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UNIVERSIDAD DE CHILE

FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES

CARRERA DE PSICOLOGÍA

EL CONSUMO EN JOVENES CHILENOS:

Una mirada desde la psicología.

Memoria para optar al título de psicólogo
Nombre: Andrea Paz Contreras Andrade

Profesor patrocinante: Carlos Descouvières

Santiago, 2007.
A mis padres: Ricardo y Ximena, pilares de mi vida

y maestros de las principales enseñanzas

que me hacen ser la mujer de hoy.

Gracias por su apoyo incondicional.

A mi hermanita: Marcela, mi alegría

y adoración, como incentivo

en tus estudios: ¡ves que se puede!

Mi querida familia…

sin ustedes esta meta alcanzada

no habría sido posible,

los amo con todo mi corazón.

RESUMEN

El consumo es un fenómeno abordado por la economía como comportamiento que influye en esta área y por la psicología como una conducta más del ser humano, forma parte de nuestra constitución como seres sociales y ciudadanos e influye en la construcción de nuestra identidad.

Un período crítico para la construcción de la identidad es la juventud. Es por ello que analizaremos el consumo en este segmento etario, investigando si son un nuevo nicho del mercado y qué los caracteriza como tales.

Para abordar este problema se realizó una investigación bibliográfica, recopilando material que describe la juventud en Chile y el consumo nacional, particularmente el juvenil.

Así es posible reconocer que los jóvenes recuren bastante a las marcas y distintos productos para reafirmar su identidad y sentirse parte de un grupo social, a su vez cuentan con una cantidad de dinero considerable que destinan a satisfacer sus principales necesidades. Son un porcentaje relevante de la población, que se presentan como clientes y potenciales clientes, a los cuales conviene fidelizarlos tempranamente, significando contar con ellos a futuro. Además poseen una serie de valores por los cuales rigen su consumo y fidelidad a la marca. Por lo cual los jóvenes son un nicho importante del mercado.

INDICE


I. INTRODUCCION 5
II. OBJETIVOS 6
III. DESARROLLO 7


  1. Psicología y economía 7

2. El consumo 8

2.1 El consumo en Chile 10

2.2 Los consumidores chilenos 12

  1. Los jóvenes chilenos 14

3.1 Caracterización demográfica 14

3.2 ¿Cómo definir la juventud? 14

3.3 Caracterización de la juventud chilena 17

  1. Los jóvenes chilenos como consumidores 24

    1. Los jóvenes, un importante nicho de mercado 24

4.2 Áreas de interés y consumo juvenil 26

4.3 Qué valoran los jóvenes al momento de elegir qué consumir 33

5. Ejemplificación del consumo de productos bancarios y bancarización 36

5.1 Bancarización de los jóvenes 36

5.2 Relación de los jóvenes con la Banca 37

5.3 Relación de los jóvenes con el Banco “B” 41

5.4 Bancarización de los jóvenes en el banco “B” 41
IV CONCLUSIONES 43
V BIBLIOGRAFIA 48
VI ANEXO: Metodología y muestra de los estudios utilizados 49
I. INTRODUCCION
Hoy en día las ciencias tienden a la unión y a un trabajo interdisciplinario; la psicología no es la excepción. Esta vez la vamos a ver interactuando con la economía y hablaremos por tanto de psicología económica.

La psicología como ciencia social se ocupa del ser humano en sus distintos ámbitos de desarrollo, siendo uno de sus principales objetivos de estudio el comportamiento de éste.

Una de las áreas del comportamiento humano que estudia es la referida al consumo, o el comportamiento del consumidor, en donde se hace necesario incorporar a la comprensión de este fenómeno elementos de la economía.

Es así como la psicología económica nos orienta y entrega herramientas que permiten acercarnos a la conducta del consumidor, pudiendo integrar en una aproximación científica, elementos duros desde las cifras y elementos más intangibles desde la subjetividad del ser humano.

Dentro de éste enfoque, complementando elementos económicos y psicológicos, se desarrolla el presente estudio, centrándose en el consumo del país, en particular el de los jóvenes entre 19 y 24 años, analizando si este segmento es un nuevo nicho de mercado, con potenciales a explotar como futuros consumidores y qué los caracteriza como tales.

