Universidad de salamanca


III.4.2 El reflejo de la condición humana



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III.4.2 El reflejo de la condición humana
En él, un núcleo de criaturas milagrosas va revelando

los poderes de un impulso espiritual, encaminado a condenar, por

medio de un caos aparente, la evidencia enfermiza del caos real e

innegable: el mundo que habitamos, el esencial desorden que somos.

Rubén Bonifaz Nuño: “Preliminares” de Los animales prodigiosos
Avilés señala en la “Advertencia” que la finalidad principal de Los animales prodigiosos es interpretar la situación de los hombres contemporáneos a través de sus seres, que funcionan como reflejo de nuestra “terrible realidad”163. En este capítulo analizaré este rasgo del libro a partir de tres temas: la insatisfacción humana, el instinto de destrucción y la sobrevaloración del dinero.
III.4.2.1 La insatisfacción humana
En Los animales prodigiosos, dos textos destacables –“Los sátiros” y “El extraño visitante”– revelan la condición verdadera de los hombres contemporáneos: la insatisfacción como consecuencia del fracaso de los ideales. Las normas creadas no pueden mejorar el mundo, sino privarlo de libertad. La sociedad desarrollada no nos da una “buena vida”, sino soledad. El resultado de nuestros anhelos no es otra cosa que “la miseria de lo humano, caracterizada por una superioridad imposible, autorizada por una soberbia ilusoria.”164

Como ya hemos visto en el capítulo III.2, Avilés utiliza su zoológico para reflejar nuestra realidad contemporánea. En nuestra época, en la que se confía en la capacidad humana de controlar la naturaleza, “man no longer dreams of a divine state in some remote time; he assumes the role of a creator himself”.165 El espacio limitado del zoológico, en el que cada animal tiene su lugar, revela una búsqueda de racionalidad y un esfuerzo de los hombres por imponer el orden artificial a la naturaleza.

En “Los sátiros”, Avilés presenta una visión totalmente opuesta a esa aspiración humana a través de los personajes imaginarios enjaulados:
En esta jaula viven los antiguos compañeros de Baco. ¡Vaya festividad! Todo es danzar, beber y tocar instrumentos musicales (…). En ocasiones, a falta de ninfas, los sátiros gozan solitarios y ensimismados ante la multitud absorta.

Parece que no extrañan su libertad (...). Su constante bacanal produce envidias en cuantos la contemplan (…). Se ha dado el caso de entusiastas que, mirando los juegos eróticos, permanecen frente a la jaula por semanas. Cada vez más tristes a causa de no estar en ella, languidecen y ahí mismo mueren (…).

Los rígidos guardias que rodean la jaula tienen la misión de impedir que el público acepte invitaciones de los sátiros. (...) Vean ustedes el letrero puesto por la empresa del lugar (...): ESTRICTAMENTE PROHIBIDO PARTICIPAR EN LA JUERGA Y EMBORRACHARSE CON LOS RESIDENTES DE ESTA JAULA. 166
A pesar de estar encerrados en una jaula, los sátiros no se sienten nostálgicos de la libertad como otros seres en Los animales prodigiosos. Al contrario, aún se mantienen “libres” y pueden disfrutar. Como Herz apunta, “since it was impossible to civilize them because they refused to recognise law and order, the satyrs remain 'free', that is, true to their nature although technically behind the bars.”167

Sin embargo, son los hombres mismos los que, aunque están al otro lado de las rejas, se sienten cautivos.168 El anhelo de “civilización” y “orden perfecto” deviene en el encarcelamiento de los seres humanos mismos. En este texto, a pesar del deseo de participar, los hombres sólo pueden observar fuera de la jaula. Avilés recurre a términos como “tristes” “envidias” “mueren” “languidecen” “permanecen” “rígidos” “obedecen”, “impedir”, “estrictamente” y “prohibido” para revelar la condición verdadera de los seres humanos, prisioneros inconscientes en una “jaula invisible”: cultura, ideología, instituciones sociales, tecnología e incluso moralidad mantienen a los hombres en un nivel “inferior” en relación a otros seres. Como Herz apunta, “Avilés F. suggests in 'Los sátiros' that human imprisonment dates from Christianity's triumph over paganism”.169

En “El extraño visitante”, a través del animal mitad gato-mitad cordero, el ser inventado por Kafka en su cuento “Una cruza”, Avilés revela la soledad de los hombres, seres “racionales” que no son capaces de entenderse a sí mismos, lo que, en consecuencia, les imposibilita encontrar soluciones adecuadas a sus problemas.

