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CAPÍTULO I MARCO TEORICO REFERENCIAL



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CAPÍTULO I

MARCO TEORICO REFERENCIAL

  1. Adolescencia

El rango de edades en que está enmarcado este estudio, comprende el periodo del desarrollo conocido como adolescencia. Siendo una etapa de profundos cambios debido a la convergencia de factores biológicos, psicológicos y sociales que se integran como manifestación del individuo, es importante, antes de abordar el estudio de las habilidades sociales conocer las características de los adolescentes para entender en que esferas de su vida, las habilidades sociales se han desarrollado de manera eficiente o deficiente.
Difícilmente se hallará una definición concreta acerca de este periodo evolutivo. En términos generales, el intersticio entre la etapa de la niñez y de la adultez es lo que se suele concebir como el concepto y campo de estudio de la adolescencia y juventud, con delimitaciones en ambas no del todo claras, pues en muchos aspectos se superponen, y dependen de los enfoques con los cuales se abarque su estudio. Disciplinariamente se le ha atribuido y endosado la responsabilidad de análisis de la adolescencia a la Psicología, considerando que debe encargarse tanto de la delimitación de su estudio, como de su proceso de desarrollo como individuo.1
Para Hall (1904), la adolescencia es una edad especialmente dramática y tormentosa en la que se producen innumerables tensiones, con inestabilidad, entusiasmo y pasión, en la que el joven se encuentra dividido entre tendencias opuestas2. Esta definición, en el momento de su formulación, resultó un gran aporte al entendimiento de la adolescencia como una etapa cualitativamente nueva en el desarrollo y no como una continuación de la niñez.
Diane Papalia (1998) en su libro “Psicología”, nos aporta características del adolescente: “Ya vislumbra vagamente el adulto en que se va a convertir, al desarrollar nuevas proporciones corporales y al dedicarse más profundamente a las tareas que absorberán el resto de su vida: conseguir una firme comprensión de sí mismo, encontrar y concentrarse en el trabajo de la propia vida y formar adecuadas relaciones íntimas que tanto tienen que ver con la felicidad y el bienestar”3.
De todas estas definiciones, la que se considera más explicativa es la que proporciona la psicóloga rusa L. Bozhovich (1976), la cual se refirió a la adolescencia como una «edad de transición, ya que es precisamente en este periodo en que se da un paso decisivo en el desarrollo del niño, al concluir su infancia y pasar a la etapa del desarrollo psíquico que lo prepara directamente para la vida laboral independiente [...] El adolescente todavía vive en el presente, aunque en parte sueña con el futuro; está absorbido totalmente por la escuela, el maestro, las relaciones con los compañeros y la familia.4»
Otro problema que se encuentra en el proceso de definir esta etapa vital, se haya en ubicar la extensión cronológica en la que empieza y termina. Si bien es un poco más sencillo identificar el comienzo, no es tan fácil delimitar su finalización. En el Occidente se considera que comienza de los 12 o 13 años y termina entre los 18 y 21 (período en que se obtiene la mayoría legal de edad).
Generalmente, se conoce como antesala de la adolescencia a la pubertad. Esta última es un término en castellano que aparece en el siglo XVIII, proveniente de la palabra en latín “pubertas” y que se refiere a la edad en que aparece el vello viril o púbico. Papalia define la pubertad como: <> (Papalia, D. 1998, 470-472).
No en todos los países y culturas hay uniformidad en cuanto a que edad empieza la pubertad. Sin embargo, vemos diferencias no solo en cuanto al ambiente social, sino también al género: En la niña se inicia entre los 9 y 10 años, alcanzando sus máximos valores entre los 12 y 13 años. El niño inicia su “estirón” entre los 11 y 12 años, sobrepasando los valores del otro sexo entre los 14 y 15 años.

    1. Características de la adolescencia

Los cambios y características cualitativamente nuevas para el ser humano, que se gestan durante esta etapa, se operan desde una perspectiva integral del sujeto







Grafico 1. Perspectivas de caracterización de la adolescencia


      1. Perspectiva biológica

Es necesario conocer cómo se modifica la apariencia y las funciones biológicas, debido a que la autoimagen, autovaloración y autoconsciencia, se relacionan íntimamente con la imagen que el adolescente tiene de sí mismo.
Desde el punto de vista biológico la adolescencia se caracteriza por el rápido crecimiento, cambios en la composición corporal, el desarrollo de los sistemas respiratorio y circulatorio, el desarrollo de las gónadas, órganos reproductivos y de caracteres sexuales secundarios, así como el logro de su plena madurez física.