Esta investigación permitiría acercarse a un mercado objetivo delimitado y caracterizado, poder segmentar con mayor propiedad y eficacia, ya que al ser los jóvenes un segmento que se comporta distinto a los otros, que busca y exige productos y servicios con características especiales, es necesario contar con una sistematización de la información existente ya que contamos con una amplia gama de datos, artículos e investigaciones sobre ellos. Donde a través de esto se puedan desarrollar políticas de acercamiento y de fidelización a los jóvenes, siendo productivo para las empresas y de satisfacción para los consumidores.

Además prácticamente todas las empresas están concientes de la importancia que tiene este segmento para ellos y requieren de información que los oriente sobre como actuar e introducirse en este nicho del mercado.

Por otra parte, con el presente estudio se pretende incentivar el acercamiento de la psicología a fenómenos macro y micro económicos, donde al analizar el consumo como un fenómeno psicosocial, pueda mostrase que ambas disciplinas son perfectamente compatibles y complementarias.

Para responder a todo lo anteriormente planteado se realizará la presente investigación bibliográfica/ teórica, describiendo este grupo etario, abordando sus áreas de intereses y consumo, junto con mencionar los elementos que valoran de las empresas y los productos consumidos. Así como también se realizará una ejemplificación del consumo juvenil, en la banca chilena, con referencias a estudios de mercado.

Sería interesante que en otra oportunidad se pudiera tomar esta información teórica y contrastarla con una investigación de mercado, que permita complementarse y entregar, tal vez, nuevas pautas de acción.

También podría desarrollarse a futuro algún estudio comparativo, que profundice en sub-segmentos de los jóvenes, ya sea diferenciando el comportamiento económico en cuanto a género, o entre distintos rangos etarios, ya que dentro del espectro que se considera como jóvenes (15 a 29 años, para el INJUV), existen diferencias importantes. Así como también ahondar en otras variables psicológicas que influyan en el consumo u otros fenómenos económicos.
II. OBJETIVOS
Objetivo general:


  • Describir y caracterizar el segmento de jóvenes consumidores chilenos, entre 19 y 24 años de edad, de los distintos estratos sociales, desde una mirada psicológica. Indagando si son un nuevo nicho de mercado con importancia comercial.


Objetivos específicos:

  • Recopilar antecedentes teóricos que muestren cómo se relacionan la psicología y el consumo.

  • Indagar en las características actuales de consumo y de los consumidores en el país.

  • Averiguar qué distingue y define a este segmento de jóvenes chilenos.

  • Presentar la distribución de consumo y principales áreas de interés de éste grupo de jóvenes.

  • Conocer qué es lo que más valoran de las empresas y productos que consumen los jóvenes chilenos entre 19 y 24 años, de distintos estratos sociales.


III. DESARROLLO


  1. Psicología y economía

La psicología tiene como eje central las intervenciones en todos aquellos ámbitos en los cuales las personas están presentes. Donde es inimaginable concebir a un ser humano ajeno a la influencia recíproca en lo social y al margen de las regulaciones económicas (Descouvières, 1998).

La economía se puede definir como “la ciencia que estudia aquellos aspectos de la conducta e instituciones humanas que utilizan recursos escasos para producir y distribuir bienes y servicios con vistas a la satisfacción de necesidades humanas” (Quintanilla y Bonavía, 2004, p.25).

Se puede plantear que el comportamiento económico es inherente a la condición humana, teniendo vigencia esta situación desde muy temprano en la historia, donde las agrupaciones sociales primarias establecieron relaciones basadas en sus capacidades de producir, de consumir y de aportar a los requerimientos de sus comunidades (Descouvières, 1998).

A su vez el contexto económico está caracterizado por los modos de sentir, pensar y actuar. Es en este sentido que Katona indujo la consideración de que las percepciones, las expectativas y las motivaciones del consumidor, constituyen influencia importante sobre la economía (Descouvières, 1998). Siendo todas estas, variables que la psicología estudia con propiedad y conoce en profundidad, por lo cual es de suma utilidad poder contar con saberes especializados que respalden el estudio de la conducta del consumidor.

Así difícilmente se puede hablar de una economía sin psicología, donde hoy, y desde hace bastante tiempo las teorías, los conocimientos y las técnicas de ambas disciplinas se comparten e intercambian constantemente. Siendo frecuente que los textos de economía se encuentren plagados de citas y referencias que aluden a investigaciones de psicólogos sociales, del trabajo, de las organizaciones o especializados en la conducta del consumidor. Lo cual se corrobora con la reciente concesión del Premio Nóbel de Economía a un economista y a un psicólogo, esperando que las colaboraciones interdisciplinares alcancen notoriedad pública y se ponga de manifiesto que la psicología, más específicamente la psicología económica, tiene algo que aportar, junto con la psicología experimental, al saber y conocimientos de la teoría económica y la economía aplicada (Quintanilla y Bonavía, 2004).

