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Primera hipótesis
Nuestra primera hipótesis es que cuando se dé un texto a los participantes en el que se relate que la discriminación a los obesos es muy frecuente se producirá un descenso de la autoestima. Por el contrario, cabe esperar que en la condición de no discriminación la autoestima sea más alta. Esto será así, dado que la literatura revisada pone de manifiesto que cuando se hace saliente a un miembro de un colectivo estigmatizado, como puedan ser los obesos, que su grupo sufre discriminación, y por ende él mismo puede acabar padeciéndola, el bienestar psicológico de la persona que lee ese tipo de información se ve claramente afectado. Como hemos visto tanto en Jetten y cols. (2001) como en Schmitt y cols. (2003) el hecho de presentar una información relativa a la discriminación que sufre el grupo minoritario tiene un efecto directo en el bienestar subjetivo de las personas pertenecientes a esos colectivos devaluados (como eran las personas con piercings y las mujeres).
Segunda hipótesis
También se desprende del modelo Rechazo-Identificación que la percepción de la discriminación llevará asociada una mayor hostilidad hacia las personas que les rechacen. Según hemos visto la discriminación que llevan a cabo los grupos dominantes genera que las personas que pertenecen a colectivos discriminados acaben sintiendo agresividad hacia esas personas que les marginan. Por lo tanto, nuestra segunda hipótesis es que en la condición de discriminación alta la hostilidad hacia el grupo dominante (personas delgadas) será mayor que para el grupo de discriminación rara o infrecuente. Así, en el grupo de discriminación baja la hostilidad que se pueda llegar a sentir hacia el grupo dominante será mucho menor. Realizamos esta predicción puesto que en el trabajo de Branscombe y cols. (1999) se argumenta que la percepción de discriminación hacia el propio grupo, y que por consiguiente puede acabar afectándoles a ellos, suele llevar asociado un incremento de la agresividad que se siente hacia esos grupos que discriminan o excluyen. Todos los trabajos reseñados encuentran una correlación positiva entre discriminación grupal y aumento de la hostilidad hacia el exogrupo dominante.
Tercera hipótesis
De este mismo modelo también se desprende que el hecho de identificarse con el grupo de los obesos puede estar positivamente relacionado con el bienestar psicológico. Como hemos visto el hecho de sentirse unido a los miembros de un grupo que se encuentra rechazado por la sociedad ayuda a sobrellevar las situaciones de discriminación. Por lo tanto, la tercera hipótesis de nuestro trabajo es que cuando nuestros participantes tengan una identificación grupal alta con el colectivo de los obesos tendrán una autoestima más elevada en la condición de discriminación frecuente. Por contra aquellos sujetos con identificaciones grupales más bajas sufrirán una merma en su autoestima mayor cuando lean una información referida a que la discriminación dentro de su grupo es alta. La hipótesis se ha formulado en esos términos porque según el citado trabajo de Brancombe y cols. (1999) la única manera que tienen los grupos devaluados para salir adelante ante las situaciones de rechazo es unirse aún más a los grupos a los que pertenecen a pesar de que están siendo discriminados. El modelo de Rechazo-Identificación predice pues que en las situaciones de discriminación los miembros de colectivos desfavorecidos acaban teniendo una mayor identificación grupal, ya que sólo a través de la unión con otras personas de su misma condición podrán acabar con esas desigualdades.
Cuarta hipótesis
Según los resultados de este modelo de Rechazo-Identificación las personas que perciben que la discriminación hacia los miembros de su grupo es en cierto modo legítima (o al menos puede ser justificada con algún tipo de razón medianamente lógica) sufren de una menor autoestima que aquellas personas que creen que el rechazo que viven es completamente ilegítimo e injusto. Por lo tanto, según los estudios revisados nuestra cuarta hipótesis es que cuando la discriminación se vea como legítima o justa (v.g.: pensar que las personas obesas no pueden realizar igual de bien por temas de peso algunos trabajos y en esos casos perciben como algo justo que se les rechace para ciertos puestos) la autoestima se verá mas afectada que cuando ese rechazo se perciba como injusto o no legítimo (v.g.: ser discriminado para un puesto de trabajo en el que el hecho de ser obeso no influya negativamente en el desempeño del puesto). Creemos que esta predicción se confirmará puesto que las citadas investigaciones realizadas al respecto (Schmitt y cols. 2003) ponen de manifiesto que la discriminación solamente es dañina para las personas de colectivos desfavorecidos cuando el rechazo se percibe como justo o legítimo. Es decir, que lo se encuentra en la literatura es que las personas que pertenecen a grupos devaluados sólo sufren una merma en su bienestar psicológico cuando creen que la discriminación se debe a su propia culpa (ej: que no son capaces de hacer igual de bien un trabajo como los miembros del exogrupo). Por el contrario, cuando creen que la discriminación es ilegítima o injusta (ej: tienen menos oportunidades ya que en la sociedad hay presentes estereotipos hacia su grupo) la percepción de ese rechazo no llevará asociada ningún tipo de disminución de la autoestima.
Por lo tanto, el objetivo de este segundo trabajo es comprobar si las predicciones del modelo de Rechazo-Identificación son aplicables o no para un grupo estigmatizado como son los obesos. La idea se incluir variables de corte psicosocial, como las mencionadas por el grupo investigador de Branscombe, para predecir el bienestar psicológico de las personas con sobrepeso persigue el objetivo de explicar algunas de las discrepancias encontradas en diversos trabajos sobre autoestima y depresión dentro este colectivo (Miller y Downey, 1999; Ohayon ,2007; Rosmond y Björntorp, 2000; Wadden, Foster, Stunkard y Linowitz, 1989). El hecho de incluir tan sólo variables de corte médico o fisiopatológicas parece no tener éxito a la hora de explicar por qué algunas personas obesas sufren de una autoestima más baja mientras que otros, con pesos similares, tienen una salud psicológica aceptable. Para ello hemos optado por una metodología experimental, en base al trabajo de Schmitt y cols (2003), ya que de esta manera se podrá establecer claramente que las variables psicosociales tiene un efecto directo sobre el bienestar psicológico de las personas obesas. Las conclusiones que se obtengan de este estudio tendrán evidentemente repercusiones sobre la práctica clínica puesto que si se demuestra el lazo de unión entre lo psicosocial y el bienestar, sería aconsejable que este tipo de variables fueran tenidas en cuenta para futuras evaluaciones de las personas aquejadas de obesidad. Así, a la hora de evaluar el impacto de la obesidad además de analizar su importancia desde un punto de vista médico (posibles patologías asociadas) también convendría vincular a dicho procedimiento la consideración de los elementos más sociales (principalmente en qué medida el sobrepeso puede estar produciendo que el paciente se sienta discriminado).
Como hemos mencionado, este segundo estudio tiene por objetivo el seguir indagando en las relaciones entre lo social y lo psicológico en el grupo de los obesos. En el primer caso se optó por realizar un trabajo de corte correlacional para comenzar a explorar esas relaciones, y dado que los resultados fueron alentadores, en esta segunda investigación seguimos analizando los nexos de unión entre ambas áreas. También hemos optado por cambiar la muestra ya que en vez de decantarnos por trabajar con personas pertenecientes a colectivos de obesos (asociaciones como OBECAN o ASOFE) en esta ocasión hemos pedido a pacientes del Hospital Clínico San Carlos de Madrid a título individual, así como del Centro de Atención Especializada de la Avenida de Portugal, que cumplimenten nuestros cuestionarios. La selección de muestras tan diferentes de obesos tiene como objetivo ver las diferencias en identificación grupal ya que es razonable suponer que la unión con el grupo de las personas con sobrepeso sea mucho mayor en aquellos participantes que pertenecen a movimientos asociativos. Así, en este segundo estudio nos interesa analizar cómo personas que no participan en redes de tipo más social son capaces de sobrellevar las situaciones de discriminación y prejuicio.
Por último interesa mencionar que nuestro trabajo se ubica dentro de un marco mas general de investigaciones que estudian variables de corte psicosocial (Carr y Friedman, 2005) para explicar las diferencias en bienestar psicológico en las personas aquejadas de obesidad. Por ello en el primer estudio tratamos de probar si las predicciones del modelo de Crocker y Major (1989) se cumplían o no para el grupo de los obesos y por esa razón en este segundo estudio tratamos de ver si las afirmaciones del modelo de Rechazo-identificación son aplicables para el colectivo de las personas con sobrepeso.
4.2. Método
4.2.1. Diseño
En nuestro estudio se manipuló la VI discriminación, con dos niveles: baja discriminación (se suministró a los obesos información relativa al hecho de que la sociedad actual existe poca discriminación), discriminación alta (se suministró a los obesos información relativa al hecho de que la sociedad actual existe mucha discriminación). Como VIs de criterio trabajamos tanto con la legitimidad como con la identificación que se midieron antes de realizar la manipulación experimental para que de este modo no se vieran afectadas por el texto que los participantes debían leer.
Como VDs de nuestro estudio utilizamos, en primer lugar, la hostilidad hacia el exogrupo ya que según el modelo de Rechazo-Identificación el hecho de verse discriminado genera agresividad hacia las personas que les rechazan. En siguiente lugar, trabajamos con la autoestima para medir el bienestar psicológico (Rosenberg, 1989). Como novedad también se incluyó un ítem para medir satisfacción con la vida como otra forma alternativa de medir la salud emocional de los participantes (Veenhoven, 2004) y por último un pequeño cuestionario para medir cómo se perciben los participantes en el ambiente laboral. Esta escala fue incluida ya que la manipulación experimental acerca de la discriminación hacía referencia a un contexto profesional y queríamos observar cómo influía la lectura del texto en la percepción de las propias habilidades laborales. Estos ítems hacen referencia a en qué medida se perciben los participantes como competentes en la habilidad sobre la cual se les discrimina (Pelhann y Swann, 1989).
4.2.2. Muestra
La muestra estuvo compuesta por 110 pacientes del Hospital Clínico San Carlos y del Centro de Atención Especializada Avenida de Portugal. Del total de participantes en nuestro estudio 83 eran mujeres y 27 hombres. La media de edad de nuestros sujetos fue de 41.45 (D.T. = 13.87). El Índice de Masa Corporal (IMC) medio fue 39.89 (D.T. = 8.38).
4.2.3. Procedimiento
A las personas que se ofrecieron voluntarias para formar parte de la investigación se les dio un pequeño cuestionario para rellenar dentro de la misma consulta del endocrino. Para evitar los problemas derivados de la extensión del anterior cuestionario, en este caso se optó por realizar un cuestionario muy breve y que pudiera ser cumplimentado por los propios obesos dentro de la propia consulta (ver Anexo 2).
El médico indicaba a los participantes que se trataba de un estudio que trataba de analizar la situación personal y social que viven los obesos y posteriormente los pacientes acudían a una pequeña sala anexa a la consulta del endocrino. Allí, el investigador principal del estudio ayudaba a los sujetos para cualquier duda que pudiera surgir durante la realización del cuestionario.
Antes de introducir la manipulación experimental, los participantes rellenaban una escala de identificación con el grupo y otra de legitimidad de la discriminación para evitar que la información que iban a leer afectara a estas medidas.
En la condición de discriminación alta los participantes leyeron un texto similar al de Schmitt y cols. (2003) pero adaptado al contexto de la investigación:
La discriminación laboral a los obesos es muy frecuente. Según el periódico “Economía y Sociedad”, las personas obesas sufren de discriminación a la hora de encontrar trabajo o en el salario. El citado artículo pone de manifiesto que los salarios de las personas delgadas y con sobrepeso son diferentes, encontrando que las personas más delgadas reciben un salario superior al de los obesos (en torno a un 10% más). Por otro lado en el mismo artículo se comenta que para las personas el exceso de peso supone una barrera para acceder al empleo, encontrando tasas de paro más altas en el grupo de las personas obesas (este grupo sufre un 15% más de paro).
En la condición de no discriminación los participantes leyeron un texto similar al siguiente:
La discriminación laboral a los obesos es prácticamente inexistente. Según el periódico “Economía y Sociedad”, las personas obesas no sufren de discriminación a la hora de encontrar trabajo o en el salario. El citado artículo pone de manifiesto que los salarios de las personas delgadas y con sobrepeso son prácticamente similares, encontrando que las personas más delgadas reciben un salario igual al de los obesos. Por otro lado en el mismo artículo se comenta que para las personas el exceso de peso no supone ningún tipo de barrera para acceder al empleo, encontrando tasas de paro similares en ambos grupos.
Después de realizar esta manipulación experimental se pidió a los participantes que pensasen en alguna situación en la que la información referida en el texto hubiera estado presente en sus vidas para de este modo reforzar más el hecho de que los sujetos pensasen en la discriminación. Después los participantes rellenaban el resto del cuestionario.
Una vez finalizada la participación de los sujetos en el experimento, el investigador principal realizaba un pequeño debriefing para explicar los objetivos del trabajo e indicar que la información suministrada fue creada con fines de investigación.
4.2.4. Instrumentos
Para medir si la manipulación se realizó correctamente o no, se utilizaron los dos ítems del estudio de Schmitt y cols (2003): “¿Qué porcentaje de personas delgadas crees que posee actitudes negativas hacia los obesos?” (escala de 0 a 100% con incrementos del 10 %) y “¿Esperas recibir en el futuro algún tipo de discriminación laboral por tu peso? “ (en una escala del 1, casi seguro que no, al 6, casi seguro que si). Así mismo, nuestros participantes respondieron a una serie de ítems que medían si percibían que en su vida cotidiana sufrían experiencias de discriminación. Los participantes rellenaron los 4 ítems de la escala de experiencias de discriminación percibidas (Branscombe y cols., 1999). Las preguntas hacían referencia tanto a ellos individualmente (2 ítems), como a su grupo (2 ítems). En el Cuadro 13 pueden verse los ítems.
Cuadro 13: Escala de experiencias de discriminación

