Una vejiga bajo control



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Una vejiga bajo control
Reír o toser son acciones comunes para la mayoría de las personas, no obstante, cuando vienen acompañadas de una pérdida pequeña de orina, puede tratarse de incontinencia, un padecimiento que trae repercusiones físicas y psicológicas para quienes lo soportan, llevándolos en algunos casos a mantener en silencio su afección.
La incontinencia urinaria se agudiza después de los 50 años, afecta a las mujeres en un 35 por ciento, especialmente a quienes han dado a luz de manera reciente es difícil que una mujer de 50 años tenga un hijo. En hombres, se presenta en un 20 por ciento a partir de los 65 años, aunque puede ocurrir en etapas más jóvenes de ambas poblaciones. Repercute en el funcionamiento del cuerpo, puede propiciar sarpullidos, llagas, infecciones de piel y del tracto urinario, en la parte física y perturbar el estilo de vida del individuo, ya que muchos de los pacientes por vergüenza deciden no consultar a su especialista para aprender a manejar de la mejor forma esta afección.
Esta pérdida del control se produce cuando el esfínter, un músculo que rodea la uretra y cierra la porción membranosa de este conducto, no puede contener la orina en la vejiga en situaciones específicas. Los expertos han clasificado la incontinencia por:


  • Esfuerzo: es la más frecuente y se produce por actividades habituales como estornudar; en ese momento se forma una presión repentina de los músculos en la parte inferior del abdomen. Generalmente se origina un debilitamiento en la zona pélvica, como ocurre después de un parto o una cirugía.

  • Urgencia: se manifiesta de forma imprevista y generalmente antes de llegar al baño, es propensa en personas mayores y puede ser el signo de una infección del tracto urinario o de hiperactividad en la vejiga.

  • Rebosamiento: es la salida incontrolable de pequeñas cantidades de orina por causa de una vejiga muy llena. Periódicamente se experimenta una sensación de esfuerzo al orinar. Ocurre principalmente en hombres y puede ser provocada por algo que obstruye el flujo de la orina, como el agrandamiento de la próstata o un tumor. La diabetes o determinados medicamentos también pueden propiciar la afección.

  • Incontinencia funcional: es visible cuando se tienen problemas para llegar al baño a tiempo, pese a controlar normalmente la orina. Ocurre con los casos de artritis u otras patologías que impiden desplazarse con facilidad.

  • Incontinencia mixta: puede combinar algunos de los tipos mencionados.


Cuando algo no anda bien
Una de las primeras reacciones que provoca esta acción involuntaria en las personas es el temor por su ocurrencia, la cual, en la mayoría de los casos, es producto del paso de los años. Algunos de los primeros indicios de su presencia son:


  • Gotas de orina que continúan apareciendo luego de orinar.

  • Ganas frecuentes e incontrolables de ir al baño.

  • Pérdida de orina cuando se realiza un esfuerzo normal.

  • Pérdida de orina incesante.

Aunque el envejecimiento no es el punto de partida para la incontinencia urinaria, con el tránsito hacia la vejez se reduce la cantidad de orina que se puede retener en la vejiga, se debilita la presión del chorro de la misma y se incrementa la necesidad de ir al baño. No obstante, esto no significa que se tenga que vivir con esta afección, con tratamientos y cuidados médicos se puede controlar su aparición o facilitar los procedimientos de intervención.


Camino hacia el descontrol
Continuar el curso de la vida implica también la exposición a una serie de afecciones o el consumo de medicamentos, que de no ser asumidos con todos los cuidados del caso pueden desencadenar inconvenientes en la salud, específicamente en la regulación de la orina, que tiene entre sus causas más comunes el debilitamiento de los músculos pélvicos y la diabetes. La comunidad científica también ha detectado un cuadro de causas directas de esta incómoda patología:


  • En el caso de las mujeres, afinamiento y sequedad de la piel de la vagina o de la uretra, en particular después de la menopausia.

  • Debilitamiento y estiramiento de los músculos pélvicos después del parto.

