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UNIVERSIDAD ALAS PERUANAS - FACULTAD DE MEDICINA HUMANA Y CIENCIAS DE LA SALUD

ESCUELA ACADÉMICO PROFESIONAL DE PSICOLOGÍA HUMANA

LECTURA Nº 1


DOCENTE: PS. NORMA SIHUAY MARAVI

ASIGNATURA: PSICOLOGIA GENERAL

TEMA: CONCEPTO DE PSICOLOGÍA. LA PSICOLOGÍA COMO FILOSOFÍA. PSICOLOGÍAS DEL HOMBRE
CONCEPTO DE PSICOLOGÍA

Etimológicamente, Psicología proviene del griego psyche, que se puede traducir alma. Decir que la psicología “es la ciencia del alma” (Aristóteles), o que “es la investigación de los contenidos de conciencia”, o que ”es la ciencia que estudia los fenómenos psíquicos”, no es suficiente, pues queda en pie el problema de qué es el alma, qué es la conciencia o cuales son los fenómenos psíquicos. Es aquí, precisamente donde existe disparidad de opiniones. Actualmente no son pocos los que definen la Psicología como ciencia de la conducta. La conducta es una actividad propia de los organismos vivos para mantenerse y conservar la vida. Si no adoptáramos conductas moriríamos. Lo que genera la conducta son los estímulos exteriores e interiores.

La historia de la Psicología en el último siglo es la historia de su lucha por independizarse de la Filosofía. En los últimos cien años numerosos investigadores han intentado independizar a esta ciencia de la filosofía, destacando su carácter experimental, es decir, prescindiendo de toda preocupación metafísica y limitándose al análisis de hechos observables y comprobables. Es la llamada Psicología científica o experimental. Hoy debe considerarse una ciencia particular independiente.

La Psicología es la ciencia que estudia las funciones psicológicas, como la atención, la percepción, la memoria, el pensamiento, la inteligencia, el lenguaje, y el aprendizaje.

También se ocupa de la afectividad, como las emociones y la sexualidad; de las etapas evolutivas del desarrollo humano, de la conducta, la personalidad, la vocación, el trabajo y los fenómenos sociales.

NOCIÓN DE ALMA

Si bien con diversos matices, siempre se ha entendido por alma el principio de la actividad vital, un algo de naturaleza metafísica que se halla más allá de los fenómenos y que obra como causa operante de la vida. Alma es, pues, el concepto y el término propio de la Psicología racional o especulativa, que ha sido dejado de lado por la Psicología experimental a causa de su ambigüedad. Hoy su uso ha quedado reservado a la Antropología filosófica o, si se prefiere, a la Metafísica.

NOCIÓN DE CONCIENCIA

Se puede definir a la conciencia como la capacidad del sujeto para percibirse a sí mismo actuante o modificado. Tenemos conciencia cuando sabemos lo que está aconteciendo en nuestro Yo, ya en lo que es propio de nuestro mundo interior, ya en lo que es el mundo exterior que en él se refleja. La conciencia presenta algunas propiedades claramente diferenciadas: dinamismo, unidad o totalidad, subjetividad, intencionalidad y conocimiento certero

NOCIÓN DE VIDA PSÍQUICA

La vida psíquica es el objeto que estudia la Psicología y, por lo tanto, es aproximadamente un sinónimo de alma. Mas así como dijimos que la noción de alma no es muy precisa y que los investigadores difieren acerca de su exacta significación, de igual modo debemos señalar las discrepancias acerca de qué se entiende por vida psíquica. Una definición formalmente correcta sería: la vida psíquica es el conjunto de fenómenos psíquicos. Pero, claro está, queda sin resolver qué son los fenómenos psíquicos.

LOS FENÓMENOS PSÍQUICOS

El hecho psíquicos, lo que acontece en nuestra mente o psiquis, o sea cada una de las modificaciones o manifestaciones que tienen lugar en nuestro Yo, es un fenómeno psíquico. Los fenómenos psíquicos son, pues, los diversos estados, hechos o acontecimientos que tienen lugar en nuestro Yo. Los fenómenos psíquicos no se dan aislados; por el contrario se presentan interrelacionados y organizados en un todo, en una estructura y sólo adquieren sentido cuando se los interpreta en función de esta estructura.

Una estructura es un complejo psíquico, un todo funcional en el que cada uno de sus elementos constitutivos está conectado con los demás y concurre a la formación del todo. Tomar a cada elemento aisladamente, significa algo así como romper la estructura, con la inevitable consecuencia: no comprender la totalidad de la vida psíquica. La Psicología pensó que lo fundamental en la investigación de la vida psíquica era separar cada uno de sus elementos constitutivos, ya que ella no era otra cosa que la simple suma de estos elementos. Al iniciarse el siglo, nuevas tendencias advirtieron el carácter estructural de la psiquis y denunciaron la imposibilidad de estudiar los elementos aislados.

Los fenómenos psíquicos se clasifican en:

Fenómenos intelectuales: Estos fenómenos, llamados también representativos, son propios del conocimiento (es decir, son los hechos que acontecen en nuestro Yo cuando éste conoce); ellos constituyen la vida intelectual, intelecto o inteligencia. Fenómenos intelectuales son las sensaciones, las percepciones, la imaginación, la memoria, los conceptos, los juicios, los raciocinios, actividades todas estas que constituyen la vida intelectual.

Fenómenos afectivos: Son los estados sentimentales o sentimientos del sujeto (placer, dolor, entusiasmo, agrado, amor, ira, etc). No son el conocimiento sino consecuencia del conocimiento.

Fenómenos volitivos: Son los intentos o impulsos del sujeto, las propensiones de éste a la ejecución de un acto. Estos impulsos o voliciones constituyen la vida volitiva o intencional, es decir, la voluntad, deseos, impulsos, etc.

