Universidad de la República Facultad de Psicología Pre-Proyecto de Tesis Trabajo Final de Grado



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Universidad de la República

Facultad de Psicología
Pre-Proyecto de Tesis

Trabajo Final de Grado

Privación de libertad y egreso: efectos en los procesos de subjetivación de las mujeres de “El Molino” y sus respectivos grupos familiares”




Montevideo

Febrero 2015

Tutora: María Ana Folle Chavannez

Estudiante: Yessica Vecina Rebagliatti

RESUMEN

El presente proyecto busca, por medio de la metodología cualitativa, la comprensión y el análisis de los efectos de la prisión en los procesos de subjetivación de las mujeres que residen en el centro penitenciario “El Molino” y en las diversas formas organizativas que adquieren sus respectivos núcleos familiares. Considerando su experiencia cercana al egreso luego de transcurrido un período mínimo de 12 meses de condena.

La relevancia del tema, surge a partir de la necesidad de evidenciar los distintos significados de este episodio y la determinación de los efectos del mismo en los procesos de subjetivación presentes en el grupo familiar de este sector vulnerable de la población. Considerando la prisión como generadora de diversos efectos que comprenden un escenario que atraviesa al sujeto y a su familia en forma particular.

La propuesta se desarrolla con la finalidad de contribuir a la ampliación del conocimiento existente respecto a esta población, intentando dar cuenta de las distintas formas de interacción que se producen con el ingreso a prisión de un miembro del grupo familiar, así como las que se producen al egresar del establecimiento carcelario.

Desde una perspectiva psicosocial, se concibe al sujeto en una trama de relaciones complejas, constituido en el entramado de prácticas y saberes correspondientes a un momento sociohistórico desde las cuales se relaciona consigo mismo y con el otro.

PALABRAS CLAVES

PRISIÓN- GRUPO FAMILIAR- PROCESOS DE SUBJETIVACIÓN.

FUNDAMENTACIÓN Y ANTECEDENTES

El episodio de privación de libertad es una experiencia que transmuta el transcurso de vida del sujeto, provocando abruptamente cambios en su realidad y en todas las áreas que lo conforman. Foucault, a partir del análisis genealógico del castigo moderno, plantea cómo se configuran distintas formas de ser sujeto en un entramado de relaciones de saber y poder, correspondientes a un momento histórico. Explica la constitución de los sujetos a través de la disciplina, la vigilancia, el control y la corrección. Por otra parte, Goffman, elabora a través del estudio de los procesos microsociales, el concepto de institución total, basado en el análisis de un conjunto de instituciones que comparten una serie de características totalitarias, dentro de las cuales incluye la prisión.

Más recientemente, los trabajos de Jesús Valverde surgidos de las investigaciones de las cárceles españolas, constituyen un insumo en esta línea temática, ya que da cuenta de cómo inciden los efectos de la prisión en la vida del sujeto.

Foucault (1989), concibe la prisión como un aparato de poder que consiste en un modo de adiestramiento y de control del sujeto. Se trata de un aparato que transforma los individuos y que implica la docilidad de los mismos. El cuerpo es penetrado por los distintos mecanismos de dominación y subordinación que lo invisten abarcando todos los aspectos de su vida. De esta manera, es que las formas en que los distintos mecanismos de poder se articulan en las distintas instituciones disciplinarias y moldean al sujeto que los incorpora.

En este sentido, los procesos de subjetivación se configuran como resultado de las prácticas del saber y del poder en tanto modos de actuar y de pensar respectivamente, que tienen lugar en un momento sociohistórico determinado.

Al respecto, Goffman (1989) da cuenta del proceso de prisionalización como efecto de la institución carcelaria y de los obstáculos que impiden toda forma de interacción social con el exterior. El proceso consiste en una serie de cambios progresivos en lo que respecta a las percepciones de sí mismo y del entorno que cobrarán otros significados en esa nueva realidad.

Según los aportes de Valverde (1997), el individuo lleva a cabo un proceso de adaptación en el cual experimenta transformaciones a nivel fisiológico y psicológico que delimitará su tránsito en el establecimiento y afectará después su vida en libertad. Según sus investigaciones, la vida diaria del recluso se estructura con rigidez, en un ambiente precario, violento y carente de contenido donde debe luchar por la sobrevivencia con un esfuerzo permanente de adaptación. La cárcel limita el cuerpo y la vida social, el sujeto se vive a sí mismo como débil, sin motivaciones y ve restringidas sus relaciones interpersonales, experimentandolo en principio con la familia, que irá reorganizando su vida a medida que el recluso va perdiendo las nociones de la realidad exterior. Según el autor esto provoca mayores niveles de frustración una vez obtenida la libertad, ya que requiere una readaptación al entorno social que se dificulta por las pautas adquiridas en la prisión.

