Universidad nacional de educación a distancia



Descargar 1.18 Mb.
Página10/13
Fecha de conversión03.12.2017
Tamaño1.18 Mb.
Vistas411
Descargas0
1   ...   5   6   7   8   9   10   11   12   13

A pesar de que el trabajo que aquí presentamos tiene una perspectiva psicosocial no por ello dejamos de lado la importancia que tiene la Psicología de la Salud para el estudio de la obesidad. Nos hemos decantado por el enfoque psicosocial porque creemos que el la que menos atención ha recibido en la investigación sobre obesidad y por esas carencias creíamos necesario desarrollar trabajos que ampliaran el conocimiento que teníamos sobre esas áreas menos exploradas. En el futuro habría que adoptar ambas perspectivas porque la literatura pone de manifiesto que el punto de vista de la Psicología de la Salud (Rodríguez Marin, 1995) tiene mucho que decir en el campo de la obesidad. Como es bien sabido, la Psicología de la Salud es una rama de la psicología que postula que la enfermedad física es el resultado no sólo de factores médicos, sino también de factores psicológicos (emociones, pensamientos, conductas, estilo de vida, estrés) y factores sociales (influencias culturales, relaciones familiares, apoyo social, etc.). Según los autores que trabajan en esta disciplina estos factores interactuarían entre sí para dar lugar a la enfermedad. Por lo tanto, la Psicología de la Salud tiene como objetivo la promoción de un estilo de vida saludable, la prevención de las enfermedades (ej: modificación de hábitos insanos asociados a enfermedades) o el tratamiento de enfermedades específicas (ej: cuando médicos y psicólogos trabajan juntos). En el caso que nos ocupa, la obesidad, creemos que la perspectiva de la Psicología de la Salud puede aportar un conocimiento más que útil para mejorar el tratamiento que reciben multitud de pacientes, como han demostrado exitosas aplicaciones para diversas enfermedades crónicas (Terol, Rodríguez Marín, Pastor, López Roig y Martín Aragón, 2008). Por ejemplo, el Modelo de Creencias de la Salud, desarrollado por Rosenstock, examina el papel de las expectativas relacionadas con la salud (Nouvilas, 2008) y podría ser aplicado perfectamente a la obesidad. Según este modelo las creencias que mantienen las personas sobre su salud son las que determinan la forma en que se comportan hacia los problemas de tipo médico. Es decir, que, como vemos, la manera que tiene el paciente de percibir su propia enfermedad acaba influyendo en la manera en que se comporta posteriormente. Por lo tanto, si aplicamos esta idea a la obesidad vemos que es fundamental transmitir al paciente obeso la idea de que puede hacer algo para perder peso, para que de esta manera su comportamiento vaya en la línea de lo marcado por el profesional de la medicina (y de este modo siga el consejo dietético dado por el médico). En esta línea de aplicar alguna de las ideas de la Psicología de la Salud a la obesidad vemos la importancia que tienen, por ejemplo, diversas estrategias de afrontamiento en el curso de algunas enfermedades. Por ejemplo, Quiles, Quiles y Terol (2003) demuestran el importante papel del apoyo social en los trastornos de la alimentación (anorexia y bulimia nerviosa) y sus efectos beneficiosos sobre la salud. Es decir, aquellos pacientes con vidas sociales más ricas tienen más posibilidades de salir de esa situación que aquellas personas con trastornos de la alimentación que no tienen un núcleo familiar y de amistades sólido en el que apoyarse. En el caso de la obesidad parece evidente que es más que importante tener gente (familia o grupo de iguales) que apoye a la persona obesa en su tratamiento (y no, como se vio en el capítulo 2, que muchas veces miembros de la propia familia la critiquen o recriminen por su peso). Por lo tanto, creemos que la Psicología Salud en el campo de la obesidad puede ayudar a que los pacientes aquejados de esta enfermedad tengan estilos de vida más saludables (a través de intervenciones clínicas) o a mejorar la prevención de la obesidad (con sesiones informativas y formativas)



