Una revisión teórica: ocio, tiempo libre y animación sociocultural


     La concepción del ocio en la Edad Media y el Renacimiento



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3.3.     La concepción del ocio en la Edad Media y el Renacimiento

    En la Baja Edad Media y comienzos del Renacimiento encontramos otro sentido del ocio. El tipo de ocio que surge está inspirado en un espíritu lúdico clasista. Consiste en la abstención de trabajo y en la dedicación a actividades elegidas libremente tales como la guerra, la política, el deporte, la ciencia o la religión. La vida ociosa es indicador de una elevada posición social (Huizinga, 1924).

    Queremos destacar que lo importante será que el empleo de un tiempo de ocio se va convirtiendo en un signo exterior de nobleza, contrapuesto al servil tiempo de trabajo, señal de sumisión.

3.4.     La concepción del ocio en la Edad Moderna

    Los postulados sobre el valor ético y religioso del trabajo defendidos en Europa por la ética reformista del calvinismo y las rígidas doctrinas del puritanismo inglés, a partir del siglo XVII, dan un nuevo sentido al ocio. La nueva concepción considera que el ocio es un vicio personal y social.

    El ocio pasa a ser entendido como contrapuesto a trabajo. El trabajo es productivo; el ocio es improductivo. El protestantismo suprimió el culto a los santos, y con ello los días de fiesta dedicados a ellos, que pasaron de este modo a ser productivos. El movimiento puritano restringió los placeres y las distracciones, y miró con recelo la práctica de la educación física y los deportes, los cuales sufrieron fuertes limitaciones tal como ha expuesto en su trabajo Brailsford (1969).

    Esta huella puritana, como concepción del ocio desde un punto de vista negativo, será honda y llega a la sociedad industrial (recordemos el proverbio de la época "all work and no play"). Incluso podemos encontrarla hoy en la clase media. Un ejemplo de ello es el que nos muestra W.H. Whyte en su trabajo The Organization Man (1956), refiriéndose a los ejecutivos que viven para la organización empresarial a la que pertenecen sin importarles su ocio.



3.5.     El ocio y la Revolución Industrial

    Con la llegada de la Revolución Industrial la jornada de trabajo en lugar de disminuir aumenta. El tiempo de trabajo diario aumenta para hombres, mujeres y niños, hasta llegar, incluso, a puntos agotadores. Todo ello implica que las masas trabajadoras tomen conciencia de esta situación e inicien un movimiento reivindicativo. Sus objetivos se resumen en dos puntos: reducción de la jornada laboral y aumento de los salarios. Ello origina un proceso que persigue la disminución de las horas de trabajo a través de medidas legislativas, mediante las cuales los gobiernos establecen límites máximos a la jornada de producción. Una fecha significativa es el año 1948, en la que la Asamblea de las Naciones Unidas aprueba la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Esta declaración proclama en su artículo 24 "el derecho al disfrute del tiempo libre".

    Lo interesante es resaltar la nueva dimensión que alcanza el ocio y el tiempo libre en su acepción más moderna. Tanto en Grecia como en Roma, como en la Edad Media y Renacimiento y el puritanismo inglés posterior, la actividad ociosa tiene un significado claro que condiciona el empleo del tiempo dedicado a ella. La valoración del ocio está en función del modo como se emplea.

    Esto es diferente en el uso moderno del término. Lo que importa no es directamente el ocio, sino el no-trabajo. El valor esencial se centra en los aspectos cuantitativos del ocio, no en los cualitativos.



3.6.     La concepción del ocio y del tiempo libre en la historia

    Las diferentes respuestas históricas a la pregunta de qué es el ocio nos ayudan a comprender, en parte, la vaguedad conceptual con que el ocio es aprehendido. Con la concepción moderna del ocio se plantea el problema, ya latente en la historia, de las relaciones entre el ocio y el tiempo libre. ¿El ocio moderno, tiempo sustraído al trabajo, es tiempo libre?.

    La bibliografía actual dedica muchas de sus páginas a este tema. Para algunos autores ambos conceptos son sinónimos, otros los perciben como diferentes. Desde este punto de vista trataremos de las diferencias fundamentales entre Sebastián de Grazia (1962) y Herbert Marcuse (1964).