A diferencia de los animales irreales en la Edad Media que se hallan en lugares lejanos y sólo los viajeros pueden encontrar, en “El extraño visitante” el gato-cordero aparece, como en el texto original de Kafka, en casa de un hombre. Según López Parada, la aparición del animal extraño de “Una cruza” precisamente en una residencia indica algo extraordinario: “El animal kafkiano surge de una grave amnesia (...).Viene a ser (...) lo íntimo desconocido, la genealogía puesta en duda, la región que ya no

recordamos.”170

Este animal aparece varias veces en casa del hombre durante la noche, cuando éste se encuentra completamente solo. Sus apariciones comienzan en la sala, la parte menos privada de la casa, continúan en el estudio y, por último, en su dormitorio, la parte más íntima. Así, además del deseo de ofrecer su amistad al dueño de casa, el animal, con su presencia, en cierta manera advierte a este hombre de su “yo profundo, rehusado”17l: la soledad que en realidad siente aunque, probablemente, no sea consciente de ello.

Hasta este momento, parece que el problema oculto del hombre se puede solucionar de manera positiva porque este animal extraño viene a ofrecerle amistad para aliviar su sufrimiento. Sin embargo, se genera un problema. A diferencia del animal, que se entiende a sí mismo y es capaz de reaccionar a partir de lo que “siente”, el hombre tiene que cruzar umbrales de conciencia para comprenderse o buscar por qué y cómo reaccionar.

El animal sabe perfectamente lo que quiere. Según el dueño de la casa, después de entrar en su hogar varias veces hasta comprobar que este hombre no le haría daño y podía confiar en él, “penetró lleno de una confianza (…). Ronroneando llegó a mí para restregar su gatuna cabeza contra mis piernas.”172 Sin embargo, el hombre, al ver su rareza, empieza a plantearse opciones convenientes: “no supe cómo reaccionar: echarlo fuera de la casa, aceptar sus caricias o, tal vez, venderlo a un espectáculo circense.”173 La bestia no sólo se entiende a sí mismo sino al hombre, antes de ver su reacción: “retrocedía poco a poco, dando pasitos, (…). Luego desapareció.”174 Después de largo rato dando vueltas, el hombre encuentra las respuestas; qué siente o qué quiere hacer.

Pero es demasiado tarde y va a la calle “en ansiosa búsqueda. Se había esfumado y ni rastros de él.” El texto termina con la descripción de la situación patética del dueño de la casa tras la desaparición del animal. Él mismo lo relata así: “ahora, sabiendo que el extraño no volverá a ofrecerme su amistad, por las noches alimento frágiles esperanzas y dejo abiertas puertas y ventanas.”175
III.4.2.2 Instinto de destrucción
En Los animales prodigiosos, Avilés no sólo presenta al ser humano como “creador” fracasado sino también como destructor tanto de la naturaleza como de su propia raza, la humanidad. Esta idea se desarrolla en “El camaleón”, “Ponzoñini” y “El camino hacia el Yeti”.

“El camaleón” comienza con la comparación irónica de este animal con un político; “a primera vista podría parecer un político”. 176 No obstante, la finalidad de este texto no es criticar el mundo de la política. El autor utiliza este animal, que “tiene la virtud de aceptar el color del medio ambiente que lo rodea con el fin de proteger su vida y así la especie”177, como reflejo de la destrucción de nuestro ecosistema a causa del “espíritu destructivo del ser humano”. Así, para evitar que su especie se encamine hacia la extinción, cuando desaparece su entorno natural, al camaleón sólo “le quedará un último recurso: utilizar su enorme capacidad de mimetismo para adoptar el triste tono del asfalto o de la casa donde buscó refugio o el color del automóvil debajo del cual se ha ocultado, todo con tal de sobrevivir.”178