Aplicaciones prácticas
La tesis que aquí presentamos es evidentemente un trabajo de investigación: estudiamos procesos generales (principalmente la discriminación) y su relación con diversas variables que creemos relevantes (bienestar psicológico). Para ilustrar esos procesos generales, y su incidencia sobre determinados constructos, hemos decidido trabajar con un grupo al que históricamente se le ha dedicado poca atención como es el de los obesos. Los modelos sobre los que nos basamos se habían basado en otros grupos (afro-americanos y mujeres por ejemplo) y las conclusiones que habían obtenido habían sido similares. Así, nos interesa la investigación básica pero siempre analizando casos concretos que puedan ayudar entender mejor como funcionan esas variables en la realidad. Evidentemente de este trabajo se pueden obtener derivaciones prácticas que pueden enriquece la práctica clínica pero esto no resta que el trabajo que aquí presentamos puede ser considerado como investigación básica. Por ejemplo, creemos que en las valoraciones clínicas que se hagan sería conveniente medir también las variables más sociales porque como hemos demostrado tienen una clara incidencia sobre la salud psicológica de las personas. Es decir, creemos que algunas de las conclusiones tienen una clara vertiente aplicada. Por lo tanto, a través de la investigación se puede enriquecer la praxis de mucho de los profesionales que trabajan en el campo de la obesidad. Creemos pues que para abordar un tema tan complejo como lo es esta enfermedad es necesario sumar el mayor número de contribuciones posibles y evidentemente no hay que soslayar la aportación que se puede hacer desde el campo de la investigación. Por ejemplo, para tratar a los pacientes obesos es necesario un equipo multidisciplinar en el que intervengan médicos y enfermeras, pero también psicólogos que puedan aportar sus conocimientos para ayudar a los pacientes. Ese conocimiento siempre ha de ir respaldado por datos obtenidos mediante investigación y avalados por trabajos científicos que demuestren la importancia de determinadas variables y su posible incidencia sobre el bienestar de las personas obesas. Por lo tanto, el objetivo de este trabajo ha sido el realizar una investigación de procesos generales básicos, enfocado en un contexto muy determinado para ilustrar esos fenómenos, que de cara al futuro puedan tener una aplicación práctica en los contextos clínicos para de esta manera enriquecer el abordamiento que se realiza de esta enfermedad.
A raíz de lo expuesto en el párrafo anterior cabe plantearse cuál pueda ser la labor de un psicólogo en el campo de la obesidad. Por un lado, la aportación que puede hacer un psicólogo es la de investigar algunas variables que puedan tener incidencia sobre la calidad de vida de las personas obesas. Ese era el objetivo de la tesis en la que pretendíamos introducir algunos constructos que creíamos relevantes para mejorar la praxis de los profesionales que se dedican en cuerpo y al alma al campo de la obesidad. También es factible que el psicólogo, por su experiencia profesional, pueda trabajar como consultor dando su punto de vista sobre como es mejor enfocar el tratamiento de la obesidad. Por ejemplo, en el tema del tratamiento de la obesidad parece fundamental poner a disposición de los profesionales algunas de las conclusiones que hemos obtenido, ya que si no tiene en cuenta la dimensión psicosocial puede ser que algunas personas reduzcan algo su peso pero si esa pérdida ponderal no va acompañada de una mejora de sus relaciones sociales es probable que los problemas de autoestima sigan persistiendo lo cual a la larga generará muchas complicaciones (ganancias ponderales por ejemplo). Por otro lado, también es factible que el psicólogo pueda trabajar directamente con las personas obesas para lograr mejorar la vida incidiendo directamente en las áreas mas afectadas. Por ejemplo, el psicólogo puede intervenir para lograr implantar en los pacientes obesos pautas de vida saludables (educación para la salud principalmente), hacer terapia para mejorar la autoestima de las personas obesas o dar cursos para mejorar las habilidades sociales de este tipo de personas. Desde esa vertiente más clínica parece claro que el papel del psicólogo es fundamental para mejorar la calidad de vida del paciente obeso. Por último, y no por ello menos importante, puede verse al psicólogo como activista que busque poner en conocimiento del público hechos tan reprobables como los expuestos en el capítulo segundo. Desde ese punto de vista el psicólogo tendría el importante rol de denunciar públicamente algunas de las practicas que hemos visto que existen (inferior salario, discriminación en los contextos educativos, etc.) para de esta manera intentar acabar con esas situaciones tan injustas de rechazo.