La situación de privación de libertad, transforma entre otros, al sistema de relaciones del sujeto donde se encuentra su grupo primario, su familia. La importancia de la misma radica en que constituye una pieza fundamental durante y después del encarcelamiento.

En la literatura existente es posible el acercamiento a la relación que se establece entre el recluso y su familia en el contexto de privación de libertad así como los efectos que generan estos vínculos particulares en cada uno de ellos. Resulta escasa la información referida a la experiencia del sujeto en el egreso y su vuelta al grupo familiar, las dinámicas que se producen con su reingreso y las distintas percepciones que se producen en dicho contexto, que constituye su principal grupo de referencia y el escenario donde el sujeto reproduce sus experiencias.

El relevamiento bibliográfico realizado, da cuenta de diversas investigaciones vinculadas a la temática que hacen foco en la población masculina, de ahí la importancia del estudio en mujeres, resaltando el significado particular que para ellas cobra la situación de encierro, considerando la estigmatización que experimentan por su condición de madre y mujer que ha transgredido la ley y que ha perdido su participación en la familia.

El acercamiento a los distintos funcionamientos familiares en el egreso y a los sentidos que adquieren los mismos para el ex recluso, es posible a través de la experiencia subjetiva de los sujetos implicados. Este abordaje permitirá la posibilidad de ampliar las características de esta población que suele describirse frecuentemente a través de una clase social determinada, por el tipo de delito cometido y la duración de la pena. La ampliación de estos datos significa abrir visibilidad sobre esta realidad que constituye un campo de problemáticas que involucra a todo el sistema social, sin buscar aspectos comunes para evitar el encasillamiento, lo que permitirá determinar las distintas aristas del problema. Se considera que esta será una forma de generar insumos para optimizar las estrategias para la reinserción familiar; generando desde una perspectiva socio comunitaria, aportes al conocimiento a nivel social y académico.

Los efectos de la prisión en el sujeto durante y después del encarcelamiento requieren ser pensados desde las condiciones del propio encierro, es por esta razón que se detallan algunas de las principales características del sistema carcelario del Uruguay y posteriormente las investigaciones realizadas respecto al tema llevadas a cabo dentro del continente latinoamericano.

De acuerdo al informe del Comisionado Parlamentario (2008), en Uruguay, las condiciones de reclusión y el alto crecimiento de las tasas de encierro, hacen de la privación de libertad una situación que configura una de las principales problemáticas sociales del país y ejercen una influencia negativa sobre el sujeto en este período.

Según el trabajo de investigación realizado por el Servicio de Paz y Justicia y el Observatorio del sistema Judicial de la Fundación Justicia y Derecho, en el período 2010- 2012, las problemáticas de hacinamiento y sobrepoblación, el ocio compulsivo, las carencias en la atención a la salud, las deficientes condiciones edilicias, la inexistencia de equipos técnicos para un abordaje integral de la privación de libertad, la insuficiencia de programas de rehabilitación y la no contemplación de las diferencias de género; son las principales problemáticas constatadas en los establecimientos penitenciaros del Uruguay

Es de destacar, que el estado ha implementado medidas que han ido corrigiendo paulatinamente algunas de estas falencias, tal es el caso de las reformas en los establecimientos carcelarios donde conviven las madres con sus hijos, precisamente el establecimiento “El Molino”. Allí fue instalado un equipo de salud permanente integrado por enfermeras, un médico de familia, ginecólogo, pediatra y psicólogos (Garate, 2011). Este aporte constituye un aspecto dignificante, que apunta hacia el reconocimiento de los derechos de las mujeres y los niños, aunque continúan existiendo aspectos que requieren una mejoría.

Según el Censo Nacional de Reclusos del año 2010, la población femenina constituye un 8,4 % de la población privada de libertad, cuyo perfil sociodemográfico indica que corresponden a niveles socioeconómicos bajos y sobre las cuales recae la responsabilidad social y económica de la familia. Los trabajos que implican infracciones a la ley, constituyen para estas mujeres los medios de sobrevivencia para ellas y sus familias y su detención incluye frecuentemente, el encierro junto a sus hijos menores de edad.

Marcelo Vinicio, en el año 2010, realizó una investigación donde se propuso realizar un análisis de los factores psicosociales que intervienen en el proceso de reinserción familiar de las personas preliberadas de la Casa de Confianza Nº 1 de la ciudad de Quito.

