Una creación deliberada de la ignorancia (agnotología)


¿El muro de Internet? Gobiernos, operadores y empresas ponen en peligro la “neutralidad” de la red de redes



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¿El muro de Internet? Gobiernos, operadores y empresas ponen en peligro la “neutralidad” de la red de redes




Bienvenidos a Zombieland (La era de la explotación digital. Los “streappers” caseros: siervos voluntarios de la comunicación irrelevante y la amistad caníbal)

Introducción

Yo pecador me confieso a Internet todopoderoso, a la bienaventurada siempre Google, al bienaventurado Facebook, al bienaventurado YouTube, a los santos Apóstoles Twitter y My Space, a todos los santos (Linkedin, Digg, StumbleUpon, Viadeo, Orkut, Fark, Yahoo!Buzz, Reddit, Technorati, YahooMyWeb, del.icio.us, GoogleBookmarks, Tuenti, Menéame… o de pronto, porqué no… la colifata o me la suda), y a vosotros, hermanos en la Red, que pequé gravemente con el pensamiento (no me interesan la redes sociales), palabra (no tengo teléfono móvil, ni smartphone, ni iPhone, ni iPad) y obra (no tengo blog, no envío SMS, ni participo en ningún chat, ni cuelgo en la red mi vida cotidiana), y para peor… tengo un vocabulario de más de 200 palabras (lo que es más grave, aún). Por mi culpa, por mi culpa, por mi gravísima culpa...


Demasiado bueno para ser cierto (prosografía de un “peregrino” de la Red)

En este maremágnum de Internet, podría abordar los temas de la publicidad (directa o indirecta), o los comerciales (ventas), o el ciberdelito, o la pornografía, o el juego online, o los timos varios… (la lista de asuntos podría ser más amplia, la de afectados también).

Por poner un ejemplo, los ciberdelitos mueven ya más dinero que el narcotráfico, según ha advertido el director general de Norton Symantec para España y Portugal, Salvador Tapia, quien ha señalado el crimen informático más habitual es “el virus que infecta el ordenador”. El ciberdelito mueve más dinero que el narcotráfico “a nivel mundial” (Expansión - 17/9/10)

No obstante, Tapia ha señalado que en los últimos años los delitos informáticos que más han crecido son los económicos, que actualmente representan un 14 por ciento del total, y el acoso sexual, que está registrando un “alto crecimiento”.

La dificultad para controlar este tipo de delitos estriba en la dificultad de localizar al delincuente. “Lo hace una persona que aloja el servidor en otro país y que además puede acceder a millones de puntos en un solo segundo”, explica Tapia.

A esto hay que añadir que, según explica el jefe del grupo de delitos telemáticos de la Guardia Civil, Juan Salom, “hay mucho índice de delito oculto” debido a que, con frecuencia, cuando una persona es víctima de este tipo de crímenes, no denuncia y simplemente lo asume como un “engaño”.

El perfil del ciberdelincuente es “un varón que no suele salir mucho de casa, no tiene muchos estudios, pero tiene una gran imaginación y una gran creatividad”. Además, tiene un objetivo único que es “hacerse rico en muy corto plazo”.

Entre los consejos para evitar estos ciberdelitos, “tener una seguridad instalada en el ordenador y en cualquiera de los dispositivos que acceden a Internet”, cerrar las “pop-ups” (ventanas que de repente se abren en la web) y aplicar el “sentido común”.

Otro tema de especial interés y amplia difusión podría ser el de las “redes sociales” y todo lo que representan (el elixir de los narcisos). A modo de ejemplo (para la reflexión) me permito citar algunos párrafos de interés (Libertad Digital - 17/9/10):

El narcisismo, entendido como amor propio, es un elemento saludable de la personalidad, pero más allá de ciertos límites se considera un trastorno psicológico: “Una patología mental en la que se tiene una idea exagerada de la importancia de uno mismo y una profunda necesidad de ser admirado, además de una escasa consideración por los sentimientos de los demás”, según la definición de la Clínica Mayo.

En su libro The Narcissism Epidemic, Twenge y Campbell exponen los resultados de varios estudios sobre la incidencia de este trastorno en la población estadounidense. Según el más numeroso, en el que participaron 35.000 personas, la proporción de quienes presentan síntomas de narcisismo es tres veces mayor entre los veinteañeros que entre los mayores de 65 años. Otro, llevado a cabo en 85 universidades entre 1979 y 2006, reveló en este tiempo un incremento del 30% en el número de personas con dichos síntomas.

Ésos son los números que han encontrado Twenge y Campbell, pero como ellos mismos dicen, “tampoco hay que buscar muy lejos. El narcisismo está por todas partes”: ropa para bebés con la inscripción “soy especial”, competiciones deportivas escolares donde se otorgan trofeos simplemente por participar para que todos se sientan “ganadores” y adultos que publican cada detalle de su vida en Facebook, son algunos de los casos más frecuentes.

Hay académicos que discrepan de sus conclusiones, pero no faltan ejemplos en la vida diaria: “Mi favorito es éste: ya se pueden alquilar paparazzi falsos que te siguen cuando sales de noche, para aparentar que eres famoso”, afirma Twenge. “Eso era impensable hace apenas cinco años. Hay más narcisistas que nunca, y quienes no lo son se dejan seducir también por el culto al aspecto físico, la idolatría hacia los famosos y la búsqueda de notoriedad”.

Si esta epidemia es real, entonces ¿a qué se debe? Campbell y Twenge identifican cuatro causas: los padres, que hinchan el ego de sus hijos con elogios excesivos; los medios de comunicación, que presentan como normales conductas narcisistas patológicas; internet, que hace posible un exhibicionismo sin precedentes; y por último, la burbuja crediticia.

“El boom de crédito fácil, que comenzó en los 90 y terminó de manera espectacular en 2007-08, permitió a la gente aparentar que estaban mejor de lo que realmente estaban”, se lee en The Narcissism Epidemic. “La inflación del crédito lleva a la inflación de la imagen de uno mismo y alimenta el sentimiento de que se tiene derecho a todo, porque se consigue lo que uno quiere sin pagar”.

“Lamentablemente, comprar bienes lujosos a crédito para creerse importante es como fumar crack para subirse el ánimo: una solución rápida y barata, pero que sólo funciona al principio. A largo plazo te deja deprimido y sin un duro”.

La epidemia de narcisismo en EEUU coincide en el tiempo con dicha expansión del crédito. Para explicar la conexión entre ambos fenómenos Twenge y Campbell acuden al padre de la psicología moderna: “Freud describió la psique como una batalla entre los deseos infantiles (el principio del placer) y las exigencias del mundo adulto (el principio de realidad). Los primeros son importantes, pero para funcionar en sociedad hay que compensarlos con los dictados de la realidad”. El narcisista, sin embargo, aspira a saltarse el principio de realidad, ya que pone límites a sus aspiraciones grandiosas.

