Una Teoría



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Una Teoría

Del Cambio de La Personalidad 1
Eugene T. Gendlin ( PhD.)

Universidad de Chicago

Traducción de Edgardo Riveros Aedo.

Estoy muy agradecido de Malcolm A. Brown por sus discusiones enriquecedoras y clarificantes, lo cual ayudó inmensamente en el proceso de escritura de este capítulo así como también agradezco al Sr. Sidney M. Jourard, Marilyn Geist, Dr. Willian Wharton, Joe T. Hart, David Le Roy, y a Ruth Nielsen por sus valiosos comentarios y su ayuda editorial.

En las páginas siguientes se presenta la Teoría del Cambio de la Personalidad después de señalar dos problemas y dos observaciones fundamentales. La teoría del cambio de la personalidad es un paso más en el estudio ininterrumpido acerca del proceso conocido como experiencing2 (Gendlin, 1957, 1962; Gendlin and Zimring, 1955). La teoría del experiencing provee un marco de referencia en el que se verán las consideraciones teoréticas de una manera distinta.

Una teoría requiere términos y palabras definidas, con las cuales se especifiquen observaciones y se formule una cadena de hipótesis teóricas. La teoría presentada aquí se desarrolla dentro de esta estructura básica adjuntándose una explicación para los nuevos términos incorporados a la teoría. Estos términos son consignados y numerados. (Podemos disponer de una teoría genuina sólo si definimos cuidadosamente los términos, y sólo al usar términos definidos, podemos más tarde modificarlos, probarlos, y ampliar la teoría)

Problemas y Observaciones.
En la mayoría de las teorías, los aspectos estáticos de contenido y estructura de la personalidad son primarios y, en consecuencia, el cambio en la personalidad es un problema especialmente difícil. El presente marco teórico de referencia se plantea fundamentalmente, con el fin de dar cuenta del cambio, ya que emplea conceptos que señalan al proceso del experiencing y a las relaciones entre tal proceso y los aspectos de contenido de la personalidad.

Teoría de la Personalidad y Cambio de Personalidad

Las teorías tradicionales de la personalidad se han referido principalmente a los factores que determinan y explican las diferentes personalidades individuales como tales, y a los factores que han puesto en marcha una personalidad dada. Se denomina personalidad a aquello que mantiene su carácter a pesar de las circunstancias. Los aspectos de una falla individual nos sorprenden si la situación actual los explica. Nunca los atribuimos a su personalidad cuando un individuo muestra toda suerte de comportamientos indeseables bajo circunstancias predominantemente negativas, o cuando llega a ser simpático y seguro bajo la influencia de acontecimientos en los que (como decimos) casi nadie sería simpático ni seguro. Lo que nosotros atribuimos a la personalidad es el reverso: cuando un individuo permanece confortable y seguro bajo circunstancias predominantemente adversas, y cuando el individuo permanece temeroso y apenado a pesar de las aparentes oportunidades y de la buena suerte. Podría decirse así, que lejos de explicar el cambio de la personalidad, nuestras teorías han sido reacias a explicar y definir la personalidad como tendiente a no cambiar, cuando justamente lo que se esperaría de ella sería el cambio.


En alguna medida este punto de vista acerca de la personalidad como factores que se resisten al cambio es justificado. Generalmente concebimos a una persona como una entidad difusa a través del tiempo. Sin embargo, los modelos y contenidos teóricos son un tipo de conceptos exploratorios que hacen del cambio, imposible por definición. La estructura de la personalidad (en estas teorías) se formula de tal manera que ella se mantenga protegida de toda nueva experiencia que pueda alterarla. El individuo se ve como una entidad estructurada con contenidos definidos. Estos conceptos exploratorios solamente pueden explicar por qué un individuo no puede cambiar.

La teoría de la Personalidad, entonces, se ha concentrado sobre los factores que explican porqué un individuo es como es, cómo llegó a ser así, y cómo esos factores lo mantienen así, a pesar de las circunstancias, de la fortuna y de las oportunidades. Los términos exploratorios de concepto y estructura, nos dicen lo que obstaculiza a un individuo a cambiar por la experiencia, los factores que lo llevarán siempre (por definición) a perder de vista o distorsionar todo aquello que lo pueda hacerle cambiar a menos que (como decimos comúnmente) su personalidad (de alguna manera) cambie primero.


