Universidad de la República Facultad de Psicología



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Universidad de la República

Facultad de Psicología

Seminario Optativo:

Derechos Humanos y Salud: violencias, masculinidades y drogas

(cód. OG109)

Docentes: Fernando Rodríguez, Kyria Querves, Jhonny Reyes

Estudiante: Romina Adán, 5.010.017-1

Montevideo, Junio, 2018

Para realizar esta tarea decidí centrarme en las siguientes preguntas­: ¿Qué es la masculinidad hegemónica y cómo se relaciona con otros tipos o clasificaciones de masculinidad (cómplices, subordinadas, marginales)? ¿Qué es la violencia de género, y cómo se diferencia de otros tipos o clasificaciones de violencia (doméstica, intrafamiliar, etc.)? ¿Qué modelos de intervención con varones que ejercen violencia hacia sus parejas conoces en Uruguay, y cómo funcionan, en líneas generales? Estos interrogantes serán articulados con algunos de los textos trabajados en clase que me parecieron más pertinentes para desarrollar mi trabajo.

Comenzaré explicando qué es la masculinidad hegemónica para adentrarnos en el tema. Mabel Burin (2009) señala que los estudios feministas afirman que en la cultura patriarcal los hombres, por el solo hecho de serlo, se encuentran posicionados en lugares sociales privilegiados y de poder, ya que basándose en la lógica de la diferencia sexual, los mismos se jerarquizan como más inteligentes, valientes, fuertes, responsables, creativos y racionales.

Según Connel (1997) la masculinidad existe solamente en el contraste con la femineidad, por lo tanto si nos basamos en el enfoque semiótico para definirla, podemos decir que la masculinidad es la no-femineidad; ocupa un lugar de autoridad simbólica donde el falo es la propiedad significativa, mientras que la femineidad ocupa simbólicamente el lugar de la carencia. Y debemos también tener en cuenta que la masculinidad solamente puede surgir en un sistema de relaciones de género.

Sabiendo que la hegemonía es la dinámica por la cual un grupo ejerce una posición de superioridad sobre otro, podemos decir que la masculinidad hegemónica garantiza el dominio por parte de los hombres y la subordinación de las mujeres. Ésta práctica intenta asegurar la legitimidad del patriarcado. Pero la masculinidad hegemónica no tiene un carácter fijo, es simplemente el tipo de masculinidad que ocupa el lugar hegemónico en cierto modelo de relaciones de género, por lo que ésta posición siempre es controversial.

Dentro de la hegemonía masculina a su vez, se encuentran relaciones de género específicas donde hay grupos de hombres subordinados que en su mayoría son homosexuales, y ocupando la posición dominante están los grupos de heterosexuales. Ésta relación se da ya que la homosexualidad se relaciona fácilmente con la femineidad que es tan rechazada por la masculinidad hegemónica. Otra clasificación de masculinidad es la de los cómplices, éstos son los hombres que no cumplen con el modelo normativo de masculinidad pero que sí tienen un estrecho vínculo con el mismo. Son masculinidades que si bien pueden pasar desapercibidas, por ejemplo cumpliendo con las tareas del hogar y ocupándose de sus hijos al igual que sus esposas, de forma más sutil que la masculinidad hegemónica avalan en cierto punto la dominación de los hombres sobre las mujeres. Si tenemos en cuenta la interrelación del género con factores como la clase social y la raza, se crean otro tipo de relaciones entre las masculinidades. Las masculinidades marginales están compuestas mayoritariamente por hombres de raza negra en un contexto de supremacía blanca. La marginación es concerniente a la autorización de la masculinidad hegemónica del grupo dominante, ya que si bien algunos hombres negros pueden ser ejemplares de masculinidad hegemónica, no significa que los hombres negros en general puedan tener autoridad social.

Volviendo al principio, en un medio dominado por la institución patriarcal, donde la masculinidad hegemónica encarna un papel fundamental para la opresión, subordinación y control del cuerpo de las mujeres, es preciso hablar de la violencia de género y diferenciarla con otros tipos de violencia.

