Universidad de la habana


FAMILIA E IDENTIDAD FAMILIAR



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FAMILIA E IDENTIDAD FAMILIAR.

Aproximación a su estudio.
La familia constituye una de las instancias más importantes en la estructuración de la identidad personal y social. La formación de la identidad familiar constituye un fenómeno complejo y plurideterminado por diversos procesos y factores.

Hablar de IDENTIDAD es hablar de PERTENENCIA, de procesos de continuidad y ruptura, es hablar de un sistema de creencias compartidas.

Para hablar de identidad familiar es necesario ver la familia en su doble carácter, es decir, como una institución social, la cual constituye y es parte de la producción y reproducción del modo de producción, de las relaciones sociales de producción, de los valores predominantes de una sociedad en un contexto histórico y por otra parte es imprescindible la mirada MICRO-SOCIAL como grupo humano, que es lo que le da a la familia IDENTIDAD PROPIA.

La familia en tanto institución tiene una IDENTIDAD SOCIAL más compartida, más universal, en tanto microestructura posee una identidad más única y particular.

La identidad macrosocial de la familia constituye un proceso que discurre al margen de la percepción sentida y vivenciada por los sujetos. La identidad psicológica familiar, aunque opera como un proceso subyacente no totalmente concientizado puede emerger bajo determinadas circunstancias como componentes percibidos y sentidos de la identidad.

Define el sentimiento de ser y pertenecer aunque los elementos que componen dicha identidad sean percibidos solo de forma difusa y no siempre totalmente consciente.

La identidad de la familia como institución social está fuertemente determinada por los procesos de continuidad y ruptura de la identidad cultural.

Hablar de una identidad familiar hoy día es prácticamente imposible, más bien sería propicio referirnos al proceso de conformación de múltiples identidades familiares que caracterizan la familia actual.

Sin embargo, el punto de referencia para hablar de la conformación de estas nuevas identidades, en el caso de la familia, lo constituyen los procesos de cambio y resistencia a los cambios que han ocurrido a partir del modelo de familia patriarcal nuclear, biparental caracterizado por la tradicional división del mundo público y privado y papeles genéricos establecidos de manera rígida.

Las formas en que se constituyen las nuevas identidades familiares parten de definirse a partir de lo que ya no comparten con este modelo y de lo que todavía se mantiene.

Este punto de referencia tiene que ver con el ETNOCENTRISMO cultural que define la pauta de que solo existe un único modelo válido, natural o legitimado como adecuado.

Aunque mucho se ha hablado en la literatura científica sobre ello, sería conveniente identificar cuáles han sido los procesos causales que han determinado una transformación cualitativa sustancial en la ruptura del modelo de la "sagrada familia":


a) En primer lugar desde el punto de vista económico, el desarrollo tecnológico, las transiciones demográficas.

b) Otro de los factores identificados como decisivos lo constituye la creciente incorporación de la mujer al mercado de trabajo.

c) Por otra parte la fuerte crisis económica provocada por los procesos de ajuste neoliberal en los países de la región y las estrategias familiares para enfrentarlas se han convertido en procesos estructurantes de nuevas configuraciones familiares.

d) No es posible soslayar las conquistas ideológicas del movimiento de liberación femenina que se convirtieron en punta de lanza de la batalla contra cultural en relación al modelo tradicional de familia.


Estos factores han universalizado ciertos procesos de cambio para la familia y han roto con la propuesta de una única identidad cultural como referente ideal para la misma.

La familia hoy día comparte elementos de cambio que aunque se deban a procesos y determinantes diferentes de acuerdo al contexto, expresan tendencias similares, tales como un incremento de la divorcialidad, una reducción del tamaño promedio de la familia, un incremento de las uniones consensuales, una diversificación creciente de los tipos de familia y formas de convivencia, un incremento de la esperanza de vida y de la longevidad, por mencionar algunas tendencias actuales.

El universo de familias en cualquier escenario social en la actualidad es múltiple y disímil: hogares unipersonales, nucleares completos, incompletos, reensamblados, de jefatura femenina, monoparentales, heterosexuales, homosexuales, son muestras de las múltiples formas y arreglos familiares.

Sería entonces necesario reconocer que la nueva identidad familiar consiste justamente en el reconocerse parte de la diversidad.

Este es un fenómeno que psicológicamente es complejo, pues está matizado por la creencia cultural que aquella familia de referencia ideal es la normal, la natural, la sana, la adecuada y que cualquier otra modalidad es riesgosa, patológica, antinatural.

Los cambios en la estructura y funcionamiento de la familia han sido de hecho más acelerados que su aceptación en la conciencia, creencias compartidas, imaginario social.

Se identifican también como procesos de aculturalización en la familia, otros elementos homogeneizantes de la cultura como las migraciones internas y externas, los medios masivos de comunicación, la informática, el turismo. Todo ello entremezcla e interconecta hoy día en un mundo de globalización planetaria países, regiones, grupos humanos, instituciones, lo cual tiende a la universalización de valores y formaciones de sentido.

Desde el punto de vista de los elementos de continuidad se hace necesario decir que la identidad familiar en nuestros países latinoamericanos y del Caribe mantiene una fuerte influencia de referente cultural a pesar de los procesos de cambio.

Diríamos que los cambios han operado más desde lo estructural que desde lo idiosincrásico.

Los procesos de identidad tienen mucho que ver en estos mecanismos de continuidad, de lo transmitido de una generación a otra, de lo que definen los elementos de pertenencia a un grupo.

