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III PARTE: Aproximaciones al estudio de las acciones de Juana Gremler (1894-1912)



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III PARTE: Aproximaciones al estudio de las acciones de Juana Gremler (1894-1912)

CAPÍTULO 1: Juana Gremler: Mujer de viajes, de ideas y de palabras.

1.1. Juana Gremler: Una directora alemana para las niñas chilenas.


Juana Gremler Lorentz, primera directora del primer liceo femenino fiscal de Santiago, nació el 22 de noviembre de 1848 en Röthem, Alemania. Sus padres fueron: Anton Gremler y Wilhelmine Lorentz.

Realizó sus estudios primarios, secundarios y superiores en Alemania, obteniendo los títulos de profesora de alemán y francés. En su desempeño profesional destacan sus cargos como profesora de alemán y francés en Alemania así como también el haber sido Directora de 2 liceos en el mismo país. En Chile, fue la segunda Directora de la Escuela Normal de Concepción fundada en 1885.

Fue nombrada en 1893, por el Ministro de Instrucción Pública, Sr. Máximo del Campo, como visitadora de Liceos subvencionados en Chile. Entre sus funciones estaba crear un proyecto de fundación para un liceo fiscal de señoritas. Este plan fue aprobado el 9 de marzo de 1894 y el día 31 del mismo mes, se procedió a nombrarla Directora del naciente “Instituto para Señoritas de Santiago", nombre de origen del Liceo N° 1 de niñas de Santiago, "Javiera Carrera", cargo que desempeñó hasta el momento de su fallecimiento en 1919. Entre las obras que publicó destacan: Proyecto de un plan de estudio para los liceos de primera clase de niñas (1893) y Monografía del Liceo N°1 de niñas desde su fundación hasta diciembre de 1902 (1902).

Durante el período en que desempeñó su cargo se celebraron actos culturales, fiestas escolares, Primera Comunión (celebrada en la Parroquia Santa Ana) llegando incluso a ser considerado su onomástico como día del Liceo89.

Juana Gremler fue una mujer que se hizo cargo de la dirección del establecimiento a la edad de 45 años y con el atractivo moral de ser soltera, esto en tanto “las maestras eran vistas como mujeres intelectuales, y que ante la sociedad, impulsaban el desarrollo de la inteligencia y espiritualidad de los niños, sacrificando en esta empresa educativa, sus propios cuerpos, y sexualidad, autonegándose a experimentar la maternidad. Por su función educadora, se exigía a las maestras que dieran “buen ejemplo”, que controlaran sus cuerpos, pues con ellos también enseñan actitudes sexuales, de ahí la norma tradicional de que las profesoras tendrían que ser célibes o viudas, no mostrar actividad sexual ninguna, para ser las “señoritas profesoras”, dignas del respeto de sus alumnos y la comunidad”90.

De la misma manera, creemos que la condición de soltera de la que gozaba Juana Gremler le habría permitido disponer de más tiempo y energía emocional y psíquica para invertir en su trabajo. En tanto, muchas mujeres casadas o con hijos, deben dividir su tiempo en las llamadas “jornadas dobles” o “triples”

Beatriz Sarlo en su libro La máquina cultural. Maestras, traductores y vanguardistas (1998) nos entrega el testimonio de Rosa Del Río, una mujer nacida en 1883 y que se desenvolvió como Directora en una escuelita pobre de Buenos Aires a principios de siglo, donde se destaca la idea de la condición de soltería de las maestras: “Yo ya me había hecho a la idea de que no me iba a casar, aunque parezca mentira, ya tenía esa idea y no por falta de pretendientes. Sabía que venía una cola de hermanitos detrás de mí y que en esa casa todavía quedaba mucho por hacer, muchas cosas que comprar para que eso se pareciera a una casa. Con la misma filosofía que pensaba para mí, pensaba que iba a hacer las cosas cuando fuera maestra. Después, si las mujeres se casaban, mejor, pero, por lo menos, que no llegaran burras analfabetas al casamiento, para que los maridos las engañaran con las cuentas de lo que ganaban y lo que gastaban en el boliche. De verdad, nunca me planteé que las cosas fueran diferentes para mí y para mis hermanos varones: simplemente tiré hacia adelante”91.

