Universidad de chile


ANÁLISIS DE LOS RESULTADOS



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5. ANÁLISIS DE LOS RESULTADOS

De acuerdo a los resultados obtenidos, se puede establecer que las familias donde ocurre abuso sexual intrafamiliar presentan las siguientes características generales respecto a las pautas nucleares y multigeneracionales:




  • Altos niveles de ansiedad relacional, crónica y aguda (H 1).

  • Conflicto Conyugal (H 2).

  • Distancia en la relación padres-hijo(a) (H 3).

  • Presencia de abuso sexual, violencia intrafamiliar y maltrato infantil en la familia nuclear (H 4).

  • Subfuncionamiento de ambos padres en el cumplimiento del rol parental (H 4).

  • Repetición de pautas multigeneracionales de relaciones de distancia y conflicto entre los distintos miembros (H 5).

  • Repetición de pautas vinculares de distancia en la relación madre-hijo(a) (H 5).

  • Transgeneracionalidad del abuso sexual intrafamiliar (H 6).

A continuación se realizará un análisis de las características señaladas anteriormente, comenzando por la presencia de ansiedad relacional para luego ir discutiendo los patrones vinculares y de funcionamiento en la familia nuclear, y finalmente, en la familia de origen.



        1. Ansiedad Relacional

De acuerdo a los resultados obtenidos, la presencia de ansiedad en las relaciones se observó en los tres tipos de familias. Sin embargo, las familias con abuso sexual presentaron niveles significativamente más altos de ansiedad relacional.


