Universidad Veracruzana maestríA en Salud, Arte y Comunidad


Justificación 1.1 Antecedentes



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1. Justificación

    1. 1.1 Antecedentes


Desde mediados del siglo pasado, sobre todo por conducto de los estudios de epistemología genética de Jean Piaget, la ciencia moderna, desde su interior, se percató que la fragmentación del saber puede conducir, si no está correctamente matizada, a que se pierda de vista el fin para el que ella debía, al menos inicialmente, servir: el bienestar de la humanidad en su conjunto. Tanto la filosofía como las artes habían recorrido, desde hace mucho tiempo, el camino de la crítica a las formas del conocimiento científico insistiendo en que ellas eran incapaces de otorgar un sentido plenamente humano a la lectura del gran libro del mundo. Tanto el sujeto como la relación que éste establecía con el objeto de su investigación, eran considerados prescindibles para aquellos que querían entregarse a descubrir las leyes de funcionamiento del hombre y de la naturaleza. Karl Popper matizó la tarea del científico empeñado en revelar leyes universales, sosteniendo que a lo que en realidad se dedicaba era tratar de demostrar provisionalmente el grado de verdad de ciertos postulados; Kuhn, por su parte, hacia énfasis en la naturaleza social de cualquier paradigma científico; Bachelard tuvo a bien precisar que la ciencia no puede ajustarse al saber que se desprende del sentido común y que debe, por eso, buscar su sentido en su propia metodología de trabajo, superando las evidencias inmediatas que se desprenden de sus demostraciones. Al mismo tiempo, los estudios de relatividad y mecánica cuántica que habían hecho convulsionar a la física clásica desde principios del siglo XX, parecían indicar que la dimensión subjetiva no pertenecía exclusivamente a las esferas de la poesía y del arte en general, sino tenía una relevancia objetiva en la construcción de la realidad. Finalmente lo que pretendemos aquí evidenciar a través de estas líneas iniciales, es la importancia que, en las últimas décadas, ha venido recuperando el sujeto, no solo en los terrenos de la filosofía y del arte, sino en el seno de la actividad científica y sus innumerables métodos disciplinarios, como parte imprescindible de la aventura del conocimiento.

En muchas universidades del mundo existen, desde hace tiempo, programas multi e interdisciplinarios que intentan responder a la desmesurada especialización disciplinaria típica de la tarda modernidad; pero un Programa como el presente, que vincula tan directamente a la salud con las artes y la comunidad, estableciendo además una estrecha colaboración entre tres continentes (añadiendo, de esa manera, la necesidad de ejercer un diálogo permanente que trascienda los horizontes socio-culturales de cada uno), es único en cada uno de los países donde se establecerá: México (Universidad Veracruzana), Francia (Universidad de Nantes) y Mali (Universidad de Bamako).

En la Universidad Veracruzana, en los últimos años, han nacido proyectos académicos que intentan responder a esta hiperespecialización, tanto en la teoría como en la praxis, como las Maestrías en Psicología comunitaria, en Artes Escénicas, en Estudios de la Cultura y en Estudios Transdisciplinarios para la Sostenibilidad.

Es importante señalar por último que la Dirección General de Relaciones Internacionales, en su afán de estimular programas académicos de carácter internacional de doble titulación, estuvo a cargo de las primeras etapas de este proyecto retomando la propuesta emanada de la Universidad de Nantes y que, después de un largo proceso en el que se involucraron la mayoría de las Áreas Académicas, el Área de Ciencias de la Salud, a través de su Facultad de Psicología, decidió asumir la responsabilidad del Programa. Por su parte, la Universidad de Nantes, a través de su Consejo de Relaciones Internacionales (CURI) aprobó la maestría el 16 de octubre de 2013.


    1. 1.2 Necesidades que el programa busca atender


El surgimiento de la Maestría1 en Salud, Arte y Comunidad (MISAC) obedece a la necesidad de atender integralmente la formación de profesionistas capaces de desempeñarse con competencia, pertinencia y sensibilidad, de superar la excesiva especialización y alcanzar una visión unificada del conocimiento por conducto de la metodología transdisciplinaria, la cual, en su base, aboga por una ética que anteponga a cualquier otro interés el bienestar de las personas y de las comunidades.