Por otra parte, Juana Gremler era una mujer con un gran cosmopolitismo que contaba con un desarrollado conocimiento de lenguas extranjeras, notables viajes por Europa y una vinculación familiar con la tan valorada cultura alemana. Así, el componente de “lo extranjero”, por así llamarlo, en su biografía le significó ser considerada como moderna y civilizada, contrastando con la valoración que en general tenían las mujeres de la época.

De esta manera para Juana Gremler “sus abundantes recursos de capital de toda índole proporcionan una comparación clarificadora frente a una escasez de medios para la condición social femenina, en general de carácter estructural. Las claves de su éxito social dan las claves de un fracaso social casi generalizado de las mujeres”92.

Y así, llegaba una Directora alemana para las niñas chilenas…


1.2. Su misión por Europa.


Por Decreto N ° 1479 con fecha del 6 de Abril de 1900 se le encomienda por orden del Gobierno a Doña Juana Gremler estudiar los establecimientos de Instrucción Secundaria para señoritas en Europa con el objetivo de organizar posteriormente este tipo de enseñanza en Chile bajo la dirección del Estado.

Ella presentó a su regreso un informe en el que resumía las observaciones de su viaje. Este constaba de dos partes: En la primera de ellas relataba el desarrollo histórico y la organización a la fecha de los liceos de niñas de Alemania, Francia, Inglaterra, Suecia, Noruega, Dinamarca, Países Bajos, Italia, España, Portugal y Rusia. Mientras que en la segunda parte describía algunos métodos de enseñanza utilizados en las distintas materias.

El informe se basó en las observaciones hechas por la autora y en cifras estadísticas tomadas la mayor parte de ellas de textos de los más prestigiosos pedagogos de la época en materia de educación femenina.

Entre las observaciones que realiza cabe destacar las que se relacionan con aspectos como la dependencia administrativa, los planes y programas, número de alumnas, comparación con liceos masculinos, composición del plantel, etc.

Así, señala por ejemplo que en la mayoría de los países, el Estado ya tenía bajo su tutela la organización de liceos de niñas. Señala sin embargo, que en muchos de los países, estos liceos no se habían fundado por iniciativa estatal, sino que respondían a la de particulares y del clero, situación que también se había presentado en Chile.

Por otra parte, se reconoce que si bien es cierto, en todos los países que visita parecen preocupados por establecer una educación secundaria de calidad para las mujeres, se observan todavía algunas diferencias en relación a la que recibían los hombres. Estas se expresan por ejemplo en: cantidad de horas, asignaturas impartidas, posibilidad de preparación para ingresos a la Universidad o de incorporarse a cualquier carrera. Esto según nuestro análisis, se observaba sobretodo en los países de tradición católica, donde los obstáculos que se habían tenido que vencer para organizar la educación femenina eran aún mayores.

Destaca también en su informe la preocupación que se tiene en el caso francés por el perfeccionamiento de las profesoras, señalando que se dispone de un considerable número de Institutos Pedagógicos para ello. Así por ejemplo en 1892 se contaba con 85 de ellos en los que participaban 3707 oyentes, 85 directoras, 36 administradoras, 361 profesoras ordinarias, 219 profesoras auxiliares de ambos sexos.

Uno de los aspectos informados que nos parece de especial relevancia se refiere a cómo ella destaca la participación de las mujeres en la organización y desarrollo de este tipo de educación en los distintos países.