En síntesis se aprecia que distintos autores, proponen que es innato a los seres humanos el desarrollo y desenvolvimiento en un marco económico y de consumo, donde factores emocionales, sociales e individuales son transversales a la economía. Haciéndose necesaria una comprensión interdisciplinaria entre la psicología y la economía en el abordaje del comportamiento del consumidor, entregando ambas ciencias importantes herramientas de estudio para la comprensión de éste fenómeno.




  1. El consumo

El consumo es una de las importantes áreas de estudio de la psicología económica, y es en éste fenómeno psicosocial en el que se centrará el presente estudio.

“El consumo está relacionado con la compra, adquisición, gasto de dinero, obtención, uso y posesión de bienes y servicios “(Pepermans citado en Descouvières, 1998, p. 97).

El consumo se inserta dentro de los que llamamos comportamiento del consumidor, lo cual implica un conjunto de actividades que las personas desarrollan cuando buscan, compran, evalúan, usan y disponen de los bienes con el objeto de satisfacer sus necesidades y deseos (Junior Achievemet, 2006).

En el estudio psicológico del comportamiento económico se ha usado con frecuencia el concepto de actitud, para explicar la conducta implicada en la toma de decisiones del consumidor, con la capacidad de dirigir el comportamiento. Por su parte desde la economía, el consumo se ve como el resultado de la maximización de la función de utilidad, sujeta a restricciones de carácter presupuestario. Ambos conceptos, actitud y utilidad, aluden a la capacidad de satisfacción de necesidades que tienen los consumidores, reflejan preferencias e influyen en el comportamiento, involucrando componentes afectivos y cognitivos (Descouvières, 1998).

Así el modelo económico se basa en una función de utilidad constante para grupos de individuos, y los modelos psicológicos toman en cuenta las diferencias individuales en la función de utilidad. Donde en juntos pueden entregar la visón del individuo como del conjunto de ellos (Descouvières, 1998).

En este sentido es relevante que como psicólogos nos abramos camino en el estudio de fenómenos económicos, facilitando así una comprensión más integral de ellos.

Por otra parte, el consumo es un elemento central en nuestra constitución como seres humanos, parte esencial de nuestro desarrollo como ciudadanos y muy relevante en la configuración de nuestra identidad, todos elementos que la psicología estudia muy de cerca.

Tal como lo manifiesta Quintanilla la conducta de compra se percibe como un proceso capaz de satisfacer y construir la propia identidad de las personas (Quintanilla, 2002). Encontrándonos con otro elemento relacionado al consumo que es estudiado directamente por la psicología: la identidad, corroborando la interrelación que existe ente el consumo como conducta económica y la psicología, manifestándose así la necesidad de otorgar una visión más social y desde la subjetividad de los individuos a los fenómenos económicos.

A su vez “las personas adquieren la mayor parte de su papel como ciudadanos, ante sí mismos y antes los otros a través de un entramado complejo de relaciones sociales, culturales y económicas cuya máxima expresión es el mercado” (Quintanilla, 2002, p.1). “La conducta social se manifiesta hoy mayoritariamente a través de la compra, el consumo y el gasto. En nuestro ámbito social y económico, gran parte de la conducta de las personas está relacionada con la compra, la venta, el uso y la adquisición de productos o servicios” (Quintanilla, 2002, p. 2).

Junto con ello, el consumo comprende tanto procesos mentales y emocionales como acciones físicas. Así el consumidor se rige por medio de procesos mentales preestablecidos, influenciados principalmente por tres aspectos que son: los grupos de referencia primarios (la familia), los grupos secundarios (las amistades y la escuela) y los terciarios (medios masivos de comunicación). Estos grupos son los que moldean la personalidad del individuo y por ende el consumo (Junior Achievemet, 2006).

Siendo de gran importancia tener en cuenta estos factores, ya que podría otorgar pautas a la publicidad, conociendo qué segmentos son más influenciados por determinados grupos sociales, optimizando así los resultados en sus campañas.

