Unidad 3 sabsay, L. Representaciones culturales de la diferencia sexual



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UNIDAD 3



SABSAY, L. REPRESENTACIONES CULTURALES DE LA DIFERENCIA SEXUAL.

Este texto se puede ubicar dentro de la psicología crítica. Habla de la representación cultural, de la diferencia sexual en Arg; y del tratamiento q se le da a esas diferencias. Critica q en la modernidad se le da una única identidad al sujeto (el niño, la mujer, los homosexuales, etc.) ya q esto oculta otras categorías q tienen q ver con el sujeto. El feminismo, al hablar de “la mujer” como una sola categoría, vuelve oscuras importantísimas diferencias entre las mujeres, como la clase social, la etnia, la edad, la nacionalidad; todas estas variables son dejadas de lado cuando se generaliza a los sujetos e iguala a las mujeres dentro del género como un actor subalterno, pero en este movimiento, reproduce al mismo tiempo la dominación de un tipo hegemónico de experiencia de las mujeres, a saber, las experiencias de la mujer blanca, de clase media, occidental. Para ella la identidad es relacional, no hay q encerrarse en una sola identidad. Dentro del universo de análisis de la multiculturalidad se desarrolló una visualización positiva de las diferencias, y un celebratorio recibimiento de las nuevas identidades sociales o culturales. Las premisas de esta celebración son q todas las identidades en juego son merecedoras de reconocimiento, y q la diferencia merece ser reivindicada como tal. Contrariamente a nociones anteriores, no se trataría ahora de valorar a los actores, a pesar de sus diferencias, ya q cuentan con un rasgo de homogeneidad universal como seres humanos y ciudadanos, sino q ahora se trata de valorar la existencia de la diferencia como una necesidad fundamental de autoafirmación en términos políticos. Y dentro del universo de análisis del antiesencialismo, tanto la identidad como la diferencia serian construcciones discursivas, y por tanto cristalizaciones del flujo de sentidos sociales q fijarían relaciones disimétricas, susceptibles entonces de ser desarticuladas a través de “estrategias deconstructivas”. Desde este punto de vista, todas las identidades, hegemónicas o subalternas, mayoritarias o minoritarias, serán conceptualizadas como inherentemente represivas, ya q todas ellas implican “una normativa” para los individuos q se identifiquen con el grupo q opera como soporte de esa posición; así, todas las diferencias serán analizadas como constitutivamente excluyentes. Estas dos versiones de la diferencia acentúan sólo uno de los aspectos de la no esencialidad de la identidad. La autora habla de la noción de identidad como una figura relacional- oposicional, y de la noción de diferencia como la marca de una posición no clausurada. Se trataría de una dialéctica donde la identidad nombrada (presente en el discurso) es el producto de la negociación de sus diferencias con las otras identidades (ausentes en el discurso) En efecto, hoy es de sentido común afirmar q no hay nada en los actores sociales en sí, y q al contrario, estos son el producto de sus relaciones diferenciales con otros acores sociales o grupos. Pero esta versión oposicional de la diferencia no es apropiada para el análisis crítico de las relaciones de poder y para la desconstrucción de las identidades en tanto q cristalizaciones normativas. El actor social está constituido por un ensamble de posiciones de sujeto q nunca pueden ser fijadas en un sistema cerrado de diferencias; el actor social está construido por una diversidad de discursos entre los q no hay una relación necesaria, sino un constante movimiento de sobredeterminación y desplazamiento, por lo q la identidad es siempre contingente y precaria, temporalmente fijada en la interacción de aquellas posiciones de sujeto, y en una relación de dependencia respecto de las específicas formas de identificación. Esto supone, además, la instancia de la “no clausura”, es decir, los sentidos sociales q se producen y circulan en, y entre los discursos, están, por definición, inherentemente abiertos. Entonces, la identidad subjetiva se daría como un momento constituyente, q debido a su dimensión temporal, estaría signada por la incompletud, y sujeta a una permanente reconstitución. La clausura q tal momento supone, sería el resultado de las permanentes negociaciones q posibilitan, y a la vez condicionan la fuerza o la eficacia de una pluralidad de construcciones contradictorias. Existe entonces, una doble articulación del concepto de identidad: como efecto diferencial, y como instancia no clausurada. La actual versión mediática de la intimidad erótica se caracteriza por su interés documental, no se trata ya de indicar un camino razonable (aunq el plano educador siempre está presente) sino más bien de conocer los modos de vida, los sentidos comunes, las formas de sentir de otros. Pero dicha celebración de las diferencias en los medios no se traduce necesariamente en una consecuencia política, en derechos para esas personas diferentes. Critica el concepto de tolerancia, ya q este implica q existe una norma hegemónica, e implica una mayoría, q por ser “buenos” aceptan y toleran a una minoría.
Dobles Oropeza. Liberación y Psicología. Memoria y Poder: algunas reflexiones.

Anécdota infantil: Teddy. Empatía de los poderosos que deciden sobre la vida y la muerte.

Ética de la Liberación (Dussell, 1998): articular la labor del profesional interesado en las necesidades concretas de la población para defender los recursos, la libertad y la autonomía de los individuos, y para conseguir que tengan todos, posibilidades de subjetivación. La propuesta es reflexionar junto a las víctimas sobre los sistemas de dominación, con el objeto de lograr transformaciones sistémicas, y de este modo alcanzar la construcción de comunidades críticas.

Compromiso crítico (Martín-Baró 1986): es un desafío el papel que deben adoptar los psicólogos sociales para ser capaz de reflexionar acerca de las necesidades que acechan a las víctimas de la sociedad, y tener la capacidad para discernir las debilidades e insuficiencias que se puedan manifestar en los proyectos populares. Su ética de la liberación es, ciertamente, adoptar la “perspectiva de las víctimas”.

Las sociedades, los sistemas pueden crear, como decía Marx, sus propios “sepulteros”, pero el abogar por las transformaciones construyendo alternativas dentro de los sistemas, crea situaciones sumamente paradójicas. (cita textual)

Víctimas: concepto aplicado a aquellas personas cuya vida es negada por el sistema.