Desde un punto de vista psicológico podríamos decir que las vías de transmisión intergeneracional son mecanismos que discurren incluso al margen de la voluntad y conciencia de las personas. Procesos de identificación afectiva, transmisión de valores sacralizados en forma de mitos, asignaciones de legados intergeneracionales constituyen las vías por lo que algunas creencias se hacen verdades absolutas.

La práctica cotidiana de la familia pone de manifiesto que no ha sido posible desterrar una cultura milenaria con relación a las tareas y funciones dentro del hogar, a las asignaciones genéricas, a la forma diferenciada de criar los hijos con relación al sexo, a los modelos de relación de pareja.

Los elementos de ruptura aparecen como sumatorias de procesos, como formas de ENCULTURACIÓN, no como síntesis de nuevas identidades culturales.

Otros poderosos apuntadores sociales como los medios de comunicación, las telenovelas, la religión, así como apropiación acrílica de preceptos bíblicos propio de algunas manifestaciones religiosas que utilizan los fundamentos de la Biblia para justificar y perpetuar una ideología patriarcal y de dominación.

Todo ello hace lento el proceso de conformación de nuevas identidades sentidas y percibidas, no tan solo impuestas por las circunstancias y cambios estructurales.

Los elementos hasta aquí planteados son los que definen la identidad familiar como pertenencia a una cultura. La ideología dominante determina a su vez los valores emergentes de un contexto socio-histórico determinado.

Si analizamos la familia como micro-proceso vemos que ella constituye el elemento configurante primario de la identidad individual.

La identidad de una familia está muy condicionada por su pertenencia a una sociedad y cultura determinada, pero ella en sí misma tiene su identidad propia.

Identidad de familia es el sentimiento subjetivo de la familia, de su continuidad a lo largo del tiempo, su situación del momento y su carácter.

Como tal, la identidad de la familia es una estructura cognoscitiva subyacente, una serie de creencias, actitudes y atribuciones fundamentales que la familia comparte respecto de sí misma. La gestalt de las cualidades y atributos es lo que la convierte en una familia determinada y la diferencia de otras familias.

Al igual que la identidad del yo, la identidad de la familia es subjetiva y reflexiva.

La identidad familiar también se caracteriza por la subjetividad. Es un fenómeno psicológico grupal que tiene como cimiento un sistema de creencias compartidas.

Los sistemas de creencias compartidas son los supuestos implícitos respecto de funciones, relaciones y valores que gobiernan (regulan) la interacción en las familias y otros grupos (P. Stein Glass, 1989).

Estos sistemas de creencias compartidas han recibido muchas denominaciones, por ejemplo paradigma de familia (Reiss, 1981), temas de familia (Handel, 1967), reglas de familia (Ford y Herrick, 1974; Jackson, 1965), y mitos de la familia (Ferreira, 1966). Cada una de estas denominaciones connota un segmento un tanto distinto pero también superpuesto del universo de sistemas de creencias compartidas que poseen las familias.

Paradigma de familia se refiere a "una concepción compartida por la familia acerca de su ambiente". A su vez estas concepciones modelan la conducta de la familia.

Los "temas de familia" que son descritos como pautas de sentimientos, motivos, fantasías que organizan la concepción que la familia tiene de la realidad.

Los temas se encuentran en las orientaciones implícitas de la familia, en sus nociones de "quiénes somos" y de "lo que hacemos al respecto". El concepto de REGLAS DE FAMILIA por otro lado subraya la naturaleza vinculante, antes que la organizadora de los sistemas de creencias.

La identidad de la familia contiene ciertas creencias sobre la pertenencia a ella, es decir quien pertenece a ella y quien no, tanto ahora como en el pasado. La identidad de la familia es influida en gran medida por creencias y recuerdos acerca de la historia pasada.

Si bien la identidad de la familia es una elaboración cognoscitiva (el producto de un sistema de creencias compartidas) no siempre se encuentra en el conocimiento consciente de todos los integrantes de ella.

Casi siempre se posee solo un sentimiento difuso de vinculación, una sensación de pertenencia, no una versión definida con claridad y explicable del sistema de creencias compartidas que componen la identidad singular de determinada familia. Pero en la vida de la familia hay momentos en que esos sistemas de creencias compartidas surgen en formas mucho más explícitas. Esos momentos se dan en las grandes transiciones de desarrollo, en especial cuando los hijos se separan de su familia para formar las suyas propias.

En consecuencia, la identidad de la familia tiene dos componentes: uno implícito, el otro explícito, más aún, los dos componentes guardan una relación dinámica entre sí.

La mayor parte de las personas son parte de dos identidades de familia y están influidas por ella: la de aquella en la cual son criados y la de la familia que forman por el matrimonio y la procreación. En la medida en que elementos de la experiencia de la familia de origen (actitudes, valores, pautas de conducta) se extienden a la familia nuclear, podemos decir que esta "nueva familia" adoptó o no esa herencia. La herencia es la medida de la continuidad.

La identidad familiar que la define como grupo psicológico singular tiene una fuerte influencia de la identidad familiar cultural y social. No son procesos independientes uno de otro, muy por el contrario, están determinados de manera recíproca.

Podemos decir que en la identidad particular de una familia, su propio "HABITUS" constituye la síntesis de múltiples y variadas influencias:


- La cultura (transmitido a través de las generaciones anteriores, medios de comunicación).

- Lo socio-económico en un momento histórico determinado.

- La ideología dominante.

- Lo familiar intergeneracional (mitos, legados, rituales).