DIFERENCIA ENTRE LOS FENÓMENOS PSÍQUICOS Y FÍSICOS

Los fenómenos psíquicos son subjetivos (se encuentran siempre o indefectiblemente referidos a un sujeto), son internos, temporales e inespaciales, es decir que duran un cierto tiempo pero no ocupan lugar en el espacio. También son intencionales porque tienden a un objeto.

Los fenómenos físicos, por su parte, son objetivos, es decir que acontecen fuera del Yo y pueden ser percibidos por varios sujetos: externos, temporales y espaciales. También son no intencionales.

Existen distintas ramas de la Psicología, cada una de las cuales incluyen un área específica como la Psicología Clínica, la Forense, la Educacional, la Social, la Comunitaria y la Laboral.

La Psicología Clínica es la rama de la Psicología que se ocupa de los trastornos emocionales y de conducta.

Un Psicólogo puede realizar Psicodiagnóstico, administrando una batería de tests que miden funciones psicológicas, como la inteligencia, la percepción, la memoria y el aprendizaje y efectuar diagnósticos presuntivos para realizar las derivaciones necesarias o planificar el tratamiento.

Desde el punto de vista psicológico el Psicólogo posee mayores conocimientos de Psicología que un Psiquiatra, cuya formación específica es organicista y farmacológica.

Para tratar enfermedades mentales agudas un Psicólogo debe trabajar conjuntamente con un Psiquiatra de manera de proporcionar una atención combinada.

La evaluación de un Psicólogo permite determinar si un paciente necesita o no control psiquiátrico.

Un Psicólogo Clínico tiene también una función educacional en cada una de las etapas del desarrollo y puede actuar como orientador o guía en los casos que sea necesario.

La ignorancia puede ser la causa de muchos problemas psicológicos que pueden resolverse en forma rápida y segura con la información adecuada.

Los problemas sexuales son los más comunes en las consultas, porque no es habitual que los padres encaren a sus hijos para hablar de temas sexuales.

Los padres pueden aprender a orientar a sus hijos sobre estos temas, con la ayuda del Psicólogo que es el que conoce la forma más apropiada para hacerlo.

La Psicología Forense realiza peritajes policiales y su tarea consiste en elaborar los informes necesarios de las personas que han participado en hechos delictivos. También pueden realizar investigaciones sobre las conductas antisociales.

La Psicología Educacional se ocupa de los trastornos del aprendizaje y de la educación para la salud mental.

La Psicología Social se dedica a investigar los distintos fenómenos que se producen en los grupos y brinda la información necesaria para aprender a relacionarse. Esta rama de la Psicología puede aplicarse en estudios de mercado, encuestas, proyectos de inversión, etc.

La Psicología Laboral se puede dedicar a la selección de personal para trabajar en empresas, así como también al control de las relaciones laborales entre los trabajadores y los empresarios, tratando de conciliar ambos intereses; detectando con eficacia las fallas en la organización que atentan contra su rendimiento.

La Psicología Comunitaria se refiere a la atención de los problemas sociales que exijan una investigación sobre causas o efectos psicológicos de los cambios sociales, los problemas de la marginalidad, el control de la drogadicción, la contención familiar, las dificultades de las familias numerosas y el acceso a la educación.

La fragmentación de la ciencia es necesaria debido a la alta complejidad y cantidad de conocimientos.

Todas las ramas de la ciencia están relacionadas en algún punto y ningún profesional puede resolver por si sólo todos los problemas.

Es necesario discriminar hasta dónde se puede llegar con la especialidad que conocemos para tener la grandeza de aceptar que todo no lo podemos saber y que necesitamos a otros profesionales para una mejor atención del paciente.

LA TEORÍA DE FREUD

Su punto de parida es la noción de “inconsciente psicológico”. Según Freud, lo fundamental en el orden psicológico es la zona inconsciente. El inconsciente es dinámico y ejerce una presión constante sobre el plano consciente y, por lo tanto, en la conducta de la persona.

Este inconsciente está constituido por instintos (todo lo congénitamente dado), pero bajo la acción del mundo exterior, lo inconsciente ha sufrido una transformación, que es la conciencia, una fuerza también capaz de oponerse a los impulsos del inconsciente.

Entre la conciencia y el inconsciente existe el “pre-consciente”, un intermediario, constituido por fenómenos inconscientes que integran la actividad de la conciencia, y que son susceptibles de hacerse conscientes. Pero para esto, deben sufrir una serie de operaciones deformadoras: la censura, que también es adquirida por la acción del medio exterior, bajo la influencia de la educación.

El inconsciente, la conciencia y la censura (denominadas posteriormente por Freud como “ello”, “yo” y “super-yo” respectivamente), constituyen las tres fuerzas fundamentales del psiquismo. Entre ellas existen relaciones dinámicas y de su combinación resulta la personalidad total o aparato anímico.

E) EL APARATO ANÍMICO

Como acabamos de ver, la personalidad psíquica se decompone en un conjunto de instancias psicológicas: ello, yo y super-yo. A continuación analizaremos cada una más en profundidad.

El Ello o “Id”:

Es la más antigua de estas instancias psíquicas y está formada por todo lo heredado, lo constitucionalmente establecido. Se puede decir que es la parte más oscura e inaccesible de nuestra personalidad, por lo que su conocimiento se obtiene indirectamente por el estudio de los sueños y de los síntomas neuróticos.

El ello no posee organización y se basa en el principio del placer, es decir, la búsqueda de los estados placenteros que se originan de los instintos satisfechos. Por eso, para los procesos que ocurren en el ello no se pueden aplicar las leyes lógicas del pensamiento, sobre todo el principio de no-contradicción. Además, no existe en el ello una valoración moral; se trata de la parte animal del hombre.

