Una historia de la psicologia en latinoamerica. 709, Klappenach y Pavesi



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Discípula de Freud: una nueva teoría de la represión

A finales de agosto de 1910, transcurridos ya cinco meses del Congreso Psicoanalítico de Nuremberg, Sabina dio un paso definitivo en su vida personal y profesional: tomó la decisión de trasladarse a Viena para seguir su formación con Freud, con lo que además se alejaba de Jung. Poco antes había dado los toques finales a su tesis de doctorado, que dirigía Eugen Bleuler, en la que había llevado a cabo una investigación de carácter psicoanalítico sobre la demencia precoz (esquizofrenia) crónica, titulada Sobre el contenido psicológico de un caso de demencia precoz, que fue editada por el Jahrbuch en 1911 (18). Presentó este trabajo el 11 de febrero de ese año, un mes después de haber superado los exámenes finales de la licenciatura de medicina, en donde obtuvo matrícula de honor en psiquiatría, dando fin a sus estudios oficiales en el mes de junio de 1911.La tesis consistía en el estudio clínico de una paciente esquizofrénica, hostil y deteriorada, que sólo estaba preocupada por la muerte y la decadencia, aunque era incapaz de coordinar verbalmente la mayor parte de sus pensamientos. Sabina fue descifrando pacientemente los contenidos psicológicos de sus diferentes delirios, llegando a la conclusión de que en éstos podía verse la participación de dos ingredientes antagónicos en el deseo sexual, un elemento disgregador y por tanto destructivo, y un elemento constructivo que llamó componente de transformación, algo cercano a lo que Freud bautizaría después como sublimación. En estas ideas algunos han situado la semilla de la pulsión de muerte, aunque realmente se trata de los inicios de una elegante teoría de la represión, que Spielrein desarrollaría más profundamente en un trabajo ulterior.

El miércoles 29 de noviembre de 1911, tras haber sido aceptada como miembro de la Asociación Psicoanalítica de Viena, Sabina es recibida por Freud para discutir el contenido de su tesis, en la que aquélla defendía que los conflictos fundamentales que tienen lugar en la mente humana no son el enfrentamiento entre las pulsiones del yo y las pulsiones sexuales, sino, como antes se ha insinuado, entre la vida y la muerte, de modo que la tendencia destructiva humana ha de luchar contra la misma sexualidad: el núcleo de su trabajo es que la destructividad es la última causa de la vida.Cuando Spielrein elaboró esta teoría tenía sin duda en la mente las ideas de Élie Metchnikoff, un ruso expatriado en Francia que llegó a ser director del Instituto Pasteur de París y premio Nobel de medicina en 1907, quien en su obra El ritmo de la vida, editada en 1903, había especulado sobre la existencia en el ser humano de un deseo de morir, que se pondría en evidencia al final de una larga vida . Spielrein puso este deseo de muerte en relación con un aspecto destructivo de la pulsión sexual: la sexualidad sería intrínsecamente ambivalente respecto al yo, pues busca la disolución de éste para producir la vida. Esta teoría de Spielrein sobre la destrucción, el sacrificio y la transformación tenía también una indudable deuda con Nietzsche y Wagner. Entendemos, en todo caso, que lo importante a destacar es que tal teoría, que cuajaría un año después, ha de estimarse como una novedosa explicación de la represión y no como una demostración de la existencia de la pulsión de muerte, coexistencia de la destructividad y la sexualidad en los humanos daría cuenta de por qué la represión actúa específicamente contra los deseos sexuales.

Para Spielrein, el misterio de la específica actuación de la represión sobre los deseos sexuales individuales, y no respecto a otros deseos, residía en su original concepción de la sexualidad, que superaba el enfoque freudiano, centrado en el enfrentamiento de las pulsiones sexuales con las pulsiones de autoconservación, en el placer/displacer por medio de la descarga y en la represión como una consecuencia de la naturaleza prohibida de la pulsión libidinal, fundamentalmente por el objeto hacia el que se dirige. Sin embargo, al modo de ver de Spielrein, habría una pulsión de conservación del individuo y otra de la especie, defendiendo paralelamente la existencia de dos estructuras psíquicas, el yo y el inconsciente, funcionando el yo gracias a la energía aportada por la pulsión de autoconservación, siendo su máximo objetivo mantener indemne la propia individualidad, rechazando todo aquello que pudiera imponerle un cambio no deseado. En cuanto al inconsciente, sería más bien colectivo que individual, procediendo su energía de la pulsión de conservación de la especie, esto es, de la sexualidad, persiguiendo el mantenimiento de la especie por encima del individuo, por lo que actuaría en contra del yo, por lo que éste viviría como una amenaza la presencia del deseo sexual. De aquí que el yo siempre respondiera con una actitud de represión ante la activación del deseo sexual, mostrando en la mente imágenes de destrucción y muerte, las cuales representarían las protestas de dicho yo ante la amenaza de su disolución, radicando en ello la última fuente de la represión de los deseos sexuales. No se trata exactamente, por tanto, de lo que en 1920 Freud delimitaría como pulsión de muerte, como señala en la antes referida nota a pie de página de una de sus obras.



