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* p < .01
También se realizó un ANOVA de un factor para comprobar si existían diferencias en nuestras VDs en función del sexo. Los resultados encontrados fueron que sólo existían diferencias estadísticamente significativas para el caso de la autoestima (F (1,94) = 4.53, p < .03), ya que era más elevada en los hombres (M = 4.77) que en las mujeres (M = 4.22). En lo referente a la depresión y la satisfacción con la vida, se obtuvo la misma tendencia (las mujeres sufren una peor salud psicológica) pero no encontramos diferencias estadísticamente significativas en esas variables.
Con respecto a la edad, al nivel de estudios o la situación profesional los análisis realizados con nuestras VDs no mostraron ningún resultado estadísticamente significativo.
3.3.2. Correlaciones
En siguiente lugar se calcularon las correlaciones de Pearson existentes entre nuestras VDs y los tipos de atribución que se pueden realizar ante situaciones discriminatorias. Los resultados se encuentran en la Tabla 3 y como puede verse la buena salud psicológica de los obesos correlaciona de forma significativa con las atribuciones de tipo externo (de carácter general). Por otro lado, se observa que tanto las atribuciones internas generales, como las atribuciones sobre la obesidad (internas específicas), como las debidas al prejuicio (externas específicas) correlacionan todas de manera significativa con un peor bienestar psicológico. Estos resultados permiten seguir sosteniendo nuestra primera hipótesis tan solo de manera parcial, ya que hemos hallado que las atribuciones externas se correlacionan de forma positiva con el bienestar, mientras que las internas y a la obesidad lo hacen de forma negativa con la salud psicológica en las personas obesas tal y como habíamos predicho, pero por el contrario, las atribuciones al prejuicio han mostrado, en contra de lo esperado, una correlación negativa con la autoestima y la satisfacción vital y positiva con la depresión. Por lo tanto nuestros datos parecen apoyar más el modelo de Branscombe y cols. (1999) que el de Crocker y Major (1989).

Tabla 3: Correlaciones entre las VDs y los tipos de atribución






1

2

3

4

5

6

7

1. Atribución interna

-

-

-

-

-

-

-

2. Atribución externa

-.36**

-

-

-

-

-

-

3. A. a la obesidad

.28*

-.34**

-

-

-

-

-

4. A. al prejuicio

.29*

-.27*

.81**

-

-

-

-

5. Autoestima

-.39**

.33**

-.44**

-.44**

-

-

-

6. Satisfacción

-.34**

.13

-.54**

-.42**

.65**

-

-

7. Depresión

.37**

-.24*

.50**

.45**

-.67**

-.68**

-

Media

2.67

3.67

3.69

3.62

4.41

3.08

3.17

D.T.

1.11

1.21

1.34

1.32

1.07

1.29

1.38

* p < .05 ** p < .01
También se calcularon las correlaciones de Pearson existentes entre nuestras VDs y los appraisals que se realizan ante situaciones de discriminación. Los resultados se encuentran en la Tabla 4 y como puede verse la mala salud psicológica de los obesos correlaciona de forma significativa con los appraisals dañinos. Así, se observa que a mayor estabilidad, globalidad, gravedad e incontrolabilidad de la situación de discriminación mayor es la depresión y menor la autoestima y la satisfacción. Por lo tanto a la luz de los resultados obtenidos podemos seguir sosteniendo nuestra segunda hipótesis.
Tabla 4: Correlaciones entre las VDs y los appraisals




1

2

3

4

5

6

7

1. Estabilidad

-

-

-

-

-

-

-

2. Globalidad

.56**

-

-

-

-

-

-

3. Gravedad

.23

.69**

-

-

-

-

-

4. Incontrolabilidad

.13

.42**

.51**

-

-

-

-

5. Autoestima

-.12

-.28*

-.43**

-.46**

-

-

-

6. Satisfacción

-.18

-.32**

-.38**

-.46**

.65**

-

-

7. Depresión

.26*

.36**

.49**

.49**

-.67**

-.68**

-

Media

4.48

4.22

3.47

2.84

4.41

3.08

3.17

D.T.

1.11

1.15

1.34

1.19

1.07

1.29

1.38

* p < .05 ** p < .01

También se calcularon las correlaciones de Pearson entre nuestras VDs y las variables relacionadas con la discriminación real y percibida. Los resultados pueden verse en la Tabla 5. Como se observa, las experiencias de discriminación sufridas (discriminación directa) se correlacionan con una mala salud psicológica, del mismo modo la discriminación percibida (discriminación indirecta) se asocia con un bienestar inferior. También se hallan correlaciones estadísticamente significativas entre autoestima, satisfacción y depresión y las variables estereotipos sobre los obesos (en qué medida los estereotipos que existen sobre los obesos afectan o no a los participantes de nuestra muestra) y conciencia del estigma de la obesidad (en qué medida los participantes son conscientes de que el exceso de peso supone un estigma de tipo social). Ambos constructos serían medidas de discriminación indirecta y son fruto de la factorialización de la escala de conciencia del estigma. De nuevo y en función de resultados conseguidos podemos seguir sosteniendo nuestra tercera hipótesis.


