Universidad de san carlos de guatemala



Descargar 288.19 Kb.
Fecha de conversión03.12.2017
Tamaño288.19 Kb.
Vistas119
Descargas0



PROGRAMA DE ESPECIALIZACIÓN EN

NEURODESARROLLO DEL NIÑO Y DEL ADOLESCENTE – 2015.


ESCUELA DE POSTGRADO

FACULTAD DE CIENCIAS MÉDICAS

UNIVERSIDAD DE SAN CARLOS DE GUATEMALA.

MONOGRAFIA

El APEGO

Por:

Licda. María Rosario Cabrera Juárez

Monografía: EL APEGO.

Resumen:

En esta monografía se revisan inicialmente las bases teóricas de la formación del apego, definidas por John Bowlby, y la clasificación clásica establecida por Mary Ainsworth. Continúa describiendo la continuidad intergeneracional de los patrones de apego y la influencia cultural sobre éstos. Prosigue revisando la relación entre el apego y la psicopatología, así como los factores ambientales y neurobiológicos que intervienen en su formación, incluyendo la regulación epigenética. Al final se describe detalladamente un programa de estimulación de la formación de apego en niños pre-término, por ser la población con la trabajo diariamente.



Introducción:

En Psicología, se le llama “Apego” al vínculo afectivo que se forma entre un niño y la persona o personas que lo cuidan a partir del nacimiento, aunque toda la vida se mantiene la capacidad de formar nuevas relaciones afectivas, particularmente en la adolescencia, cuando se forma la relación de pareja, y posteriormente, durante el período de crianza de los hijos.

El apego (Attachment, en inglés) ha sido estudiado sistemáticamente a partir de los años 50 del siglo pasado, considerándose como punto de partida los estudios del psiquiatra inglés John Bowlby, basados en las observaciones que efectuó en los centros de atención a menores inadaptados o delincuentes.

Inicialmente Bowlby (citado por Oliva, 2004, y Sanchis, 2008) creyó que la formación del apego era exclusiva entre el niño y su madre, u otra persona que lo cuidara en ausencia de ésta (monotropía), pero esta idea generó tal criticismo que se vio obligado a modificarla, admitiendo la existencia de otras figuras de apego durante la vida humana.

Bowlby (según Besoain y Santelices, 2009) también definió los modelos operativos internos como una representación de sí mismo, en relación con una figura de apego, que persiste a través de toda la existencia del individuo y condiciona la forma en que se relaciona con sus semejantes, especialmente con sus hijos.

Basándose en los estudios de Bowlby, y en sus propias observaciones, su discípula Mary Ainsworth (1967) definió varios tipos de apego (apego seguro, apego inseguro elusivo o evitativo, y apego inseguro ambivalente), al que luego se agregó el de apego desorganizado-desorientado, que incluye los casos inclasificables en las categorías originales. En 1978 Ainsworth diseñó el test del Extraño para evaluar el tipo de apego existente entre un niño y su madre.

Un aspecto fundamental de la teoría del apego de Bowlby es que el tipo de apego desarrollado por un niño es determinado por la actitud de la persona de la cual aquél demanda cuidado y protección (que Bowlby llamó disponibilidad). Posteriormente, otros investigadores afirmaron que el temperamento del niño (es decir, sus características biológicas) influyen también en el tipo de apego desarrollado entre él y su madre (u otra figura principal de apego).

Posteriormente (1985), George, Kaplan y Main crearon el Inventario de Apego Adulto (AAI) que consiste en una revisión del apego desarrollado y activo en los padres de los niños objeto de estudio, y que permite establecer tres tipos básicos de padres (padres seguros o autónomos, padres preocupados, y padres rechazados) correspondientes a los tres tipos de apego descritos anteriormente. En forma análoga se definió luego un cuarto tipo (padres no resueltos), correspondientes al tipo de apego desorganizado-desorientado, establecido en forma adicional a la clasificación original.