Intervención psicosocial
Ante el panorama presentado en la revisión teórica realizada en el punto 2.2. cabe plantearse cual es la labor que puede hacer la Psicología Social para lograr modificar esta situación. En primer lugar, el hecho de sacar a la luz todas estas investigaciones que demuestran la discriminación en diversas áreas (trabajo, educación, con los médicos) puede ayudar a concienciar a la gente. La presentación de evidencia empírica no es sí misma completamente persuasiva pero sí creemos que el conocimiento de este tipo de datos puede ayudar a cambiar, al menos en parte, la mentalidad de algunas personas que puedan tener prejuicios o sentir rechazo hacia los miembros de este colectivo. En segundo lugar, y no menos importante, creemos que es fundamental que se realicen programas en instituciones escolares para la prevención de la aparición de este tipo de respuestas estereotípicas o prejuiciosas hacia las personas obesas. Creemos que es importante que estas intervenciones se hagan en edades tempranas ya que como se ha demostrado las primeras apariciones del fenómeno de la exclusión al obeso suelen comenzar en las etapas escolares. En ese sentido sería positivo organizar charlas que informaran a la gente de muchas de las situaciones de rechazo a las que han de enfrentarse las personas obesas en su día a día por el mero hecho del peso para lograr una mayor empatización de la audiencia. Por otro lado, también existen experiencias en las que se suministra información que brinda apoyo a la teoría de que la obesidad no siempre obedece a causas controlables (factores genéticos, ambientales, psicológicos, etc.) ya que de esta manera se evitaría culpar a la persona obesa de su enfermedad. Como ya se mencionó la atribución a la controlabilidad del peso estaba muy relacionado con el prejuicio que se manifiesta contra las personas obesas. Aunque estas experiencias no siempre han obtenido resultados positivos, si parecen una iniciativa loable en cuanto que tienen como objetivo el concienciar a la población más joven de un fenómeno tan perjudicial para la sociedad como es el rechazo a las personas obesas.
Según Aronson (2000) a todo problema social, incluido el de la obesidad, se le pueden dar dos tipos de soluciones: las periféricas, también llamadas expeditivas, y las radicales. Según este autor las soluciones periféricas o expeditivas no irían a la raíz del problema y se trataría de meros “parches” que harían que se saliera del paso de manera momentánea pero que realmente no estarían erradicando el mal en sí mismo. Este tipo de soluciones son típicas cuando las situaciones problemáticas generan una gran alarma social entre la población por lo que las autoridades se apresuran a intervenir para evitar su desgaste público. Por el contrario, las soluciones radicales serían intervenciones que inciden en la naturaleza real del problema y que por lo tanto pretenden evitar que en el futuro puedan volver a ocurrir este tipo de hechos. Por ejemplo si pensamos en el caso de la obesidad y en las diversas áreas que se ven afectadas podemos ver que soluciones periféricas y radicales se podrían dar.
En primer lugar hablaremos de los diferentes tipos de intervención en el área profesional. Por ejemplo si atendemos a los procesos de selección de personal hemos visto que muchos entrevistadores presentan sesgos en contra de los obesos lo cual acaba produciendo que se suela elegir como candidato idóneo para un puesto vacante a aquella persona con un peso inferior. Si un caso de discriminación laboral tan patente por el peso tan patente saliera a la luz es muy probable que la empresa tomara como decisión o bien sancionar a ese empleado o directamente despedirle por ese hecho discriminatorio. En este caso hablaríamos de solución periférica. El ejemplo también es claro si pensamos que alguna persona responsable de Recursos Humanos está pagando un sueldo diferente a una persona obesa y a otra delgada a pesar de ostentar categorías profesionales similares. De nuevo si ese suceso fuese hecho público generaría consecuencias para esa persona que está discriminando a la gente con sobrepeso (con alguna sanción, sea la que sea). Hablaríamos de solución radical si se promovieran en las empresas estatutos en los que se contemple claramente políticas acerca de la no discriminación por el tema del peso. De esa manera se evitaría que en el futuro pudieran darse casos como los que hemos comentado.