Habrá que tener en cuenta que ser víctima también implica que no sólo puede llevar al sujeto a regodearse en esa situación, sino también obtener una ganancia secundaria en relación a su situación, es decir, un intento de sacar provecho de su condición de desvalido. Por ello es muy indispensable trabajar a la par con los sujetos en su lucha por sus reivindicaciones.

El trabajo sobre la represión y contra la impunidad

Trabajo realizado en sociedades que parecen “querer olvidar”

Nietzche: las sociedades pueden quizás decir que hay “verdades que prefieren no saber”. El problema aquí es que lo que se niega vuelve de alguna manera, y se cobra más víctimas.


HERNANDEZ. Participación, ámbitos, retos y perspectivas

La comunidad como ámbito de participación. Un espacio para el desarrollo local.

Lo local como espacio de transformación social.

El desarrollo local se plantea como un proceso de transformación de la sociedad, apunta a q los actores locales se conviertan en fuerza capaz de exigir, construir y conquistar la satisfacción de sus necesidades. La acción social plantea 5 retos claves:

1) reconocer la heterogeneidad de las comunidades y de los espacios locales, donde los sujetos dejan de ser vistos como marginales y se convierten en actores q interactúan;

2) reconocer la dinámica social q se da en la medida en q actores q desarrollan prácticas y estrategias conflictivas, en relación al uso de recursos, formas de gestión y de representación, negocian en función de metas q los benefician a todos;

3) impulsar proyectos q partan de las experiencias existentes y fortalezcan los procesos de organizaciones descentralizadas y autogestionarias;

4) asumir la descentralización de los planes nacionales, como esencial para lograr una coherencia de acuerdo a los recursos y necesidades de la comunidad local;

5) plantear el manejo y la movilización de los recursos municipales con la participación activa de organismos públicos y privados.

Responder al reto del desarrollo local desde esta perspectiva implica asumir el tjo comunitario en 2 niveles: local y global.

A nivel local responder a las necesidades, a través de proyectos concretos de carácter productivo y reivindicativo. Desarrollar planes q le den a los actores sociales, herramientas para elaborar, negociar y lograr la ejecución efectiva de sus proyectos. La acción social se realiza en el seno de las comunidades concretas e incorpora la participación de las personas e instituciones q habitan ese espacio, de manera q puedan asumirse como poder local, lo cual implica: ser fuerza de expresión, ser fuerza de proposición, y ser fuerza de presión y negociación.

A nivel global la prioridad es responder a políticas q den un marco legal y legitimen las iniciativas locales, trascender lo local hacia propuestas y acciones más generales para influir en ámbitos más amplios de la sociedad o del país. El objetivo esencial q se busca en este nivel es la creación de un tejido organizacional q convierta a los miembros de las comunidades en sujetos activos del quehacer nacional. La acción social a nivel global genera proceso sociales y su avance va a determinarse por la manera en q logre construir propuestas q respondan a las 3 dimensiones. Enfrentar problemas macro, dar respuestas a reivindicaciones o situaciones globales (educación, vivienda, desempleo); articular experiencias llevadas a cabo a nivel local, creando lazos entre organizaciones locales para poder plantear proyectos comunes; crear opinión sobre problemas generales q afecten a comunidades concretas.



La comunidad-sociedad como espacio de intervención

La comunidad es un espacio donde conviven un conj de personas, a través de reglas tanto escritas como surgidas de la relación y las costumbre, donde se estructura la cotidianeidad vivencial, productiva y reproductiva de un grupo social, en la cual cada componente asume el rol de actor. Se puede definir por 3 características básicas:

1) aspecto cultural: por el cual un grupo humano reconoce pertenecer a ese conj y a sus instituciones; se conceptualiza como un “nosotros, frente a los otros; comparte sistemas de valores, símbolos, costumbres, tradiciones, leyendas q lo identifica.

2) aspecto económico: participación de miembros en la generación de riqueza y bienestar para la comunidad; desarrolla un sistema de relaciones, de grupos interdependientes con intereses diversos.

3) aspecto territorial: sus miembros reconocen como territorio aquel al cual están ligados históricamente. Esto posibilita a sus miembros un dominio sobre el espacio territorial.

Esta sociedad-comunidad local no está divorciada de la sociedad nacional como realidad global sino q está afectada por esta. En tanto la sociedad local asuma mayor control de sus recursos se convertirá en espacio de transformaciones q sirvan de ej.



La comunidad-sociedad urbana una realidad concreta

La comunidad no debe ser entendida como una realidad homogénea sino como ámbito donde se entrecruzan diversas variables e intereses q confrontan una red de relaciones, resultando así determinadas formas de vida. Dentro de la comunidad urbana se distinguen las zonas residenciales y los barrios q conforman comunidades diferenciadas, con procesos de cotidianeidad específica, q hace de la ciudad un crisol donde se entrecruza la complejidad de los distintos grupos sociales q la conforman.



El barrio como espacio comunitario: se caracteriza por su precariedad, la ausencia de regulaciones formales, la expansión incontrolada y problemas de tenencia de tierras. Hay mayor nivel de pobreza debido a la incapacidad de los gob de atender a las necesidades de esta comunidad.

La urbanización como comunidad estructurada: desarrolladas en zonas y parroquias q conforman el casco urbano de la ciudad y los desarrollos q han respondido a criterios de urbanización. Tienen crecimiento restringido, infraestructura básica de serv públicos, y gralmente poseen la propiedad de la tierra o inmuebles donde viven.

El concepto de participación asume para estas comunidades distintos valores: en las primeras implica la conquista de su derecho de ser parte de la ciudad, lograr pertenencia de tierras, mejoramiento de servicios y de calidad de vida; para las segundas la lucha por mantener el nivel de vida q se deteriora cada día.



Fortalezas de la comunidad-sociedad frente al desarrollo local

El espacio local es eje estratégico para la transformación de larealidades económico sociales en los sujetos, ya q: favorece el encuentro entre actores con intereses comunes; instaura la solidaridad social; se comparte un mismo código cultural; permite q el individuo se convierta en sujeto y objeto del proceso social en q vive y q construya realidades colectivas mediante la participación; gracias al aporte de los mismos miembros, las instituciones pueden ser controladas y enriquecidas; se logran proyectos económicos a pequeñas escalas q se interconectan con la realidad económica del país.

