. Los “súper” beneficios no se redistribuyen y la distancia entre pobres y ricos se agigantan.

Han fracasado la liberalización, la privatización y la desregulación. Y para más INRI el “pagano” de la quiebra vuelve a ser el Estado (o sea, todos los ciudadanos). La mayor “socialización” de las pérdidas de la historia. Un “final de la historia” (ahora, sí) francamente surrealista, grotesco, absurdo, sarcástico. No alcanzan los soberbios, ni los ignorantes, ni los mentirosos, para negar semejante evidencia.

La actual crisis financiera internacional exigirá un cambio estructural (ahora, sí) y un nuevo equilibrio en los papeles del Estado y del Mercado (ahora, sí).

En el siglo XXI no hay una sola nación que pueda decir qué hacer o pensar. No resulta aceptable el status quo, ni el regreso al pensamiento único. Una vez pasado el grueso de la crisis, no sería aceptable que los mismos que la provocaron reclamen a quienes han contribuido a superarla que se vayan.

Las principales consecuencias de esta crisis pueden resultar el regreso del Estado como actor económico y el fin de la ideología de la impotencia pública, contrapartida del todopoderoso Mercado. Resulta curioso ver ahora pedir socorro al Estado a quienes no querían oír hablar de él.

El cambio de modelo económico no implica nacionalizar la economía mundial, ni crear el capitalismo de estado, sino que se trata de reequilibrar los roles respectivos del Estado y del Mercado.

El librecambio no existe. Todo comercio es manejado. De no ser así, los desequilibrios demográficos y de riqueza no harían de la inmigración un fenómeno global imparable, pese a las restricciones. Más de 200 millones de personas trabajan fuera de su país, una cifra que no tiene en cuenta a los que trabajan sin documentos ni a los que emigran transitoriamente o a los que han regresado a sus países. En el mundo hay más de 50 millones de trabajadores indocumentados. La pobreza o las aspiraciones de una vida mejor fuerzan la movilidad global.

“Una nueva ola de proteccionismo cobra forma en todo el mundo… Varios sectores empiezan a hacer cola en Beijing, Bruselas y Washington, en busca de protección contra las importaciones. Esto ha ocurrido en otros períodos de desaceleración, pero esta vez las restricciones pueden ser más perjudiciales debido a la naturaleza global de la crisis económica… Las predilección actual por lanzar grandes paquetes de estímulo fiscal también puede ir asociada al proteccionismo, a medida que cada país busca asegurar el beneficio de sus industrias…” (The Wall Street Journal - 12/1/09).

- Palabras que no existen

Los “amos del mundo” (Club Bilderberg, Council of Foreign Relations, Trilateral…) dieron -oportunamente- la instrucción (consigna) y los “profetas” (think tanks) salieron a difundir (predicar) por el mundo el dogma de la globalización.

Las “reformas estructurales” (control del déficit público), la “flexibilización laboral” (despido libre), el libre movimiento de mercancías (librecambio), el libre movimiento de capitales (financierización), la desregulación, la privatización… serían los motores de la creación de riqueza, el crecimiento y la distribución.

Todo se quedó en la “creación de riqueza”, que luego se vio que era artificial, especulativa y fugaz. El “desarrollo” (crecimiento) fue parcial, sesgado, precario y leonino, y la “distribución”, ni se la vio, ni se la espera.

Los trabajadores “flexibilizados” no han recuperado -jamás- los empleos perdidos. Los “agraciados”, terminaron aceptando (¿voluntariamente?) el “opt-out” (65 horas semanales); como reponedores de Wal-Mart o como cajeros de McDonald’s.

Las fábricas cerradas no volvieron a abrirse. La revolución tecnológica no alcanzó para todos. La economía de servicios dio para empleos de “usar y tirar”, trabajadores de “lunes a viernes” y un enorme “ejército en la reserva”.

Una generación vio -con dolor- que nunca podrían igualar los ingresos de sus padres- Las mujeres -las mejor educadas de la historia- debieron optar (¿voluntariamente?) por el hijo o por el trabajo, cambiando maternidad por tarjeta de crédito y las tareas del hogar por ser “sirvientas” de lujo en despachos de empresas, aviones o buques. Dos empleos por el sueldo de uno. La gran conquista de los años 80/90 y subsiguientes.