Investigó acerca de las representaciones simbólicas de la realidad social y las características de los factores psicosociales protectores y de riesgo que inciden en el proceso de reinserción familiar de esta población. La muestra consistió en un grupo de 10 preliberados de sexo masculino y sus respectivos convivientes. Del análisis de los resultados, surge que la separación del sujeto del resto de la sociedad genera en el sujeto dificultades para identificarse, que incide negativamente en la reinserción familiar. Las dificultades se vinculan a la fragmentación y confusión de la autopercepción, unidas al miedo cuando se enfrenta al egreso. El sujeto que se enfrenta con dificultades al exteriorizar los conceptos que ha construido acerca de sí, manifiesta sentimientos de frustración de sí mismo y de sus familiares y un nivel mayor de resentimiento social. La no reproducción de los roles de padre o esposo son otros de los factores que imposibilitan la visión holística de sí mismos, provocando inseguridad y miedo al asumir y enfrentar los roles socialmente aceptados.

El análisis interpretativo de la investigación ayuda a comprender los distintos factores que inciden en el proceso de reinserción familiar ya que la situación a la que se enfrentan al salir de prisión, consiste en un proceso donde se concatenan antiguos y nuevos significados que se internalizan y desde donde realizan la interpretación de sus experiencias actuales. Según lo expuesto por el autor, la discriminación que perciben del otro afecta al momento de relacionarse y reintegrarse a su núcleo familiar. Se plantea además, la incidencia negativa de las construcciones subjetivas sobre el delincuente en el área relacional y comunicativa del sujeto. Simbólicamente, el egreso adquiere para la persona el significado de un segundo nacimiento, donde su conviviente cumple un rol fundamental, proporcionándole identidad, seguridad y la posibilidad de reconstruir los vínculos sociales.

En el año 2012, es realizado por Techera, Garibotto y Urreta, un informe de investigación en el establecimiento carcelario de Santiago Vázquez de la ciudad de Montevideo. Este estudio exploratorio- cualitativo indagó acerca de las percepciones que los reclusos de sexo masculino y sus hijos de entre 3 y 11 años, tienen respecto al vínculo afectivo producido en el marco de la visita carcelaria. Esta investigación, aporta acerca de la importancia que adquiere la visita para el grupo familiar, la relevancia del contexto en el cual se desarrolla el vínculo paterno- filial y las situaciones de ausentismo. Destaca que el número de visitas es bajo respecto a la cantidad de hijos de los reclusos debiéndose a los inconvenientes con distancia, la creencia de que no es lo mejor para sus hijos el contacto con el establecimiento, y en otras ocasiones por decisión de la pareja como principal responsable. Este estudio permite la comprensión del establecimiento carcelario como generador de distintos procesos subjetivos, en este caso la visita se torna el lugar donde se brinda y se recibe afecto, el marco desde el cual se otorga sentido al vínculo padre- hijo y que determina las formas en que se desarrolla la paternidad. Se plantea que el estado de incertidumbre y angustia al que se enfrentan estos sujetos, provoca mediante un proceso paulatino, la naturalización de la situación por parte de los mismos y de su familia.

En un estudio realizado por el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) en el Centro Penitenciario Federal (Argentina), en el año 2011, se indaga y expone la situación de las reclusas de las unidades federales a través del análisis de las condiciones de detención y desde una perspectiva de género y derechos humanos. De allí se deriva que en la mayoría de los casos tienen hijos a cargo además de otros familiares, y que las mismas constituyen el sostén principal de la familia, por lo que su ingreso a prisión lleva consigo la desintegración familiar.

Torri (2008), plantea acerca de la situación de las madres privadas de libertad, las dificultades que supone el encarcelamiento y pone énfasis en el regreso. Al respecto, establece que el reencuentro con el grupo familiar supone una re-adaptación y un proceso donde la persona debe aprender nuevamente a convivir, incluso cuando el periodo de reclusión ha sido breve. Según su análisis, el periodo comprendido antes de la liberación y después de la misma resultan los más traumáticos para la familia y sostiene que en ese tiempo los cambios producidos son diversos, y que ciertas problemáticas centrales de la familia existentes previo a la reclusión persisten tras el regreso, ya que no fueron referidos durante la reclusión.