Volvamos al libro de Twenge y Campbell, que se limita a la psicología: “El crédito fácil es como un hada madrina, que te concede todos tus deseos, pero sólo hasta que llega el plazo para pagar. Y cuando llega, como en el 2007, la carroza se convierte de nuevo en una calabaza. No decimos que la gente no deba tener sueños a los que aspirar. Pero hoy la distancia entre la fantasía y la realidad se ha eliminado, al menos de forma temporal, al permitir que esos sueños se materialicen sin ningún esfuerzo, gracias al elixir mágico del crédito fácil”.

En Facebook, Twitter y similares hay un exhibicionismo en muchos casos desmedido. Muchas personas han encontrado en estos servicios un modo de jugar a ser famosos. Ellos mismos se convierten en las “estrellas” de su propia “revista del corazón”, su propio perfil en la red social, en la que cuentan al resto de la humanidad dónde están, que hicieron la noche anterior o lo que piensan sobre un asunto en concreto. Su forma de actuar es libre, por lo que nadie debe protegerles de su propia indiscreción.

Pero, sin restar importancia a ninguno de los temas anteriores, deseo centrarme en la “pérdida de la intimidad”, en la “pérdida de libertad”, en definitiva, en la “pérdida de la seguridad” que representa la acción de gobiernos, operadores y empresas, al poner en peligro la “neutralidad” de la red de redes.



Cuando éramos pocos y nos conocíamos mucho (no se aplicaba la psicología de masas)

Orígenes y evolución de Internet (un repaso para ni-nis y otros analfabetos funcionales)

Los orígenes de Internet se remontan a más de veinticinco años atrás, como un proyecto de investigación en redes de conmutación de paquetes, dentro de un ámbito militar. A finales de los años sesenta (1969), en plena guerra fría, el Departamento de Defensa de Estados Unidos llegó a la conclusión de que su sistema de comunicaciones era demasiado vulnerable. Estaba basado en la comunicación telefónica (Red Telefónica Conmutada, RTC), y por tanto, en una tecnología denominada de conmutación de circuitos, (un circuito es una conexión entre llamante y llamado), que establece enlaces únicos y en número limitado entre importantes nodos o centrales, con el consiguiente riesgo de quedar aislado parte del país en caso de un ataque militar sobre esas arterias de comunicación.

Como alternativa, el citado Departamento de Defensa, a través de su Agencia de Proyectos de Investigación Avanzados (Advanced Research Projects Agency, ARPA) decidió estimular las redes de ordenadores mediante becas y ayudas a departamentos de informática de numerosas universidades y algunas empresas privadas. Esta investigación condujo a una red experimental de cuatro nodos, que arrancó en Diciembre de 1969, se denominó ARPAnet. La idea central de esta red era conseguir que la información llegara a su destino aunque parte de la red estuviera destruida.

ARPA desarrolló una nueva tecnología denominada conmutación de paquetes, cuya principal característica reside en fragmentar la información, dividirla en porciones de una determinada longitud a las que se llama paquetes. Cada paquete lleva asociada una cabecera con datos referentes al destino, origen, códigos de comprobación, etc. Así, el paquete contiene información suficiente como para que se le vaya encaminando hacia su destino en los distintos nodos que atraviese. El camino a seguir, sin embargo, no está preestablecido, de forma que si una parte de la red cae o es destruida, el flujo de paquetes será automáticamente encaminado por nodos alternativos. Los códigos de comprobación permiten conocer la pérdida o corrupción de paquetes, estableciéndose un mecanismo que permite la recuperación. Este sistema de transmisión reúne múltiples ventajas:



  • Fiabilidad, independiente de la calidad de líneas utilizadas y de las caídas de la red.

  • Distribución más fácil de los datos dado que al contener cada paquete la información necesaria para llegar a su destino, tenemos que paquetes con distinto objetivo pueden compartir un mismo canal o camino de comunicaciones.

  • Posibilidad de técnicas de compresión que aumentan la capacidad de transmisión y de encriptado que permiten una codificación, de forma que se asegure la confidencialidad de los datos.

Al igual que los equipos o las conexiones también se evolucionó en los servicios que ofrecía ARPAnet, ya que si bien al principio sólo permitía ejecutar programas en modo remoto, en 1972 se introdujo un sistema de correo electrónico, que liberó a los usuarios de la dependencia de los husos horarios (algo de importancia evidente en Estados Unidos, por su gran extensión), y supuso un sorprendente aumento en el tráfico generado, convirtiéndose en la actividad que mayor volumen generaba, en contra de las previsiones iniciales.

Para que los ordenadores puedan comunicarse entre sí es necesario que todos ellos envíen y reciban la información de la misma manera. La descripción de los pasos a seguir se denomina “protocolo”. En 1974, se presentó el protocolo “Transmission Control Protocol / Internet Protocol” (TCP/IP). Este protocolo proporcionaba un sistema independiente de intercambio de datos entre ordenadores y redes locales de distinto origen, eso sí, conservando las ventajas relativas a la técnica de conmutación de paquetes.

A principios de los ochenta el Departamento de Defensa de Estados Unidos decidió usar el protocolo TCP/IP para la red ARPAnet, desdoblándola en Arpanet y Milnet, siendo esta segunda de uso exclusivamente militar, conectada a Arpanet bajo un tráfico extremadamente controlado. Igualmente en Europa se creó la red Minet, como extensión de Milnet.

Dado que una gran cantidad de las organismos tenían sus propias redes de área local (RAL) conectadas a los nodos de la red se fue evolucionando hacia una red llamada ARPA Internet formada por miles de equipos. El nombre sufrió algunos cambios más, como: Federal Research Internet, TCP/IP Internet y finalmente, INTERNET.

Durante los años ochenta Internet creció hasta incluir el potencial informático de las universidades y centros de investigación, lo que unido a la posterior incorporación de empresas privadas, organismos públicos y asociaciones de todo el mundo supuso un fuerte impulso para Internet que dejó de ser un proyecto con protección estatal para convertirse en la mayor red de ordenadores del mundo, formada por más de cincuenta mil redes, cuatro millones de sistemas y más de setenta millones de usuarios.

Internet no es simplemente una red de ordenadores, es decir, unos cuantos ordenadores conectados entre sí. Se trata de una asociación de miles de redes conectadas entre sí. Todo ello da lugar a la “red de redes”, en la que un ordenador de una red puede intercambiar información con otro situado en una red remota.

En gran parte, este espectacular crecimiento se debe a la notable mejora en la facilidad de uso de los servicios ofrecidos, dado que, aun manteniéndose los servicios originales de transferencia de ficheros, correo electrónico o acceso remoto, la irrupción de la “telaraña mundial”, World Wide Web (www), un servicio de consulta de documentos hipertextuales, ha sido el paso definitivo hacia la popularidad de la que actualmente goza.