Estancia en Berlín: un casamiento de conveniencia

El 20 de enero de 1913, Freud le comenta a Sabina en una carta ba a salir una críticade Paul Federn acerca de su trabajo sobre la destrucción como causa del nacimiento, recomendándole que la leyera con benevolencia. En tal reseña, Federn caricaturizó la argumentación de Spielrein, dando la impresión de que ésta lo único que intentaba probar era que la participación de la destructividad era indispensable en la sexualidad, atacando además su método de trabajo, dado que intentaba dar cuenta de formaciones psíquicas aparecidas tardíamente recurriendo a causas muy lejanas, ignorando los determinantes más inmediatos, lo que recordaba a la forma de actuar de los pensadores místicos, admitiendo en todo caso que su contribución era interesante. Leyendo esta crítica entre líneas, hay un ataque a las ideas de Jung más que a las de Spielrein.



Ginebra: una embajadora de Freud que fracasa

En otoño de 1920, resurge en la documentación psicoanalítica con ocasión del VI Congreso Internacional de Psicoanálisis celebrado en La Haya desde el 8 al 11 de septiembre, donde presenta la comunicación antes referida Sobre el problema del origen y desarrollo del lenguaje articulado , que reaparecerá en 1922 con el título El origen de las palabras infantiles papá y mamá, significando un acercamiento del psicoanálisis a la psicología académica. Aquí plantea Spielrein que las primeras palabras que pronuncia un niño, papá y mamá, están impregnadas de una cualidad mágica y del cumplimiento del deseo de mamar, siendo la expresión de la actuación del principio de placer, último origen de las manifestaciones comunicativas del ser humano. Este trabajo sería citado por Piaget incluso antes de ser publicado.Tras el Congreso de La Haya, Sabina se estableció en Ginebra, siendo nombrada profesora de psicoanálisis en el Instituto Rousseau.

Spielrein acudió a Ginebra por recomendación y financiación del Comité secreto reunido en La Haya, con el fin de que ejerciera de analista didacta y de supervisora de los miembros del Instituto Rousseau interesados por el psicoanálisis, es decir, como una especie de embajadora de Freud. Pero lo cierto es que no terminó de triunfar, habiendo criticado Bovet el papel que Spielrein hizo en Ginebra, calificándola de misionera y señalando que no consiguió hacer progresar el psicoanálisis tal como se proponía. A pesar de esta negativa opinión de Bovet, Sabina fue intelectualmente productiva, pues entre 1921 y 1923 redactó once artículos, uno de ellos en colaboración con Piaget titulado Algunas analogías entre el pensamiento del niño y el del afásico y el pensamiento subconsciente , en el que se trataba de mostrar que las tres formas de pensamiento son formas rudimentarias de un pensamiento adaptativo al entorno y no meros productos autísticos.

En todo caso, es cierto que Sabina no fue bien acogida en Ginebra, por lo que decidió abandonar esta ciudad para dirigirse a Berlín y tantear si podía asentarse aquí, tomando parte del VII Congreso Internacional de Psicoanálisis que se celebró en esta ciudad en septiembre de 1922, donde presentó la comunicación antes citada El tiempo de la vida psíquica subliminal , en el que argumentaba que los pensamientos en desarrollo de los niños y la estructura de los sueños muestran instrumentos similares para representar el tiempo, como el futuro por medio de la acción repetida, el pasado por medio de metáforas especiales que indican lejanía del presente, etc.



