Variedades lingüÍsticas de hispanohablantes inmigrados en italia



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VARIEDADES LINGÜÍSTICAS DE HISPANOHABLANTES INMIGRADOS EN ITALIA
Milin Bonomi

Universidad de Milán
Los efectos de la inmigración, un fenómeno cada vez más evidente en la sociedad italiana, se dejan patentes en los diferentes ámbitos de la vida cotidiana del país: del mundo laboral al de la enseñanza, la sociedad contemporánea italiana está viviendo un cambio radical en el que se ve implicada también la cuestión lingüística. El fenómeno migratorio, más en concreto, presenta específicas consecuencias sociolingüísticas, cuyas repercusiones se hallan en el contacto entre las lenguas inmigradas y las lenguas autóctonas.

Como destaca Kerswill (2006: 1): “In every case of migration, except where a homogeneous group of people moves to an isolated location, language or dialect ensues”. La inmigración, en efecto, actúa como un motor que mueve de un rincón a otro del planeta una gran cantidad de personas que traen consigo un capital social y cultural del que la lengua representa el elemento fundamental.

Si el contacto lingüístico causado por el proceso migratorio es una realidad ampliamente estudiada y analizada desde hace ya muchos años en países de larga tradición migratoria1, en Italia el fenómeno es relativamente reciente, y los estudios sobre el contacto lingúístico en el contexto nacional, son aún escasos. El tema, además, ha sido abordado sobre todo desde una perspectiva adqusicional, es decir a partir de la observación sobre el aprendizaje de italiano L2 por parte de los nuevos ciudadanos (Giacalone Ramat 1986, 1988, 2003, Bernini/Giacalone Ramat 1990, Banfi 1993, Vedovelli 1999). Existe, de hecho, otra perspectiva más cercana a la observación sobre el mantenimiento y los cambios internos a la L1, que atañe a la reestructuración de los repertorios lingüísticos originarios de los inmigrados en la nueva sociedad, que se deben al contacto con la lengua del país de acogida. Ahora bien, es precisamente en este marco que se inserta nuestro estudio; el intento, más en concreto, es analizar la variedad de español que se origina a partir del contacto entre la sociedad italiana y la comunidad hispanohablante residente en Milán, que en este caso puede ser considerada un laboratorio de la migración latina, puesto que allí la comunidad hispanoamericana, representada sobre todo por ecuatorianos y peruanos, se ha convertido en pocos años en la más numerosa de todo el país.

La hipótesis sobre la que se fundamenta la presente comunicación es la existencia de una variedad étnica2 de español creada en el contexto migratorio italiano, que presenta variables lingüísticas analizables a la luz de la sociolingüística variacionista y de la tipología del contacto.





  1. La inmigración hispanoamericana en Milán

La presencia de hispanoamericanos en el territorio italiano, que según los datos Istat3 de 2007 ha llegado a acercarse a las 300.000 personas, se atestigua ya a partir de los años ’80; en la década de los ’90 empieza a incrementarse. Sin embargo, es a partir del bienio 2002-20034 cuando el crecimiento de los hispanos en Italia, sobre todo en el norte del país, aumenta a un ritmo exponencial: es en este período cuando llega el 47,9% de la entera población latina, de los que el 77% tiene actualmente entre los 25 y los 44 años.



Cabe destacar que si en el panorama internacional la diáspora hispanoamericana ha afectado, y sigue afectando, el continente americano en su totalidad, Perú y Ecuador representan los dos casos de mayor incidencia en el panorama italiano, puesto que por sí solos alcanzan la mitad de todas las presencias de origen hispano en el país europeo. El polo de mayor concentración de estos dos grupos se halla en la región septentrional de Lombardía con unas 80.000 presencias, crecidas muy rápidamente en tan sólo cinco años, de 2001 a 2006, come se desprende del siguiente cuadro:
Figura 1: Número de ecuatorianos y peruanos en Lombardia de 2001 a 2006