Para el año 1990, ARPANET había sido superado y reemplazado por nuevas tecnologías de red, y el proyecto se clausuró. Tras la clausura de ARPANET, en 1994, NSFNet, actualmente ANSNET (Advanced Networks and Services, Redes y Servicios Avanzados) y tras permitir el acceso de organizaciones sin ánimo de lucro, perdió su posición como base fundamental de Internet. Ambos, el gobierno y los proveedores comerciales crearon sus propias infraestructuras e interconexiones. Los NAPs regionales se convirtieron en las interconexiones primarias entre la multitud de redes y al final terminaron las restricciones comerciales.

Aunque fue creado con “vocación” militar, el tiempo y los usuarios fueron haciendo de Internet una herramienta de investigación, comunicación e intercambio universitario de excelencia sin límites, abierta, gratuita y democrática. Una forma ilusionante de volver al origen de la palabra “Universidad”: procede del latín UNIVERSITAS, nombre abstracto formado sobre el adjetivo UNIVERSUS-A-UM (“todo”, “entero”, “universal”), derivado a la vez de UNUS-A-UM (“uno”).

Cuando somos muchos y nos conocemos poco (se aplica el “estupidismo” de masas)

Desde los postulados fundacionales del creador de la “Word Wide Web”, Tim Berners-Lee…“los gobiernos deberían ofrecer a los ciudadanos libre acceso a la información pública, lo que se considera como un derecho básico”.... “la transparencia de la información y la neutralidad de la red deberían considerarse valores tan importantes como la libertad de expresión”... ha llovido mucho. La libertad se ha ido por las cloacas.


De los 70 millones de usuarios de los años ochenta, se ha llegado en junio de 2010, a una cifra cercana a los 2.000 millones de usuarios en todo el mundo (que representan el 28,7% de la población mundial), con un crecimiento equivalente al 444,8% en el período 2000-2008…


Y al fin, nada es cierto (la lamentable deriva de una cultura locuaz y adictiva)

Cuando éramos “cuatro locos” libertarios los que corríamos desnudos y felices por la autopista de la información, ni los comerciales, ni los radares, ni los policías, nos hacían (puñetero) caso. Podíamos seguir “haciendo el tonto” que a nadie importaba. Pero amigo, cuando las decenas pasaron a ser cientos, los cientos miles y los miles… millones, la cosa cambió. Los Don Nadie pasaron a ser Señores Internautas. La cantidad los transformó en “apetecibles”. Y entonces, se jodió el invento.

“Y si a estos (ya, millones) que pasan por la autopista les vendo gasolina, refrescos, chucherías”… “Ya son demasiados, habrá que cobrar peaje”… “Van demasiado rápido, habrá que multarlos por exceso de velocidad”… “Queremos saber quiénes son, de dónde vienen, a dónde van… instalen cámaras de vigilancia”…

Así, poquito a poco, como quién no quiere la cosa… los alegres viajeros se transformaron en “idiotas útiles”, consumidores potenciales, objetos de deseo, cobayos de laboratorio, observables, controlables, manipulables, cautivos, prisioneros, maniquís en el escaparate, putas del Barrio Web (y para peor, con “servicio” gratuito).

Nuestros correos se llenaron de “spam” (¿cómo saben que soy viejo, que me ofrecen tanto Viagra?), luego llegó el “chat” (Lorena quiere contactar contigo…), después apareció “Facebook” (Mario quiere agregarte en su lista de amigos…)…

La web se llenó de pornografía (12/15% de los sitios en Internet), de imbecilidades, videos, música, deportes, apuestas, jueguitos, and so on (difícil de cuantificar, pero les asigno, con benevolencia, un 50%), de fórmulas de venta (¿5/10%?), de timos y cazabobos (¿2/3%?), de You Tube, Facebook, Twitter y toda su patulea (10/15%)…

Si la calculadora no me falla (¿la recuerdan?) tendríamos un mínimo del 79% y un máximo del 93% (ceteris paribus) de tráfico “inútil”, falaz, fugaz, fatuo, mediocre, superfluo, fracasado, inconducente, degradante, lamentable, jibarizante, lobotómico.

En el mejor de los casos, quedaría un espacio equivalente al 21% del tráfico en Internet para uso científico, académico, de investigación, universitario, literario, artístico, de publicación y critica. Espacio que quedaría reducido al 7% en la situación más desfavorable. El panorama futuro no ofrece muchas alegrías.



De aquellos polvos estos lodos (“avatares” del mundo, uníos… en el “muro” virtual)

Estamos siendo sometidos a espionaje, registro, clasificación, fraccionamiento, enajenación, control, acoso, manipulación, predestinación, servidumbre y sometimiento. Los gobiernos, operadores y empresas, nos tienen detectados, catalogados y radiografiados hasta en los detalles más íntimos. Saben todo de nosotros. Tienen un registro de todas nuestras actuaciones. Vamos dejando huellas permanentemente y en cada acción. El móvil, el GPS, Internet, el correo electrónico, los sms, las tarjetas de crédito, son nuestros “chivatos”. Y nosotros tan felices sometidos a persecución permanente. Nos metemos solos en la ratonera y sin necesidad de queso. Unos verdaderos imbéciles. Auténticos esclavos morales.

Por si esos artilugios no fueran suficiente para controlarnos y someternos, se han inventado las “redes sociales” para que nos fotografiemos gratis y hagamos “streaptease” público (el payaso, vamos), para regodeo de nuestros controladores. Por si algún dato se les escapa, ahí van, con foto y firma. Además, actualizados permanentemente. Que digo, anticipando la acción, muchas veces. “ahora estoy por…”… “mañana iré con… a…”… Y así, seguimos felices y confiados, en la búsqueda de una vida de consumo sin contratiempos, al flautista de Hamelin nuestro de cada día, camino al río para ahogarnos voluntariamente o al precipicio para arrojarnos gallardamente.

Benditas las cadenas. Un campo de concentración voluntario. Facebook y Twitter son los psicólogos del campo. La fila de los “voluntarios” para entrar en las cámaras de gas se cuenta por cientos de millones. La generación Stre@pper (desnudos en la red) pasó del e-mail a la big-society, y de allí, a la gil-society, a la velocidad del rayo, con entusiasmo y candor. Es que si no estaban “conectados”, no eran nadie. Ahora, lo son todo y tienen a todos por testigo. Los gobiernos, operadores y empresas, también lo saben. Están más detectados que el “Mono Jojoy” (líder de las FARC abatido (22/9/10) por un GPS incorporado en sus botas subrepticiamente).

Pero más allá de los “esclavos optativos” (los que desnudan en la red), están (estamos) los usuarios de Internet que desean (deseamos) mantener el anonimato, la privacidad, la intimidad, la confidencialidad, la reserva, el respeto… en definitiva, la libertad de uso.

Buena parte de esos “beneficios” se han perdido, y los pocos que aún quedan, se están perdiendo por momentos, en nombre de la “seguridad” (gran falacia facilitada por el 11-S), por “avaricia” (tal vez la “madre del cordero”, pero sobre la que no fuimos advertidos en su oportunidad), por “abuso de posición dominante” (todos los caminos conducen al “peaje”), por “uso furtivo de la información” (apropiación indebida de la información sobre las personas), por “desprotección al consumidor” (ni a los gobiernos, ni a los operadores, ni a las empresas, le interesa perder este “chollo”).