La única forma de “completar” los ingresos, el plan de pensiones, pagar las deudas, era con dos trabajos (hombre y mujer), con créditos sobre créditos y… sin niños. Un suicidio universal.

Eso sí, siempre viviendo por encima de las posibilidades. Esclavos de las “chucherías”. Endeudados hasta las cejas. Consumistas adictos. Anestesiados felices. Zombis. Una enorme masa de consumidores, sin ideología, sin dinero y sin objeto. Podría decirse, sin “sujeto”. Inexistentes.

Así fueron “matando” a la clase media (donde la había). Así proletarizaron a los que podían cuestionar al sistema (al menos, dudar). Una lobotomía deliberada, planificada y ejecutada hasta el exterminio.

Hoy los zombis deben por su casa más de lo que vale la propiedad. Pierden sus empleos. Entran en el futuro caminando hacia atrás. No tiene explicación, ni consuelo. Tampoco perdón. Han sido víctimas de su propia mediocridad (gula). Se creyeron que con una tarjeta de crédito, un carrito de supermercado, la tele (de plasma, por favor) y el fútbol, habían alcanzado la felicidad. Al menos la que le ofrecían las “catedrales del consumo” (grandes almacenes) y las “catedrales del crédito” (entidades financieras).

Ahora descubren que por el paraíso ansiado tiene una hipoteca subprime, han perdido uno de los empleos (si no los dos) y no pueden bajarse de las “puntas del pie” porque se ahogan en las deudas. Han cambiado “embarazos” por “embargos”.

Mentiras y mentirosos

Los “mentirosos” (una minoría) siguen bien, sus pérdidas han sido compensadas y subsidiadas. Todo perdonado. Todo bien. Las “mentiras” siguen ahí, en cualquier momento les cambian el “empaque” y vuelta a empezar.

Los “timados” (la gran mayoría), una sociedad borreguil, pastueña, adocenada, capaz de tragarse cualquier sable sin pestañear, todavía está mirando de dónde vino el “cachetazo”: ¿cómo fue? ¿quién fue? ¿por qué a mí? No pueden comprender (ni quieren creer) que les han timado, robado la cartera, asaltado la ilusión, violado sin erección (y además, sin condón).

Los “socios del silencio” (organismos de control, agencias de calificación, bancos centrales, autoridades gubernamentales), invisibles, lacayos, serviles, cómplices, corruptos, opacos… (podría seguir). Bomberos pirómanos. Prestos en salir en ayuda del… ganador (los mentirosos). Al fin y al cabo: ¿a quién le “deben” el puesto? Lo único que han hecho (aunque falta conocer el final) ha sido “licuar” la mierda, “socializar” las pérdidas, “nacionalizar” los despojos y “auxiliar” a los delincuentes.

El dinero que no alcanzaba (recordar las reformas estructurales, el déficit cero…) para mantener el estado del bienestar, la educación, la salud, la vivienda, las pensiones, la seguridad… (y podría seguir), alcanza y se multiplica para subsidiar el “festín de los corruptos”. Para mantener la economía de casino. Para continuar el espectáculo de la bolsa.

La globalización justa. Todos tan felices. Empujando el carrito de la compra. Esperando la próxima tarjeta de crédito. Soñando con el nuevo juguete electrónico importado de China. Indiferencia suicida.

¿El trabajo? ¿Qué trabajo? El silencio de los corderos tiene final de matadero…

¿Mejor inflación que producción?

¿Y si en vez de “darle” a la maquinita de imprimir billetes, se ponen en marcha las máquinas de producir bienes? De mantequilla o cañones a… de billetes o camiones. Del monetarismo al estructuralismo (¿les suena?). Keynes, vuelve, te han perdonado!

Tantos años “proscripto” y ahora de nuevo en las librerías. Best seller. Como Marx. ¿Quién los hubiera dicho? El regreso de los “apestados”. ¿Volverán a estudiarlos en Columbia, Harvard, o el London School of Economics? Y si no, al tiempo…

¿Qué diferencia hay entre la propuesta de Keynes de cavar pozos y rellenarlos después, para dar trabajo (demanda agregada) y el lanzamiento de dinero desde un helicóptero (Bernanke) para restablecer la estabilidad de los mercados (oferta agregada)?