Debilidades de la comunidad sociedad frente al desarrollo local

Existen varios elementos q complican la posibilidad de incorporar a la comunidad local: 1) provisionalidad: visión de los miembros, de q se mudarán cuando sus condiciones de vida mejoren, lo q afecta su sentido de pertenencia y evita su compromiso; 2) pérdida de la memoria histórica: en la medida en q no se desarrolla la identidad con la comunidad, no la valoran, ni se la enseña a nuevas generaciones; 3) pérdida de relación entre lo privado y lo público: no consideran lo público de interés y priorizan asuntos personales; 4) paternalismo: resistencia al cambio y a la participación, visión fatalista de la vida, la solución de problemas está en manos de un ser poderoso; 5) subestimación de sus capacidades: visión inmediatista de la vida, no manejan el concepto de prevención; 6) desestructura social: violencia indiscriminada q se presenta en todos los ámbitos.



Criterios para incentivar participación de comunidad en un proceso de Desarrollo Local: son 7 los criterios q se requieren para promover situaciones q faciliten la incorporación de la comunidad y a la vez, fijen pautas para crear una cultura comunitaria necesaria para un desarrollo local efectivo, permitiendo q los miembros asuman y desarrollen destrezas para incorporarse de manera activa en el desarrollo, y q sean capaces de protagonizar la vida local e impactar el quehacer global del país.

Acción: motor de la participación y del desarrollo local, es el mecanismo adoptado para concretar una propuesta, se apunta a reivindicaciones básicas. Pueden ser esporádicas, contínuas o permanentes (proyecto de acción).

Formación: cada actor debe asumirse como protagonista, lo cual es parte del desarrollo personal y colectivo. Es un proceso en varios momentos, en el q la comunidad desarrolla una visión de compromiso: análisis de la realidad, CC crítica y CC política.

Participación: se es protagonista en tanto se involucran en acciones y proyectos. Hay 3 niveles de participación q dependen del grado de identificación y compromiso: asistencia, participación permanente y participación orgánica.

Solidaridad: la comunidad incorpora propuestas q mejoren su vida en la medida en q logren espacios de solidaridad. De acuerdo al compromiso asumido, se puede hablar de 3 niveles: espontánea y coyuntural, compromiso permanente y estratégica y articulada.

Comunicación: mediante la cual se intercambian ideas, se discute y se dialoga. Garantiza la interrelación, la adopción de acuerdos y el trabajo colectivo. Hay 3 formas de comunicación: información unidireccional, bidireccional, y comunicación dialógica.

Organización: implica la unión de esfuerzos para lograr metas colectivas. Motiva la solidaridad, el diálogo y compromiso personal. Hay 3 niveles interrelacionados: grupos aislados iniciándose, organización local y regional-movimiento comunitario.

Autogestión: se logra en la medida q se desarrolla la capacidad de controlar su medio y de manejar las situaciones q le afectan, cuando se produce la negociación entre los distintos actores. Se pueden entender a 3 niveles q podrían darse paulatina o simultáneamente pero no son excluyentes: autogestión grupal, la social y la política.
ROBERTAZZI. Psicología social Latinoamericana: una respuesta paradigmática.

La Psicología Social Comunitaria, la Psicología Social Crítica y la Psicología de la Liberación pueden pensarse como tres líneas articuladas e interrelacionadas respecto de cómo pensar la Psicología y sus cursos de acción. Estos 3 enfoques constituyen 3 modos de hacer una “psicología socialmente sensible” y pueden incluirse en el denominado paradigma de la construcción y transformación críticas, según Montero.

Estas líneas de la psicología tienen origen en el continente latinoamericano, es decir que surgieron en el mismo ámbito geográfico y sociocultural, intentando responder a las problemáticas propias de sus sociedades.

Una Psicología Social histórica y psicoanalítica, desarrollada en Argentina a partir de la década del ‘60, sostiene q los efectos subjetivos de los procesos sociales responden a producciones colectivas y también manifiesta una clara vocación teórico-práctica.

En el marco de una corriente mundial de transformación de la ciencia, característica de su etapa de crisis, es de mayor interés considerar el tipo particular de respuesta neoparadigmática q se produjo desde América Latina -y en especial en Psicología Social- a partir de mediados de los años ‘80.

Una perspectiva histórica

Hasta entrados los años ‘60, la Psicología Social en América Latina tendía a reproducir teorías, métodos y técnicas de estudio imperantes en USA y en Francia. Pero, ya en la década del ‘70, esa dependencia comenzó a cambiar. Pueden distinguirse distintas fases en la evolución de la Psicología Social en América Latina q van desde una “una protopsicología social” hasta la “fase de desarrollo propio de la Psicología Social Latinoamericana”, atravesando distintos períodos y, obviamente, uno de crisis.

Nuevas prácticas y concepciones teóricas comenzaron a introducirse. De ese modo, la Psicología Social fue acercándose cada vez más a las ciencias sociales, fue perdiendo su sesgo individualista, comenzó a encontrar nuevos enfoques metodológicos, mientras que a la vez adquiría relevancia social.

La disciplina buscaba un nuevo paradigma, y postulaba lo siguiente: apertura metodológica, carácter histórico de los fenómenos a estudiar, preferencia por la investigación en contextos naturales, rechazo a la hegemonía del modelo que se quería imponer desde las ciencias naturales. La Psicología Social Latinoamericana estaba generando permanentemente nuevas áreas: comunitaria, política, ambiental, a la vez que desarrollaba otras de carácter interdisciplinario: salud, educación, trabajo.

La Psicología Social sobre América Latina abordaba los problemas q la aquejaban: la pobreza, la represión y la dominación, entre otros. Se trataba de una Psicología Social mucho más social y crítica q la europea y la de USA, pues sostenía una defensa de la diversidad cultural y una lucha contra la imposición de un único modo de hacer ciencia.

Modalidades de la Psicología Social en América Latina

La Psicología Social Comunitaria, la Psicología Social Crítica y la Psicología Social y Política de la Liberación constituyen tres expresiones q atienden a las particulares configuraciones del poder que se instalan en América Latina, a la vez que pretenden contribuir a la transformación de las sociedades, los grupos, los individuos y sus relaciones, es por eso que cada una influye sobre las otras.