Esta idea continúa en “Ponzoñini”, donde aparece la araña homónima, inventada por el autor. Mientras que la hembra es inofensiva el macho como sugiere el título, segrega ponzoña, “sustancia capaz de producir la muerte o grave daño en la salud.”179 Según Avilés, cuando es pequeño, el macho es alimentado por su madre hasta la edad adulta. Se abstiene de comer para buscar a la hembra durante la temporada de reproducción, después de la cual empieza su primera caza. Luego de matar a su víctima, se la come. Sin embargo, “la presa queda saturada por el brutal veneno y al pasar al estómago del victimario lo mata de inmediato.”180 Superficialmente, el ponzoñoni es una especie animal que está condenada “a realizar un banquete único en su vida”. Sin embargo, el mensaje del autor es más profundo. Nuestra destrucción del medio ambiente tiene efecto de “boomerang”. Al contaminar el entorno en el que vivimos, es inevitable que la condición tóxica de la naturaleza se vuelva contra nosotros.

En “El camino hacia el Yeti”, a diferencia de los dos textos anteriores, la crítica no se centra sobre la degradación del medio ambiente sino en la crueldad y el belicismo del ser humano, que Avilés revela a través de la historia de un aventurero preparado para emprender el viaje en busca del Yeti, un ser imaginario que despierta la curiosidad de la gente en nuestra época.



En este texto el viajero relata, en primera persona, su opinión sobre el animal antes de su excursión al Everest para localizarlo. A diferencia de otros relatos en Los animales prodigiosos, el mensaje del autor no se encuentra en la descripción del animal sino en su hábitat. Por eso, en la primera parte, el narrador se refiere a varios testimonios “confiables” acerca del Yeti: los de aventureros que fueron a conquistar el Everest, los de indígenas, los del gobierno nepalí, las opiniones de investigadores e incluso pruebas como huellas de pies con cinco dedos de distintos tamaños, para justificar que en realidad existe. Así, el animal viviría en “algún lugar del inhóspito Himalaya, lejos de las miradas intrusas, donde el frío, muy por debajo de cero, y los monumentales picos escarpados impiden el acceso al hombre.”182 En la segunda parte, el autor se plantea la cuestión del hábitat y descubre el mensaje del texto:
(...) tras la apariencia temible de estos seres hay algo más que se oculta a los humanos, y el secreto es cubierto a su vez por una inmensa e impenetrable cortina de rocas, nieve y soledad. ¿Qué razones tan poderosas obligaron al Yeti a escoger como hábitat esas desolaciones heladas, donde ningún hombre o animal logra subsistir?183
El narrador explica su opinión acerca de este problema recurriendo irónicamente a términos religiosos para condenar, como la causa del aislamiento del Yeti, la afición guerrera de “los hombres católicos”, que se comportan opuestamente a lo que dictan sus dogmas. Según su propia teoría que el viajero acepta “como un católico sus dogmas”184:
Considero que el Yeti pudo prevenir lo que sucedería con la humanidad: conflictos bélicos en todos los niveles, un mundo dividido que ha coronado de infelicidad a la obra maestra de la naturaleza: el hombre. Se aisló para no participar en la lucha cotidiana para liquidar al prójimo. Los yetis quisieron formar una sociedad modesta, colectiva (...), donde todos los miembros participaran en igualdad de condiciones, sin riquezas, con la austeridad de las nieves invioladas y las rocas de su territorio, lo lograron y son felices.185
“El camino hacia el Yeti” termina con el viaje del narrador, subrayando su teoría con sarcasmo: “Eso pienso mientras camino lentamente por las montañas Himalaya en busca del Yeti, y mientras me adentro menos siento la violencia de los elementos porque, estoy seguro, detrás de ese aspecto que nosotros, dueños de un orgulloso concepto de belleza, juzgamos espantable, hay intenciones fraternales.”186
III.4.2.3 La sobrevaloración del dinero
En la época contemporánea, en la que la fantasía ya no tiene ninguna función, el valor de la imaginación es reemplazado por la sobrevaloración de lo material. En esta situación, los hombres están dispuestos a aprovecharse de cualquier cosa con el fin de conseguir lo deseado de la manera más fácil y rápida, sin importar normas o valores. Avilés refleja esta circunstancia en nuestra sociedad a través de sus seres mitológicos en contexto publicitario, que juega un papel fundamental en el mundo capitalista. En “Mitología publicitaria” y “Aviso en la jaula del ave fénix”, se convierte al Cancerbero, las sirenas, las arpías y el Ave Fénix en “víctimas de la moderna tecnología, de la publicidad, del marketing”.187 Según del Valle Pedrosa, estos seres “son, como señala Rubén Bonifaz Nuño, un 'llamado al remordimiento', una condena implícita del utilitarismo y del ánimo explotador.”188