Ya que la estructura y el contenido tienden a perpetuarse y a distorsionar la experiencia presente, podemos explicar el cambio en la personalidad sólo si mostramos con exactitud el modo en que esta resistencia al cambio puede cambiar.
Las teorías del pasado no han querido formular el cambio de la personalidad como imposible. Por el contrario, las teorías aseguran que el cambio puede, en realidad, ocurrir. De hecho, las principales teorías de la personalidad han surgido de la psicoterapia, es decir, del cambio de la personalidad en marcha.

De una manera un tanto paradójica, así como el cambio de la personalidad ocurre ante sus ojos y con su participación, los terapeutas se encuentran formulando lo que ha estado equivocado. Aún el individuo, en sí mismo, así como busca en sus sentimientos y lo expresa, habla como si pusiera todo el esfuerzo en investigar aquel error, aquellos aspectos de su personalidad que han proporcionado al individuo un cambio y una adaptación adecuada. Y generalmente, tal individuo llega a enterarse de mucho, luego de lo cual dice, todo ha sido verdad, pero el problema es que de todo aquello él no se ha enterado.


De este modo, la psicoterapia nos da regularmente la imagen de un individuo “encubierto”, o “que llega a enterarse” de estos contenidos obstinados y de su incapacidad previa para enterarse de ellos. Si bien disponemos de varias teorías de la personalidad que formulan estos contenidos con estructuras censuradoras y que se auto preservan, mientras utilicemos conceptos para explicar qué hace que un individuo sea como es, no podremos formular cómo puede cambiar. Durante mucho tiempo, una persona pudo haber ido cambiando justamente estos “factores encubiertos” que formuláramos en términos de contenidos

explicatorios estáticos 3


Presentaré ahora, más detalladamente, las dos maneras principales de aquella formulación de personalidad más en boga y que hace aparecer el cambio como teóricamente imposible. Denomino a estas dos imposibilidades “el paradigma de la represión” y “el paradigma del contenido” 4
Dos Problemas.
El “Paradigma de la Represión”. La mayoría de las teorías de la personalidad (con diferentes palabras y, de alguna manera, con diferentes significados) concuerdan que en las relaciones familiares tempranas de un individuo, éste ha introducido ciertos valores, de acuerdo con los cuales el individuo era amado sólo si sentía y se comportaba de determinadas maneras. Las experiencias que contradijeran estas demandas serían “reprimidas” (Freud), o “negadas a la conciencia” (Rogers), o “no sentidas como propias (Sullivan). Mas tarde cuando el individuo encuentra experiencias contradictorias, él debe distorsionarlas o mantenerlas totalmente fuera de la conciencia. En ese momento, al darse cuenta de tales experiencias contradictorias se convertiría en alguien intolerablemente ansioso. El “yo” (Freud), o la “idea de sí mismo” (Rogers), o el “autodinamismo” (Sullivan), influencia así básicamente la conciencia y la percepción. Esta influencia se denomina “resistencia” (Freud), o “estar a la defensiva” (Rogers), u “operación de seguridad” (Sullivan), y de este modo puede explicarse una gran cantidad de comportamiento. Una personalidad es como es, y permanece como tal, porque no puede tomar en cuenta estas experiencias. O si de algún modo la represión es violentamente sobrepasada y el individuo se hace consciente de estas experiencias, el yo “perderá el control”, el yo se “desintegrará”, y ocurrirán intolerables “emociones misteriosas”. En la psicosis, se ha dicho, el individuo toma conciencia de tales experiencias y el yo o la organización de sí mismo llega, de hecho, a derrumbarse.
Si el individuo necesitó simplemente recordarse o haber llevado a su conciencia los factores “reprimidos”, muy pronto entonces él tomaría su rumbo (sanaría). Siempre hay gente servicial o gente de mal humor que intenta esto, y muchas situaciones exigen burdamente la atención a estos factores. El individuo, sin embargo, no sólo reprime los factores que están en su interior sino también cualquier cosa externa a él que esté relacionada con estos factores y que se los haga recordar.5 Así, el sujeto mal entiende o mal interpreta para prevenirse contra algunos aspectos de los acontecimientos y de las personas que puedan traer estos factores a su conciencia.