Tabla 5: Correlaciones entre las VDs y las diferentes variables de discriminación




1

2

3

4

5

6

7

1. Experiencias de discriminación

-

-

-

-

-

-

-

2.Discriminación percibida

.63**

-

-

-

-

-

-

3.Estereotipos sobre obesos

.33*

.49**

-

-

-

-

-

4.Conciencia del estigma

.43**

.54**

.39**

-

-

-

-

5. Autoestima

-.41**__-.56**__-.36**__-.47**'>-.41**'>-.45**

-.59**

-.40**

-.41**

-

-

-

6. Satisfacción

-.41**

-.56**

-.36**

-.47**

.65**

-

-

7. Depresión

.41*

.57**

.36**

.50**

-.67**

-.68**

-

Media

2.58

4.56

4.12

3.87

4.41

3.08

3.17

D.T.

1.56

1.34

1.64

1.03

1.07

1.29

1.38

* p < .05 ** p < .01
La variable de hostilidad hacia el grupo de los delgados no mostró ninguna correlación estadísticamente significativa con nuestras VDs (autoestima, satisfacción, depresión). Como ya se había comentando en el apartado de instrumentos esta medida tuvo una fiabilidad baja (alpha de Cronbach inferior a .50) por lo que la ausencia de correlaciones significativas puede ser explicada en parte por este hecho.
En siguiente lugar se calcularon las correlaciones de Pearson entre nuestras VDs y las variables relacionadas con la identificación grupal. Los resultados pueden verse en la Tabla 6. Como se observa la autoestima de pertenencia (la importancia que estima cada participante de su papel en el grupo de los obesos), la autoestima colectiva privada (el orgullo que tiene cada participante de pertenecer al grupo de los obesos) y la autoestima colectiva pública (la opinión que piensa que tienen las personas delgadas del grupo de los obesos) se relacionan con una buena salud psicológica. Por el contrario la importancia de la identidad (el grado de centralidad que tiene para el participante en su identidad grupal el hecho de ser obeso) se relaciona, de forma no significativa, con un peor bienestar. En función de los resultados podemos seguir sosteniendo nuestra cuarta hipótesis.

Tabla 6: Correlaciones entre las VDs e identificación grupal






1

2

3

4

5

6

7

1.Autoestima de pertenencia

-

-

-

-

-

-

-

2.Autoestima colectiva privada

.63**

-

-

-

-

-

-

3.Autoestima Colectiva Pública

.36**

.50**

-

-

-

-

-

4. Importancia de la identidad

.05

.09

.16

-

-

-

-

5. Autoestima

.36**

.38**

.25*

-.21

-

-

-

6. Satisfacción

.35**

.41**

.33**

-.05

.65**

-

-

7. Depresión

-.25*

-.29*

-.32**

.23

-.67**

-.68**

-

Media

4.28

4.17

3.28

3.11

4.41

3.08

3.17

D.T.

1.34

1.48

1.43

1.28

1.07

1.29

1.38

* p < .05 ** p < .01
A continuación se calcularon las correlaciones de Pearson entre nuestras VDs y las variables relacionadas con las estrategias de afrontamiento. Los resultados pueden verse en la Tabla 7. Como se observa, la percepción de controlabilidad del peso se asocia con una buena salud psicológica, mientras que el hecho de considerar poco importante el aspecto físico correlaciona positivamente con el bienestar. Por otro lado, también se encuentra que una estrategia de afrontamiento que se asocia con una buena salud psicológica es el humor, mientras que el centrarse en las emociones o el realizar actividades distractoras muestra correlaciones negativas con el bienestar psicológico. En la Tabla 8 aparecen las estrategias de afrontamiento que no presentaron correlaciones estadísticamente significativas. Con respecto a nuestra quinta hipótesis solo podemos seguir sosteniéndola de forma parcial puesto que de las estrategias propuestas tan solo parece funcionar la minimización de la importancia del aspecto físico y el humor (coping centrado en la tarea), pero la negación de la controlabilidad del peso y el apoyo social no han ido en la línea de lo previsto. Por otro lado, sí que hemos encontrado que las estrategias de coping más centradas en las emociones no parecen funcionar para salir adelante ante situaciones de prejuicio puesto que los resultados muestran correlaciones negativas con los índices de bienestar psicólogico que hemos utilizado.
Tabla 7: Correlaciones significativas entre las VDs y estrategias de afrontamiento