Mediante el empleo del test del Extraño, se comprobó que generalmente el tipo de apego desarrollado hacia la madre por el niño era el mismo que el del apego dirigido hacia el padre. La razón de esto ha sido objeto de intenso debate, centrado en los factores determinantes del apego.
Transmisión intergeneracional del tipo de apego.

Diversos estudios han comprobado que el tipo de apego que un niño desarrolla muy probablemente se reproducirá en sus hijos (Oliva, 2004). Fonagy et al (1991) (citados por Besoain y Santelices, 2009) encontraron una previsibilidad del 75% del tipo de apego que los niños desarrollarán tras un año de vida, basándose en la clasificación de apego de sus padres. No se ha esclarecido el mecanismo de transmisión del tipo de apego entre generaciones. Los hallazgos de Ainsworth mostraron la importancia de la sensibilidad o disponibilidad de la madre o cuidador hacia el niño, en la formación del apego en éste. Sin embargo, Besoain y Santelices afirman que la función reflexiva de la madre (o cuidador) desempeña una función crucial en la formación del apego, y citan diversos estudios en su revisión. Por función reflexiva entienden el manejo consciente de las emociones y los patrones conductuales en su relación con el niño. En este sentido, recordemos que Bowlby había señalado el rol del modelo operativo interno en la forma en que un adulto se relaciona afectivamente con su entorno.



Influencia de los patrones culturales en la formación del apego.

Con excepción de los primeros estudios de Ainsworth realizados en Uganda, la mayoría de investigaciones sobre apego han sido efectuados en países de cultura occidental (Oliva, 2004). En estudios citados por este autor, el resultado de la aplicación del test del Extraño en Estados Unidos dio una prevalencia del tipo de apego seguro, mientras que estudios realizados en Israel mostraron un elevado porcentaje del apego inseguro ambivalente, al igual que en Japón, donde se encontró una ausencia total del tipo de apego inseguro evitativo. En cambio, en Alemania, este último tipo de apego se encontró de forma predominante, en relación a los datos obtenidos en Estados Unidos. Incluso, en este país también se encontraron diferencias significativas entre grupos culturales (por ejemplo, el apego inseguro evitativo es mayor en los grupos de afroamericanos).


Un estudio comparativo entre estudiantes de México y Estados Unidos (Frías, 2011) no produjo resultados concluyentes respecto a la influencia de las diferencias culturales en las conductas de apego de los individuos participantes, aunque se identificaron ciertos aspectos del sistema de apego que son más susceptibles a esta influencia.
Es evidente que el tipo de apego que se considera adecuado varía en función de los valores culturales. Por ejemplo, en nuestro país, Guatemala, se considera adecuado el comportamiento evitativo de un niño, ya que permite dejarlo al cuidado de otras personas (o en una institución de cuidado infantil) sin que experimente demasiada ansiedad (generalmente expresada como llanto), lo que a su vez evita la ansiedad de la madre. En cambio, el tipo de apego ambivalente es considerado inapropiado, pues involucra una dependencia demasiado elevada del niño hacia su madre o cuidador principal, requiriendo una atención constante, que impide a ésta la realización de tareas domésticas (los típicos niños “llorones”).

Relación entre el apego y el cuidado en guarderías (Oliva, 2004).

Los cambios culturales ocurridos en las últimas décadas involucran una mayor participación de las mujeres en el mundo laboral, lo que implica un distanciamiento de los hijos, que deben ser dejados al cuidado de otra persona o personas, ya sea en el hogar o en instituciones de cuidados infantiles (guarderías). En los últimos años ha existido un intenso debate sobre el tipo de apego que desarrollan los niños criados en las guarderías, así como la influencia que tiene éste sobre su posterior desarrollo emocional e intelectual.


Los investigadores Belski y Rovine (citados por Oliva, 2004) publicaron en 1988 los resultados de un metaanálisis realizado sobre cuatro investigaciones sobre este tópico, que mostró que los niños cuidados en guarderías tenían mayor probabilidad de desarrollar un apego inseguro. Sin embargo, otro estudio similar de Hoffman, 1989 (según Oliva, 2004) no llegó a igual conclusión.