De este modo, la estructura específica de la personalidad se conserva intacta y el cambio se hace teóricamente imposible. Cualquier cosa que haga el individuo, cualquier cambio que sufra en los aspectos más importantes de su vida, serán distorsionados o pasarán inadvertidos justo en la medida y en aquellos aspectos que podrían sobrepasar la represión y conducirle a un cambio.


Ahora bien, esta explicación (compartida de alguna manera, como lo he tratado de indicar, por las teorías más importantes de la personalidad de hoy 6) se basa en la manera violenta en la que el individuo durante la psicoterapia llega a estar consciente de que (como él dice) ha sentido algo por largo tiempo, pero sin saber que lo sentía. Más aún, el individuo comprende cuan poderosamente estas experiencias previas que pasaban desapercibidas han afectado sus sentimientos y su conducta. Tanta gente ha reportado esta experiencia de no estar consciente que ya casi no existen dudas de que sea una observación válida. La pregunta es cómo estamos para formularla teóricamente.
Una vez que formulamos una teoría acerca del paradigma de la represión, no podemos así, sencillamente dar la espalda, y “explicar” los cambios de personalidad como un “tomar conciencia” de lo que está anteriormente reprimido. Una vez que hemos mostrado cómo una cosa será distorsionada, lo cual tiende a traer a la conciencia estas experiencias, no podemos considerarla una explicación y simplemente afirmar que los cambios de personalidad (por definición supuestamente imposibles) consisten en un “llegar a estar consciente”. El cambio sucede. Pero decir eso no es ofrecer una explicación sino sólo plantear el problema. Podemos tomar el “paradigma de la represión” como uno de los aspectos básicos del cambio de personalidad, uno de los dos factores básicos a que estará abocado este artículo. Para explicar el cambio de la personalidad, tendremos que dar razón de cómo ocurre esta crucial “toma de conciencia”, y entonces tendremos que volver atrás y reformular nuestra teoría de la represión y del inconsciente.
El “Paradigma del Contenido”. El segundo aspecto básico del cambio en la personalidad (y la segunda manera por la cual los modos actuales formulan el cambio como teóricamente imposible) concierne al punto de vista de la personalidad como compuesta de varios “contenidos”. Por contenido quiero decir cualquier entidad definida, sean ellos llamados “experiencias”, “factores”, “conexión de estímulo-respuesta”, “necesidades”, “impulsos”, “valores” “motivaciones”, “rasgos”, “concepto de sí mismo”, “ansiedades”, “sistemas motivacionales”, “fijaciones infantiles”, “fallas del desarrollo”, o como quiera llamársele.
Si estamos dispuestos a entender el cambio de la personalidad, debemos entender el modo en que estos elementos constituyentes de la personalidad pueden variar de naturaleza.
Para dar cuenta de este cambio en la naturaleza de los contenidos, necesitamos un tipo de definición (constructos explicatorios) que también pueda cambiar. No podemos explicar el cambio en la naturaleza del contenido, cuando nuestra teoría define específicamente la personalidad sólo como contenido. Tal teoría puede formular qué necesita cambiarse, y más tarde puede formular lo que ha cambiado, y en qué se ha transformado; pero permanecerá teóricamente inexplicado cómo es posible tal cambio, ya que todas nuestras explicaciones están en términos de conceptos de tal o cual contenido definido.