1

2

3

4

5

6

7

8

1.Control peso

-

-

-

-

-

-

-

-

2.Minimización

-.05

-

-

-

-

-

-

-

3. Humor

.12

-.21

-

-

-

-

-

-

4. Emociones

.12

.34**

-.21

-

-

-

-

-

5. Distracción

-.36**

.01

-.02

.10

-

-

-

-

6. Autoestima

.24*

.36**

.33**

-.38**

-.34**

-

-

-

7. Satisfacción

.35**

.28*

.11

-.23*

-.19

.65**

-

-

8. Depresión

-.41**

-.29*

-.12

.35**

.29*

-.67**

-.68**

-

Media

3.40

3.78

4.03

3.48

3.85

4.41

3.08

3.17

DT

1.60

1.06

1.62

1.44

1.49

1.07

1.29

1.38

* p < .05 ** p < .01
Tabla 8: Correlaciones no significativas entre las VDs y estrategias de afrontamiento




1

2

3

4

5

6

7

1.Apoyo social

-

-

-

-

-

-

-

2.Aceptación

.08

-

-

-

-

-

-

3. Negación

.13

.07

-

-

-

-

-

4. R. positiva

.27*

.37**

.40**

-

-

-

-

5. Autoestima

.01

.06

-.11

.12

-

-

-

6. Satisfacción

.11

.10

-.10

.01

.65**

-

-

7. Depresión

-.02

-.05

.23

.05

-.67**

-.68**

-

Media

3.89

3.72

2.48

3.72

4.41

3.08

3.17

D.T.

1.29

1.31

1.36

1.29

1.07

1.29

1.38

* p < .05 ** p < .01
3.3.3. Regresiones
Con el fin de clarificar más el papel que juegan las variables psicosociales hasta ahora estudiadas en el bienestar psicológico de los obesos, se realizó un análisis de regresión por pasos sucesivos con la autoestima, la satisfacción y la depresión como variables criterio, y tomando como variables predictoras aquellas que se relacionaban significativamente en los análisis previos (variables de atribución, appraisals, discriminación, identificación grupal y de afrontamiento).
El análisis de regresión sobre la autoestima arrojó tres modelos. El primero de ellos presentó una R2 de 0.34 [F = 1.544, p  .01]. El cambio en R2 en el segundo y tercer modelo aumentó significativamente [R2 = .09, p  .03 y R2 = .126, p  .01, respectivamente], obteniéndose finalmente una varianza explicada del 57%. Los factores predictores más relevantes fueron la percepción de discriminación (β standarizada = -.35, p  .01), la autoestima colectiva privada (β standarizada = .40, p  .00) y la distracción (β standarizada = -.36, p  .01).
También se realizó un análisis de regresión para la satisfacción que arrojó dos modelos. El primero presentó una R2 de .40 [F = 20.98, p  .01]. El cambio en R2 en el segundo modelo aumentó significativamente [R2 = .08, p  .04]. El segundo modelo explicaba el 46% de la varianza y los factores más relevantes fueron la percepción de discriminación (β standarizada = -.52, p  .01) y la autoestima colectiva privada (β standarizada = .31, p  .04).
Por último, se realizó un análisis de regresión para la depresión que arrojó dos modelos. El primero presentó una R2 de .35 [F = 15.57, p  .00]. El cambio en R2 en el segundo modelo aumentó significativamente [R2 = .10, p  .03]. El segundo modelo explicaba el 45% de la varianza y los factores más relevantes fueron la percepción de discriminación (β standarizada = .56, p  .01) y la importancia de la identidad (β standarizada = .32, p < .03).
3.3.4. Análisis path
Con el propósito de valorar las relaciones entre las diferentes variables de nuestro estudio, de forma simultánea, se realizó un análisis path con el software AMOS, en su versión 4.0. (Arbuckle, 1994).
Para comprobar el modelo de Major y cols. (2002) se utilizaron como variables las atribuciones a la discriminación, la identificación grupal (la autoestima colectiva privada, es decir, el orgullo que sentían por pertenecer al grupo de los obesos), los appraisals dañinos (situaciones de discriminación incontrolables, estables, globales y graves) y la autoestima. El modelo final está representado en la Figura 3.

Los índices de bondad de ajuste obtenidos para este modelo no fueron satisfactorios [2= 31.70, p  .00; CFI (Comparative Fit Index)= .54; NFI (Normed Fit Index) = .59; RMSEA (Residual Mean Squared Error Aproximation)= .51]. Para lograr el ajuste aceptable la literatura al respecto establece otros resultados (valores comprendidos entre .95 y 1 para el CFI y el NFI, según Bentler, 1990 y, valores menores de .05 para el RMSEA, según Browne y Cudek, 1993), por que se desprende que el modelo de Major y cols. (2002) no ajusta para nuestra muestra de obesos.


