Unidad V trastornos en Etapa Puberal: Síndrome Puberal Fallas identificatorias Relación de objeto y desviaciones Ruptura y actuaciones Dolto, F



Descargar 213.29 Kb.
Página1/5
Fecha de conversión05.09.2018
Tamaño213.29 Kb.
Vistas112
Descargas0
  1   2   3   4   5

Unidad V
Trastornos en Etapa Puberal:

Síndrome Puberal

Fallas identificatorias

Relación de objeto y desviaciones

Ruptura y actuaciones

Dolto, F.

  • "Evolución de los instintos" (Etapa Genital)

Freud, S.

  • Tercer ensayo "La metamorfosis de la pubertad".

García Arzeno

  • “Síntesis de los rasgos típicos del síndrome de la niña púber”

Fernández Moujan,

  • “Rasgos de carácter en pubertad y mediana adolescencia”


DOLTO, F “Pediatría y Psicoanálisis”
SIGLO VEINTIUNO EDITORES S. A. 1996 – Madrid – 16o Edición
Etapa genital
Así, pues, según que la evolución anterior ala fase de latencia haya sido sana o no o que los sentimientos de inferioridad hayan obstaculizado el alba de la pubertad, la liquidación de un núcleo conflictivo residual o hecho regresar a la libido del sujeto a estadios anteriores- a la etapa fálica, se asistirá a la eclosión de una sexualidad normal o perversa o a una neurosis más o menos pronunciada.

La masturbación (terciaria) se acompaña ahora de fantasías que se dirigirán ahora hacia objetos escogidos' fuera de la familia, a menudo nimbados de un valor excepcional que los hace todavía prudencialmente inaccesibles y suscita un progreso cultural en el trabajo.

Con la aparición de la eyaculación en el muchacho y la del flujo menstrual y el desarrollo de los pechos en la niña, la pubertad aportará los elementos que faltan para la comprensión del papel recíproco del hombre y de la mujer en la concepción.

Les queda todavía la tarea de aprender a centrar su ternura y sus emociones sexuales en un mismo ser, como en los tiempos de su infancia olvidada, y después la de detener su elección después de haber desmitificado sus elecciones sucesivas y la de fijada para la seguridad vital de los hijos que nacerán eventualmente de un encuentro concertado, interhumano, corporal, emocional y genitalmente logrado.

Y si el niño, objeto de la catexis libidinal de este período final del desarrollo, no llega a ello, su sustituto afectivo será la obra social común, porque la fecundidad es la característica de la realización en este estadio. (1)

La inteligencia. Aun cuando a menudo haya estrechas relaciones y una correspondencia manifiesta entre el desarrollo afectivo y el nivel mental, la experiencia nos enseña que no siempre es así, A fortiori, la apreciación numérica de un "nivel mental" no permite en manera alguna deducir que estemos ante un medio de aprehender o de juzgar "la inteligencia".

Nos parece que las predisposiciones a la posibilidad de sublimaciones intelectuales (que es en lo que justamente consiste el trabajo escolar e intelectual en general) dependen de elementos preformados, constitucionales, poniendo aparte todas las reacciones afectivas inhibidoras. Pero estas posibilidades de sublimación intelectual para ser utilizadas deben implicar un máximum de adaptación corporal y emocional que permita y respete la expansión del sujeto, individuo relativamente autónomo, lugar de integración de las leyes de su propia cohesión libidinal y de las que aseguran la cohesión de la sociedad.

Cuando una neurosis se acompaña de un nivel mental inferior a lo normal, este hecho puede deberse sea a una debilidad intelectual verdadera, sea a una inhibición brutal del derecho a la libido oral, anal, uretral o fálica, en la época en que el hedonismo de estas zonas era la meta electiva de la actividad.