Retorno a sus orígenes y oscuro final

Freud dudaba si Sabina debía instalarse en Berlín o trasladarse a Moscú. Finalmente le recomendó esta ciudad, donde el Instituto Psicoanalítico estaba en un buen momento bajo la dirección de Moshe Wulff, contando entre sus miembros a Lev Vygotski y Alexander R. Luria, que actuaba como secretario. Cuando Sabina partió hacia Rusia llevaba en su bolso una carta de presentación de Freud y muchos libros. Su prestigio era indudable y ello le facilitó la integración en el grupo psicoanalítico moscovita, siendo nombrada inmediatamente miembro de la Asociación Psicoanalítica de Moscú, empezando a trabajar en el campo infantil donde las mujeres tenían mayor aceptación social y actuando también como docente en el Instituto adscrito a aquella Asocia-ción. Estos años de gloria se tornarían un infierno cuando el régimen soviético dejó de ser proclive al freudismo, de lo que se percataron Vygotski y Luria que abandonaron el psicoanálisis antes de que se establecieran las purgas estalinistas y la prohibición explícita del psicoanálisis que fue tachado de ciencia burguesa, lo que aconteció en 1936, antes de lo cual había sido clausurada en noviembre de 1929 la Asociación Psicoanalítica de Moscú. Previamente a todo ello, Sabina traducirá al ruso Más allá del principio de placercon un extenso prólogo de Vygotski y Luria y dos años después vería la luz en Imago su último trabajo conocido,Dibujos infantiles con los ojos cerrados y abiertos .A partir de tales fechas la historia de Sabina se cubre de nubarrones, hasta el punto de no poder precisarse la fecha de nacimiento de su segunda hija, Eva. Sabina se había instalado en Moscú y un año o año y medio después en Róstov, su ciudad natal, donde trabajó como paidóloga en una escuela, aunque, tras la prohibición de esta actividad por el Comisariado del Pueblo en 1936, actuó como médico escolar a medio tiempo .Trascurridas unas décadas de silencio y gracias a la apertura política que se dio en Rusia en 1989, hemos sabido que Sabina y sus hijas fueron fusiladas en Róstov por soldados de la Wermacht a las órdenes del capitán Fritz Neumann delante de una sinagoga, y no por miembros de las SS de la Gestapo, según unos el 25 de noviembre de 1941 y, según otros, el 22 de julio de 1942, cuando los nazis volvieron a conquistar Róstov, situándose en este caso la muerte en el barranco del Madero de la Serpiente , inclinándonos nosotros por aceptar la primera versión.

En resumen, Sabina fue una mujer notable, que aportó ideas muy valiosas a la teoría freudiana y a la teoría lingüística, habiendo tenido una existencia conflictiva y finalmente trágica, mereciendo en todo caso un recuerdo respetuoso por sus interesantes aportaciones al psicoanálisis.

Ficha 625. LA MUJER EN LA ESCUELA BERLINESA DE PSICOLOGIA DE LA GESTALT. ¿ESPACIO CEDIDO O CONQUISTADO? WERA MAHLER: UNA PSICOLOGA ALEMANA Y UN EJEMPLO DE TESON ANTE LA ADVERSIDAD. (1899-1991).

INTRODUCCION

En los años 20 el instituto de psicología de la universidad de Berlín se convertiría en uno de los mayores centro de investigación psicológica en todo el mundo. Conocida como escuela berlinesa de psicología de la Gestalt, pertenecen autores como Max Wertheimer, Wolfgan Kohler, Kurt Koffka o Kurt Lewin, pero también otros cuyas contribuciones han pasado desapercibidas, ensombrecidas por los maestros o por las dramáticas circunstancias de Alemania a partir de 1933.

Una de las más destacadas de la segunda generación de psicólogos de la escuela berlinesa de psicología de la gestalt es Wera Mahler: en 1932 llego a iniciar una efímera carrera académica en Berlín como ayudante en investigación coincidiendo con la llegada del nacionalsocialismo.

El periodo nazi supuso un decisivo factor de discontinuidad en la historia de la psicología alemana y un punto de inflexión en el desarrollo de la psicología de la gestalt: con la emigración de muchos gestálticos y el desmantelamiento de muchos institutos psicológicos se freno su desarrollo teórico y ceso la investigación experimental. Por ello la historiografía clásica tiende a desplazar el foco de interés a los EEUU dando por sentada la destrucción de la psicología científica alemana con el nazismo. Nosotros pensamos que cualquier reconstrucción historiográfica sobre este periodo podría verse enriquecida desde una tesis continuista, analizando lo que sobrevivió y el modo en que sobrevivió.