Por más que haya esperanzas en que esa situación se invierta, en que las medidas puestas en marcha por gobiernos e instituciones consigan detener ese deterioro, lo cierto es que nada apunta a que tal sea el objetivo prioritario. Incluso cuando actualmente se salude a Keynes y al “New Deal”, en tanto ejemplo de políticas estatales que consiguieron sacar de la depresión a grandes estados, se hace con otro sentido. Aquel Keynes es distinto del presente: el modelo keynesiano se centraba en la economía real y era redistributivo a largo plazo. Lo que estamos viendo es un modelo de defensa de los intereses financieros. Este intervencionismo sólo pretende rescatar los márgenes de negocio de las entidades financieras.

Tal vez, Bernanke, Paulson y otros “cómplices” de Wall Street (antes Greenspan, no olvidar), no quieran reconocer (ni que les recuerden) que la impresionante “regadera” monetaria es presagio de una alta inflación que terminará propagándose por la economía norteamericana y mundial. Una forma premeditada y alevosa de licuar las deudas (pasivos) de las instituciones financieras, trasladando el impuesto inflacionario a la sociedad estadounidense y mundial (incluso a las siguientes generaciones).

- El próximo escenario: una larga y dolorosa depresión mundial, aranceles y proteccionismo

Ha finalizado el falso amanecer. La crisis del capitalismo financiero anticipa una larga y dolorosa depresión mundial.

El dilema del empleo llevará -más pronto que tarde- a los países (o regiones) a restablecer (o incrementar) aranceles y practicar una política proteccionista que disminuirá -sustancialmente- el comercio mundial.

“Vivir con lo nuestro”, será la divisa que enarbolarán los “suspicaces” políticos poniéndose al frente de la manifestación para que (al menos) la misma no se los lleve por delante. Y el primero, SuperObama.

Si éramos pocos (hace 10 años) los que nos oponíamos a la globalización (mis Ensayos y Papers son suficiente prueba), muchos menos, los que nos animábamos a “discutir” el librecambio (también tengo algunos escritos al respecto). Si se nos tildaba de “poco modernos”, por no festejar la globalización, se nos trataba de “cavernícolas” si propugnábamos las ventajas del proteccionismo. Los mitos del librecambio amanecían en Occidente y se replicaban en Oriente. Llegaban más allá que el sol. Iluminaban todo el firmamento económico global.

Ni Smith (mal leído y falsificado), ni List (¿alguno lo recuerda?), ni Keynes (ridiculizado), tenían espacio en el “liberation management”. La sociedad del riesgo global representaba la cultura de la victoria. La pantalla total facilitó la ilusión de la cual sólo ha quedado una nueva era de las desigualdades. De la “nueva” economía (ahora, huérfana) a los “nuevos” pobres.

¿Cómo salimos de esto? Sálvese quien pueda

Los japoneses están “volviendo” a la agricultura (mira tú, por dónde). Se están preparando para el paro prolongado, para la pobreza, para la escasez. Están intentando suplir a los ancianos agricultores por jóvenes (urbanos) que llevan una década con empleos precarios y temporales. Se están preparando para una economía defensiva y de subsistencia. Justamente ellos, que saben bastante de comercio exterior. Tal vez por eso.

Los alemanes (y espero que con ellos, los europeos) están “enterándose” en carne propia la levedad de la cuota exportadora a los EEUU. De “socios comerciales” a “durmiendo con el enemigo”. Tanto sacrificio del empleo (flexibilización, le llamaron los hipócritas) para descubrir -tarde y mal- que ni siquiera ser el principal exportador mundial garantiza la supervivencia del más fuerte (¿o más débil?).

A los americanos, no les alcanzará el “shock” vitamínico de SuperObama y pronto “descubrirán” la belleza de los productos “Made in USA”. Mejor el “obsoleto” Ford (o Chevrolet), con empleo, que el “sofisticado” Toyota, Lexus, Mercedes, BMW, Audi o Nissan, con crédito y desocupado.