Pensando desde un enfoque de género se puede plantear la violencia hacia las mujeres desde un nivel estructural, que refiere al carácter sistémico de la misma, ya que en todos los ámbitos sociales está presente y se reproduce la opresión femenina (ya sea en el lenguaje, en la religión, en las tradiciones, en la ciencia, etc) y también desde los niveles interaccional e institucional, menciona Castro (2012).

Suele confundirse el término “violencia de género” con otros que podrían ser similares pero que no apuntan al mismo propósito. Es el caso de la “violencia doméstica”, que es la violencia que se ejerce dentro del contexto doméstico, teniendo o no, los involucrados una relación de parentesco, basta con que exista violencia entre personas que convivan bajo el mismo techo. A diferencia de la anterior, la “violencia intrafamiliar” sí debe darse entre personas que tengan un vínculo de parentesco, pero no necesariamente debe ocurrir dentro del hogar, sino que en cualquier espacio físico ya sea en la calle, en el trabajo, centro de estudios, etc. Estas dos formas de violencia pueden sufrirlas tanto mujeres así como también, niños y niñas, adultos mayores y también hombres. Existe también la “violencia de pareja” que se da entre personas que mantienen un vínculo afectivo y erótico y que a su vez conviven bajo un mismo techo. Y la “violencia en el noviazgo” que también refiere a la violencia que ocurre entre parejas pero que no conviven, por lo que no existe una relación de dependencia económica entre ambos. Estos tipos de violencia tampoco son perpetrados únicamente por hombres como se suele creer en el imaginario social, también puede causarla la mujer de la pareja independientemente de que cumpla el rol de novia o de esposa.

Roberto Castro (2012) propone el recorte de una definición sobre violencia de género extraída de Ward que me resulta atinada:

[…] cualquier daño a otra persona perpetrado contra su voluntad, que tiene un impacto negativo sobre su salud física o psicológica, sobre su desarrollo y sobre su identidad, y que es el resultado de las desigualdades genéricas de poder4 que explotan la distinción entre hombres y mujeres, en hombres y mujeres […] Aunque no se dirige exclusivamente contra las mujeres y las niñas, la violencia de género las afecta principalmente a ellas en todas las culturas. La violencia puede ser física, sexual, psicológica, económica o sociocultural. Los perpetradores pueden ser miembros de la familia, miembros de la comunidad, y aquellos que actúan en nombre de instituciones culturales, religiosas, o de estado […] (Ward, 2002; cursivas mías).

Si bien muchas personas entienden que la violencia de genero se da solamente por parte de un hombre hacia una mujer, ésta definición deja muy claro que también la mujer puede ser la perpetradora de la violencia ya que la cuestión en juego es la diferencia de género, y que no necesariamente se tiene que dar en el contexto de pareja, sino que también puede suceder en la comunidad y en instituciones, y por esto también es que un homosexual puede ser también víctima de violencia de genero si se lo agrede con la finalidad de cambiar su orientación sexual por ejemplo.

Como forma de representar los conceptos que acabo de desarrollar, creo necesario mencionar el video que analizamos en clase “La vida de Juan”. En este corto se ve reflejado claramente el sistema patriarcal en el que vivimos, donde aparecen relaciones de género, homofobia, violencia intrafamiliar, misoginia, masculinidad hegemónica, privilegios para los varones, así como también el sufrimiento que puede provocar estar en esa posición de poder, y una cantidad de comportamientos y actitudes que aprendemos desde que nacemos que tenemos totalmente naturalizados pero que por suerte, tenemos la opción de deconstruir.

Para intentar disminuir los casos de violencia ejercida por hombres, en Uruguay existen modelos y dispositivos gratuitos, algunos indicados por la justicia, y otros que son de libre elección para los varones que quieren cambiar y mejorar la forma en que se relacionan.