1. La Psicología Social Comunitaria

Fue definida hace tiempo como el estudio de los factores psicosociales q permiten desarrollar, fomentar y mantener el control y el poder q los individuos pueden ejercer sobre su ambiente individual y social para solucionar sus problemas y producir cambios en el ambiente y en la estructura social. Este enfoque aborda los procesos de cambio y transformación situando el origen en la propia comunidad o grupo, al considerar q sus integrantes son sujetos activos, o actores capaces de conducir y modificar sus vidas, en una comunidad o grupo q es preexistente a sus intervenciones.

Uno de sus aspectos distintivos es la utilización de métodos participativos. Entre ellos, la investigación-acción participativa, pero no como único método. Este enfoque propone como tarea inicial la identificación de las necesidades como práctica realizada por la propia comunidad. Además, la participación y el compromiso son conceptos desarrollados por esta perspectiva. Algo similar podría decirse sobre los procesos psicosociales q la disciplina ha identificado y teorizado, como son los de naturalización, habituación, problematización y conscientización.

Se entiende por identificación de las necesidades al conj de actividades grupales, colectivas, de carácter participativo, mediante las cuales se busca q una comunidad o grupo señale aspectos de su vida en común, q sienten como insatisfactorios, inaceptables, problemáticos, perturbadores, o limitantes, los q impiden alcanzar un modo de vida diferente q se percibe como mejor, y al cual se aspira. Es el sentimiento de la necesidad lo q producirá un movimiento de búsqueda del conocimiento necesario o de la praxis q permita cambiar la situación o bien obtener recursos en el ambiente.

El conocimiento q la comunidad pueda poseer sobre determinado problema no significa q lo experimenten como una necesidad.

Las necesidades pueden clasificarse en:

- Necesidades normativas o inferidas: las q determinan los expertos a partir de normas preestablecidas o en función de criterios técnicos.

- Necesidades sentidas: las q las personas expresan, implícita o explícitamente, y q pueden coincidir o no, con las normativas.

- Necesidades comparadas: son las producidas por el estudio comparativo entre poblaciones beneficiarias de servicios y poblaciones que no los reciben.

La participación implica responsabilidad en la construcción de nuevas realidades y la posibilidad de modificar situaciones de desigualdad, injusticia y exclusión, es la actuación conjunta de un grupo q comparte objetivos e intereses; es tb un proceso de enseñanza y aprendizaje, una acción conscientizadora y socializante q produce una movilización de la CC respecto de las situaciones vitales, sus causas y sus efectos.

Si bien requiere de solidaridad, intercambio y horizontalidad, existen distintos modos de participación y distintos grados de compromiso, no obstante debe estimularse la participación espontánea de los grupos de base, pues es la q responde a intereses legítimos q proporcionarán la energía necesaria para la continuidad del proceso.

Participación y compromiso están en relación, ambos cambian de acuerdo con los acontecimientos q ocurran respecto del grupo y de sus necesidades, uno en función del otro y a lo largo del tiempo.

Los modos de la participación van acompañados por distintos grados en el compromiso de las personas involucradas. Implican 3 dimensiones: ser parte, tener parte y tomar parte. Mediante la participación se adquiere identidad, se ofrece el aporte de cada uno al colectivo y se recibe de él. Se trata de facilitar el acceso al control y a las decisiones para q una comunidad se fortalezca y desarrolle sus propios recursos.

Este proceso va variando en función del contexto y del momento en q ocurre. Depende de las características q tenga el grupo q participa. La participación es una construcción social q adquiere significado en función de todas las variables mencionadas.

Este proceso de movilización de las comunidades se desarrolla en función de condiciones internas y externas. Entre las primeras hay q destacar el liderazgo y la organización, los q toman forma y evolucionan a lo largo del proceso participativo.

El compromiso ha sido definido como la CC y el sentimiento de responsabilidad y obligación respecto del trabajo y los objetivos de un grupo, comunidad, proyecto o causa, q conduce a la persona a acompañar, actuar y responder ante ellos por las acciones llevadas a cabo. Es decir q el compromiso posee un carácter motivador, acompaña siempre a la participación, pues posee una relación directa.

Hay distintos tipos de compromiso; cuando el compromiso es transformador supone la posibilidad de encuentro con el Otro, el respeto por sus saberes, una valoración positiva hacia la justicia y la igualdad, los derechos humanos y los intereses y necesidades de grupos y comunidades.

2. La Psicología Social Crítica

Hacia los años ‘80, se comenzó a desplegar simultáneamente la Psicología Crítica en América Latina. Inicialmente surgió como una posición antipositivista y política, en el sentido de denunciar las condiciones socioeconómicas, intentando generar una política liberadora q contrarrestara las formas opresivas q existían en la psicología de la época.

Los modelos dominantes en ciencias sociales, conducían a una escasa aplicación de los resultados y a la rutinización de las investigaciones.

La propuesta de Ibáñez subraya la necesidad de deconstrucción permanente de los conocimientos científicos adquiridos, dado q sólo constituyen interpretaciones posibles de la realidad, contextualizadas en tiempo y espacio, las q modifican la misma realidad que están estudiando. Se acentúa la responsabilidad por los discursos, las prácticas y los intercambios, q como ciudadanos y ciudadanas -y en las prácticas profesionales- nos competen respecto del modo en q contribuimos a construir aquello q llamamos realidad. Este enfoque entiende a la Psicología Social como práctica discursiva y, por lo tanto social, la q -junto con el resto de las prácticas sociales- puede servir para sostener o bien revertir el orden instituido. La Psicología Social Crítica se ha propuesto subvertir lo q puede denominarse el modo “natural” de ver las cosas, evidenciar los mecanismos del poder q sostienen posiciones establecidas, y abrir nuevas perspectivas al conocimiento. Implicará un deseo comprometido de transformar el mundo y de subvertir las relaciones de dominación del orden social imperante.



3. La Psicología Social de la Liberación

Se trata de una corriente teórico-práctica democratizadora y fortalecedora, ética y crítica, q propone la participación activa de los ciudadanos en la construcción de la realidad. Su foco está puesto en quienes resultan víctimas de las situaciones de opresión y se encuentran excluidos de los bienes sociales, y de las decisiones q los afectan; su finalidad es potencializar todos los recursos q poseen esos grupos de personas q habitualmente están silenciadas.