REFERENTES TEORICOS

El carácter globalizante de la prisión constituye un aspecto que implica abocarse a otras dimensiones del sujeto como las afectaciones a nivel físico, psicológico, económico y social cuyo radio se extiende además del personal de la institución carcelaria, a la familia del sujeto. En este sentido, resultan afectados los distintos aspectos que conforman la vida cotidiana del mismo, incluyendo el uso de la información, el manejo del tiempo y del espacio, y todas las dimensiones que hacen al “vivir la prisión” (Comisionado Parlamentario, 2008).

El sujeto en su proceso de socialización aprende e interioriza los elementos socioculturales de su medio y los integra a su estructura personal por medio de agentes significativos. Este proceso le permitirá adaptarse al entorno social en que vive. (Rocher, 1978). Según García-Borés, la pena privativa de libertad genera un efecto desadaptador en el sujeto a la salida del establecimiento que puede explicarse mediante la desaparición de esas pautas anteriormente interiorizadas, necesarias para la vida en sociedad. Las dificultades que enfrenta el sujeto al salir de la prisión, resultan a nivel económico, afectivo o familiar, los factores que inciden en el desarraigo social y dificultan el regreso a su vida en libertad. Esta implicará la adquisición de nuevas pautas de comportamiento que le permitan adaptarse a la nueva realidad exterior. Por esta razón, las formas de transitar el egreso, tendrán que ver en algún aspecto, con la forma en que impactan los efectos de la prisión en el sujeto y en qué medida incide el efecto de desadaptación, ya que dependerá de sus posibilidades personales, vinculares, económicas, etc.

Goffman (1989:12), se refiere a la prisión como un tipo de institución total, y establece

Una institución total puede definirse como un lugar de residencia y trabajo dónde un gran número de individuos en igual situación, aislados de la sociedad, por un período apreciable de tiempo, comparten en su encierro una rutina diaria administrada formalmente.

Para el autor la institución prisión absorbe al privado de libertad y su ingreso en ella genera abruptamente una ruptura con la realidad, provocando alteraciones en su ritmo de vida, obligándolo a transitar en una nueva realidad, con un sistema de normas que le son impuestas desde arriba y bajo un sistema de vigilancia permanente. De esta forma es como se configura lo que el autor denomina la figura del “interno”, para referirse a los individuos que conforman al grupo manejado, que viven de forma permanente en la prisión y cuyos contactos con el mundo exterior son limitados.

Valverde (1996), plantea cómo las lógicas de la prisión diagraman la vida del sujeto y ejercen efectos que trascienden la vida en prisión, generando de manera progresiva dificultades en la toma de decisiones y en la planificación de un proyecto de vida. Se produce una absorción del sujeto por parte de la institución que provoca que se encuentre ligado al presente, a lo inmediato y concreto, transitando su vida en función de los lineamientos de la prisión, lo que posteriormente podrá verse en la incapacidad del sujeto para adaptarse a la sociedad, producto de lo que Goffman (1989:26), denomina proceso de desculturación. Este proceso tiene que ver con la incorporación de comportamientos que posibilitarán la supervivencia del individuo y su adaptación al entorno carcelario. Según el autor, la persona privada de libertad, será foco de una especie de desposeimiento de los aspectos que conforman su yo y que luego repercutirá negativamente en su proceso de adaptación social.

El carácter totalizador de la prisión, alcanza a la institución familiar sobre la cual inciden sus lógicas de maneras diversas, ya que la situación de privación de libertad de alguno de sus miembros posee un efecto sísmico que provoca el estremecimiento y alteración de todo el núcleo familiar. García- Borés (2006), sostiene que tales alteraciones se encuentran en relación directa con factores como el rol de la persona en el núcleo familiar previo a su detención y la posibilidad de estar a cargo de personas dependientes. Este autor, pone de manifiesto el fenómeno de desestructuración familiar producido a partir del ingreso a prisión de un miembro de la familia, y la relación que guarda con los factores psicológicos, económicos y sociales. La desestructuración familiar, es producida en este caso a nivel de la estructura y funcionamiento denla familia ya que el encierro provoca la pérdida del rol familiar de la persona encarcelada. Al respecto Gracía- Borés (2006), plantea que esta pérdida se extiende a lo referido a la toma de decisiones respecto de la familia y los miembros a su cargo, y que se produce a raíz del debilitamiento de los vínculos familiares tras su ingreso a la prisión.