Los componentes del ello o “complejos” son los instintos y lo reprimido. Estos complejos son sistemas psíquicos que desarrollan actividades inconscientes, impulsando la actividad del pensamiento y determinando la dirección de la actividad consciente, o pudiendo también quedar sin acción directa o manifiesta sobre la conciencia. El conjunto de estos complejos constituye la libido (energía psíquica que surge del impulso sexual).

Mediante la influencia del mundo exterior que nos rodea, una parte del ello ha experimentado una transformación, desarrollando así una organización y dando lugar a un individuo más racional, el yo, que actúa como intermediario entre el ello y el mundo exterior.

El Yo o “Ego”:

Es la parte ejecutiva de la personalidad; el individuo que se encuentra consciente de su identidad y de su relación con el mundo exterior. Como ya se vio, el yo va emergiendo desde el ello y durante la infancia no hay una clara diferencia.

El yo permite adaptar la actividad de la persona a las exigencias y características del medio externo, y frenar los pedidos del ello. De esta manera desarrolla la conciencia, haciendo que la realización de los actos impulsados por el ello esté atrasada por una etapa intermedia: la observación y la reflexión. Por esto, en el yo se sustituye el principio del placer por el de la realidad, haciendo posible la adaptación al medio.

Frente al mundo exterior el yo percibe los estímulos y acumula en la memoria experiencias sobre éstos. También evita a los que son demasiado intensos y enfrenta por adaptación a los estímulos moderados. Finalmente, aprende a modificar el mundo exterior para adecuarlo a u conveniencia.

Por otra parte, hacia el interior, es decir frente al ello, conquista el dominio sobre las exigencias de los instintos, decidiendo si las satisface o no. En caso de no dar satisfacción a los impulsos del ello, se genera la represión.

Freud creía que en el yo existía una función de censura, pero luego llegó a considerarla como una instancia separada, que puede llegar hasta a dominar al yo: el super-yo.

El Super-yo o “Super-ego”:

Como resultado del período infantil en el que el hombre vive en dependencia de sus padres, se forma otra instancia del aparato anímico que persiste a la influencia de los padres, denominada el super-yo.

El super-yo es el aspecto moral y judicial de la psiquis porque reúne las exigencias y las normas que, como ya hemos visto, son recibidas por la influencia de los padres, siendo internalizadas por el sujeto. Pero naturalmente, en la evolución de los individuos también influyen los aportes de sustitutos y sucesores de los padres, como los maestros y profesores.

Existen dos etapas en la evolución de la conciencia moral. En la primera es exterior, luego se interioriza: las influencias de los padres son asimiladas por la psiquis de la persona, convirtiéndose en energías psicológicas. De esta manera, el super-yo se hace cada vez más impersonal hasta que se vuelve una actividad solamente mental.

El papel que desempeña el super-yo es la represión de los impulsos, constituye el deber ser; son los principios éticos, la conciencia moral de las personas. También tiene la función de auto-observación, haciendo posible la selección de los impulsos del ello.

El super-yo es lo más elevado de la personalidad humana. Esto se debe a que el hombre, además de estar biológicamente organizado y actuar por la acción de factores materiales, también es un ser social (está afectado por el pasado, la cultura, las costumbres sociales, etc.) y su objetivo es alcanzar la perfección, tratando de acercarse y superar los ideales señalados por el yo.

A pesar de todas sus diferencias, el ello y el super-yo tienen algo en común: que ambos representan las influencias del pasado (el ello las heredadas y el super-yo las recibidas de los demás). Por el contrario, el yo está determinado fundamentalmente por las experiencias propias del individuo, lo actual y accidental.

A través de este análisis vemos que la conformación y la acción de la personalidad se realizan en el Yo que recibe, por un lado los reclamos del Ello que requieren su gratificación y, por otro, la represión del Super-yo. Para que la actividad psíquica se desarrolle naturalmente es necesario mantener el equilibrio, pero esto no es siempre fácil.

F) LA TEORÍA DE LOS INSTINTOS

Los instintos son las fuerzas que actúan tras las tensiones causadas por las necesidades del ello. Son esencialmente conservadores ya que, de todo estado que un ser vivo alcanza, surge la tendencia a restablecerlo en cuanto haya sido abandonado. A través de lo señalado vemos que se puede distinguir un número indeterminado de instintos.

Freud reconoce dos instintos básicos: el Eros y el instinto de destrucción. El primero tiene como fin establecer y conservar unidades cada vez mayores, tendiendo a la unión (también es llamado instinto de amor). En contraposición, el instinto de destrucción busca la disolución de las conexiones, destruyendo las cosas. Su fin es reducir lo viviente al estado inorgánico, por eso también es llamado instinto de muerte.

En las funciones biológicas, ambos instintos se antagonizan o combinan entre sí. Por ejemplo: cuando comemos destruimos el objeto que estamos comiendo pero nuestro objetivo principal es su incorporación a nuestro organismo.

G) LA TEORÍA SEXUAL

La actividad psíquica se origina por la acción de los impulsos inconscientes o instintos. A la energía psicológica que deriva del instinto, Freud la denomina la “libido”. Para éste, lo psíquico está vinculado a lo biológico y, en definitiva, es un sistema de fuerzas que tienen como objetivo la adaptación del organismo al medio y su conservación.

Esta teoría constituye el fundamento de su concepción ya que Freud sostiene que los factores sexuales son decisivos para la formación de la neurosis. En el transcurso de sus estudios encontró que lo sexual ocupaba un lugar dominante.

La vida sexual no comienza sólo en la pubertad, sino que se inicia con evidentes manifestaciones poco después del nacimiento y sigue un proceso evolutivo perfectamente reglado. Después de un incremento progresivo en el cual el niño presenta un impulso de placer sexual y experimenta un desarrollo determinado con diferentes estados (oral, anal y fálico), alcanzando su máximo hacia el final del quinto año, cae luego en un intervalo de reposo o latencia. Mientras dura este período, el proceso se detiene, gran parte de lo aprendido se pierde y la actividad sufre una especie de retroceso. Al finalizar la latencia, la vida sexual recomienza en la pubertad.

