Universidad de chile


CAPÍTULO 2: Ser directora…no rectora



Descargar 0.49 Mb.
Página4/7
Fecha de conversión03.12.2017
Tamaño0.49 Mb.
Vistas390
Descargas0
1   2   3   4   5   6   7

CAPÍTULO 2: Ser directora…no rectora.

2.1. Ser directora de un liceo femenino fiscal (1894-1912).


Ser Directora en un liceo femenino fiscal en Chile, correspondía para la época al más alto cargo accesible para una mujer en un establecimiento educacional. Ésta, era nombrada por el Presidente de la República, recayendo además los primeros nombramientos de Directoras sobre profesoras de nacionalidad alemana.

Para el caso de los rectores, la ley de 1879 establecía que el nombramiento de éstos sería realizado por el Consejo de Instrucción pública, el que llevaba a cabo su elección dentro de una terna propuesta por el Rector de la Universidad “Antes de proponer los candidatos el Rector de la Universidad anunciará por la prensa la vacante del rectorado que se trata de proveer señalando un plazo prudente dentro del cual puedan los que aspiran a llenarla presentarse por escrito, poniendo en la Secretaría del Consejo las obras, diplomas u otros documentos que acrediten la competencia de los candidatos, sin que esto obste a la facultad del Rector para proponer personas que considere competentes i aptas aunque no se hayan presentado como candidatos”61. Además, estos sólo podían ser destituidos por medio de un informe del Rector de la Universidad ya fuese proponiendo o apoyando tal medida y con el acuerdo del Consejo de Instrucción.

En cuanto a los reemplazos, de acuerdo con el reglamento de 1900, y que comenzó a aplicarse a partir de 1901, en caso de ausencia o imposibilidad de la Directora, era la Inspectora General quien la reemplazaba. Anterior a esta disposición las profesoras podían subrogarlas, situación que se reconoce en la memoria del Liceo N° 1 remitida por su Directora Juana Gremler, quien establece que “el 9 de Abril de 1900, la Sra. Teresa Chasse, profesora de francés, fue nombrada interinamente para el puesto de Directora mientras la propietaria se trasladaba por algunos meses a Europa, honrada por el gobierno con la comisión de estudiar ahí los adelantos que ha alcanzado la instrucción secundaria de la mujer en los últimos años”62.

Para el caso de los rectores, hasta que se proveía el cargo en la forma indicada anteriormente, era ocupado en forma interina por el profesor más antiguo del establecimiento y a falta de éste, por el que le siguiera en antigüedad. En caso de que la vacancia se produjese por licencia, si ésta durase dos meses o menos, el rector era subrogado por el profesor que llevara más años de servicio en el establecimiento; si la licencia era de más de dos meses el rector suplente era nombrado en la misma forma en que se designaba al propietario de cargo”63.

Como ya hemos señalado, los conceptos siempre aparecen cargados de significancia, nunca inocentes, nunca fuera de la órbita de las relaciones de poder. Si analizamos las designaciones con las que eran conocidos los cargos de docentes directivos, encontramos diferencias ya que, mientras en los liceos masculinos fiscales este cargo era designado como Rector, en los liceos femeninos fiscales eran nombradas como Directoras.

Esta diferencia descansaría a nuestro juicio sobre la base de funciones y atribuciones distintas. Mientras los Rectores tenían a su cargo una cantidad de facultades, quedando en sus manos el control máximo del establecimiento, las Directoras en cambio, tenían atribuciones limitadas, siendo su trabajo y acción siempre custodiada por aquellos ángeles protectores, los padres de las alumnas organizados en las Juntas de Vigilancia de cada liceo, los que tenían la facultad de resolver los asuntos más decisivos de la administración del establecimiento. Es así, que observamos en esta definición la clara valoración que se da al trabajo de estas mujeres… ellas son directora, no rectoras… su palabra sugiere, nunca decide.

El ámbito de funciones de la Directora, al interior de los establecimientos, fue fijado en el artículo 5° del respectivo reglamento de 1900, reconociéndose entre ellas:

- fijar y distribuir las tareas del personal;

- conceder licencia a los empleados del liceo hasta por ocho días dentro de cada año;

- visitar las clases con la frecuencia necesaria y hacer, en forma privada, las observaciones respectivas;

- fijar las fechas de realización de los exámenes y asistir a ellos;

- citar a reunión, por lo menos una vez al mes, a todos los docentes del establecimientos, es decir los llamados Consejos de Profesores, y que eran presididos por la Directora.