Las familias donde existe abuso sexual intrafamiliar presentaron altos montos de ansiedad en sus relaciones, tanto en la familia nuclear como con la familia extensa, observándose la presencia de un apego ansioso extremo en las relaciones, siendo tan intensa la reactividad emocional entre los distintos miembros de la familia, que la proximidad y la cercanía entre ellos se vuelve incómoda, tendiendo al rechazo y la distancia.
De acuerdo a la teoría de M. Bowen, a mayores niveles de ansiedad crónica y permanente, menor Diferenciación con la familia de origen, y por lo tanto, el funcionamiento de sus miembros es más dependiente de la relación establecida entre ellos. Las personas que poseen menos niveles de Diferenciación tienen mayor necesidad de unión, la cual cuando no se consigue, surge la tensión. La respuesta automática a la ansiedad y tensión es luchar por conseguir más unión, y cuando esto falla repetidamente, las reacciones pueden tomar distintas formas, las cuales van desde un apego dependiente, hasta la negación de la necesidad, las peleas, conflictos y rechazo a los demás. Tanto las pautas de extrema unión como de extrema distancia emocional, son los polos de las pautas vinculares, indicando ambos la existencia de un lazo sobredependiente que une a la familia, y que tiene que ver con la intensidad del apego emocional no resuelto con sus propios padres. De esta manera, se puede hipotetizar que las familias con abuso sexual son menos Diferenciadas de sus familias de origen, y por lo tanto, presentan un alto grado de necesidad emocional y son más reactivos emocionalmente frente a los otros, siendo menos tolerantes y más irritables por las diferencias, lo que lleva fácilmente al desacuerdo y la rabia, volviéndose defensivos y contraatacantes. Así, se puede pensar que las familias con abuso sexual entrevistadas tienen dificultad para Diferenciarse de su familia de origen, pero esta indiferenciación se traduce en relaciones de distancia, conflicto y la utilización del corte emocional en la resolución de conflictos. Esto se puede explicar porque en todas las familias entrevistadas se había develado la situación abusiva, rompiéndose el secreto que es el que mantiene unida a la familia.
Diversos autores han planteado que las familias donde se produce abuso sexual en su interior se caracterizarían por una necesidad extrema de fusión entre sus miembros para mantener la integridad de la familia (Cooper, I. y Cormier, B., 1990; Blair y Justice R. en Koch, K.,1987; Sgroi S.y Dana, N., en Koch, K. 1987). Los resultados obtenidos dan cuenta de dichos planteamientos, puesto que en las familias estudiadas el patrón relacional más frecuentemente observado fue el de la extrema distancia y conflicto en las relaciones familiares, lo cual es una forma de indiferención familiar.
En relación a la ansiedad aguda, las familias con abuso sexual intrafamiliar mostraron niveles significativamente altos de tensión y ansiedad en el momento actual en el que se realizó el proceso de entrevista. Se puede pensar que los altos niveles de ansiedad presentados por estas familias están relacionados con la develación de la situación de abuso y con la apertura del secreto, lo cual produce una crisis en la familia, aumentando la tensión a niveles muy altos, lo cual afecta la capacidad de la familia para funcionar adaptativamente.
Familia Nuclear
Respecto al estilo de relación y al funcionamiento observado en las familias con abuso sexual intrafamiliar se encontró que éstas mostraron un funcionamiento disfuncional dentro de la familia nuclear, caracterizado por el conflicto conyugal, una confusión en los roles ejercidos por los distintos miembros de la familia, y un funcionamiento disfuncional en los roles parentales.
La forma que las familias con abuso sexual intrafamiliar entrevistadas tienen de resolver la fusión y tensión en la familia nuclear es el conflicto conyugal, lo cual es diferente a lo observado en los otros tipos de familia, ya que el mecanismo de resolución de conflicto utilizado por las familias que consultan por otros problemas clínicos es la inclusión de un hijo(a) en la relación de pareja, proyectando los problemas de pareja en un hijo(a), mientras que las familias no consultantes recurren a la separación cuando hay conflicto conyugal.