  • En hombres, el agrandamiento de la próstata ¿ya se había mencionado? o cirugía de este órgano.

  • Determinados medicamentos.

  • Acumulación de heces en los intestinos.

  • Sobrepeso y obesidad, que aumentan la presión en la vejiga y los músculos que la controlan.

  • Infecciones del tracto urinario.

  • Enfermedad vascular.

  • Diabetes, Alzheimer y esclerosis múltiple.

  • La disfunción eréctil. Revisa cuáles de estos aspectos ya se habían mencionado al principio.



Por su salud, deshágase del miedo
En cuanto a las reacciones por la aparición de incontinencia, hombres y mujeres incurren en el mismo error: no acuden inmediatamente al médico y lo ocultan. Existen tratamientos de alta efectividad en la medida que no solo se detecte sino que se comparta con el especialista la aparición de los síntomas, para ello, al consultar al médico realícele las siguientes preguntas:


  • ¿Qué tipo de incontinencia urinaria tengo?

  • ¿Cuál es la causa probable? ¿Puede tratarse esta afección?

  • Si es así, ¿se curará con el tratamiento de la afección? ¿Cuándo puedo esperar que se alivien mis síntomas?

  • ¿Algún cambio en el estilo de vida me ayudará a manejar la anomalía?

  • ¿Qué otra cosa puedo hacer para ayudar a manejar mi afección?


Asumirla es el primer paso para combatirla
La repercusión psicológica inmediata se convierte en el primer obstáculo para enfrentar dicha enfermedad, es una secuela de igual gravedad o más que la misma enfermedad, ya que depende exclusivamente de la iniciativa del afectado consultar al especialista para aprender a manejar esta patología. Algunas recomendaciones que puede indicarle su médico:


  • Entrenar la vejiga: se recomienda específicamente en los casos leves (por esfuerzo o de urgencia), frente a los cuales se pueden adelantar ejercicios especiales con los músculos que tienen la responsabilidad de controlar la vejiga, esto ayuda a:




  1. Incrementar el tiempo entre las idas al baño.

  2. Aumenta la cantidad de orina que puede retener la vejiga.

  3. Mejora el control sobre la necesidad imperiosa de orinar.

Es el profesional de la salud quien le debe indicar los tipos de ejercicio a realizar para el entrenamiento respectivo, por eso es importante tener claro el registro de cuánto y con qué frecuencia orina, una información que servirá para indicar el plan físico adecuado a desarrollar.




  • Adoptar estilos de vida saludables:

  1. Haga cambios en su dieta, consuma frutas y verduras que faciliten la digestión y la micción por sus contenidos suaves.

  2. Reduzca el consumo de alcohol, la cafeína, los alimentos altos en ácido y las comidas picantes que pueden irritar la vejiga.

  3. Para algunas personas, reducir el consumo de líquidos antes de acostarse no propicia la presión en la zona pélvica, por lo tanto?

  4. Controle su peso.


Conclusiones:
La pérdida involuntaria de orina puede parecer para muchos una actividad anómala con la que se tiene que convivir; sin embargo, debe recibir atención médica como cualquier patología de alto riesgo, ya que inicialmente, aunque no representa dolor físico, puede convertirse en un serio problema con repercusiones graves en otras parte del cuerpo. Detectarla y asumirla, son los primeros pasos contra la incontinencia urinaria, que aunque es más susceptible en la adultez, eventualmente se manifiesta en cualquier etapa de la vida, una característica que debe interesarnos para prevenirla o enfrentarla para que no afecte nuestra calidad de vida.
Destacados:


  • El 43 por ciento de los casos se generan por alguna alteración en la próstata, como el aumento en su tamaño.




  • La obesidad y los desajustes en la uretra y la vejiga son causas directas de la incontinencia urinaria.



  • No dudar en consultar a su especialista de Salud Colpatria es la clave para tratar la patología, la mayoría de los casos se pueden curar.

Fuentes:

Asociación Española de Urología (AEU)

medicosypacientes.com

familydoctor.org


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