1/1/2001

1/7/2006

Ecuador

6.100

40.750

Perú

19.400

38.900

Tot. Perú+Ecuador

25.500

79.650

(Datos Ismu5 2007 elaborados por nosotros)
Sin embargo, es sobre todo en su capital, Milán, y en su provincia, donde la mayoría de los peruanos y de los ecuatorianos ha decidido establecerse para realizar el proyecto migratorio. El siguiente cuadro nos pemite demostrar la envergadura del fenómeno migratorio protagonizado por estas dos comunidades en la metropólis italiana:
Figura 2: Número de ecuatorianos y peruanos en la provincia de Milán hasta el 1 de julio de 2006





Milán

Otros Municipios

Total Provincia

Perú

18.650

13.750

32.400

Ecuador

16.950

15.300

32.300

Tot. Perú+Ecuador

35.600

29.050

64.700

(Datos Ismu 2007 elaborados por nosotros)
La gran concentración de estos dos grupos en Milán es evidente no sólo a través de los datos estadísticos, sino también a través de la observación de la realidad urbana: existen diferentes y varios rincones de la ciudad (enteros barrios, ámbitos laborales, parques, iglesias, etc.), donde el español ha entrado con mucho vigor6. Este dato nos revela un aspecto peculiar que acomuna la inmigración peruana y la ecuatoriana, es decir su carácter urbano (Ambrosini/Queirolo 2005: 18). La ciudad es considerada bien como el espacio de las prácticas laborales, bien como un espacio recreativo: de hecho, la misma estructura de la metropólis facilita la creación de redes que utilizan diferentes rincones urbanos para crear lugares de encuentro, asociaciones e instituciones de carácter étnico.

La inmigración hispanoamericana residente en Milán, además, presenta una estructura en la que las redes étnicas, basadas en el apoyo de parientes o conocidos antes de la salida y durante la estancia en el nuevo país, desempeña un papel fundamental: de hecho, al hablar de inmigración hispanoamericana se habla también de un tipo de inmigración femenina, en la que la mujer se convierte en pionera y primer eslabón de la cadena migratoria por la facilidad en encontrar trabajos de asistencia doméstica. Después de una fase de ordenación, una vez lograda la independencia económica, la mujer va recreando el núcleo originario en el nuevo país gracias al proceso de reagrupación familiar. Se puede afirmar, de esta manera, que el grupo peruano y el ecuatoriano se caracterizan, sea por un componente femenino y familiar preponderante, que determina la creación de redes domésticas prevalentemente étnicas, sea por un aspecto más propiamente cultural e identitario que determina la creación, en el ámbito de la sociabilidad, de un tejido de redes de carácter étnico transnacional (Portes 1999).

Las características de la inmigración hispanoamericana en el contexto urbano y sobre todo en el que nos ocupa, es decir, el milanés, nos lleva a detenernos en la importancia desempeñada por el concepto de red social en un estudio sociolingüístico cuya intención es reflexionar sobre la variación y el cambio que se crea en un grupo lingüístico que comparte específicos atributos sociológicos. Creemos que el paradigma metodológico basado en el análisis de las redes sociales representa un criterio exhaustivo en el estudio del cambio lingüístico como lo demuestran las investigaciones de Milroy (1980) en la ciudad de Belfast, y lo confirman también Bortoni-Ricardo (1985) en el contexto migratorio brasileño y Vietti (2005) a través de un análisis de la lengua italiana hablada por un grupo de mujeres peruanas residentes en Turín.



  1. Cambio lingüístico y redes sociales en contexto migratorio

El trabajo de Labov (1966, 1980, 1981, 1994), que ha abierto el paso a la sociolingüística actual, ha permitido demostrar de qué manera la variación y el cambio lingüístico en los grandes centros urbanos no se origina de forma caótica, sino más bien obedece a criterios regulares que dependen de determinados factores sociales. Entre éstos, Milroy (1980) reconoce el concepto de red social como una unidad de análisis fundamental para investigar el espacio de interacción, y consecuentemente lingüístico, en el que cada individuo suele actuar. La identidad social y lingüística de cada persona se debe, entonces, a las relaciones que el individuo establece con los demás componentes del tejido social: una hipótesis respaldada, además, por una parte de la psicología social (Giles et alii 1979) que reconoce la identidad de cada hablante como el resultado de un proceso de acomodación hacia el resto del grupo.