Nombre del cuestionario

Escala de experiencias de discriminación percibidas

Fiabilidad

= .85

Ítems


1. Creo que tengo menos oportunidades en la vida por mi peso.

2. Pienso que estoy en igualdad de condiciones con respecto a una persona delgada. (I)

3. Creo que los obesos como grupo tenemos menos oportunidades en la vida que el grupo de los delgados.

4. Pienso que el grupo de los obesos estamos en igualdad de condiciones con respecto al grupo de los delgados. (I)

Escala

1 (completamente en desacuerdo) a 6 (completamente de acuerdo)

Para medir la ilegitimidad de la discriminación se utilizaron dos ítems de creación propia: “Discriminar a los obesos en el trabajo es injusto” y “Creo que es lógico que los obesos sufran discriminación en el entorno laboral” (escala de 1, muy en desacuerdo, a 6, muy de acuerdo). La baja fiabilidad ( < .50) de la escala ha hecho que nos decantemos por trabajar de manera aislada con cada uno de los ítems.


Los participantes también respondieron a una escala para medir la identificación con el grupo. Para medir este constructo utilizamos la sub-escala de Luhtanen y Crocker (1992) de autoestima colectiva privada como se puede ver en el Cuadro 14.
Cuadro 14: Escala de Identificación con el grupo

Nombre del cuestionario

Escala de Identificación con el grupo

Fiabilidad

= .86

Ítems

1. Suelo renegar del grupo de los obesos al que pertenezco. (I)

2. En general estoy orgulloso de pertenecer al grupo de los obesos.

3. No siento que sea algo positivo pertenecer al grupo de los obesos.(I)

4. Me siento bien al pertenecer al grupo de los obesos.

Escala

1 (completamente en desacuerdo) a 6 (completamente de acuerdo)

Los participantes también respondieron a una escala para medir la hostilidad que se tiene hacia el exogrupo (personas delgadas). La escala está basada en el trabajo de Branscombe y cols. (1999) y los dos ítems se respondían en una escala del 1 (completamente en desacuerdo) a 6 (completamente de acuerdo). Los dos ítems fueron los siguientes: “Cuando veo gente que me discrimina por mi peso, no puedo evitar pensar cosas malas sobre ellos” y “No siento hostilidad hacia las personas que me discriminan por mi peso” (I). Dado que el alpha de Cronbach se encontraba por debajo de .50 optamos por trabajar de forma individual con los ítems.


También respondieron a la pregunta “¿En qué medida crees que tu sobrepeso afecta a tu vida cotidiana?” para comprobar si la obesidad de los participantes afectaba a su día a día o no y en qué medida esta variable afectaba a su bienestar psicológico.

Otras variables de nuestro estudio fueron la autoestima, la satisfacción y los auto-atributos. Utilizamos una escala de autoestima (Chorot y y Navas, 1995; Rosenberg, 1989) en su versión española (ver Cuadro 15). Para medir satisfacción usamos el ítem de Veenhoven (2004) en el que se pregunta a los participantes “¿Hasta qué punto estás satisfecho o insatisfecho con tu vida como un todo?” (escala de 1, insatisfecho, a 6, satisfecho). Por último para medir los auto-atributos los participantes rellenaron el cuestionario SAQ relativo a las habilidades laborales (Pelham y Swann, 1989) (ver Cuadro 16). La fiabilidad de la escala de este último cuestionario se encuentra por debajo de .50 por lo que nos decantamos por trabajar con cada ítem de manera aislada, evitando de este modo la agrupación.


Cuadro 15: Escala de Autoestima

Nombre del cuestionario

Escala de Autoestima

Fiabilidad

= .85

Ítems


1. Siento que soy una persona digna, al menos igual que los demás.

2. Siento que tengo un gran número de cualidades.

3. Siento que soy un fracaso. (I)

4. Estoy capacitado para hacer las cosas igual de bien que el resto de la gente.

5. Siento que no tengo muchas cosas de las que estar orgulloso. (I)

6. Tengo una actitud positiva hacia mí mismo.

7. En general estoy satisfecho conmigo mismo.

8. Me gustaría sentir más respeto por mí mismo. (I)

9. Algunas veces me siento inútil. (I)

10. Algunas veces pienso que no soy tan bueno como el resto. (I)

Escala

1 (completamente en desacuerdo) a 6 (completamente de acuerdo)

Cuadro 16: Cuestionario SAQ



Nombre del cuestionario

Cuestionario SAQ

Fiabilidad

= .33

Ítems


1. ¿Cómo crees que son tus habilidades laborales?

2. Cómo de importante son para ti las habilidades laborales

3. Con respecto a las habilidades laborales, evalúa como sería tu “yo mismo ideal”, es decir, la persona que sería si fueras exactamente como te gustaría ser:

Escala

A (poco) a J (mucho)

Por último, nuestros participantes contestaron una serie de cuestiones sobre variables sociodemográficas, como el sexo, nivel de estudios, provincia de residencia o tipo de trabajo.