        1. Cambios Somáticos

En un momento determinado, cuyas causas últimas no han sido aún bien determinadas, todo el organismo en crecimiento acelera su ritmo. Una niña y un niño que hasta hace poco tiempo crecían a una velocidad similar comienzan a diferenciarse en forma notable. Las niñas presentan un crecimiento más pronunciado en el ancho de las caderas, mientras que los varones crecen más en el ancho de los hombros.


Ambos sexos denotan un incremento en la masa muscular, siendo este más marcado en los varones que en las niñas.
Los varones también acusan un notable aumento en la fuerza física, la cual es menos notable en las niñas. Los huesos se vuelven más gruesos y más anchos, y las dimensiones y formas de la cara se alteran en mayor grado en los varones que en las niñas. Prácticamente, casi todas las dimensiones esqueléticas sufren una acentuada aceleración en su crecimiento durante la adolescencia.


        1. Cambios fisiológicos

La menarquia, el primer período menstrual, indica la madurez sexual de la mujer, aunque a menudo las chicas no sean fértiles en los primero ciclos. La señal fisiológica equivalente para los varones en la presencia de esperma en la orina, que aparece aproximadamente en uno de cada cuatro varones de 15 años (Richardson y Short, 1979); no es tan fácilmente observable y, por tanto, nunca alcanzó la misma significación simbólica o emocional de la menstruación (Papalia, 1998).




      1. Perspectiva psicológica



        1. Aspecto cognitivo

La madurez cognitiva es la capacidad para pensar de forma abstracta, hecho que se alcanza ordinariamente durante la adolescencia, según Piaget (1972). Los adolescentes adquieren entonces la capacidad de pensar más allá de lo que observan, es decir más allá de una situación u objeto concreto. A partir de entonces, pueden imaginar una variedad infinita de posibilidades, pensar en escenarios probables, considerar todos los aspectos de una situación y plantearse un problema intelectual de forma sistemática.

Piaget, elabora su teoría sobre los estadios del desarrollo cognitivo de la infancia a la adolescencia, ubicando a los adolescentes en el último estadio: la etapa de las operaciones formales5. Cuyas características son:



  1. Se razona no sólo sobre lo real, sino sobre lo posible: lo real es sólo una parte de lo posible. El sujeto está razonando no solo con lo que tiene delante sino sobre lo que no tiene presente.



  1. Razonamiento hipotético-deductivo. Es la base del conocimiento científico. Se aleja del ensayo y error y de la manipulación directa de los objetos. Existe la capacidad de formular distintas hipótesis para explicar un fenómeno y pasar luego a comprobarlas.



  1. Carácter proposicional del pensamiento. Los adolescentes se sirven de proposiciones verbales como medio ideal en el que se expresan sus hipótesis y razonamientos, así como los resultados que obtienen. Las entidades más importantes en su razonamiento ya no son los datos de la realidad, sino afirmaciones o enunciados (proposiciones) que contienen esos datos.



        1. Aspecto moral

La tarea más importante de un adolescente es la búsqueda de su identidad, resolver la cuestión “quién soy en realidad”. Esta cuestión no se resuelve plenamente en la adolescencia, sino que se repite a lo largo de toda la vida. Erik Erikson (1950, 1963, 1965, 1968) describe esta búsqueda en su quinta crisis: identidad frente a confusión de roles.

Los repentinos cambios a los que se enfrentan los adolescentes les hacen preguntarse qué personas han sido hasta ahora y en quiénes se están convirtiendo. Las concepciones acerca de lo “bueno” y lo “malo”, como nociones reguladoras del comportamiento, permiten que reconozcan en ellos cuando una conducta tiene resultados positivos o negativos.

Los niños, durante su crecimiento, piensan acerca de los aspectos morales dependiendo tanto de su nivel de desarrollo cognitivo como de su carácter y situación social de desarrollo. Kohlberg (1964, 1968) elaboró seis etapas en el desarrollo del juicio moral, correspondiendo al periodo de la adolescencia, a partir del Nivel III y los dos últimos tipos6.

Nivel III: La moralidad de los principios morales autoaceptados (de los 13 años hasta la juventud o nunca). Este nivel marca el logro de la verdadera moralidad. Por primera vez el individuo reconoce la posibilidad de conflicto entre dos normas socialmente aceptadas y trata de decidir entre ellas. El control del comportamiento es ahora interno, tanto en la reflexión como en el razonamiento sobre lo que es correcto e incorrecto.

Tipo 5: Moralidad de contrato de los derechos individuales y de la ley aceptada democráticamente. Los adolescentes piensan en términos racionales y valorando el deseo de la mayoría y el bienestar de la sociedad. Aunque reconocen que a veces existen conflictos entre la ley y las necesidades humanas creen que a largo plazo es mejor para la sociedad obedecer las leyes.