Así mismo para cada individuo –consumidor-, la realidad es un fenómeno totalmente personal, basada en las necesidades, deseos, valores y experiencias vividas por él mismo. Ellos reaccionan y actúan sobre la base de sus percepciones, no sobre la base de su realidad objetiva. La realidad no es lo que en realidad es, sino lo que los consumidores creen que es, lo que afecta sus acciones (Bustamante, 2004).

Vemos entonces que la conducta del consumidor va más allá de la compra en sí misma, se deben considerar las experiencias y situaciones previas (Quintanilla, 2002).

Cada uno va a percibir, interpretar y atender de distinta forma la publicidad, los productos y/o servicios que se le ofrezcan, por lo cual se debería tratar de estudiar lo más particularmente posible a los consumidores, considerar su desarrollo, sus historias de vida, características culturales, ideologías, etc. Pudiendo así llegar a conocer cómo acercarse a ellos y ser bien recepcionados.

El resultado es una sociedad en la que el consumo es un elemento de extrema relevancia y en la que el esquema de valores se encuentra muy mediatizado por aquél (Quintanilla, 2002). Lo cual es un aspecto de cuidado, ya que si se plantea que el consumo influencia los valores de las personas, podríamos suponer como corolario que está en manos del mercado la dirección valórica de la población. Surgiendo así la controversia a cerca del poder que tienen las grandes compañías de generar necesidades irrelevantes y/o ficticias en los consumidores, por medio de ésta manipulación valórica, jugando aquí un rol importante la ética como profesionales y miembros de ésta sociedad.
2.1 El consumo en Chile

Una de las transformaciones más importantes que ha experimentado la sociedad chilena en el último tiempo es la ampliación de las oportunidades de consumo. Con esto se hace referencia a la proliferación de productos y lugares para comprar, pero también al carácter social que adopta el consumo (Ravinet, 2002).

Por otra parte, hoy el consumo forma parte de nuestras vidas como un elemento constitutivo de nuestra cotidianeidad, que suple o compensa muchas de las carencias afectivas y relacionales en la sociedad. Los consumidores de hoy tienen otros conocimientos, se mueven en un escenario centrado en la oferta, tienen más exigencias y no quieren sentirse engañados.

Así plantea Tomás Mulián, que hoy el consumo logra lo que no consiguió la política, ni las otras esferas de la vida, que es dar a los consumidores una esperanza de confort más creciente. De esta forma el consumo comienza a consumir al individuo y el trabajo pasa a ser un medio cuyo fin es la reproducción material (Moulian, 1998).

Los consumidores consideran el consumo como un fin en si mismo, al cual todos quieren acceder a cualquier costo o realizando cualquier sacrificio, como es el trabajar en exceso, incluso horas extras, por contar con un poco más de dinero que le permita adquirir mas bienes o satisfacer más necesidades. El trabajo es un medio más para poder consumir, se trabaja simplemente por dinero, dinero que permite cubrir el consumo, perdiéndose la visión del trabajo como un elemento enriquecedor para el hombre, de desarrollo social y crecimiento personal.

De igual forma Eugenio Ravinet planea que, en nuestros días cuando la religión y la política han perdido influencia como ejes constitutivos de la sociedad, emergen nuevos ámbitos involucrados en la construcción de identidades individuales y colectivas. Desde este ángulo, el consumo pasa a ser un elemento clave para las personas: mediante él acceden a símbolos y signos que favorecen la autorrealización y también sirven para incorporarse en una comunidad de iguales (Ravinet, 2002).

Se aprecia entonces que el consumo está cumpliendo un rol compensatorio en nuestras vidas, en donde los patrones aspiracionistas y necesidades de estatus, cada vez más patentes en la sociedad actual, son satisfechas a través de las conductas de consumo. Transformándose a la vez, en un elemento que configura nuestras vidas, que permite acceder a ciertas redes sociales, que otorga una determinada imagen ante los pares, que delimita quiénes somos.

A esto se le suma el hecho de que la “felicidad”, o principios hedonistas, hoy están vinculados a lo espontáneo, con placeres inmediatos. Se consume desenfrenadamente, siendo todo fácilmente reemplazable y sustituible, pues ya no existe un sentido de posesión. Se ama ante todo la novedad, el placer del consumo (López, Riadi, Sepúlveda y Silva, 2004).

El consumo se transforma en un motivo esencial en la vida de la población. En este ser hedonista el deseo no constituye en sí mismo un goce, puesto que sólo encuentra sentido en la consumación, por tanto se tranquiliza exclusivamente en la realización vertiginosa, en la voracidad. Todo límite le parece una negación, cualquier control interno o externo, una represión. El deseo lo inquieta, necesita acabarlo. Lo que se consume se desecha rápido, toda pasa a ser muy efímero (Moulian, 1998).