- La identidad familiar del cónyuge o nueva pareja.
Todos estos elementos desde diversas articulaciones conforman identidades únicas e irrepetibles (desde sus reglas vinculantes, paradigmas, temas de desarrollo, mitos) pero en sus componentes está presente lo cultural, lo económico, lo político, lo jurídico, lo social. Con ello queremos decir, que una familia no está aislada muy por el contrario está en contacto con el mundo exterior a través de sus miembros; la sociedad va a interesarse por ella con unas expectativas concretas, particularmente en el ámbito educativo.

Estos contactos y otros intercambios pueden ser enriquecedores, permitiendo la evolución, la complejidad del polo mítico de la familia; pero a veces estos contactos van a ser vividos como peligros reales o potenciales para la familia, para su identidad, para su propia existencia como grupo diferenciado.

Los elementos que ponen en peligro la identidad de la familia y su existencia son de dos tipos: los elementos que singularizan demasiado a la familia, que la ponen en peligro de aislarse del contexto social, o bien los elementos que pueden perjudicar a la familia por ser demasiado banalizadores.

Dentro de los elementos que singularizan demasiado a la familia de manera amenazante para su identidad encontramos dos tipos de acontecimiento(Neuburger, R.1995):

Comportamientos singulares por parte de algunos de sus miembros, desviaciones visibles, tales como comportamientos sexuales considerados desviados por la familia: la homosexualidad, el adulterio, el incesto, así como la toxicomanía, el alcoholismo, la autodestrucción, el suicidio, o cualquier otro comportamiento que, para un grupo determinado pueda ser motivo de vergüenza frente a la sociedad.

La singularidad del grupo puede no deberse al comportamiento de sus miembros, sino a un particularismo aislante relacionado con el contexto social. Así el ser reconocido como una familia emigrante puede constituir un ataque a la identidad de la familia que gozaba en su país de origen de un respeto social.

El mito familiar puede verse amenazado por otro peligro aparentemente menos dramático y que sin embargo suele vivirse particularmente mal, como es que el grupo se banalice, se des-diferencia. Es una preocupación inversa a la precedente: la de intentar preservar su diferencia. En este caso la identidad familiar está amenazada en dos frentes: ya sea por una marginación del grupo, aislado por las particularidades que lo ponen en peligro, ya sea al contrario por el riesgo de perder su alma, sus especificidades, de perderse a partir de exigencias rígidas de otra familia, contexto o sociedad en general.

La identidad puede estudiarse desde los rasgos objetivos y también como la subjetivizan las familias, es decir tiene un componente OBJETIVO y otro PERCEPTIVO.

.A manera de ejemplo presentamos un estudio de la identidad auto-percibida en 30 familias cubanas que solicitaron ayuda psicológica en el COAP ( centro de orientación y atención Psicológica de la Facultad de Psicología) en el curso 1993-1994. Para ello queremos presentar un estudio ilustrativo que realizamos sobre identidad familiar a partir de la técnica del ESCUDO FAMILIAR. Esta es una técnica auto-perceptiva en la que se le solicita a los miembros de la familia (uno o varios) que dibujen de 2 a 4 símbolos que los identifican como familia y luego de expresarlo a través de símbolos, comenten qué significado tienen los mismos.

Realizamos una exploración de 30 escudos familiares pertenecientes a familias de provincia Habana y utilizamos para evaluar los escudos los componentes de la identidad familiar identificado por los autores. Clasificamos los símbolos de la siguiente manera:

PARADIGMA FAMILIAR:

Concepción compartida de la familia respecto a su ambiente, es decir su propio HABITUS. Tiene que ver con CLIMA EMOCIONAL de la familia.


TEMAS DE FAMILIA:

Pautas de sentimientos, motivos, fantasías en relación de quiénes somos y lo que hacemos, es decir lo que hacemos, lo que nos caracteriza. Tareas de desarrollo.


REGLAS:

Tiene que ver con aquello que define la naturaleza vinculante. La manera que la familia percibe los elementos de interacción.


MITOS:

Valores que enaltecen, verdades sacralizadas.


Una vez definidas las categorías pasamos a evaluar los elementos que se incluyen dentro de la identidad auto-percibida por estas familias y la simbología estudiada.

En relación con el PARADIGMA es decir, al clima emocional o hábitos familiar, fue donde aparecieron los elementos más negativos. Aparecen indicadores de conflicto, tensión, discusión, carga emocional, frialdad afectiva.

Los símbolos que identifican estos elementos fueron: mar violento, rayo, tempestad.

Los elementos de frialdad con el desierto o carencia del sol.

Es interesante que el CLIMA emocional dentro de la familia se asocia simbólicamente con elementos de dinámica relacional, pueden ser los componentes de la identidad más afectados. Con relación a los TEMAS de familia se destacan los siguientes: la inteligencia, la educación, el trabajo, la laboriosidad, el estudio representado como (libros, cerebro, lápiz y libreta.) En menos medida aparece la recreación (radio), el alcohol (botella), la música (guitarra, notas musicales), signos zodiacales, amor a la naturaleza (animales y plantas.)

Las REGLAS familiares son las que más aparecen. Se destacan como elementos en casi la totalidad de los escudos la unión (simbolizado como lazos, círculos entrelazados, nudos, manos apretadas, cadenas, flechas concéntricas), en segundo lugar le sigue el amor simbolizado en forma de corazones, aparecen elementos de apoyo (horcón), fusión, dependencia (eslabones de una cadena.)