Tipo 6: Moralidad de los principios éticos universales. Los adolescentes actúan en función de lo que creen correcto sin tener en cuenta las restricciones legales o las opiniones de los demás. (Kohlberg, 1967).


        1. Aspecto afectivo

“El adolescente busca su intimidad personal construyendo y elaborando la imagen de sí mismo y el autoconcepto personal. Es en este periodo cuando el ser humano comienza a tener historia, memoria biográfica, interpretación de las pasadas experiencias y aprovechamiento de las mismas para afrontar los desafíos del presente y las perspectivas del futuro” (Álvarez, 2010)7. De tal manera, se reconoce que existe en el adolescente una creciente autonomía emocional y el vehemente deseo de adoptar decisiones importantes sobre trabajo, estudios, valores, comportamiento sexual, entre otros.

“En el terreno afectivo son llamativas la inestabilidad general (bruscos cambios del estado de humor) y la intensa excitabilidad (predisposición al miedo y a la ansiedad, junto a mayor afición a las películas de este tema). Lo más importante y característico de esta etapa es el comienzo del desarrollo de la propia intimidad. Aparecen conductas egocéntricas y presuntuosas (habla en primera persona, se siente víctima, se ruboriza cuando se habla de él, etc.), así como una desconfianza generalizada. Necesita seguridad y pueden aparecer sentimientos de duda e inferioridad” (Alcázar, 2000).

Surge en esta etapa una serie de emociones y sentimientos que en muchos casos desconciertan a los adolescentes, dado que la vida afectiva fluctúa entre el deseo de estar solo para ejercer su intimidad (autoconocimiento y autoafirmación) y su fuerte deseo por relacionarse con los demás. Y es en este conflicto que adolescentes como los de la muestra, optan por maneras distorsionadas de relacionarse, desviándose hacia el polo del aislamiento o tratando de encajar en el medio social a toda costa; perdiendo de esa manera su asertividad y acarreándoles una serie de problemáticas para su vida presente y desenvolvimiento futuro.

Las relaciones y vínculos afectivos son vividos de manera intensa, pero en muchos casos, de forma poco duradera. El adolescente se relaciona con los adultos (especialmente con sus padres) de forma ambivalente: en ocasiones se oponen a ellos en aras de tomar sus propias decisiones y trazar su camino, y en otras se identifican con ellos en busca de modelos a los cuales regirse, en esta etapa de construcción de su personalidad.

Surge la capacidad de amar, que se ve manifestada en una doble dimensión: el deseo de querer y la necesidad de ser querido. En esta etapa se hace evidente, especialmente, los "enamoramientos"; debido, a que los adolescentes sienten la necesidad de entregarse a algo o a alguien que sea significativo y les permita expresar sus emociones.

Por otra parte, no se debe olvidar que el afecto se desarrolla paralelamente al conocimiento. Las emociones ambivalentes que suelen expresarse y se conocen como estereotipo del comportamiento adolescente, se estabilizan a medida que se desarrollan nuevas habilidades de interpretar las nuevas situaciones sociales.

Con este último párrafo se enfatiza fuertemente la necesidad de las habilidades sociales en esta etapa del desarrollo de un individuo, de manera que indicar si se han desarrollado de manera eficiente, permitirá saber en qué momento fracasó el adolescente durante la interacción e intervenir para reajustar esta conducta socialmente no habilidosa.


      1. Perspectiva social

Este ámbito del desarrollo del adolescente es vital, pues permite entender toda la gama de nuevos escenarios sociales que se incorporan a la vida del adolescente, así como entender en cuáles de ellos los adolescentes del Centro Huancavilca, manifiestan conductas poco asertivas.

En la adolescencia la búsqueda de los espacios de interacción social, se vuelve imperativa, poniendo en un plano secundario al entorno familiar.  Respecto a esto último, Coleman J. (1990), opina: “La emancipación respecto a la familia no se produce por igual en todos los adolescentes;  la vivencia de esta situación va a depender mucho de las prácticas imperantes en la familia.  Junto a los deseos de independencia, el adolescente sigue con una enorme demanda de afecto y cariño por parte de sus padres, y estos a su vez continúan ejerciendo una influencia notable sobre sus hijos”. En el adolescente se empiezan a configurar sus primeros estilos y opciones de vida, empieza a tener ideas propias y actitudes personales.