    De forma muy sintética diremos que para de Grazia hay tiempo libre y falta de ocio, un ocio que se concibe como en Grecia, como un estado atemporal, subjetivo de libertad individual. Para Marcuse, hay ocio y falta tiempo libre, falta un tiempo de libertad. Destacamos esta discusión entre ambos autores porque es un buen ejemplo de las concepciones burguesas y marxistas.

    De lo expuesto hasta aquí se deduce que existen dos acepciones generales del ocio:


  1. como un fenómeno distinto al tiempo libre, en este caso este último se refiere a la conjunción de la temporalidad y la libertad;

  2. el ocio como tiempo libre.

3.7.     La concepción burguesa del ocio

    Al considerar globalmente el tema del ocio y del tiempo libre, se advierten dos grandes tendencias que podemos denominar burguesa y marxista. Cada una presenta una concepción del ocio o tiempo libre.

    El conocimiento de ambas concepciones es esencial a la hora de abordar el tema porque evidencia de un lado el carácter contradictorio del tema y su trascendencia ideológica, y de otro, la superación del dogmatismo, lo cual nos permite plantear críticamente el significado del ocio y del tiempo libre. No debemos perder de vista que esta concepción tiene sus raíces en las tradiciones puritana y liberal. Esta doble tradición explica que aunque en los comienzos el sistema capitalista entraba en contradicción con el ocio, no sucede esto una vez que el sistema se ha consolidado. Es más incluso el ocio llega a verse como un punto de apoyo importante para el interés económico, por cuanto las masas pasan a disponer de una suficiente capacidad temporal de consumo.

    Tanto en Estados Unidos como en Inglaterra en el segundo cuarto de este siglo surgen una serie de trabajos interesados en estudios empíricos acerca de esta problemática. Sobre todo se interesan por las pautas de comportamiento en el empleo del tiempo libre de los ciudadanos. Desde luego esta preocupación deriva de las repercusiones que ese estilo de vida tenía en la vida económica.

    Así se inicia una corriente empírica investigadora del ocio como "problema social", corriente científica que se extenderá por el resto de los países europeos. Años después otras dos corrientes, una teórica y otra crítica, se sumarán a aquella. Precisamente lo que denominamos concepción burguesa del ocio resulta de estas tres componentes.

    Destacamos los trabajos de Lynd, cuya obra Middletown (1929) puede considerarse pionera; el trabajo de Margaret Mead (1957); las dos grandes antologías Mass culture (1957), dirigida por B. Rosenberg y D.M. White y Mas leisure (1958), a cargo de E. Larrabe y R. Meyersohn; y la obra clásica de Thedor Veblen, The theory of Leisure (1899).

    A modo de conclusión las características comunes que denotan todas ellas se resumen en los siguientes puntos:


  1. Subjetivismo: se concibe el ocio como la vivencia de un estado subjetivo de libertad.

  2. Individualismo: se considera que el ocio pertenece a una esfera diferente a lo colectivo, porque no depende de los demás, sino que es individual.

  3. Liberalismo: se destaca que el ocio es privado por lo que la sociedad no puede determinar su empleo personal.

    En síntesis, en la concepción burguesa se observa una triple actitud: subjetiva en lo psicológico, individualista en lo sociológico y liberal en lo político.

3.8.     La concepción marxista del tiempo libre

    La otra gran tendencia de la que debemos ocuparnos tiene su iniciador en Marx. La tendencia marxista presenta una cierta unidad que contrasta con el carácter heterogéneo del punto de vista burgués, si bien existen ciertas diferencias, por ejemplo, en lo relativo a la discusión que afecta al problema del tiempo libre, en que medida la alienación es un fenómeno general de las sociedades industriales o exclusiva del capitalismo.

    Sintéticamente diremos que a pesar de los diferentes marxismos, sin embargo es posible encontrar ciertos puntos de contacto entre ellos. Todos critican y analizan dialécticamente el tiempo libre en la sociedad capitalista, por ser un tiempo alienado y patológico. Por tanto, construyen un modelo de cómo debe ser el tiempo libre, un tiempo opuesto al del trabajo.