El patrón vincular más frecuentemente observado en las familias con abuso sexual intrafamiliar fue el de la relación de pareja conflictiva, observándose una relación de pareja inestable y negativa, con serios conflictos frecuentes y habituales y donde existe una alta ocurrencia de episodios de violencia conyugal, observándose también un alto porcentaje de separaciones. Esto es concordante con lo planteado en la literatura, donde el conflicto conyugal y los problemas sexuales en la pareja, han sido descritos como un factor de riesgo para la ocurrencia de abuso sexual al interior de la familia (Serrano, J., en Abarza, P., 2000). Por otra parte, diversas investigaciones han encontrado que la violencia doméstica está presente en las familias donde ocurre abuso sexual, postulándose que el abuso sexual sería parte de un patrón global de victimización (Rutter, M., 1994; Abarza, P., 2000; Putnam, F., 2003).
Al respecto Bowen (1999) plantea que mientras más bajo el Nivel de Diferenciación, más intensa la fusión emocional entre los miembros de la pareja, lo que genera mayor ansiedad entre ellos, siendo la característica de la pauta de relación de los matrimonios conflictivos, los ciclos de períodos de intensa intimidad seguidos de periodos de distancia emocional, y reconciliación, la cual pone en marcha otro ciclo de intensa intimidad, repitiéndose circularmente. Con el aumento de la ansiedad, las relaciones aumentan en simetría, lo cual puede ser observado como un aumento de la polarización, la distancia, el daño y los roles complementarios. Bajo estas condiciones, los miembros de la familia perciben a los otros como amenazantes, respondiendo a aquella amenaza con agresividad y conductas violentas. Así, la violencia se constituye en un intento de controlar los hechos estresantes y la ansiedad en la relación.
De acuerdo a esta teoría, la forma que tiene la pareja de relacionarse está determinada por la posición que cada uno de ellos tuvo en sus familia de origen. Diversos autores han observado una dependencia emocional de las madres de víctimas de abuso sexual con el marido o pareja, a pesar del conflicto marital existente, lo cual está asociado con su propia historia de vida (Cooper, I., 1990; Vásquez, B, 1995; Barudy, J., 1998; Navarro, C., 1998). Barudy, J. (1991) plantea que las mujeres que eligen o son elegidas por parejas potencialmente abusadoras son mujeres que como hijas han vivido experiencias de abandono y/o negligencia intrafamiliar. Navarro, C., (1998) encontró que las madres de las víctimas de abuso sexual tienden a la formación de un concepto de sí mismas basado en una imagen deteriorada de sí, lo que las lleva a establecer relaciones de pareja de gran involucramiento afectivo y dependencia emocional. La ruptura de la relación representa una situación de amenaza personal para ellas, que significa la posibilidad de pérdida del sentido de identidad y que se relaciona con la idea de sí misma construida a partir de la relación de pareja. Esto podría ayudar a comprender el porque las madres de víctimas de incesto suelen mantener una relación marital insatisfactoria y conflictiva, estando dispuestas a tolerar repetidas faltas y abusos, y a mantener la homeostasis familiar después de la develación de la situación abusiva.
Furniss (1984) planteó que en las familia donde se produce incesto el abuso serviría para evitar un conflicto abierto entre los padres o para regularlo. De acuerdo a esto, se puede pensar que el conflicto conyugal observado en las familias con abuso sexual entrevistadas puede haber sido expresado dado que son todas familias donde se ha develado la situación de abuso y, por lo tanto, la evaluación familiar se realizó posterior al abuso, cuando la apertura del secreto ya había generado una crisis en la familia y, de este modo, el conflicto conyugal podía expresarse o incluso haber sido intensificado después de la revelación de la situación abusiva. Esto puede explicar también la alta frecuencia de separaciones y el bajo porcentaje de familias nucleares intactas, siendo la composición del hogar más frecuente en las familias entrevistadas los hogares con tres generaciones y las familias con un solo padre.