En lo que respecta la educación habíamos visto que el rechazo se centraba principalmente en los insultos por parte del grupo de iguales que reciben los obesos durante la etapa escolar Por ejemplo, si un maestro observara que un niño se está metiendo o está insultando a otro niño con problemas de peso en el patio de colegio lo lógico sería que interviniera y pudiera castigarle de alguna manera (llamando a sus padres o avisando al jefe de estudios por ejemplo). Eso sería la solución periférica de ese problema, pero para dar una solución más completa (radical según Aronson) de esa problemática parece evidente que todo colegio debería intentar promover la igualdad no sólo entre hombres y mujeres, o entre diferentes religiones sino también entre los niños con diferentes pesos. Por lo tanto sería importante que se cumplieran en los colegios las diferentes normativas acerca del trato con respeto a todas las personas.
En lo que respecta al ámbito médico las soluciones son claras. Por ejemplo, han salido en los medios de comunicación casos de diversas negligencias médicas que han hecho que las autoridades intervengan promoviendo sanciones a los profesionales implicados. Si el caso fuera una discriminación por el peso evidentemente al médico en cuestión podrían ponerle una multa económica o impedirle ejercer su profesión durante determinado tiempo pero evidentemente eso no estaría solucionado el problema de que algunos profesionales de la medicina presenten sesgos en contra de las personas obesas. Evidentemente todo médico se debería guiar por el código deontológico de su profesión (que promueve el tratamiento no discriminatorio) por lo que en ese sentido la intervención no debería ir encaminada hacia esos pasos sino más bien en destinar dinero en campañas formativas e informativas para los profesionales de la medicina. Este tipo de cursos de formación podrían ayudar a los médicos a tener una mejor imagen del paciente obeso.
En lo que respecta a los medios de comunicación las diferentes intervenciones periféricas y radicales serían claras. Ejemplo de solución periférica sería que ante determinado anuncio claramente prejuicioso o que atente contra el buen gusto la comunidad reaccione retirando de la parilla televisiva o de determinado periódico el anuncio en cuestión. A lo largo de la historia han sido muchos los anuncios que se han retirado por la imagen negativa que presentaban de diversos grupos sociales. Por ejemplo, para anuncios sexistas se ha visto que las autoridades han intervenido de forma puntual obligando a las marcas a eliminar esa publicidad que fomenta los estereotipos de género (como fue una de las últimas campañas de D&G). Como solución radical cabría plantearse la elaboración de un código ético para los profesionales de la publicidad en el que se estableciera claramente que no es lícito presentar campañas que den una imagen negativa de la persona obesa. Esta idea se aplica hoy en día para otros colectivos y hasta la fecha los resultados no han sido muy alentadores (principalmente para las mujeres) pero en cualquier caso creemos que una medida de regulación de este tipo es un primer paso para mejorar la imagen que se pueda tener de las personas obesas. Por ejemplo, es bastante obvio que hoy en día no estaría socialmente bien visto que hubiera anuncios en los que se presentara una imagen de los afro-americanos como menos inteligentes, mientras que un anuncio que se mofara de una persona obesa seguramente no generaría ningún tipo de alarma social, pero en cualquier caso es importante que haya un código de regulación detrás que ampare a ambos colectivos.