    Si bien la visión marxista ofrece soluciones poco matizadas, sí se extiende en la crítica y en el planteamiento de problemas que tocan al tiempo libre, frente a la visión burguesa, se trata de una concepción la suya de carácter objetivo, colectivo y planificadora del tema.

    Ante tal diferencia resulta difícil hablar de actitud conciliadora entre ambas, pero en este punto Lanfant (1972) habla de ocho proposiciones que convergen entre ambas y que las presenta como lo que denomina la actual "teoría del ocio":


  1. El tiempo libre se da separado del resto del tiempo, especialmente del tiempo del trabajo.

  2. El tiempo libre es aprehendido como una totalidad abstracta.

  3. El tiempo libre aumenta al incrementarse la productividad.

  4. El tiempo libre evoluciona con autonomía del sistema social.

  5. Las actividades propias del tiempo libre son actividades libres.

  6. El individuo se determina libremente, en función de sus necesidades personales.

  7. Las actividades y los valores del tiempo libre están ligados entre sí por las elecciones individuales, las cuales se ordenan libremente.

  8. El ocio es un sistema permutable de valores y elecciones.

    Es evidente que la tesis de la convergencia, quizá válida en lo relativo a las técnicas empíricas, no lo es en lo que respecta a la interpretación teórica del fenómeno.

4.     La investigación en el ocio y el tiempo libre

    En el trabajo de Rodríguez-Suárez y Agulló-Tomás (2002) se considera que es a partir de 1964 (cuando Berne lleva a cabo una de las primeras aproximaciones de la psicología al fenómeno del ocio, con su estudio sobre los juegos de la gente y la psicología de las relaciones humanas) comienza el estudio del ocio.

    Desde ese momento el ocio ha ido adquiriendo consistencia como campo de estudio de la psicología social. No cabe ninguna duda acerca de la incidencia significativa – sobre todo en nuestro país- en las distintas esferas de la realidad social (economía, política, cultura, salud, etc.).

    La Psicología del ocio ha recorrido diferentes etapas de investigación. Junto al trabajo de Berne en 1970, la Universidad de Illinois comienza a trabajar en los conceptos psicológicos aplicados al estudio del ocio (Kelly y Godbey, 1992). John Neulinger, considerado el padre de la psicología del ocio, desde que en 1974 publicara su hoy clásico Psychology of Leisure.

    John Neulinger en Psychology of Leisure introduce el «Modelo de los Tres Factores del Ocio», que pronto sería adoptado por la mayor parte de los investigadores (Iso-Ahola, 1988). El modelo de los tres factores considera el ocio desde el punto de vista 


  1. de la economía considerándolo como tiempo libre; 

  2. de la sociología y lo considera como una actividad; y 

  3. desde el punto de vista de la psicología, considerándolo como un estado mental. 

De hecho, Neulinger (1981) considera al ocio no solamente como un componente de la calidad de vida, sino su propia esencia: «el ocio no es un estado neutral de la mente, es un estado positivo, muy deseable y un importante valor»; en su opinión, el ocio se convierte por derecho propio en «la línea guía necesaria para cualquier decisión relacionada con la calidad de vida». Para la elaboración de este modelo Neulinger revisa varios trabajos: 

  1. Categorización cuádruple del ocio de Kraus (1978); 

  2. Categorización quíntuple de Murphy (1973, 1975); y 

  3. Categorización séxtuple de Kaplan. Además Neulinger realiza una doble categorización:

    1. La definicion subjetiva de ocio. En esta visión incluye la concepción del de Sebastián de Grazia (1962) y de Pieper (1963) y en general del ocio como un estado de la mente, o más apropiadamente como una experiencia, es el dominio científico de la psicología. Esta visión requiere una aproximación interdisciplinar.

    2. La definicion objetiva del ocio. Esta visión incluye las categorizaciones de Kraus, Murphy y Kaplan. Y es preciso una aproximación sociológica.

    El modelo de Neulinger básicamente concibe el ocio como un estado de la mente producido por las experiencias o las actividades que se producen bajo la condición de libertad percibida. La calidad del ocio viene determinada por la motivación hacia la actividad (variando de intrínseca a extrínseca) lo que hace distinguir dentro del ocio: puro ocio, ocio-trabajo y ocio-empleo. Paralelamente en el no-ocio y determinado por la motivación se distingue: puro trabajo, trabajo-empleo, puro empleo.