Algunos autores han planteado que en las familias donde se presenta abuso sexual al interior de la familia existiría una estructura patriarcal de poder, caracterizado por la dominación – sumisión en la relación de pareja, producto de las creencias culturales (Mc Intire, 1981; Furniss, T., 1984, Lewis, 1996). Madonna, P.(1991), encontró que las familias con abuso sexual intrafamiliar eran disfuncionales en todas las áreas de interacción familiar salvo en la distribución del poder dentro de la familia, no encontrándose diferencias en este aspecto al compararlas con otros tipos de familia. De acuerdo a los resultados obtenidos en este estudio, es posible apreciar una relación complementaria entre ambos miembros de la pareja respecto a la función parental, donde ambos padres no cumplen adecuadamente con su rol, y una relación de pareja más bien asimétrica, donde el conflicto y la violencia conyugal están presentes en las relaciones, por lo tanto, estos resultados apoyan los planteamientos de estos autores de que a la base de la fragilidad de los vínculos familiares existen valores y creencias que avalan los abusos de poder y la dominación al interior de la familia.


Respecto al rol parental, las familias con abuso sexual intrafamiliar presentaron un estilo de funcionamiento caracterizado por el hecho de que ambos miembros de la pareja “subfuncionan”, adoptando otros miembros de la familia los roles parentales que los padres no logran cumplir. Esta forma de funcionamiento difiere significativamente de los otros tipos de familia, en donde hay un miembro de la pareja, generalmente la madre, que asume el rol materno y paterno, supliendo el subfuncionamiento del otro miembro de la pareja. En cambio, ambos padres en las familias con abuso sexual presentan dificultades en el empoderamiento de su rol parental, resultando poco congruentes en las funciones normativas y de protección de sus hijos(as).
En cuanto a la relación entre los padres y sus hijos(as), en las familias con abuso sexual entrevistadas, el vínculo más frecuentemente observado fue el de la distancia emocional, observándose una escasa vinculación entre ellos, y una dificultad de los padres para conocer y cubrir las necesidades afectivas de sus hijos. Esto es diferente a lo encontrado en los otros tipos de familias, donde se observa una relación cercana y fusionada entre la madre y sus hijos, sin la utilización de la violencia para resolver los conflictos y guiar el proceso de enseñanza-aprendizaje.
En las familias con abuso sexual intrafamiliar se observó un vínculo madre-hijo(a) poco cercano, que no cumple con las funciones de nutrición, afecto y protección esperado, lo cual es concordante con la literatura, donde se ha descrito a las madres de los niños(as) víctimas de abuso sexual como distantes afectivamente con sus hijos y a los padres como fracasando en satisfacer las demandas de nutrición y socialización de sus hijos(as), mostrándose negligentes y con poca disponibilidad emocional con sus hijos(as) ( Furniss, 1984; Mrazek, P.y Bentovim, A. en Koch, K., 1987; Madonna, P., 1991; Abarza, P., 2000; Morales, M., 2001; Álvarez, K., 2003). De acuerdo a Glaser (1998) el papel de la madre en el abuso sexual reiterado, es altamente significativo, puesto que indica que el niño(a) no ha podido confiar en su madre o ésta se encuentra en una situación que le impide hacer algo al respecto, lo cual tiene relación con el vínculo madre-hijo(a) establecido entre ellos.
Por otra parte, también se encontró la presencia de maltrato infantil en las familias donde ocurre abuso sexual intrafamiliar, lo cual es similar a lo señalado por Dong, M.(2003), quien encontró que el abuso sexual a los niños está fuertemente asociado con la presencia de múltiples formas de experiencias adversas en la infancia, y que la fuerza de esta asociación es más fuerte mientras mayor la gravedad del abuso sexual. Así, se puede entender el abuso sexual al interior de la familia como un patrón global de vulneración de los derechos de los niños. Barudy, J.(1997) plantea que el abuso sexual incestuoso es una manera particular de abuso de poder por parte del adulto hacia el niño(a), existiendo un fenómeno de cosificación de los niños, los cuales son utilizados por los adultos para compensar sus carencias y/o reparar las consecuencias de traumatismos de su propia historia vital. Barudy (2005) también plantea que los padres de hijos víctimas de abuso, no pudieron desarrollar las competencias parentales necesarias para cuidar a sus hijos porque también crecieron en familias carenciadas y violentas, donde las historias de vida cargadas de pérdidas, rupturas y experiencias traumáticas no elaboradas, juega un rol fundamental en la transmisión de una cultura de malos tratos.
En este aspecto Bowen plantea que el proceso a través del cual la indiferenciación de los padres daña a uno o más hijos(as)se produce en el triángulo padre-madre-hijo, el cual parte de la ansiedad de la madre. Se plantea que cuando las parejas llegan a estar más polarizadas, los padres pueden cambiar su foco hacia un hijo(a) para satisfacer las necesidades de armonía y control que no se logran en las relaciones adultas. En las familias donde hay violencia crónica, existe una escasa capacidad de los miembros para manejar los altos niveles de ansiedad y las amenazas percibidas, sin dañar ni controlar las acciones de los otros. El abuso a los niños disminuye la tensión en el matrimonio, reestableciendo la calma y la armonía en la pareja. Así, se pueden establecer ciclos simultáneos entre la pareja y los hijos de períodos de relativa calma seguidos por períodos de intenso conflicto. Dentro de este contexto, el abuso sexual puede ser visto como una forma de explotación, donde el sexo y la dominación se confunden, sustituyéndose los contactos afectuosos por respuestas sexuales y utilizándose estas respuestas sexuales para afirmar el control y el poder sobre el otro, lo cual se relaciona con el significado de la sexualidad masculina y la vulnerabilidad de los niños (Glaser, D., 1998).