También se obtuvo información relativa al peso y la altura de los pacientes para posteriormente calcular el Índice de Masa Corporal (IMC). Del mismo modo los pacientes suministraron información relativa a las posibles comorbilidades asociadas a la obesidad (ej: diabetes, hipertensión, etc.) para controlar el posible efecto de una salud deficiente en el bienestar psicológico.
4.3. Resultados
4.3.1. Análisis exploratorio
Al tratarse de una muestra clínica la mayoría de nuestros participantes presentaban diversas patologías asociadas al exceso de peso (las comorbilidades de las que se hablaron en el punto 2.1.). En general, a la gran mayoría de nuestros participantes el exceso de peso les suponía algún tipo de impedimento para su vida cotidiana. Por ejemplo, ante la pregunta de en qué medida el sobrepeso les afectaba para su transcurrir diario la media de respuestas de nuestros sujetos fue de 3.99 (en una escala de 1 a 6), con una D.T. de 1.60. Por otro lado, atendiendo a su historial clínico nuestros participantes tenía una media de 1,08 enfermedades (D.T. = 1.22). Entre las enfermedades que tenían los pacientes destacan las siguientes: hipertensión (29.2%), colesterol (23.7%), diabetes (14.3%), dolores musculares y de huesos (16.1%), apnea del sueño (8.9%) y artrosis (6.5%).
La gran mayoría de los sujetos participantes en nuestra muestra posee tan sólo estudios primarios (47%). Del resto, el 30.4% ha completado estudios secundarios y el 22.6% tiene estudios universitarios. En lo que respecta a su situación profesional, en nuestra muestra hallamos un porcentaje de 66.8% de trabajadores en activo. De las personas que no trabajan en el momento de realizar el estudio, el 29.4% se encuentran en paro y el 3.8% son pensionistas. De las personas que trabajan la gran mayoría son fijos en sus puestos (46.9%), frente al 18.1% que poseen contratos de tipo eventual. Tan solo un 1.9% de personas de nuestra muestra era autónomo.
También encontramos que el Índice de Masa Corporal (IMC) y el número de enfermedades, índices objetivos para medir la salud dentro del colectivo de los obesos, no presentan ningún tipo de correlación significativa con la satisfacción o la autoestima en nuestros participantes (ver Tabla 9). Por el contrario cuando se les pregunta a los participantes sobre en qué medida su peso les afecta al día a día (malestar subjetivo), ese ítem si que presenta correlaciones altas y negativas con el bienestar psicológico (medido a través de la autoestima y la satisfacción vital).
Tabla 9: Correlaciones entre IMC, enfermedades, afección de la obesidad, autoestima y satisfacción vital

Correlaciones

1

2

3

4

5

1. IMC

-

-

-

-

-

2. Enfermedades

-.07

-

-

-

-

3.Malestar subjetivo

.12

.20

-

-

-

4. Autoestima

-.07

-.07

-.36*

-

-

5. Satisfacción

.01

-.11

-.46*

.46*

-

Media

39.89

1.08

3.99

4.58

4.30

D.T.

8.38

1.22

1.60

.90

1.23

* p < .01
4.3.2. Control de la manipulación
Para comprobar que la manipulación experimental se había hecho adecuadamente se optó por realizar un ANOVA de un factor, con la saliencia de la discriminación (discriminación baja vs alta) como variable independiente y con el ítem sobre qué porcentaje de personas delgadas poseían actitudes negativas hacia los obesos como variable dependiente. La manipulación experimental se realizó de forma satisfactoria puesto que es en la condición de discriminación alta donde los participantes estiman en mayor medida que las personas delgadas poseen actitudes negativas hacia los obesos (70%) frente a la condición de discriminación baja en el que el porcentaje es mucho menor (48%). Las diferencias halladas son estadísticamente significativas (F(1,109) = 8.53, p< .01).
También se realizó un ANOVA, con la saliencia de la discriminación como factor y con el ítem sobre si creía que recibiría algún tipo de discriminación laboral en el futuro como variable dependiente. Se comprueba que la manipulación experimental se realizó de forma satisfactoria puesto que es en la condición de discriminación alta donde los participantes estiman en mayor medida que es más probable que en el futuro reciban algún tipo de discriminación laboral por su peso (M = 3.54) frente a la condición de discriminación baja en la que la percepción de una posible discriminación futura es mucho menor (M = 2.59). Las diferencias halladas son estadísticamente significativas (F(1,109) = 7.39, p < .01)
También se realizó un ANOVA de un factor con las dos condiciones experimentales como VI y la percepción de la discriminación individual como VD. Hallamos que cuando se hace saliente a los participantes que la discriminación a los obesos es alta, la percepción de rechazo es mucho mayor (M = 4.72) que cuando se les dice que la discriminación es baja (M = 2.79). Las diferencias halladas son estadísticamente significativas (F(1,109) = 87.65, p < .01). El mismo resultado se halla cuando las preguntas son referidas al grupo de los obesos: en la condición de discriminación alta la puntuación que se tiene en la escala sobre el rechazo al grupo de los obesos es más alta (M = 4.79) que cuando se les da un texto donde se les dice que la discriminación a las obesos en el trabajo es baja (M = 3.63). De nuevo las diferencias son estadísticamente significativas (F(1,109) = 23.02, p < .01). Por lo tanto, en función de nuestros resultados podemos concluir que la manipulación experimental fue realizada de forma correcta.
4.3.3. ANOVAs de bienestar psicológico
A continuación se realizó un ANOVA de un factor con la autoestima como variable dependiente y la saliencia de la discriminación como variable independiente para comprobar si la manipulación hacía mella o no en el bienestar psicólogico de los participantes. Hallamos que cuando se hace saliente a los participantes que la discriminación a los obesos es alta, la autoestima de éstos es bastante menor (M = 4.32) que cuando se les presenta una información en las que se les informa que la discriminación es rara e infrecuente (M = 4.82). Las diferencias halladas son estadísticamente significativas (F (1,109) = 8.76, p < .01). Por lo tanto, de acuerdo con los resultados obtenidos podemos seguir sosteniendo la hipótesis de que la saliencia de la discriminación afecta a la autoestima de los grupos estigmatizados.
También se realizó un ANOVA de un factor con la satisfacción como VD y de nuevo la saliencia de la discriminación como VI para comprobar si la manipulación en esta caso afectaba o no a esta variable. Hallamos que cuando se hace saliente a los participantes que la discriminación a los obesos es alta la satisfacción de éstos es menor (M = 4.19) que cuando se les presenta una información en las que se les relata que la discriminación es casi inexistente (M = 4.39). Las diferencias halladas sin embargo no son estadísticamente significativas (F(1,109) = 0.68, p > .05).
Por lo tanto, sólo podemos seguir sosteniendo nuestra primera hipótesis para la autoestima puesto que para el caso de la satisfacción no hemos hallado que la merma en el bienestar psicológico por medio de hacer saliente la discriminación sea estadísticamente significativa (si bien la tendencia va en la línea de lo predicho).
4.3.4. ANOVAs con hostilidad y habilidades laborales
En siguiente lugar, se realizó otro ANOVA con la saliencia de la discriminación de nuevo como VI y los dos ítems de hostilidad hacia el grupo discriminador como VD. Trabajamos con estos dos ítems por separado, porque como mencionamos en el apartado de instrumentos, la fiabilidad de la escala era baja. Así, el primero de los ANOVAs reveló que cuando se hizo saliente a los participantes la discriminación sufrida por su colectivo, los obesos de nuestra muestra tenían más sentimientos de índole negativa hacia el grupo de los delgados (M = 3.75) que cuando se proporcionaba una información de signo contrario (M = 3.10). Las diferencias halladas son marginalmente significativas (F(1,109) = 3.05, p = .08). Por otro lado, hemos hallado, mediante el segundo ANOVA realizado, que las personas del grupo de discriminación baja sienten menos hostilidad hacia las personas delgadas (M = 3.27) que los participantes que leían información acerca de la discriminación que sufre el colectivo (M = 3.87). De nuevo las diferencias halladas son marginalmente significativas (F(1,109) = 2.95, p = .08). Por lo tanto, es posible seguir manteniendo la hipótesis de que la discriminación aumenta la hostilidad que se siente hacia los grupos que les rechazan, si aceptamos niveles marginales de significación.
Para comprobar en qué medida la lectura del texto sobre discriminación afectaba a las habilidades laborales de los participantes se realizó un ANOVA con la saliencia de la discriminación como VI y la escala de auto atributos profesionales como VD. De nuevo, trabajamos con los 3 ítems por separado al ser la fiabilidad de la escala baja. Los resultados ponen de manifiesto que el hecho de hacer saliente la discriminación hace que los participantes perciban que sus habilidades son inferiores a las de las personas delgadas (M = 5.82 vs M =6.53 en condición de baja discriminación) y que asuman que sus habilidades laborales se encuentran lejos de su ideal (M = 6.37 vs M =7.28 en condición de baja discriminación). Por el contrario, cuando se les indica que la discriminación es rara o infrecuente los participantes puntúan más alto en los dos ítems mencionados sobre percepción de la propia competencia laboral. Las diferencias halladas fueron estadísticamente significativas (F (1,109) = 6.49, p < .01 y F(1,109) = 3.98, p < .01, respectivamente). Sin embargo cuando se preguntaba a los participantes si sus habilidades laborales eran importantes para ellos o no, la manipulación experimental no afectó a sus respuestas ya que la media de sus respuestas en la condición de alta discriminación (M = 8.35) era prácticamente idéntica a la de la condición de baja discriminación (M = 8.34) por lo que las diferencias no fueron estadísticamente significativas (F(1,109) = .01, p > .05).
4.3.5. Análisis con la identificación y la ilegitimidad
En primer lugar calculamos las correlaciones de Pearson entre la identificación grupal y la ilegitimidad de la discriminación con nuestras dos variables de bienestar psicológico (autoestima y satisfacción). Recordamos que en el caso de la ilegitimidad trabajamos con los dos ítems por separado dado que la fiabilidad que habíamos obtenido no nos permitía operar con ellos de forma conjunta. Como se puede observar en la Tabla 10 las correlaciones entre los índices de bienestar con la ilegitimidad (los dos ítems) y la identificación son prácticamente nulas.
Tabla 10: Correlaciones entre identificación grupal, legitimidad, autoestima y satisfacción vital