Nada nuevo, volver a la agricultura, a la industria. Defender la producción nacional (o regional) y las fuentes de trabajo. Seguramente habrá algunos productos nacionales que resultarán más caros que sus similares importados (otros, no), pero la gente tendrá trabajo y salario con los que comprarlo (no crédito, sin trabajo). Cada cual tendrá que atender su juego. La prioridad debe ser el empleo y lo demás (inclusive el Cielo) puede esperar.

Las multinacionales tendrán que volver a acostumbrarse a que si les interesa algún mercado, tendrán que instalar una planta industrial en ese país (o región). La importación de los productos que puedan fabricarse en ese país (o región) deberán ser desalentados con altos aranceles y proteccionismo.

Los países (o regiones) acometerán negociaciones “bilaterales” para establecer convenios comerciales con otros países (o regiones) en función de las necesidades y conveniencias nacionales. Intercambios compensados, preferencias arancelarias, triangulaciones y cupos.

Habrá países (o regiones) en los que será más costoso (en términos relativos) producir mantequilla que acero. Habrá países (o regiones) donde se dará la situación inversa. Podría llegar el caso (sería deseable) que se establecieran convenios bilaterales para establecer intercambios que optimicen los términos. Siempre desde la óptica del empleo nacional (o regional).

Lo que no puede ser admisible (como hasta ahora) es que los países abran sus fronteras y supriman el proteccionismo a cambio de la pérdida de empleo.

Lo que interesa es el producto y no la productividad (aunque no resulte “políticamente correcto”).

Lo que interesa es el consumidor (en tanto que trabajador) y no el consumismo (en tanto que mercado) (aunque no resulte “políticamente correcto”).

Lo que interesa es lo cualitativo y no lo cuantitativo (aunque no resulte “políticamente correcto”).

Aunque se “rasguen” las vestiduras no se trataría, ni más ni menos, que de “volver” al “sueño americano” (Yes, we can, SuperObama): en términos modernos el sueño americano significa “tener una casa propia, dinero en el banco, un gran automóvil, electrodomésticos a granel, todo logrado merced al ingreso de una sola persona en el hogar” (de “Where we staid”, Michael Wolf - 1992).

Porque el “sueño americano” ya no existe. Las comodidades que los norteamericanos disfrutaron durante los años cincuenta y sesenta paulatinamente fueron quedando fuera del alcance de las generaciones de posguerra.

En la década del ochenta, a fin de satisfacer el sueño irrealizado, todos los norteamericanos -los consumidores, las compañías y el Estado- recurrieron a los préstamos.

Hoy las expectativas del “sueño americano” se han frustrado. Incluso se habla de que la nación se está hundiendo en un pozo parecido al del Tercer Mundo y entrando en un círculo vicioso de la pobreza.

Dice Ravi Batra (“El mito del librecambio” - Vergara - 1993):

“La liberación del comercio ha sido el “leit motiv” de la política comercial de los Estados Unidos desde la guerra, y finalmente han logrado su cometido la “agriculturización” de la industria, en especial la manufacturera”… (Pág. 84)

“No cabe duda de que Estados Unidos ha experimentado una “desindustrialización” en gran escala. Empero, la tesis no explica el permanente deterioro del nivel de vida de los norteamericanos. La desindustrialización no es una causa de la disminución de los ingresos medios. Es una sagaz descripción del proceso que llevó al deterioro, no del factor causante, la verdadera causa es el comercio libre”…

“¿Por qué se deterioró la base industrial del país? La hipótesis de la desindustrialización responsabiliza principalmente a las empresas multinacionales que reubicaron sus fábricas en las naciones de Asia con salarios más bajos. Esto es un hecho. Sin embargo las empresas multinacionales no se hubieran ido si no hubieran estado en condiciones de volver a importar sus productos a Estados Unidos. Fue la progresiva caída interna de los aranceles aduaneros lo que las alentó a invertir fuertemente en Asia. Por otro lado las compañías norteamericanas tuvieron que hacer frente a una intensa competencia internacional que las obligó a emigrar hacia países en los que había mano de obra más barata: si los Estados Unidos hubiera persistido en su política tradicional, propia de una economía cerrada, no hubiera habido deterioro de la industria”…