    Por su parte la categorización cuádruple de Kraus (1978) del ocio considera: (1) La visión clásica del ocio según Aristóteles y recogido por Grazia (1962), según el cuál el ocio es para una minoría. (2) El ocio como símbolo de una clase social. Esta concepción aparece recogida en el modelo de Thorstein Veblen (1899) The Theory of the Leisure Class, el ocio como símbolo de categoría unido al consumo conspi­cuo, está unido a la concepción puritana del ocio, esto da como resultado la imagen tan negativa que el ocio tiene. (3) El ocio como una forma de actividad. El ocio aparece como una forma de actividad del tiempo libre, en el tiempo desocupado es la concepción asumida por Dumazedier (1975). (4) El ocio como un tiempo no obligado. Es la visión más utilizada en la literatura sociológica. El tiempo libre como una actividad de libre elección. No obstante Kraus (1978) reconoce ciertos problemas en la conceptualización Tiempo libre versus Tiempo de trabajo y adopta el concepto de Dumazedier el concepto de tiempo semilibre.





Ilustración 1. Clasificación de tiempos semilibres.

    Por su parte la Categorización quíntuple de Murphy (1973, 1975), considera (1) La visión clásica o visión tradicional. Coincide con la de Kraus (1978) poniendo especial énfasis en la contemplación, la discusión política, el conocimiento y la cultura. (2) El concepto de tiempo discrecional. Esta categoría coincide con la IV de Kraus (1978) en el que la concepción del ocio es la porción de tiempo que queda después del trabajo y en el que los requerimien­tos básicos de la existencia están satisfechos. (3) El ocio como un instrumento social. Esta visión también es compartida por Kaplan (1971) el ocio como medio de reunir las necesidades de los pobres en un programa de acción comunitaria que establezca el umbral de los desaventajados para establecer una actualización de la ayuda social y un desarrollo de las habilidades de autoayuda. Esto puede ser llamado una visión funcionalista. (4) Visión antiutilitaria del ocio. El antiutilitarismo es un estado de la mente y un fin en sí mismo, sin necesidad de justificación ni con una función utilitaria. (5) Modelo holístico del ocio. La orientación holística del ocio es una compleja multiplicidad de relaciones que envuelven la selección de indicadores de aspiraciones sociales e individuales sobre el estilo de vida.

    La Categorización séxtuple de Kaplan (1971) considera: (1) Modelo humanistico del ocio. Corresponde con las categorizaciones de Kraus (1978) y Murphy (1973, 1976) y están representados por los modelos de Grazia y Pieper. Kaplan establece relaciones con las filosofías orientales. (2) Modelo terapéutico del ocio. El ocio es visto como un instrumen­to o como control. Kaplan incluye en esta categoría no solamente el ocio como propuesta terapéutica sino también la propuesta de Kraus (1978) como símbolo de categoría social, esto es el ocio en el sentido de Veblen y de Murphy, el ocio como un instrumento social. (3) Modelo cuantitativo del ocio. Esta visión corresponde al residuo sociológico del modelo del ocio, su contorno está en las dos categorizaciones anteriores (Kraus y Murphy) y está referido al tiempo discrecional. Este se presta a la cuantificación, se ejemplifica en la cantidad de tiempo dedicado al estudio, pero ofrece serios problemas de definición por saber en que consiste lo de residual. (4) La concepción institucional del ocio. Distingue unas conductas y un modelo de valores de carácter religioso, moral, educacional y político. Esta en la línea de Dumazedier. (5) La concepción epistemológica del ocio. Kaplan no elabora mucho esta formulación que hace referencia al amplio marco de actividades humanas. (6) La concepción sociológica del ocio. No es definible el ocio 'per se' y mucho menos por síntesis de los elementos. Esto puede ser parecido al modelo holístico de Murphy.