Los MITOS familiares se asocian a lo siguiente:

Desarrollo (espiral); casa (techos, casas dibujadas), esperanza (color verde), hijos (flores), salud (cruz roja), moral (una M mayúscula.)

En conclusión, podemos decir que los elementos de la identidad familiar de las familias estudiadas, refieren dificultades en el clima emocional que, a nuestro entender, está relacionado con las tensiones de la vida cotidiana de la convivencia y las exigencias de la cotidianidad, así como asociada al problema relacional por el cuál consultaban.

Las reglas vinculantes preservan, dentro de la identidad, componentes de unión, amor, apego (básicamente de la mujer) solidaridad.

Los temas de desarrollo tienen que ver, en primer lugar, con la inteligencia, luego el trabajo, el estudio, la laboriosidad. Como elemento distintivo de nuestra cultura la música, el alcohol los signos zodiacales y símbolos religiosos. Llama la atención que dentro de los MITOS aparece la CASA, el desarrollo, la esperanza, la moral (pureza, honestidad), los hijos. Aparecieron algunos elementos amenazantes a la identidad familiar expresados como importantes pero en déficit o en carencia. En este caso se menciona la moral.

La identidad familiar actual constituye una síntesis de elementos culturales, de valores conquistados dentro del proceso revolucionario y de una identidad reactiva o emergente provocada por la crisis económica del contexto actual.

La identidad familiar es un proceso a potenciar en la familia. Constituye un elemento fundante para la identidad personal, en tanto ser social. Independientemente que existe una identidad objetiva los elementos de la identidad autopercibida garantizan los fenómenos de pertenencia, de autoestima, de aceptación y de lealtad del individuo a sus grupos sociales de referencia.


Bibliografía :

Robert Neuburg. La familia dolorosa. Editorial Herder .1995.

P.Steinglass, La familia alcohólica. Editorial Gedisa.1989.

Modelo de evaluación psicológica a la familia
El problema del diagnóstico familiar, nos enfrenta a curiosas contradicciones. Al parecer, a pesar de lo rápidos progresos que estamos imponiéndole al desarrollo de la terapia familiar, seguimos arrastrando un retraso espectacular en la construcción de un diagnóstico familiar. En los profesionales relacionados con la salud mental o los procesos educativos, ha llegado a existir un prejuicio bastante extendido contra el etiquetaje de personas y familias. Hay quienes dicen que, dentro de los límites actuales del conocimiento, una tipología de familias es sencillamente imposible.

Sin embargo, dentro de este debate existen juicios contrapuestos. Así por ejemplo, Ackerman(1971) sostiene que posible o no, la pura verdad es que en la práctica educativa o clínica, los profesionales, aplican juicios a las familias, las comparan y contrastan, destacando entre ellas significativas diferencias. Simplemente no pueden evitarlo.(Linares1996)

La intención implícita de los que no están de acuerdo en el diagnóstico de familias, es liberar a la función interpretativa de los efectos del modelo médico, contrarrestar la creación de chivos expiatorios que comporta el etiquetaje y evitar la pretensión de un grado de exactitud que no poseemos. No obstante, no hay modo de soslayar la responsabilidad de evaluar y conceptualizar los procesos familiares.

Nuestra tarea consiste entonces más que en pretender desarrollar una tipología de familia con fines clasificatorios, en proporcionar un modelo de evaluación útil y ventajoso a los efectos de generar modalidades y vías para la intervención.

En sentido general la evaluación psicológica de la familia se ha centrado en la descripción de su estructura, la etapa de desarrollo en la cual se encuentra y la medición de su funcionamiento familiar. (Olson, Rusell, Hamilton).

Como complemento al modelo de funcionamiento familiar desarrollado por la autora en el libro Mi familia es así (Arés, 1990), el cual permite hacer un análisis psicosocial de la familia en cuanto a si la misma cumple con sus funciones educativas acorde a las expectativas sociales, consideramos importante presentar un modelo de evaluación psicológica que sirva para realizar un estudio de caso a profundidad y que los estudiantes de la asignatura de Psicología de la familia, dispongan de un conjunto de dimensiones y categorías de análisis para evaluar a la familia desde los aportes de nuestra ciencia. Un modelo no sustituye al otro. Tiene aristas y objetivos diferentes.

Sin pecar de psicologismo, dando por supuesto que todo análisis que hagamos, parte de ver la familia en su dimensión social, cultural e histórica; con la aplicación de este modelo, pretendo que mis estudiantes logren comprender, la profundidad de análisis del fascinante, pero a la vez complejo mundo de la familia.

Para desarrollar un modelo de análisis psicológico a la familia hemos privilegiado el método de estudio de casos. Este método permite hacer una evaluación a profundidad de diversas categorías y dimensiones de estudio.

Para este modelo hemos intentado recoger los aportes de diferentes escuelas y corrientes para el estudio de la familia por lo que lo único que sería propio es su ordenamiento sistematización e interpretación desde un marco referencial más amplio. Es un modelo de evaluación del grado de desarrollo de la familia, en sus diferentes dimensiones y categorías así como su carácter potenciador, para el desarrollo personal, familiar y social, lo que no lleva a evaluar también su grado de funcionalidad o disfuncionalidad y sus potencialidades de riesgo o vulnerabilidad.

En tal sentido vamos a utilizar varias dimensiones familiares, las cuáles están relacionadas entre sí, pero tienen sus especificidades propias. Estas dimensiones familiares pueden ser evaluadas de manera independiente pero sin perder de vista la mirada de la familia como proceso complejo y plurideterminado y las múltiples interrelaciones recíprocas entre las variables.