Posteriormente, Roggman et al (1994) encontraron resultados muy diferentes en un estudio realizado sobre 105 niños. Sus hallazgos mostraron que el tipo de apego inseguro era más frecuente entre los niños que recibían cuidados en guardería a tiempo parcial, que los que los recibían a tiempo total.

En Suecia, Andersson (1992) encontró que los niños criados en guarderías durante su primer año de vida, posteriormente tuvieron un desarrollo social, emocional y cognitivo mejor que los niños que no tuvieron dichos cuidados (es decir, fueron criados por sus padres). Estos resultados parecen indicar que la calidad de los cuidados en guarderías (que es muy elevada en países como Suecia) es determinante en la adaptación social del niño.
Apego en situaciones sociales adversas

En nuestro país padecemos de problemas sociales y culturales típicos de cualquier país subdesarrollado, principalmente la violencia y la pobreza. Êsta última determina la falta de acceso a oportunidades de desarrollo para la mayoría de la población infantil, fundamentalmente a causa de la precariedad de servicios de salud y educación, unidas a una vida familiar desorganizada, donde la estrechez económica generalmente va unida a la falta de afecto, manifestada en formas de apego inseguras. Estos niños marginados del desarrollo social son especialmente proclives a tener un comportamiento social inadecuado, incluso a involucrarse en la violencia, común u organizada. Lo peor es la reproducción intergeneracional de esta situación familiar, que conducirá a patrones de comportamiento social perdurables. Es evidente la necesidad de reforzar la relación de apego seguro en los niños en situación de riesgo, con el fin de volverlos más resistentes a las situaciones externas que puedan interferir con su desarrollo social y emocional. (Chamorro, 2012).

En Guatemala, se ha incrementado significativamente el número de madres que trabajan fuera de casa durante todo el día (sobre todo, porque también se ha incrementado mucho la proporción de madres solteras). Los niños de estas madres son dejados al cuidado de otra persona (principalmente la abuela), y están próximos a sus madres durante muy poco tiempo cada día. Lógicamente, su figura de apego principal será la persona que los cuida durante la mayor parte del tiempo.

Apego y psicopatología

Según Sanchis, 2008, en 1986 Main y Salomon describieron la conducta desorganizada de apego como una patología. Desde el enfoque neurobiológico existe evidencia de un mayor nivel de cortisol salival en los niños con apego desorganizados puestos en la situación del Test del Extraño (Hetsgaard et al, 1995, Spangler y Grossman, 1993). Se sabe que el cortisol es secretado en condiciones de estrés y puede llegar a dañar el hipotálamo (Yehuda 1998, Sapolski 1996). Sanchis (2008) supone una relación entre el apego desorganizado y la agresividad infantil, basándose en diversos estudios.


En 2011, González et al. encontraron, en un estudio sobre adolescentes, mayor incidencia de psicopatología y apego inseguro entre mujeres que entre varones. Se comprobó la correlación entre psicopatología y apego inseguro en ambos géneros.

Factores que condicionan el apego.

Algunos autores sostienen que el tipo de apego es condicionado por la disponibilidad de la madre o el cuidador principal del niño ante su demanda de cuidado. Otros psicólogos hacen énfasis en el temperamento del niño (es decir, en su configuración biológica, determinada genéticamente), que condiciona su respuesta a la actitud de la persona que lo cuida. En apoyo de esta tesis se puede citar dos ejemplos, que evidencia la estrecha relación recíproca entre los fenómenos psíquicos y su base neurobiológica: el estudio de Caspers, 2009, que encontró correlación entre tipos de apego no resuelto en adultos y alteración del gen promotor del transporte de serotonina. En 2012, Luby et al descubrieron la influencia que tiene el apoyo maternal temprano en el desarrollo del hipocampo en los niños en edad escolar. Esta estructura cerebral está asociada a “la memoria, la regulación de las emociones y la modulación del estrés, determinantes de la adaptación social saludable” según afirma Chamorro (2012).