H) EL MÉTODO PSICOANALÍTICO

Como ya hemos visto, el primer método que utilizó Freud fue la hipnosis. Pero luego la rechazó al encontrar varios aspectos negativos como la imposibilidad de lograr la hipnosis de muchos enfermos. Entonces Freud desarrolló el método psicoanalítico que constituye uno de sus mejores aportes a la Psicología.

El método psicoanalítico consiste en provocar la liberación funcional de las cargas reprimidas, con el objetivo de que esas tendencias reprimidas vuelvan a la conciencia, logrando una especie de satisfacción y haciendo posible su reintegración con la capacidad unificadora del yo.

Este método emplea diversos procedimientos, de los cuales el principal y más importante es el de las asociaciones libres.

EL MÉTODO DE LAS ASOCIACIONES LIBRES:

Para resumir este método podríamos decir que se trata de hacer conscientes los hechos inconscientes perturbadores y patógenos; el individuo reconoce en ellos la causa de su neurosis y recupera su salud mental.

El método psicoanalítico se apoya en la hipótesis de la existencia, en el umbral de la conciencia, de asociaciones de ideas preconscientes, que pueden servir de nexo entre las ideas conscientes, conocidas por el sujeto.

También se apoya en un hecho natural de la conciencia que se llama “reverie” (sueño diurno), una especie de desfile de imágenes, ideas, sentimientos, que se nos aparecen y desaparecen momentáneamente cuando dejamos vagar nuestra conciencia y que, aparentemente, no siguen ningún orden determinado. El psicoanálisis sostiene que el curso de estos estados no es libre; por el contrario, se encuentra determinado rigurosamente porque ellos se realizan bajo la influencia mediata o inmediata de los impulsos inconscientes y preconscientes.

De esta manera, el método psicoanalítico consiste en hacer que el sujeto deje vagar libremente su conciencia, realizando una especie de auto-análisis pasivo en el cual el psicoanalista no interviene para influenciar las asociaciones del sujeto o para sostener su atención.

Para este procedimiento se utiliza una determinada técnica: se hace acostar al paciente en una posición cómoda para eliminar toda molestia muscular. La sesión se realiza en una habitación un poco oscura, para evitar las influencias exteriores y el psicoanalista se coloca fuera de la vista de la persona. Después se le pide que se coloque en un estado totalmente pasivo y que comunique al psicólogo todo lo que le viene a la conciencia, sin excepción. Lo único que hace el psicoanalista es oír y sacar notas, a veces hace algunas preguntas. Al principio las asociaciones no tienen sentido, pero luego se van orientando.

Cuando el psicoanálisis no funciona debido a la resistencia del paciente que opone la conciencia moral a la evocación del recuerdo que quiere salir, es necesario recurrir a otros procedimientos: el estudio de los actos fallidos y la interpretación de los sueños.

Estudio de los actos fallidos:

Los actos fallidos son actos imprevistos que escapan el control consciente. Son fenómenos tale como el olvido temporal de palabras y nombres perfectamente conocidos por el individuo, equivocaciones en el discurso, lectura y escritura, pérdida de objetos, etc. Aparecen como resultado del conflicto entre dos intenciones, siendo una de ellas momentánea o permanentemente inconsciente y la otra, consciente. Por eso, nos presentan el conflicto entre la conciencia y el inconsciente, y son muy importantes para investigar la existencia de los fenómenos psicológicos inconscientes.

El psicoanálisis los interpreta como poseyendo un sentido, una intención, que se ha hecho consciente, obstruyendo la vigilancia del yo. Por ejemplo: una muchacha deja caer varias veces un objeto que ha recibido como regalo, porque aunque lo recibió con demostraciones de alegría (insinceras), el regalo en realidad no le gusta.

La interpretación de los sueños:

Los sueños revelan en forma simbólica un sentido o intención, siendo manifestaciones desviadas de impulsos insatisfechos. El hecho de que los sueños posean un sentido confirma la existencia de fenómenos inconscientes que influyen sobre los estados de conciencia. En los sueños, la influencia se puede realizar más intensamente porque, al estar la persona durmiendo, se debilita la función de censura.

Los sueños se originan a través de impulsos instintivos, deseos inconscientes, generalmente reprimidos, impulsos insatisfechos de la vida diaria o pensamientos preconscientes. En el sueño se satisfacen los deseos, en forma indirecta y puramente mental.

Freud distingue dos aspectos en el sueño: el contenido manifiesto (la trama del sueño tal como aparece en la conciencia al soñar y tal como lo recordamos al despertar) y el contenido latente. Este último es la verdadera significación del sueño, las ideas o intenciones que se ocultan para la conciencia bajo la apariencia de su contenido manifiesto y cuyo significado debe hallarse. Pero esta interpretación del significado del sueño, no debe ser realizada por el psicoanalista sino por la propia persona que lo soñó, a través del método de las asociaciones libres que ya hemos expuesto.

Cabe mencionar además otro procedimiento que no era utilizado por Freud sino por sus alumnos al considerarlo más rápido y con resultados más seguros que el de las asociaciones libres: el método de las asociaciones dirigidas o experimentales que ya había sido utilizado por otros psicólogos antes del psicoanálisis, como Wundt .

El método se basa en que: cuando se presenta a la persona una palabra cualquiera (palabra inductora) y éste debe responder con la primera palabra que ella le evoca (palabra reacción), se pone en acción un reflejo asociativo que implica una asociación de palabras.

I) DESARROLLO POSTERIOR DEL PSICOANÁLISIS

Aunque Freud fue el fundador de esta corriente de la Psicología, más tarde sus primeros se separaron de él, presentando teorías propias. Actualmente, los psicoanalistas siguen trabajando y van apareciendo nuevas teorías que corrigen o complementan la posición de Freud.