Nos enfrentamos así a una sociedad basada en el placer, marcada por una tendencia individualista, inmediatista y de consumo desechable, que delimita y caracteriza el comportamiento del consumidor, características que las empresas deben considerar y explotar para entregar ofertas interesantes a su público. Por ejemplo muchos productos están diseñados para durar poco tiempo, la gente ya no manda a arreglar las cosas, simplemente las botan, también está el boom de las comidas rápidas, donde muchas veces acuden personas solas a un almuerzo que les tome poco tiempo y sea económico, e incluso van las familias obteniendo un servició cómodo y a bajo costo.

Otro aspecto que ha influenciado el consumo en nuestro país es la globalización, un fenómeno actual muy potente y presente en nuestro diario vivir, que sin duda influye directamente en nuestro comportamiento como consumidores.

Así por ejemplo, con la globalización, el consumo de medios de comunicación ha adquirido mayor importancia, ampliando la gama de opciones por las cuales obtener información. Ya no solo tenemos la televisión, la radio y la prensa, ahora contamos con elementos propios de la tecnificación que trajo consigo la globalización, como es Internet, diarios on line, telefonía móvil, entre otros (López, Riadi, Sepúlveda y Silva, 2004).

También con la globalización empieza a surgir un “querer ser” alejado de las propias raíces, porque se empieza a anhelar lo ajeno. Esto conlleva a una hiper valoración del consumo. Consumo que marca una nueva forma de ser ciudadanos. La globalización nos ha dejado frente a una sociedad hedonista, productivista y sobre todo consumista (López, Riadi, Sepúlveda y Silva, 2004).

Observamos así, que el perfil de consumidor chileno ha cambiado en las últimas décadas, y las grandes empresas están considerando esto en sus políticas comerciales, deben conocer cuáles son estos cambios para ofrecer lo que ellos desean y necesitan, segmentándolos y haciéndose más atractivos para ellos. Deben ofrecer sus productos y servicios en post de cómo se están dirigiendo sus clientes y potenciales clientes, los cuales no quieren pagar de más, no quieren sentirse engañados, exigen nuevas tecnologías y buena calidad de servicio, conocen sus derechos y el consumo pasa a ser una parte esencial dentro de su vida y socialización en general.


2.2 Los consumidores chilenos

El perfil del consumidor chileno de hoy responde a características bien definidas. En primer lugar, se trata de consumidores más endeudados que años anteriores, enfrentados a "avalanchas de ofertones", al que le han aumentado especialmente los gastos fijos, ya que parte de sus ingresos, en los sectores medios y altos, son destinados a las nuevas tecnologías de uso constante como la telefonía móvil, televisión por cable e Internet. Junto con ello el consumidor actual está más consciente que nunca de la relación precio/valor, y está más dispuesto a pelear por sus derechos (Bustamante, 2004).

Por otra parte, hoy en día con la gran competencia comercial, los altos índices de consumo y la baja fidelización de los consumidores hacia los productos, servicios y empresas en general, es de gran importancia conocer bien el mercado meta al cuál se dirigirán las políticas de la empresa.

Esto se refleja en lo analizado en el XIV congreso de Marketing nacional donde se planteó que “ante la fuerte presión competitiva, la alternativa de ofrecer un producto o servicio para todos ya no es factible. Actualmente, las empresas deben desarrollar diferentes puestas de valor, orientadas a grupos específicos de personas, como una forma de diferenciarse de su competencia y lograr la preferencia de sus clientes” (Ross, 2005, p. 13).

“Las organizaciones que se dedican a vender en los mercados de consumo e industriales, saben que no pueden atraer a todos los compradores, o al menos, no a todos en la misma forma. Los clientes son demasiados numerosos, están demasiado dispersos y sus necesidades y costumbres adquisitivas son demasiado diversas” (Kotler, 1991, p. 220).

A su vez, las diferentes compañías difieren en cuanto a su capacidad para atender los diferentes segmentos de mercado, por lo que cada una de ellas tiene que identificar las partes que puede atender mejor. Por ejemplo, las necesidades, deseos y tasas de uso del consumidor cambian con la edad, por lo que algunas compañías utilizan la segmentación por edad y ciclo de vida, ofreciendo diferentes productos o utilizando mercadotecnias diferentes para los distintos segmentos ya definidos (Kotler, 1991).