Este Programa pretende instalarse como un proyecto innovador acorde al estado actual del planeta: por una parte la visión del mundo como un espacio abierto y en comunicación constante, por otra la superación de una excesiva formación disciplinaria (se cuentan hoy en el mundo más de 8000 disciplinas según Nicolescu) y, finalmente, la comprensión de la realidad en múltiples niveles y desde múltiples perspectivas. Con base en la metodología transdisciplinaria, propuesta por el físico de origen rumano Basarab Nicolescu (2009), la Maestría busca establecer puentes entre los diversos conocimientos que contribuyan a hacer de cada persona, cualquiera que sea su condición y su procedencia, un sujeto creativo que aspire a un estado de bienestar personal y colectivo; de este contexto proceden las razones que cimientan la presencia de los tres ejes que le dan sustento: salud, arte y comunidad. En tal sentido este Programa sostiene que es necesario repensar, en un primer momento, y contrarrestar sucesivamente, la ausencia de vínculos sociales y culturales significativos en la atención y tratamiento de la enfermedad y de sus consecuencias más extremas como la muerte. Es innegable que la vida moderna y su medicina, han intentado ocultar sistemáticamente tanto a la enfermedad como a la muerte, tratándolas como un hecho exclusivamente limitado al individuo que la padece. De esa manera los lazos que en otros tiempos y lugares las mantenían unidas a la esfera social se han roto y, con ello, se han perdido todas aquellas prácticas rituales e incluso performativas (Seppilli, 1989) que permitían absorber colectivamente el dolor y la tragedia de la pérdida tanto para el enfermo como para su comunidad. Por consiguiente, para la Maestría en cuestión, la salud implica mucho más que la pérdida de la misma pues, como sostiene la medicina social, ella se configura como una experiencia de vida y debe atenderse todo lo concerniente a este delicado tema desde una praxis que vuelva a introducir saberes y actitudes no estrictamente médicas en los procesos de salud.

El perfil de salud/enfermedad en México está caracterizado por padecimientos aún enraizados en la pobreza, a la vez que se acumulan aquellos crónico-degenerativos llamados “enfermedades de la civilización”, cuando éstos corresponden más bien a un modelo de desarrollo basado en la expoliación tanto del ser humano como del ambiente. Esta preocupante situación (González y Ángeles, 2009) parece, hoy en día, irresoluble y rebasa ya las posibilidades presupuestales del sector salud, el cual enfrenta el dilema entre atender y mantener a un número creciente de personas con graves padecimientos, como por ejemplo la diabetes, la insuficiencia renal o el vih-sida, o ejercer recursos para prevenirlos.

En México contamos con un sistema de salud que atiende diferencialmente a distintos sectores de la población de acuerdo a sus posibilidades de inserción laboral. Es un sistema escasamente participativo que no escucha ni toma en consideración, por ejemplo, las concepciones y prácticas tradicionales de las comunidades de nuestro país, ni de otros saberes al respecto. Vivir y generar procesos humanos, comunitarios y planetarios viables, implica comprender y actuar de forma abierta, creativa y reflexiva respecto a nuestra relación con nosotros mismos y con el mundo en términos de atender y procurar un estado saludable que no sea simplemente el producto de una atención médica instrumental enfocada en la enfermedad. En este sentido se trata de rebasar la connotación que ha tenido la palabra “curar”, desde la intervención médica moderna, de “eliminar”, “limpiar” y “corregir” lo que “está mal” pues ella contiene la idea de que el cuerpo es una máquina y que existen relaciones causales simples tipo estímulo-respuesta. La idea que de eso se desprende es que estamos sanos cuando no estamos enfermos y de que somos seres cuasi-estables, y que una vez enfermos debemos luchar por recuperar el estado inicial “no-enfermo”. Esta visión deja poco espacio para considerar las dinámicas de auto-reparación de la célula y tejidos de los organismos, así como las co-determinaciones multivariables que están en la base de lo que los seres vivos somos en cada instante (Engelhardt, 1995). Esto implica que la condición ideal de “individuo sano” es algo que poco se corresponde con nuestra experiencia de vida personal, la cual a cada instante se nutre de muchos otros insumos que rebasan cualquier tipo de explicación causal.