Las dimensiones a evaluar serían las siguientes:

Dimensión I

Nivel de organización familiar;

Dimensión II:

Nivel de desarrollo de los procesos interactivos (Relaciones, Desarrollo Psicoemocional, Simbolización, Ritualización y Comunicación.);

Dimensión III:

Nivel de flexibilidad y adaptabilidad activa a los cambios.

Pasaremos a describir cada una de ellas:

Dimensión de la organización familiar: Diríamos que la organización tiene que ver con la estructura visible y con la estructura subyacente.
La estructura visible se relaciona con:
. La composición que incluye: quienes son los miembros de la familia ( en este caso familia de convivencia u hogar); qué tipología la define ( nuclear biparental, monoparental, consensual o legal, reensamblada o simultánea, hétero u homo sexual, extensa o de convivencia múltiple; con qué red de apoyos formales e informales cuentan.

. El ambiente o ecología familiar se relaciona con las condiciones materiales de vida, estado de la vivienda, tenencia de bienes, orden, higiene, estética y clima percibido de apertura o de tensión.

En caso del ambiente, clima o ecología familiar, las familias que disponen de un ambiente higiénico, organizado, no promiscuo, así como clima de apertura y de contención emocional, es más proclive a un nivel de organización mayor.

Existe una diferencia cualitativa en las primeras impresiones del hogar de una familia. Algunas familias transmiten en el acto un sentimiento de orden, calidez y diferenciación, otras parecen en todo sentido caóticas y desordenadas. Con una breve mirada al hogar podemos llevarnos la primera impresión de la personalidad de una familia, su amor propio, su sentimiento interior de orgullo, sus valores y su sentido de estética y orden.


La estructura subyacente consta de tres variables:

. La jerarquía: posiciones de poder y criterios de definición. Acorde a la edad, al género, al status social, al dueño de la vivienda, al mayor sostenedor económico.


. El Liderazgo: formas en que se asume el poder dentro de relaciones asimétricas y complementarias como es el caso de las relaciones parentales; estilos de influencia. Así podemos encontrar liderazgos únicos o compartidos entre los miembros, diferentes formas de liderazgo como liderazgo emocional o instrumental y diferentes estilos dentro de los que podemos mencionar el estilo democrático, tutelar o sobreprotector o el permisivo o dejar hacer, estos últimos más relacionados con las pautas de crianza o las relaciones de poder entre otros subsistemas de la familia como pareja y relación entre hermanos.

. Roles : conjunto de papeles y funciones asignadas y asumidas por los miembros de una familia acorde a un lugar preestablecido. En la familia encontramos roles parentales como padre, madre, hijo o hija, suegra o suegro entre otros; roles psicoemocionales como él más fuerte, simpático, el menor etc. y roles genéricos determinados por las asignaciones culturales y sociales de lo que significa ser varón o hembra dentro de una familia y contexto determinado

Una familia que en su nivel de organización sea potenciadora del desarrollo y de ahí que tengan niveles más altos de funcionalidad, sería aquella en que las jerarquías son claras y flexibles, la forma de ejercer el liderazgo sea democrático y participativo así como el permitir varios tipos de liderazgo en función de las potencialidades de sus miembros. Por su parte que los roles parentales sean adecuados (Acorde a la posición parental), claros y flexibles, los genéricos sean equitativos, y los psicoemocionales sean potenciadores de la autoestima, la acertividad y la personalidad en general.

En la medida que las jerarquías sean difusas y rígidas, los etilos de autoridad autocráticos o en extremo tutelares o permisivos, los roles parentales confusos, inadecuados y rígidos y haya sobrexigencias de roles o ambigüedad en lo genérico, así como una tendencia a poner etiquetas psicoemocionales estigmatizantes o descalificadoras; la familia tiende a ser más disfuncional e incrementar los niveles de riesgo.

Desarrollo relacional: Se relaciona con el nivel de desarrollo de la autonomía, discriminación y pertenencia de sus miembros acorde a la etapa de su ciclo vital así como con las posibilidades de una familia de fomentar el desarrollo de las habilidades interpersonales, la capacidad para desarrollar relaciones significativas y de interdependencia. La dimensión relacional incluye la categoría de límites interpersonales. Los límites permiten evaluar el grado de autonomía e interdependencia de sus miembros. La familia a través de las distintas fases evolutivas moldea la conducta infantil y el sentimiento de identidad independiente, fomentando el proceso de separación individuación, pero trasmitiendo al mismo tiempo al niño un sentimiento de pertenencia y arraigo. La resolución con éxito del proceso de separación individuación es fundamental para el desarrollo normal de la personalidad ya que se asocia a una mejor tolerancia ante las frustraciones y ante los inevitables procesos de separación en la vida adulta, facilitando la adaptación y control de las situaciones estresantes y garantizando el fomento de relaciones significativas a lo largo de la vida.