Bases neurobiológicas del apego.

En el transcurso del siglo XXI se ha desarrollado muchos estudios desarrollados en animales que pretenden elucidar los mecanismos neurobiológicos subyacentes a los procesos psíquicos en general. Particularmente, los estudios relativos al apego han dado lugar a una nueva disciplina llamada neurociencia afectiva, cuyo objeto es la integración de los conocimientos adquiridos a través de la neurobiología con los provenientes de la psicología y la psiquiatría, para explicar los fenómenos relacionados con la afectividad humana.


Los estudios desarrollados en este terreno son efectuados generalmente con animales, y sus resultados han sido extrapolados a los seres humanos en general, basándose en las similitudes estructurales y funcionales del sistema nervioso que compartimos con aquellos, incluyendo las zonas cortical y subcortical del cerebro, aunque poseemos un desarrollo mayor de la corteza de asociación. Además, compartimos con los animales ciertas estructuras de respuesta emocional, como la que se produce ante una amenaza (Barg, 2011).
Según Barg, cuando Bowlby formuló su teoría del apego, tuvo en cuenta los datos aportados por la etología respecto de la relación madre-hijo en las especies animales, y reconoció la función adaptativa de la conducta de apego y su determinante genética, tanto a nivel de individuos como de especie biológica.
El apego como un sistema de “cuidado”.

Paanksepp (1998), citado por Barg, cree que el comportamiento maternal es condicionado por un mecanismo psicobiológico, integrado en un sistema único que controla una gama completa de conductas, desde las que propician la atracción y el encuentro entre individuos, hasta las que inhiben la separación. Los estímulos externos del sistema de apego que desencadenarían conductas de acercamiento serían principalmente somatosensoriales, olfatorios y auditivos, mientras que para el sistema de conductas anti separación serían básicamente visuales, vestibulares (relacionados con la posición y equilibrio) y los sensores hipotalámicos de hambre y temperatura.


Estos mecanismos, según Paanksepp, serían mediados por ciertos neuropéptidos, como la oxcitocina y la prolactina, y los opioides internos (químicamente idénticos a los derivados del opio) tales como las endorfinas.
Es conocido el papel de la oxcitocina en las contracciones uterinas durante el parto y la lactancia. Recientemente se ha estudiado su papel en la iniciación de conductas maternales, corroborado por muchos autores. Similar acción se ha observado para la prolactina. En cuanto a los opioides endógenos o internos, cuya función original es calmar el dolor, también provocan sensaciones placenteras, y su disminución o ausencia en el organismo está asociada a situaciones relacionadas con la separación de las figuras de apego y al aislamiento. Incluso la depresión post-parto y la psicosis puerperal estarían asociadas con la presencia de un opioide derivado de la leche materna, que bloquearía la acción de los opioides internos (Nyberg, Linstrom y Terenius, 1988).
Las estructuras neurales activadas por estos mediadores conformarían lo que Paanksepp llamó el Sistema de Cuidado, que incluiría, entre otras, la corteza cingulada, el área septal, la amígdala y algunas áreas del hipotálamo.

Además existiría un sistema que Paanksepp llama de Pánico, encargado de mediar las respuestas a una situación de separación (llanto en los niños, depresión, pérdida del sueño o del apetito, y otros) cuyo principal modulador sería el glutamato, aunque existen otros neuromoduladores de llanto, como la noradrenalina, la serotonina, y el factor de liberación de corticotropina.