Es fundamental aclarar que esta Maestría no intenta cubrir carencias en los tres ámbitos anteriormente señalados, ni generar nuevas disciplinas con la suma de una y otra, sino apunta a una re-modulación consciente, creativa y participativa de las actuales prácticas médicas en torno a la salud. Si aceptamos que una de las carencias en dicho ámbito es la falta de comprensión y empatía en la relación entre el médico y el paciente, también debemos reconocer que esto se debe, entre otras cosas, a la posición hegemónica que una visión reduccionista del saber está ejerciendo en la fragmentación del conocimiento y en aquella, sobre todo, de los propios servicios de salud como es ampliamente reconocido por los estudios de salud pública y por la rama más progresista de la medicina clínica. En el sector salud este hecho ha producido inconvenientes de toda índole debido a que, más que atender a la persona, se atiende a la enfermedad como si ésta existiese fuera de aquélla y de todo contexto social.

En tal sentido, la perspectiva creativa y humanista presente en la epistemología de las artes puede coadyuvar en la visión y orientación de acciones en torno a la salud. Desde luego que el arte, en sus múltiples manifestaciones, no está exento de las fuerzas de mercado que lo mueven en la dirección de responder a demandas de productos carentes de coherencia y armonía, pero cuando actúa con sentido profundo tiende a tomar en cuenta todos los aspectos de la realidad. En este sentido el arte representa una práctica de conocimiento no fragmentaria y no excluyente, por lo que se presenta como un importante recurso ante a la hiperespecialización y la eficiencia instrumental (en muchos casos ineficaz) de las praxis de intervención hegemónicas en el campo de la salud y, más en general, del saber.

En esta búsqueda de entretejer al arte con la salud se valora la capacidad de la primera de contribuir a restablecer coherencia y armonía en la vida de las personas, proporcionando aquella calidad humana esencial para la recuperación y promoción de la salud en su sentido más amplio.

Por otra parte, los valores en los que se sustentan las comunidades tienden a crear lazos que garantizan su permanencia y continuidad. Los sistemas asistencialistas a los que muchos gobiernos, empresas, universidades y organizaciones no gubernamentales han acudido hasta ahora, han demostrado su ineficacia en la atención de los problemas que las sociedades actuales padecen. De aquí la apremiante necesidad de formar profesionistas con capacidad de investigar in vivo incluyendo métodos de observación de si mismos.

Finalmente, al implementar esta Maestría, la Universidad Veracruzana se suma a otras iniciativas afines para construir un espacio que promoverá en el continente americano una nueva manera de concebir la atención, el cuidado y la regeneración creativa de la vida de las personas y de las comunidades.

    1. 1.3 Campo laboral


  • Instituciones de salud en todos los niveles (nacional, regional y local), realizando funciones tanto operativas como de planeación, organización y dirección.

  • Grupos técnicos inter, multi y transdisciplinarios en organizaciones civiles e instituciones públicas y privadas de salud.

  • Organismos nacionales e internacionales de planeación y diseño de políticas públicas.

  • Dependencias gubernamentales de planificación en salud, cultura y desarrollo comunitario.

  • Empresas y comunidades autogestionarias que requieran expertos para la realización y asesoría de planes estratégicos y en el diseño e instrumentación de intervenciones en el ámbito de la salud.

  • Instituciones públicas y privadas de nivel superior con programas de salud, docencia, investigación, vinculación y gestión en el campo de conocimiento del Programa.

  • Organizaciones civiles y comunidades autogestionarias


2. Fundamentación


La transdisciplinariedad (Nicolescu, 2009) es la base metodológica de la Maestría por abocarse al estudio y a la generación de alternativas que atiendan las problemáticas concernientes a la sociedad contemporánea, re-introduciendo tanto al sujeto como al objeto no solamente como observador y observado respectivamente, sino como formas de existencia que viven y obran en un universo multidimensional y multireferencial. Esta perspectiva no elimina el campo disciplinario, se sitúa más bien entre, a través y más allá de las disciplinas, haciendo de la atención plena del sujeto, de la opción ética y del diálogo, los tres pilares necesarios a la adquisición de cualquier conocimiento. Su diferencia con la multi e interdisciplinariedad, como con otras propuestas transdisciplinarias, reside en tres axiomas: ontológico (los Niveles de Realidad), lógico (el Tercero incluido) y epistemológico (la Complejidad).