El segundo modelo presenta las variables del modelo de Branscombe y cols. (1999) como son la atribución a la discriminación, la hostilidad, la identificación grupal (autoestima colectiva privada) y la autoestima. Este modelo sí presenta una bondad de ajuste adecuada [2 = .14, p = .92; CFI= 1; NFI = .99; RMSEA = 0]. Como se puede ver en la Figura 4, este modelo postula que la relación entre la atribución a la discriminación y la autoestima es negativa, mientras que es la identificación grupal la que lo hace de forma positiva con el bienestar. Por otro lado, se puede observar que las atribuciones se asocian de forma positiva con la hostilidad hacia los delgados, mientras que lo hace de forman negativa con la identificación.

Se trabajó posteriormente con los sujetos con poco control sobre su estigma (obesidad) para comprobar si las derivaciones del modelo de Garstka y cols. (2004) se podían aplicar con nuestra muestra de sujetos. Se encontró que el modelo ajustaba de forma satisfactoria (valores comprendidos entre .95 y 1 para el CFI y el NFI, según Bentler, 1990 y, valores menores de .05 para el RMSEA, según Browne y Cudek, 1993), con valores idénticos a los del modelo anterior, excepto en el caso del papel de la identificación, en la que se encontró que la autoestima colectiva privada se relacionaba con mayor fuerza con la autoestima (β standarizada = .17). Este resultado indica que las personas que perciben que tiene pocas posibilidades de llegar a ser algún día delgadas (poco contralabilidad sobre el peso) se benefician más de la identificación grupal para sobrellevar diferentes situaciones de discriminación por su peso lo cual es acorde con nuestra cuarta hipótesis.