    En el trabajo de Rodríguez-Suárez y Agulló-Tomás (2002), consideran que Williams (1977) realizó un estudio sobre las diferentes aproximaciones que la psicología venía aportando al estudio del ocio. Las contribuciones fundamentales a la psicología del ocio provienen del propio Neulinger, al desarrollar una tipología que denomina «paradigma del ocio», modelo que basado en la clasificación de las dimensiones libertad percibida y motivación intrínseca, ha sido utilizado de forma reiterada en Estados Unidos para analizar el ocio, principalmente en recreación terapéutica (Cuenca, 1995) con estudios como los realizados por Levy (1971), Peterson y Gun (1984), Caldwell y Weissinger (1994), o Mahon (1994). Se conceptualiza la libertad percibida como elemento central de sus tesis sobre el ocio ya desde sus primeras propuestas (Gunter y Gunter, 1980; Kelly, 1972; Neulinger, 1974; Parker, 1971). Asimismo la motivación intrínseca ha sido utilizada en diversas áreas del ocio, tales como el juego de los niños (Barnett, 1980; Csikszentmihalyi, 1975b), el ocio y la salud física (Coleman, 1993; Weissinger e Iso-Ahola, 1984), la evaluación de los servicios de ocio (Iso-Ahola, 1982), la «experiencia de fluido» (Bradley y Mannel, 1982; Mannell, Zuzanek y Larson, 1988), el ocio y escuela (Bergin, 1983), etc.

    El modelo de Parker (1971) considera la diferenciación entre el continuo "trabajo-no trabajo" y de "obligación-libertad". De esta manera logra superar la dicotomía obligación-libertad pero no la dicotomía tiempo ocupado-tiempo libre

ACTIVIDAD

obligación <---------------------->libertad

de- trabajo

trabajo

Obligaciones de trabajo (conectadas con el empleo)

Ocio en el trabajo

de no trabajo

necesidades fisiológicas

Obligaciones de no trabajo

Ocio o tiempo libre

Ilustración 2. Clasificación del Modelo de Parker.

    Otro autor, Csikszentmihalyi (1975a) descubre como la realización de ciertas prácticas de ocio; son momentos de experiencia óptima en los que los sujetos se encuentran absortos de una forma intensa y agradable, experimentando una pérdida de la autoconciencia (Rodríguez-Suárez y Agulló-Tomás, 2002). Csikszentmihalyi denomina «flow», a esta experiencia y considera que aparece cuando existe un equilibrio entre habilidades y desafíos. En su tesis doctoral analiza cómo los artistas jóvenes afrontaban la creación de sus cuadros; algunos de los resultados obtenidos aparecen en el libro The Creative Vision (1976). Aunque la descripción de la experiencia de fluido la desarrollará directamente en Beyond boredom and anxiety (1975a). En cuanto a la psicología social, las investigaciones sobre experiencia de fluido han mostrado su carácter de concentración y activación y su repercusión en la creatividad y el control (por ejemplo: Deci y Ryan, 1991; Hernández Mendo, 1999; Mannell, 1979, 1980; Tinsley y Tinsley, 1986).

    En el modelo de flujo de Csikszentmihalyi (1975, 1988, 1992) se describen los niveles y meca­nismos de actuación. Pero además, si tenemos en cuenta los campos de aplicación de este modelo, que van desde el tiempo libre hasta los esta­dos de con­ciencia de los de­portistas de éli­te en competi­ciones de alto nivel, pasando por nuestra acti­vidad coti­diana, podemos afir­mar de acuerdo con Popper (19­83), que es un modelo de gran poten­cia.

    Csikszentmihalyi (1975, 1988, 1992)7 construye un modelo que explica los mecanis­mos intervinientes que hacen oscilar al hombre del tedio a la ansiedad. Con este modelo de flu­jo des­cribe un estado que se denomina de entropía Psíqui­ca, defini­do por similaridad al concepto de entropía, y al que se lle­ga a través de una expe­rien­cia óptima. Ésta puede a­con­tecer cuando todos los con­ti­nentes de la conciencia están en armonía entre sí y con las metas del propio sujeto. Para articular el mode­lo, Csikszentmihalyi establece tres niveles de teleonomía. La te­leonomía es un concepto cercano a la teleología, diferenciándo­se de este último en que impli­ca una dirección sin causali­dad. Los tres ni­veles de teleo­nomía son: 



  1. Teleonomía genética, 

  2. Teleonomía cultural, y 

  3. Teleonomía del yo. 

    La experiencia óptima re­quiere un balance entre los retos percibidos y las habi­li­dades del sujeto. Cada ac­ción que requiera una habili­dad pue­de producir una expe­riencia autotéli­ca.