En “Mitología publicitaria” se presentan personajes de textos antiguos –el Cancerbero de Dante, las sirenas de Homero y las arpías de Virgilio– con la pretensión de criticar al capitalismo mediante la utilización de estos seres con fines mercantilistas. Como el autor afirma, “mi crítica del capitalismo está en el cuento que se llama 'Mitología publicitaria'.”189 Este texto se divide en tres casos, en los que los seres son contratados por sus características con una finalidad publicitaria.

En el primer caso, se recurre a Cancerbero para colocarlo a la entrada del lujoso cabaret El Averno: “no se escatimaron gastos para producir los efectos adecuados: Calor excesivo, aromas de azufre y rejalgar, aullidos y percusiones, lamentos y rechinidos de dientes, etcétera.”190 Gracias a esta estrategia, “El lugar es un éxito y en él se da cita la mejor sociedad. Por esa razón, se realizan ampliaciones (...)”.191

En el segundo caso, un balneario contrata a un “lote” de sirenas para distribuirlas por todas las piscinas “para fines estrictamente propagandísticos”. Gracias a su belleza y su canto, el lugar consigue mucho éxito: “la clientela, masculina en su totalidad, abarrota las piscinas desde entonces. Los balnearios cercanos, sin recursos económicos suficientes para contrarrestar la hábil propaganda, tuvieron que cerrar por quiebra (…).”192

Encontramos la crítica más fuerte en el último caso, donde un laboratorio de píldoras estimulantes del apetito contrata a las arpías por su imagen devoradora. La publicidad que presentan estos seres aparece en todos los medios de comunicación. Además de en la radio, televisión, periódicos o revistas, también se coloca el anuncio “por toda la ciudad –en edificios, en grandes y pequeñas avenidas, en zonas marginadas, sobre monumentos de hombres ilustres y héroes nacionales, en instituciones culturales y en otros sitios (...).”193 En consecuencia, el producto logra tanto éxito que lleva al agotamiento del alimento y, finalmente, a la aparición del canibalismo que, según el autor, “ayuda al control de la natalidad, frenando el excesivo número de nacimientos ocurridos en el planeta.”194

“Aviso en la jaula del Ave Fénix”, a diferencia de otros textos de Los animales prodigiosos, aparece en un espacio no literario de difusión masiva: el cartel publicitario. Con el lenguaje propio de la publicidad, se anuncia el horario de los funerales y del renacimiento del animal como espectáculo.




Horario de los funerales y del nacimiento:
Cada cien años, aproximadamente a las 12:30 del día, se le prende fuego a la canela, el nardo y la mirra que conforman el nido del ave «que es –según palabras de Ovidio– su propia cuna y sepulcro de su padre». A las 13.30, luego de que las llamas aromáticas han cesado, el Fénix resurge triunfal, con un hermosísimo plumaje dorado y carmesí de sus propias cenizas.

Sea usted puntual.


Según. Koch, gracias al uso de un formato comunicativo moderno, Avilés, además de lograr la economía verbal comunicándose con los lectores con el menor número de palabras, también consigue añadir verosimilitud al evento.195


III.4.3 Nueva interpretación de seres mitológicos
En Los animales prodigiosos, además de una revitalización de los seres fantásticos como reflejo de la condición humana, vemos también cómo los seres de la mitología griega cobran un nuevo impulso a través de la nueva interpretación que, desde una perspectiva contemporánea, Avilés presenta. Es el caso de “Minotauro de carne y hueso”, “La verdadera Esfinge” y “Sobre sátiros, una precisión”.