Además de una vertiente aplicada más centrada en la solución de problemas, en la cual ponemos especial atención en las posibles estrategias a realizar para erradicar esos elementos negativos que confluyen en las vidas de algunas personas obesas, también es importante adoptar un enfoque más cercano a la Psicología Positiva en el cual hagamos énfasis en otros aspectos más esperanzadores. Por ejemplo si seguimos las ideas de Miller (1969), uno de los pioneros en lo que se refiere a Psicología Positiva, creemos que es necesario concebir nuestra disciplina no sólo como una vertiente que se centre en la mera resolución de entuertos de diversa índole, sino que es necesario también desarrollar una psicología que trate de promover el bienestar de las personas. Es decir, que según este autor, al cual nosotros nos añadimos, no solamente hay que intervenir cuando se detecte alguna anomalía, sino que es necesaria también la labor del psicólogo para realizar una labor de prevención o de promoción de los estilos de vida saludables o la calidad de vida. Por lo tanto la Psicología Social es algo más que una disciplina de acción-reacción ya que también estará entre sus objetivos conseguir el bienestar en los determinados colectivos con los que trabaje. En el caso que nos ocupa, la obesidad, estimamos pues que a pesar de que la tesis nos hemos centrado más en esos aspectos negativos la intervención no solo debería ir encaminada a aquellas personas que sufren más la discriminación o la exclusión, sino que abría que abarcar al mayor número de personas posible. Así, el montar diversas sesiones informativas acerca de cuales son las estrategias de afrontamiento más adaptativas podría servir para que en el futuro personas que por suerte nunca se han tenido que enfrentar a situaciones de rechazo por el peso, llegado el momento sepan como reaccionar de la mejor forma. Del mismo modo, es importante hacer ver a la persona obesa que si bien en algunos aspectos puede que tenga más dificultades (por ejemplo, es probable que si el exceso de peso es realmente notable la movilidad se pueda ver reducida) es posible lograr la satisfacción en otras áreas no dependientes de esas cualidades que pueden verse afectadas por el problema de peso (puede seguir disfrutando de una buena conversación o una película). En resumen, diríamos que la intervención psicosocial que proponemos no es sólo hacer frente a un problema, sino que la Psicología Social también tiene como objetivo la importante labor de promover diversos comportamientos preventivos que pueden ser útiles el día de mañana, así como incitar a ver los aspectos positivos de la vida en las personas aquejadas por esta enfermedad.
Líneas de investigación futuras
Como futura línea de investigación cabría plantearse la posible incidencia de algunas variables de corte ideológico que puedan estar influyendo en las personas aquejadas de obesidad. Por ejemplo cabría plantearse qué papel puede jugar la creencia en el mundo justo (Lerner, 1980). Este autor postula que la gente tiene la tendencia a creer que todo lo que sucede es por alguna razón, y que todos tenemos lo que nos merecemos. Así, en casos de violaciones se ha comprobado que algunas personas culpan a la víctima (Ryan, 1971) en vez de al violador. Esta variable por ejemplo se ha encontrado que tiene una correlación positiva con el prejuicio que se tiene hacia las personas obesas (Crandall y Cohen, 1994). Este concepto se relaciona con la dimensión de controlabilidad (De Jong, 1980) en el sentido de que las personas que creen que el mundo es justo, estiman que los eventos negativos (la posesión de un estigma) se deben a la propia conducta del sujeto. Por lo tanto, aquellas personas que creen que todo el mundo recibe lo que se merece, especialmente cuando se trata de algo negativo, cabe esperar que justifiquen su conducta de prejuicio con el argumento de que si se discrimina a los estigmatizados es porque ellos mismos se lo han buscado. Desde el punto de vista de la persona con obesidad esto podría tener serias implicaciones para su propio bienestar subjetivo puesto que el sostenimiento de este tipo de creencias (creer que se reciben discriminaciones por su peso porque en el fondo se lo merecen) podrían tener una clara y directa incidencia sobre su salud psicológica. Por lo tanto, en futuras investigaciones sería interesante ver la relación entre la creencia en el mundo justo y algunas de las variables que hemos analizado en nuestro estudio.