    El estado flow solamente apa­rece en actividades altamente es­tructuradas. Cuando se ad­quiere el control de la aten­ción y de la conciencia, de esta manera resulta más fá­cil mantener la ho­meostasis entre retos y habi­lidades para obtener expe­riencias flow. El flow es, por tanto y de acuerdo a lo pro­puesto por George Her­bert, la desapa­rición del yo-social para que se haga reali­dad el yo-individual. Las ca­racte­rísticas del flow son: 



  1. hay un equilibrio entre los re­tos y las habilidades, 

  2. hay una formulación clara de las metas, 

  3. la información es inmediata, 

  4. se produce una distorsión en la percepción del tiempo, 

  5. se produce un olvido de los problemas.

    Cuando se produce un dese­quilibrio entre retos y habili­da­des pueden darse dos situa­ciones: 

  1. Hay más retos que habi­lidades y por tanto un aumento de la ansiedad ya que el sujeto con sus habilidades actuales no puede hacer fren­te a los retos. 

  2. Hay más habilidades que retos, aparece el tedio, el aburrimiento, la actividad no presenta reto y de esta forma no hay aliciente.

    Hay que señalar una serie acontecimientos importantes en el desarrollo y conceptualización del ocio, como por ejemplo, la fundación en 1969 de la revista Journal of Leisure Research, (Iso-Ahola, 1988; Mannel y Kleiber, 1997). Otro hecho destacable es la publicación del trabajo de Bishop y Witt (1970) sobre las fuentes de la variedad comportamental durante el tiempo de ocio en la revista Journal of Personality and Social Psychology. Este trabajo es una de las primeras publicaciones sobre ocio (junto al trabajo de Neulinger y Breit de 1969). A comienzo de los años setenta, Driver, junto a otros investigadores, inician la adopción de un enfoque psicosociológico más sistemático en el estudio de la «recreación al aire libre» (Driver y Toucher, 1970; Driver y Brown, 1975; Driver, 1976). El propio Neulinger (1974) en su «psicología del ocio» ya había sugerido la importancia de diversos conceptos psicosociológicos, necesarios para entender el ocio, tales como la percepción del tiempo, el aburrimiento, la privación sensorial, el locus de control, además de los más desarrollados: la libertad percibida y la motivación intrínseca (Rodríguez-Suárez y Agulló-Tomás, 2002).

    En el trabajo Rodríguez-Suárez y Agulló-Tomás (2002), se reseña como dato importante la aparición en 1977 del estudio que realizó Robinson desde una óptica psicosociológica sobre la utilización del tiempo en América. En el año 1978 en el Leisure Research Symposium (Simposio de Investigación del Ocio de la NRPA –Nacional Recreation and Park Association–) se incorpora por vez primera una sesión de Psicología Social del Ocio en el NRPA´s. Seppo Iso-Ahola escribe en 1980 el primer libro que aborda la necesidad y pertinencia de una psicología social del ocio. Analiza las características del ocio y presenta instrumentos para medir diversos procesos psicosociales básicos que se producen en el ocio y la recreación; al mismo tiempo, se revisan cuestiones como las actitudes, la percepción de libertad o motivación en el ocio, la calidad de vida y la recreación terapéutica. En ese mismo año Iso-Ahola coordina dos libros más sobre las perspectivas de la psicología social del ocio (1980b, 1980c), en los que, además del propio autor, intervienen otros acreditados investigadores como Mannell, Neulinger o Ragheb y Beard, y donde se esbozan temas como la teoría y el método de la psicología social del ocio y la recreación, las estrategias y técnicas psicosociológicas para el estudio de las experiencias de ocio, o la satisfacción en el ocio. También en 1980 el español Frederic Munné (1989) (quien, en cierta medida adelantándose a su tiempo, ya en 1971 había dedicado un capítulo al ocio en su libro Grupos, Masas y Sociedades) publique su obra crítica Psicosociología del Tiempo Libre, en el que estudia de forma brillante las diferentes propuestas sobre el ocio que se han dado a lo largo de la historia y propone su particular teoría del tiempo libre. En la década de los ochenta publicará Chamberlain (1983) su trabajo sobre las correlaciones psicosociológicas del ocio.