(1) Los niveles de realidad, metáfora de un universo discontinuo en constante estado de comunicación, nos acercan a lo inefable de la experiencia del conocimiento, pues no existen leyes absolutas que apunten a una realidad única e independiente de nuestro ser en el acto de vivir.

(2) El tercero incluido, es la incorporación dentro del dialogismo, de un tercer elemento siempre presente que posibilita la comprensión reciproca sin la necesidad de eliminar a ninguno de los elementos.

(3) La complejidad apunta a una idea de humanidad que permanece atenta a la no linealidad de la experiencia cotidiana: nos coloca ante lo desconocido, lo inasible, y de manera especial ante la incertidumbre.

Por todo lo anterior, la noción de salud que la Maestría propone, implica un ejercicio no interrumpido de cuidado, de acompañamiento afectivo y creativo, pero sobre todo participativo donde el principio de inclusión y las práctica multi-experiencial propias del arte, estén presentes. El arte, en sus distintas manifestaciones (la pintura, la literatura, el teatro, la danza, la música, la fotografía y el cine, entre otras) y desde tiempos inmemoriales, ha acompañado los procesos de salud-enfermedad comunitarios; sin embargo, alejado de su sentido comunitario, se convierte solo en un medio de consumo que es suministrado igualmente como un placebo para quienes están en condiciones de sufragarlo.

La salud en el contexto de la vida cotidiana es más significativa en su armoniosa manifestación tanto fisiológica como psicológica, misma que en mucho depende de los insumos que han sobrevalorado lo material por sobre lo espiritual. El arte, en la perspectiva de la complejidad y la transdisciplinariedad, establece vínculos con las tradiciones y convive con el desarrollo tecnológico recuperando la vida en su integralidad de fenómeno existencial. La emoción profunda y vívida del sujeto juega aquí un papel esencial. Ella, siguiendo a Varela (1985), es un fenómeno biológico que pertenece a la relación; es desde la emoción que ocurre todo el vivir animal y humano, por lo tanto el ser y hacer de las personas se manifiesta en su emocionar, o sea en el fluir de sus emociones; también en la energía presente en todos los procesos de la vida y que, por su carácter generador, tiene especial importancia para la creación. Revalorar entonces el papel del cuerpo, de la sensibilidad, de lo imaginario es una operación fundamental para acercar los ámbitos de la salud y el arte, del “sujeto” y el “objeto”, del pensamiento y la experiencia. En este sentido general la transdisciplinariedad se manifiesta como una actitud ética de apertura y diálogo, pero además cobra un aspecto relevante en el marco de la experiencia de este Programa por ser un esfuerzo de comprensión entre diversas culturas, en este caso las africanas, las europeas y las americanas.



Por lo tanto, la demanda para profesionistas como los egresados de la Maestría, surgirá no solamente en el ámbito académico y en los sistemas de salud en general, sino en comunidades autogestionarias, organizaciones civiles, gobiernos y empresas locales y globales. Por ser un Programa pionero e innovador gracias a su visión integradora y a su metodología, sus Líneas de Generación y Aplicación del Conocimiento (LGAC) serán también de nueva creación, si bien basadas en las experiencias de los propios investigadores que constituyen su Núcleo Básico.
    1. 2.1 Misión


Formar investigadores(as)/profesionistas capaces de encarar los desafíos del mundo contemporáneo planteando alternativas para la salud y el bienestar de las personas y las comunidades con ética de servicio y actitud transdisciplinaria.
    1. 2.2 Visión


Es un programa consolidado de formación e investigación a nivel nacional e internacional con proyectos que contribuyen a cultivar las cualidades del vivir, que están en la base de la salud y la sustentabilidad humana, al promover procesos integrales de atención y cuidado, personales y comunitarios.



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