¿Quién está recopilando la información? ¿Qué están haciendo con ella? ¿Cómo me perjudica esto? ¿Cómo puedo detenerlo?

Es natural estar preocupado por la privacidad en línea. Cada visita a un sitio web envía información hacia afuera antes de mostrar la información que busca. Y los datos que los navegantes de Internet envían pueden ser reveladores.

La mayoría de los sitios de Internet hacen seguimiento de sus usuarios, particularmente mediante el uso de cookies, pequeños archivos de texto instalados en las computadoras de los navegantes. Los portales usan cookies para personalizar la experiencia del visitante. Y las redes de publicidad las usan para obtener información sobre los usuarios.

Una red que tiene anuncios en muchos sitios web reconocerá el navegador (y por consiguiente a la persona que lo está usando) cuando visita diferentes portales en Internet, lo que le permite a la red de anuncios obtener información sobre los intereses de esa persona. ¿Está en un sitio viendo información sobre camionetas 4 x 4? Puede ser que vea un anuncio de vehículos de este tipo cuando siga navegando. En la publicidad personalizada, el modelo de negocios consiste en vender espacio a los anunciantes, dándoles acceso a personas con base en su información demográfica e intereses.

A algunas personas no les gusta este seguimiento por varias razones. Para algunos, es como una violación ser tratado como un simple objeto comercial. A algunos les preocupa que la información sobre sus intereses sea usada para discriminarlos o para excluirlos de información y oportunidades a las que pudieran tener acceso.

El exceso de personalización de la experiencia en Internet puede estratificar a la sociedad. Algunos creen, por ejemplo, que si usted es pobre o forma parte de una minoría, el contenido de entretenimiento y los comentarios que usted vea en la web pueden ser diferentes a los que ven otros, lo que evitaría su participación en la conversación “general” que los medios tradicionales producen.

Igualmente, la información de navegación puede caer en manos del gobierno para usos equivocados. Estas son preocupaciones legítimas en diferentes partes del mundo.

Nadie (gobiernos, operadores y empresas) quiere perder la oportunidad de aprovechar (y rentabilizar) la información que sacan de nuestras computadoras. La tecnología de rastreo se está volviendo más inteligente y se inmiscuye cada vez más en la privacidad de los usuarios. Una investigación de The Wall Street Journal descubrió que uno de los negocios de mayor crecimiento en Internet es espiar a los usuarios en la web.

“Podemos segmentarlo hasta llegar a una persona”…, de allí, a la “desanonimización” (identificación de individuos mediante el uso de detalles específicos de su vida), queda un solo paso… Y un día, tocarán el timbre de nuestra casa. ¿Para entregarnos publicidad? ¿Para vendernos algún producto o servicio? ¿Para mostrarnos la información de nosotros que posee el gobierno? ¿Para detenernos? ¿Para manipularnos?

Es peligroso estar tan fichado pero lo estaremos todavía más. Google ha destruido enciclopedias que duermen para siempre en las estanterías, nos ofrece gratis el correo electrónico global, no pagamos nada pero tiene un gran potencial económico a costa de nuestras actividades en la red. Lo podemos saber casi todo de todos.

El presidente de Google, Eric Schmid es, por lo menos, sincero: “no creo que la sociedad ha entendido qué pasa cuando todo es accesible, conocible, grabado por todo el mundo siempre y en todo lugar. Pienso que, como sociedad, debemos pensar sobre todas estas realidades. En estos momentos sabemos, nos dice, quiénes son los usuarios, qué les interesa, quiénes son sus amigos”… Pero fue más allá, al advertir que “los jóvenes podrían un día querer cambiar sus nombres para escapar de su actividad pasada en internet”…

Como dice el axioma jurídico: “a confesión de parte, relevo de prueba”. Puede que la muerte de la web se disfrace de evolución. Tiempo habrá de constatarlo. Lo mío, es sólo una percepción de “peregrino” de la Red. Ustedes mismos (por las dudas “paloming”).



Cookies amargas (Algunas verdades líricas, desde “la nube”. Ustedes me entienden…)

Por supuesto la “transparencia personal” es incómoda y genera inquietud (menos para los narcisos que se pavonean ante el “digital mirror”), lo que lleva a preguntarnos, ¿qué ocurre con aquellos que no desean hacerse “amigo” de todo el mundo, ni ser más populares, ni ser más inteligentes, ni ser más atractivos, que el promedio?

No hay respuestas seguras, ni sencillas. El síndrome de “esta vez es distinto” o “a mí no me va a pasar”, parece psicológico más que racional. La invasión de la intimidad es una terrible advertencia. En el pecado va la penitencia.

Facebook y otras redes sociales funcionan bajo la superficie: Facebook observa cuáles son los amigos con los que interactuamos y de quiénes son las fotos a las que hacemos comentarios para seleccionar los elementos que aparecen en nuestro flujo de noticias o los avisos publicitarios que vemos. Finalmente resultan ser redes publicitarias y de detección de patrones de conducta que intentan derivar información acerca de nuestras compras probables.

La única alternativa que imagino, por el momento, en tanto deseemos continuar utilizando Internet, es la movilización cívica. La acción del usuario a título individual y colectivo. La legítima defensa. Y algo se están moviendo las placas tectónicas.

Una serie de demandas muestran la incomodidad de los usuarios con las más recientes innovaciones en la tecnología de rastreo en línea.

“Las herramientas que hacen un rastreo del paradero de los usuarios están enfrentando una creciente vigilancia por parte de los reguladores y del público y provocando una ola de desafíos legales en Estados Unidos”… (The Wall Street Journal - 20/9/10)

Desde julio a septiembre de 2010 se han presentado al menos seis demandas en la Corte de Distrito Federal del Distrito Central de California contra sitios web y compañías que crean tecnología para publicidad, acusándolas de instalar herramientas de seguimiento en línea que son tan subrepticias que básicamente se introducen en las computadoras de los usuarios sin su conocimiento. Todos los casos buscan estatus de demanda colectiva y en ello se acusa a las compañías de violar la Ley contra el Fraude y Abuso Computacional y otras legislaciones contra prácticas engañosas.

En 2001 y 2003, los tribunales dictaminaron que se podían colocar pequeños archivos de texto llamados cookies en las computadoras. Las cookies permiten a los sitios web recordar a los usuarios, de forma que no tengan que archivar la información del visitante luego de cada visita. Pero también pueden ser utilizadas para rastrear a los usuarios a través de diferentes páginas web, creando un perfil de sus intereses de búsqueda.

Los primeros fallos judiciales señalaban que el seguimiento a través de distintos websites era legal. Desde entonces, la tecnología de rastreo en línea se ha transformado en la base de una industria publicitaria que mueve 23.000 millones de dólares en los EEUU. La industria sostiene que estas herramientas permiten subsidiar los contenidos, facilitando que muchos sitios sean gratis para los usuarios.