Las relaciones contienen dos vertientes de análisis: a) el estudio de las relaciones tendientes a establecer lazos afectivos y emocionales entre los miembros de la familia y b) el estudio de las relaciones que tienen como propósito el establecer controles y regulaciones en el proceso socializador de adquisición de normas y valores entre los miembros más jóvenes y que suele llevarse a cabo por los miembros más expertos del grupo familiar.(Rodrigo y Palacios, 2000) Este último se refiere a las relaciones de poder

. El otro componente de aprendizaje y maduración de las relaciones está relacionado con lo Bozrmeny denominó Ética relacional de la familia. Las relaciones desiguales dentro de la familia, las exigencias contrapuestas acorde a la etapa del desarrollo de cada uno de sus miembros lleva a que en las relaciones se presenten problemas, diferencias y toma de decisiones que no siempre son justa para todos los miembros al mismo tiempo. Es por ello que la ética relacional lleva a un aprendizaje de entender al otro, de tomarlo en cuenta de respetarlo, de no acumular resentimientos y saldar de manera ética las posibles desigualdades e injusticias temporales. Así si un hijo adulto por ejemplo queda afectado en su desarrollo por haber cuidado de alguno de sus padres enfermo y el hermano o hermana no afrontó la misma situación, la conciencia de la ética relacional conduciría a que en otro momento el hermano beneficiado se sacrifique brindándole con su esfuerzo la posibilidad de desarrollo al otro promoviendo así un adecuado equilibrio relacional. Las familias sin una ética relacional, sostienen relaciones con gran carga de resentimientos y deudas no saldadas que se vuelven conflictos latentes que impiden el desarrollo de relaciones significativas.
Desarrollo Psicoemocional de la familia:

La dimensión Psicoemocional se relaciona con la mayor o menor capacidad de una familia de crear un espacio emocional para expresar sentimientos y manifestarlos con una carga emocional adecuada. Los sentimientos de afecto se expresan a través del contacto físico, de hechos o acciones que pongan en evidencia la confianza, la lealtad y una disponibilidad emocional de apertura al otro. Igualmente el grado de desarrollo psicoemocional de una familia se pone de manifiesto, en la capacidad de expresar en momento oportuno sentimientos negativos de hostilidad o rabia con la seguridad de no ser destructivos para el otro, ni para la estabilidad y bienestar de las relaciones. En la medida que una familia permite el contacto afectivo físico, las manifestaciones múltiples de amor y ternura, el sentido del humor, actividades lúdicas y crea un contexto de contención de la rabia permitiendo su expresión y cuidando de que no sea destructiva; expresa un mayor nivel de desarrollo en esta dimensión. Por el contrario el déficit en las manifestaciones de afecto, la inhibición de las tensiones y conflictos, la no-canalización a tiempo de la hostilidad, frustración y rabia expresa incapacidad para el manejo de los sentimientos y emociones. Esta dimensión se relaciona con el cumplimiento de la función afectiva de la familia. Un déficit en esta función lleva a la denominada desnutrición emocional y a la incapacidad del desarrollo psicoemocional, proceso que ha sido denominado mas recientemente como inteligencia emocional (Golemán)

La nutrición emocional se produce cuando el individuo se siente reconocido, valorado y querido. Se trata de vivencias básicas suministradoras de intenso bienestar.
Capacidad comunicativa de la familia. La dimensión comunicativa se relaciona con las anteriores pero se refiere a los estilos comunicativos de la familia. Es sabido que estilos de comunicación defectuosos producen alteraciones en el desarrollo cognitivo, afectivo y lingüístico. Los estilos comunicativos determinan la percepción del mundo, los procesos de conceptualización y pueden provocar defectos en la socialización.

Un estilo comunicativo que potencie el desarrollo se caracteriza por una comunicación con las siguientes características:

Apertura: amplitud de temas a conversar.

Intimidad : capacidad de expresar sentimientos.

Claridad : Que responda a criterios de realidad.

Congruencia : coherencia entre el mensaje verbal y no verbal, ausencia de contradicción en el contenido mismo del mensaje.

Carga emocional adecuada.

Empatía o sinergia: capacidad de ponerse en el lugar del otro.

Dialogo : intercambio de información y sentimientos y no monólogos con interlocutor pasivo.
Capacidad de escucha: mirar a los ojos, escuchar auténticamente con los oídos, ojos, postura corporal. Capacidad de confirmar el mensaje al interlocutor afirmando a la persona aunque no siempre se apruebe el contenido del mensaje.

La comunicación anómala o defectuosa puede producir una percepción distorsionada de la realidad, pensamientos irracionales, pobreza en la socialización. Se caracteriza por una escasés de temas de discusión en la familia, por ser confusa en su contenido y en la relación que crean los mensajes, por estar presentes dobles mensajes, mensajes indirectos o con una direccionalidad inadecuada, con carga emocional excesiva, presencias de temas tabú, secretos entre los miembros y presencia de monólogos. Igualmente mensajes con contenidos culposos, chantajes emocionales, sobre generalizaciones tipo Tú nunca o Tu siempre, conductas aplacadoras o manipuladoras, ponen de manifiesto estilos defectuosos de comunicación. Esta forma de comunicación familiar es potencialmente muy riesgosa para el desarrollo familia y social de la familia

Dentro de los estilos comunicativos tenemos en cuenta otra variable relacionada con la solución de conflictos.

En toda familia existen diferencias y conflictos difíciles de resolver. El problema no es su existencia sino su forma de resolverlos o enfrentarlos. La solución de conflictos se relaciona con los estilos comunicativos. Estilos comunicativos adecuados llevan a la familia a tener más potencialidades de resolver o al menos enfrentar los múltiples y disímiles problemas que se le presentan a lo largo de todo el desarrollo de su ciclo vital.