Sistemas de reguladores ocultos

Según los investigadores Hofer y Sullivan (2001) las respuestas a la separación en una cría o constituyen un sistema único sino que son autónomas, y son ajustadas por la madre a través de ciertos mecanismos que ellos denomina “reguladores ocultos” porque no son evidentes a través de la simple observación. En la siguiente tabla se dan ejemplos de estos reguladores:




Sistema

Regulador

Efecto

Comportamental

Nivel de Actividad

>Calor

Succión

> Distensión gástrica

Autonómico

Leche en los receptores gástricos

> Frecuencia cardíaca

Endócrino

Estimulación táctil

> Hormona del crecimiento

> ACTH, RCH



Ritmos circadianos

Ritmos de lamido y alimentación

> Duración del sueño REM

> Duración/frecuencia de vigilia


Nota: > (mayor) (Adaptado de Hofer y Sullivan, 2001)


Regulación epigenética

Estos sistemas de regulación han sido observados en animales, pero muchos de ellos podrían encontrarse en los humanos. Recientes investigaciones han puesto de relieve el papel que desempeñan las conductas de apego maternales en el desarrollo de las estructuras y mecanismos neuronales conocidas como eje hipotálamo-hipófiso-adrenal, estrechamente relacionado con las respuestas comportamentales, autonómicas y endócrinas a los estímulos ambientales (ver Tabla de arriba). Frente a un estímulo estresor, el hipocampo estimula el hipotálamo, que libera el factor de liberación de corticotropina (CRF), que actúa sobre la hipófisis anterior, haciendo que libere adrenocorticotropina (ACTH), la que estimula la secreción de glucocorticoides por la corteza suprarrenal, entre ellas el cortisol. Esta es la razón por la que se observa aumento del cortisol salival en los niños puestos en la situación del Extraño, u otras situaciones que generen ansiedad. Al llegar a cierto umbral del nivel de glucocorticoides, se activan ciertos receptores en el hipocampo, generando una retroalimentación negativa que disminuye la respuesta total del sistema al estrés.


Experimentos hechos en ratas han mostrado que la conducta maternal de cuidado puede modificar la respuesta de la cría a situaciones de estrés. Esta regulación es epigenética, y consiste en la modificación funcional del genoma sin que se altere la secuencia de nucleótidos que le es propia (Zhang y Meaney, 2010). Específicamente, la expresión genética del gen que regula los receptores del hipocampo mencionados anteriormente es modificada por medio de la serotonina (5-HT), cuya secreción es estimulada por la conducta de lamido en las ratas. Como dijimos anteriormente, el efecto global de esto es la disminución de la respuesta al estrés. En los seres humanos, es significativo el estudio de Luby et al (2012), citado por Chamorro (2012) que reveló un mayor desarrollo del hipocampo (observado por RMN) en niños de edad preescolar que habían tenido un adecuado apoyo maternal en su infancia temprana, comparados con niños que no lo habían tenido.

Apego en niños pre-término

En esta monografía quiero hacer énfasis en el apego de los niños nacidos pre-término, pues constituyen la población con que trabajo. Se ha establecido que estos niños están sometidos a una situación de estrés muy grande mientras permanecen en una incubadora, sobre todo debido a la separación de su madre, que generalmente puede tener contacto corporal con ellos durante pocos instantes, situación semejante al estrés post traumático definido en otras situaciones vitales. (Reyes et al. 2007) En cierto estudio se encontró una distribución de tipos de apego diferente, en este grupo de apego inseguro. a la que existe en niños nacidos a término, con una mayor proporción de apego inseguro. (Fava et al., 1997). Por esta razón es primordial establecer un contacto corporal más intenso entre la madre y su hijo prematuro, que estimule un apego seguro. En el apartado anterior, se mencionó la estrecha relación que existe entre los estímulos externos que recibe el niño y el desarrollo de los sistemas neuronales asociadas a las respuestas a situaciones de estrés, que pueden provocar ansiedad.

Maselko et al.(2011) encontraron que elevados niveles de afecto entre madres e hijos en los primeros meses de vida se relacionaban con menores niveles de estrés en éstos en la edad adulta. En 2012, Luby et al, comprobaron (utilizando RMN) un mayor desarrollo del hipocampo en niños de edad escolar que habían tenido una mejor relación temprana con sus madres. Esta estructura está asociada con una mejor regulación de las emociones y una adaptación social saludable (Chamorro 2012).