Las nuevas demandas cuestionan los fallos previos porque las herramientas de tracking modernas son más sofisticadas que las anteriores cookies.

En una de las demandas, presentadas a mediados de septiembre de 2010 en el Distrito Central de California, tres residentes de ese estado comenzaron un pleito contra Cable News Network, Travel Channel y otras compañías sobre un supuesto caso de rastreo de navegación en la web con teléfonos móviles que utilizan tecnología, según la demanda, particularmente difícil de borrar. Scripps Networks Interactive Inc, que controla Travel Channel, dijo a The Wall Street Journal (20/9) que la compañía no comenta litigios que están en curso. Time Warner Inc., propietaria de CNN, declinó hacer comentarios.

Otra demanda, presentada a comienzos de septiembre de 2010, acusa a Fox Entertainment Group y al sitio Americanidol.com de usar un nuevo tipo de cookie -conocido como Flash- que puede “regenerar” archivos de rastreo que los usuarios eliminaron, sin su conocimiento. News Corp., propietaria de Fox Entertainment Group y de The Wall Street Journal, también declinó hacer comentarios.

Las herramientas citadas en estas demandas forman parte de una “carrera armamentista” en las tecnologías de tracking, dice Chris Hoofnagle, director del programa de privacidad en la información del Centro Berkeley de Derecho y Tecnología. Algunos usuarios, incómodos con el seguimiento, ahora rutinariamente bloquean o borran las cookies. “Hay algunos en la industria que no creen que los usuarios tengan derecho a bloquear el rastreo, por lo que están dedicando sus esfuerzos a crear herramientas cada vez más sofisticadas para hacer el seguimiento de las personas”, dijo.

Una de esas tecnologías involucra a las Flash cookies, que utilizan el popular programa Flash de Adobe Systems Inc. para guardar un pequeño archivo en la computadora del usuario. Flash es la forma más común de mostrar videos en Internet. Las Flash cookies pueden ser útiles para recordar preferencias, como el volumen de sonido para los videos. Pero la industria del marketing también puede utilizarlas para hacer el seguimiento en línea de los usuarios.

El año pasado varios investigadores, incluyendo Hoofnagle, de Berkeley, determinaron que las Flash cookies estaban siendo utilizadas para recrear otras cookies que habían sido eliminadas. Adobe y el grupo de la industria Network Advertising Initiative condenaron esta práctica.

Las demandas vinculadas a las Flash cookies argumentan que las compañías violaron la ley federal al neutralizar los intentos de los usuarios de limitar el tracking. La más reciente, que involucró a Americanidol.com, menciona a la compañía de tecnologías para publicidad en línea Clearspring Technologies Inc. como la que originó estas cookies.

El CEO de Clearspring, Hooman Radfar, dijo en agosto en un comunicado que la compañía no usa Flash cookies para hacer rastreos.

El Congreso y las autoridades reguladoras estadounidenses también están mirando más de cerca el tracking en línea. En la Cámara de Representantes se han presentado dos proyectos de ley que limitarían esta práctica. Por su parte, la Comisión Federal de Comercio espera emitir nuevas directrices para la defensa de la privacidad para fines de este año y está estudiando la creación de un registro -similar a la lista de “no llamar” para el telemarketing- que permitiría a los consumidores inscribirse para no ser objeto de estas prácticas.

Mientras todo esto se resuelve, la Web (tal como la conocimos) huele a muerto…



Cuando al “think tank” se le vacía el tank (¿tenemos lo que nos merecemos?)

Don Dinero ha transformado la Red en un Gran Bazar. El Gran Hermano saca tajada. Una mano lava la otra, y las dos nos roban la cartera, la intimidad, la seguridad y el ser. Con la adicción de la “generación Peter Pan”, la complicidad de las “social networks” (¡más opio!) y el provecho del poder político y empresarial (¡más control!), han convertido el cubo de la cultura en un cubo de la basura. Vamos, un auténtico fracaso.

No les resulta suficiente espiarnos, registrarnos, perseguirnos, invadirnos, violarnos transformarnos en bobos consumistas, también quieren anticiparse a nuestros pensamientos. Pronto intentarán controlarlos, orientarlos, dirigirlos y manipularlos.

Los ingenieros financieros, con la complicidad de los ingenieros sociales, y la cooperación necesaria de los ingenieros informáticos han convertido un lugar de interacción social en un gran Campo de Concentración donde los usuarios de Internet, terminaremos comprando el Gas Sarín necesario para ser “solucionados” en las Cámaras de Gas del Gran Juego. Además lo contaremos en Twitter, participaremos a nuestros amigos en Facebook y lo colgaremos en You Tube. Vaya estulticia.

Nos estamos ahogando (o dejando ahogar) en la insignificancia. De la levedad del ser hemos pasado a la “disolución” del ser por ablación del pensamiento. Hemos dejado entrar al Leviatán en nuestra casa voluntariamente, inocentemente, estúpidamente. Nos comemos todas las “cookies” que nos echan y pedimos más. Descarguen “Google Chrome” y ya verán… Esclavos felices. Santos inocentes. Benditas las cadenas.

Resulta difícil encontrar en la historia de la humanidad un nivel más alto de control social y, absurdamente (para más inri), de mayor aceptación pública. Al menos, en otras épocas había que desplazar tropas, hacer guerras, invadir países, establecer monopolios… Ahora, les alcanza con una simple colonización pedagógica (el poder blando), las modas, la emulación, el afán de figurar, la frivolidad y la fama por un día.

Los “ni-ni” (ni estudian ni trabajan) a los que dediqué un Ensayo (Esperando la rebelión de los ni-ni - febrero de 2010), con el inapreciable apoyo de Facebook, Twitter, You Tube y otros “jíbaros” de similar calaña, se han transformado en “ni-ni-ni” (ni estudian ni trabajan ni piensan). Con la ayuda del sistema de espionaje y manipulación informática, pronto podrán agregar: “ni existen”. Simples zombis consumistas. O sea.

Por mi parte, lo tengo claro: no deseo que lean mi mente. Y haré todo lo posible por evitarlo. No deseo que los “perseguidores” de la Web (punto-com) y el Big Brother me manipulen. Y haré todo lo posible por evitarlo. Aunque finalmente tenga que dejar de utilizar Internet. Pero antes (en la medida de mis fuerzas), intentaré dar batalla. Quedan invitados a resistir, que es de lo que se trata. Mientras tanto (por las dudas), hay que ir comprando palomas mensajeras, que comen maíz y no cookies. Entonces, los vanidosos “tech golden boys”, tendrán que mirar al cielo (¿aprovecharán para pedir perdón?)…



Finale: “The worst is yet to come”…

Ustedes pueden elegir, entre la rebelión en la red o el “malware” que nos promete Google, con la opción de subirse al mundo feliz de “la nube”, en versión Microsoft.