Como sabemos, las investigaciones de Milroy se desarrollaron dentro de un contexto relativamente uniforme en el que la estructura cerrada de los típicos barrios obreros de Belfast y de las redes sociales de los hablantes analizados determinaban un alto nivel de mantenimiento y de conservadurismo hacia la norma vernacular. Sin embargo, a pesar de las diferentes características que puede presentar cada red social, el paradigma metodológico del social network es aplicable a cualquier contexto en el que quiera analizarse el comportamiento lingüístico de los hablantes en relación con su entorno sociolingüístico. En el caso de la inmigración, además, el papel de las redes sociales, como hemos destacado antes, puede resultar relevante a la hora de analizar las consecuencias del contacto lingüístico entre los inmigrantes y la sociedad receptora, así como ha destacado Bortoni-Ricardo (1985). En este caso las características de las redes resultan importantes para medir el nivel de integración, y consecuentemente de exposición lingüística al nuevo código por parte del inmigrado en la sociedad receptora: a un alto nivel de integración corresponde un comportamiento innovador, es decir de convergencia hacia la nueva sociedad, en el caso opuesto, en cambio, asistimos a un alto nivel de mantenimiento de la variedad vernacular. Por esta razón la investigadora brasileña prefiere hablar de red integrada (integrated network) o de red aislada (insulated network), como indicadores de una mayor o una menor exposición a la variedad estándar. A través de un índice de integración (integration index), que marca el nivel de pertenencia a la vida urbana en el nuevo contexto, se puede medir la relación entre los factores que determinan el proceso de urbanización de cada hablante con algunas variables lingüísticas.

Consideramos este modelo cercano a un esquema general de inserción en la nueva sociedad por parte del inmigrado, que es verificable también en el caso que nos ocupa: hemos destacado antes en qué medida en la comunidad hispanohablante presente en Milán, como en la mayoría de los demás grupos inmigrados, la red se convierte en una herramienta fundamental para el proceso de inserción en la nueva sociedad, incluso desde un punto de vista lingüístico.

Respecto a nuestro estudio, entonces, vamos a adoptar el modelo teórico y metodológico de las redes integradas de Bortoni, complementándolo con una propuesta de Gugenberger (2007) sobre las estrategias de aculturación por parte del inmigrado, que permiten poner de relieve el comportamiento de cada hablante frente a las situaciones de contacto de las lenguas: “Al actuar en las redes lingüístico-sociales, por ejemplo al hablar una lengua determinada, el individuo participa en la formación de los patrones lingüísticos y puede contribuir a modificarlos” (Gugenberger 2007: 25). De esa manera, a un tipo de red ‘asimilacionista’, es decir orientada hacia la interacción en la nueva lengua con miembros de la nueva sociedad, e incluso con personas del mismo origen, corresponde un desplazamiento de la L1 hacia la L2 y un cambio interno a los patrones lingüísticos de la L1; a un tipo de red ‘separada’, corresponde una interacción exclusiva con miembros del grupo originario sin la necesidad de adquirir el nuevo código; a un tipo de red ‘integrada’ corresponde un comportamiento lingüístico bilingüe volcado, por un lado, a la adquisición de la L2 para poder comunicarse con miembros de la nueva sociedad y, por el otro, a un alto nivel de mantenimiento de la L1 en situaciones de comunicación intra-étnicas. El resultado lingüístico en este caso se realiza a través del recurso a cada uno de los dos repertorios según la situación (cambio de código), o a través de una hibridación lingüística (mezcla de códigos). El último caso es la oscilación, es decir cuando el hablante pierde palautinamente la competencia en la L1 sin llegar a desarrollar una buena competencia en la L27.

Ahora bien, considerando fundamental el circuito en el que se integran los hablantes, hemos querido analizar los productos lingüísticos de un grupo de inmigrados peruanos y ecuatorianos en Milán a la luz de las características de las redes de interacción de los sujetos analizados. De esa manera, hemos creado un índice de integración formado por diferentes indicadores que permite medir el nivel de mayor o menor integración y verificar el comportamiento lingüístico en términos de mantenimiento, desplazamiento, alternancia o mezcla de códigos de cada hablante según las cuatro estrategias de aculturación.