3.4. Discusión
Según nuestros resultados hemos encontrado que el Índice de Masa Corporal (IMC) se asocia con la depresión y que las mujeres poseen una menor autoestima que los hombres. Estos resultados son acordes a algunos trabajos (Dong y cols., 2004; Franklin, 2006) pero contradicen otros (Rosmond y Björntorp, 2002; Wadden y cols., 1989). Como ya se ha comentado los estudios que trataban de estudiar las diferencias ente obesos y delgados en constructos relacionados con el bienestar psicológico habían fracasado en su intento, al no prestar atención a variables de corte psicosocial que podían estar explicando por qué algunas personas sufren de mal estado de ánimo mientras que otros tienen una salud psicológica aceptable. Este tipo de trabajos siempre incluían medidas como el IMC o el género y encontraban resultados que en algunas ocasiones unían depresión con mayor severidad en el peso pero en otras no, mientras que otros hallaban una menor autoestima para el caso de las mujeres obesas, pero en otras ocasiones esas correlaciones eran espurias. Este trabajo explica las diferencias encontradas en función de algunas variables que la literatura revisada proclama como relevantes.
Así, se ha hallado que las atribuciones juegan un papel determinante en el bienestar psicológico de los obesos, al encontrar que ante situaciones de discriminación las atribuciones externas generales son las que presentan una correlación positiva y alta con una buena salud psicológica. Por el contrario, las atribuciones internas generales, a la obesidad (internas específicas) y al prejuicio (externas específicas) se asocian con una peor salud psicológica. Este resultado es contrario a la hipótesis de Major y cols. (2002) que pronosticaban que las atribuciones al prejuicio tenían consecuencias positivas para la autoestima de los estigmatizados. Por otro lado, el trabajo de Crocker y cols. (1993) puso de manifiesto que las personas obesas no se beneficiaban de este mecanismo dado que solían culparse a sí mismas de los resultados negativos, por lo que no solían hacer este tipo de atribuciones. Nuestros resultados avalan la idea de que a pesar de que las personas obesas realizan este tipo de atribuciones, el hecho de que se hagan no tiene consecuencias positivas para la autoestima de las personas con un exceso de peso. De hecho, este resultado sería congruente desde el modelo de Branscombe y cols. (1999) en el cual se postula que la discriminación percibida (el realizar una atribución al prejuicio implica un reconocimiento de que existe una discriminación) se correlaciona de forma negativa con la autoestima.
Otro resultado interesante es que los appraisals dañinos (o valoraciones de la situación de discriminación como estable, global, grave e incontrolable,) se asocian con un malestar elevado. Según Eccleston y Major (2006) este tipo de evaluaciones de las situaciones de discriminación se correlacionan con una peor salud psicológica lo cual es acorde con nuestros resultados. Es decir, el hecho de percibir discriminación tiene consecuencias negativas para el bienestar pero si además esas situaciones son percibidas como estables (la discriminación se mantendrán en el tiempo), globales (afectan a muchas áreas de su vida), graves (el hecho es de gran importancia en su vida) e incontrolables (van a seguir sucediendo hagan lo que hagan), tendrán consecuencias aún más graves para su autoestima.
Por otro lado, también se ha encontrado que la percepción de la discriminación y la discriminación sufrida, así como el hecho de ser consciente de que se posee un estigma se relacionan con una peor salud psicológica. Branscombe y cols. (1999) encuentran un resultado similar al hallar que el hecho de percibir que se es objeto del prejuicio de los demás tenía consecuencias negativas para la salud psicológica de los estigmatizados. Por otro lado, Pinel (2004) halla que el hecho de percibirse como estigmatizado se relaciona con una peor salud psicológica lo cual también es congruente con nuestros resultados. En esa misma línea, Stangor y cols. (2002) al hacer la distinción entre discriminación directa (las experiencias de discriminación en nuestro estudio) e indirecta (la conciencia del estigma así como la percepción de la discriminación) también hallan un resultado similar, ya que encuentran que ambos tipos de discriminación tienen correlatos con una peor salud psicológica. Este resultado da a entender que la discriminación aunque se produzca si no es percibida como tal y no se asume que se posea un estigma social es probable que no haga mella en el bienestar de las personas, aunque la exclusión acaezca objetivamente (véase Stangor y cols., 2003, para una discusión en mayor profundidad entre la discriminación directa e indirecta). Así, en el punto 2.2. se hacía una revisión exhaustiva de diversas áreas en las que los obesos padecían discriminación, sin embargo siempre y cuando los obesos no perciban esa exclusión social, no tendría por qué afectarles a su salud psicológica.
También se ha hallado que la identificación grupal se relaciona de forma positiva con el bienestar en los obesos. Este resultado es acorde al modelo Rechazo-Identificación de Branscombe y cols. (1999) en el que se encuentra que a través de la identificación con el grupo derogado se obtienen consecuencias positivas para la autoestima de los grupos estigmatizados. En concreto se ha encontrado que el hecho de estar orgulloso de pertenecer al grupo de los obesos (autoestima colectiva privada) se relaciona con un mayor bienestar psicológico. Esta relación se acrecienta cuando se trabaja exclusivamente con las personas con un control de su estigma bajo, lo cual es acorde al modelo formulado por Garstka y cols. (2004). Así, aquellas personas que no tienen control sobre su propio peso, y que por tanto no pueden llegar a pertenecer al grupo de los delgados, sobrellevaban el prejuicio y la discriminación a través de la identificación con su grupo derogado.