Y finalmente concluye: “A esto debe sumarse la restructuración de la industria y la pérdida de empleos resultantes, causada por el auge de las fusiones de la década del ochenta, y tendremos una explicación completa de la sistemática disminución en el nivel de vida norteamericano”… (Pág. 97)

La mayoría de los economistas admite que el comercio puede perjudicar temporalmente a algunos trabajadores, pero afirman que beneficia, sin lugar a duda, a los consumidores, ya que las importaciones hacen bajar los precios y ponen un límite a la inflación. Nada puede estar más alejado de la verdad. Es un concepto decididamente erróneo.

¿Acaso los consumidores son diferentes de los trabajadores? ¿No son la misma gente? Desde la apertura de la economía norteamericana al comercio libre en 1973, el 80 por ciento de la fuerza laboral ha soportado una brusca caída en los ingresos reales. ¿Acaso la gente y sus familias no son también consumidores?

En 1960, las importaciones industriales de EEUU representaban apenas el 5 por ciento de la producción nacional; en 1973, constituían el 14 por ciento; y en 1990, aumentaron hasta el 40 por ciento.

En 1980, trabajaban en la industria 21 millones de personas; en 1991 sólo quedaban 18 millones, mientras que la fuerza laboral aumentó 20 millones.

Miedos y represalias

¿Ustedes piensan que alguna empresa multinacional estaría dispuesta a perder el mercado estadounidense o europeo porque el modelo proteccionista la compromete a instalar una industria local para atender la demanda? Lo que le importa es la demanda y si para ello hay que producir en el país (o región), las industrias volverán -a cualquier costo- con tal de no perder el mercado interior.

La mayor autonomía posible mejorará los “términos del intercambio” y posicionará con mayor firmeza a los países (o regiones) a la hora de entablar negociaciones comerciales bilaterales.

Alguno puede preguntarse: ¿Por qué “bilaterales” y no “multilaterales”? Porque al multilateralismo (como a la OMC) “lo carga el Diablo” (o sea, las multinacionales). En el multilateralismo las grandes empresas “manipulan” (amañan) las reglas de juego y “provocan” (inducen) el resultado que más les favorece. Pasan a tener más fuerza las empresas (por interpósitos países / representantes / sectores) que los Gobiernos (colusión). En el bilateralismo (si bien no se pueden evitar presiones indirectas de las grandes empresas) los técnicos gubernamentales tienen “más espacio” (autonomía) de negociación. En vez de productos / sectores se pueden compensar partidas.

Por ejemplo: si España negocia con Arabia Saudita intentando compensar las cifras de importación de petróleo, es éste país productor el que tendría que seleccionar los productos a comprar (de una lista presentada por España) para compensar las cuentas comerciales. Esta sería la base del intercambio compensado y la estructura vertebral del Convenio Bilateral. Petróleo por alimentos. Petróleo por automóviles. Petróleo por medicamentos. Petróleo por servicios (o una mezcla de varios bienes y servicios).

Así se podría negociar país por país (o región por región), a partir de las necesidades de importación y de las disponibilidades de exportación. Y no más. Sólo exportar para compensar lo que se necesita importar. Podría darse el caso que algunos países (o regiones) vean necesario “triangular” algunas mercancías para compensar la oferta y demanda.

Siguiendo el ejemplo de España y Arabia Saudita, podría ser que el país petrolero necesitara madera (que España no produce). Dado el caso, para compensar las importaciones petroleras con madera, España tendría que buscar un país (o región) productor de madera a la cual enviar alguno de sus productos (en el ejemplo: alimentos, automóviles, medicamentos, servicios (o una mezcla de bienes y servicios) y recibir a cambio la madera que enviará (directamente) a Arabia Saudita a cambio del petróleo. Así en cada caso, país por país (o región a región) hasta cubrir las necesidades de importaciones compensadas con las exportaciones de productos (o servicios) propios o de terceros.

Al final, se trataría de movimientos de mercancías (mínimamente de divisas) tratando de utilizar los transportes de ida y vuelta (como hacen las compañías de vuelos charter en las zonas turísticas), ahorrando combustible y disminuyendo el impacto medioambiental.