Otra variable de corte ideológico que sería conveniente tener en cuenta para futuros estudios y que no fue tomada en consideración para nuestro trabajo es la orientación a la dominancia social (ODS). Este concepto se define como el grado en que la gente prefiere la desigualdad entre los grupos y en qué medida el propio grupo ha de gobernar a los demás (Pratto, Sidanius, Stallworth y Malle, 1993). Esa tendencia humana a la preferencia por la desigualdad entre los grupos sociales y por las jerarquías se correlaciona negativamente con la empatía, la tolerancia y el altruismo (Pratto, Sidanius, Stallworth y Malle, 1994). En España existe un trabajo que ha validado al castellano la escala con las que trabajan los autores originales (cuestionario de 16 ítems que mide el deseo de una persona de mantener una jerarquía social basada en los grupos, y por extensión, la subordinación de los grupos inferiores a los grupos superiores) y que además ha puesto de manifiesto que en nuestro país se pueden aplicar perfectamente las ideas de la dominancia social en muestras nacionales (Silván y Bustillos, 2007). Por lo tanto, el hecho de creer que unos grupos han de dominar a otros permite una justificación ideológica de la conducta de discriminación ya que el estigmatizador asume que el prejuicio se debe a que los estigmatizados se encuentran en un estrato inferior al de los demás. Desde el punto de vista de la persona objeto de la discriminación el paralelismo es claro: si la persona que es rechazada tiene una fuerte creencia en que ciertos grupos han de ostentar el dominio (en este caso las personas delgadas) es más probable que justifiquen o al menos disculpen actuaciones prejuiciosas contra sí mismos. Además, desde el punto de vista del estigmatizador, no conviene subestimar la posibilidad de aplicar esta teoría a los obesos, puesto que existen datos que sugieren la resistencia de personas en posiciones poder en nuestra sociedad a favorecer la aparición de personas obesas en los medios de comunicación (Fouts y Burgraff, 1999, 2000).
En último lugar, y sin ánimo de exhaustividad, cabría plantearse también qué relación tiene la justificación del sistema (Jost y Banaji, 1994 Jost, Banaji y Nosek, 2004) con el bienestar psicológico de las personas obesas. Esta teoría postula que los estereotipos cumplen una función de justificación para las personas que los detentan, es decir, que los estereotipos sirven para legitimar o apoyar ideas o formas de comportamientos de carácter negativo. Esta serie de eventos que requieren de una justificación, pueden ser agrupados en tres tipos: justificación del ego (los estereotipos cumplen la función de proteger y salvaguardar la autoestima de la persona que estereotipa), justificación grupal (el proceso de estereotipia surge para proteger el status del grupo social dominante) y justificación del sistema (los estereotipos se usan para legitimar las condiciones del sistema social, es decir, del statu quo). Evidentemente, según los autores, este tipo de creencias las suelen mantener los grupos dominantes con el objetivo de seguir detentando el poder, pero en muchas ocasiones sus formas de concebir el mundo acaban siendo aceptadas entre los grupos minoritarios también. Por ejemplo, el concepto de falsa conciencia, que sería el mantenimiento de creencias que son contrarias al interés personal o grupal y que contribuyen a mantener la posición de desventaja del yo o del grupo, hace referencia precisamente al poder de influencia que tienen este tipo de creencias mantenidas por los grupos dominantes. En la vida cotidiana existen numerosos ejemplos que ilustran a la perfección este fenómeno como puedan ser los homosexuales que se declaran en contra de los matrimonios entre personas del mismo sexo o las mujeres que por convicciones religiosas muestran su oposición a los derechos de los miembros de su grupo. Por lo tanto, el hecho de que los grupos devaluados (como puedan ser los obesos) acaben haciendo como suyas las ideas de los grupos dominantes (en este caso de las personas delgadas) puede producir que las personas de grupos estigmatizados acaben aprobando conductas discriminatorias hacia ellos mismos.