Correlaciones

1

2

3

4

5

1. Satisfacción
















2. Autoestima

.46*













3. Ilegitimidad1

-.01

-.01










4. Ilegitimidad2

.01

.06

.01







5. Identificación

.09

-.10

-.02

-.07




Media

4.30

4.58

5.39

5.31

2.99

DT

1.23

.90

1.43

1.59

1.20

* p < .01
Se calcularon las medias de los dos ítems que medían la ilegitimidad percibida de la discriminación y se comprobó que la gran mayoría de personas de nuestra muestra veía ese rechazo como injusto (M = 5,39 y 5,31, para el ítem 1 y 2 respectivamente). Es decir, dado que la máximo de la escala era 6 las medias en torno a 5 están indicando que se produjo un efecto techo. En el caso de la identificación lo que encontramos es el patrón opuesto, en este caso un efecto suelo, ya que hallamos en esta segunda muestra que la identificación con el grupo en general es baja (M = 2,99). Estos resultados pueden estar explicando por qué no se encuentran correlaciones significativas con otras variables de nuestra muestra.
Otra explicación alternativa de la falta de relación es que las medidas de ilegitimidad posiblemente no hayan expresado la idea de forma adecuada. Da pie a pensar que esta idea es cierta la baja fiabilidad encontrada en esta variable. Tal vez los participantes de la muestra no elaboraron cognitivamente la respuesta a esta pregunta. Por tanto, queda la duda de si realmente no tienen claro en qué consiste la legitimidad o si realmente no han conceptuado la ilegitimidad como algo relevante en sus vidas. Algo parecido sucedería con la identidad. En este caso, tal vez el contexto donde se realiza el experimento minimiza la experiencia social puesto que el paciente acude a la consulta con cita previa y en ningún caso tiene sensación de compartir un problema con el resto de personas que acude a la consulta. De cualquier manera es obvio que ambas variables no han funcionado de la manera que se esperaba. Por lo tanto en función de nuestros resultados no podemos seguir manteniendo la tercera y cuarta hipótesis de nuestro trabajo.
4.3.6. Análisis con todas las variables del estudio
En este punto decidimos realizar una regresión por pasos con todas las variables relevantes de nuestro estudio para explorar el sentido y dirección de la influencia de unas sobre otras. Como variable criterio introdujimos la autoestima y como variables predictoras usamos la discriminación (alta vs baja), la identificación grupal (en este caso tipificada) y la ilegitimidad de la discriminación (también tipificada). En un primer paso se metieron las variables predictoras de manera individualizada, en el segundo paso se introdujeron las interacciones dobles (discriminación x identificación, discriminación x ilegitimidad e identificación x ilegitimidad) y en el tercero y último la interacción triple (discriminación x identificación por ilegitimidad). El único modelo de regresión estáticamente significativo (F (1,109) = 8.76, p < .01) fue el de la discriminación. Los modelos con el resto de variables introducidas no fueron significativos. De nuevo hallamos que las variables de identificación y legitimidad no presentan resultados significativos por los problemas de la escala anteriormente mencionados. La R2 del modelo fue baja (.07) y le beta negativa (-.27) nos indica que a mayor discriminación menor es la autoestima de nuestros participantes.
A continuación hicimos el mismo análisis pero trabajando con la satisfacción vital como variable criterio. En este caso ningún modelo es estadísticamente significativo (F(1,109) = 0,513, p > 0,05) por lo que no podemos decir que la discriminación prediga la satisfacción vital y menos el resto de variables (ilegitimidad o identificación grupal).
Por último intentamos comprobar qué papel podía tener la merma encontrada en las habilidades laborales en la condición de discriminación alta sobre la autoestima. Paro ello se realizó un análisis mediacional siguiendo las pautas indicadas por Baron y Kenny (1986). En primer lugar realizamos una regresión con la discriminación como variable predictora y la autoestima como variable criterio. Hallamos que a mayor discriminación menor es la autoestima de los participantes (β = -.27) y que el modelo es estadísticamente significativo (F(1,109) = 8.76, p < .01). El siguiente paso, de acuerdo con lo mencionado en el artículo de Baron y Kenny, es realizar la regresión con la discriminación como predictora y las habilidades laborales (en este caso el ítem 1 del SAQ) como criterio. De nuevo hallamos que el modelo es significativo (F(1,109) = 6.49, p < .01) y que la relación entre las dos variables es de carácter negativo (β = -.24). Por lo tanto, a mayor discriminación menor es la percepción de los participantes de que sus habilidades laborales se asemejan a las de las personas delgadas. A continuación se realizó una regresión con las habilidades laborales como variable predictora y la autoestima como criterio. En este caso hallamos que el modelo es significativo (F(1,109) = 16.13, p < .01) y que la relación entre ambas variables es de carácter positivo (β = .36), es decir, que a mayor percepción de que las habilidades laborales se asemejan a las de las personas delgadas mayor es la autoestima de los participantes. Por último, siguiendo las indicaciones de los autores mencionados, el paso final es realizar una regresión con las habilidades laborales y la discriminación como variables predictoras y la autoestima como variable criterio. De nuevo el modelo es significativo (F(1,109) = 11.31, p < .00) pero en este caso las betas de ambos se reducen a -.21 para el caso de la discriminación y a .31 para las habilidades laborales. Por lo tanto, encontramos que a mayor discriminación menor es la autoestima de los participantes y que a mayor percepción de habilidad laboral mejor es el bienestar psicológico, y que la relación entre discriminación y autoestima se encuentra mediada por la merma que produce el rechazo en la percepción de las propias habilidades laborales (como así revela el test de Sobel, 1988). Por lo tanto, este análisis nos indicó que la discriminación afecta a la autoestima pero a través de una reducción de la percepción de la competencia en lo referente a habilidades laborales (ver figura 5).


4.4. Discusión


El principal hallazgo de este trabajo es que se ha demostrado experimentalmente que la discriminación genera una merma en el bienestar psicológico de las personas obesas. Por lo tanto lo que se desprende de nuestro estudio es que algunas variables relacionadas con la salud psicológica, como la autoestima y la satisfacción, pueden estar influidas por experiencias de discriminación social o exclusión. Este resultado entronca perfectamente con algunas de las ideas expresadas por Baumeister y Leary (1995). Estos autores proponen que existe en el hombre una necesidad humana fundamental, que ha sido seleccionada naturalmente a lo largo de la evolución porque incrementaba la tasa de supervivencia de la especie, que le impulsa a permanecer dentro de un grupo y que se conoce por el nombre de necesidad de pertenencia. Es decir, este impulso estaría presente en nuestro genotipo porque los individuos que mostraban tal  motivación en el pasado y se quedaban en el grupo,  obtenían unas ventajas reproductivas que superaban los costes de la vida grupal. En general esa necesidad de pertenencia puede ser satisfecha con unas pocas relaciones personales íntimas (con la pareja o la familia por ejemplo) pero en algunas ocasiones ese impulso puede ser satisfecho en otros contextos como pudiera ser a través de la inclusión en grupos. Por lo tanto, los procesos de exclusión a los que se somete a una persona (en nuestro caso a los obesos) atacan directamente una de las necesidades básicas del ser humano como es la pertenencia. Extrapolando esta idea de Baumeister y Leary a nuestra investigación entendemos que el hecho del rechazo, la discriminación o la exclusión están impidiendo a una persona la posibilidad de ver satisfecha esa necesidad imperante de pertenencia lo cual trae como consecuencia una disminución de la calidad de vida y del bienestar psicológico. La conclusión que se desprendería del trabajo de estos autores es que cuando a las personas se les priva la oportunidad de formar parte de un grupo por una característica (en este caso el peso), estaríamos cercenando sus posibilidades de realizarse y de cumplir sus expectativas de pertenencia lo cual daría como resultado un decremento de la salud psicológica.
También hemos encontrado, de acuerdo con lo esperado según el modelo de Rechazo-Identificación de Branscombe y cols. (1999), que el hecho de leer información acerca de la discriminación del grupo de los obesos produce un aumento de la hostilidad hacia el grupo de las personas delgadas aunque las diferencias que hemos hallado son sólo marginalmente significativas. Este resultado es novedoso puesto que en el estudio anterior no se halló tal relación significativa. En cierto modo es lógico que el hecho de hacer saliente que las personas delgadas discriminan a los obesos en el entorno laboral genere que la hostilidad hacia el grupo prejuicioso se vea aumentada. Este dato viene a sumarse a otros resultados de la literatura en los que este nexo ya se había establecido para otros colectivos (por ejemplo los afro-americanos). Como se ha demostrado en los trabajos reseñados es habitual encontrar en otros grupos esa relación positiva entre discriminación percibida y sentimientos de agresividad hacia las personas que están tratándoles de forma injusta, lo cual se ha ratificado para el caso de las personas obesas.
En siguiente lugar, también destacamos que en este estudio se ha visto cómo el hecho de hacer saliente que la discriminación es muy frecuente en el ámbito laboral produce una mella en la autopercepción de los participantes en cuanto a sus habilidades profesionales. Este resultado sugiere que la discriminación que perciben las personas obesas puede estar haciendo que se vean a sí mismas como menos capacitados para algunos puestos y por lo tanto acabe produciéndose una especie de profecía que se cumple a sí misma (es decir, que el hecho de que exista un estereotipo que dice que los obesos trabajan peor les acabe repercutiendo de forma negativa a los miembros de este colectivo y al final acaben rindiendo de un peor modo). Sería algo similar a lo que sucede con la amenaza del estereotipo (Spencer, Steele y Quinn, 1999). Según estos autores la amenaza del estereotipo es un condicionante situacional a tener en cuenta a la hora de explicar por qué algunos grupos minoritarios presentan deficiencias de rendimiento en algunas áreas intelectuales. El concepto de amenaza del estereotipo se basa en el hecho de que los grupos estigmatizados se sienten evaluados y esa sensación de amenaza puede influir en el rendimiento del grupo juzgado. Así, cuando existe un estereotipo sobre un grupo en una habilidad determinada, la actuación de la persona en esas situaciones en las que tal capacidad se pone en juego se ve afectada por la presión extra que supone el saberse evaluado. Nuestros resultados sugieren que las personas obesas podrían verse afectadas por una amenaza del estereotipo en el ámbito laboral. Es decir, el hecho de que exista un concepción negativa (menos competentes que las personas delgadas) de la persona obesa en el ámbito laboral (Roehling, 1999) puede estar produciendo que los obesos acaben rindiendo de un peor modo por la ansiedad que genera que ese estereotipo se encuentre activado en el contexto profesional en el cual se encuentran.
Por otro lado también hemos encontrado, a diferencia del otro estudio, que la identificación grupal no juega un papel protector de la autoestima ante situaciones de discriminación grupal. Este resultado contradice lo encontrado por otros estudios empíricos realizados por el grupo de trabajo de Branscombe. Este resultado se puede explicar, como ya se comentó en el punto 4.3.5., por el hecho de que las puntuaciones en nuestra escala para medir identificación fueran muy bajas. Es decir, ese efecto suelo puede estar explicando el hecho de que no hayamos encontrado diferencias estadísticamente significativas. A este respecto hay que mencionar que los grupos de los dos estudios eran de características muy diferentes. En nuestro primer estudio nuestros participantes eran de una asociación de personas obesas mientras que en este segundo trabajo se trataba de personas que acudían a la consulta del médico. Por lo tanto, estas diferencias en las muestras pueden estar explicando la disparidad de resultados. Parece evidente que para el caso del primer estudio la identificación grupal era mucho más relevante que para el caso de nuestro segundo trabajo.