  1. Aplicaciones metodológicas al caso de los hispanohablantes inmigrados en Milán

Después de haber enfocado los aspectos teóricos y metodológicos para el análisis del presente estudio, vamos a examinar el contexto migratorio hispanohablante a la luz de los modelos que hemos destacado arriba. La introducción sociológica nos ha permitido presentar el escenario migratorio hispanoamericano en Milán como una realidad no siempre cohesiva y caracterizada por una relativa dispersión en el territorio, una estructura, según el modelo de Milroy (1992), ‘de mallas anchas’, en la que hay que considerar también factores sociales de tipología diferente (la clase social, el sentido de pertenencia a la identidad etno-lingüística, etc.).

La hipótesis de partida es la creación de una variedad étnica de contacto entre italiano y español, cuyas variables lingüísticas dependen de los factores sociales que caracterizan el individuo en su red de interacción, y de factores más propiamente lingüísticos (la cercanía tipológica entre los dos códigos), que influyen en la formación de dicha variedad híbrida. Ahora bien, el objetivo de esta primera fase es comprobar el papel de cada individuo en los diferentes ámbitos de interacción de la vida cotidiana, exhibiendo un índice de integración de los hispanohablantes para correlacionarlo con el comportamiento lingüístico. El propósito es, entonces, analizar cuantitativamente el nivel de integración y de pertenencia a las redes, tratando de identificar la interdependencia entre la variación lingüística y aquellas variables que se presentan más proclives al cambio.

Las herramientas para la recolección de los datos son de dos tipos: por un lado, la grabación de entrevistas semi-estructuradas según un cuestionario que resultan muy útiles para conseguir tanto informaciones sobre los factores sociales, como un gran número de datos sobre los usos lingüísticos para el análisis cualitativo; por el otro, la observación directa y participada que permite obtener textos de habla espontánea en contexto natural, llegando, de esa manera, a explorar el mapa lingüístico de los hispanohablantes en Milán en su conjunto.

El cuestionario8, cuya transcripción sirve como corpus de referencia para el análisis lingüístico, se compone de sesenta y ocho preguntas que podemos resumir según los siguientes siete puntos:


  1. Biografía migratoria (origen, años de estancia en Italia, nivel de integración);

  2. Redes sociales (redes de apoyo, domésticas, laborales, en el tiempo libre);

  3. Relaciones con la comunidad étnica de pertenencia (participación en actividades religiosas, sociales o políticas internas a la comunidad);

  4. Repertorios lingüísticos de partida9 (usos lingüísticos en el país de origen);

  5. Uso del italiano (modalidad de adquisición de italiano L2, nivel de exposición y dominios de uso);

  6. Uso del español (nivel de mantenimiento en Italia y dominios de uso);

  7. Autoevaluaciones sobre el contacto lingüístico (mezcla de códigos, frecuencia y situaciones);

Los sectores del cuestionario que acabamos de presentar permiten agrupar los factores sociales que resultan fundamentales para la elaboración de un índice de integración basado, tanto en los modelos de referencia, como en indicadores nuevos que, en nuestra opinión, desempeñan una función relevante dentro del escenario sociolingüístico que nos ocupa. La finalidad de esta primera parte es verificar si a un tipo de red ‘integrado’, es decir más expuesta a la vida urbana de la nueva sociedad, corresponde un comportamiento lingüístico orientado al desplazamiento hacia el italiano, cuyo resultado es una variedad de español con rasgos marcados de hibridación con el italiano. Al contrario, nos proponemos verificar si a un tipo de red menos integrada y, consecuentemente, menos expuesta a la L2, corresponde un comportamiento lingüístico más conservador, sin rasgos innovadores procedentes del italiano.