Para resolver adecuadamente los conflictos se necesitan estrategias tipo ganar ganar. Son negociaciones que llevan un elevado nivel de compromiso y responsabilidad con la solución del conflicto. Implican un alto nivel de empatía y aceptación del otro como ser humano aunque no estemos de acuerdo con sus criterios o posturas ante un problema. Negociación tipo ganar-ganar es la más potenciadora del desarrollo para enfrentar conflictos. Evita los atrincheramientos mutuos, las visiones parcializadas, los diálogos de sordos y las luchas de poder. Para ello se requiere de un nivel adecuado de maduración en las relaciones interpersonales y a su vez un elevado desarrollo psicoemocional. Como se puede observar las dimensiones están muy relacionadas entre sí en el funcionamiento familiar pero discriminarlas para su estudio tiene un valor metodológico para su evaluación, potenciación y tratamiento. A su vez estas dimensiones se relacionan con el cumplimiento de las funciones afectivas, de socialización y educativa de la familia. En la medida que los conflictos se pretenden resolver de forma evasiva, invasiva, con acuerdos de tipo ganar perder, o con monólogos conflictivos que posesionan a uno en contra del otro, los conflictos familiares tienden a enquistarse, agrandarse, acumularse y son fuentes de un alto potencial patógeno, poniendo en riesgo la calidad y la satisfacción con las relaciones familiares.
Nivel de simbolización:

El nivel de simbolización de una familia está determinado por la mayor o menor capacidad de la familia de crear sentidos y significados comunes asociados a su pertenecer y estar en una familia. El nivel de simbolización se relaciona con elementos no totalmente conscientes del grupo familiar pero sí productores de sentidos y vivencias compartidas. También se refiere al nivel de mediación representacional sobre la realidad familiar, frente a una serie de procesos cognitivos tales como la interpretación de sucesos y su explicación.

. Dentro de la dimensión nivel de simbolización incluimos las categorías Identidad familiar y Patrimonio simbólico.

La identidad familiar constituye el sentimiento subjetivo de la familia de su continuidad a lo largo del tiempo. Es una estructura cognoscitiva subyacente aunque con una gran carga vivencial y psicoemocional. Representa una serie de creencias, actitudes y atribuciones fundamentales que la familia comparte respecto a sí misma. Esta identidad familiar es lo que en el plano psicológico distingue a una familia de otra.

La identidad familiar, al igual que la identidad del yo y la identidad genérica es subjetiva y reflexiva por definición y constituye un determinante poderoso de la identidad individual. La identidad familiar es un fenómeno psicológico grupal, que tiene como cimiento un sistema de creencias compartidas. Los sistemas de creencias, son los supuestos implícitos respeto de funciones, relaciones y valores que gobiernan o regulan la interacción en las familias y otros grupos (Steinglass, 1989)

Si bien la identidad de la familia es una elaboración cognoscitiva, el producto de un sistema de creencias compartidas no siempre se encuentra en el conocimiento consciente de todos los integrantes de ella. Casi siempre, se posee un sentimiento difuso de vinculación, una sensación de pertenencia, no una versión definida con claridad y explicable. Pero en la vida de la familia hay momentos en que esos sistemas de creencias compartidas surgen de forma mucho más explícitas. Esos momentos se dan en las grandes transiciones de desarrollo en especial cuando los hijos se separan de sus familias de origen para formar una propias o cuando se une una pareja con hijos de matrimonios anteriores. En tales ocasiones la familia quiere imponer sus importantes valores, reglas y sistemas de creencias a esa nueva familia. Para hacerlo es preciso presentar en forma discernible los aspectos nucleares de la identidad.

En consecuencia la identidad de la familia tiene dos componentes; uno explícito y otro implícito. En la medida que una familia puede hacer fácilmente explícito lo implícito su nivel de simbolización es mayor, es una familia más productora de sentidos.

La mayor parte de las personas son parte de dos identidades y están influidas por ellas: la de aquella en la cual son criados y la de la familia que forman por el matrimonio y la procreación. En la medida en que elementos de la experiencia de la familia de origen se extienden a la familia nuclear, podemos decir que esta nueva familia adoptó o no esta herencia. La herencia es la medida de la continuidad.

En un plano multigeneracional, la capacidad de una familia para mantener su identidad nuclear determina si ella adquirirá características dinásticas. ( Steinglass, 1998.) Este término se refiere a la capacidad de la familia para establecer una serie de tradiciones y creencias compartidas, lo bastante poderosas para exigir la plena adhesión de todos los miembros de la familia a lo largo de múltiples generaciones. En tales casos la identidad individual, queda sumergida y subyugada por una identidad enmarcada por la pertenencia a una familia y la vida de sus miembros, queda moldeada por ese sentimiento de la primacía del legado de esa familia.

Con ello queremos decir que la identidad puede ser un elemento potenciador de la persona, la familia y la sociedad siempre que no produzca adherencias rígidas.

Dentro del nivel de simbolización incluimos también la categoría de Patrimonio simbólico de la familia: Tiene que ver con la identidad pero a través de sus producciones simbólicas. Son aquellas pertenencias simbólicas que dan sentido, continuidad y pertenencia a la familia. Dentro del patrimonio encontramos todas aquellas cosas materiales o no que son parte del archivo de sentido familiar. Dentro de las producciones simbólicas tenemos: la memoria familiar recogida en fotos, cartas, poemas, recetas de cocina, colecciones, artículos de valor emocional por su trasmisión de generación en generación, pertenencias valiosas.

Son parte del patrimonio familiar anécdotas, secretos, nombres propios y sus orígenes.