En el futuro podríamos vivir una “realidad aumentada”, pero la cuestión es si de alguna forma no la estamos viviendo ya (y nosotros en la baranda, modernamente instalados en una peligrosa especie de amnesia colectiva). Pensar que tenemos la “acción de oro” (click) y no la sabemos (o queremos) utilizar… Finalmente, ante esa “realidad aumentada” habrá que resolver el dilema entre los que nos faltaba (libertad-intimidad) y lo que nos falta (coraje-decisión).

Ustedes pueden optar, entre la “conjetura” de Perelman (que ha revolucionado las matemáticas, abierto nuevos campos de investigación, resuelto la conjetura de Poincaré, recibido y rechazado los más altos galardones mundiales, incluido uno de un millón de dólares, pero prefiere vivir aislado y pobre en un destartalado apartamento de San Petersburgo. ¿Por qué?), o la “sopa-boba” de Paris Hilton (la obscenidad de lo grotesco consiste en su ostentación; en la exhibición de la vulgaridad como un bien).

No es depresión, es tristeza: los analfabetos funcionales, víctimas de los SMS, YouTube Facebook, o Twitter, tendrán que investigar quién es el discreto Grisha (del que seguramente no conocerán nada o casi nada), si no tienen su decisión “comunitariamente orientada” en favor la mediática Paris (de la que seguramente conocerán todo o casi todo… vamos, hasta el mapa del clítoris).

Contrarians (la “conjetura del alma”): tendrán que escoger entre el síndrome de Aspergen o la maldición del Aspergirus. Gandhi o Zuckerberg. Buscar una verdad topológica (que es de lo que se trata)…

Trepar el muro o vivir en la nube… ¡That is the question!

En el Paper - De la burbuja puntocom a la (próxima) burbuja Web 2.0 (para el “pronto beneficio” -otra vez- de los “proféticos” Webonomics, con la “atolondrada” colaboración -otra vez- de los “codiciosos” Webonazos), publicado el 15/8/11, sostenía:





Cómo pasar de la “cloud computing” a la “nube de pedo” bursátil (mientras los Zucks se forran de lo lindo y los Goldmans repiten la jugada). ¡Tonto el último!

Nos espían mientras navegamos: saben quiénes somos (invasión de la intimidad)

Uno no puede evitar sentir un escalofrío al descubrir que, tras haber navegado por la web en busca de, pongamos por caso, equipos de buceo, al día siguiente, en cualquier otro blog que visite, la columna de la derecha esté inundada de propuestas sobre este producto. ¿Le están espiando? Sin duda. “Robots” anónimos siguen siempre el rastro de las webs que visita y crean un perfil ideal para los anunciantes. Esto puede parecer un asunto menor para algunos, o una invasión inaceptable de la intimidad para otros.

Es posible que alguien asuma como algo normal y consecuente con la sociedad de la sobreinformación en la que vivimos que se rastree de forma anónima nuestro recorrido por la web. Sin embargo, un reciente informe alerta de un hecho que preocupará a más de uno: estas empresas pueden identificarle, con nombre y apellidos, sin mayor problema. Este inquietante dato se desprende del análisis llevado a cabo por la EFF (Electronic Frontier Foundation), organismo norteamericano en defensa de los derechos civiles. Las conclusiones son demoledoras: si bien, es cierto que las cookies y demás artimañas que rastrean nuestro paso por las webs son elementos que no registran datos privados de los usuarios, si se accede desde ese mismo ordenador a alguna de las principales redes sociales, sí se deja constancia de nuestra información personal.

Los ávidos trackers que husmean nuestro recorrido por la www, recaban información no sólo relativa a nuestra persona, sino también la de nuestra lista de contactos, todo ello con la connivencia de las principales redes sociales. Este inquietante dato se desprende de un estudio llevado a cabo por Balachander Krishnamurthy y Craig Wills, en el que queda patente que tanto Facebook como LinkedIn facilitan a estas empresas los datos personales de los usuarios, sus contactos e intereses. Con esta información, las firmas de marketing que explotan esta valiosa información, pueden crear perfiles personalizados de cada uno de nosotros, con nombre, apellidos, aficiones, amistades y páginas web que visitamos habitualmente.



Pero las cosas todavía pueden ponerse más feas, puesto que no son una ni dos las empresas de marketing que husmean en nuestra vida y costumbres. EFF llegó a contar hasta diez fuentes diferentes de cookies, javascript y demás elementos extraños en una sola web visitada, que reportaban información sobre nuestro paso por Internet. A mayor desgracia, este rastro no termina cuando abandonamos una web en concreto, sino que los trackers nos persiguen por los diferentes sitios que vamos visitando, alimentando, al tiempo, su base de datos. Google, juez y parte en este asunto (es propietaria de DoubleClick, uno de los mayores rastreadores del mercado), se ha puesto del lado del usuario, al menos por el momento, y promete nuevas herramientas para mantener el anonimato mientras se navega por la web. Entre tanto, EFF sugiere a los internautas que instalen los citados complementos y configuren los navegadores para que borren las cookies cada vez que se abandona una sesión.

¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? (el control de los pensamientos)

La tercera parte de la población mundial ya es “internauta”. La revolución digital crece veloz. Uno de sus grandes pensadores, Nicholas Carr, da claves de su existencia en el libro Superficiales. ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? El experto advierte de que se “está erosionando la capacidad de controlar nuestros pensamientos y de pensar de forma autónoma”.

El correo electrónico parpadea con un mensaje inquietante: “Twitter te echa de menos. ¿No tienes curiosidad por saber las muchas cosas que te estás perdiendo? ¡Vuelve!”. Ocurre cuando uno deja de entrar asiduamente en la red social: es una anomalía, no cumplir con la norma no escrita de ser un voraz consumidor de twitters hace saltar las alarmas de la empresa, que en su intento por parecer más y más humana, como la mayoría de las herramientas que pueblan nuestra vida digital, nos habla con una cercanía y una calidez que solo puede o enamorarte o indignarte. Nicholas Carr se ríe al escuchar la preocupación de una periodista ante la llegada de este mensaje a su buzón de correo. “Yo no he parado de recibirlos desde el día que suspendí mis cuentas en Facebook y Twitter. No me salí de estas redes sociales porque no me interesen. Al contrario, creo que son muy prácticas, incluso fascinantes, pero precisamente porque su esencia son los micromensajes lanzados sin pausa, su capacidad de distracción es enorme”. Y esa distracción constante a la que nos somete nuestra existencia digital, y que según Carr es inherente a las nuevas tecnologías, es sobre la que este autor que fue director del Harvard Business Review y que escribe sobre tecnología desde hace casi dos décadas nos alerta en su tercer libro, Superficiales. ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? (Taurus).