En el caso de las mujeres privadas de libertad que poseen la particularidad de ser madres, estos efectos adquieren otros niveles de significación que involucran dimensiones como la situación de los hijos a su cargo y el resto del núcleo familiar, a lo cual se adhiere el peso del ideal de género, los sentimientos de vergüenza y de culpa. De acuerdo con la información del Comisionado Parlamentario (2008), si bien el porcentaje de mujeres privadas de libertad continúa en aumento, el porcentaje respecto a la población masculina resulta inferior, lo que junto a otros factores ha contribuido a lo que Anthony (2007), define como invisibilidad de la mujer privada de libertad para referirse a la falta de una perspectiva de género que reafirma las situaciones de desigualdad y vulnerabilidad de estas personas.

De acuerdo con Anthony (2007), el ingreso de la mujer a la cárcel genera un estigma de doble partida, ya que no solo carga con la situación de privación de libertad sino que sobre ella recae también el peso de la culpa generado por el sentimiento de haber fallado como madre. Según la autora, “Una mujer que pasa por la prisión es calificada de “mala” porque contravino con el papel que le corresponde como esposa y madre, sumisa, dependiente y dócil”. p. 76. En este sentido, la situación de la mujer involucra además la cuestión del ideal de género a partir del cual se producen efectos diversos. Este ideal opera estigmatizándola socialmente de acuerdo con un sistema de valores y características asignadas socialmente al sexo, construyéndose socialmente un saber sobre el ser mujer, diagramado en un modelo que se promueve social y culturalmente.

Según Lamas (1996), la perspectiva de género hace referencia al orden simbólico con el cual una cultura determinada elabora la diferencia sexual. Plantea que esta perspectiva genera la posibilidad de abocarse al entramado de contenidos simbólicos en tanto factores no explicitados que hacen al estatuto simbólico de la cultura. Esta posición implica deconstruir la dicotomía hombre- mujer establecida a lo largo de la historia a fin de pensar los procesos sociohistóricos que han dado lugar a la producción de estas concepciones y cómo estas operan en el plano imaginario. Según lo expuesto, el orden simbólico constituye el proceso mediante el cual son producidas las ideas y concepciones acerca del deber ser del hombre y de la mujer.

Con esto, la autora se refiere a una serie de prejuicios y presunciones que se entrecruzan en las costumbres y tradiciones de una sociedad, conformando la estructura de la misma y determinando los modos de ser, actuar y sentir correspondientes a cada sexo.

El impacto que genera en el grupo familiar, el ingreso de la mujer al sistema carcelario resulta una situación agravante en términos sociales, económicos y psicológicos.

Una de las reacciones del entorno a las que se verá enfrentada tras haber cumplido su condena en el establecimiento penitenciario tendrá que ver con la estigmatización (García Borés, 2006: 63), el rechazo social y la discriminación hacia su persona incluyendo su familia, que se agrava con el estado de desorientación con el que enfrenta la situación de libertad. En este sentido, se producen dificultades que afectarán los procesos vinculados al desarrollo de las funciones de la familia en tanto unidad social y organización primaria, caracterizada por sus vínculos, las relaciones afectivas y los distintos roles y funciones que hacen a la organización familiar, que brindan a los miembros la posibilidad de relacionarse con otros sistemas externos como el barrio, el trabajo, la escuela etc. (González, C, s.f). Por esta razón, la situación de excarcelación de la mujer implicará una nueva organización interna y externa de la familia, produciendo modificaciones en la dinámica familiar y los distintos comportamientos de los miembros.

Jelin, (2005:95), define la familia como una institución social, que reúne las necesidades humanas como la sexualidad, la reproducción y la subsistencia; definida en un espacio social, transversalizado por relaciones de parentesco que la organizan y a la vez determinan sus formas de funcionamiento. (Jelin, E, 2005:95).

Desde el punto de vista empírico, la idea de familia remite al pasaje por las distintas experiencias por las que pasa el sujeto al vivir en un grupo familiar. Esta noción remite a las transformaciones a nivel organizativo de la familia que hace al movimiento instituyente de la institución familiar. En este sentido, el concepto de Jelin, da cuenta de la permanencia de la institución “Familia”, mientras que el carácter empírico, permite la reflexión acerca de las transformaciones de la materialidad institucional en sus formas organizacionales, haciendo referencia al grupo familiar. (Eira, 1999).

Desde un enfoque psicosocial, Pichón Rivière (1985:59) define a la familia como “Una estructura social básica, que se configura por el interjuego de roles diferenciados y enunciados en los niveles o dimensiones comprometidos en su análisis, podemos afirmar que la familia es el modelo natural de la situación de interacción grupal”. Según el autor, la familia como grupo, se constituye mediante los mecanismos en que los roles son asumidos y adjudicados en un interjuego que definirá la estructura del grupo. Entiende por roles a las distintas posiciones de los sujetos en una determinada red de interacciones, representando modelos de conductas según la posición que ocupa en el grupo y están ligados a los derechos, deberes e ideologías que mantienen la cohesión mismo.