Un posible segmento de abordar es el juvenil, y como se ha mencionado es necesario caracterizarlo y conocerlo a fondo, para ofrecerles lo que ellos necesiten y generar estrategias de acercamiento diferenciadas y de fidelización a la marca.

En muchos sectores, las empresas han dado un paso más adelante y no sólo se ven a sí mismas atendiendo o sirviendo clientes, en vez de un mercado, sino que consideran que mantener a sus clientes actuales es más barato, más fácil y, tal vez, más rentable que atraer a clientes nuevos. Así en Chile crece progresivamente el número de empresas que cambian el foco desde la búsqueda frenética de nuevos usuarios o consumidores a la fidelización de los que ya están con la marca, pensando en establecer una relación de largo plazo, bajo el concepto de Life Time Value, el valor de un cliente en el largo plazo (Bustamante, 2004).

A la vez en la búsqueda de una mayor diferenciación, las empresas deben tratar de establecer una relación más personal con el cliente, traspasar las barreras cognitivas y lograr un lazo más afectivo, a través de emociones y experiencias (Dittborn, 2005). Existiendo razones racionales y emocionales para mantenerse ligado a una marca, a una institución o a una determinada tienda (Bustamante, 2004).

En todos estos aspectos, como psicólogos, tenemos mucho que aportar, ya sea en el conocimiento y estudio de las variables psicológicas a la base del consumo, emocionales o racionales, en la toma de decisiones y el ámbito de las actitudes de los consumidores, como en el conocimiento y caracterización de los distintos segmentos del mercado. Todo lo cual se transforma en herramientas útiles para políticas publicitarias y de desarrollo de producto, que repercuten en una mayor captación de clientes, así como también contribuyen a la fidelización de estos, siendo ésta otra área importante que los psicólogos podemos atender, ya que conocemos instrumentos de análisis que permiten acercarnos a lo que quieren los clientes, adentrarse en su subjetividad, interiorizándonos en sus necesidades.

En síntesis, vemos que se debe seleccionar a un grupo del mercado y caracterizarlo acabadamente, para conocer sus deseos y necesidades y poder ofrecer los productos o servicios que los satisfagan, potenciando así la fidelización de los clientes y el atractivo del producto, marca y/o empresa. Siendo un grupo posible de seleccionar por las empresas, los jóvenes, los cuales son los clientes del futuro y es conveniente atraer desde temprano, cada vez adquieren más protagonismo en el mercado, son un segmento emergente y representan importantes oportunidades para el marketing.


  1. Los jóvenes chilenos


3.1 Caracterización demográfica

La población de consumidores incluye todas las edades y niveles socioeconómicos, abarcando un gran segmento de la población (por no decir toda la población), pero como todos somos distintos y sería una tarea muy difícil pretender llegar a todos con las mismas ofertas, es que el marcado se segmenta.

Un tipo de segmentación es la etaria, donde los jóvenes son un nicho importante, siendo una cantidad considerable de la población, que se pueden asumir como consumidores y/o potenciales consumidores a captar para mantener en el futuro.

Para bases de datos de estudios tanto poblacionales como de mercado, se toma como rango etario para definir a los jóvenes desde los 15 a los 29 años aproximadamente, subdividiéndose en tres rangos, 15 a 18, 19 a 24 y 25 a 29 años. Tal como lo establece el Instituto Nacional de Juventud. En este estudio nos centraremos en el segundo rango etario.



Según la IV Encuesta del INJUV los jóvenes constituyen un importante porcentaje de la población, alcanzando el 24% (tabla 1), dentro de este segmento podemos distinguir 3 sub grupos, concentrándose la mayor cantidad en torno a los 19 y 24 años, con un 39% (tabla 2) (INJUV, 2003). Habitando la gran mayoría en zonas urbanas, siendo levemente superior la cantidad de hombres que mujeres (tabla 3) (CENSO, 2002).

Tabla 1: Población Nacional por Edad Tabla 2: Jóvenes según Edad

Edad



%




Edad



%

Menores de 15 años

3.890.126

26%




15-18

1.031.089

29%

15 - 29 años

3.674.239

24%

19-24

1.450.426

39%

Mayores de 29 años

7.552.070

50%

25-29

1.192.724

32%

Población total

15.116.435

100%




Total

3.674.239

100%



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