Cuando Carr (1959) se percató, hace unos años, de que su capacidad de concentración había disminuido, de que leer artículos largos y libros se había convertido en una ardua tarea precisamente para alguien licenciado en Literatura que se había dejado mecer toda su vida por ella, comenzó a preguntarse si la causa no sería precisamente su entrega diaria a las multitareas digitales: pasar muchas horas frente a la computadora, saltando sin cesar de uno a otro programa, de una página de Internet a otra, mientras hablamos por Skype, contestamos a un correo electrónico y ponemos un link en Facebook. Su búsqueda de respuestas le llevó a escribir Superficiales... (antes publicó los polémicos El gran interruptor. El mundo en red, de Edison a Google y Las tecnologías de la información. ¿Son realmente una ventaja competitiva?), “una oda al tipo de pensamiento que encarna el libro y una llamada de atención respecto a lo que está en juego: el pensamiento lineal, profundo, que incita al pensamiento creativo y que no necesariamente tiene un fin utilitario. La multitarea, instigada por el uso de Internet, nos aleja de formas de pensamiento que requieren reflexión y contemplación, nos convierte en seres más eficientes procesando información pero menos capaces para profundizar en esa información y al hacerlo no sólo nos deshumanizan un poco sino que nos uniformizan”. Apoyándose en múltiples estudios científicos que avalan su teoría y remontándose a la célebre frase de Marshall McLuhan “el medio es el mensaje”, Carr ahonda en cómo las tecnologías han ido transformando las formas de pensamiento de la sociedad: la creación de la cartografía, del reloj y la más definitiva, la imprenta. Ahora, más de quinientos años después, le ha llegado el turno al efecto Internet.

(Extracto de una entrevista publicada por El País - 29/1/11)

PREGUNTA. Su libro ha levantado críticas entre periodistas como Nick Bilton, responsable del blog de tecnología Bits de The New York Times, quien defiende que es mucho más natural para el ser humano diversificar la atención que concentrarla en una sola cosa.

RESPUESTA. Más primitivo o más natural no significa mejor. Leer libros probablemente sea menos natural, pero ¿por qué va a ser peor? Hemos tenido que entrenarnos para conseguirlo, pero a cambio alcanzamos una valiosa capacidad de utilización de nuestra mente que no existía cuando teníamos que estar constantemente alerta ante el exterior muchos siglos atrás. Quizás no debamos volver a ese estado primitivo si eso nos hace perder formas de pensamiento más profundo.

P. Internet invita a moverse constantemente entre contenidos, pero precisamente por eso ofrece una cantidad de información inmensa. Hace apenas dos décadas hubiera sido impensable.

R. Es cierto y eso es muy valioso, pero Internet nos incita a buscar lo breve y lo rápido y nos aleja de la posibilidad de concentrarnos en una sola cosa. Lo que yo defiendo en mi libro es que las diferentes formas de tecnología incentivan diferentes formas de pensamiento y por diferentes razones Internet alienta la multitarea y fomenta muy poco la concentración. Cuando abres un libro te aíslas de todo porque no hay nada más que sus páginas. Cuando enciendes el ordenador te llegan mensajes por todas partes, es una máquina de interrupciones constantes.

P. ¿Pero, en última instancia, cómo utilizamos la web no es una elección personal?

R. Lo es y no lo es. Tú puedes elegir tus tiempos y formas de uso, pero la tecnología te incita a comportarte de una determinada manera. Si en tu trabajo tus colegas te envían treinta e-mails al día y tú decides no mirar el correo, tu carrera sufrirá. La tecnología, como ocurrió con el reloj o la cartografía, no es neutral, cambia las normas sociales e influye en nuestras elecciones.

P. En su libro habla de lo que perdemos y aunque mencione lo que ganamos apenas toca el tema de las redes sociales y cómo gracias a ellas tenemos una herramienta valiosísima para compartir información.

R. Es verdad, la capacidad de compartir se ha multiplicado aunque antes también lo hacíamos. Lo que ocurre con Internet es que la escala, a todos los niveles, se dispara. Y sin duda hay cosas muy positivas. La Red nos permite mostrar nuestras creaciones, compartir nuestros pensamientos, estar en contacto con los amigos y hasta nos ofrece oportunidades laborales. No hay que olvidar que la única razón por la que Internet y las nuevas tecnologías están teniendo tanto efecto en nuestra forma de pensar es porque son útiles, entretenidas y divertidas. Si no lo fueran no nos sentiríamos tan atraídos por ellas y no tendrían efecto sobre nuestra forma de pensar. En el fondo, nadie nos obliga a utilizarlas.

P. Sin embargo, a través de su libro usted parece sugerir que las nuevas tecnologías merman nuestra libertad como individuos...

R. La esencia de la libertad es poder escoger a qué quieres dedicarle tu atención. La tecnología está determinando esas elecciones y por lo tanto está erosionando la capacidad de controlar nuestros pensamientos y de pensar de forma autónoma. Google es una base de datos inmensa en la que voluntariamente introducimos información sobre nosotros y a cambio recibimos información cada vez más personalizada y adaptada a nuestros gustos y necesidades. Eso tiene ventajas para el consumidor. Pero todos los pasos que damos online se convierten en información para empresas y Gobiernos. Y la gran pregunta a la que tendremos que contestar en la próxima década es qué valor le damos a la privacidad y cuánta estamos dispuestos a ceder a cambio de comodidad y beneficios comerciales. Mi sensación es que a la gente le importa poco su privacidad, al menos esa parece ser la tendencia, y si continúa siendo así la gente asumirá y aceptará que siempre están siendo observados y dejándose empujar más y más aún hacia la sociedad de consumo en detrimento de beneficios menos mensurables que van unidos a la privacidad.

P. Entonces... ¿nos dirigimos hacia una sociedad tipo Gran Hermano?

R. Creo que nos encaminamos hacia una sociedad más parecida a lo que anticipó Huxley en Un mundo feliz que a lo que describió Orwell en 1984. Renunciaremos a nuestra privacidad y por tanto reduciremos nuestra libertad voluntaria y alegremente, con el fin de disfrutar plenamente de los placeres de la sociedad de consumo. No obstante, creo que la tensión entre la libertad que nos ofrece Internet y su utilización como herramienta de control nunca se va a resolver. Podemos hablar con libertad total, organizarnos, trabajar de forma colectiva, incluso crear grupos como Anonymous pero, al mismo tiempo, Gobiernos y corporaciones ganan más control sobre nosotros al seguir todos nuestros pasos online y al intentar influir en nuestras decisiones.

P. Wikipedia es un buen ejemplo de colaboración a gran escala impensable antes de Internet. Acaba de cumplir diez años...

R. Wikipedia encierra una contradicción muy clara que reproduce esa tensión inherente a Internet. Comenzó siendo una web completamente abierta pero con el tiempo, para ganar calidad, ha tenido que cerrarse un poco, se han creado jerarquías y formas de control. De ahí que una de sus lecciones sea que la libertad total no funciona demasiado bien. Aparte, no hay duda de su utilidad y creo que ha ganado en calidad y fiabilidad en los últimos años.