Por ejemplo, desde el modelo SIDE (Social Identity of Deindividuating Effects) de Spears (2001) se puede llegar a entender mucho mejor esta disparidad. En el modelo de Spears se elude el término identidad ya que prefiere utilizar autodefinición y en lugar del binomio personal-social, opta por el de individual-colectivo. Por lo tanto, para Spears la autodefinición colectiva surgiría cuando nos comparamos con otros grupos y la individual cuando realizáramos comparaciones interpersonales. Este hecho se basa en la reversibilidad de los atributos individuales y grupales (ej: ser inteligente puede ser grupal si pensamos en un grupo de “empollones” en un contexto educativo). El paralelismo con la obesidad es claro: una característica que en principio es individual (peso) puede llegar a ser colectiva cuando se juzga a las personas por formar parte de ese grupo (ej: rechazo a los gordos). Spears distingue entre dos tipos de grupos. Por un lado estarían los grupos de identidad común que son aquellos en los que la persona sabe que comparte puntos de vista y atributos con los demás integrantes del colectivo. Es decir, este tipo de grupos se basan en una identidad colectiva. Este sería el ejemplo de personas que pertenecen a una asociación de obesos. Por otro lado, los grupos de vínculo común acentúan el individuo dentro del grupo. Son grupos en los que las personas se juntan por motivos o intereses comunes pero fomentan la identidad individual. La base es la interdependencia de medios y fines, no el hecho de compartir la identidad. Este segundo tipo de grupos serían los que podíamos encontrarnos en un hospital: gente que acude con un mismo problema pero en el que cado uno de los presentes tiene su propia individualidad. Es decir, la experiencia del paciente es puramente individual o, por lo menos, su identidad social no se comparte con otros pacientes aquejados de su enfermedad, sino que tal vez para los participantes de este segundo estudio los grupos crónicamente relevantes puedan ser otros (la familia, el personal sanitario, género, etc.). Por lo tanto, según este modelo se podría explicar la ausencia de diferencias significativas por el hecho de que en este segundo grupo de participantes primaba más la identidad individual que la colectiva (al revés de lo que sucedía en nuestro primer estudio).

El modelo SAMI (Self-Aspects Modelo of Identity) propuesto por Simon (2004) también tiene una serie de implicaciones interesantes para nuestro trabajo. Según este autor el ser humano se rige por auto-interpretaciones, que se definirían como un proceso socio-cognitivo por medio del cual las personas dan coherencia y sentido a sus propias experiencias. Es decir, para Simon las auto-interpretaciones nos permiten dar sentido a nuestras relaciones con el contexto físico y social. Los aspectos del yo son los elementos que conforman la autointerpretación según el modelo del SAMI. Se desprende de este modelo que la identidad colectiva es una autointerpretación centrada en un solo aspecto del yo socialmente compartido (ej: soy obeso). Por el contrario la identidad individual sería la interpretación basada en una configuración compleja de aspectos del yo diferentes y no redundantes (ej: soy obeso, madrileño, arquitecto, etc.). Siguiendo esta distinción podríamos pensar que para una persona que se encuentra en una asociación la característica obeso es mucho más central en su definición de sí mismo (puesto que acude a un lugar a reunirse con otras personas que comparten esa característica) que para la persona que acude a un hospital a recibir asistencia médica (que usa otras características adicionales para definirse a sí misma).

Tampoco hemos encontrado, como se esperaba en función de la literatura revisada, que cuando la discriminación se percibe como legítima la merma para el bienestar psicólogico de los grupos estigmatizados sea mayor. De nuevo, como en el caso de la identidad, encontramos que la escala no funciona de la manera esperada y en este caso hallamos que puntuaciones altas en los ítems (efecto techo) han podido producir que no encontremos diferencias estadísticamente significativas. Como habíamos mencionado en la introducción ese dato venía avalado por un trabajo que había hallado que en el colectivo de los obesos se solían autoculpar de su estado y percibían algunas discriminaciones hacia ellos como justificadas (Crocker, Cornwell y Major, 1993). En nuestro caso hemos hallado precisamente el patrón opuesto ya que la gran mayoría de nuestros participantes percibía que en general la discriminación a los obesos en el trabajo es injusta. A este respecto cabría mencionar que quizás para el aspecto físico (como sucedía el citado trabajo) las personas obesas se suelen culpar más de su propio peso, pero para otro tipo de características (como pueda ser el desempeño profesional) el sobrepeso no cause este tipo de atribuciones.