La construcción de una Psicología de la Liberación surgió en el contexto de las luchas armadas en Centro América, poniendo el acento en las necesidades concretas de las personas y planteando la urgencia de contribuir a conformar una sociedad más justa y más digna. Martín-Baró consideraba q la psicología se había mantenido al margen de las inquietudes y problemas de la mayoría de la población latinoamericana. La concientización era considerada un concepto central de la psicología q proponía, dado q articulaba las distintas dimensiones de la CC individual, social y política, así como el crecimiento personal, la organización comunitaria y los procesos de transformación individuales y sociales. Cuestionaba al psicologismo por haber acentuado los factores individuales y subjetivos, fortaleciendo de ese modo las estructuras opresivas.

Proponía entonces q la preocupación de los científicos sociales se dirigiera a transformar el mundo y no sólo a explicarlo. Implicaba encontrar un camino capaz de abordar las subjetividades propias del continente latinoamericano y, a la vez, una respuesta a las realidades sociales y políticas para las q la psicología tradicional no tenía respuesta alguna, pues tampoco se hacía preguntas.

En su propuesta de una psicología de la liberación, Martín-Baró entendía la necesidad urgente de un replanteo teórico y práctico de la disciplina, partiendo de condiciones sociales y políticas conflictivas, en una perspectiva q comenzara desde abajo, es decir desde las mayorías oprimidas.

Entre las tareas urgentes q la psicología latinoamericana tenía pendientes podrían mencionarse: la recuperación de la memoria histórica, la desideologización del sentido común y de la experiencia cotidiana y la potenciación de las virtudes populares.

Martín-Baró encontraba q era indispensable estudiar las formas en q el poder se articula en las relaciones y se instala en la subjetividad y la intersubjetividad, conformando una determinada visión de la realidad o sentido común enajenado. Montero afirmaba q la Psicología de la Liberación es la q trata del estudio psicosocial de aquellos procesos y conductas q conducen hacia la liberación de la opresión, a adquirir poder y control sobre la propia vida, a la transformación y al desarrollo de una identidad social positiva.

Dentro de estos enfoques pueden estudiarse algunos procesos psicosociales, tales como los de naturalización, habituación y familiarización q ponen de manifiesto la postura acrítica de considerar naturales las situaciones q se viven, aunq sean adversas o claramente injustas e inequitativas. Fue el psicólogo social salvadoreño quien presentó con claridad el síndrome fatalista latinoamericano, como respuesta razonable a condiciones perceptibles de q los resortes decisorios se encontraban en otro lugar. Describió una realidad en la q se acepta pasivamente aun lo q daña y lo q excluye. Estos desarrollos pueden estar en consonancia con el proceso de habituación como organizador de la realidad de la vida cotidiana q fue conceptualizado por Bourdieu mediante la noción de habitus.

Los procesos psicosociales de problematización, conscientización y liberación expresan la posibilidad de cuestionar y analizar de manera crítica el hecho de estar y ser en el mundo; tales procesos están estrechamente vinculados con la identificación y jerarquización de las necesidades de grupos y comunidades. La problematización implica movilización de la CC, o concientización, en la medida en q permite cuestionar los modos de construir conocimientos sobre el mundo en q se vive, sobre uno mismo y el papel social desempeñado en ese proceso.

El proceso de liberación, desde la perspectiva de Dussel puede entenderse como una nueva intersubjetividad de validez futura. En su actual polémica con la Ética del Discurso, el filósofo llegó a la conclusión de q ser latinoamericano significaba ser dominado, y se impuso la responsabilidad ética de comprometerse en esa liberación, iniciando así la 1ª etapa de la Filosofía de la Liberación. Aún se construye desde los excluidos, los oprimidos y los discriminados, es decir desde la miseria q existe en la humanidad luego de 500 años de modernidad, de una modernidad q, como dice Bauman, es para pocos. En su postura la relación con el Otro es constitutiva del ser, del conocimiento y de la ética. La concepción de Otro q está en juego proviene de Levinas y trata siempre de aquel q se encuentra a distinto nivel, es decir el huérfano, la viuda y el extranjero; los indefensos y necesitados frente a los cuales siempre se es rico y afortunado. En la postura de Dussel es necesario q ese Otro ingrese a la historia, se concrete políticamente y se supere así la mera especulación filosófica reservada para unos pocos.

El criterio material es la elucidación de la existencia de las víctimas de la pobreza -la mayoría de la humanidad- quienes se encuentran imposibilitadas de cumplir con las necesidades q el mismo sistema -y el proyecto utópico q sostiene- proclama como derechos. La víctima es el Otro, los y las imposibilitadas de cumplir justamente con esos derechos proclamados. La praxis de la liberación es el desarrollo de la vida tomando en cuenta q la salida de las víctimas se refiere siempre a una situación material y negativa. La polémica con la ética del discurso responde a q las víctimas no están solamente por fuera de la comunidad discursiva, sino de la vida misma.

El criterio de liberación parte de las necesidades no cumplidas de las víctimas, materiales, formales y factibles, las q se cruzan con alternativas discursivas y críticas de los movimientos sociales emergentes.

En la medida en q no existe la sociedad perfecta, siempre habrá víctimas y, habiéndolas, es necesario transformar la sociedad. Se estaría éticamente obligado a actuar responsable y solidariamente para estudiar las causas de victimización de los dominados, y a proyectar alternativas positivas futuras para transformar la realidad. En la perspectiva dusseliana se trataría de gestionar intersubjetivamente la posibilidad de vivir desde alternativas concretas. En las personas oprimidas este movimiento se va elaborando internamente, es lo q el autor denomina el nuevo proyecto o la nueva validez futura. En síntesis, se trata de argumentar a favor del sentido ético de la lucha por la supervivencia y la validez moral de la praxis de liberación de las personas oprimidas y excluidas.

Se trata de saber escuchar la interpelación del Otro en su corporalidad sufriente, es decir de escuchar a la víctima, a los dominados y excluidos, a quienes tienen una CC ética, existencial, histórica y concreta, q surge en la propia subjetividad.

El principio ético-crítico reconoce q, a partir de q existen víctimas de un sistema q les niega la posibilidad de vivir, no puede aceptarse la bondad del sistema dominador, porq pierde validez y verdad; lo q implica q se debe actuar creativa y co-solidariamente para transformarlo. A partir del principio ético material universal se deduce la prohibición de matar a las víctimas, la prohibición ética de empobrecerlos, de hacerlos sufrir, de provocar la muerte al Otro.