BIBLIOGRAFIA


Adams, C.H., Smith, N.J., Wilbur, D.C. y Grady, K.E. (1993). The relationship of obesity to the frequency of pelvic examinations: do physician and patient attitudes make a difference? Women Health, 20, 45–57.
Allon, N. (1982). The stigma of overweight in everyday life. En: B. Wolman (Ed.) Psychological aspects of obesity: A handbook (pp. 130–174). Nueva York: Van Nostrand Reinhold.
Allport, G. (1954, 1979). The nature of prejudice. Nueva York: Doubleday/Anchor (Originalmente publicado en 1954).
Aranceta, J., Pérez Rodrigo, C., Serra Majem, L., Ribas, L., Quiles Izquierdo, J., Vioque, J., Foze, M. y Grupo Colaborativo Español para el Estudio de la Obesidad (1998). Prevalencia de la obesidad en España: estudio SEEDO’97. Medicina Clínica, 111, 441-445.
Aramburu, C. y Louis, M. (2002). Exploring the Association Between Body Weight, Stigma of Obesity, and Health Care Avoidance. Journal of the American Academy of Nurse Practitioners, 14, 12, 554-561.
Aranceta, J., Pérez Rodrigo, C., Serra Majem, L., Ribas, L., Quiles Izquierdo, J., Vioque, J., Foze, M.y Grupo Colaborativo Español para el Estudio de la Obesidad (2003). Prevalencia de la obesidad en España: estudio SEEDO’2000. Medicina Clínica, 120, 16, 608-612.
Arbuckle, J. L. (1994). AMOS: A Structural Equations Modeling Program. Chicago: SmallWaters.
Ashmore, J., Friedman, K., Reichmann, S. y Musante, G. (2008). Weight-based stigmatization, psychological distress, & binge eating behavior among obese treatment-seeking adults. Eating Behaviors, 9, 203–209
Aronson, E., (2000). Nobody left to hate: teaching compassion after Columbine. Nueva York: Worth.
Averett, S. y Korenman, S. (1999). Black-white differences in social and economic Consequences of obesity. International Journal of Obesity, 23, 166-173
Bacardi, M., León, M. y Jiménez, A. (2007). Stigmatization of overweight Mexican children. Child Psychiatry & Human Development, 38, 2, 99-105.
Bacon, J.G., Scheltema, K.E. y Robinson, B.E. (2001). Fat phobia scale revisited: the short form. International Journal of Obesity, 25, 252-257.
Ball, K., Mishra, G. y Crawford, D. (2002). Which aspects of socioeconomic status are related to obesity among men and women? International Journal of Obesity, 26, 559–565

Baron, R. M., & Kenny, D. A. (1986).  The moderator-mediator variable distinction in social psychological research: Conceptual, strategic and statistical considerations. Journal of Personality and Social Psychology, 51, 1173-1182.

Baum II, C.L. y Ford, W.F. (2004). The wage effects of obesity: a longitudinal study. Health Economics, 13, 885–899.
Baumeister, R. y Leary, M. R. (1995). The need to belong: Desire for interpersonal attachments as a fundamental human motivation. Psychological Bulletin, 117, 497-529.
Becker, E., Margraf, J., Türke, V., Soeder, U. y Neumer, S. (2001). Obesity and mental illness in a representative sample of young women. International Journal of Obesity, 25, 1, 5-9.
Benson, P., Severs, D., Tatgenhorst, J. y Loddengaard, N. (1980). The Social Costs of Obesity: A Non-Reactive Field Study. Social Behavior and Personality, 8, 1, 91-96.

