Unidad el estudio 1 ¿QUÉ significa estudiar


CONDICIONES PARA EL ESTUDIO



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1.4. CONDICIONES PARA EL ESTUDIO.

1.4.1. CONDICIONES FÍSICAS.


  1. Ubicación:

El sitio que destinemos para realizar nuestras activi­dades de estudio, debe ser seleccionado cuidadosa­mente, considerando cada una de las alternativas posibles, priorizando un lugar de la casa donde no llegan los ruidos externos como los de la televisión, radio u otros que puedan distraernos.

No buscaremos mucha comodidad, porque eso sig­nificaría que nos darán más deseos de descansar que de estudiar.



  1. Luz:

Se necesita una buena iluminación para leer; la luz-natural es la más mejor. Por lo general, debido a horarios de clases, a veces disponemos solamente de un horario nocturno para estudiar. Procuraremos que el lugar escogido esté convenientemente iluminado, con una luz que no esté dirigida hacia nosotros, sino al texto. Una lám­para de cualquier tipo será suficiente; si no contamos con una luz adecuada, nuestra capacidad visual se puede ver reducida, con el tiempo.

  1. Temperatura:

Es importante escoger un lugar con una temperatura agradable durante todo el año. Esto quiere decir que no varíe mucho entre el verano e invier­no. Sabemos que cuando hace mucho calor nos sen­timos incómodos, incapaces de concentrarnos. Un excesivo frío también impedirá que estemos relaja­dos.

Se considera que la temperatura ideal para el ambiente de estudio oscila entre los 15 y 21 grados centígrados; aunque no se la pueda conseguir exacta­mente, procuraremos acercarnos a estos parámetros.



  1. Ventilación:

Es común que al estar encerrados en un lugar pequeño, éste se contamine con olores, que pueden provenir de comidas, cigarrillo, coca, etc. Este ambiente pesado es rechazado por el organismo, y comenzamos a sentirnos mal. Para resolver esta difi­cultad, bastará con ventilar el sitio cuando no este­mos estudiando. Si se trata de una habitación que carece de ventanas, mantendremos la puerta abierta el mayor tiempo posible. Es muy importante para nuestra salud y concentración trabajar en un am­biente sano.

  1. El mobiliario:

No es necesario que sea lujoso, ni especial, debe ser suficiente: una mesa, una silla (o más, si se trabaja de a dos o en grupo) y un estante, (que puede ser incluso construido con tablones), donde podamos colocar toda la bibliografía que tenemos, con respec­to a los temas de estudio y la que vayamos adquiriendo a lo largo de la carrera. Esto facilita el orde­namiento correcto, para tenerla a mano y poder consultarla cuando sea preciso. De igual manera servirá para organizar cuadernos, notas o citas.

Requerimos un asiento cómodo, no tan mullido como para que nos incite más al sueño que al estu­dio.

La mesa, de un tamaño adecuado, nos permitirá colocar los textos que se consulten en el momento, los de apoyo y algún refrigerio.

Estos criterios, al parecer intrascendentes, pueden resultar de utilidad al momento de preparar nuestro lugar de estudio.



  1. Orden y Limpieza.

Es cierto que en una mesa de estudio, por lo general reina el desorden papeles por un lado, libros por el otro y esto resulta inevitable a la hora de trabajar. Pero, en la medida de lo posible, procu­raremos mantener un orden en los textos, documen­tos y notas que facilite su ubicación inmediata, impi­diendo las pérdidas de tiempo innecesario.

Igualmente imprescindible resulta la limpieza. No nos acostumbremos a estudiar en un lugar donde nunca se barre ni se pasa un plumero. Así como se conta­mina el aire por el humo y los olores, también lo hacen el polvo y la suciedad.

Hay zonas donde no existe pavimento, un simple viento empolva todo en un momento. Nos acostum­braremos entonces a que antes de empezar a estu­diar, limpiaremos el lugar para que no haya papeles en el suelo ni restos de comida, de tal manera que este ambiente propicie nuestro aprendizaje.

1.4.2. MEDIO AMBIENTE PERSONAL PARA EL ESTUDIO


No sólo el ambiente exterior debe ser adecuado para nuestra tarea educativa, sino también requerimos de condiciones internas que faciliten este proceso. Algunos compañeros trabajan todo el día, a veces debe robar horas al sueño para poder estudiar, por eso es nece­sario señalar estos aspectos:

  1. Sueño:

Una persona normalmente debe dormir ocho horas diarias para poder descansar adecuadamente y recuperar energías. Suele suceder que, cuando no planificamos convenientemente nuestro tiempo, en víspera de los exámenes queremos aprender todo y nos pasamos la noche en vela, tratando de recu­perar las horas perdidas.

Pero de esta manera no aprendemos, ya que en el momento de la prueba se producen "lagunas men­tales", además nos ponemos nerviosos, irritables y estresados. Para evitar este inconveniente tan común, debemos tener un descanso suficientemente reparador de manera que cuando empecemos a estudiar, nuestra mente esté lúcida.

Si contamos con poco tiempo, es preferible realizar tareas intelectuales después de un sueño renovador y no en la noche, como lo hacen muchos, pues al finalizar una jornada de trabajo y esfuerzo, nuestra mente no captará nada.

Es necesario reponer energías a fin de que nuestro estudio sea productivo. Una mente cansada no aprende. Si nos acostumbramos a levantarnos todos los días una hora antes, será suficiente para que leamos los textos, los comprendamos y posteriormente los aprendamos. Cuando debamos examinarnos no necesitaremos ya esforzarnos tanto, y nuestro rendimiento será mucho mayor.