Familia de Origen
Se pudo observar que en las familias con abuso sexual intrafamiliar existe una repetición de pautas entre la familia nuclear y la familia de origen, tanto en el nivel de funcionamiento como en las pautas vinculares y de relación entre los distintos miembros. Esta transmisión de pautas multigeneracionales difiere significativamente de las pautas funcionales y relacionales observadas en los otros tipos de familia. Esto es congruente con lo planteado por diversos autores que han señalado que el abuso incestuoso es un fenómeno relacional con raíces transgeneracionales que dan cuenta de las experiencias de carencias afectivas tempranas de los adultos involucrados ( Koch, K. 1987; Barudy, J. 1998; Navarro, C. 1998).
Respecto a las pautas multigeneracionales de funcionamiento tanto en la familia materna como en la paterna, se encontró que en las familias con abuso sexual intrafamiliar el abuso sexual fue una experiencia que estuvo presente en la mayoría de las familias de origen, situación que era significativamente diferente a lo que ocurría en los otros tipos de familia, donde se presentaban una serie de problemas clínicos y psicológicos, sin embargo, no ocurrían situaciones de abuso sexual intrafamiliar.
En cuanto a esta transmisión intergeneracional del abuso sexual, diversas investigaciones han encontrado en las historias de las madres de víctimas de abuso sexual intrafamiliar, vivencias de continuas experiencias de abuso, carencias y maltratos en la niñez, siendo ellas mismas frecuentemente víctimas de abuso sexual en su infancia. También se ha constatado que los adultos que han sido maltratados, o que han sufrido abusos sexuales y/o serios descuidos en su infancia, corren el riesgo a su vez de maltratar y/o abusar de sus hijos(as) (Koch, K., 1987; Monck, 1990; Navarro, C., 1998). Por otra parte, también existen estudios que muestran una importante relación entre los abusos sexuales en la infancia y el posterior sometimiento y mantención de relaciones violentas en la vida adulta (Bravo, M., 1994).
Barudy (1991) plantea que en los sistemas familiares abusivos existiría una historia de experiencias de abandono y abusos sexuales de los padres, los que por sus carencias afectivas pasadas, no han podido establecer relaciones de apego más estrechas con sus hijos(as). Este autor también señala que el abuso de poder y los comportamientos transgresivos, como el maltrato infantil y el abuso sexual, surgen de sistemas de creencias, compartidos por todos los miembros de la familia, que legitiman el abuso y mantienen la cohesión de la familia transgeneracionalmente. Dicho sistema de creencias, a su vez, está inserto en un contexto cultural donde se tolera y acepta la violencia y que potencia la creación y regulación de las interacciones y sistemas de significados que se mantienen al interior de la familia, reeditando y reforzando los hechos abusivos (Bentovim, A., 2000).
De acuerdo a Barudy (op cit), los abusadores utilizan su relación de poder para imponer sus creencias y representaciones de la realidad a través de las cuales se niega el carácter abusivo de las relaciones, viéndolas como “normales”, negándose la existencia del abuso, teniendo la víctima que aceptar que el abuso intrafamiliar no es abuso. Perrone (1997) plantea que en los sistemas familiares donde se producen abusos sexuales, todos los miembros de la familia se relacionan basados en la ley del silencio, estando prohibido hablar acerca de las conductas abusivas, encontrándose la familia bajo la influencia del dominio abusivo del “abusador”, quien controla la relación poniendo en un estado de trance a toda la familia, los cuales producto de la interacción abusiva, pueden llegar a justificar y/o negar la violencia del otro.
Bowen plantea que las disfunciones severas en el ámbito físico, emocional o social son el resultado final de un problema emocional que se ha estado desarrollando en la familia por muchas generaciones. En el curso de múltiples generaciones, el contraste entre el nivel básico de Diferenciación de varios segmentos de la familia es cada vez mayor, teniendo algunas ramas de la familia menores niveles de Diferenciación que sus ancestros, mientras que otras tienen un mayor nivel de Diferenciación que ellos. Los cambios en los niveles básicos de Diferenciación a través de las generaciones se pueden manifestar de diversas formas, teniendo los miembros menos diferenciados mayores niveles de ansiedad crónica, menos adaptabilidad al estrés y mayor posibilidad de experimentar un amplio rango de problemas humanos, los cuales pueden ser progresivamente internalizados, como la esquizofrenia, o progresivamente actuados, como las disfunciones sociales (Kerr, M., 1981). Desde esta perspectiva, los comportamientos abusivos pueden ser vistos como un síntoma del funcionamiento de la familia en el tiempo, como uno de los muchos síntomas posibles relacionados a estas condiciones en las relaciones familiares. Desde la Teoría de los Sistemas Naturales se plantea que el hijo(a) más envuelto emocionalmente en una familia nuclear absorberá y generará grandes montos de ansiedad crónica. En el caso de las familias con abuso sexual intrafamiliar se puede pensar que la ansiedad será absorbida principalmente por la persona abusada, la cual tendrá menores niveles de Diferenciación con su familia de origen y tenderá a repetir ese patrón en su propia familia nuclear.