El proteccionismo debe servir para preservar e incrementar el empleo. La economía al servicio del hombre y no al revés. El mercado no es la bolsa. El mercado son las personas que intercambian bienes y servicios.

¿Pueril? ¿Trivial? ¿Demasiado simple? Tal vez, pero seguramente menos especulativo, virtual y diletante.

La crisis debe (ojalá) hacernos más modestos, humildes, realistas, finitos. Habrá que “desglobalizar”. Habrá que volver al campo y a las fábricas. Los “servicios” deberán disminuir su participación en el producto bruto y “ser reales”, no imaginarios. Los “servicios” deberán servir y no ser humo, pirotecnia, timo, papel sobre papel.

Seguramente (lo estoy esperando) los “dogmáticos” del librecambio, se echaran al cuello clamando que un modelo proteccionista cercenará las posibilidades de desarrollo de los países (o regiones) más pobres. En nombre de los mercados, en ese mundo tan particular, el poder de la palabra quedará reducido a la palabra del poder.

Se les puede contestar (lo estoy deseando) que nunca se ayudó menos al crecimiento de los países en desarrollo que en los últimos 10 años. Los países emergentes (hoy “sumergentes”) fueron “banderas de conveniencia” de las empresas multinacionales, que en nombre de la deslocalización, expoliaban la materias primas y explotaban el bajo costo de la mano de obra, hasta que en la “cola de los pobres” apareciera otro país dispuesto a realizar “mayores sacrificios” por la causa.

Así se pasó de China a Vietnam, de Vietnam a Camboya, de Camboya a Laos… (la lista continúa). Desafortunadamente para quienes sueñan con un mundo ideal, la única verdad es la realidad.

Por otra parte, esos países (o regiones), supuestamente exportadores quedan expuestos (mejor sería decir, sometidos) a los dictados del país comprador. La crisis económica actual es suficiente prueba del impacto que produce en los países que tienen un alto porcentaje de su producto bruto orientado hacia el mercado exterior. “La proporción de las exportaciones chinas con respecto al PIB aumentó desde el 38% a comienzos de 2002 hasta 67% en 2007” (Martin Wolf - Financial Times - 21/1/09).

La apertura comercial puede generar un alto grado de vulnerabilidad. La balanza externa puede representar un factor negativo para el crecimiento económico.

El comercio libre promueve el bienestar de los ricos, peo no necesariamente el bienestar social, que debería aplicarse a la gran mayoría de la población. No es de extrañar entonces que las compañías multinacionales y sus directores ejecutivos, con sus feudos industriales diseminados por todo el mundo, adhieran fervientemente al comercio libre.

El comercio internacional beneficia a unas pocas empresas transnacionales y a unas pocas familias propietarias, perjudicando o en el mejor de los casos dejando en igualdad de condiciones al resto de las empresas y familias, cualquiera sea su lugar de radicación o residencia. Para mayor agravante -si cabe- el libre comercio -profetizado, publicitado e impuesto- es sólo una pantalla para la financierización de la economía, que es el objetivo más buscado (y por lo que se constata, lamentablemente, alcanzado).

La idea del comercio libre se ha convertido en un mito. Abogar por la no intervención es estar con el progreso, la prosperidad y la paz. Lo contrario significa desafiar a Wall Street, provocar la ira de los economistas, de los analistas políticos y de gran parte de la prensa.

Cuando la liberación del comercio promueve la industria, eleva la productividad en su conjunto, así como el nivel de vida; pero cuando promueve los servicios a expensas de la industria, la productividad y los ingresos disminuyen. La industria y no el comercio, es la principal fuente de prosperidad; la historia presente y pasada lo confirma de manera determinante, es evidente que desde la década de los setenta, los servicios han superado a la industria dentro de los países desarrollados. Como consecuencia de ello, el panorama económico en su conjunto ha sufrido una profunda transformación. La liberación del comercio ha resultado ser la profunda causa de esta transformación.