Entre los autores que han investigado seriamente el inconsciente se destacan A. Adler y K. Jung . Fueron discípulos de Freud y no sólo lo amplían sino que lo rectifican en algunos aspectos, sobre todo en lo que se refiere al origen sexual de todos los impulsos.

A. Adler:

Es el creador de la Psicología Individual que sostiene que la conducta humana está movida por una tendencia (el “instinto de poder”) que es una fuerza hacia el triunfo en la vida del sujeto.

Cada persona adquiere un estilo de vida, una forma de conducta que lo diferencia del resto, y que se origina en la infancia y orienta la actividad del sujeto durante toda su vida.

K. Jung:

También niega la importancia que Freud le dio a la libido. Sostiene que en el inconsciente se encuentra una especie de ímpetu vital que se traduce en formas muy variadas; una de las tendencias dominantes es la de autopreservación individual que se halla en la base de la mayoría de los conflictos emocionales. Además, introdujo la noción de “inconsciente colectivo”, experiencia general y fondo común de la psiquis humana.

Por otra parte, existen varias corrientes “neopsicoanalíticas”, cuyos principales representantes son: Sandor, Firenczi, Melanie Klein, John Rosen, Anne Freud, Karen Horney, Erich Fromm, etc. Que parten de Freud pero lo modifican en muchos aspectos.
CONDUCTISMO

A) INTRODUCCIÓN Y CONCEPTO

El conductismo es una corriente de la psicología inaugurada por John B. Watson (1878-1958) que defiende el empleo de procedimientos estrictamente experimentales para estudiar el comportamiento observable (la conducta) y niega toda posibilidad de utilizar los métodos subjetvos como la introspección. Su fundamento teórico está basado en que a un estimulo le sigue una respuesta, siendo ésta el resultado de la interacción entre el organismo que recibe el estimulo y el medio ambiente. Considera que la observación externa es la única posible para la constitución de una psicología científica.

El enfoque conductista en psicología tiene sus raíces en el asociacionismo de los filósofos ingleses, así como en la escuela de psicología estadounidense conocida como funcionalismo y en la teoría darwiniana de la evolución, ya que ambas corrientes hacían hincapié en una concepción del individuo como un organismo que se adapta al medio (o ambiente).

B) HISTORIA Y EVOLUCIÓN

El inicio de la terapia conductista como disciplina científica aplicada a la comprensión y tratamiento de los problemas psicológicos se ubica a comienzos del siglo XX.

Como ya hemos dicho, John B. Watson fue el primer investigador que trabajó con lo que él mismo denominó “conductismo”. En aquel entonces, en la psicología predominaba el estudio de los fenómenos psíquicos internos mediante la introspección, método muy subjetivo. Watson no negaba la existencia de los fenómenos psíquicos internos, pero insistía en que tales experiencias no podían ser objeto de estudio científico porque no eran observables. Este enfoque estaba muy influido por las investigaciones pioneras de los fisiólogos rusos Iván Pavlov y Vladimir M. Bekhterev sobre el condicionamiento animal. Pavlov, consideraba que los actos de la vida no eran más que reflejos, y Betcherev se interesaba especialmente por los reflejos musculares.

Podemos distinguir dos aspectos en el conductismo de Watson. En primer lugar, el conductismo metafísico por el cual sostenía que la mente no existe y que toda actividad humana incluyendo pensamientos y emociones, se pueden explicar a través de movimientos musculares o secreciones glandulares. Por otra parte, Watson negaba el papel de la herencia como determinante del comportamiento ya que consideraba que la conducta se adquiere casi exclusivamente mediante el aprendizaje. Hoy día su concepción de conductismo metafísico no existe más.

Watson propuso un método para el análisis y modificación de la conducta, ya que para él, el único objeto de estudio válido para la psicología era la conducta observable. Quiso hacer científico el estudio de la psicología empleando sólo procedimientos objetivos como los de las ciencias naturales para el estudio de los comportamientos humanos. De esta manera, sentó las bases de lo que hoy conocemos como “conductismo metodológico”, que se fue desarrollando con el correr del tiempo.

Aunque actualmente el conductismo no se limita al estudio de fenómenos observables sino que también incluye sucesos internos (pensamientos, imágenes), se mantiene el criterio de relacionar los postulados teóricos con la conducta manifiesta mediante un enfoque experimental.

Podemos decir que el verdadero despegue de la terapia del comportamiento se produce después de la Segunda Guerra Mundial, desarrollándose lo que se conoce como “neo conductismo”. Estas nuevas orientaciones conductistas difieren en cierto grado de sus antecesores pero, al mismo tiempo, toman muchos elementos de teóricos del aprendizaje anteriores como Pavlov y Thorndike.

A partir de la década del ´30, se desarrolló en Estados Unidos el “condicionamiento operante”, como resultado de los trabajos realizados por B. F. Skinner y colaboradores. El enfoque de este psicólogo es semejante al de Watson, según el cual la psicología debe ser el estudio del comportamiento observable de los individuos en interacción con el medio que les rodea. Skinner, sin embargo, difería de Watson en que los fenómenos internos, como los sentimientos, debían excluirse del estudio, sosteniendo que debían estudiarse por los métodos científicos habituales y dando más importancia a los experimentos controlados tanto con animales como con seres humanos. Sus investigaciones con animales, centradas en el tipo de aprendizaje (condicionamiento operante o instrumental) que ocurre como consecuencia de un estímulo provocado por la conducta del individuo, probaron que los comportamientos más complejos como el lenguaje o la resolución de problemas, podían estudiarse científicamente a partir de su relación con las consecuencias que tiene para el sujeto.