El interés intelectual se despierta, en efecto, en estos estadios sucesivos, por adhesión afectiva a sustitutos del objeto sexual a medida que se van presentando frustraciones (orales, anales, uretrales) impuestas por el educador y el mundo exterior. El interés intelectual que deriva de la

pulsión libidinal demanda que el sujeto tolere esta pulsión por lo menos el tiempo necesario para la formación de los intereses sustitutivos y hasta que estos intereses aporten por ellos mismos satisfacciones afectivas, además de la estima de los adultos. Sólo entonces el interés sexual correspondiente podrá acabar de extinguirse por sí mismo, mediante una represión sin peligro; se ha adquirido con ello la posibilidad de sublimación.

La hipertrofia de la "inteligencia" en relación al resto de la actividad psicofisiológica de un sujeto nos parece que merece el nombre de “síntoma neurótico", es decir, de reacción a la angustia, al sufrimiento. La inteligencia, débil, normal o superior, puede existir tanto en el neurótico como en el sujeto afectivamente sano; pero, dadas unas posibilidades originalmente iguales de sublimación, el sujeto sano dispone, en relación con el neurótico, de facultades intelectuales mejor adaptadas a la realidad y más fecundas. Sus intereses son más numerosos, sin ser incoherentes, y apuntan a resultados de eficacia objetiva para su medio social, al mismo tiempo que a su propia satisfacción y a su enriquecimiento personal.

En tales sujetos la etapa fálica y la fase de latencia, así como el comienzo de la fase genital en la pubertad, se caracterizan por el interés afectivo, la adhesión espontánea y sucesiva a todas las actividades de las que puedan (en su medio) tener noción.

Con la madurez de la sexualidad genital el individuo sacrificará entonces deliberadamente (y no reprimirá) aquellos intereses netamente incompatibles con la línea de vida que ha preferido. Y esto, por lo demás, sin amargura residual alguna frente a los objetos a los que ha renunciado y que verá elegidos por otros sin angustia.

Lo que acabamos de decir de la expansión de la inteligencia no es, por otra parte, más que una aplicación particular de la consumación feliz del desarrollo libidinal genital caracterizado por la "vocación", por el compromiso, la opción deliberada que, cuando es entera hasta en el inconsciente, se acompaña de una expansión psicofisiológica y de fijación libidinal en el modo llamado oblativo al objeto de amor, a la obra, al niño.

El pensamiento en la etapa genital. Hemos visto cómo, al comienzo de la situación edípica, el pensamiento participaba todavía del modo anal captativo triunfante o expulsivo triunfante, coloreado de ambición. Sólo con la liquidación del complejo de Edipo puede el pensamiento ponerse al servicio de la sexualidad llamada oblativa) es decir, la que rebasa la búsqueda de satisfacciones narcisistas, sin negadas por otra parte.

En el estadio genital el pensamiento se caracteriza por el buen sentido, la prudencia y la objetividad de la observación. Es el pensamiento racional.

La objetividad hacia la cual tenderá el individuo será la de apreciar toda cosa, todo afecto, todo ser y a sí mismo, en su justo valor, es decir, por su valor intrínseco, sin perder de vista el valor relativo en relación con los otros seres. El sujeto no se aproximará al máximo de esta objetividad total a menos que, por una parte, haya liquidado en sí los conflictos neuróticos y, por la otra, no haya conservado en su inconsciente, núcleos de fijación arcaica.

El pensamiento objetivo total, consciente, patrimonio del estadio genital acabado, parece por lo demás incompatible con la introspección, tanto, aunque por otras razones, como el pensamiento narcisista del estadio oral, que era preconsciente e incapaz de objetivación. El estadio genital oblativo se caracteriza por la fijación libidinal al objeto, heterosexual, para una vida en pareja, fecunda, y para la protección del hijo (o de su sustituto).

Esta fijación sexual genital puede, en el adulto maduro, ir hasta el abandono total, sincero, es decir, hasta el inconsciente, de los instintos de su propia conservación, para asegurar la protección, la conservación y la libre expansión de la vida física y psíquica (afectiva e intelectual) del hijo, del fruto. Es una fijación oblativa a un objeto exterior al sujeto mismo, cuya supervivencia y logro le importan más que los suyos propios. (2)

Con un modo de pensar total y constantemente al servicio de la libido genital ya no puede uno tratar de concebir "se”.