Requerimos algún tipo de variables de personalidad más básicas para formular cómo, bajo qué condiciones, y a través de qué procesos, pueda ocurrir el cambio en la naturaleza de los contenidos.
Así, por ejemplo, la química define los elementos en términos de las actividades más básicas de los electrones y de los protones y de ahí podemos explicar los procesos subatómicos por los cuales los elementos se enlazan en reacciones de cambio químico y a través de las cuales un elemento puede ser bombardeado con partículas y convertirse en un elemento diferente. Sin estos conceptos que vislumbran elementos como señales de algo más básico, no podríamos explicar el cambio químico y atómico que observamos ni estudiarlo operacionalmente, definiendo las condiciones bajo las cuales ocurre. Sólo podríamos afirmar que en el tubo t1 el tubo de ensayo tiene ciertos contenidos A, B, mientras que en t2 el contenido era C, D. Sólo si A, B, C, D, son por sí mismos los conceptos explicatorios últimos podemos esperar explicar los cambios de uno a otro. Y así ocurre con el cambio de la personalidad. Si nuestros constructos explicatorios se fundamentan solamente en los contenidos, ellos por si solos no logran explicar el cambio en la naturaleza sólo de esos contenidos.
Nuestra conclusión aquí no es simplemente que los contenidos definidos de la personalidad no existan. Más bien, si nosotros definimos a la personalidad como contenidos y nada más, de una manera más básica, no podremos esperar usar los mismos conceptos para explicar justamente cómo estos contenidos cambian. Y, en tanto hayan sido justamente estos contenidos los que hubieron definido a la personalidad (y a las condiciones bajo las cuales el cambio debe darse siempre que éste fuera un cambio importante en la personalidad), exactamente esta tarea teóricamente imposible se manifiesta cuando las teorías de la personalidad intentan explicar el cambio.
Por ejemplo, durante la psicoterapia el paciente finalmente llega a darse cuenta de estos contenidos esenciales (ellos eran conceptualizados en cualquier vocabulario de la teoría particular que usa el terapeuta). El paciente puede darse cuenta ahora que ha estado lleno de “hostilidad” o que él se ha sentido y actuado en función de “fijaciones sexuales y parciales”, o que “él odia a su padre”, o que él es “dependiente pasivo” o que “nunca fue amado cuando niño”. Y “¿Ahora qué?” pregunta él. ¿Cómo cambia usted tales contenidos? No se da ninguna solución. El asunto de que estos contenidos lleguen a cambiar realmente es un asunto de nuestra buena fortuna. Las teorías explican la personalidad en términos de estos contenidos definidos, es decir, de estas “experiencias”, o “necesidades”, o “carencias”. Las teorías actualmente no pueden explicar el modo en que estos contenidos se mezclan y pierden su carácter para devenir algo de un carácter distinto. Sin embargo, ello sucede precisamente así.
Nuestro segundo problema básico del cambio en la personalidad entonces consiste en este “paradigma del contenido”. La cuestión es, “¿De qué manera debería cambiar la naturaleza de las definiciones de personalidad para que podamos llegar a un medio de definición que se adecue al proceso de cambio en los contenidos de la personalidad?” En respuesta a esto, describiremos algo más elemental y básico que los contenidos definidos: Entonces consideraremos cómo los contenidos definidos se originan en este proceso fundamental de la personalidad.