En “Minotauro de carne y hueso” Avilés expone un descripción lógica, que abarca el aspecto físico, la conducta sexual y la muerte del monstruo como si el Minotauro fuera un ser que en realidad existe, siente y sufre.

El autor empieza el texto con el aspecto físico de la bestia. Al contrario de la idea general de que el Minotauro es “monstruo con cuerpo de hombre y cabeza, cuernos y cola de toro”l96, para el autor mexicano; “lo que ha puesto a los expertos a discutir es el hecho de precisar si Minotauro tenía cabeza humana sobre cuerpo de toro o era exactamente al revés.”197

En este texto vemos la intertextualidad con "el Minotauro" del Manual de zoología fantástica de Jorge Luis Borges y Margarita Guerrero, que presta a Avilés tanto la opinión de los autores acerca del monstruo como las citas que emplean de Ovidio y de Dante:


Para Jorge Luis Borges las cosas están claras: “Ovidio, (...) habla del semivobenque vitum, semivurumque bovem198 (el hombre mitad toro y toro mitad hombre); Dante (...) imaginó al Minotauro con cabeza de hombre y cuerpo de toro”. (...) Todos parecen aceptar, incluso el propio Borges, que la bestia comía carne humana y la conseguía de mancebos y doncellas proporcionados por la corona de Creta. De ser así, estaríamos en presencia de una doble atrocidad: aparte de una mezcla absurda, Minotauro comía carne. Esto es, no era vegetariano, como cualquier bovino, que suele alimentarse con paja, pasto y diversas hierbas. 199
Es obvio que la idea de Dante, que abre otra posibilidad a la existencia del monstruo, llama la atención del autor y que, por eso, le sirve como germen de su análisis. Así, en “Minotauro de carne y hueso” se proponen dos posibilidades: un Minotauro con cabeza de toro y cuerpo de hombre y un Minotauro con cabeza de hombre y cuerpo de toro. El autor analiza cada una de ellas basándose en la lógica “científica”, y concluye que es imposible que el monstruo tenga cabeza de toro y cuerpo de hombre porque “su dentadura de rumiante no está capacitada para desgarrar y masticar la carne, le faltan, pues, los incisivos de la mandíbula superior, los colmillos”200; tampoco es posible que el Minotauro tenga cabeza de hombre y cuerpo de toro porque el estómago del toro “sólo está destinado a las hierbas. Si este animal comiera carne, moriría de debilidad o de simple asco.”201 Así, Avilés termina aceptando a la bestia como producto de la pura imaginación de los griegos: “el Minotauro como las Gorgonas y Pegaso rompieron la rutina de la Naturaleza, para beneficio del arte.”202

El autor continúa su análisis del monstruo planteando el problema de su conducta sexual: “¿le gustaban –en un caso– las vacas o –en otro– las mujeres?”.203 Sin embargo, Avilés no desarrolla esta cuestión tanto como los otros dos temas por falta de información. Como el autor mismo comenta “sorprende que no haya información en este sentido, pues los antiguos griegos jamás rehuyeron el tema erótico, al contrario, les encantaba (...).”204 Por eso, Avilés concluye que “parece un acertijo imposible de aclarar (...). Nadie, ni el propio Teseo, lo vio hacer el amor”205, simplemente imaginando que el monstruo se enamoró posiblemente “una tras otra de las hermosas jovencitas que le eran enviadas por el rey Minos, antes de devorarlas (...).”206

Avilés termina “Minotauro de carne y hueso” con la cuestión de la muerte del monstruo, que, para el autor, es voluntad de la bestia: “Concluyamos: fue el suicidio de una pobre bestia condenada a la soledad por su extraña apariencia, fuera la de un cuerpo humano con cabeza de toro o a la inversa.”207 Eso quiere decir que el asesinato de la bestia no significa “la liberación del cruel tributo de Minos”2O8 como en la versión griega, sino la del Minotauro de su Laberinto, al que, según el autor, la bestia “fue confinada hasta que Teseo, una superestrella de la Grecia clásica, lo liberara matándola.”209