Finalmente, una vez iniciada la crítica por los grupos de dominados puede comenzar a crecer una comunidad de comunicación antihegemónica, en un proyecto de bien futuro, democrático, no real pero posible. Se realizan acuerdos consensuadamente q no son aún válidos para la sociedad dominante. Esta procesualidad crítico-temática-existencial crece desde diferentes frentes de lucha de dominación y/o exclusión de la alteridad, y comienza a comportarse como una nueva intersubjetividad de validez futura. Es el proceso de liberación propiamente dicho.


Ignacio Martín-Baró. Hacia una psicología de la liberación

El aporte social de la Psicología en Latinoamérica

El aporte de la Psicología, como ciencia y como praxis, a la historia de los pueblos latinoamericanos es extremadamente pobre. El quehacer de la Psicología latinoamericana, salvo algunas excepciones, no sólo ha mantenido una dependencia servil a la hora de plantearse problemas y de buscar soluciones, sino q ha permanecido al margen de los grandes movimientos e inquietudes de los pueblos latinoamericanos.

A diferencia de la cultura sajona, la cultura latina tiende a conceder un importante papel a las características de las personas y a las relaciones interpersonales.

Actualmente con la creciente subjetivización de los enfoques predominates, la Psicología sigue alimentando el psicologismo cultural ofreciéndose como una verdadera «ideología de recambio». En nuestro caso, el psicologismo ha servido para fortalecer, directa o indirectamente, las estructuras opresivas al desviar la atención de ellas hacia los factores individuales y subjetivos.

No se trata aquí de establecer un balance de la Psicología latinoamericana, sino de preguntarnos si con el bagaje psicológico q disponemos podemos decir y, sobre todo, hacer algo q contribuya a dar respuesta a los problemas cruciales de nuestros pueblos. Porq en nuestro caso más q en ningún otro tiene validez aquello q de q la preocupación del científico social no debe cifrarse tanto en explicar el mundo cuanto en transformarlo.

La esclavitud de la psicología Latinoamericana

Una de las justificaciones q se puede dar a la pobreza del aporte histórico de la Psicología latinoamericana estriba en su relativa juventud. El argumento es válido, aunq insuficiente, y se vuelve peligroso si en él nos escudáramos para no revisar las deficiencias q nos han llevado y, en muchos casos, nos siguen llevando a la marginalidad científica y a la inoperancia social.

Tres son las principales causas de la miseria histórica de la Psicología latinoamericana, las tres relacionadas entre sí: su mimetismo cientista, su carencia de una epistemología adecuada y su dogmatismo provinciano.

Mimetismo cientista

A la Psicología latinoamericana su deseo de adquirir un reconocimiento científico y un status social les ha hecho dar un serio traspié. La Psicología latinoamericana lo q hizo fue volver su mirada al big brother, quien ya era respetado científica y socialmente, y a él pidió prestado su bagaje conceptual, metodológico y práctico, a la espera de poder negociar con las instancias sociales de cada país un status social equivalente al adquirido por los norteamericanos. Así, a los enfoques psicoanalíticos u organicistas q imperaron en un 1º momento, sucedió una oleada de conductismo e individualismo metodológico. Hoy muchos psicólogos latinoamericanos han descartado el conductismo y se han afiliado a una u otra forma de Psicología cognoscitiva, no tanto por haber sometido a crítica los esquemas psicoanalíticos o conductistas cuanto porq ése es el enfoque de moda en los centros académicos norteamericanos.

El problema radica en el mimetismo, q nos lleva a aceptar los sucesivos modelos vigentes en los Estados Unidos. La aceptación acrítica de las teorías y modelos es precisamente la negación de los fundamentos de la misma ciencia.

Carencia de una epistemología adecuada

Los modelos dominantes en la Psicología se fundan en una serie de presupuestos q rara vez se discuten y a los q todavía con menos frecuencia se proponen alternativas. Cinco de esos presupuestos han lastrado las posibilidades de la Psicología latinoamericana: el positivismo, el individualismo, el hedonismo, la vidión homeostática y el ahistoricismo.

El positivismo, es aquella concepción de la ciencia q considera q el conocimiento debe limitarse a los datos positivos, a los hechos y a sus relaciones empíricamente verificables, descartando todo lo q pueda ser caracterizado como metafísica. De ahí q el positivismo subraye el cómo de los fenómenos, pero tienda a dejar de lado el qué, el por qué y el para qué. El problema más grave del positivismo radica en su esencia, en su ceguera de principio para la negatividad. El no reconocer más de lo dado lleva a ignorar aquello q la realidad existente niega, es decir, aquello q no existe pero q sería históricamente posible, si se dieran otras condiciones. Considerar q la realidad no es más q lo dado, q el campesino salvadoreño es sin más fatalista o el negro menos inteligente, constituye una ideologización de la realidad q termina consagrando como natural el orden existente. Desde una perspectiva así, magro es el horizonte q se nos dibuja a los latinoamericanos, y pobre el futuro q la Psicología nos pueda ofrecer.

Es idealista el esquema q antepone el marco teórico al análisis de la realidad, y q no da más pasos q la exploración de los hechos q los q le indican la formulación de sus hipótesis. Este idealismo puede terminar no sólo cegándonos a la negatividad de nuestras condiciones humanas, sino tb a su misma positividad, a lo q de hecho son.

El individualismo, mediante el cual se asume q el sujeto último de la Psicología es el individuo como entidad de sentido en sí misma. El problema con el individualismo radica en su insistencia por ver en el individuo lo q a menudo no se encuentra sino en la colectividad, o por remitir a la individualidad lo q sólo se produce en la dialéctica de las relaciones interpersonales. De esta manera termina reforzando las estructuras existentes al ignorar la realidad de las estructuras sociales y reducir los problemas estructurales a problemas personales.

Tan hedonista es el psicoanálisis como el conductismo, la reflexología como la Gestalt.

La visión homeostática nos lleva a recelar de todo lo q es cambio y desequilibrio, a valorar como malo todo aquello q representa ruptura, conflicto y crisis. Desde esta perspectiva, más o menos, implícita, resulta difícil q los desequilibrios inherentes a las luchas sociales no sean interpretados como trastornos personales, y los conflictos generados por el rechazo al ordenamiento social no sean considerados patológicos.