Etimológicamente, la palabra “grupo” proviene del italiano “groppo”, que en un principio tuvo el sentido de “nudo” y posteriormente hizo alusión a “conjunto- reunión”. Ana María Fernández (1989:35), propone el uso del término “nudo” en un sentido metafórico, para remitirse a los distintos anudamientos- des anudamientos de subjetividades que tienen lugar en los acontecimientos grupales. Esta idea de grupo, según Fernández, alude a los enlaces- desenlaces que se producen entre los intercambios del grupo. De esta manera, la noción de grupo familiar permite una concepción de la familia en tanto institución compleja, con normas propias y pautas de comportamiento que regulan las relaciones sociales y cuyas formas organizativas pueden ser diversas. (Bleger, 1993).

Al respecto Alberdi (1984:90), plantea la inexistencia de un número determinado e inalterable de miembros, dada la diversidad de modelos de familias existentes y establece que la vivienda que comparten los integrantes de la familia, constituye el recurso económico que tienen los mismos en común.

Quintero (2001), en el estudio de las transformaciones de las familias de América Latina, plantea que para la comprensión de las mismas resulta fundamental una mirada global, holística y multidiciplinaria. De acuerdo con la autora, la perspectiva holística dará la posibilidad de abocarse al individuo, la familia y la sociedad desde una mirada integral que nos permita comprender los distintos factores y procesos por los que tienen lugar las situaciones que tienen que ver con la pobreza, la inequidad y la exclusión.

Según García Borés (2006), la problemática generada que supone la situación de excarcelción, es agravada por el tiempo prolongado de la persona en prisión, ya que implica dificultades para adaptarse a la sociedad e insertarse en el mundo laboral. Esto último se vincula a la escaza experiencia y la sobreadaptación que llevan a la pérdida de los habitos necesarios para el relacionamiento laboral. Las alteraciones en la imagen de la realidad producidas durante el encierro alteraran la percepción del futuro, lo cual constituye un aspecto negativo al momento de enfrentarse a la realidad una vez obtenida la libertad. De acuerdo con el autor, esta distorsión afectará a toda la familia que luego deberá hacer frente a todas las dificultades de la reintegración, experimentando sentimientos de inseguridad, angustia desorientación etc. En esta instancia la mujer formará parte de una nueva situación familiar donde deberá enfrentarse a los cambios psíquicos que supone al proceso de reestructuración familiar luego de haber experimentado la separación drástica de sus hijos y de su familia; así como también se verá enfrentada a las sobrecargas afectivas, económicas y familiares al mismo tiempo que al peso del entorno social (García- Borés, 2006: 131). La nueva situación familiar implicará el proceso de recuperación del rol perdido con su entrada en prisión, nuevos posicionamientos como madre, esposa y mujer.

René Kaës (1987), plantea que el ser humano se apoya a través de la pertenencia, en las instituciones, en los grupos, en la familia, etc. La familia como institución, según el autor, remite a un carácter heterogéneo, dado la convergencia de los diversos procesos y formaciones de índole social, económica, cultural y psíquica. En este sentido define a la institución como un fenómeno compuesto por lógicas de distinto orden que la configuran como un sistema cultural, simbólico e imaginario, presentándose como “[...] conjuntos englobantes, que aspiran a imprimir su sello distintivo en el cuerpo, el pensamiento y la psique de cada uno de sus miembros.” (1987:92). A la vez que el sujeto se inscribe y se sitúa en la institución, esta lo estructura y establece con él relaciones que ofician de sostén de su identidad. A través del concepto de intersubjetividad, el autor explica la constitución del sujeto a partir de las configuraciones vinculares que se dan en un espacio psíquico común y compartido: el grupo, donde tienen lugar lo singular, lo privado, lo común y compartido y lo que permanece diferente. Allí sus manifestaciones se dan en su relación con el otro. Describe la intersubjetividad como “La estructura dinámica del espacio psíquico entre dos o varios sujetos. Este espacio comprende procesos, formaciones y experiencias específicos, cuyos efectos determinan el advenimiento de los sujetos del inconsciente y su devenir Yo en el seno de un nosotros.” (2010:28).

La noción de clima institucional propuesta por Kaës (1987), brinda la posibilidad de abocarse a la familia en tanto institución donde se conjuga la historia y la estructura de la misma, construyendo la vida psíquica propia del vínculo y del lugar. De acuerdo con el autor el acceso a estos procesos y estructuras psíquicas no resulta accesible si no es por el sufrimiento que en ellas se experimenta.