Además, tenían que llevar los siguientes libros:

- De matrícula: debía llevarse una ficha de las alumnas, señalando el nombre, la edad, fecha de admisión, sección a la que pertenecen (Preparatoria o Humanidades), nombre y residencia de los padres o apoderados y los datos que la Directora considerase convenientes.

- De exámenes.

- De caja: eran dos. En uno se debían detallar las entradas fiscales del establecimiento y su inversión. El otro, debía llevar un registro de las pensiones de las alumnas.

- Copiador de Correspondencia.

- Asistencia de profesores.

- Acta de la Junta de Vigilancia, y

- Una crónica del establecimiento.

Entre las funciones de la Directora se encontraban además, enviar cada año, en el mes de Marzo, una memoria dirigida al Ministro de Educación informando sobre la marcha del establecimiento el año anterior. A través de ella, daba a conocer al Ministro información referida a la matrícula, distribución de las alumnas en los respectivos cursos, asistencia, exámenes rendidos, material de enseñanza, estado del local donde funcionaba el establecimiento, entre otras materias. Además mensualmente debía entregar un estado de la asistencia de los profesores.

Tomando como base el Reglamento del Liceo de Cauquenes64, correspondía al rector “la dirección del establecimiento, la vigilancia sobre todos sus empleados i la inspección jeneral de la enseñanza”65. Bajo los hombros de estos hombres, recaían las funciones de dirigir, vigilar e inspeccionar.

Entre las funciones del Rector fijadas por Reglamento se encontraban:

- Presidir todos los actos del establecimiento, pero cuando sus demás ocupaciones no se lo permitan, podrán designar un profesor que lo subrogue.

- Designar el turno en que deben concurrir los profesores a los exámenes lo más equitativamente posible para lo cual fijará de antemano un cuadro en que esté espresado el orden de dicho turno.

- Dar licencia que no pase de tres días a los profesores i demás empleados del establecimiento que lo solicitaren, en cada caso el solicitante dejará otra persona, a satisfacción del Rector, para que lo supla durante el tiempo de su licencia.

- Pedir la remoción de los empleados que por omisión u otra falta en el cumplimiento de sus deberes, no deban quedar en el establecimiento.

- Separar del establecimiento a los alumnos que, por las causas indicadas en el artículo 59, mereciesen esta pena.

- Dispone los gastos que fuere necesario hacer con arreglo al presupuesto del establecimiento.

- Dar a los que pretenden ser alumnos del liceo un boleto para que lo presentasen a los empleados que designa este Rector.

- Dar certificado de exámenes a los alumnos que los pidan, copiando íntegramente las partidas del libro respectivo. Estos certificados deberán entenderse al pie de una solicitud escrita i firmada de su mano. Deberá presentar al solicitante.

- Dar aviso por escrito al fin de cada trimestre a los padres de familia de la comportación que observaren sus hijos, tomando para ello informes de los respectivos profesores. El cuadro en que se anoten estas observaciones quedará archivado66.

Debían además, encargarse de los libros de Exámenes, de matrícula, copiador de oficios y de Acta de las Sesiones del consejo de profesores. Además, se puede inferir, que también tenía a su cargo los libros de Caja. Unido a ello, cada dos meses, el Rector debía enviar al Ministerio y al Consejo, una nómina detallada de los profesores del establecimiento, especificando su asistencia e indicando las medidas que fueron tomadas en caso de existir faltas sin justificación. Además, tenían que enviar anualmente, tal como lo hacían las directoras de los liceos de niñas, las memorias de su establecimiento.

Si nos adentramos a comparar los cargos de Directora y Rector en los establecimientos de educación secundaria fiscal en el Chile de la época, encontramos algunas diferencias por ejemplo, como ya señalamos anteriormente en el plano de los nombramientos. Para el caso de los hombres claramente se reconocían la trayectoria y desempeño profesional, situación que quedaría menos especificada para el caso de las carreras profesionales femeninas, originándose con ello polémicas importantes en relación a la forma y argumentos que se atendían a la hora de producirse un nombramiento. Cómo señalaba Amanda Labarca al referirse a la acción de las visitadoras de liceo: “su papel se limitó en los comienzos (década de 1904 a 1914) a desenmarañar los conflictos suscitados entre la Dirección y el Cuerpo de Profesoras de los Liceos y que, en general, tenían su origen en la circunstancia de que las directoras se veían obligadas a proponer para las vacantes producidas, a personas a quienes les señalaban los ministros, que solían pagar de este modo, servicios electorales o políticos.”67

Si analizamos la valoración de la carrera docente se puede observar que esta era mucho mayor para el caso de los hombres cuando en ausencia del Rector le correspondería al profesor más antiguo ocupar su cargo, mientras que para la Directora en sus inicios eran las profesoras y luego la Inspectora General. Es decir, en este caso, se respetaba el cargo por sobre la experiencia.