De entre las estrategias de afrontamiento es el humor la que presenta una asociación más positiva con el bienestar en nuestra muestra de obesos (Carver y cols., 1989), mientras que el hecho de centrarse en las emociones o las tareas distractoras se asocian a un malestar más elevado. Estos resultados parecen apoyar la idea que ante una situación de discriminación la estrategia más razonable a seguir es la de desdramatizar el asunto y tomar con humor lo que ha sucedido, ya que el hecho de dejar que estas situaciones trastoquen sus emociones o el hecho de tratar de olvidar lo ocurrido realizando tareas distractoras no funcionan para sobrellevar los incidentes de exclusión social. También se ha hallado que el hecho de percibir que se posee control sobre el propio peso se relaciona de forma positiva con el bienestar, lo cual es el resultado contrario al hallado por Puhl y Brownell (2003b), en el que encontraban que el hecho de negar la responsabilidad que tienen en el control de su peso se correlacionaba con una salud psicológica mayor. Sin embargo, al igual que estos autores sí hemos encontrado el resultado de que el hecho de percibir que el aspecto físico es muy importante se correlaciona de forma positiva con el malestar psicológico. Es decir, el hecho de negar que el aspecto físico sea importante se relaciona con un mayor bienestar psicológico.
Con respecto a la hostilidad no se han hallado correlaciones significativas con ninguna de las variables de nuestro estudio, lo cual es sorprendente pues desde el modelo de Branscombe se postula que la hostilidad se debería correlacionar con la discriminación percibida. Este resultado se explica en parte porque normalmente las personas obesas aspiran a llegar a ser personas del grupo de los delgados y por lo tanto más que sentir agresividad hacia ellos (por más que los discriminen o los traten mal) lo que sienten es cierto deseo de llegar a ser un día como ellos. Aplicando la Teoría de la Identidad Social podemos explicar esta aseveración de una forma más precisa. Según la teoría de la Identidad Social (Tajfel, 1981) la estrategia de la movilidad social puede desarrollarse cuando existe la creencia de que las barreras entre las categorías sociales son permeables. Esta estrategia consiste en el intento de la persona que pertenece a un grupo social derogado en redefinir su pertenencia categorial, tratando de llegar a ser miembro del grupo de status superior. Es decir, si las personas obesas perciben que tiene control sobre su propio peso y que tienen la capacidad suficiente como para rebajar su peso estarían percibiendo las barreras entre grupos como permeables, y por lo tanto no sentirían hostilidad hacia el exogrupo ya que percibirían que pueden llegar a formar parte de ese grupo algún día. Como se ha visto, la controlabilidad del peso se asociaba claramente con el bienestar lo que puede estar determinando que las personas perciban que algún día puedan llegar a tener menos peso y por lo tanto no lleguen a sentir hostilidad hacia las personas delgadas a pesar de que sufran rechazo o discriminación por parte de ellos.
Realizando análisis de regresión por pasos se ha hallado que tanto la percepción de la discriminación como los diversos factores que componen la identificación grupal explican porcentajes de varianza bastante elevados de la depresión, la autoestima o la satisfacción con la vida, lo cual es acorde al modelo de Branscombe y cols (1999). Así, se ha encontrado que la autoestima colectiva privada, las actividades distractoras y la percepción de discriminación explican la autoestima de las personas obesas en un porcentaje considerable (57%). Es decir, según este resultado habrá mayor autoestima cuando la persona obesa se identifique con su grupo, no perciba que está siendo discriminada y afronte esas situaciones de exclusión social mediante una estrategia que no sea la distracción (con actividades centradas en las tareas). Por otro lado, se ha hallado que la satisfacción con la vida se explica en un 46% por la percepción de discriminación y la autoestima colectiva privada. Es decir, según este resultado habrá mayor satisfacción con la vida cuando la persona obesa se identifique con su grupo y no perciba que está siendo discriminada. Por último, hemos encontrado que la depresión se explica por la percepción de discriminación y la importancia de la identidad (45%). Es decir, según este resultado habrá mayor depresión cuando la persona obesa perciba que es objeto de discriminación y además sea muy importante para su autoconcepto el hecho de ser obeso.
Los resultados encontrados apoyan el modelo de Branscombe y cols. (1999) más que el de Major y cols (2002) al hallar que las atribuciones a la discriminación se relacionan de forma negativa con la autoestima, y que la identificación grupal correlaciona de forma positiva con el bienestar. De hecho de los modelos realizados con AMOS tan solo el de Rechazo-Identificación es el que ha mostrado buen ajuste. Este hallazgo pone de manifiesto que una estrategia positiva para que las personas obesas tengan un bienestar psicológico aceptable consiste en identificarse con el propio grupo en vez de renegar de él. Por ejemplo, el fenómeno del asociacionismo puede estar relacionado con una mejor salud psicológica, ya que gracias a la unión con otras personas aquejadas de la misma enfermedad se pueden conseguir mejoras para el propio grupo de los obesos. En España existen varias asociaciones, como puedan ser, las ya mencionadas, OBECAN u ASOFE y otras como APTO (Asociación Para el Tratamiento de la Obesidad), todas ellas implicadas en el esfuerzo de lograr un trato justo para los obesos.
Por último diremos que este trabajo trata de incorporar los avances realizados dentro del campo de la psicología del estigma para explicar por qué ciertos obesos sufren de una menor autoestima y más síntomas depresivos mientras que otros pueden tener un estado de bienestar psicológico más que aceptable. Como se ha visto la discriminación que sufre este colectivo parece estar explicando en gran parte la mala salud psicológica que sufren alguno de sus integrantes, variable que hasta ahora no había recibido la atención suficiente en la literatura revisada. Por lo tanto sería interesante seguir estudiando qué papel juega esta variable para analizar cómo afecta la exclusión social y el prejuicio a la salud psicológica de los miembros que pertenecen a un colectivo tan estigmatizado como es el de los obesos.