Para poder formular tal pensamiento, es preciso un mínimum de interés por sí mismo (autoerótico) intricado al interés objetal oblativo; no es, por consiguiente, una motivación del estadio genital. Las tentativas de reflexión sobre este pensamiento rayan con lo inefable y salen del dominio del pensamiento racional humano. La introspección depende, pues, siempre, aun en el estadio genital, de un modo de pensar de modalidad anal y nunca es racional ni objetiva.

El modo de pensar totalmente oblativo es incontrolable para el sujeto, y esto es quizá lo que acompaña a la conmoción total psicofisiológica del orgasmo genital en el coito con una pareja sexual "amada", en el adulto que ha llegado, en el doble plano, consciente e inconscientemente, al estadio genital oblativo. Pero lo propio del orgasmo sexual es precisamente expresar lo inexpresable y aportar consigo emociones impensables, no controlables e incomunicables.

El modo genital oblativo del pensamiento puede todavía sufrir regresiones, una vez que ha sido alcanzado, y los fracasos o errores en la elección del otro o las pruebas que sobrevienen a un niño o a la obra creadoramente concebidos pueden inducir, por la angustia de castración siempre asociada desde la edad edípica al valor narcisista ético del individuo, una regresión neurótica. Pueden reaparecer modos de pensar y de reaccionar de los estadios anteriores. Son los casos de neurosis traumáticas, cuyos síntomas traducen la derelicción objetal, que implica la pérdida del gusto por vivir, la recaída en la situación emocional edípica crítica, transferida a objetos a los que siente homólogos.

Pero hasta la vejez, las pulsiones estructuradas por el Edipo encuentran su ordenamiento creador en la lucha, experimentada una y otra vez conflictivamente, articulada al Edipo. Con arreglo al mismo modelo existencial que esta crisis resolutoria humana, las pulsiones libidinales y las pulsiones de muerte se confrontarán por medio de huellas, que siguen siendo estructurantes, del complejo de castración. Así como el dormir y sus sueños de deseo satisfecho sostienen, por el ritmo necesario del reposo, la vitalidad consciente de un tercio de la vida humana, del mismo modo, en el caso de una prueba más severa en la vida genital, experimentada en la realidad, la regresión a la enfermedad servirá de compensación narcisista. La libido genital, en cuyas realizaciones creadoras el fracaso ha hecho menoscabo, encuentra ahí un sustituto castrador que hace las veces de padre, el dolor que lo orienta hacia un nuevo lanzamiento dinámico de su persona, re confirmada en su destino, sin amargura residual como en los tiempos del complejo de Edipo.

La alegría creadora signa el redescubrimiento de la libido genital nuevamente creadora.
NOTAS
1. Dejaremos fuera del marco de este estudio el caso del celibato por vocación, común a tantas reglas religiosas y que, en sus modalidades humanamente logradas, puede expresarse en lenguaje psicoanalítico como un éxito del sujeto en la simbolización de su persona y de su fecundidad libidinal

2. Oblativo no debe entenderse como ideal virtuoso, sino como una manera de amar al otro, el ser amado, la obra o el hijo, con un amor instintivo, protector, igual y a menudo superior en intensidad libidinal al instinto de conservación de sí. Es el desplazamiento adulto del narcisismo a la descendencia.