Señalaba por ejemplo que: “En Inglaterra , la organización moderna de la educación de mujeres es debida enteramente a esfuerzos femeninos, i el adelanto actual se ha alcanzado en los últimos 70 años desde el siglo pasado hasta hoi día”93 A ello agregaba: “a partir del reinado de la princesa Luisa , se formó en 1871, la Unión Nacional para el mejoramiento de la educación de la Mujer (National Union for the improvement of womens Education), luego comenzaron a fundarse otros con donaciones y colectas” 94.

Para Portugal destacaba que había habido esfuerzos de algunas mujeres por levantar la cultura. Destacando que para 1880 las mujeres habían conquistado su entrada en los colegios de niños y que para la fecha eran más de 4.000 niñas las que frecuentaban estos colegios.

Para Rusia destacaba que la emperatriz Catalina había fundado el Primer Instituto Superior de Niñas, destinado a las hijas de la aristocracia; con el carácter de internado, mientras que la emperatriz María Teodorowna fundaría más tarde gran número de instituciones para hijas de la aristocracia y la clase media.

Nos resulta interesante analizar el hecho de que ella destaque la acción de mujeres en tanto nos parece le permite sentirse a ella misma parte de un grupo que trabaja en y por los mismos objetivos. Así, este encuentro, vendría a ser valioso en tanto le permite interiorizarse en otras experiencias y atenuar esa soledad que muchas veces sientan aquellas mujeres que desarrollan acciones que parecen más transgresoras en términos sociales. Así, conocer que en otros países se habían o estaban trabajando en sus mismos ámbitos de labor, le permitió lo que Anna Piussi y Leticia Bianchi nombran como el encuentro con la historia: “Ocuparnos de la historia tuvo, en primer lugar, el significado de reanudar esos hilos rotos que nos ligan a nuestras madres, a nuestras abuelas. Solamente la recuperación, la reinterpretación del fuerte vínculo que nos une a ellas ha permitido la superación del sentimiento de orfandad que hemos experimentado al movernos en un mundo que se propone como el producto de una tradición únicamente masculina, hecha de padres e hijos, en la que la genealogía femenina es variable, marginal, tanto que no merece ser nombrada.

La historia tiene, por tanto, que ver también con la reapropiación de los orígenes, partiendo de los individuales hasta los históricos y simbólicos comunes” 95 .

Así, nos parece que este viaje pudo ser importante, no sólo por el reconocimiento que muestra el Gobierno por su trabajo y por su experiencia sino porque le pudo haber permitido mirar y colocarse frente a su propio trabajo como un sujeto sexuado , donde “solamente una mirada orientada hacia la consciencia de ser mujeres, que hemos adquirido en el interior de comunidades femeninas libres, fundadas en una práctica de recíproca valoración, nos permite interrogar a la historia con preguntas nuevas, reinventar métodos, instrumentos, categorías” 96.


1.3. Sus demandas por mejoras laborales para profesoras de liceos femeninos fiscales en Chile.


Nos parece interesante preguntarnos acerca de cual fue el comportamiento de Juana Gremler mientras estuvo en esa cúspide de poder que representaba dirigir este liceo, ¿cómo fue su relación con las otras mujeres? ¿Habrá sufrido del síndrome de la abeja reina o habrá adoptado una postura solidaria?

Creemos que Juana Gremler como otras mujeres debió encarnar en su biografía el discurso masculino y dominante que las definía. Sin embargo y gracias a su posición privilegiada fue desarrollando una serie de denuncias en relación a la condición de las profesoras mujeres y de las alumnas de liceos femeninos fiscales.

Nos parece que fue una mujer solidaria en términos de género, en tanto poseía conciencia histórica de esta identidad y habría tratado de usar sus privilegios en disminuir la distancia social que la separaba de la gran “masa femenina”, tratando de colaborar con ellas en la superación de algunas desigualdades.