Una familia con niveles de simbolización elevado dispone de un mayor patrimonio simbólico, o memoria familiar, que pasa a ser parte del acervo de la identidad personal, familiar y social y por lo tanto de mayores potencialidades de continuidad y pertenencia a lo largo del tiempo y de las generaciones. Los miembros que fallecen dentro de una familia dejan su trascendencia a través del patrimonio simbólico, lo cual constituyen elementos de la continuidad y legado emocional de la familia.

La carencia de patrimonio pone de manifiesto un déficit en la función afectiva de la familia, así como la socialización en tanto estas producciones simbólicas tienen un gran contenido afectivo y tributan de manera decisiva a la formación de la identidad.

Nivel de Ritualización:

Esta dimensión expresa la puesta en practica de manera conductual del funcionamiento familia. Expresa de forma subyacente el nivel de organización de la familia, su desarrollo psicoafectivo y su nivel de simbolización.

Diríamos que esta dimensión recoge una serie de conductas observables de la familia ofreciendo una ventana visible a otros procesos subyacentes.

Dentro de esta dimensión tenemos las rutinas cotidianas de la familia, los rituales dentro de los que se incluyen las celebraciones y las tradiciones y las conductas ritual izadas.

Las rutinas cotidianas son todas las conductas básicas que dan estructura y forma a la vida cotidiana de una familia. Todas las familias por caóticas que fueren imponen cierto orden en el ritmo y pautas de su vida de todos los días. Los ciclos de sueño y vigilia, la preparación de las comidas y su consumo, las tareas domésticas, las compras, son ejemplos evidentes de actividades que deben ser estructuradas para que la vida de la familia tenga una continuidad.

Cuando se habla de la constancia en el ambiente interior de la familia, los concomitantes observables son las rutinas cotidianas, cuyo marco más importante para su ejecución y desarrollo es el hogar. El uso del espacio y del tiempo por la familia en el hogar es un reflejo claro de las características cualitativas de su ambiente interno.

Las rutinas cotidianas producen en cada miembro de la familia un sentimiento de orden y comodidad. Ofrecen estos sentimientos cuando las rutinas poseen una pauta reconocible y son predecibles. Ello no significa que orden y predecibilidad sean sinónimos de rigidez, sobrecarga de funciones en un miembro y estereotipia.

Rituales de la familia: la categoría ritual expresa un tipo de conducta familiar con características especiales tales como ser limitada en el tiempo tener primacía sobre otras conductas y el episodio contiene un fuerte componente simbólico. Por encima de todo, los rituales son memorables.

Dentro de los rituales encontramos: las celebraciones, las tradiciones y las rutinas pautadas. Si bien todas las familias practican estos rituales, éstos difieren en la importancia que tienen para sus vidas.

Las comparaciones en cuanto a la conducta ritual en las familias pueden establecerse según tres dimensiones (Steinglass): Medida del cumplimiento ritual a través de la vida de la familia ( nivel de ritualización propiamente dicho); La rigidez del cumplimiento de las funciones y del pautado de la conducta durante la ejecución del ritual (claridad ritual) y la importancia consciente del ritual para los miembros de la familia (intencionalidad.)

Las celebraciones están relacionadas con aquellos acontecimientos que aporta la cultura y el contexto social. Son fechas institucionalizadas como denominadas festivas o feriados. Las familias se apropian de manera diferente de estas celebraciones pautadas. Para algunas, estos rituales pueden ser formales, vacíos o rígidos mientras que otras los personalizan a su modo particular y único. Así tenemos el día de las madres, fines de año u otras fechas socialmente importantes. La riqueza, creatividad e importancia simbólica de estas celebraciones, expresan el mayor o menor nivel de desarrollo de la ritualización familiar. Los rituales contribuyen de manera significativa a la función afectiva y cultural espiritual de la familia. Crean espacios para la socialización, para la expresión de sentimientos y el encuentro emocional, desarrollan los niveles de simbolización y de maduración de las relaciones interpersonales.
Dimensión III: Nivel de flexibilidad y adaptabilidad.

La familia se desarrolla a través de distintas etapas del ciclo vital exigiendo cada etapa nuevas demandas de adaptación. Se trata de una dimensión que evalúa la estabilidad de la familia a través de la capacidad de movilizar formas alternativas y afrontamientos viables frente a circunstancias sociales e intrafamiliares que requieren de una reestructuración dentro de su seno. Una familia con un nivel elevado de adaptabilidad y flexibilidad sería aquella que logra adaptarse de manera activa y consciente a las distintas exigencias, preservando la integridad de la estructura familiar y fomentando el desarrollo psicosocial de cada uno de sus elementos. Son indicadores de bajo nivel de adaptación lo siguiente: Escaso cumplimiento del período de referencia de los eventos vitales. Superposición, aceleración del ciclo o en su defecto conductas de resistencia o negación para aceptar los eventos normativos o para normativos, escasa capacidad para la elaboración de las pérdidas y los duelos.

El período de referencia adecuado para las decisiones del ciclo vital depende del período específico o del contexto cultural. Estos están relacionados con la edad para casarse, duración del noviazgo, tiempo de compromiso, nacimiento del primer hijo, tiempo entre separación y divorcio, tiempo entre divorcio y nueva relación. El tránsito de un ciclo vital a otro requiere de un tiempo límite que cambia en dependencia del contexto pero exige de un tiempo de maduración. Si no se cumple este tiempo de maduración o se sobreexcede en el tiempo, resulta probable que se arrastren importantes residuos y duelos que no han sido suficientemente elaborados o que en su defecto se enquisten procesos y se incremente la resistencia al cambio.




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