En cuanto a su ahistoricismo, el cientismo dominante nos lleva a considerar q la naturaleza humana es universal, y por lo tanto, no hay diferencias de fondo entre el estudiante del MIT y el campesino nicaragüense. Sin embargo, una concepción del ser humano q pone su universalidad en su historicidad, es decir, en ser una naturaleza histórica, acepta q tanto las necesidades como la inteligencia son en buena medida una construcción social y, por lo tanto, q asumir dichos modelos presuntamente transculturales y transhistóricos, elaborados en circunstancias distintas a las nuestras, puede llevarnos a una grave distorsión de lo q en realidad son nuestros pueblos.



Falsos dilemas

La dependencia de la Psicología latinoamericana le ha llevado a debatirse en falsos dilemas, no tanto porq no representen dilemas teóricos sobre el papel, cuanto porq no responden a los interrogantes de nuestra realidad. Tres dilemas característicos, son: Psicología científica frente a Psicología «con alma»; Psicología humanista frente a Psicología materialista, y Psicología reaccionaria frente a Psicología progresista.

El 1º dilema, llevaba a ver una oposición entre los planteamientos de la Psicología y una Antropología cristiana. La «Psicología de las ratas» era contrapuesta a una «Psicología con alma», mientras psicólogos y sacerdotes peleaban por un mismo rol frente a los sectores medios o burgueses de la sociedad.

Un 2º dilema, más vigente q el anterior, es el q opone una Psicología humanista a una Psicología materialista o deshumanizada. Una teoría o un modelo psicológico serán valiosos o no, tendrán o no para el trabajo práctico y, acertarán más o menos, mejor o peor, como teoría o modelos psicológicos. Un quehacer psicológico más adecuado, y, en consecuencia, harán un mejor aporte para la humanización de las personas.

El 3º dilema es el de una Psicología reaccionaria frente a una Psicología progresista. El dilema se suele plantear inadecuadamente. Una Psicología reaccionaria es aquella cuya aplicación lleva al afianzamiento de un orden social injusto; una Psicología progresista es aquella q ayuda a los pueblos a progresar, a encontrar el camino de su realización histórica, personal y colectiva. Ahora bien, lo q hace reaccionaria o progresista a una teoría no es tanto su lugar de origen cuanto su capacidad para explicar u ocultar la realidad y, sobre todo, para reforzar y transformar el orden social.

Estos 3 dilemas denotan una falta de independencia para plantear los problemas más acuciantes de los pueblos latinoamericanos, para utilizar con total libertad aquellas teorías o modelos q la praxis muestre ser más válidos y útiles, o para elaborar nuevos. Tras los dilemas se esconden posturas dogmáticas, más propias de un espíritu de dependencia provinciana q de un compromiso científico por encontrar y sobre todo de hacer la verdad de nuestros pueblos latinoamericanos.



Hacia una psicología de la liberación

Si queremos q la Psicología realice algún aporte significativo a la historia de nuestros pueblos, si queremos contribuir al desarrollo de los países latinoamericanos, necesitamos replantearnos nuestro bagaje teórico y práctico, pero replanteárnoslo desde la vida de nuestros propios pueblos, desde sus sufrimientos, sus aspiraciones y luchas. Si pretendemos q la Psicología contribuya a la liberación de nuestros pueblos, tenemos q elaborar una Psicología de la liberación. Pero ello no es una tarea simplemente teórica, sino 1º y fundamentalmente práctica. Por eso, si la Psicología latinoamericana quiere lanzarse por el camino de la liberación tiene q romper con su propia esclavitud. Realizar una Psicología de la liberación exige primero lograr una liberación de la Psicología.

Desde la inspiración de la teología de la liberación podemos proponer 3 elementos esenciales para la construcción de una Psicología de la liberación de los pueblos latinoamericanos: un nuevo horizonte, una nueva epistemología y una nueva praxis.

Un nuevo horizonte

La psicología latinoamericana debe descentrar su atención de sí misma, despreocuparse de su status científico y social, y proponerse un servicio eficaz a las necesidades de las mayorías populares. Hoy por hoy, el problema más importante q confrontan las grandes mayorías latinoamericanas es su situación de miseria opresiva, su condición de dependencia marginante q les impone una existencia inhumana, y les arrebata la capacidad para definir su vida. La liberación personal, es decir, la exigencia de q las personas adquieran control sobre su propia existencia y sean capaces de orientar su vida hacia aquellos objetivos q se propongan como valiosos, sin q mecanismos ICC o experiencias CC les impidan el logro de sus metas existenciales y de su felicidad personal. Con frecuencia la Psicología ha contribuido a obscurecer la relación entre enajenación personal y opresión social, como si la patología de las personas fuera algo ajeno a la historia y a la sociedad, o como si el sentido de los trastornos comportamentales se agotara en el plano individual.

La Psicología debe trabajar por la liberación de los pueblos latinoamericanos, un proceso q entraña una ruptura con las cadenas de la opresión personal como de las cadenas de la opresión social.



Una nueva epistemología

El objetivo de servir a la necesidad de liberación de los pueblos latinoamericanos exige una nueva forma de buscar el conocimiento: la verdad de los pueblos latinoamericanos no está en su presente de opresión, sino en su mañana de libertad; la verdad de las mayorías populares no hay q encontrarla sino hay q hacerla. Ello supone, por lo menos, dos aspectos: una nueva perspectiva y una nueva praxis.

La nueva perspectiva tiene q ser desde abajo, desde las propias mayorías populares oprimidas. No se trata de q nosotros pensemos por ellos, de q les transmitamos nuestros esquemas o q les resolvamos sus problemas; se trata de q pensemos y teoricemos con ellos y desde ellos. Paulo Freire planteó la pedagogía «del» oprimido y no «para» el oprimido; era la misma persona, la misma comunidad la q debía constituirse en sujeto de su propia alfabetización conscientizadora. Una Psicología de la liberación tiene q aprender, q sólo desde el mismo pueblo oprimido será posible descubrir y construir la verdad existencial de los pueblos latinoamericanos.