Los indicadores seleccionados para la creación del índice son los siguientes:


  1. Vivir en Italia desde hace más de tres años y haber conseguido un trabajo con un horario definido (vs. haber llegado desde hace poco o tener un horario laboral las veinticuatro horas);

  2. Vivir con parientes o amigos exclusivamente de la misma nacionalidad (vs. haber creado un núcleo familiar nuevo en Italia, es decir, haber creado familias mixtas o en las que aparezca por lo menos un exponente de la segunda generación o de la generación intermedia);

  3. Trabajar con amigos o parientes exclusivamente de la misma nacionalidad (vs. trabajar en un ambiente en mayoría italiano o multiétnico);

  4. Relacionarse exclusivamente con personas del mismo país fuera del contexto doméstico (vs. relacionarse con italianos y personas de otras procedencias geográficas);

  5. Hablar, ver la televisión, leer libros o revistas en italiano (vs. presentar una exposición baja a la comunicación italiana);

El cumplimiento total de los criterios 1 y 5, y la falta de cumplimiento de los criterios 2, 3 y 4 corresponde a un inmigrado con una estructura de red social de tipo integrado. El caso contrario, en cambio, indica un tipo de inmigrado que suele moverse en un tipo de red aislada, es decir separada, en la que se presentan pocas posibilidades de interacción con la sociedad receptora. La dicotomía entre los dos tipos de estructura de la red nos remite al modelo de Milroy (1992) “red abierta/innovación” y “red cerrada/conservadurismo”, así como al modelo de Gugenberger (2007) “integración/desplazamiento lingüístico”, “separación/mantenimiento lingüístico”. Se supone, entonces, que a estos dos tipos de red corresponde un comportamiento orientado hacia la norma estándar en el primer caso, y otro orientado hacia la mezcla o la alternancia de códigos en el segundo caso. Ahora bien, atribuyendo una puntuación equivalente a 1 para todos los criterios cumplidos y 0 para todos los criterios no cumplidos, podemos medir cuantitativamente el nivel de integracion y relacionarlo con la presencia de interferencias italianas en la variedad de español hablada en el momento de la entrevista.





  1. La muestra: primeros resultados

El proyecto definitivo de la investigación se basa en un muestreo por cuotas que, para satisfacer los criterios de representividad, se acerca a unas cien entrevistas, de las que unas cincuenta dirigidas a adultos, y unas cincuenta a menores hispanohablantes de origen ecuatoriano o peruano.

Los primeros datos que vamos a presentar en esta contribución hacen referencia a una muestra de cincuenta hispanohablantes compuesta por 26 ecuatorianos y 24 peruanos, todos adultos de primera generación y actualmente residentes en la ciudad de Milán o en su provincia. A pesar de la variedad que caracteriza el aspecto generacional -los entrevisatdos tienen entre los 19 y los 55 años- no podemos afirmar lo mismo con respecto al género, siendo la mayoría de ellos, es decir el 84%, mujeres. Esto se debe al aspecto femenino de las migraciones latinas, que hemos destacado antes.

La mayor parte de nuestra muestra (66%) vive en Italia desde hace más de tres años. Como afirma Caravedo (1999: 119), la dimensión temporal desempeña un papel fundamental en el estudio de los fenómenos de evolución lingüística en contexto migratorio, debido a dos razones: la primera atañe más especificamente a la edad en el momento de llegar al nuevo país, puesto que es evidente que los hijos de los inmigrados (sean de la segunda generación, sean de la así llamada generación intermedia), si alfabetizados en italiano, gozarán de una relación privilegiada con el nuevo código con respecto a sus padres. Por este motivo el estudio se ha dividido entre adultos y menores. La segunda función temporal importante es la desempeñada por el número de años transcurridos en Italia: cuanto mayor es el tiempo que se pasa en el nuevo país, tanto mayores serán las posibilidades de integración por parte del inmigrado. Por lo que se refiere a la esfera laboral, el 14% no tiene un empleo, el 26% declara trabajar y al mismo tiempo vivir en casa del empleador, con lo cual se reduce el input hacia las relaciones externas y extra-laborales. Como se desprende de estos primeros datos, el indicador relacionado con los años de permanenica en Italia y la consiguiente inserción en el mundo laboral presenta una situación de integración general bastante alta.