De forma paralela a la emancipación de la familia, el adolescente establece lazos más estrechos con el grupo de compañeros, denominado por Bozhovich (1976) como “el colectivo”.  “Por lo general el adolescente observa el criterio de los padres en materias que atañan a su futuro, mientras que sigue más el consejo de sus compañeros en opciones de presente. El adolescente no sólo tiene la necesidad de encontrar un amigo, sino, alguien que este con él en todo momento, acompañándolo en sus necesidades internas”. (Coleman J., 1990).

Los adolescentes varones que forman parte de la muestra, han sido involucrados a edades tempranas a responsabilidades atípicas para la edad, así como el trabajo infantil, la paternidad precoz y situaciones de vulnerabilidad, de manera que su vínculo con la familia, su separa antes, en comparación con un adolescente que no vive están condiciones. No obstante, el regreso al estudio, a través de una carrera artesanal, vuelve a los adolescentes a una relación de dependencia económica y social de sus familias, de manera que aún es posible observar el deseo de emancipación familiar, permitiendo que lo expresado en el párrafo anterior, se haga evidente de igual manera.

El colectivo social ejerce una influencia sobre los deseos y necesidades de los adolescentes y marca aspectos como normas y tendencias en sociedad, que el adolescente podrá seguir para tener un sentido de pertenencia al grupo.

Este sentido de pertenencia y la necesidad de ser aceptado en el medio social, es lo que hace que los adolescentes, sujetos de estudio, empiecen a manifestar conductas socialmente no habilidosas, no porque no las hayan desarrollado en su hogar, sino porque al ver un medio que no favorece su utilización, optan por conductas poco asertivas. Todo esto se explicará fondo en un acápite posterior.

A partir de la pubertad la elección de amigos se da en referencia a aspectos individuales del carácter.  La simpatía y aceptación en el momento de la adolescencia se dirige cada vez más hacia la personalidad total del otro;  y tiene en cuenta, principalmente, las cualidades afectivas de éste.

La amistad significaría entonces para los adolescentes, la oportunidad de entablar relaciones duraderas basadas en la confianza, la intimidad, la comunicación, el afecto y el conocimiento mutuo.  Esta concepción de la amistad en los adolescentes es posible por el avance cognitivo que se produce en la toma de perspectiva social, que consiste en adoptar la posición de una tercera persona para analizar más objetivamente sus relaciones, es decir, tal y como las vería una tercera persona. (Aberasturi, 1985).

La amistad además de dar sentido personal al adolescente, le permite consolidar su colectivo, que será su grupo de referencia social en esta etapa. El adolescente espera del grupo que le permita la conquista de su autonomía, pero a la vez no puede vivir el margen de opinión de este. De manera que se encuentran fuerzas antagonistas que el adolescente debe aprender a manejar.  En los adolescentes con deficiente nivel de desarrollo de habilidades sociales, todo esto fracasa, pues no son capaces de actuar en respeto a los derechos de los demás, como es el caso de las conductas agresivas, o por el contrario, piensan siempre en función de un tercero, no ejerciendo sus derechos (respuesta pasiva).


  1. Habilidades sociales



    1. Aproximaciones al concepto de habilidades sociales

La palabra “habilidad” en su sentido general indica que es la “Capacidad y disposición para algo”, es decir, hace referencia a que una persona es capaz de realizar determinada acción, en este caso, una conducta. El término social hace mención a las acciones de uno con los demás y de los demás para con uno (intercambio).
Al hablar de “habilidades sociales” se denota que la persona es capaz de ejecutar una conducta de intercambio con resultados favorables. Bajo esta premisa, el término habilidades sociales puede entenderse como la destreza, capacidad o competencia hacia la interacción.

Como puede observarse, al ser un campo de conocimiento muy amplio, existen muchas definiciones de las habilidades sociales, ya que no se ha llegado a un acuerdo explícito de lo que implica una conducta socialmente habilidosa. Por otro lado, definir que es una habilidad social resulta difícil por dos razones fundamentales:

1) Dentro del concepto de habilidad social se incluyen muchas conductas, y 2) Las distintas habilidades sociales dependen de un contexto social, el cual es muy variable.

La definición que se manejará durante este estudio, es la que ofrece Caballo (1986): “Es ese conjunto de conductas emitidas por un individuo en un contexto interpersonal que expresa los sentimientos, actitudes, deseos, opiniones o derechos de esos individuos, de un modo adecuado a la situación, respetando esas conductas en los demás, y que generalmente resuelve los problemas inmediatos de la situación mientras minimiza la probabilidad de futuros problemas”.

Se considera que esta es la definición que mejor aporta conocimiento para poder identificar el nivel de desarrollo de los adolescentes y cumplir de esta manera con el objeto del estudio planteado.




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