En el ámbito de las atribuciones y funciones, tal como se dijo anteriormente, la acción de la Directora quedó limitada por la Junta de Vigilancia. Ejemplo de ello, es el hecho de que sólo la Junta de Vigilancia pudiera separar a las alumnas de los establecimientos, no como en el caso de los liceos masculinos en que la “significativa misión” quedaba a cargo del Rector; por otro lado el presupuesto que elaboraban las Directoras y que remitía al Ministerio debía también ser aprobado por los padres. Lo mismo ocurría con la inversión de las pensiones de las alumnas. Esta situación no ocurría con los Rectores, puesto que éstos podían elaborar, remitir y realizar modificaciones de presupuestos por iniciativa propia.

Esta situación queda ejemplificada por un oficio enviado por la Directora de Liceo N° 2 de Santiago al Ministro de Instrucción Pública, fechado el 11 de Abril de 1902 y cuyo encabezado comienza de la siguiente forma: “Tengo el honor de elevar a US., aprobado por la Junta de Vigilancia, el proyecto de presupuesto de gastos del liceo a mi cargo, para el año 1903”68

Como llevaba un registro de las pensiones que pagaban las alumnas, por medio del Decreto del 12 de Junio de 1905, mensualmente la Directora debía remitir al Ministerio de Instrucción en forma detallada el total de las pensiones percibidas en el mes y la forma en que eran invertidas. Además, se establecía que esas sumas debían ser ocupadas exclusivamente en la alimentación de las alumnas y por ningún motivo en el pago de sueldos a la servidumbre ni adquisición de materiales de enseñanza y mobiliario. En caso de existir algún excedente, debía consultarse al Ministerio para que esos fondos pudiesen ser invertidos en algún otro ítem necesario.

Cabe señalar, además, que en un comienzo las directoras no tenían injerencia en el nombramiento o destitución de los empleados del establecimiento, cosa que le competió hasta 1905 a la Junta de Vigilancia, lo que no ocurría con el Rector, quien proponía libremente a los profesores u otros empleados de la administración como los inspectores para que ocuparan dichos cargos.


2.2. Si es alemana…es buena


Como señalamos anteriormente, durante la época en estudio, la Directora de los liceos femeninos fiscales era nombrada por el Presidente de la República, recayendo además los primeros nombramientos de Directoras de éstos liceos sobre profesoras de nacionalidad alemana, pues se creía que el profesorado femenino chileno no cumplía con los requisitos para hacerse cargo de estos establecimientos, principalmente por falta de competencia69.

Esta estrategia del peritaje que realizarían estas profesoras alemanas, como imposición de legitimidad preparaba una conquista de mercado, como diría Bourdieu; una conquista de poder, siguiendo a Foucault; una conquista de rehenes; un encapsulamiento de esencias; una domesticación de fieras; una educación femenina.

Si bien es cierto, la elección por parte del Gobierno de profesoras alemanas, responde a la necesidad de proveer los cargos que no poseían aspirantes capacitados y meritorios en nuestro país, no es accidental que sean precisamente profesoras de esa nacionalidad, las consideradas más competentes. Esto debido a que “por muchos décadas el gobierno de Chile siguió considerando al alemán como el inmigrante más deseado”70. Esta valoración se reconocía en un informe oficial que señalaba: “(…) la observación ha demostrado que el mejor colono posible es el alemán, considerado el hombre como carácter, como individuo de una raza especial, como ciudadano de una comunidad política, como ser en fin, sujeto a ciertos hábitos y a ciertas necesidades. Pero más que todo eso la experiencia ha demostrado que el alemán es el mejor colono para la América española y en especial para Chile(…) El alemán es el único emigrante que abandona su suelo nativo con la resolución irrevocable de formar su nueva patria en el país donde traslada sus lares, sus creencias y su familia”71.

Así, en materia de educación,” la contribución femenina es igualmente capital para la creación de liceos y escuelas normales de niñas, ya que la mayoría de los establecimientos de este tipo contaban con una directora y con profesoras venidas, de igual modo, del otro lado del Rhin”72.