CAPÍTULO 4: ESTUDIO EXPERIMENTAL


4.1. Planteamiento
Existe una línea de investigación que estudia la resiliencia de los estigmatizados a través del análisis de las estrategias de afrontamiento que utilizan los grupos discriminados para salir adelante ante la exclusión y el prejuicio. Dentro de esta línea de actuación cabría destacar a Branscombe y cols. (1999) que mencionan que ciertas variables de corte psicosocial pueden estar produciendo que algunos estigmatizados sufran de una peor autoestima, mientras que otros posean una salud psicológica aceptable. Según estos autores el hecho de percibir que se está discriminado por los demás tiene consecuencias negativas para el bienestar psicológico de los estigmatizados. Es decir, las atribuciones de un resultado negativo (ej: el rechazo en una entrevista de trabajo) al hecho de la discriminación, o al prejuicio de los demás, representan para el estigmatizado un rechazo por parte de los grupos dominantes. De hecho, esa creencia de que un evento negativo determinado se debe al prejuicio del estigmatizador acaba generando hostilidad hacia ese exogrupo dominante. Así, por ejemplo, dentro del colectivo de los afro-americanos se ha comprobado que el hecho de percibir que se está siendo discriminado (en el empleo, para alquilar un piso o por recibir peor asistencia sanitaria) acaba generando un aumento de la agresividad que se siente hacia ese grupo dominante (los blancos) que les está poniendo trabas para lograr la igualdad. Según estos autores las consecuencias negativas para la salud psicológica del estigmatizado de percibirse objeto de discriminación pueden verse paliadas a través de la identificación con el grupo minoritario. Así, en el caso de los afro-americanos (colectivo que más se ha estudiado en los Estados Unidos) se ha comprobado que esa discriminación a la que se ven sometidos y a la que estamos haciendo referencia suele ir acompañada de un aumento de la identificación grupal que se ve reflejado principalmente en una relación casi exclusiva con miembros de su propio colectivo o la participación en grupos que promueven la igualdad de derechos. Según los datos del modelo, el hecho de sentirse identificado con el grupo socialmente devaluado, como puedan ser los afro-americanos en Estados Unidos, evita que la percepción de discriminación haga mella en los miembros de ese grupo.
Dos estudios con sujetos con piercings (Jetten, Branscombe, Schmitt y Spears, 2001) estudian precisamente este fenómeno con grupos que a priori no son especialmente significativos para la identidad del sujeto (llevar un pendiente no es un característica que genere, en principio, una identidad de tipo social o colectiva). Estos trabajos tratan, por lo tanto, a través del estudio de un grupo mínimo (utilizando la terminología de Tajfel) analizar en qué medida la identificación con un colectivo puede ayudar o no a sobrellevar procesos de discriminación. Lo que los autores hicieron fue preguntar en una tienda de piercings en Holanda a diferentes personas que acudían allí para hacerse un pendiente una serie de cuestiones sobre su identificación con el grupo de personas con piercings, así como indagar sobre los posibles costes sociales de llevar pendientes en diferentes zonas corporales (como por ejemplo haberse visto rechazados en una entrevista de tipo laboral por el mero hecho de llevar un pendiente en un ceja). En el primer estudio se encontró, mediante la realización de un modelo path, que la discriminación percibida se correlacionaba de forma positiva con la identificación grupal (β = .34). Por lo tanto, la principal conclusión que se extrajo de este primer estudio es que la percepción del rechazo por parte del grupo dominante (gente sin piercings) se asociaba con la identificación grupal con los miembros que pertenecen a ese colectivo excluido al que el sujeto pertenece (personas con pendientes). Según los autores del estudio este dato avalaría la idea de que para sobrellevar el rechazo, la identificación jugaría un papel crucial, pero para seguir indagando en esta idea plantearon un segundo trabajo que clarificó de una manera mucho más ilustrativa la relación propuesta. Por ello, en el segundo estudio, realizado también con personas con piercings, en vez de plantear una investigación correlacional realizaron un diseño experimental para explicar la relación entre discriminación e identificación grupal. En este caso a los participantes antes de contestar al cuestionario se les dio un pequeño informe acerca de la percepción que tenían sobre los sujetos con piercings las personas que no tienen ningún pendiente. En ese pequeño informe se hacía alusión a datos referentes principalmente de carácter laboral (dificultades en los procesos de selección por el mero hecho de la imagen). Un 50% de la muestra leyó el citado informe mientras que la otra mitad pudo leer una información completamente diferente (se hablaba de que las personas con piercings estaban perfectamente integradas y que no recibían ningún tipo de discriminación por ello). En este caso se encontró que la discriminación percibida (en este caso manipulada por los investigadores) se relacionaba con la identificación grupal de forma positiva (β = .24) y de forma negativa con la autoestima (β = -.15) cuando se hacía un análisis path, mientras que la relación entre identificación grupal y la autoestima era positiva entre sí (β = .21). Por lo tanto, en este segundo estudio la principal conclusión que se extrae es que la discriminación percibida produce tanto un aumento de la identificación grupal como un descenso de la autoestima, que se ve parcialmente protegida por el papel protector que tiene la unión con el grupo minoritario o devaluado. Es decir, el hecho de percibir el prejuicio como algo estable y continuo tiene consecuencias negativas para el sujeto, que se ven paliadas gracias al efecto de la identificación grupal.