Según el autor, la organización de la vida psíquica se da en base a la relación del sujeto con la institución, que consiste en una externalización de un espacio interno, donde el sujeto se ve enfrentado a pensar una parte de sí mismo fuera de sí. En este sentido plantea, que la vida psíquica es apuntalada por la institución, debido a que una parte del sujeto, que afecta su identidad y compone su inconsciente, pertenece a la institución. Según este planteo, es posible la vinculación entre la institución y los procesos y formaciones del inconsciente, así como las subjetividades que la misma forma.

Lourau (1988), describe esta relación a partir del proceso de interiorización. Este implica una “continuidad objetiva” que consiste en la incorporación del sostén proporcionado por la existencia formal de la institución donde el individuo interioriza la norma institucional. Por otro lado, implica un estadio de “continuidad subjetiva”, que alude a la proyección individual y a la adhesión libre del sujeto que hace evadir la idea de institución como fenómeno vacío y externo a él. La institución es introyectada como objeto real e imaginario y es cargada de símbolos elaborados por el sujeto que adquieren para él un valor singular.

Para Lidia Fernández (2004), la institución adquiere el valor de marco social regulador- externo e internalizado de los comportamientos individuales y de su vivencia subjetiva, y es posible visualizarlas a través de los sujetos, grupos, etc., que ofician como ámbitos de análisis. La diferenciación de la familia respecto al ámbito social más amplio, es posible a partir de noción de espacio institucional que propone la autora, que remite al carácter organizacional en respuesta a ciertos mandatos y al desarrollo de funciones singulares. Se produce un desprendimiento del espacio social mayor y se configuran las fronteras de otro espacio más o menos permeable. De acuerdo con Fernández, la formación del espacio institucional familiar constituye un proceso de institucionalización, que la autora denomina “Un movimiento histórico de creación [...]. Produce hechos que se inscriben en alguna memoria y se convierten en tradiciones; genera modos de tratar y hacer con su especial realidad material; origina mecanismos que sostienen y defienden su singularidad.” (p.2).

Según la autora, los grupos humanos que configuran la institución, realizan un proceso de singularización de las normas generales y en tal sentido la institución en su forma universal constituye la materia prima sobre la cual se imprimen significados, normas y valores que provienen de la propia historia institucional. El ámbito simbólico comprende según Fernández un mundo cuya existencia se encuentra ligada a la institución por una red de significaciones que abarcan un área consciente e inconsciente del accionar del sujeto. Este último encuentra en el mundo simbólico institucional cierta orientación que le permitirá la comprensión y decodificación de la realidad social. De este modo es como a través de la institución se expresan aquellos sentidos utilizados por una determinada cultura, para la configuración de las relaciones entre los sujetos, con la realidad social y natural que los rodea.

La historia institucional, la singularidad de su ambiente y las características de sus miembros serán aspectos en función de los cuales se configurará la versión única de los modelos institucionales generales. Serán estos los que brindaran una de las formas de acercamiento epistemológico a un establecimiento institucional, es decir, a través del acceso a la cultura institucional que comprende una serie de elementos como el lenguaje, los distintos roles funcionales, un sistema de imágenes sobre la institución misma, las formas técnicas empleadas para el mantenimiento y la producción, una forma particular de plantear y resolver las dificultades, así como el manejo del tiempo y del espacio. Las vinculaciones con el ambiente y las distintas formas de organización entre los miembros derivadas del intercambio producido en determinadas condiciones materiales, incluyendo lo que respecta a los niveles de gratificación, identificación, el sentimiento de pertenencia y adhesión a los valores de la institución de los sujetos.

El concepto de “novela familiar” al que alude Lidia Fernández (1994), resulta clave para abordar distintos aspectos de la cultura y de la trama institucional en sus devenires. Según la autora, aquella, “se convierte en un verdadero código de significación que provee de nuevos sentidos al modelo y la ideología institucional”. (p. 49). De esta forma sería posible el abordaje de los diferentes sucesos complejos, posibilitando “estimar el grado en que es probable obtener la develación de los no dichos institucionales” (p.49). Con esto se refiere a un nivel que supera lo “real”, que hace a los sucesos no dichos que pertenecen a la trama familiar y que se incluyen entre los hechos que narra la novela institucional.