Asumir una nueva perspectiva supone su relativización y revisión crítica desde la perspectiva de las mayorías populares. Sólo desde ahí las teorías y modelos mostrarán su validez o su deficiencia, su utilidad o su inutilidad, su universalidad o su provincialismo; sólo desde ahí las técnicas aprendidas mostrarán sus potencialidades liberadoras o sus semillas de sometimiento.



Una nueva praxis

Todo conocimiento humano está condicionado por los límites impuestos por la propia realidad, la cual bajo muchos respectos es opaca, y sólo actuando sobre ella, sólo transformándola, le es posible al ser humano adquirir noticias de ella. Lo q veamos y cómo lo vemos está condicionado por nuestra perspectiva, por el lugar desde el q nos asomamos a la historia; y está condicionado también por la propia realidad. De ahí q para adquirir un nuevo conocimiento psicológico no baste con ubicarnos en la perspectiva del pueblo, es necesario involucrarnos en una nueva praxis, una actividad transformadora de la realidad q nos permita conocerla no sólo en lo q es, sino en lo q no es, y en ello en la medida intentamos orientarla hacia lo q debe ser.

Por lo general, el psicólogo ha intentado insertarse en los procesos sociales desde las instancias de control. La pretendida asepsia científica ha sido, en la práctica, un aceptar la perspectiva de quien tiene el poder y un actuar desde quien domina. Como psicólogos comunitarios hemos llegado con frecuencia a las comunidades montados en el carro de nuestros esquemas y proyectos, de nuestro saber y nuestro dinero. No es fácil definir cómo insertarnos en los procesos desde el dominado, y no desde el dominador. No es fácil incluso dejar nuestro papel de superioridad profesional o tecnócrata y trabajar mano a mano con los grupos populares. Pero si no nos embarcamos en ese nuevo tipo de praxis, q además de transformar la realidad, nos transforme a nosotros mismos, difícilmente lograremos desarrollar una Psicología latinoamericana q contribuya a la liberación de nuestros pueblos.

El problema de una nueva praxis plantea el problema del poder y, por lo tanto, el problema de la politización de la Psicología. Asumir una perspectiva, involucrarse en una praxis popular, es tomar partido. Se presupone q al tomar partido se abdica de la objetividad científica, confundiendo de este modo la parcialidad con la objetividad. El q un conocimiento sea parcial no quiere decir q sea subjetivo; la parcialidad puede ser consecuencia de unos intereses, más o menos CC, pero puede ser también de una opción ética. No todos realizan una opción ética CC q asuma una parcialización coherente con los propios valores. Frente a la tortura o el asesinato, por ej, hay q tomar partido. El conocimiento práxico, q se adquiere mediante la investigación participativa debe encaminarse hacia el logro de un poder popular, un poder q permita a los pueblos volverse protagonistas de su propia historia y realizar aquellos cambios q hagan a las sociedades latinoamericanas más justas y humanas.



Tres tareas urgentes

De las tareas q se le presentan a la Psicología latinoamericana de la liberación, tanto teóricas como prácticas, 3 son de una especial importancia y urgencia: la recuperación de la memoria histórica, la desideologización del sentido común y de la experiencia cotidiana, y la potenciación de las virtudes populares.

En 1º lugar, la recuperación de la memoria histórica. La difícil lucha por lograr la satisfacción cotidiana de las necesidades básicas fuerza a las mayorías populares a permanecer en un permanente presente psicológico, en un aquí y ahora sin un antes ni después. Es imposible, así, sacar lecciones de la experiencia y encontrar las raíces de la propia identidad, tanto para interpretar el sentido de lo q actualmente se es como para vislumbrar posibilidades alternativas sobre lo q se puede ser. La imagen negativa q el latinoamericano medio tiene de sí mismo respecto a otros pueblos denota la interiorización de la opresión en el propio espíritu, semillero propicio al fatalismo conformista, tan conveniente para el orden establecido.

Recuperar la memoria histórica significará descubrir selectivamente, mediante la memoria colectiva, elementos del pasado q fueron eficaces para defender los intereses de las clases explotadas, y q vuelven otra vez a ser útiles para los objetivos de lucha y conscientización. Se trata de recuperar no sólo el sentido de la propia identidad, no sólo el orgullo de pertenecer a un pueblo y de contar con una tradición y una cultura, sino, sobre todo, de rescatar aquellos aspectos q sirvieron ayer y q servirán hoy para la liberación.

Es preciso, en 2º lugar, contribuir a desideologizar la experiencia cotidiana. Sabemos q el conocimiento es una construcción social. Nuestros países viven sometidos a la mentira de un discurso dominante q niega, ignora o disfraza aspectos esenciales de la realidad. El mismo «garrotazo cultural» q día tras día se propina a nuestros pueblos a través de los medios de comunicación masiva constituye un marco de referencia en el q difícilmente pueda encontrar adecuada formalización la experiencia cotidiana de la mayoría de las personas, sobre todo, de los sectores populares. Desideologizar significa rescatar la experiencia original de los grupos y personas y devolvérsela como dato objetivo, lo q permitirá formalizar la CC de su propia realidad verificando la validez del conocimiento adquirido. Esta desideologización debe realizarse en un proceso de participación crítica en la vida de los sectores populares, lo q representa una cierta ruptura con las formas predominantes de investigación y análisis.

Finalmente, debemos trabajar por potenciar las virtudes de nuestros pueblos, q están vivas en las tradiciones populares, en la religiosidad popular, ¿cómo es posible q los psicólogos latinoamericanos no hayamos sido capaces de descubrir todo ese rico potencial de virtudes de nuestros pueblos y q, CC o ICC, volvamos nuestros ojos a otros países y a otras culturas a la hora de definir objetivos e ideales?

Hay una gran tarea si pretendemos q la Psicología latinoamericana realice un aporte significativo a la Psicología universal y, sobre todo, a la historia de nuestros pueblos.

A la luz de la situación actual de opresión y fe, de represión y solidaridad, de fatalismo y de luchas q caracterizan a nuestros pueblos, esa tarea debe ser la de una Psicología de la liberación. Pero una Psicología de la liberación requiere una liberación previa de la Psicología, y esa liberación sólo llega de la mano con una praxis comprometida con los sufrimientos y esperanzas de los pueblos latinoamericanos.






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