Pasando a analizar las redes domésticas, el panorama resulta muy variado: si, como hemos visto antes, para el 26% de los entrevistados la red doméstica coincide con la red laboral y, más en general, con la de las relaciones sociales, el 32% vive en un ámbiente doméstico formado por miembros de la nueva sociedad o de otros países, o por menores que representan una herramienta de mayor exposición a la nueva sociedad y al nuevo código. El resto de los entrevistados, es decir el 40%, vive en núcleos familiares enteramente compuestos por coterráneos. A pesar de esto, cabe destacar que, entre los que caben en este porcentaje, el castellano no es el código exclusivo de interacción, encontrándose alternado con el italiano, incluso en redes domésticas de base étnica.

A diferencia del ámbito doméstico en el que, como es fácil de entender, se ven más consolidadas las redes y las relaciones étnicas, el trabajo es, sin alguna duda, uno de los campos en los que la integración de los hispanohablantes se manifiesta en mayor medida, y esto se debe sobre todo a la cercanía tipológica entre italiano y español que facilita, para los hispanohablantes, una inserción en el mundo laboral italiano quizás más rápida con respecto a hablantes de otros idiomas tipológicamente distantes. Sólo el 6% trabaja en un ambiente exclusivamente compuesto por hispanohablantes. El remanente 84% está representado por personas que trabajan con individuos de procedencias geográficas de tipo mixto o, en el caso paradigmático de la asistencia dómestica a ancianos, por personas que trabajan solas, lo cual puede implicar, según los casos, input hacia el nuevo código tanto altos, como restringidos10.

Por lo que se refiere a la esfera del tiempo libre, éste representa un factor importante como indicador de la participación en los acontecimientos sociales y recreativos que el espacio urbano ofrece a los ciudadanos. El objetivo, en este caso, es localizar la presencia de redes sociales multiétnicas y, al mismo tiempo, medir el nivel de multiplicidad de los clusters de cada individuo fuera del ámbito doméstico y del laboral. A través de las preguntas proporcionadas por el cuestionario es posible reconocer para cada entrevistado, bien la frecuencia con la que los hispanohablantes participan en reuniones, encuentros o fiestas organizadas por la comunidad de pertenencia, bien el nivel de multiplicidad de cada retículo: de una puntuación nula en el caso de sujetos que no frecuentan nadie más a parte de los pertenecientes al núcleo familiar y laboral, se pasa a valorar con una puntuación positiva la frecuentación de lugares de encuentro típicamente urbanos (parques, iglesias, etc.), así como la participación en eventos culturales, religiosos, sociales o políticos que, impulsando el asociacionismo y la agregación de las personas, representan un buen indicador de la integración del hablante en el nuevo contexto urbano. El panorama que deriva de la observación de los datos proporcionados por las entrevistas nos devuelve un cuadro interesante: aparte de un grupo reducido de hablantes que declara no tener amigos en Italia (8%), el resto se caracteriza por tener amistades de tipo mixto -en el 56% de los casos-, o exclusivamente latinas- en el 39% de los casos-. Por lo que se refiere a los ámbitos de encuentro, además, el 24% no suele tener relaciones sociales fuera del núcleo doméstico y laboral, mientras que el 76% de los entrevistados aprovecha de su tiempo libre para establecer relaciones sociales en el sector de la diversión (discotecas, comidas, encuentros entre amigos), de la religión, del deporte, del asociacionismo y del voluntariado.

El último indicador, el de la exposición a los medios de comunicación italianos, también se caracteriza por una puntuación alta, puesto que el 88% ve la televisión italiana y el 60% lee periódicos, libros o revistas en L2 con una frecuencia alta (a menudo o siempre).