En trabajos anteriores tratamos de reflejar la eventual continuidad histórica de la tradición gestáltica berlinesa desde 1933, centrándose en el esfuerzo de la segunda generación de psicólogos de la gestalt desde 1933, quienes tuvieron que desarrollar su trabajo en tiempos difíciles. Nuestra hipótesis es que esta dificultad afecto el trabajo y la visibilidad de muchos de estos psicólogos y psicólogas, pero no impidió la defensa de los mismos planteamientos teóricos y metodológicos en los que se formaron ni la defensa y difusión de los mismos desde diferentes puestos académicos o profesionales.

Hemos querido buscar un ejemplo ilustrativo, alguien cuyos esfuerzos de supervivencia se plasman en lo intelectual y humano, aparejados a su triple condición: de mujer universitaria de principios de siglo, de alemana de origen judío durante el nazismo y de intelectual europea aislada en el exilio. Analizaremos su trabajo en Berlín como mujer universitaria, en unos años en que el acceso de la mujer a la universidad formado en la mayoría por hombres se producía en puntos aislados, lentamente y con grandes dificultades. En segundo lugar, analizaremos su trayectoria personal y profesional hasta 1933 y desde 1933 hasta su muerte mostrando una serie de vicisitudes asociadas a las dificultades inherentes a la emigración y el exilio.

WERA MAHLER COMO MUJER UNIVERSITARIA.

El mundo de principio del siglo XX era muy distinto. Mas allá del desigual grado de desarrollo tecnológico, las sociedades y formas de vida de entonces resultarían arcaicas, autoritarias, excesivamente estratificadas y jerárquicas a los ojos de muchos europeos del año 2000. La transición hacia el moderno concepto de sociedad fiel al espíritu de libertad igualdad y fraternidad fue un proceso lento, gradual y no exento de dificultades, en el que se fueron sustituyendo poco a poco viejos modelos. El modelo tradicional de dominación masculina tal vez fuera uno de los mas evidentes, que solo con el tiempo iria evolucionando en un esfuerzo por tratar de equiparar la condición social y política de la mujer a la del hombre. La diferencia era más marcada que en la actualidad y se dejaba sentir en la universidad. La primera mujer que curso estudios superiores lo hizo en 1890.

Ciertas corrientes mantenían que la condición femenina era inferior, otros más radicales argumentaban con la tesis opuesta, había quienes hablaban de diferencia cualitativa más que de superioridad e inferioridad presentando a los sexos como psicológicamente complementarios. Sin embargo la mayoría de las feministas apoyaban la tesis de la igualdad natural entre sexos, replicando que cualquier diferencia era resultado de siglos de opresión masculina.

Mas allá de las discusiones ideológicas, desde finales del siglo XIX las mujeres fueron accediendo a los estudios universitarios e introduciéndose gradualmente en un ámbito académico formado casi exclusivamente por hombres, aunque lentamente y en puntos aislados. Pero si estudiar era difícil, continuar con el trabajo científico finalizado los estudios lo sería mucho más.

Sprung y Sprung han identificado varios modos de aproximación de las mujeres al trabajo científico en el ámbito de la psicología moderna. Hablan de un MODELO DE COMPAÑERA, para referirse a mujeres que se integraron como colaboradoras privadas de sus parejas, de MODELO DE COMPETIDORA INDIVIDUAL, mujeres que consiguieron abrirse camino por si mismas en el mundo de la ciencia, MODELO DE AYUDANTE, comenzaron como ayudantes de científicos de renombre para luego continuar su propia carrera, MODELO PADRE-HIJA, a modo de relación mentor aprendiz, como Ana Freud, y MODELO DE EQUIPO, con el que se identificaría el grupo de trabajo dirigido por Lewin en el que estaba Wera Mahler junto con otras estudiantes, obviando a los varones.

Este equipo, llama la atención por estar compuesto en su mayoría por mujeres, Sprung y Sprung lo atribuyen a una serie de circunstancias relacionadas tanto con los postulados científicos y el concepto de psicología defendido en Berlín, propicio a la investigación empírica, como al estilo democrático de liderazgo de los directores basado en la tolerancia, autonomía de funcionamiento, el ejemplo a la hora de exigir, la consideración positiva y el trato igualitario. Aunque no queremos dejar de destacar la valía, cualidades intelectuales y motivación de unas mujeres conscientes de sus desventajas competitivas, no solo por genero, también por etnia.

WERA MAHLER EN BERLIN: PSICOLOGA DE LA GESTALT Y PROFESIONAL.