EL SINDROME DE LA NIÑA PUBER M. E. GARCÍA ARZENO

CAPÍTULO II

SINTESIS DE LOS RASGOS TIPICOS DEL SINDROME DE LA NIÑA PUBER
Se trata de la hija mayor de un grupo familiar, que llega a la edad de la pubertad. Debemos ubicarnos unos meses antes de la aparición de la menarca. Sabemos que ésta coincide aproximadamente con la edad en que la madre tuvo la suya. El hecho de que sea con la mayor con quien se note mas claramente este proceso, parece obedecer a que la niña no tiene la imagen de otra hermana a quien le haya ocurrido lo mismo y con quien identificarse, ya que, por otro lado, es la primera vez que la situación se le plantea a la mama, por la cual ésta, a su vez, se siente coaccionada a revivir su propia menarca.
La sumatoria de todas estas circunstancias hace que para la niña, la situación sea más problemática que para las otras hijas mujeres que pudiera haber en la familia, dado que a su turno, ya habrán oído hablar del hecho que se avecina y tendrán a la mamá mejor preparada para el acontecimiento.
Separación- individuación
Llegado este momento evolutivo se intensifican por un lado todas las ansiedades que se han dado en la fase separación-individuación respecto de la mama tal como lo ha descrito M. Mahler (14) en el momento inicial de la vida cuando el niño aprende a caminar, a separarse de la mamá, y tienen que tolerar ambos las ansiedades concomitantes. Es una regresión al servicio del desarrollo "como las que describe Peter Blos (1a y 1b).

Se reactiva en este momento, en la niña, el miedo a la separación y necesita reconfirmar constantemente a constancia objetal de la madre. Necesita que la madre se mantenga comprensiva a pesar de las contradicciones que la niña plantea. Es "pegote" de la mamá y al mismo tiempo se la ve malhumorada, rezongona. Le pide un consejo y luego lo rechaza. Necesita reafirmar su identidad tomando a la mamá como modelo, pero tampoco quiere utilizarla como tal.

Muchas veces acaba haciendo exactamente lo que la mamá hace, sin aceptarlo verbalmente. Por eso su estado de animo es de desasosiego; el desconcierto incrementa los temores, su humor es depresivo y el control de la ansiedad precario.

Vemos entonces que se reavivan las ansiedades típicas del momento de separación- individuación. En este sentido, es un segundo momento en el que ese problema se agudiza.

Margaret Mahler ha descrito detalladamente el proceso que se da en la primera infancia y que recrudece en la pubertad: la simbiosis mamá-bebé y el proceso de separación-individuación.

Estas niñas muestran un repentino apego exagerado a los padres, especialmente a la madre. En algunos casos extremos, las fobias sirven para justificarlo hasta el punto de pedir que la madre duerma con ella u ocupar el lugar del padre en la cama matrimonial. En un caso, por ejemplo, sucedió que la hija exigía dormir con la luz de su habitación encendida y las puertas de su cuarto y el de sus padres, abiertas. Por supuesto, cabe interpretar este hecho como una forma altamente eficaz de controlar las relaciones íntimas de los padres. Pero podemos pensar que en este momento evolutivo no es un capricho o un manejo o al menos no es eso solamente; también se trata de una regresión a la etapa de simbiosis con la madre. La niña tiene miedo y busca a su mamá como continente que tranquiliza. Tiene miedo de que papá le haga daño en sus relaciones sexuales que ya no niega ni ignora. Tiene miedo de hacer le daño ella misma por el hecho de transformarse en mujer y porque deberá desprenderse de ella a muy corto plazo, para poder continuar su desarrollo. Todo esto está implícito en esa conducta regresiva y controladora. El papel del padre, en un caso así, es tan importante como el de la madre. La mamá se ve ante una disyuntiva difícil de solucionar. El papá resulta ser el tercero excluido, y si tolera y fomenta esa situación el desarrollo de la niña se detendrá en este punto, pues ella ha pasado a ocupar un lugar que sin duda él no ocupaba junto a su mujer. Si no lo tolera en absoluto, se resiente tanto las relaciones de ambos miembros de la pareja como la de ellos con la hija.
Es importante tomar en cuenta todos los detalles de lo que sucede en este momento, ya que podemos aventurar la hipótesis de que se repite lo que sucedió en la primera edición de este conflicto, es decir, cómo se dio la simbiosis madre-hija, y cómo y de qué manera se incluyó el padre para romperla.