En la década del ´50 surgen en distintos lugares y como resultado del trabajo de investigadores independientes, corrientes de pensamiento que luego confluirán. Una de ellas es la de Joseph Wolpe en Sudáfrica que trabajaba con el modelo del “condicionamiento clásico” o pavloviano. Wolpe demostró cómo podía desaprenderse o inhibirse la ansiedad condicionada. Partiendo de los trabajos de Hull (1884-1952) y de los resultados obtenidos con sus propias “neurosis experimentales”, estableció el importante principio de la inhibición recíproca. Otro investigador que trabajó desde la perspectiva del condicionamiento clásico es H.J. Eysenck, quien abordó con mucho rigor científico el estudio de la personalidad.

A partir de los años sesenta, se desarrolla el “aprendizaje imitativo” u observacional que estudia bajo qué condiciones se adquieren, o desaparecen, comportamientos mediante el proceso de imitación. Esto fue introducido por Bandura y Walters quienes describen un modelo de aprendizaje que tiene una base “mediacional”: el individuo aparece como un intermediario activo entre el estímulo y la respuesta.

Esta orientación mediacional adquiere gran relevancia en las décadas del ´60 y ´70 y en el desarrollo de corrientes cognitivas ya que, a partir de los sesenta, varios autores comienzan a trabajar aplicando la metodología conductista a los procesos psicológicos subjetivos. Los trabajos pioneros en esta línea corresponden a Albert Ellis, que desarrolló una forma de psicoterapia llamada “Terapia Racional Emotiva” (TRE). Más adelante fue complementado y ampliado por varios autores como Aaron Beck quien propuso un modelo psicopatológico de base cognitiva y una “terapia cognitivo-conductual de las depresiones”; Martin Seligman que trabajó sobre el fenómeno depresivo y propuso el modelo de la “desesperanza aprendida”; Donald Meichenbaum que desarrolló un procedimiento conocido como “entrenamiento autoinstruccional”; etc.

Todos estos modelos interactúan para determinar la multiplicidad de comportamientos humanos, conformando procesos de aprendizaje complejos.

JOHN BROADUS WATSON (1878-1958)

Psicólogo estadounidense, nacido en Greenville, Carolina del Sur, y formado en las universidades Furman y Chicago. Fue profesor y director del laboratorio de Psicología de la Universidad Johns Hopkins de 1908 a 1920. Se le reconoce como fundador y principal representante del conductismo, que reducía la psicología al estudio del comportamiento externo observable objetivamente y a su explicación en términos de estímulo-respuesta.

Sus escritos incluyen, entre otros, Educación animal (1903), Conducta, una introducción a la psicología comparativa (1914), El conductismo (1925) y El cuidado psicológico del niño pequeño (1928).

EL CONDUCTISMO DE WATSON

Ya hemos mencionado a grandes rasgos el planteamiento de Watson, que lo podemos resumir como la necesidad de hacer científico el estudio de la psicología, empleando sólo métodos objetivos como los de las ciencias naturales. Ahora desarrollaremos más a fondo su teoría.

Watson proclamaba una doctrina radical de psicología. Incorporó el reflejo condicionado en su esquema como principio combinatorio objetivo, sustituyendo con él la ciega “asociación de ideas” mentalistas e introspectivas. Hacia 1920, los psicólogos estadounidenses, bajo la influencia de Watson, comenzaron a basar la explicación de aprendizaje en el reflejo condicionado como el mecanismo esencial para la modificación de la conducta.

La primera fase sitúa a la psicología como una rama de las ciencias naturales, lo que la conduce a los métodos experimentales objetivos de las ciencias naturales. En consecuencia, la introspección como método y la conciencia como objeto de estudio deben rechazarse. El objeto de la psicología científica era la formulación de una teoría que permitiese la predicción exacta y que fuese lo suficientemente general para abarcar todos los organismos (no sólo al hombre).

Watson destruyó el dualismo cartesiano mente-cuerpo, aboliendo la mente. Concibió al psicólogo como conductista, totalmente comprometido con los supuestos, métodos y procedimientos de las otras ciencias. Watson creía que era posible definir la psicología como la ciencia de la conducta y no apartarse nunca de este principio definitorio haciendo referencia a términos mentalistas. Creía que esto podría llevarse a cabo en términos de estímulo y respuesta, junto con un principio de aprendizaje de la formación de hábitos.

Watson adoptó un enfoque riguroso en términos de estímulo respuesta (E-R) para explicar la conducta. Las respuestas debían explicarse, por su relación de dependencia, con rasgos observables de la estimulación. La estimulación, en el concepto de Watson, pasó a considerarse como exógena (de origen externo) lo que hizo que su concepción fuera marcadamente ambientalista. Toda la conducta tenía que explicarse en términos de relaciones estímulo- respuesta, y las generalizaciones relativas a la conducta debían basarse en la observación experimental objetiva. Los reflejos ya existentes al nacer, se elaboran simplemente por condicionamiento, para extender el potencial conductual del organismo. La conducta más compleja era un problema de formación e integración de hábitos concebidos como disposiciones adquiridas de conexiones estímulo-respuesta complejas. Esta concepción lo liberó de todo mentalismo.

ESTÍMULO-RESPUESTA



El Estímulo: El estímulo es únicamente una situación objetiva, independientemente de su significación, ya que ésta deriva de la conciencia y el conductista no la considera.

Los estímulos se pueden dividir en externos e internos, ya que nuestro organismo se encuentra continuamente sometido a la acción de estímulos que llegan a través de los sentidos (luz, sonidos, etc.) y, al mismo tiempo, el interior de nuestro cuerpo se haya en cada instante sometido a la acción de estímulos nacidos de los cambios de los tejidos mismos. Por lo tanto, los estímulos externos son los que se reciben por los órganos sensoriales, mientras que los internos son los que provienen de estados orgánicos.