Dos observaciones universales acerca del cambio en la personalidad.

Ahora que hemos formulado los dos problemas básicos del cambio en la personalidad (el llegar a ser consciente y el cambio en la naturaleza de los contenidos), nos abocaremos a revisar dos observaciones, las cuales aseguran estar siempre estrechamente ligadas al cambio en la personalidad. En contraste con las imposibilidades teóricas antes mencionadas, la mayoría de las teorías de la personalidad citan dos observaciones, las que, aseguran, están casi siempre involucradas en el cambio de personalidad.





  1. Un cambio mayor en la personalidad involucra cierto flujo afectivo o un proceso de sentimiento que ocurre en el individuo.

  2. Un cambio mayor en la personalidad tiene lugar en el contexto de una relación interpersonal en marcha.


El Proceso del Sentimiento. Cuando ocurre un cambio significativo de la personalidad se observan generalmente sucesos sentidos intensa, emocional e internamente. Me gustaría llamar “proceso del sentimiento” a esta dimensión afectiva del cambio de personalidad. La palabra “sentimiento” es preferible a “afecto”, porque sentimiento se refiere comúnmente a algo concretamente sentido por el individuo. En el cambio de la personalidad, el individuo siente directamente una remoción interna. Sus propias construcciones y conceptos llegan a ser estructurados en parte y su vivenciar sentido llega a veces a escapársele del control intelectual.
En varios contextos se ha hecho notar que un cambio mayor en la personalidad requiere no sólo de una operación funcional e intelectual, sino también de este proceso de sentimiento. Por ejemplo, los psicoterapeutas (de cualquier orientación) discuten a menudo acerca de la presencia o ausencia de este proceso de sentimiento en un caso particular. Discuten si es que un individuo, en una sesión dada de psicoterapia, se compromete de una manera “meramente” intelectual, o si (como ellos formulan) él “realmente” se compromete en la psicoterapia. Consideran lo primero como una pérdida de tiempo o una defensa, y así llegan a predecir 7que de allí no resultará cambio alguno. Lo segundo, lo consideran prometedor de cambio en la personalidad.
Aunque esta diferencia, discutida universalmente, se formula más frecuentemente de una manera tan poco clara y las palabras que siguen a “meramente” (“meramente” intelectualizando, defendiéndose, evitando, proyectando, etc.) y las palabras que siguen a “realmente” (“realmente” comprometido, enfrentando, tratando de) son tan indefinidas que simplemente podemos referirnos a esta diferencia como la diferencia entre “meramente” y “realmente”. Aunque no pueda ser bien formulada, lo que se quiere decir o referir siempre con “realmente” es un proceso de sentimiento lo cual está ausente cuando a algo se le llama “meramente”.
Una distinción similar entre “meramente” y “realmente ” es tratada en la educación: siempre ha habido mucha inquietud por el contraste entre “el mero” memorizar los hechos y “realmente” aprender algo (haciéndolo propio o apropiarse, llegando a ser capaz de integrarlo, “aplicar” y “elaborarlo creativamente”).
Se predice que aprender “realmente” resultará de cambios observables en el comportamiento, mientras que el “mero” aprender predice como resultado pequeños (o diferentes) cambios en el comportamiento. Se dice que el proceso de aprendizaje se distingue en dos instancias, dependiendo del grado de “motivación interna” del individuo, su manera de “incorporar el nuevo material”, y su aplicación a sí mismo de lo que ha aprendido”, y de su genuina comprensión de significados. Estas metáforas indican que, nuevamente aquí en el aprendizaje, la diferencia entre “real” y “meramente” se refiere a una cierta participación de los sentimientos del sujeto en el proceso de aprendizaje.
Permítanme dar algunos aspectos ulteriores de esta observación desde la psicoterapia.
Un terapeuta Adleriano me dijo hace algunos años: “Por supuesto que la interpretación no es suficiente. Por supuesto que la persona no cambia por más sabios que puedan ser los conocimientos que el terapeuta le entregue. Pero no hay técnicas que realmente nos den cuenta de qué es lo que produce el cambio. El cambio llega a través de una cierta ingesta emocional; pero Ud. debe admitir, por lo tanto, que ninguno de nosotros entiende qué es aquello”.
Los terapeutas a menudo no toman en cuenta este hecho. Se esfuerzan por ayudar al individuo a una mejor explicación de lo que sucede, más aún, cuando se les pregunta cómo el individuo cambia y se explica claramente ahora por la mala adaptación, no se dice nada. De alguna manera el individuo al conocer su problema, debería cambiar, pero el conocer no es el proceso de cambio.
Un buen diagnóstico, tal vez con la ayuda de unos pocos tests psicométricos, puede arrojar una descripción exacta y detallada y una explicación de la personalidad de un individuo. El terapeuta y el cliente a menudo conocen ambos, después de los tests y unas pocas entrevistas, bastante de lo que está mal y necesita cambiarse. Muy a menudo, después de dos años de entrevistas terapéuticas, la descripción y la explicación dadas (o que pudieron darse) al comienzo parecen en retrospectiva haber sido bastante exactas. Hasta ahora está claro que hay una diferencia enorme entre conocer la explicación conceptual de personalidad (lo que se puede idear en unas pocas horas) y el proceso actual de sentimiento de cambiar (lo que a menudo requiere años). Se ha dicho relativamente poco acerca de este proceso, 8 el modo en que este proceso se pueda observar y medir, y exactamente de qué manera teórica funciona el proceso del sentimiento para permitir el cambio en la personalidad.



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