Otro estudio que encuentra resultados similares es el realizado por Schmitt, Branscombe y Postmes (2003). En este caso en vez de trabajar con identidades sociales de carácter adquirido (como pueda ser el hecho de tener o no tener un piercing) se tomaron como participantes a mujeres para comprobar en qué medida la identificación con un grupo significativo (las personas de tu mismo género) pueden ayudar o no a sobrellevar situaciones de sexismo o discriminación por el mero hecho del género. Así, estos autores realizaron un estudio experimental para comprobar cómo el modelo Rechazo-Identificación podía aplicarse al colectivo de las mujeres. Para ello manipularon la saliencia de la discriminación dando diferentes textos a leer a los participantes del estudio: a la mitad se les daban datos que confirmaban la discriminación que sufría su colectivo (se les decía que por ser mujer tenían remuneraciones más bajas o sufrían discriminación en los procesos de selección de personal) mientras que al resto de la muestra se les dio un informe en que se describía una situación de la mujer en la que el rechazo hacia los miembros de su colectivo era infrecuente (todo ello apoyado con datos para reforzar el argumento, al igual que en la otra condición). El principal resultado de este estudio es que encontraron que las mujeres mostraban menos bienestar psicológico cuando se encontraban en un contexto donde la discriminación siempre sucedía que cuando la discriminación era rara u ocasional. Así, las mujeres que leían el informe en el cual se informaba que el sexismo era un hecho muy frecuente en la sociedad actual presentaban menos autoestima que aquellas personas que leían un fragmento donde se señalaba que la discriminación por tema de género era infrecuente y rara. En ese estudio se encontraba además que la discriminación percibida era más dañina para los sujetos cuando se veía como legítima y que era menos dañina para la autoestima de los sujetos cuando esa discriminación se veía como ilegítima. Así, se encontró que las mujeres que justificaban la discriminación (argumentando que la falta de capacitación de algunas mujeres era lo que producía alguna de las diferencias que aparecían en el texto de discriminación alta) eran las que menos autoestima tenían cuando la manipulación iba en la dirección de sugerir que el sexismo en la sociedad era muy habitual.
Por lo tanto, de este estudio se desprende la idea de que hacer saliente la discriminación puede producir una merma en la autoestima de los miembros de colectivos excluidos. Por otro lado, otra variable importante es la legitimidad percibida de la discriminación, ya que cuando la exclusión se ve como justa afecta más a la salud psicológica de los estigmatizados que cuando el prejuicio se ve como ilegítimo. Esta idea que se desprende del modelo del Rechazo-Identificación es similar a la hallada en el trabajo de Crocker, Cornwell y Major (1993). En ese trabajo los experimentadores pidieron a sus participantes (mujeres con sobrepeso y con pesos normales) que interactuaran con un hombre colaborador de los investigadores en un supuesto contexto de un estudio sobre las relaciones interpersonales. Así, los dos tipos de participantes (sobrepeso vs peso normal) recibían o bien un feed-back positivo (el hombre elogiaba a las participantes) o bien la persona a las órdenes del equipo investigador criticaba a las mujeres con las que había estado hablando (condición de rechazo). Después de haber realizado esa valoración, negativa o positiva, se medían las atribuciones realizadas por los propios sujetos, así como su estado de ánimo. Lo que se encontró fue que las mujeres con sobrepeso ante un resultado negativo (un juez haciendo un comentario sobre ellas) no realizaban atribuciones a la discriminación como hacían las mujeres con pesos normales. Así, lo que estos autores hallaron fue que las mujeres con sobrepeso solían echarse la culpa de esa evaluación no elogiosa a sí mismas antes que creer que se debía al prejuicio o la discriminación (como hacían las mujeres con un peso normal como hemos mencionado). Además, el hecho de que las mujeres realizaran con mayor frecuencia este tipo de atribuciones se correlacionaba con estados de ánimos más negativos. Por lo tanto, este resultado indica que las mujeres con sobrepeso suelen atribuir los resultados negativos más a su peso (ya que estiman que ese exceso de peso es debido a su culpa) que realizar atribuciones externas, con las consecuencias psicológicas que eso supone. Es decir, según este trabajo las personas obesas en vez de considerar que la discriminación se produce por causas ajenas a ellos (por el prejuicio hacia los obesos por ejemplo) más bien se autoculpan de esas situaciones de exclusión social.
Dado que encontramos datos que avalan el modelo de Branscombe y cols. (1999) para el caso de la obesidad en el estudio correlacional anterior (ver capítulo 3), parece interesante, y en función de los trabajos aquí comentados, seguir estudiando algunas de las variables utilizadas por estos autores. El objetivo de este segundo estudio es, por lo tanto, seguir indagando en la importancia de estas variables psicosociales relevantes para explicar la salud psicológica de los estigmatizados pero con la metodología experimental. Es decir, se trata de basarnos en el trabajo de Schmitt y cols. (2003) para realizar un estudio que sea capaz de demostrar empíricamente que las variables psicosociales expuestas (identificación, legitimidad y discriminación) se relacionan con la salud psicológica del colectivo de los obesos. Estos autores manipulaban la saliencia de la discriminación, comprobando que cuanto mayor era la exclusión a la que se hacía referencia, mayor era la merma en la autoestima. Esto da a pie a la formulación de nuestra primera hipótesis.


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