Si observamos un niño recién nacido, veremos que reacciona a muy pocos estímulos. Los conductistas deben establecer cuáles son los estímulos primarios, los que obran sobre el individuo sin requerir ninguna experiencia previa. Pero, otro hecho observable es que en el niño se producen, progresivamente, reacciones ante nuevos estímulos, aprende a reaccionar ante ellos. Aquí se presenta una dificultad en el conductismo ya que el aprendizaje se debe explicar sin hacer intervenir a la conciencia. Lo aprendido es independiente de la “significación” subjetiva de los nuevos estímulos y, por lo tanto, es sólo un proceso mecánico, asociativo, de origen nervioso. El aprendizaje es el resultado del condicionamiento, y depende además de la repetición o hábito.

La Respuesta: Las respuestas son movimientos o secreciones del organismo. El estímulo crea en el organismo un desequilibrio, y la respuesta tiene por objeto restablecerlo. Por lo tanto, la respuesta al estímulo trae aparejada una adaptación que es lo que ocurre cuando el individuo al reaccionar, altera su estado fisiológico de tal manera que el estímulo no provoca ya reacciones. Los conductistas le dan un gran énfasis a la respuesta y afirman que todo estímulo efectivo tiene su respuesta, siendo ésta inmediata.

Watson clasifica a las respuestas en externas e internas y en aprendidas y no aprendidas. Las externas o explícitas son las se pueden observar fácilmente, sin utilizar instrumentos, son los actos ordinarios del ser humano. Las internas o implícitas son las reacciones del organismo más difíciles de observar debido a que se hallan en los sistemas glandulares y musculares del interior del cuerpo. Sean internas o externas, estas respuestas son siempre actos fisiológicos. Por otra parte, las respuestas no aprendidas son todas aquellas reacciones congénitas del organismo como respirar y moverse, que realizamos desde la infancia, previo al condicionamiento y la formación de hábitos. Las reacciones aprendidas incluyen todos los hábitos complicados y todas las respuestas condicionadas.

La noción de estímulo-respuesta nos permite tener una visión con la que trabaja el conductista: dado un estímulo es posible predecir la respuesta o, viendo qué reacción tiene lugar, inferir cuál es el estímulo que la ha provocado.

EL REFLEJO CONDICIONADO

Pavlov dio el nombre que ha ido traducido como “reflejo condicionado” a los mecanismos fisiológicos del aprendizaje asociativo, porque la operación aplicada al organismo era condicionar una respuesta refleja existente a un estímulo anteriormente extraño.

Pavlov realizó una abertura en el esófago de un perro para analizar sus secreciones digestivas que, normalmente, se producían cuando se le acercaba su comida. Este investigador ideó acompañar el acto de la alimentación con un toque de una campana, procediendo así varias veces. Llegó a la conclusión esperada: el perro segregaba al solo sonido de la campanilla sin necesidad de presentarle el estímulo habitual, la comida.

Es importante mencionar que al circuito fisiológico de los reflejos condicionados le interesa la corteza y los hemisferios del cerebro, de donde se les conoce también como reflejos “cerebrales”. También se les llama “temporales”, porque a diferencia de los incondicionados, la conexión nerviosa que los hace posibles es temporal, adquirida en el transcurso de la vida del sujeto.

EL HÁBITO

El hábito (del Latín “habere”: poseer) es la capacidad del sujeto de conservar y perfeccionar las modificaciones adquiridas. También es la disposición adquirida y perdurable para reproducir los mismos actos con facilidad y perfección crecientes. Por tanto, proviene de una experiencia del sujeto que se repite y perfecciona.

El hábito se caracteriza por ser adquirido (no innato), durable ya que sin no persistiera no sería hábito, perfectible (el aprendizaje aumenta la eficacia de la conducta habitual) e individual ya que no es propio de la especie sino de una persona en particular.

Todo hábito posee dos fases o períodos sucesivos: la formación que consiste en una serie de transformaciones o modificaciones producidas por la repetición de un acto, y la estabilización, es decir, la fase de adaptación o equilibrio constante donde “casi” no hay progresos ya que siempre hay alguna modificación.

Por otra parte, los hábitos se pueden dividir en biológicos o corporales como estar acostumbrado a comer a determinada hora, y hábitos psicológicos activos (reflexionar o calcular) y pasivos (el oído que se habitúa a un ruido).

Los actos habituales desempeñan un papel decisivo en la vida humana. Por ser la conservación de la experiencia pasad y facilitar la vida presente, constituyen un factor positivo. Motivan el progreso y el perfeccionamiento de nuestros actos con una creciente economía de esfuerzos. En contraposición, muchos actos se vuelven rutinarios con el consiguiente empobrecimiento de nuestra experiencia y la disminución de nuestra capacidad mental.

LA TEORÍA DE LA PERSONALIDAD

La personalidad es la suma de las actividades factibles de descubrir mediante la observación de la conducta suficientemente larga como para que pueda suministrarnos una información segura. En otros términos, la personalidad no es sino el producto final de nuestros sistemas de hábitos.

Todos los individuos comienzan su vida en condiciones iguales (suposición conductista). Pero pronto surgen las diferencias entre ellos debido a los diversos ambientes en que viven, los cuales provocan distintas reacciones que influyen decisivamente en la constitución de la personalidad. Por lo tanto, el acontecer concreto del individuo determina el contenido de su personalidad.

La personalidad deja de ser la expresión de un principio interior para reducirse a ser mera función de las condiciones del ambiente, al conjunto más o menos integrado de los hábitos del individuo. Nunca pierde dependencia del ambiente y se gesta en función a él.

El conductismo suprime la concepción sustancialista de la persona, según la cual ésta sería una entidad ontológica que se mantiene fija a través de la vida del sujeto. La personalidad es un corte transversal que varía naturalmente al mismo ritmo que el de las pautas de conducta. De todas maneras, el cambio de la personalidad no se da con tanta velocidad, ya que hay una resistencia del hábito a desaparecer.