El profesorado de los liceos de niñas, se caracterizaba por estar formado casi exclusivamente por mujeres, puesto que se consideraba que si esos planteles habían sido creados con la finalidad de dar a las niñas una instrucción acorde a su sexo, las más indicadas para lograr tal objetivo eran las profesoras. Constituían sólo una excepción los eclesiásticos encargados de formar la vida religiosa de las jóvenes. Esto además de que como señala Norma Ramos para su estudio sobre la carrera pedagógica en Nueva León, México a principios del siglo XX “la carrera comenzó a ser socialmente aceptada y hasta justificada, porque se atribuyeron a las mujeres las cualidades y capacidades innatas como la vocación, afabilidad, paciencia, el recato, entre otras cualidades”73.

Sólo en casos de que no se contara con mujeres que pudiesen desempeñar la docencia, las clases podían ser realizadas por hombres. Esta situación queda claramente ejemplificada en la formación de la planta de docentes al abrir sus puertas el Liceo Nº 1 de Niñas. Tal como lo expresa Juana Gremler, como el plantel no contaba en sus inicios “con el número suficiente de profesoras, se acordó confiar a profesores las clases de ciencias naturales i las de dibujo, mientras llegaban de Europa las profesoras contratadas por el gobierno para dichas asignaturas”74.

A continuación se presenta un cuadro donde se muestra la nacionalidad de las (os) profesoras(es) de liceos de niñas de Santiago en 1898:

Cuadro 3: Nacionalidad de los Profesores de los Liceos de Niñas de Santiago en 1898



Nacionalidad

Liceos

Nº 1

Nº 2

Total

Alemanes

5

7

12

Chilenos

8

6

14

Franceses

2

-

2

Ingleses

2

2

4

Suizos

-

1

1

Totales

17

16

33

Fuente: Memoria de Justicia e Instrucción Pública presentada al Congreso Nacional en 1899.

De acuerdo con los datos entregados por el cuadro anterior, en 1898 existían en total, para los dos Liceos de Niñas de Santiago, 33 profesores. Al analizar los totales obtenidos por cada nacionalidad, se llega a la conclusión de que en número destacaban los chilenos con un total de 14. Le seguían en número los alemanes con 12. Sin embargo, si las cifras se engloban en nacionales y extranjeros, se puede concluir que sobresalían en número los profesores extranjeros.

Sería en estas profesoras alemanas en quienes se confió esta gran misión, serían ellas las encargadas de dirigir estos liceos, eran ellas las depositarias de este honor por parte del Estado chileno. Se realizaba entonces una investidura, en cuanto todo “El reconocimiento socialmente marcado y garantizado (por todo un conjunto de signos específicos de consagración que el grupo de los pares –concurrentes otorga a cada uno de su miembros) es función del valor distintivo de sus productos y de la originalidad (en el sentido de la teoría de la información) colectivamente reconocida a la contribución que él aporta a los recursos científicos ya acumulados”75.

Esta situación de valoración positiva a los alemanes queda de manifiesto a la hora de nombrar a la Directora del liceo N° 3, donde sería una chilena quien quedaría a cargo del plantel, no sin tener que enfrentar a la oposición. Carmela Silva Donoso a quien se le reconoce “ el insigne mérito de haber sido la primera chilena que, rompiendo los antiguos moldes, sirvió un elevado puesto en la educación y de haber contribuido grandemente a la formación de la cultura femenina en Chile, gracias a su inteligente laboriosidad”76tuvo que enfrentar los efectos de su nombramiento en “una lucha tenaz, dura y encarnizada contra los elementos oficiales y aristocráticos que no comprendían aún que la educación de Chile tuviera que ser obra de sus propios hijos”77. Esto porque la educación chilena de la época aún seguía bajo los hechizos del “embrujamiento alemán”, ese que había confiado a educadores alemanes la tarea de educar a chilenos, había organizado la enseñanza de manera ajena a la realidad nacional y había introducido la enseñanza del alemán en los curriculums de los liceos chilenos78.

Resulta interesante el análisis de esta polémica, en tanto a través de ella, se pueden observar distintas situaciones: la falta de rigor y justicia en los nombramientos, las malas condiciones laborales en las que se encontraba el sujeto docente femenino, la conciencia por parte de las propias mujeres de la situación señalada ,el intento de establecer lugares de enunciación y estilos de intervención intelectual por parte de los intelectuales; y finalmente los intentos de la élite nacional por conseguir la tan soñada modernización del Estado.

Será en este contexto entonces, donde se instalen las luchas de sujetos como intelectuales y mujeres profesoras, donde ellas traten de desarrollar sus acciones para insertarse en un campo y hablar legítimamente en él. Así, estos sujetos de enunciación, “alentaron una sutil dialéctica entre continuidad y cambio; aunando la devoción a la tradición con el abandono de viejos modelos, evidenciaron que incluso los más rígidos sistemas normativos admiten una flexibilidad interpretativa a veces liberadora, como atestigua la ganancia de márgenes de acción independiente”79.