Probablemente el más conocido sea el modelo de intervención con pulseras o tobilleras electrónicas para personas que ejercen violencia doméstica. En esta alternativa se le realiza un seguimiento al agresor mediante el uso de una pulsera electrónica y un rastreador. Un juez dispone el tiempo que el agresor llevara puesta la pulsera (entre 60 y 180 días). El denunciado no puede acercarse a menos de 1000 metros del denunciante y a su vez la pulsera y el rastreador no pueden estar alejados a más de 10 de metros o de lo contrario se alerta automáticamente a la Unidad de Violencia Doméstica que es el área encargada de este tipo de delitos. Durante las primeras semanas, tanto el agresor como la victima reciben llamadas del policía a cargo de su caso para verificar el estado de los dispositivos. También ambas partes cuentan con el apoyo de un equipo integrado por un psicólogo, un asistente social y un abogado. Debemos tener en cuenta que esta medida de protección hacia las víctimas de violencia doméstica resulta en algunos casos efectiva pero no así en otros ya que hay agresores que se quitan las pulseras y otros tantos que luego de cumplir el plazo vuelven a hacerle daño a la víctima.

Renacer, es una ONG donde pueden acudir los hombres violentos. Se trabaja en un dispositivo grupal y asisten personas que son derivadas por la justicia.

Otro modelo de intervención que conozco es el Programa de Atención a Hombres que Deciden Dejar de Ejercer la Violencia, que es brindado por la Asesoría para la Igualdad de Género de la Intendencia de Montevideo, es gestionado por el Centro de Estudios sobre Masculinidades y Género OSC.

En este programa se trabaja con hombres que desean asistir por su cuenta a reuniones grupales semanales para corregir su comportamiento violento. Las reuniones son coordinadas por dos facilitadores que forman parte del Centro de Estudios sobre Masculinidades y Género, formadas en el Modelo CECEVIM.

Con este programa se espera eliminar la violencia ejercida por hombres ya sea a sus parejas, ex parejas o familiares. Si luego de finalizadas las reuniones, el usuario que reincide en la violencia, tiene la posibilidad de comenzar a asistir a los encuentros nuevamente.

Este tipo de intervención me parece sumamente interesante por el hecho de que asisten hombres que desean mejorar su comportamiento. Creo que de esa forma se pueden obtener mejores resultados en comparación con modelos en los que obligan a los varones a acudir a programas en contra de su voluntad. Valoro también que les den la posibilidad de volver a comenzar en el caso de reiterar su conducta violenta.

Considero que puede ser posible erradicar este tipo de violencia reeducando a los varones y haciéndoles entender que el patriarcado no es una forma justa de organizar la sociedad, pero no solamente por el sometimiento de las mujeres, también debemos recordar que dentro de los privilegios y el poder que se les atribuye a los hombres también se encuentran dolor, aislamiento y alienación (Kaufman 1997).

Bibliografia:

Burín, M. (2009). Construcción de la subjetividad masculina. En Burín, M. y Meler, I. Varones. Género y subjetividad masculina, (2 ed., pp. 127-155): Librería de Mujeres Editoras, Buenos Aires.

Castro, R. (2012). Problemas conceptuales en el estudio de la violencia de género. Controversias y debates a tomar en cuenta. En Violencia, Género y la persistencia de la desigualdad en el Estado de México. Buenos Aires: Universidad Nacional Autónoma de México.

Connel, R. . (1997). La Organización Social de la Masculinidad. En y Crisis, Masculinidades. Poder (Vol. 24, pp. 31-48). Santiago de Chile: ISIS-FLACSO Ediciones de Mujeres.

Kimmel, M. (1997). Homofobia, temor, vergüenza y silencio en la identidad masculina. En Masculinidades, Poder y Crisis (pp. 49-61). Santiago de Chile: ISIS-FLACSO Ediciones de Mujeres.

Marquéz, J. (1997). Varón y Patriarcado. En Masculinidades, Poder y Crisis (Vol. 24, pp. 31-48). Santiago de Chile: ISIS-FLACSO Ediciones de Mujeres.

Rodríguez Añon, F. (2014). Experiencia de trabajo con varones que ejercen violencia hacia las mujeres, (23), 41-57. Recuperado a partir de http://www.revistas.una.ac.cr/index.php/mujer/index



Segato, R. (2006). Que es un feminicidio. Notas para un debate emergente.
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