CAPÍTULO 5: DISCUSIÓN GENERAL
Los estudios aquí presentados tienen como objetivo introducir algunas variables psicosociales que creemos relevantes en el estudio de la obesidad y que afirmamos que enriquecen el análisis de esta enfermedad. En el punto 2.3. se habló con profusión de las diversas discrepancias halladas en los estudios que tratan de relacionar el IMC con un peor bienestar psicólogico dentro del colectivo de los obesos. Como ya se ha mencionado los trabajos que trataban de estudiar las diferencias ente obesos y delgados en variables de bienestar psicológico habían fracasado en su intento de hallar resultados consistentes ya que habían soslayado la importancia de algunos elementos de corte más social Es decir, este tipo de trabajos sólo incluían medidas como el IMC o el género dejando de lado la posible incidencia de otras variables igual de importantes como la exclusión social o las experiencias de discriminación. Por los resultados que hemos obtenido en ambos trabajos (capítulos 3 y 4 de esta tesis) es evidente que sería importante que en el futuro se tuvieran en cuenta este tipo de variables ya que se ha demostrado que en algunas casos explican porcentajes de varianza del bienestar psicológico más que significativos.
Variables psicosociales
Entre las variables psicosociales que hemos hallado que juegan un papel determinante en el bienestar psicológico de los obesos están las atribuciones. En el estudio correlacional encontramos que ante situaciones de discriminación las atribuciones externas generales son las que presentan una correlación positiva y alta con un bienestar psicológico aceptable (autoestima y satisfacción con la vida altas y estados depresivos más bajos), mientras que las atribuciones internas generales, a la obesidad (internas específicas) y al prejuicio (externas específicas) se asociaron con una peor salud psicológica. Es decir, que según nuestros resultados ante una situación de discriminación (el rechazo en una entrevista de trabajo o en una cita amorosa) las personas obesas pueden proteger su autoestima si piensan que se debe a un hecho ajeno a ellos. Por el contrario, cuando creen que esa discriminación se debe a ellos mismos (atribución interna general), a su propia obesidad o al prejuicio que se tiene hacia los miembros de su grupo, las personas que se enfrentan a este tipo de situaciones ven afectada de forma negativa su autoestima. Como ya se comentó este resultado es precisamente el contrario que cabría esperar si seguimos las ideas Crocker y Major (1989), ya que estas autoras postulaban precisamente que las atribuciones al prejuicio tenían una función protectora de la autoestima. Por lo tanto, según lo que hemos encontrado parece que lo que más adaptativo resulta ante situaciones de discriminación por el peso es que las personas obesas opten por dar explicaciones de los sucesos de rechazo apelando a factores externos (se debe a causas ajenas a mí) más que a causas internas (autoculparse).
Dentro de ese grupo de variables psicosociales que hemos demostrado que tiene una relación directa con el bienestar psicológico en el colectivo de los obesos se encuentran también los appraisals. Según Major y cols. (2002) tras una primera fase en la que un suceso negativo de discriminación se explica por medio de una atribución, la persona que se encuentra excluida (en nuestro caso, un obeso) realiza un appraisal primario, es decir, se evalúa la situación para averiguar si es amenazante o no. Para discernir si una situación ponen en peligro su autoestima o no el sujeto evalúa una serie de características como son la estabilidad, la globalidad, la gravedad y la incontrolabilidad. Nuestros resultados ponen de manifiesto que los appraisals dañinos (o valoraciones de la situación de discriminación como estable, global, grave e incontrolable) se asocian con menos bienestar psicológico (menor autoestima y satisfacción vital junto con mayores estados depresivos). El resultado, acorde a lo encontrado por Eccleston y Major (2006), pone de manifiesto que más que la situación en sí misma, son las valoraciones realizadas a posteriori las que determinarán al final que una persona sufra de una peor autoestima o no. Nuestros resultados indican que el hecho de percibir una situación de discriminación con baja estabilidad (hecho aislado), baja globalidad (sólo afecta un área vital), baja gravedad (un suceso sin apenas importancia) y con alta controlabilidad (el sujeto percibe que puede hacer algo para eliminar esa situación) conseguirá que el rechazo no haga mella alguna en la autoestima de esa persona.
Según el modelo del que estamos hablando, una vez hecha esa valoración primaria donde queda establecido si una situación de rechazo es amenazante o no, las personas realizan appraisals secundarios. Este tipo de actuaciones tendrían como objetivo comprobar si la persona posee recursos suficientes como para poder salir al paso de la situación de discriminación. De entre las estrategias de afrontamiento que son adaptativas para las personas obesas destacamos la del humor, que fue la que presentó una asociación más positiva con el bienestar psicológico en nuestra muestra de personas con sobrepeso (Carver y cols., 1989), así como la minimización de la importancia de la apariencia física y la controlabilidad del peso (Puhl y Brownell, 2003). Por el contrario, el hecho de centrarse en las emociones o realizar tareas distractoras se asociaron a un malestar más elevado (mayor depresión y autoestima y satisfacción vitales inferiores).
Otra variable de corte psicosocial que también se ha encontrado que tiene una relación con el bienestar psicológico en los obesos es la discriminación. En el estudio correlacional demostramos que tanto la discriminación directa (experiencias reales de rechazo) como la indirecta (percepción de la discriminación y la conciencia del estigma) se asociaban de forma positiva con el malestar psicológico (mayor depresión y valores más bajos en escalas de autoestima y satisfacción vital). Este resultado es congruente con el modelo propuesto por Stangor y cols. (2002) acerca de la distinción entre ambos tipos de discriminaciones y su doble incidencia sobre el bienestar de las personas estigmatizadas. Por otro lado, en el segundo estudio, en este caso de corte experimental, demostramos la unión directa que existe entre la discriminación y una peor autoestima. Gracias a este segundo trabajo podemos afirmar que las experiencias de exclusión explican en parte la baja autoestima de las personas obesas. Por lo tanto, gracias a este segundo estudio experimental podemos no sólo afirmar que existe una relación negativa entre discriminación y bienestar psicológico sino que gracias a la metodología usada podemos decir también que las experiencias de exclusión tienen una incidencia directa sobre el malestar subjetivo que sufren muchas personas que forman parte del colectivo de los obesos. Así, aquellas personas obesas que no hayan sufrido este tipo de experiencias de exclusión tendrán seguramente una salud psicológica mucho más aceptable que aquellas que las hayan vivido. Este resultado entronca perfectamente con algunas de las ideas expuestas por Williams (2007) en sus trabajos sobre ostracismo. Este autor distingue entre ostracismo, exclusión social y rechazo. El ostracismo se definiría como ser ignorado por los demás, hecho que suele ir acompañado de pocas explicaciones y en general escasa atención por parte de los demás. La exclusión social según Williams ocurriría cuando a alguien se le deja solo o se le aísla, con declaraciones explícitas de disgusto por parte del grupo discriminador. Por último este autor define el rechazo como la declaración de un individuo o un grupo de que él o ellos no quieren interactuar o estar en compañía de una persona determinada. A pesar de las diferencias entre términos, Williams los utiliza indistintamente ya que los tres fenómenos suelen aparecer al mismo tiempo, y cuando se condena a una persona al ostracismo normalmente también se le excluye socialmente y se le rechaza. El trabajo de Williams también aporta una serie de datos que son congruentes con nuestros resultados, ya que encuentra un claro nexo de unión entre las experiencias de aislamiento social y una merma en el bienestar subjetivo de las personas excluidas. Por ejemplo, este autor muestra evidencia empírica que avala la existencia de una relación entre rechazo u ostracismo y disminución de la autoestima. Williams no sólo utiliza la autoestima para medir bienestar psicológico y encuentra que el patrón se repite cuando trabaja midiendo estrés o ansiedad, ya que halla que las experiencias de aislamiento o de ostracismo siempre suelen llevar asociado un empeoramiento de la calidad de vida de las personas afectadas por el rechazo o la discriminación. Por lo tanto, nuestro resultado de que la discriminación produce un descenso de la salud psicológica de las personas obesas es claramente acorde a la evidencia empírica reseñada en el citado trabajo de Williams. Es decir, cuando a una persona se la cercena de la posibilidad de satisfacer sus necesidades de pertenencia (Baumeister y Leary, 1995) es muy probable que su autoconcepto se vea afectado.
Estas idea de que el ostracismo tiene un clara efecto negativo sobre la salud psicológica de las personas, expresada por Williams (2007), viene a poner de manifiesto la gran importancia que tiene el sentimiento de pertenencia en la vida cotidiana de las personas (Baumeister y Leary, 1995). Siguiendo esta manera de razonar (existe una relación entre el bienestar de tipo más subjetivo y las experiencias de rechazo social) y muy acordes a los resultados hallados en esta tesis se encontrarían algunos de los datos que ha encontrado el grupo de trabajo liderado por Cacciopo. Según Cacioppo y Patrick (2008) existen tres dimensiones de la soledad (o de su reverso: la sociabilidad) que explican en qué medida una persona tiene una vida social rica o no. Según estos autores la primera dimensión sería la referida a la conexión íntima que se establece con otras personas (principalmente la pareja). En segundo lugar se encontraría un conexión de tipo más relacional (es decir, por ejemplo la relación que se pueda tener con un amigo cercano o íntimo). Y por último se encontraría la dimensión que ellos denominan de conexión colectiva (en este caso hablaríamos de grupos con los que se identifican las personas). En función del grado de afectación que exista en las tres áreas será posible cuantificar el grado de soledad de una persona. Por ejemplo, según Cacciopo y Hawkley (2003) el aislamiento o los sentimientos de soledad en esas tres áreas son buenos predictores de diversos tipos de enfermedades (principalmente de tipo coronario) así como de la mortalidad (las personas más aisladas tiene menos esperanza de vida). Es decir, estos datos sugieren que no sólo el rechazo afecta al bienestar subjetivo de las personas sino que también es muy posible que tenga una incidencia sobre la propia salud física. Dentro de esta misma línea de trabajo, algunos autores (Cacioppo, Hawkley, Berntson, Ernst, Gibbs, Stickgold, y Hobson, 2002) también encuentran que las personas que pasan mas tiempo solas o se encuentran socialmente aisladas (en las tres áreas mencionadas) a pesar de que puedan dormir lo mismo que otra gente con una vida social rica, en general descansan menos y se encuentran más cansados al día siguiente. Por lo tanto, de nuevo hallamos evidencia empírica que sugiere que el rechazo social tiene una influencia directa sobre la calidad de vida de las personas y además encontramos datos que avalan la idea de que la discriminación tiene una incidencia directa sobre índices objetivos que miden la salud física de las personas. Dados estos resultados cabría plantearse en el futuro medir no sólo bienestar subjetivo sino del mismo modo incluir medidas de tipo físico ya que como hemos visto estas últimas también tienen una clara relación con las variables de tipo social.
De entre todos los estudios que encuentran relaciones entre la discriminación o el aislamiento social y diversos índices de bienestar subjetivo y salud física uno de los más interesantes para la tesis que aquí presentamos es sin lugar a dudas el realizado por Twenge y Baumeister. En una serie de trabajos (Twenge, Baumeister, Tice y Stucke, 2001; Twenge, Catanese, y Baumeister, 2002) estos autores encontraron que después de manipular la discriminación (los sujetos hacían un test de personalidad y con posterioridad se les decía que por su respuestas era muy probable que en el futuro se vieran abocados a la soledad) los sujetos de la condición de aislamiento social comían muchas más galletas de chocolate que los participantes del grupo control. Este hecho se producía a sabiendas de que el consumo excesivo de este tipo de alimentos tiene un efecto nocivo para la salud. Sin embargo los participantes en la condición experimental eran incapaces de autorregularse y no podían dejar de comer este tipo de alimento. Lo que estos autores concluyen es que la anticipación de la experiencia de soledad puede llevar a los participantes a embarcarse en conductas autodestructivas, o poco deseables para su salud, por el impacto emocional que supone pensar que en el futuro se sufrirán experiencias de aislamiento. Así, cuando se les dice que por su personalidad con el paso de los años será muy probable que acaben sus vidas solos, los participantes en vez de pensar en su propia salud se dedican a comer sin considerar los posibles efectos nocivos que pueda tener la sobrealimentación. Evidentemente un consumo reiterado de este tipo de productos puede dar lugar, con el paso del tiempo y sumado a otros factores, a problemas de peso. Por lo tanto, cabe plantearse qué efecto tan negativo para una persona puede tener la discriminación o el rechazo, porque como este estudio sugiere puede incluso influir en la ganancia de peso. Es decir, lo que este estudio parece indicar es que el rechazo al que se enfrentan muchas personas puede acabar generando como problema asociado un aumento de peso, lo cual con el paso del tiempo acabará produciendo a su vez aún más discriminaciones. Así, estaríamos ante un fenómeno difícil de erradicar ya que la situación fácilmente podría tornarse en un círculo vicioso.