La estrategia de liberación / competitividad / degradación -históricamente-, respondería a la siguiente secuencia:



  1. El paso de la era industrial a la era de los servicios (luego del conocimiento, finalmente del entretenimiento). La economía del espectáculo supera a la economía industrial.

  2. El paso de la economía productiva a la economía especulativa (financiera). La financierización y la virtualidad superan a la economía real. La economía se basa cada vez más sobre capital conceptual, en lugar de capital físico.

  3. Las empresas multinacionales (que son las mismas), y que están en un lado y en otro obligan a la liberalización / flexibilización / privatización / desregulación / deflación competitiva / empobrecimiento y precariedad laboral (todo se reduce a señales e interpretaciones del mercado; que son ellos mismos).

Estados Unidos (sede de la mayoría de las empresas multinacionales) infecta la economía mundial internacionalizando las mercancías, los capitales y los conocimientos.

La trampa de la globalización

Al internacionalizarse los mercados, empieza la batalla de todos contra todos. Un comercio sin normas. Una competencia despiadada y sin final. Paradójicamente, se inicia la era de las desigualdades. El ganador se lleva todo. El mercado y sólo en mercado manda.

Una sociedad de trabajadores sin trabajo. El miedo al mañana, la angustia y la inseguridad, impulsan esta nueva era. Trabajador de usar y tirar, disponible en el momento justo y por el tiempo necesario, flexibilizado, excluido, padeciendo de los modernos procedimientos de reducción, desplazamiento y reorganización.

¿Qué pueden decir los cómplices de los sospechosos habituales?

¿Cómo pueden negar lo evidente?

¿Cómo ocultar -por más tiempo- que los ganadores de la globalización son recompensados mediante una prima adicional aportada por los perdedores?

¿Cómo seguir engañando con que todos seremos trabajadores del conocimiento cuando la única alternativa es ser trabajadores de Wal Mart o McDonald’s?

¿Cómo justificar el paso del “american dream” al “american downsizing”?

¿Cómo pretender continuar con el pensamiento único (el imperio del mercado) cuando los resultados no parecen justificar el sacrificio?

¿Cómo continuar silenciando el poder de unidades económicas en gran medida incontrolables?

¿Cómo negar que la idea de un mercado libre al margen de las leyes y decisiones políticas que el mismo genera es pura fantasía? ¿O que la renuncia del Gobierno a asumir responsabilidades en la creación del mercado puede tener costosas consecuencias?

El libre comercio, podrá resultar un tópico cuya vigencia es muy difícil de remover, pero cuya injusticia sigue siendo flagrante.

Los puristas del librecambio nos aplastan con el rodillo económico y nos imponen un darwinismo económico cainita y fatal.

La liberación, la desregulación y la privatización castigan a la sociedad, avasallan la dignidad humana, amenazan el hábitat, debilitan progresivamente la autoridad gubernamental, y provocan el crepúsculo de la piedad.

Hay que romper el ciclo de más comercio internacional que constituye una amenaza para el medio ambiente, la justicia social y el empleo sostenible.



Catálogo: papers
papers -> Xii congreso de aecpa ¿Dónde está hoy el poder? San Sebastián País Vasco, del 13 al 15 de Julio de 2015
papers -> Paper El “Big-cuent” del Bitcoin (¿de “burbu-giles” a “gili-coins”?) Introducción y cuenta la historia…
papers -> Una creación deliberada de la ignorancia (agnotología)
papers -> Las noticias televisivas españolas en las cadenas generalistas y la temática del acoso
papers -> “Jóvenes inmigrantes: una identidad en construcción”
papers -> Deslocalización inversa
papers -> Imagining Keynes (It’s time to get stimulated vs. ¡Take the money and run!)
papers -> 5th laccei international Latin American and Caribbean Conference for Engineering and Technology (laccet’2007)
papers -> Submission Format for ims2004 (Title in 18-point Times font)
papers -> ¿Qué funciones desarrollan las aplicaciones de internet en la relación escuela familias? Un análisis piloto de 10 centros educativos. Autores


Compartir con tus amigos:
  1   2   3   4   5   6   7   8


La base de datos está protegida por derechos de autor ©psicolog.org 2019
enviar mensaje

enter | registro
    Página principal


subir archivos