Por las razones mencionadas he considerado necesario elaborar un programa de apoyo a las madres de niños pre-término, con el fin de proporcionarles las herramientas necesarias para mejorar la relación afectiva con sus hijos. En primer término, es preciso enseñarles técnicas de contacto corporal y comunicación auditiva, táctil y olfativa, ya que el niño pre-término no ha desarrollado aún su capacidad visual completa.

En la Unidad de Neonatología del Hospital de Ginecoobstetricia del IGSS los niños pre-término son internados generalmente en la unidad de cuidados intensivos (Alto riesgo) donde permanecen desde una a cuatro semanas (o más, si fuere necesario). En este período son visitados por sus padres durante una hora al día, sin que tengan contacto corporal alguno.


  • Al salir de la unidad de cuidados intensivos, los niños son trasladados generalmente a la unidad específica de prematuros, donde son evaluados por el médico a cargo, quien determina la conveniencia de permitir el contacto corporal con madre o padre (para iniciar el APEGO). Previamente los padres han recibido una charla educacional y han visto un video, donde se les enseña como ejecutar correctamente la técnica de apego con su hijo. Este contacto corporal se efectúa durante un tiempo de 6 horas diarias, aproximadamente, todos los días de la semana. El tiempo de permanencia de los niños en esta unidad dependerá de la evolución de su condición médica. Al egresar de ella, el bebé es entregado al cuidado de sus padres en el hogar. Si el peso corporal del niño es menor a 4 libras, es colocado en técnica canguro (técnica de apego). Esta técnica consiste en colocar al bebé en contacto piel a piel con su madre, durante las veinticuatro horas del dìa, suspendiendo este contacto únicamente durante el tiempo necesario para la higiene, alimentación o en caso de sudoración del niño.(unos diez minutos aproximados). Este contacto corporal tiene dos objetivo:



  • proporcionar calor al niño, ya que su termorregulación aùn es inestable.

  • fomentar el apego seguro

La atención a los niños continúa en la Clínica de Seguimiento especial del Niño Pretérmino, dentro de la Consulta Externa del Hospital de Ginecoobstetricia. Aquí se trabaja en equipo multidisciplinario (neonatólogo, psicólogo, y enfermera), evaluando en primer lugar el peso corporal del bebé, siendo este el parámetro principal que determina su continuidad en la técnica canguro (si no ha alcanzado cuatro libras de peso), con el fin de asegurar la provisión de calor por parte de la madre, indispensable para una adecuada ganancia de peso. Sin embargo, a nivel afectivo, se insiste a la madre en la necesidad de continuar la técnica canguro diez minutos después del baño, acompañada de masaje corporal. Este tratamiento debe continuar por lo menos durante el primer año de vida del niño.

Además, es necesario iniciar el tratamiento de masaje al niño, pues este estímulo fomenta la activación de los mecanismos neurobiológicos que mejoran la respuesta al estrés a que ha estado sometido el infante desde su nacimiento, disminuyendo su ansiedad, así como la de madre (Ruiz et al., 2009) (Gómez y Chamalé, 2015)

En forma complementaria, en nuestra unidad se brinda información a las madres de niños pre-término sobre la forma adecuada de estimular neurosensorialmente a su pequeño, lo que va seguido por la evaluación de su desarrollo psicomotor durante un año, utilizando la escala de Gesell adaptada por Howard.

Conclusión

El estudio sistemático del apego, basado en teorías conductuales en un principio, ha evolucionado en las dos últimas décadas, orientándose hacia la investigación de las bases neurobiológicas que determinan su formación, incluyendo los factores epigenéticos. Creo que en los próximos años este campo de investigación se desarrollará aún más, produciendo una revolución en las teorías actuales sobre el apego.



Recomendación

Es recomendable la educación de los futuros padres sobre la formación del apego en los niños, con el fin de fomentar el apego seguro. Para ello es indispensable que los profesionales de la salud transmitan estos conocimientos a los padres de los niños que estén a su cuidado. Los niños con apego seguro tienen mayor probabilidad de ser personas con mayor estabilidad emocional y adaptación social.