Con respecto a la identificación grupal, otra de las variables psicosociales que hemos tenido en consideración, hemos obtenido resultados dispares. Por un lado, en el primer estudio de carácter correlacional, se halló un claro vínculo entre la identificación grupal y el bienestar psicológico de las personas obesas, sin embargo en nuestro segundo trabajo no fuimos capaz de replicar ese hallazgo. Como ya se comentó, el hecho de trabajar con dos muestras tan diferentes puede estar explicando esa diferencia. Así, para el primer estudio nuestros participantes eran personas que pertenecían a movimientos asociativos y por lo tanto su identidad como grupo estaba mucho más consolidada. Se trata de personas que acuden semanal o mensualmente a reuniones en las que exponen sus casos y tratan de recibir ayuda de otros compañeros aquejados de problemas similares. Se desprende pues que los participantes de este primer estudio tienen una mayor conciencia de grupo como así demuestra el hecho de que la media en identificación grupal (autoestima colectiva privada) en los participantes de nuestro primer estudio es mucho mayor que para los integrantes del segundo estudio (véase Anexo 3: 4,17 para el primer estudio frente a 2,99 en el segundo siendo las diferencias estadísticamente significativas). Por el contrario, en el segundo estudio de corte experimental nuestros participantes fueron pacientes de Hospital Clínico San Carlos y del Centro de Atención Especializada Avenida de Portugal que acudían a consulta. En este caso los participantes son personas que simplemente van al médico en busca de un diagnóstico, a continuar el que ya tienen o simplemente a una revisión y en general no se relacionan con otros pacientes aquejados de obesidad. Por lo tanto, en este caso se trata de participantes en los que la identificación grupal no es especialmente saliente lo cual explicaría que no hubiéramos hallado diferencias estadísticamente significativas. A pesar de las discrepancias halladas, y que creemos que pueden ser explicadas por la razón que acabamos de exponer, afirmamos que el modelo Rechazo-Identificación de Branscombe y cols. (1999) que postula que a través de la identificación con el grupo derogado se obtienen consecuencias positivas para la autoestima de los grupos estigmatizados es perfectamente aplicable al colectivo de los obesos. Como se demostró en el primer estudio el hecho de sentirse orgulloso de pertenecer al grupo de los obesos (autoestima colectiva privada) se relacionaba con un mayor bienestar psicológico. Esta relación era mayor cuando se trabajaba exclusivamente con las personas con un control de su estigma bajo, lo cual era acorde al modelo formulado por Garstka y cols. (2004). Así, aquellas personas que no tenían control sobre su propio peso, y que por tanto no podrían llegar a pertenecer al grupo de los delgados, sobrellevaban el prejuicio y la discriminación a través de la identificación con su grupo derogado. Es decir, que una estrategia adaptativa, para salir adelante ante las situaciones de rechazo, sería el hecho de formar parte de algún movimiento asociativo, especialmente cuando la persona percibe que su enfermedad se escapa a su control.
Con respecto a la hostilidad, otra de las variables psicosociales que la literatura considera relevante, de nuevo hallamos discrepancias entre el primer y segundo estudio. Así, en el trabajo de carácter correlacional no se hallaron correlaciones significativas con ninguna de las variables de ese estudio, lo cual es contrario a lo que desde el modelo de Branscombe se predice. Según estos autores la hostilidad se debería correlacionar con la discriminación percibida como sí hallamos en nuestro segundo estudio. En este caso cuando analizamos las dos bases de datos en conjunto hallamos que las diferencias en hostilidad son notables (véase Anexo 3) lo cual podría estar explicando por qué no se obtuvieron resultados significativos en nuestro primer estudio. Es decir, se podría haber dado un efecto suelo (M = 1,52) que haya impedido que se encuentran diferencias estadísticamente significativas en el trabajo correlacional. Por el contrario, en nuestro segundo estudio, en el que se manipulaba la saliencia de la discriminación sí que hemos hallado una media más alta en hostilidad (M= 3,45). Por lo tanto, lo que parece sugerir esa diferencia entre los dos trabajos es que cuando se les recuerda a las personas obesas que por su peso pueden sufrir rechazo o exclusión entonces la hostilidad hacia el grupo de los delgados (grupo al que aspiran a llegar a formar parte algún día) aumenta de forma significativa y sólo entonces las predicciones del modelo de Branscombe se cumplen. En cualquier caso, la hostilidad según este modelo de Rechazo-Identificación no tendría una incidencia directa sobre el bienestar de los obesos sino que sería más bien un fenómeno colateral a la percepción de discriminación por parte de los grupos dominantes.
Con respecto a la hostilidad la aportación que hace Williams (2007) es más que interesante. Como ya se ha dicho este autor trabaja principalmente con la variable ostracismo. Williams afirma que además de ese nexo de unión que existe entre discriminación y peor salud psicológica, las experiencias de aislamiento también se relacionan con algunos fenómenos sociales tan graves como puedan ser las matanzas que se han producido en institutos de los Estados Unidos (como por ejemplo el tristemente célebre de Columbine) o con la realización de actos terroristas (las personas marginadas tienen más probabilidad de acabar integrando grupos extremistas). Es decir, cuando a una persona se la priva de la posibilidad de satisfacer sus necesidades de pertenencia (Baumeister y Leary, 1995) puede reaccionar violentamente o unirse a grupos que le permiten sentirse integrado a pesar de las consecuencias que pueda ocasionar este hecho. Esta idea ha sido contrastada empíricamente recientemente en un trabajo realizado por DeWall, Twenge, Gitter y Baumeister (2009) usando el paradigma de investigación del falso test de personalidad. En la citada investigación al grupo experimental se les daba un falso feedback, después de realizar un test de personalidad, en el que les indicaba que por su temperamento era más que probable que acabaran sus vidas solos (condición de exclusión) mientras que en el grupo control los resultados al test de personalidad eran más positivos. Posteriormente todos los participantes tenían que realizar una evaluación sobre un posible candidato a un trabajo ficticio y lo que se encontró fue que en la condición de exclusión la evaluación que hacían del candidato era mucho más hostil y negativa que en el grupo control. Es decir, que los sentimientos de soledad anticipada producían un claro aumento de la agresividad hacia las personas de su entorno. Por lo tanto, lo que sugiere Williams (2007), y el trabajo de DeWall y cols. (2009) lo demuestra empíricamente, es que las experiencias de discriminación, rechazo o aislamiento pueden traducirse en un aumento de la hostilidad hacia el mundo lo cual es acorde a nuestro estudio experimental.
Con respecto a la injusticia percibida de la discriminación, variable psicosocial relevante en función de la literatura revisada, se esperaba encontrar que cuando el rechazo se percibiera como legítimo la merma para el bienestar psicólogico de los obesos sería mucho mayor que cuando esas mismas personas lo vieran como injusto. Como se dijo en la discusión del capítulo cuarto creemos que esta variable no funciona de la manera esperada ya que la gran mayoría de sujetos contestaron que las situaciones de discriminación en el trabajo son injustas (efecto techo). Si hubiera habido puntuaciones no tan altas en la escala podríamos haber visto si la legitimidad juega un papel importante en que la discriminación haga mella en la autoestima, pero dado que nuestra escala no funciona de la forma que esperábamos no es posible obtener ninguna conclusión al respecto. Como ya se dijo en el capítulo segundo existen trabajos (Crocker, Cornwell, Major, 1993) que encuentran que frente a otros grupos que suelen echar la culpa de las discriminaciones a los miembros de los colectivos dominantes (ej: los afro-americanos se suelen quejar del trato recibido por parte de los blancos) cuando se estudia el estigma de la obesidad se encuentra que las personas con sobrepeso suelen culparse a sí mismas de las experiencias de exclusión que sufren. Este resultado encontrado en el citado de trabajo de Crocker pone de manifiesto que las personas obesas suelen asumir como propia esa idea que existe en nuestra sociedad, muy relacionada con el prejuicio que se tiene hacia los obesos, de que esta enfermedad es de un claro carácter controlable. Por lo tanto, los participantes de este estudio ante una situación de rechazo tendían a pensar que se debía a su propia culpa (y en cierto modo legitimaban la discriminación) mas que a los prejuicios que pudiera tener esa persona que les estaba juzgando. Nuestros datos no nos permiten avalar esa conclusión pero sería interesante seguir trabajando en esta línea, cambiando la manera de medir la legitimidad ya que los ítems no funcionaron de la manera esperada, para analizar si la injusticia percibida tiene un impacto real sobre el bienestar de las personas obesas o no. Sobre todo dado que en nuestro estudio cambiamos el dominio de referencia (trabajo en vez de aspecto físico), también sería interesante comprobar si las personas obesas suelen autoculparse cuando se hace referencias a variables estéticas pero no cuando se trata de asuntos laborales.
En siguiente lugar, también hemos encontrado en el estudio experimental que el hecho de hacer saliente que la discriminación es muy frecuente en el ámbito laboral produce una mella en la autopercepción de los participantes en cuanto a sus habilidades profesionales, lo cual a su vez se relacionaba con el bienestar psicológico. Como se vio en el modelo mediacional propuesto, el hecho de sentirse discriminado a nivel laboral hacía que la percepción de competencia en el ámbito profesional bajara. A su vez, como ya se ha dicho, existía un claro nexo de unión entre mayor rechazo y menor autoestima. Por el contrario, las habilidades laborales tenían una correlación positiva con el bienestar psicológico de los obesos. Es decir, que la percepción de discriminación además de una relación directa con el malestar de los obesos, al hacer mella en la autopercepción que tienen los sujetos sobre sí mismos acerca de sus habilidades como profesionales, está produciendo también una disminución indirecta de la autoestima. Por lo tanto, en función de este resultado parece importante plantearse qué papel está jugando la discriminación en el ámbito laboral. Como hemos visto es un hecho más que frecuente las experiencias de discriminación en el trabajo (véase el punto 2.2.1.) dentro del colectivo de los obesos, tanto en salario, relación con los compañeros, paro, puestos de inferior calidad o en los procesos de selección de personal. Todos estos sucesos, experiencias de discriminación reales, además de tener una clara incidencia en el bienestar de la persona obesa (que ve cómo por su peso tiene menos oportunidades que gente más delgada) también afectan de manera clara a la percepción de eficacia y competencia que tiene de sí misma con respecto a las habilidades para trabajar. Esta auto-infravaloración y baja autoestima pueden tener un claro correlato con el propio rendimiento del obeso dentro del trabajo y es posible que acabe reforzando las propias ideas estereotípicas que se tienen acerca de las personas con sobrepeso en el entorno profesional (como que rinden menos que las personas delgadas). Por lo tanto, podríamos estar entrando en un peligroso círculo vicioso, del que sería muy difícil salir para la persona que se encuentra inmerso en él. Dada esta situación sería importante intentar hacer algo para evitar que dentro del mundo profesional se sigan produciendo estos procesos de discriminación porque como vemos nuestros datos avalan la idea de que es muy sencillo que estos hechos se acaben perpetuando.