Esta idea de Avilés que considera la muerte del Minotauro como un suicidio de la bestia para evitar la soledad, revela las huellas del relato de Borges, “La casa de Asterión”. Al final del relato, vemos al Minotauro como un ser patético, cuya única esperanza es la llegada de un “redentor” que le libere de la vida “asignada por el aburrimiento, surgido de su propia soledad” en el Laberinto 210, se trata de una interpretación idéntica a la de Avilés en “Minotauro de carne y hueso” como aparece en el diálogo entre Teseo y Ariadna: “El sol de la mañana reverberó en la espada de bronce. Ya no quedaba ni un vestigio de sangre. –¿Lo creerás, Ariadna? –dijo Teseo– El minotauro apenas se defendió.”211

Es interesante destacar que en “Minotauro de carne y hueso”, además de la intertextualidad con textos de Borges, encontramos también la intratextualidad con varios relatos en Los animales prodigiosos: “Minotauromaquia”, donde el Minotauro es contratado como toro matador, y otros relatos, en los que los seres imaginarios se encuentran humillados y son dignos de lástima, como he comentado en el capítulo II.4.1. Por su monstruosidad el Minotauro, que en la época arcaica está condenado a vivir en el Laberinto, tampoco puede escapar de un destino común a los seres mitológicos en la época contemporánea. Como Avilés comenta “el futuro la habría condenado a un zoológico, a ser una figura circense o a que algún empresario la contratara para ser lidiada.”212 La voluntad del Minotauro de ser asesinado por Teseo es la mejor salida no sólo para liberarse de su tremenda soledad sino también para salvarse de la humillación que soportaría en el futuro. Por eso, para el autor, el Minotauro “tuvo un notable sentido épico al preferir la muerte a manos de un héroe, (...) lo que le daría celebridad universal.”213

A diferencia de “Minotauro de carne y hueso”, donde la vinculación con otros textos sirve al autor para desarrollar su descripción, en “La verdadera Esfinge” y “Sobre sátiros, una precisión”, la referencia de Avilés a obras artísticas anteriores pretende reflejar la interpretación moderna de seres mitológicos que aparece en el espacio artístico.

Avilés empieza “La verdadera Esfinge” rechazando rotundamente a la Esfinge de la versión original de la mitología griega: “por regla general imaginamos a la Esfinge como un ser horroroso, de aspecto temible. Es falso.”214 Para él, este animal imaginario no tiene el aspecto terrorífico que describe Edipo:
Me enfrenté a la abominable hechicera, aunque sus fauces chorreaban sangre y el suelo, a sus pies, estaba cubierto de blancos huesos. Cuando se sentó en su elevado peñasco con las alas desplegadas dispuestas a agarrar su presa y sacudiendo la cola como un león, salvaje de furia, le pedí que me propusiera el enigma. Un ruido espantoso sonó en lo alto y el monstruo abrió sus fauces, removiendo las rocas, ansioso por arrancarme el corazón palpitante.215
El autor alude a un cuadro del pintor Gustave Moreau que se encuentra en el Metropolitan Museum of Art de Nueva York, como “la versión más cercana a la realidad”.216 Al contrario de la descripción degradante en “La Esfinge de Tebas”, el otro texto en el que aparece este ser mitológico en Los animales prodigiosos, en “La verdadera Esfinge” la encontramos descrita con “un bellísimo rostro femenino sobre un espléndido cuerpo de león. Añade alas de ave.”217 En esta versión, el secreto del monstruo no se encuentra en sus enigmas, que en la época primitiva causaron la desolación del pueblo tebano, sino en su hermosura, “una combinación de apariencia imposible y que ha dado resultados maravillosos”, tanto así que Edipo mismo se queda “enamorado o al menos fascinado por tanta armonía”.218

En “Sobre sátiros, una precisión”, el autor se refiere a “un pasmoso bronce que representa a una mujer sátiro cargando a su hijo”219 que se encuentra en la Frick Collection de Nueva York. Negando la única existencia de los sátiros como “criaturas salvajes de sexo masculino, (...), caracterizadas por un apetito voraz de sexo y vino y una enorme afición a la música y los festejos.”220, el autor propone que en realidad existen también las satiresas. Por eso, no son animales condenados por la perversión de la naturaleza ya que actúan “cortejando con elegancia a seres de su misma especie, como Dios manda.”221





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