Dice M. Mahler:

Denominamos al nacimiento psicológico del individuo proceso de separación-Individuación: El establecimiento de un sentimiento de separación respecto de un mundo de la realidad y de una relación con él, particularmente con respecto a las experiencias del propio cuerpo y al principal representante del mundo tal como el infante lo experimenta, el objeto primario de amor. Este proceso, como cualquier otro proceso intrapsíquico, se manifiesta a todo lo largo del ciclo vital. Nunca termina; sigue siempre en actividad; en nuevas fases del ciclo vital observamos cómo actúan aun nuevos derivados de los procesos más primitivos. Pero los principales logros psicológicos de este proceso ocurren en el período que va del cuarto o quinto mes a los 30 o 36 meses, lapso que denominamos fase de Separación-individuación. El proceso normal de separación-individuación, que sigue a un período simbiótico evolutivamente normal, incluye el logro por parte del niño de un funcionamiento separado en presencia de la madre y con la disponibilidad emocional de ésta...
Continúa Mahler:

En cualquiera y en todas las etapas de la vida puede reactivarse (o permanecer periférica o, incluso, centralmente activo) un viejo sentimiento parcialmente irresuelto de identidad o de los limites corporales...
Esta reactivación debe suponer se mas aguda en la niña que en el varón, puesto que siendo mujer debe volver a la madre como modelo de identificación.

Deberíamos señalar, un nuevo modelo de identificación.
Utilizando la perspectiva lacaniana podríamos decir que la niña no se reconoce en la madre; nuevamente debe renunciar a ser el objeto de su deseo y, si el proceso es normal, reconocer que el padre es el objeto de deseo de la madre, Ella no se reconoce a si misma. La madre no la reconoce. Ambas deben adaptarse a una nueva imagen.

Como dijimos, el conflicto al comienzo del desarrollo psicológico puberal está muy centrado en la relación con los padres (no aun con los hombres) y estalla cuando se percibe el propio desarrollo sexual inminente, lo que enfrenta a la niña con la imagen de los padres sexuados. Si en este momento evolutivo acaece la separación prolongada, muerte, enfermedad o crisis depresiva de la madre, la crisis puberal de la hija será lógicamente más severa y se extenderá mucho mas de lo que dura ese momento normalmente. Entonces puede haber detenciones del desarrollo, regresiones y conflictos con la femineidad, la elección de pareja y la fertilidad.

El proceso normal puede alterarse, por ejemplo, porque la niña no renuncia al vínculo con la madre, porque la madre es posesiva y no se lo facilita o el padre lo fomenta con su ausencia, o bien la madre es inmadura y entra en crisis depresivas, paranoides, o confusionales cada vez que la niña hace sus intentos de crecimiento. El padre es una figura temida y por lo tanto no dirige sus deseos hacia él, porque es "malo" (por proyección de sus temores), dejando a un lado la posibilidad de que en la realidad pueda serlo (esto agravaría aun más los problemas).


Algunos desenlaces pueden ser:
1) La elección homosexual, o sea la no sublimación ni renuncia al vínculo posesivo-tiránico de la madre. Esto presupone la regresión al parasitismo del objeto (relación de objeto narcisística) a lo que se agrega la satisfacción sexual perversa (15)


2) La persistencia del vínculo idealizado con la madre, en un nivel muy infantil, muy regresivo, siendo posiblemente en el futuro, la hija que quedo soltera para cuidar a los padres, específicamente a la madre, y no por causas reales que lo justifiquen. Aquí persiste el vínculo oral receptivo-pasivo con abstinencia sexual y con renuncia a la sexualidad femenina adulta.