A partir de estos primeros datos es posible notar de qué manera la muestra entrevistada, a pesar de ser de tamaño reducido, no se caracteriza por una fuerte cohesión y densidad de relaciones, como ocurre en las situaciones de aislamiento o segregación típicas de algunas comunidades inmigradas, sino más bien presenta cierta hetereogeneidad y dispersión de los retículos, hasta llegar a presentar casos de fuerte integración. Analizar la inserción de cada individuo dentro de la red social a la que pertenece, entonces, resulta indispensable para poder identificar el espacio comunicativo que lo rodea y para reconstruir el comportamiento lingüístico de cada hablante: esto nos permite localizar los factores que pueden resultar favorables para el desplazamiento hacia el italiano. El inmigrado crea y establece una red de relaciones en la sociedad receptora en ámbitos y con personas diferentes: en algunos casos, sobre todo por lo que se refiere a la vida recreativa y familiar, con personas de su mismo grupo etno-lingüístico, en otros casos, sobre todo en la esfera laboral, con representantes de la nueva sociedad o de otros grupos lingüísticos.

El panorama que hemos esbozado hasta aquí, entonces, nos lleva a suponer que los retículos sociales de los hispanohablantes que componen la muestra facilita el desplazamiento lingüístico hacia el italiano, impulsando un comportamiento plurilingüe. Cabe destacar que la variable dependiente relativa a la pregunta sobre la conciencia que el hablante tiene de mezclar las dos lenguas, con qué frecuencia y en cuáles situaciones comunicativas, confirma esta tendencia innovadora, resumida en el siguiente gráfico:



Como se puede notar, sólo un porcentaje muy bajo de la muestra logra mantener separados los dos sistemas lingüísticos y nunca o raramente ve su L1 afectada por interferencias del italiano. Un poco más de un cuarto de la muestra, es decir el 26%, declara tener la conciencia de mezclar los códigos con una frecuencia media, mientras que la mitad de los entrevistados, el 50% afirma encontrarse en situaciones de hibridación lingüística a menudo o siempre.

Con el fin de demostrar la creación de una variedad étnica de contacto, consideramos interesante notar de qué manera la conciencia de valerse de la alternancia o de la mezcla de códigos se manifiesta no sólo en contexto migratorio, sino también en el país de origen11. Muchos de los entrevistados admiten la dificultad, debida a la interferencia con el italiano, a la que a veces se enfrentan en la comunicación con amigos o parientes en Perú o Ecuador:


  1. I: ¿Sobre todo cuándo sueles mezclar las dos lenguas?

E: Por teléfono

I: ¿Por telefono?

E: Sí, sí, cuando hablo a mi país


  1. E: ¿En Ecuador le pasa también?

I: Sí, [má] muy poco, muy poquito.

E: ¿Por qué le sale automático, no? ¿Sin darse cuenta?

I: Sí, porque, si cuando uno trabaja, por decir, fuera de esto, no? De pronto no tiene nada que ver con la entrevista, no sé. Cuando uno está..., trabaja en conjunto con, por decir, con estas personas italianas y todo esto, eso se, se..., uno sin querer se, se pega un poco, no? Asimila muchas cosas de ellos. Y en el momento en el que yo fui, había dejado recién de trabajar, así que sólo era puro italiano, y en la que sólo hablábamos italiano, muy poco el español, porque había unos ciertos curiosos, [má] muy poco. Entonces yo iba allá y había una que otra palabra que se me salía, y otras que se las preguntaba a mi papá, a mi mamá, a mi esposa también le preguntaba cómo se decía la tal cosa. Pero fue así casual, [nón é ke], que yo...

De estos ejemplos se desprende de qué manera las situaciones comunicativas en las que los inmigrados hispanohablantes mezclan con más frecuencia las dos lenguas no se limitan a la esfera laboral, como parecería natural, sino que atañen a los diferentes ámbitos de la vida cotidiana. A los que han declarado mezclar los dos códigos, les hemos preguntado en qué situaciones les suele ocurrir con más frecuencia, dejando abierta la posibilidad de tener más opciones. El cuadro siguiente resume la tendencia relativa a la mezcla de códigos, describiendo el fenómeno como algo no limitado a las situaciones de interacción con los italianos, es decir relacionado con una fase de interlengua entre español e italiano imprescindible durante el proceso de aprendizaje de italiano L2 (Schmid 1994, Calvi 1995, Vietti 2005), sino más bien como la percepción de una variación y un desplazamiento interno a la L1, determinado por el contacto con el italiano, y frecuente en la interacción entre hispanohablantes:






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