Creemos además que“un receptor en un contexto específico y dado su conocimiento particular y sus creencias tiene capacidad para ignorar, desechar, no creer o actuar mentalmente de otro modo que éste en oposición a las intenciones del orador o autor en posesión del poder”80.

Si entendemos, además, que las formas de poder se ejercen más que se poseen, que no es el “privilegio” adquirido o conservado de la clase dominante, sino el efecto de conjunto de sus posiciones estratégicas, efecto que manifiesta y a veces acompaña la posición de aquellos que son dominados y que este poder, por otra parte, no se aplica pura y simplemente como una obligación o una prohibición, a quienes “no lo tienen”; los invade, pasa por ellos y a través de ellos; se apoya sobre ellos, del mismo modo que ellos mismos, en su lucha contra él, se apoyan a su vez en las presas que ejerce sobre ellos.(...)81 es que podemos entender las acciones de distintos agentes en este episodio, donde se “ revela cómo en una sociedad dominada por hombres, las convenciones sociales y los patrones de comportamiento restrictivos, en la práctica pueden operar como una estructura que, pese a su carácter coercitivo, posibilita y asiste la acción de las mujeres orientada a trascender sus limitaciones intrínsecas”82 .

En los distintos discursos se reconocen las motivaciones, expectativas y deseos de sus enunciantes. Por ejemplo, en uno de ellos se puede ver la imagen positiva que las mujeres profesoras tenían de la candidata a Directora “Por eso se ha revelado siempre, en todos los momentos álgidos de su vida, una completa mujer de acción. Bueno sería que ella hiciera oír su potente voz para que se implantara en el Tercer Año de Humanidades de los liceos de enseñanza de la puericultura, tomando en cuenta que la mayoría de las alumnas se retiran del colejio después de haber cursado ese año con el fin de contraer matrimonio, i es, por lo tanto, necesario capacitar antes que se retiren de las aulas a las niñas para la misión que desempeñaran después en el hogar”83 Aquí se puede observar la confianza que se instala sobre la Directora, se cree que a través de su voz las otras voces podrían ser oídas. Se reconoce el prestigio del que goza por la posición que ocupa en el escenario.

Por otro lado, encontraremos la voz de Eduardo de la Barra, intelectual de la época que se lanza en defensa del nombramiento de Carmela Silva, aduciendo argumentos de corte nacionalista. Este sujeto traza su crítica en medio de este proceso modernizador de la élite chilena, el que va a aparecer cargado de tensiones, en el que siguiendo a Romero “se reconocen la incomprensión y enfrentamiento de dos culturas coexistentes en las ciudades, es decir entre la burguesía (sociedad normada) portadora y creadora del proyecto modernizador y la masa (la sociedad anómica), receptora y excluida en sus inicios de la reorganización de las tareas políticas de distribución de poder y recursos y beneficios sociales”84.

Así, el discurso de Eduardo de la Barra, no se presenta neutro, en tanto siguiendo a Grinor Rojolos textos no son entidades impasibles o desapasionadas sino que saben de sí, pero lo que saben de sí o lo que quieren que los demás sepan de sí, es sólo aquello que su discurso manifiesto contiene”85. De la Barra, denuncia que el Estado chileno había sido capturado por lo que él denomina como Embrujamiento alemán, definiéndolo como “la extraña ceguera de los muchos que ven en los pedagogos alemanes importados de una familia de sabios, sino de genios tutelares benéficos a Chile, cuando en realidad es gente mediocre, asalariada á peso de oro, ensoberbecida por ese embobamiento nacional que los endiosa y que de ninguna manera corresponde a las ardorosas expectativas que ellos fundaron”86. Para él, el embrujamiento, es “una especie de hipnotismo a virtud del cual los embrujados atropellan por todo, como los muchachos que exhibía Onofroff, y así en su afán de enaltecer a sus fetiches alemanes, no trepidan en sacrificarles el pasado de Chile, deprimiendo a sus hombres, negando la verdad histórica y desconociendo la justicia social”87.

Así, el Santiago de Chile de la época, se constituye como un espacio de experiencia, con proyectos de nación, cuya estructura misma está determinada por las sensibilidades que puedan albergar luego de la invasión de las ciudades por las multitudes y que precipitarán tanto a burgueses y masas a reformular estrategias de integración y de control en la administración del poder político y económico en las ciudades88.





Compartir con tus amigos:
1   2   3   4   5   6   7


La base de datos está protegida por derechos de autor ©psicolog.org 2019
enviar mensaje

enter | registro
    Página principal


subir archivos