Una interrogación sobre la dependencia



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CLAUDE OLIVENSTEIN. FICHA: “Una interrogación sobre la dependencia” (1990)

Sin la noción de carencia, nada puede decirse ni comprenderse de la dependencia. Toda carencia en el ser humano remite a otra carencia arcaica, y en esta remisión se sitúa la especificidad de la dependencia humana. La carencia es a la vez individual, incomunicable y verdad del mundo, dolorosa. Lo que teme el sujeto es la carencia de carencia. La dependencia no es un efecto, no es más que sumisión. Solo la intensidad de la carencia puede contrarrestar la intensidad del placer. Los dos son modos de estar en el mundo.



La dependencia específica del hombre comienza aquí: el recuero del placer, que no es más que una forma degradada, ya sustitutiva. El toxicómano prefiere replegarse en el placer. La dependencia se organiza en un incesante vaivén de investimentos masivos y desinvestimentos también imperativos, repentinos, globales. El sufrimiento es la alternativa querida cuando falta el placer. Cuanto más grande e intenso es el sufrimiento, mas grande será el alivio y el placer de la intoxicación. Haciéndose toxicómano escapa a la sujeción del no-ser, por eso esta nueva sujeción al objeto-droga es vivida como positiva, reductora del sufrimiento de la falta-en-ser. Ser amado o no ser amado, ser hombre o mujer, es de lo que sufre el sujeto desde que el espejo se rompe. Y drogarse solo tiene sentido porque, primero en el placer y después en la dependencia, no hay más incertidumbre que en la única elección posible. Allí donde solo había incertidumbre dolorosa, hay ahora la certeza de la repetición. El producto es utilizado cuando el placer deja de estar omnipresente y por lo tanto necesita del objeto-droga para poner orden. La ley del hábito, que si bien es pérdida de libertad es ganancia en la emancipación a ciertos miedos, fantasmas, incompletudes, etc. El arcaísmo hecho un voluntarismo.

Narciso se expone a morir cada vez que quiere reunirse con su imagen. El producto-droga se convierte en delegado general del deseo del sujeto, perfecto dúo del periodo de luna de miel al cual sucede el dúo, también perfecto, del sujeto y su carencia. El terapeuta deberá disociar este dúo, considerar que para el toxicómano la dependencia es vivida como necesaria, creando un campo de dependencias sustitutivas con la condición pragmática y ética de que el objetivo final sea el fin de toda dependencia.


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