  1. Descanso:

Lo mismo que ocurre con el sueño, sucede con el descanso. Si no hacemos un alto en la tarea diaria y nos tomamos unos minutos para reponer energías, difícilmente estamos en condiciones intelectuales adecuadas para poder obtener un buen rendimiento.

También se recomienda elegir las horas de la mañana para estudiar. De no ser así, darse un tiem­pito aunque sean unos minutos, para liberar la mente de toda la preocupación, relajar el cuerpo y recobrar las energías necesarias.



  1. Recreo:

En épocas de estudio, debemos también programar actividades de descanso, como el recreo. A veces sucede que los temas que estamos tratando son complicados y difíciles, por lo que cuesta entender­los. Nuestra mente se agota y nos sentimos "blo­queados". La única manera de seguir adelante es distrayéndonos, dejando por un momento el lugar de estudio.

De todas maneras, por cada hora de estudio es recomendable descansar 10 minutos. Por regla general, si nos sentimos cansados, con nuestra mente obnubilada, tomemos unos minutos de reposo, bebamos un té, o un vaso de agua, o lo que nos guste y recién sigamos adelante.

También debemos planificar actividades recreativas más duraderas. Por ejemplo, un periodo de vaca­ciones, la práctica de algún deporte, paseos, cami­natas, etc. Estos momentos agradables pueden ser compartidos con amistades y/o familiares.


  1. Salud corporal:

Para rendir al máximo en todas las tareas que desarrollamos, debemos sentirnos física y psíquica­mente bien, para ello es preciso:

  • Alimentación adecuada. Cuidaremos nuestra ali­mentación, para que sea balanceada, y podamos contrarrestar el desgaste de calorías, proteínas y vitaminas que acarrea el trabajo. Las insuficiencias nutricionales ocasionan problemas físicos, de den­tadura, trastornos en la digestión, fatigas, etc. que producen un desmejoramiento general.

  • Sedentarismo. Cuando las principales tareas son intelectuales, tendemos a estar mucho tiempo quietos, sentados. Por otra parte, la vida nos hace ser cada vez más cómodos. Todo ello nos lleva a una vida sedentaria, lo que trae como consecuen­cia dificultades circulatorias, obesidad y un malestar físico general. Es necesario conservar nuestro cuerpo joven y ágil.

  • Ejercicios físicos. Dentro de nuestra planificación diaria, se debe disponer de tiempo exclusivo para dedicarlo a la realización de ejercicios físicos. Puede tratarse de una simple caminata o de la práctica de nuestro deporte favorito, pero resulta muy importante cuidar nuestro cuerpo, al igual que a nuestra mente. Como dice la frase "mente sana en cuerpo sano". Si nos sentimos débiles, decaídos o enfermos, será imposible que tengamos un rendimiento apropiado en el estudio, e incluso, que podamos enfrentar estas nuevas tareas.

  1. Los excesos:

Son perjudiciales para la salud. Es muy común que cuando uno se sienta a estudiar, lo haga con un cigarrillo, un café, unas hojas de coca, etc. Pero cuando abusamos de alguno de ellos, podemos sen­tir nuestro organismo con afecciones, tales como tos, ronquera, acidez estomacal (que muchas veces deriva en gastritis), irritabilidad, insomnio o nerviosis­mo. Estos productos, no deben ser consumidos en exceso, pues terminaremos enfermándonos.

También es necesario señalar que el alcohol es el enemigo número uno del estudiante. Muchos jóvenes tienen el hábito de ingerir alcohol regular­mente, aunque sea sólo los fines de semana. Está demostrado que el alcohol permanece en nuestro cerebro 8 días, por lo tanto, aunque se beba una vez a la semana, este alcohol continúa destruyendo nuestras neuronas, que no se regeneran. En una borrachera se destruyen 6000000 de neuronas, las que no se regeneran jamás.

Por esta razón, se hace imprescindible abandonar el consumo del alcohol, si aspiramos a tener éxito en nuestros estudios. Sólo hace falta un poquito de voluntad. Todos podemos hacerlo y evitar la disminución de nuestra capacidad intelectual.


  1. Salud mental:

Si queremos conocer el grado de nuestra "salud mental", los psicólogos aconsejan observar el desarrollo que se tuvo en tres tipos de capacidades (Hernández Díaz, 1982):

  • Capacidad de enfrentarnos con los problemas cotidianos.

  • Capacidad de establecer y promover la vida social. Capacidad de disfrutar la existencia.

Cada día se desarrolla más la tendencia a con­siderar a las personas más inteligentes, como aque­llas que pueden enfrentar y resolver los problemas de la vida cotidiana. O sea que ya no se piensa en altos coeficientes intelectuales, sino en experiencias que cada uno de solucionar a diario.

Podemos afirmar entonces, que la salud mental se traduce en actitudes favorables y positivas hacia las demás personas y ante nosotros mismos, que nos permitan vivir de manera feliz y creativa.

Después de todo lo expuesto, debemos afirmar que estos aspectos, por más insignificantes que pazcan, deben ser tenidos en cuenta a la hora de disponemos a estudiar. De esta manera, la tarea emprendida resultará más grata y eficiente.



  1. Distribución del tiempo:

En primer lugar es conveniente realizar una lista con todas las actividades que se deben ejecutar diariamente. Después, podemos elaborar un cronograma, o un horario, en el que se determinen específicamente qué tipo de tareas llevamos a cabo cada día de la semana.

Una vez completadas estas tareas, recién podremos percibir con claridad de cuántas horas diarias o semanales disponemos para dedicarías al estudio. Es preferible considerar un horario fijo, ya sea en horas de la mañana o de la noche para dedicarlo al aprendizaje.

También tomaremos en cuenta las actividades de los demás miembros de la familia, por ejemplo, si com­partimos nuestro lugar de estudio con alguno de ellos, a fin de no perjudicarnos mutuamente.




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