Es por eso que nos detendremos a analizar algunas de sus palabras en relación a estos temas. Nuestro objetivo no es rastrear sus denuncias y comprobar si por parte de las autoridades fueron seguidas o no, sino más bien, valorar el proceso de enunciación desarrollado por la Directora, en tanto nos parece un acto de validación como sujeto a la vez que un acto de descolonización, lo que la convertiría para nosotros en una de las primeras voces feministas de la época97.

Creemos entonces que esta Directora pudo haber formado parte de esa masa crítica de mujeres y que en su visión de recién llegada pudo haber mirado con nuevos ojos las viejas prácticas del poder en materia de educación y tratado de inyectarle algo de su energía.

En relación al tema del trabajo, no obstante la dedicación característica que muestran las mujeres al desenvolverse en sus espacios laborales, debido al peso de las viejas prácticas del ejercicio de poder, “están infrarrepresentadas en los cargos de responsabilidad de todos los niveles educativos”98. Siguiendo a Acker, algunos de los elementos que permitirían explicar esta situación serían: la desigualdad sexual interna en las propias instituciones educativas; un grado más elevado de ambición masculina de movilidad ocupacional; una autopercepción de falta de posibilidades de promoción profesional por razón de sexo en el caso de las mujeres; una supeditación de la profesión al ámbito privado o la propia inseguridad personal99. En cualquiera de los casos la desigualdad sexual es un hecho en la profesión docente que facilita tanto los procesos de feminización de la profesión, como la diferenciación y jerarquización sexual interna que conduce a los hombres a ocupar los puestos de dirección y control.

Para la época, en Chile, podemos encontrar que las condiciones en que trabajan los sujetos docentes femeninos diferían de las que poseían los masculinos, en aspectos tales como los procedimientos de nombramientos100, número de horas de trabajo y sueldos que recibían.

Con respecto a las horas que debían realizar los profesores, para ambos tipos de establecimientos, existían reglamentaciones que regulaban su actividad. Por medio del Reglamento de 1900, para los liceos de niñas, se establecía que los profesores(as) no podían realizar más de veinticuatro horas semanales de clases, ni tampoco más de dieciocho si desempeñaran algún cargo administrativo en el mismo o en otro establecimiento. En los liceos de hombres, por su parte, no podían desempeñar más de treinta horas de clase a la semana, mientras que los que desempeñaran algún cargo administrativo dentro del establecimiento no podían realizar más de dieciocho horas101.

Esto a simple vista puede parecernos una ventaja para los profesores (as) de liceos de niñas, pero si tomamos en cuenta que el sueldo de un profesor (a) se calcula en base a la cantidad de horas de clase que realiza, puede no parecer tan ventajoso. Creemos que esta situación puede haberse originado debido a que como la mayoría de los docentes de los colegios de niñas eran mujeres, su trabajo era considerado como subsidiario en términos económicos, en tanto si eran casadas habría un marido proveedor y si eran solteras sus gastos no justificaban mayor número de horas para mantenerse. Puede ser que además de esta poca consideración de su trabajo en términos de aporte económico se presente una idea de inferioridad en sus capacidades, como eran mujeres seguramente creían que su productividad sería menor.

La diferencia en los contratos de profesores (as) dependiendo del establecimiento al que enseñaban, no sólo se dejaba entrever en el número de horas que se les permitían realizar, sino también en el pago que recibían por ese trabajo. Esta situación queda evidenciada por medio de un oficio enviado al Ministerio de Instrucción Pública el 4 de Junio de 1904 por Juana Gremler, quien establecía que “las profesoras de los Liceos de niñas, dependientes de ese ministerio, gozan de un sueldo inferior al que perciben los profesores de los Liceos de hombres, pues mientras que a las primeras se les paga sólo ciento veinticinco i cien pesos por hora semanales de clase, científica y artística respectivamente, los segundos perciben ciento cincuenta i ciento veinticinco pesos, por igual tiempo”102.