    Rodríguez-Suárez y Agulló-Tomás (2002) afirman que los trabajos de autores como Manell (1984), Ingham (1986) o Iso-Ahola (1988) concluyen que la mayor parte del trabajo de la psicología sobre el ocio se ha realizado en las áreas de psicología social de la disciplina. En 1984 se edita un número especial de la revista Annals of Tourism Research, dedicado a la psicología social del turismo. Muchos de los capítulos de los dos grandes clásicos de esos años, Constraints on Leisure (Wade, 1985) y Understanding Leisure and Recreation (Jackson y Burton, 1989), fueron realizados partiendo de una perspectiva y de un análisis de carácter psicosociológico. En Europa en 1996, Argyle publica un manual de psicología social del ocio. En este manual se abordan los orígenes históricos del ocio y su relación con el trabajo, analizando sus postulados, especialmente los relativos a los aspectos y factores psicosociales con los que el ocio está relacionado. Para lo cual intenta adaptar las más importantes teorías norteamericanas al contexto europeo. Un año más tarde en Norteamérica, Mannell y Kleiber (1997) publican un compendio de psicología social del ocio. En este nuevo libro resaltan el acercamiento al ocio desde una perspectiva de la Psicología Social en los últimos veinte años ha proporcionado una mayor comprensión de la etiología, comportamientos e impacto del ocio y su relación con calidad de vida. En ese sentido, definen la psicología social del ocio como «el estudio científico del comportamiento y la experiencia del ocio de los individuos en situaciones sociales». Veinte años después del reseñado primer manual de la psicología social del ocio de Iso-Ahola (1980a), los trabajos sobre el ocio que desde esta disciplina se han llevado a cabo no han hecho más que crecer, aportando avances y resultados significativos sobre nuevos tópicos que comienzan a adquirir gran relevancia, tales como las diferencias de género y multiculturales, las barreras del ocio, sus beneficios para la salud, o el designado por Stebbins (1992) como «ocio serio» (que se refiere a aquellas actividades que permiten ejercitar las habilidades artesanales y las capacidades creativas de los sujetos, con tal implicación perfeccionista que el producto final se aproxima a la calidad profesional). En la actualidad, la mayor parte de las revistas relativas al estudio del ocio publican un gran número de investigaciones realizadas desde un punto de vista psicosociológico (así, véanse Journal of Leisure Research, Leisure and society, Therapeutic Recreation Journal…). Por otro lado, sobre las limitaciones que pesan sobre la psicología social del ocio, Mannell y Kleiber plantean por una parte un predominio casi absoluto, hasta hace poco tiempo, del estudio del comportamiento y la experiencia del ocio en varones, así como de una atención a los miembros de la cultura dominante en Norteamérica, en detrimento de las diferencias culturales y étnicas. Estas cuestiones, sin embargo, están empezando a ser tratadas y corregidas por diferentes estudiosos. Así, en cuanto a la «masculinidad» de los estudios de ocio se refiere, cada vez es mayor el número de estudios psicosociológicos que parten y se basan en la cuestión de género; Karla Henderson es precursora en criticar esta cuestión con su trabajo An analysis of sexism in leisure research, en 1984 en National Recreation and Park Association Leisure Research Symposium. Posteriormente colaborará para paliar este desequilibrio y sus sesgos correspondientes con diversos trabajos realizados individualmente (1994) o junto a otros investigadores (con Bialeschki, 1986, 1992; con Jackson, 1995; o con Bialeschki, Shaw y Freysinger, 1996). Henderson y Bialeschki atienden en el estudio citado a la cuestión de cómo se conduce la investigación sobre el ocio; concretamente, muestran cómo las investigaciones y perspectivas feministas han transformado las formas en las que los estudiosos han examinado el ocio. Así, estas autoras señalan que una vez puestos de manifiesto la relevancia y el interés del estudio del ocio atendiendo a la variable género, incluso en investigaciones que no estaban orientadas específicamente a las diferencias hombre-mujer, el género se incluía como una variable independiente en el análisis. En los años noventa las investigaciones de género pasan de basarse en la comparación entre sexos a atender a la influencia que las relaciones de género asentadas socialmente ejercen sobre el ocio. Otra estudiosa que ha hecho importantes aportaciones en este Sentido es Susan M. Shaw (1985, 1992, 1994). En cuanto a las diferentes etnias y al estudio de la multiculturalidad del ocio a partir de la investigación pionera de Taft (1977), se desarrollan numerosos trabajos al respecto (Gramann, Floyd y Saenz, 1993; Gramann, 1996; Scanlan y Lewthwaite, 1986). Por otro lado, Mannell y Kleiber también argumentan que se han producido críticas en las últimas dos décadas hacia el excesivo psicologismo de los estudios de ocio, «demasiado miopemente enfocados en el individuo». Quisiéramos detenernos en este punto para hacer una serie de comentarios que creemos necesarios, puesto que aunque no invalida el enfoque de la psicología ni de la psicología social, sí debe recordar a los investigadores la importancia de la influencia de las fuerzas sociales, políticas y económicas sobre las actitudes, necesidades y situaciones sociales de la vida diaria de las personas; influencia que requiere para su correcto análisis de la perspectiva conjunta e integradora de las ciencias sociales y en especial de la psicología social.