Nació el 12 de octubre de 1899 en Hamburgo, Alemania en el seno de una familia judía. Estudio latin para acceder a la universidad y luego curso las especialidades de filosofía, psicología, fisiología e historia de arte en Friburgo, marburgo y Berlín, donde entro en contacto con la psicología de la Gestalt. Llego al instituto berlinés a mediados de los 20, contando entre sus profesores con los principales líderes de la escuela berlinesa, Wertheimer, Kohler, Lewin. Por edad y formación, Mahler pertenece a la segunda generación de psicólogos de la Gestalt.

Entre 1923 y 1933 solo el 18% de estudiantes eran mujeres, y Malher no desperdicio oportunidades. Participo del excepcional ambiente universitario e intelectual que reino en Berlín durante los años 20 y principio de los 30. Complementariamente en esos años también se formo como psicoterapeuta y orientadora escolar en la sociedad Alfred Adler, aunque afuera del marco universitario, ya que en la universidad de Berlín, la psicología profunda era prácticamente ignorada. En sus palabras: Las cuestiones psicológicas y pedagógicas me interesaron desde muy temprano, mi aspiración era la de ayudar con sus problemas a jóvenes y niños especiales. Desde mi punto de vista científico no podría secundar la doctrina de Adler, pero reconozco que para la práctica psicoterapéutica y el trabajo educativo me parecen a mí, los métodos más adecuados que además en el caso de interpretación incorrecta no entrañan un peligro para el paciente.

Al margen de esta actividad, también se preocupo de su carrera científica en el mundo académico. Al acabar sus estudios, se integro en el grupo de trabajo organizado por Lewin, quien en 1927 había puesto en marcha un amplio programa de investigación experimental en psicología de la voluntad, de la emoción y de la acción. Lewin desarrollo este programa como actor y director, y con las tesis y trabajos que encargo a sus alumnos y que estos realizaron bajo su dirección, siendo uno de ellos Mahler.

Mahler participo de este programa y se doctoro en 1932 con un trabajo titulado “acciones de substitución de distinto grado de realidad”. Los experimentos fueron realizados entre 1930 y 1931 y la tesis publicada en 1933. Su tesis junto con la de Lissner y Sliosberg investigaba la reducción de sistemas de tensión en base a un modelo de acciones substitutivas, es decir, el alivio o distensión que una determinada acción o comportamiento alternativo logra introducir en una situación que se ha dejado inconclusa.

Experimentalmente, si con cualquier excusa se interrumpe la realización de una tarea en la que esta inmersa una persona, se le ocupa en otra, y después de acabar esta segunda tarea se le deja estar durante aproximadamente unos 30 segundos, el sujeto tiende a volver en este intervalo a la primera tarea. Las investigaciones de estas autoras se ocupaban de la reanudación de las acciones interrumpidas, estudiando el eventual valor sustitutivo en las acciones correspondientes. Dicho valor sustitutivo se comprobaba determinando la mayor o menor frecuencia con que el sujeto vuelve a la tarea principal cuando se interpone una determinada acción sustitutiva.

Malher planteaba acciones interrumpidas, que según el tipo de problema podían rematarse, es decir, reanudarse y ser concluidas con acciones substitutivas de diferente grado de realidad. Por ej. se interrumpía la realización de una pieza de artesanía y el sujeto tenía que pensar como acabaría el trabajo o se impedía a una persona alcanzar un objetivo y se le pedía que contara un cuento en el que lo obtuviera.

Se encontró que el valor sustitutivo es mayor cuanto más real es la acción sustitutiva, o lo que es lo mismo, las actividades sustitutivas de mayor grado de realidad tienen mayor valor sustitutivo. Ahora, el grado de realidad de una acción sustitutiva no podía determinarse únicamente por el tipo de acción, sino que dependía en cada caso de la relación entre la acción sustitutiva y la acción original. Malher pensó que debía distinguirse entre la meta externa y la meta interna de la actividad, y que el grado de realidad de la segunda tarea, y con ello su valor sustitutivo seria mayor cuanto mejor permitiera alcanzar la meta interna de la acción original. Los resultados muestran que si con la acción sustitutiva se alcanza suficientemente la meta, la distensión o satisfacción sustitutiva se logra con mayor frecuencia.