3) La aparente salida hacia un vínculo heterosexual con un muchacho que posea características claramente maternales. Alternativamente serán madre e hijo. A menudo esta situación provoca dificultades en las relaciones sexuales y es obstáculo para tener bebes, en tanto no está realmente creado el espacio para el tercero. Si es así, el hijo conscientemente deseado se rechaza inconscientemente, porque es el representante del padre que amenaza con romper el vínculo idealizado con su mamá. Estimo que ésta es una de las razones que explica los celos que pueden llegar a sentir tanto uno como otro integrante de una pareja y que, según su intensidad, pueden determinar una esterilidad primaria. Me atrevería a afirmar aun sin una base empírica suficiente por el momento, que estas mamás pueden llegar a tener un buen embarazo, símbolo de una unión simbiótica con su madre, O sea que mientras puedan identificarse con el bebé, sobrellevan bien la gestación, Pero el momento del parto puede ser conflictivo porque el partero es el representante del padre que corta el cordón umbilical destruyendo esa unión idealizada. Entonces es probable que la depresión posparto de la madre sea seria, que preste poca o ninguna atención al bebé, que sienta rechazo hacia él. Los casos más graves podrían desembocar en una psicosis puerperal: el embarazo no ha sido vivido “como si” fuera una unión con la madre, sino que lo ha sido concretamente, realmente, para la paciente, y la confrontación con la realidad se torna catastrófica y desestructurante. Esto es más serio aun si pensamos que estas depresiones graves en las que la mamá no presta ninguna atención afectiva a su bebé, son causa de un cuadro autista futuro en el hijo.

Decimos entonces que el deseo sexual que recrudece es peligroso si se lo satisface, pero además, la no satisfacción se transforma en angustia que incrementa la agresión. Ello explica el estado de



confusión interna que aflora en conductas desconcertantes y al mismo tiempo inexplicables. La madre sexuada es la rival peligrosa. La niña en este momento necesita sentir nuevamente a la mamá como madre nutricia, pero le resulta muy difícil disociar ambos aspectos y se incrementa su angustia. En algunos casos, el volver a la madre nutricia va a constituir un hecho. Algunas niñas van a disociar, merced a defensas obsesivas, ambas imágenes y quedarán fijadas a una etapa oral receptiva en un vínculo idealizado con una madre permanente y exclusivamente nutricia. En los varones puede darse también, y es causa de futuros trastornos en su relación con las mujeres porque no pueden integrar la mujer maternal, madre de sus hijos, con la mujer amante sexualmente deseada. En las niñas, la fijación permanente a la madre nutricia puede advertirse como simultánea a una tendencia a la obesidad, a veces diagnosticada como obesidad incurable. Otras veces va acompañada por fobias graves que prácticamente le imposibilitan desenvolverse en el mundo externo con una mínima seguridad e independencia; en otros casos pueden aparecer somatizaciones graves y hasta mortales. En una oportunidad pude analizar la situación de una paciente en breve tiempo por la gravedad de su caso. Se trataba de una niña de aproximadamente 11 años que aún no había tenido su menarca. Recibí el pedido de consulta en carácter de urgente. La madre, en una entrevista a solas, relató que le habían practicado una histerectomía por padecer de cáncer. Lo planteó como totalmente superado y agregó que el esposo “tiene constantes aventuras con otras mujeres", faltaba mucho del hogar y no se llevaban nada bien. Dijo que todo esto no le afectaba porque ella practicaba yoga. La niña hacía al padre las escenas que debía hacerle la mamá, reprochándole sus aventuras y su ausencia. Comenzó a resistirse totalmente a ingerir alimentos y llegó a hacer un cuadro de anorexia nerviosa grave. Era tan dramático que sus fuerzas ya no le alcanzaban para abrir la puerta del edificio cuando llegaba a las entrevistas. Después de unas pocas entrevistas para indagar la problemática subyacente, debió ser internada por decisión del clínico y del psiquiatra infantil que la atendían, quienes optaron por someterla a una cura de sueño con administración de suero para sacarla de la situación orgánica- mente crítica. Esta niña había hecho una identificación introyectiva total o masiva con la madre, y somatizaba la sintomatología cancerosa como si fuese a morir ella, en lugar de su madre.


Compartir con tus amigos:
  1   2   3   4   5


La base de datos está protegida por derechos de autor ©psicolog.org 2019
enviar mensaje

enter | registro
    Página principal


subir archivos