    Un aspecto cuestionado es la exagerada tendencia cuantitativa/positivista de la psicología social americana, que ha influido negativamente, a nuestro juicio, en la psicología social del ocio desarrollada hasta el momento. En el estudio del ocio desde la psicología social son fundamentales los conceptos de libertad y control, con lo que no es de extrañar que muchos trabajos se basen en las teorías que tratan de explicar los efectos de la presencia o ausencia del control y la forma en la que pueden ser explicados: la teoría de la reactancia psicológica y la teoría de la indefensión aprendida. La primera de ellas es aplicada por algunos trabajos sobre el ocio, como el de Mannell y Backman (1979) o el de Iso-Ahola (1986), por apuntar sólo algún ejemplo. Por su parte, la teoría de la indefensión aprendida ha sido aplicada para entender los comportamientos de ocio en trabajos como los de Iso-Ahola (1977, 1980a), y para la comprensión de los desafíos psicológicos que pueden tener las personas discapacitadas y los ancianos en el disfrute significativo del ocio (v.g. Dattilo y Kleiber, 1993; Iso-Ahola, 1980a; MacNeil y Teague, 1987). Otra teoría psicosociológica basada en las nociones de control y libertad utilizada en la investigación del ocio es la idea de autoeficacia de Bandura (1977). Maughan y Ellis (1991), por ejemplo, basaron su estudio en la creencia de que algunos de los más importantes beneficios de la intervención en la recreación terapéutica se deben al aumento del sentimiento de autoeficacia en el ocio. Por último, señalaremos que para tratar la motivación en el ocio, se ha utilizado frecuentemente la clásica teoría de las necesidades jerarquizadas de Maslow (1975).

    En España, junto a las aportaciones de Munné a finales de la década de los ochenta y principios de los noventa, hay un aumento considerable de los estudios del ocio mediante enfoques específicos de la psicología social (Munné y Codina, 1996). Este incremento es observable no solo en las numerosas publicaciones, también en el incremento de los trabajos presentados a los Congresos Nacionales de Psicología Social y otros, en el que es abordada la temática del ocio. Para una relación detallada de autores y obras que desde la psicología social española se han dedicado al estudio del ocio, véase Munné (2000) y Rodríguez (2000). Un capítulo titulado Psicología Social del ocio y el tiempo libre, realizado por Munné, junto a Nuria Codina fue incluido en el manual Psicología Social Aplicada, publicado en 1996, lo que evidencia el creciente interés de la psicología social por el ocio en nuestro país. En 1997, San Martín publica Psicosociología del ocio y el turismo, un sintético manual que introduce en España, parte de los conceptos y teorías (principalmente provenientes del mundo anglosajón) sobre ocio realizadas desde la psicología social.



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