También influye el tipo de tarea, Malher investigo la diferencia entre tareas problemáticas y de realización y mostro el significado que tenia la creación de un hecho socialmente reconocido en la determinación del grado de realidad y el valor sustitutivo de la actividad sustitutiva. En efecto, para aliviar la tensión no suele bastar con que el sujeto encuentre la solución pensando, sino que es importante que la exprese en una acción real. Tan solo hay descarga cuando el sujeto puede contar al experimentador la solución de la tarea sustitutiva. Con ello se pone de manifiesto la importancia de los factores sociales o del reconocimiento social a la hora de determinar el carácter real o irreal de un acontecimiento y el valor sustitutivo de la actividad sustitutiva.

Al acabar estas investigaciones, Malher conseguiría el puesto de ayudante en la universidad de Berlín, que hubiera supuesto el inicio de una prometedora carrera académica. Sin embargo y a pesar de doctorarse brillantemente, las circunstancias sociales y políticas dieron al traste con esa posibilidad. En una de sus cartas la propia autora relataba: en 1933 me arrancaron de esta atmosfera de entusiasmo intelectual. Se produjo una ruptura en mi vida hasta el día de hoy. Se vio arrancada de su ámbito laboral, de su lengua, de la atmosfera intelectual de una vida asegurada aunque no opulenta, del entorno diario con Kohler y Lewin, etc. No obstante nunca perdería la formación recibida en Berlín ni se alejaría de lo esencial de las premisas teóricas y metodológicas de sus maestros gestálticos.

WERA MALHER EN EL EXILIO: SUPERVIVIENTE EN LO HUMANO Y HEREDERA INTELECTUAL.

Con la subida al poder del nazismo en Alemania, se vio forzada a abandonar la universidad de Berlín. Circunstancialmente trabajo como secretaria general de la organización internacional de mujeres zionistas de Berlín hasta conseguir un visado para palestina (hoy Israel) en 1938. Allí la necesidad le obligo a trabajar de criada, cosa a la que no estaba acostumbrada.

A la segunda guerra mundial le siguió la guerra de independencia de palestina, que le permitió reciclarse como trabajadora social al cuidado de familias de soldados, aunque carecía de formación acepto el puesto. Tras la guerra consiguió trabajo como profesora, impartiendo seminarios de psicología para maestros y cuidadores de guardería que compajino con el trabajo de consejera y psicoterapeuta. A las dificultades linguisticas se unió la escazez de recursos didácticos y de contactos profesionales.

Dice que le resulto duro tener que aprender hebreo y un trabajo al que no estaba acostumbrada, el aislamiento de las novedades y descubrimientos y ponerse al día con libros que solo había en ingles, tener que traducir todo en alemán y luego en hebreo que era una lengua que no le resultaba familiar sumado a que muchos conceptos psicológicos y expresiones especializadas carecían de traducción al hebreo.

En 1963 se creó la universidad de Tel Aviv, y obtuvo una plaza de profesora, cambiando su actividad docente en seminarios por la docencia universitaria. También encontraría dificultades, ya que las ideas del trabajo científico en Israel, claramente influidas por la psicología norteamericana, seguían una orientación conductista con la que ella no se sentía en absoluto identificada.

Su vida personal tampoco estuvo exenta de dramatismos habiendo tenido que soportar cargas extraordinariamente pesadas, como perdidas familiares. La vida en palestina requirió igualmente de un esfuerzo de adaptación que tiene su merito: a la soledad se le sumo el aislamiento, la privación de todo contacto con la vida intelectual en América y Europa, tuvo que aprender hebreo, lengua que según ella nunca llego a dominar, y trabajar en condiciones impropias para una mujer de su condición y nivel intelectual.

Sea como fuere, todas las informaciones muestran las grandes cualidades humanas y su gran predisposición para poner en práctica y hacer que fructificara en Israel su competencia como psicoterapeuta y psicóloga de la Gestalt. Entre sus meritos se destaca haber sido cofundadora de la facultad de psicología de Tel Aviv y autora de uno de los primeros libros de psicología en hebreo. En su trabajo científico resultan reconocibles las raíces de la Gestalt berlinesa, compartiendo con su compañero Wolfgang Metzger la vinculación entre las tesis gestálticas y la doctrina adleriana.

Una mirada retrospectiva de su trayectoria revela una vida marcada por la desgracia. Heredera de una tradición que arranca en Berlín en los 20, la mantuvo e impulso como pudo y supo en su trabajo académico y profesional, arrancada de su cultura y privada de su ambiente intelectual y científico.




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