Juana Gremler, además establecía que esa situación era injustificada para lo cual argüía las siguientes razones:

- Unos y otros establecimientos están clasificados en la categoría de los de instrucción secundaria, y suministran, por lo tanto, una enseñanza semejante;

- Los profesores y profesoras que los sirven tienen una preparación igual, puesto que en el Instituto Pedagógico o en las Escuelas Normales, donde unos y otros han obtenido sus títulos de competencia, se les exigen idénticos conocimientos, y en consecuencia, es lógico gocen de unas mismas ventajas;

- Las profesoras por el hecho de servir en establecimientos de niñas deben preocuparse mucho más que los profesores de la educación y vigilancia de las alumnas, lo cual supone en las primeras, mayor suma de trabajo, de esfuerzos y de sacrificios que el que en iguales condiciones realizan los segundos;

- En el liceo N° 5, los profesores ganan igual sueldo que en los liceos de hombres, de modo que es evidente justicia subir los sueldos en los ya existentes Liceos de Niñas, para no dejarlos en condiciones inferiores y desventajosas respecto del primero que, sin eso a pesar de el último, pasaría a tener un carácter privilegiado.

Resulta interesante analizar esta situación en la medida en que podríamos suponer que en cuanto el Liceo N°5 contaba con la mayoría de sus alumnas provenientes de sectores menos acomodados podríamos reconocer también que existiría una valoración distinta en la educación que se impartía a mujeres dependiendo del estrato social de origen , en cuanto las primeras no estarían en la mayoría de los casos “obligadas “a trabajar fuera de su hogar, reforzando la idea de que su educación era de “adorno”.

El reclamo por los sueldos por parte de Juana Gremler se extenderá también a la hora de exigir los cobros de premios de profesoras. Esto se puede reconocer en una carta que envía al Ministro con fecha 17 de Julio de 1905, donde señala:

“Señor ministro: Las profesoras de este liceo que gozan de premios según lei de 9 de enero de 1879 no los han percibido en el presente año. Ruego a usted se digne, si lo tiene a bien, ordenar que la Tesorería fiscal haga el pago de estos premios”. 103

Años más tarde se unirá también al reclamo general de las profesoras de liceos femeninos en relación a la diferencia en aumentos de sueldos en comparación con profesores (as) de liceos de hombres. Así el 21 de Diciembre de 1909, redactarían al Ministro y al Congreso de la República lo siguiente:“para atenuar en parte los efectos de la depresión monetaria porque atravesamos, el Supremo Gobierno ha estimado de toda justicia, aumentar el sueldo de que actualmente gozan los profesores de Instrucción Secundaria, pero omitió declarar explícitamente que en ese aumento estaban tambien comprendidas las profesoras de los Liceos de Niñas, dando marjen así a que quedáramos sin opcion a mismo, según se observa en el proyecto elaborado por la Honorable comisión mista de presupuestos”.104

Las profesoras reclaman que esta diferencia sería arbitraria, en tanto “los efectos de la crisis económica nos afectan a unos i otros por igual, existe la superior consideración de que no siendo diferente la calidad del trabajo de profesores y profesoras, pues se nos exije una misma preparación pedagógica, de desempeñamos funciones análogas en establecimientos clasificados por lei en la misma categoría, debemos percibir una remuneración igual”105.

A ellas les parece sobretodo muy grave la situación, en tanto: “La disconformidad de sueldos que se proyecta no existe en otros campos de la enseñanza, ni en los demas órdenes de la administración pública en que hai funcionarios de ambos sexos, por ejemplo entre los maestros primarios, empleados de correos i telégrafos, etc. Aprobado, pues, en definitiva el ya mencionado proyecto de sueldos, las profesoras de los Liceos de Niñas formaríamos la única triste excepción entre todos los empleados públicos, respecto de los cuales el sexo, i no la suma de trabajo, ni la calidad de las funciones desempeñadas, se tornaría en cuenta para justipreciar i retribuir los servicios que prestamos al Estado”106.




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