Bibliografía

Ainsworth, M (1967). Infancy in Uganda: Infant care and the Growth of Love. John Hopkins Press. Recuperado de:

https://books.google.com.gt/books?id=8YJqAAAAMAAJ&redir_esc=y

Barg, G. (2011). Bases neurobiológicas del Apego. Revisión Temática. Ciencias Psicológicas. V (1), 69-81. Recuperado el 30 de julio de 2016 de:

http://revistas.ucu.edu.uy/index.php/cienciaspsicologicas/article/viewFile/101/89

Besoain, C. y Santelices, M. (2009). Transmisión intergeneracional del apego y función reflexiva materna: una revisión. Terapia Psicológica (Santiago) 27 (1). 113-18. Recuperado el 24 de agosto de 2016 de: http://www.scielo.cl/pdf/terpsicol/v27n1/art11.pdf

Chamorro (2012). El apego. Su importancia para el pediatra. Pediatría.(Asunción) 39(3), 199-206. Recuperado el 25 de julio de 2016 de:

http://scielo.iics.una.py/pdf/ped/v39n3/v39n3a08.pdf

Fava,G., Rebecca, L., y Calvo, V. (1997) Representaciones maternas, apego y desarrollo en los niños prematuros. Sepypna 23-50.

http://www.sepypna.com/documentos/articulos/calvo-representaciones-maternas.pdf

Frías, M (2011). La teoría del apego: aspectos normativos y diferencias culturales.

(Tesis doctoral). UNAM (México). Recuperado el 24 de agosto de 2016 de:

http://132.248.9.195/ptb2011/reemplazo/0012353/0012353_A1.pdf
Gómez, K. y Chamalé, M. (2015). Beneficios de los masajes shantala en bebés prematuros en la clínica del niño sano. (Tesis). USAC. Escuela de Cc Psicológicas. Recuperado el 30 de julio de 2016 de: http://biblioteca.usac.edu.gt/tesis/13/13_4779.pdf

Gónzález, R., Ysern, L., Martorell, C., Matéu, C. y Barreto, P.(2011). Relaciones entre apego y psicopatología en la adolescencia. Revista Iberoamericana de Diagnóstico y Evaluación Psicológica. 29 (1), 9-26. Recuperado el 29 de julio de 2016 de: http://www.aidep.org/03_ridep/R29/r29art1.pdf

Oliva, A. (2004). Estado actual de la teoría del apego. Revista de Psiquiatría y Psicología del Niño y del Adolescente. 4(1), 65-81. Recuperado el 24 de julio de 2016: : http://www.pdfdownload.org/pdf2html/view_online.php?url=http%3A%2F%2Fbscw.rediris.es%2Fpub%2Fbscw.cgi%2Fd1542918%2FESTADO%2520ACTUAL%2520DE%2520LA%2520TEOR%C3%8DA%2520DEL%2520APEGO.pdf

Reyes, S. et al., (2007). Trastorno por estrés postraumático en niños prematuros. Anales de Pediatría (Barcelona), 69 (2),134-40. Recuperado el 28 de julio de 2016 de:http://www.analesdepediatria.org/es/trastorno-por-estres-postraumatico-nacidos/articulo/S169540330872023X/

Ruiz, A., Pérez, G., Bravo, S. y Romero, I..(2009) Programa para favorecer el proceso del apego en niños con trastorno general del desarrollo a través del masaje infantil. Nure investigación. 45, marzo-abril 10. Recuperado el 29 de julio de 2016 de: www.nureinvestigacion.es/OJS/index.php/nure/article/download/.../47

Sanchis, F. (2008). Apego, acontecimientos vitales y depresión en una muestra de adolescentes. (Tesis doctoral). Universitat Ramon Llull, FPCEEB-Psicología. Recuperado el 24 de julio de 2016 de: http://hdl.handle.net/10803/9262






Compartir con tus amigos:


La base de datos está protegida por derechos de autor ©psicolog.org 2019
enviar mensaje

enter | registro
    Página principal


subir archivos