La personalidad se clasifica según un criterio de “sistemas dominantes”, ya sea en el campo manual, laríngeo o visceral. A su vez, el conductismo distingue “debilidades” de la personalidad y enfermedades mentales.

Dentro de las debilidades podemos encontrar:

Inferioridades: sistemas organizados de conducta que encubren la inferioridad y proporcionan una compensación al individuo. Tienen su origen en condicionamientos en la infancia.

Susceptibilidad de adulación: sistema de hábitos que domina sobre los demás.

Lucha por imperar sobre los demás: sistema de hábitos que se organiza en el niño para compensar su real inferioridad.

Residuos del patrimonio infantil: sistema de hábitos que el adulto debió superar de niño y no lo hizo.

LA PSICOLOLOGIA COMO FILOSOFÍA

La filosofía es la madre de todas las ciencias, siendo la psicología parte de ella. Su significado literal es psyché-logos ("estudio del alma"), aunque hoy en día está muy lejos de serlo. Una rama de la filosofía es la filosofía de la ciencia, que, desde la división hecha por Ferrier en el siglo XIX entre ontología y epistemología, se encarga del análisis del conocimiento científicamente obtenido. Cada ciencia genera su propia epistemología o filosofía especial, con base en las características de su que hacer intrínseco.

En el caso de la psicología, según Jacob Robert Kantor, han habido tres etapas de desarrollo de sus contenidos epistemológicos: una primera ocupándose de entidades espaciales, como el alma; una segunda en términos de orden organocéntrico-mecanicista, como las variantes estímulo-respuesta y de procesamiento de información; y una tercera, en que se abordan las interacciones complejas entre el individuo y su ambiente. Se ha llegado, pues, aparentemente, a un estudio sistémico del objeto de conocimiento. No obstante, no todas las corrientes de la psicología en vigencia practican ese enfoque sistémico de manera uniforme, debido a que parten de diferentes opciones epistemológicas en pleno debate.

OPCIONES EPISTEMOLOGICAS EN PSICOLOGIA

Una cuestión importante en el problema de la controversia pre paradigmática de la psicología es la falta de un marco epistemológico compartido. Según Guba, existen al menos cuatro grandes propuestas:


El positivismo clásico, bajo supuestos de la existencia de una realidad tangible y objetiva, con causalidad lineal, que se puede fraccionar en partes sin perder sustancia (reduccionismo). Sólo sería válido el método de investigación empírico-experimental, donde las instancias del observador y lo observado son independientes. Esta epistemología es típica de los primeros conductismos basados en el modelo estímulo-respuesta, a veces incorrectamente identificados con el conductismo de Burrhus Frederic Skinner.

El pos positivismo actual —heredero de la tradición positivista pero sin las mismas insuficiencias que su antecesora— revalúa los conceptos de realismo, objetividad e investigación, flexibilizándolos. La realidad no es absoluta sino socialmente construida, el logro de la objetividad es progresivo a través de sucesivos contactos con los hechos estudiados, y existen modos de conocimiento no estrictamente experimentales. Aquí se ubican los conductismos modernos, como el interconductismo, el conductismo psicológico y la teoría de marcos relacionales.

El realismo crítico, basado en supuestos ideológicos y axiológicos. La ideología y los valores subjetivos del observador influyen decisivamente en la descripción y comprensión de la realidad. El logro del conocimiento es progresivo, mediante procedimientos de aclaración sucesiva («concientización»). La psicología dialéctica y la psicología social de la liberación adoptan esta postura.

El constructivismo, para el cual no hay una realidad única sino múltiple. En este sentido es una construcción mental de cada individuo, surgida de su hermenéutica personal acerca de aquello que le ocurre (subjetivismo). El sujeto y su objeto de conocimiento constituyen una unidad, así que la búsqueda de la verdad surge de un proceso de contrastación de las diversas construcciones. Los enfoques cognitivos de tipo radical o moderado, y en menor medida también las psicologías dinámica y humanista, caen bajo esta epistemología.

La filosofía es una teoría general más abstracta que existe en el saber humano. La filosofía es extraordinariamente compleja ya que pretende abordar, desde un punto de vista racional, cualquier problema de índole humano. Partiendo de estas bases la filosofía supera a la ciencia, aunque debe de estudiar los problemas utilizando el método científico y aplicar diversas ciencias para resolver los problemas epistemológicos. La psicología es una ciencia que intenta explicar el comportamiento humano y la relación de este con la estimulación que recibe del medio como del propio sujeto. La psicología también aspira al conocimiento como las personas reciben en interpretan la información que les llega por los sentidos. Las relaciones que existen, desde el nacimiento de la psicología, entre la filosofía y la psicología son de interdependencia.

La filosofía, dado que su fin es la resolución de problemas que se producen en la realidad, también bebe de la psicología porque en determinada ocasiones utiliza las teorías psicológicas para resolver los problemas que se le plantean. Al mismo tiempo también se produce la relación inversa en la cual la psicología tiene una alta dependencia de la filosofía.

La Psicología depende de la filosofía por las siguientes razones: la primera es que la filosofía presta a la psicología una visión general de ser humano que es la base de la que parte la psicología para la creación de sus teorías. Ya que, como se ha explicado antes, la filosofía se encarga de resolver los problemas que se producen en la realidad, la filosofía, en determinadas ocasiones, utiliza la metodología científica de la psicología para lograr sus objetivos.


PREGUNTAS DE EVALUACIÓN


  1. Explique que es la psicología y porque es una ciencia muy importante.

  2. Analiza la relación que existe entre la filosofía y la psicología y las diferencias.

  3. Describir las opciones epistemológicas de la psicología

  4. Explicar los aspectos más relevantes del conductismo y la importancia dentro del campo de la psicología.

ELABORE UN ORGANIZADOR DE RESUMEN EN FORMA INDIVIDUAL Y PRESENTAR LA PRÓXIMA CLASE.






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