Bentler, P. M. (1990). Comparative Fit Indexes in Structural Models. Psychological Bulletin, 207, 238-246.


Berscheid, E. y Walster, H. (1969). Interpersonal attraction. Reading, Mass: Addison-Wesley.
Bessenoff, G. y Sherman, J. (2000). Automatic and controlled components of prejudice toward fat people: Evaluation versus stereotype activation. Social Cognition, 18, 4, 329-353.
Biro, F. M., Striegel-Moore, R. H. y Franko, D. L.(2006). Self-Esteem in Adolescent Females. Journal of Adolescent Health, 39, 4, 501-507.
Blaine, B., DiBlasi, D. y Connor, J. (2002). The Effect of Weight Loss on Perceptions of Weight Controllability: Implications for Prejudice Against Overweight People. Journal of Applied Biobehavioral Research, 7, 1, 44-56.
Blaine, B. y McElroy, J. (2002). Selling Stereotypes: Weight Loss Infomercials, Sexism, and Weightism. Sex Roles, 46, 9/10, 351-357.
Blaine, B. y Williams, Z. (2004). Belief in the Controllability of Weight and Attributions to Prejudice Among Heavyweight Women. Sex Roles, 51, 1/2, 79-84.
Blumberg, P. y Mellis, L.P. (1980). Medical students’ attitudes toward the obese and morbidly obese. International Journal of Eating Disorders, 169–175.
Bocquier, A., Verger, P., Basdevant, A., Andreotti, G., Baretge, J., Villani, P. y Paraponaris, A. (2005). Overweight and Obesity: Knowledge, Attitudes, and Practices of General Practitioners in France. Obesity Research, 13, 4, 787-795.

Bourguignon, D., Seron, E. e Yzerbyt, V. (2006). Perceived group and personal discrimination: Differential effects on personal self-esteem.   European Journal of Social Psychology, 36, 5, 773-789.

Brandsma, L. (2005). Physician and Patient Attitudes Toward Obesity. Eating Disorders, 13, 201–211.
Branscombe, N.R., Schmitt, M.T. y Harvey, R.D. (1999). Perceiving Pervasive Discrimination Among African Americans: Implications for Group Identification and Well-Being. Journal of Personality and Social Psychology, 77, 1, 135-149.
Brown, I . (2006). Nurses’ attitudes towards adult patients who are obese: literature review. Journal of Advanced Nursing, 53, 2, 221–232.
Browne, M. W. & Cudek, R. (1993). Alternative Ways of Assesing Model Fit. In K. Bollen & J. S. Long (Eds.), Testing Structural Equation Models (pp. 136-162). Newbury Park, CA: Sage Publications.
Bullen, B., Monello, L., Cohen, H. y Mayer, J. (1963). Attitudes Towards Physical Activity, Food and Family in Obese and Nonobese Adolescent Girls. American Journal of Clinical Nutrition, 12, 1-11,
Cabañero, M.J., Richart, M.,Cabrero, J., Orts, M.I., Reig, A. y Tosal, B.(2004). Fiabilidad y validez de la Escala de Satisfacción con la Vida de Diener en una muestra de mujeres embarazadas y puérperas. Psicothema, 16, 3, 448-455.
Cacioppo, J. y Hawkley, L. (2003). Social Isolation and Health, with an Emphasis on Underlying Mechanisms. Perspectives in Biology and Medicine, 46, 3, pp. 39-52.




Compartir con tus amigos:
1   ...   5   6   7   8   9   10   11   12   13


La base de datos está protegida por derechos de autor ©psicolog.org 2019
enviar mensaje

enter | registro
    Página principal


subir archivos