Los modelos de Crocker y Major (1989) y Branscombe y cols. (1999)
Dado que hemos utilizado principalmente dos modelos a lo largo de toda la tesis, el de Crocker y Major (1989) y el de Branscombe y cols (1999), vamos, en este punto de la discusión, a hablar brevemente sobre las conclusiones que podemos extraer de ambos en función de nuestra experiencia.
La principal fortaleza del modelo de Crocker y Major (1989) es que fue, en su momento, uno de los primeros trabajos en sacar a la luz que las personas que pertenecen a grupos marginados o desfavorecidos disponen de herramientas propias para salir adelante ante situaciones de discriminación o rechazo. Es decir, hasta entonces la corriente principal llevaba a pensar que los miembros de colectivos minoritarios tendrían peor autoestima ya que la valoración social negativa que hacen de ellos las personas pertenecientes a grupos de poder acabaría produciendo que su autoconcepto se viera afectado. Como ya se vio en su momento estas autoras defienden la idea, no exenta de polémica, de que las atribuciones al prejuicio tienen una función protectora de la autoestima y que por lo tanto ante situaciones de rechazo las personas estigmatizadas tienen la posibilidad de mantener su autoestima intacta si creen que un resultado negativo se debe al hecho de que la mayoría de las personas tienen prejuicios hacia el grupo al que ellas pertenecen. Poniendo un ejemplo con la realidad de Estados Unidos, sería cuando un afro-americano juega la baza del racismo al ser rechazado en una entrevista de trabajo. Por lo tanto, un gran aporte de estas autoras es que han sabido ver no sólo los aspectos negativos que existen en el hecho de formar parte a un grupo minoritario sino que han sido capaces de extraer elementos positivos de esa pertenencia. Es decir, si desde el punto de vista de los autores que trabajan sobre la resiliencia se hace especial énfasis en los beneficios que se pueden obtener de una experiencia traumática, Crocker y Major logran hallar estrategias socialmente adaptativas en una dinámica tan negativa como es la de la estigmatización. Además de este enfoque novedoso a la hora de concebir las capacidades de adaptación de las personas estigmatizadas, Crocker y Major también tienen el mérito de haber trasladado un modelo de estrés más propio de la Psicología de la Salud a la Psicología Social. Como ya hemos visto la investigación sugiere el claro nexo de unión entre variables de tipo social (discriminación) e índices objetivos y subjetivos de salud física y psicológica, por lo que aplicar las principales conclusiones que se han obtenido tras muchos años de investigación exitosa en el campo del estrés siempre es enriquecer la perspectiva psicosocial. Es decir, Crocker y Major también hacen un aporte fundamental al unir modelos de investigación más básicos (como son los trabajos sobre estrés) a algunas ideas más psicosociales con el objetivo de poder ser una disciplina lo más predictiva posible. Por otro lado, la debilidad más patente de este modelo es que alguna de las conclusiones que se obtienen de él no se han podido replicar empíricamente ya que muchos autores (principalmente Branscombe) argumentan que las atribuciones al prejuicio no tienen un efecto positivo sobre la autoestima. Así, existen muchos trabajos que contradicen algunos de los postulados del modelo al hallar precisamente resultados opuestos a los sugeridos por estas autoras, como nos sucedió a nosotros en nuestro primer estudio. Además, el modelo tiene un excesivo número de variables (atribuciones, appraisals) que hacen difícil de aplicar en la realidad algunas de las ideas que a nivel teórico funcionan a la perfección. Es decir, cabe plantearse realmente si una persona realiza atribuciones, después hace valoraciones primarias para ver si la situación es amenazante o no y por último realiza appraisals secundarios que le permiten decidir si tiene recursos o no para enfrentarse a una situación de índole negativa. Por lo tanto, esa excesiva complejidad del modelo, además de hacer difícil su investigación empírica, contradice un principio científico tan asumido por la comunidad investigadora como es el de la parsimonia (la explicación más sencilla siempre es mejor). Si se aplica la navaja de Ockham seguro que puede haber explicaciones con menos elementos igual de predictivas que el modelo de Crocker y Major que no necesitan de tantas variables para explicar un fenómeno como es el rechazo.
A continuación hablaremos sobre algunas de las fortalezas, debilidades y aportaciones de otro de los modelos con los que más hemos trabajado a la largo de esta tesis como es el de Branscombe y cols. (1999). En primer lugar, es importante mencionar que entre las principales aportaciones de Branscombe al campo de la Psicología Social cabe destacar el hecho de que ha vuelto a poner al grupo en el lugar que le corresponde. Es decir, alejándose de una corriente que trabaja más con el individuo, dentro de una investigación psicosocial, Branscombe encuentra que el papel que tiene el grupo para la vida de la persona es fundamental y nuclear para su existencia. Entronca por tanto con esa corriente más europea que da especial énfasis al grupo, incluso por encima de los sujetos tomados en cuenta de manera aislada. Así, es prioritario en el Modelo Rechazo-Identificación el papel de los otros para sobrellevar las situaciones de prejuicio por temas de pertenencia a determinados colectivos socialmente devaluados. Esta idea, refugiarse en el grupo para salir adelante ante el rechazo o la discriminación, va en contra de algunos autores que mencionan que para mejorar las relaciones grupales y la calidad de vida de los estigmatizados es más conveniente la integración en la cultura mayoritaria (para de este modo lograr formar parte de los grupos poderosos). Como hemos visto lo que Branscombe sugiere es una secuencia ligeramente diferente: es fundamental que las personas se hagan fuertes en sus grupos minoritarios (que se relacionen entre ellos principalmente) y de este modo logren tener una salud psicológica aceptable (dejando de lado el rechazo de los otros grupos) y posteriormente se harían acciones colectivas que introducirían los cambios necesarios en la esfera más macrosocial para lograr un status más favorable (mediante protestas o acciones reivindicativas). Si ejemplificamos este proceso con la situación de los afro-americanos en los Estados Unidos es meridianamente claro que la fuerte identificación grupal de este colectivo (principalmente en los 60 y aglutinados bajo la figura de Martin Luther King) ha hecho posible una integración real en ese país de las personas negras. Por lo tanto, Branscombe recuerda a todos aquellos que trabajen en la Psicología Social la importancia del grupo en el individuo no sólo para mejorar su bienestar subjetivo sino para poder lograr cambios a un nivel más amplio (instituciones). De su modelo se desprende pues la importancia que tiene las diversas asociaciones o grupos de apoyo a los que los individuos estigmatizados se pueden unir no sólo para tener una salud psicológica aceptable (contando sus historias personales o brindando apoyo a otras personas con problemas similares) sino, como vemos, también para embarcarse en acciones que intenten acabar con las situaciones de rechazo para ellos mismos y la gente de su grupo (campañas de concienciación por ejemplo). Por el contrario, una de las principales debilidades del modelo de Branscombe es cómo aplicarlo para aquellos grupos con identidades sociales negativas o bien para aquellas personas que todavía no han desarrollado una verdadera conciencia de grupo. Así, por ejemplo para los obesos hemos visto que aquellas personas que pertenecen a redes asociativas se benefician de la identificación grupal para mejorar su autoestima pero sin embargo los pacientes de un hospital apenas si tienen desarrollada la idea de que pertenecen a un grupo. Por lo tanto, aunque la propuesta de Branscombe es interesante vemos que para algunos tipos de grupos (como en el caso de la obesidad) es difícil aplicar el modelo de Rechazo-Identificación.
Psicología de la Salud y obesidad



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