Otro patrón de funcionamiento que se repite en la línea materna de las familias entrevistadas donde ocurre abuso sexual intrafamiliar es el de la ocurrencia de violencia intrafamiliar en la pareja, siendo un gran porcentaje de las madres de estas familias testigos de la violencia conyugal entre sus padres, y, por lo tanto, víctimas también de violencia psicológica. Esta pauta de funcionamiento también se encuentra presente en las familias que consultan por otros problemas clínicos, y por lo tanto, no sería un patrón de victimización específico de las familias donde ocurre abuso sexual. También se observa, que en muchas familias maternas de las víctimas de abuso sexual intrafamiliar, el maltrato físico es un problema que se presenta frecuentemente en las familias donde existe abuso sexual intrafamiliar, pero esta situación también se presenta en los otros tipos de familia, aunque con menor frecuencia, y por tanto la repetición del maltrato infantil tampoco sería especifico de las familias con abuso sexual.


La violencia conyugal y el maltrato infantil estuvo presente con menor frecuencia en la línea paterna de las familias con abuso sexual entrevistadas, lo cual hace suponer que las relaciones violentas se transmitirían transgeneracionalmente a través de las madres de los hijos(as) víctimas de abuso sexual.
En relación a las pautas vinculares multigeneracionales fue posible observar que en las familias donde ocurre abuso sexual intrafamiliar, las relaciones con la familia extensa de ambos progenitores son esencialmente negativas, presentando un patrón de relaciones distantes y conflictivas entre los distintos miembros de la familia, y por lo tanto, son familias que presentan menos relaciones vinculares con las respectivas familias. En la literatura también se ha planteado que el aislamiento social y las escasas redes externas de apoyo, serían características de las familias donde se produce abuso sexual. El aislamiento reduciría la intensidad de la supervisión social, favoreciendo una percepción más “normal” y una menor desaprobación de los comportamientos abusivos al interior del sistema familiar (Serrano, J., en Abarza, P., 2000; Morales, M., 2001; Álvarez, K., 2003).
De acuerdo a la teoría de Bowen, la falta de contacto emocional con la familia de origen promueve niveles más bajos de adaptabilidad al estrés, aumentando los niveles de ansiedad y la vulnerabilidad a desarrollar síntomas y disfunciones (Bowen, M, 1889). Se puede pensar que en las familias donde ocurre abuso sexual intrafamiliar el aislamiento de la familia extensa aumenta los niveles de ansiedad crónica y la fusión y dependencia en las relaciones familiares nucleares, lo que favorece el que los miembros de la familia perciban la distancia y los cambios en las relaciones como amenazas, y utilicen la agresión para manejar y responder a las amenazas percibidas.
Bowen, M. (1989) plantea que existen muchos tipos de patrones relacionales en las familias que se transmiten a través de las generaciones, siendo una de las más importantes las pautas de distancia relacional. Estos patrones reflejan la reactividad de los miembros de la familia unos con otros, y por lo tanto, mientras menos Diferenciados los miembros de la familia mayor son las escaladas de ansiedad, aumentando las respuestas automáticas y espontáneas en las relaciones, lo que favorece la agresión, la distancia y la triangulación en las respuestas relacionales a través del tiempo. Las pautas vinculares tienen que ver con el apego emocional irresuelto con los padres y la manera como los individuos manejan el apego. Mientras más bajo el nivel de Diferenciación, mayor la vinculación no resuelta, y mayor vulnerabilidad para repetir la pauta seguida con los padres, con sus hijos(as), y mayor la probabilidad de desconexión emocional entre ellos.
Un patrón vincular que se repite en la familia materna de las familias con abuso sexual entrevistadas, son las relaciones distantes o conflictivas entre la madre y sus hijos, viéndose alterada la relación de apego entre ellos, lo cual se transmite de generación en generación. Este patrón vincular no estuvo presente en la línea paterna de las familias con abuso sexual entrevistadas. Además se observa que como ninguno de los padres cumple adecuadamente con su función parental de nutrición y cuidado, otras personas de la familia de origen asumen este rol, confundiéndose los límites entre las generaciones, pauta de relación que también es transmitida a través de las generaciones, repitiéndose las relaciones triangulares entre los padres y los abuelos.
Los resultados indican que en las familias maternas de las familias con abuso sexual entrevistadas, en las historias de crianza han predominado elementos negativos en las relaciones con las figuras de apego o no han existido figuras de apego estables, siendo víctimas de varias situaciones de desprotección y de malos tratos. De esta manera, las madres de las víctimas de abuso no recibieron los cuidados materiales, afectivos, sociales y culturales requeridos, viviendo en familias donde la autoridad se ejercía en forma abusiva. Así, un elemento clave en la comprensión de los patrones relacionales abusivos, es el patrón de apego entre madres e hijos.
Navarro, C. (1998) observó en las madres de víctimas de abuso sexual incestuoso un modelo de apego inseguro y un vínculo altamente conflictivo y de gran relevancia con la figura materna. Las madres entrevistadas compartían como elemento común el no sentirse queridas ni aceptadas por sus madres, percepción que se mantenía hasta adultas existiendo una dependencia emocional respecto de sus propias madres. En este contexto surgen las experiencias de victimización de las madres, es decir, la construcción de una visión de sí mismas como víctimas, como una experiencia vincular, que se transmite a través de las generaciones.
De esta manera, los resultados corroboran lo expuesto teóricamente respecto a que el vínculo materno-filial es un factor crucial para romper el círculo abusivo, y la transmisión transgeneracional del abuso sexual intrafamiliar. Esto no significa responsabilizar a la madre en la generación del abuso al interior de la familia, lo cual tiene relación con la sexualidad masculina y las creencias y significados culturales que facilitan las relaciones de poder y la vulneración de los niños, sino que el resaltar la importancia de fomentar un patrón de apego madre-hijo(a) que le permita desarrollar las competencias necesarias para proteger y respetar a sus hijos(as).


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