La categoría de lo real, requiere un análisis crítico y de elucidación, según Eira (2005:27), esta dimensión puede llegar a configurarse como tal no siendo aquello de lo que la misma da cuenta. Propone la existencia de una realidad material- concreta y una realidad ideal- simbólica que se relacionan, siendo esta última la que brinda la posibilidad de dar cuenta de la primera. De acuerdo con ello, se hace posible el acceso a lo material concreto solo por el ejercicio de representación que actúa como mecanismo intermediador, que hace a las configuraciones de sentido que posibilitan la inteligibilidad. La realidad ideal simbólica, de acuerdo con el autor, se construye y constituye el procedimiento por el cual se conceptualiza lo material concreto. Tomando a Spinoza, el autor plantea la presencia de un “Plus de procedimientos que posibilitan la adjudicación de significados, la decodificación de lo percibido […]. Dicho plus no puede inscribirse en otro lugar que no sea el de lo social- histórico”. (p. 31). En este sentido la subjetividad aparece como dimensión constitutiva de lo real en tanto construcción sociohistórica de los contenidos.

Desde el punto de vista de la psicología social, los modos de relación del sujeto, se orientan hacia el cómo, a partir de la consideración del pensamiento como un “pliegue de configuraciones sociohistóricas”. (p.33). De ahí la idea de lo vincular como una dimensión creativa, compuesta por unidades heterogéneas.

Gómez y Jódar (2003), se refieren al sujeto a partir de los planteos de Foucault y destaca la importancia de las condiciones históricas de emergencia sobre las que se despliega el sujeto y los distintos procesos que lo configuran como tal a partir de las diversas prácticas históricas. Con esto se refiere a los procesos de subjetivación mediante el cual se constituye el sujeto. De acuerdo con Foucault, este proceso será resultado de las prácticas del saber y del poder en tanto modos de actuar y de pensar respectivamente en un momento sociohistórico determinado. Según Castoriadis (1987), el sujeto constituye una organización compleja dinámica y abierta, que se recompone constantemente en el entramado de sus relaciones y lo define como un ser “para sí” haciendo alusión a la organización del mundo que realiza el sujeto en relación a sus características. En este aspecto resalta la importancia de lo imaginario y las significaciones que permiten la construcción de un mundo psíquico y sociohistórico “para sí”. En este sentido, los procesos de subjetivación del sujeto constituyen un ámbito donde convergen dos planos, lo que la autora denomina imaginación radical, para referirse al plano psíquico con sus procesos de creación y construcción imaginaria de sentidos; y el imaginario social, con sus concepciones acerca de las formas de hacer y pensar las normas y los valores. La importancia de lo imaginario, según Catoriadis (1987), radica en su carácter de significaciones que permiten construir y otorgar sentidos. La subjetivación en tanto proceso, se vinculará a la producción imaginaria acerca de los modos en que el sujeto se relaciona consigo mismo, con los otros y las instituciones. (Anzaldúa, 2009: 5).

Las significaciones que desarrollará el sujeto acerca de sí mismo, están ligadas al imaginario social y con ello lo instituido en tanto formas de organizar los comportamientos y las relaciones entre los sujetos; pero abarca además una dimensión creativa y abierta de lo instituyente que hace a la tensión y resistencia a ciertos saberes y discursos de la institución.

De acuerdo con Eira (2005:61), la constitución del sujeto se fundamenta “en, y desde, una relación con los demás”. De acuerdo a su planteo, la identidad refiere a una construcción presente y al plano de la inmanencia, a configuraciones móviles y cambiantes del ámbito simbólico, vinculada a las relaciones sociales y a las prácticas donde se pone en juego la pertenencia y el lugar relativo que ocupa el sujeto y los grupos en su mundo. (p.62). Se habla de formaciones colectivas (Molas, 2001), donde lo singular se ubica siendo un pliegue que da cuenta de lo múltiple, de la diferencia y lo inacabado; de ahí la concepción socio- histórica del las producciones subjetivas y la posibilidad de abordar la problemática singular cuyas características radican en lo múltiple.

Fernández (1994), plantea que el sujeto como ser social emerge de esta acción que establece en la trama de relaciones sociales y en este sentido lo social conforma la matriz respecto a la cual se diferencia pero a la vez lo constituye y lo determina. Establece tres ejes de significación posibles de identificar en las creaciones humanas. Uno derivado del mundo interno del sujeto, que se activa en la interacción con el otro, dando lugar a lo fantasmático; el nivel que proviene del lugar que ocupa el sujeto en la trama relacional en los sistemas de poder y el ultimo que deriva de las tendencias del sujeto a encubrir y develar los contenidos que han sido reprimidos psicoafectiva y sociopolíticamente.




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