P. ¿Y qué opina de proyectos como Google Books? En su libro no parece muy optimista al respecto...

R. Las ventajas de disponer de todos los libros online son innegables. Pero mi preocupación es cómo la tecnología nos incita a leer esos libros. Es diferente el acceso que la forma de uso. Google piensa en función de snippets, pequeños fragmentos de información. No le interesa que permanezcamos horas en la misma página porque pierde toda esa información que le damos sobre nosotros cuando navegamos. Cuando vas a Google Books aparecen iconos y links sobre los que pinchar, el libro deja de serlo para convertirse en otra web. Creo que es ingenuo pensar que los libros no van a cambiar en sus versiones digitales. Ya lo estamos viendo con la aparición de vídeos y otros tipos de media en las propias páginas de Google Books. Y eso ejercerá presión también sobre los escritores. Ya les ocurre a los periodistas con los titulares de las informaciones, sus noticias tienen que ser buscables, atractivas. Internet ha influido en su forma de titular y también podría cambiar la forma de escribir de los escritores. Yo creo que aún no somos conscientes de todos los cambios que van a ocurrir cuando realmente el libro electrónico sustituya al libro.

P. ¿Cuánto falta para eso?

R. Creo que tardará entre cinco y diez años.

P. Pero aparatos como el Kindle permiten leer muy a gusto y sin distracciones...

R. Es cierto, pero sabemos que en el mundo de las nuevas tecnologías los fabricantes compiten entre ellos y siempre aspiran a ofrecer más que el otro, así que no creo que tarden mucho en hacerlos más y más sofisticados, y por tanto con mayores distracciones.

P. El economista Max Otte afirma que pese a la cantidad de información disponible, estamos más desinformados que nunca y eso está contribuyendo a acercarnos a una forma de neofeudalismo que está destruyendo las clases medias. ¿Está de acuerdo?

R. Hasta cierto punto, sí. Cuando observas cómo el mundo del software ha afectado a la creación de empleo y a la distribución de la riqueza, sin duda las clases medias están sufriendo y la concentración de la riqueza en pocas manos se está acentuando. Es un tema que toqué en mi libro El gran interruptor. El crecimiento que experimentó la clase media tras la II Guerra Mundial se está revirtiendo claramente.

P. Internet también ha creado un nuevo fenómeno, el de las microcelebridades. Todos podemos hacer publicidad de nosotros mismos y hay quien lo persigue con ahínco. ¿Qué le parece esa nueva obsesión por el yo instigado por las nuevas tecnologías?

R. Siempre nos hemos preocupado de la mirada del otro, pero cuando te conviertes en una creación mediática -porque lo que construimos a través de nuestra persona pública es un personaje-, cada vez pensamos más como actores que interpretan un papel frente a una audiencia y encapsulamos emociones en pequeños mensajes. ¿Estamos perdiendo por ello riqueza emocional e intelectual? No lo sé. Me da miedo que poco a poco nos vayamos haciendo más y más uniformes y perdamos rasgos distintivos de nuestras personalidades.

P. ¿Hay alguna receta para salvarnos'?

R. Mi interés como escritor es describir un fenómeno complejo, no hacer libros de autoayuda. En mi opinión, nos estamos dirigiendo hacia un ideal muy utilitario, donde lo importante es lo eficiente que uno es procesando información y donde deja de apreciarse el pensamiento contemplativo, abierto, que no necesariamente tiene un fin práctico y que, sin embargo, estimula la creatividad. La ciencia habla claro en ese sentido: la habilidad de concentrarse en una sola cosa es clave en la memoria a largo plazo, en el pensamiento crítico y conceptual, y en muchas formas de creatividad. Incluso las emociones y la empatía precisan de tiempo para ser procesadas. Si no invertimos ese tiempo, nos deshumanizamos cada vez más. Yo simplemente me limito a alertar sobre la dirección que estamos tomando y sobre lo que estamos sacrificando al sumergirnos en el mundo digital. Un primer paso para escapar es ser conscientes de ello. Como individuos, quizás aún estemos a tiempo, pero como sociedad creo que no hay marcha atrás…



Tropezar dos veces con la misma piedra (el regreso de las punto-cuen)

Las inversiones desmesuradas en Facebook, Twitter, Groupon o Zynga generan temor a una nueva crisis en compañías de Internet”… Burbuja “puntocom”, ¿segunda parte? (El País - 16/1/11)

Las comparaciones son odiosas, pero ideales para entender situaciones inverosímiles como las que se están produciendo en Internet. Por ejemplo: Facebook vale a mediados de enero de 2011, once veces más que la capitalización bursátil de Iberia o un 52% más que la de Repsol YPF. También supera al BBVA, Boeing y Nokia. Twitter se embolsó 200 millones de dólares de inversión de una tacada en diciembre, casi 10 veces más de lo que Google recibió en sus cuatro primeros años. Y a Groupon, web de descuentos fundada por un estudiante de música convertido en emprendedor, le han inyectado esta semana 950 millones de dólares, lo que deja su valoración en 4.750 millones (3.700 millones de euros), un 30% superior al presupuesto del Ministerio de Educación español para este año.

Cabría pensar que esto es normal si sólo ocurriera con las grandes redes sociales y webs de comercio electrónico. Pero la realidad es que firmas de Internet de todo tipo se están llevando inversiones desmesuradas. En los primeros 15 días del año 2011 se han producido 35 operaciones por un valor de 1.250 millones de dólares, en especial en EE UU y Reino Unido. Y hay de todo. Desde una aplicación para el iPhone para compartir fotos de comida que se ha ganado tres millones de dólares hasta una start-up de pagos con móvil, Square, que recibió casi 30. Una lluvia de dinero que, según muchos analistas, presagia algo más temido para 2011: la salida a Bolsa de decenas de empresas de Internet.

“Antes de salir a Bolsa hay que crear un proyecto sólido, con cifras públicas y referenciadas. De lo contrario, se crean burbujas. Y ya no son tiempos de colocar en el mercado empresas basadas en expectativas. El inversor quiere verdades”, dice Christopher Pommerening, cofundador de Active Capital Partners, una de las primeras entidades que invirtió en la española BuyVip, adquirida en octubre por Amazon.

Pommerening prefiere quitar hierro al asunto con el ejemplo de LinkedIn, la red social profesional creada en 2003 que lleva años creciendo paso a paso y cuenta con 85 millones de miembros. Saldrá a Bolsa en unos meses y ha contratado a JP Morgan, Bank of America y Morgan Stanley para gestionar la OPV. “LinkedIn ha esperado a ser un negocio robusto y rentable y no defraudará”, dice.

Pero el problema apunta al resto de compañías de Internet que, como Facebook, han adquirido una elevadísima valoración en un corto periodo de tiempo. Los 500 millones de dólares que Goldman Sachs y el fondo ruso DST han pagado por un trozo de la red social, disparando su valor de 1.000 millones de dólares a 50.000 en cuatro años, han generado una temida sensación de déjà vu entre inversores y analistas. Rememoran lo que ocurrió entre 1998 y 2001, cuando el Nasdaq se convirtió en un bingo planetario en el que hasta las amas de casa apostaban en empresas puntocom.

Sin ingresos sólidos detrás, miles de firmas de Internet quebraron y 5 billones de dólares se esfumaron del Nasdaq arrastrando a la economía mundial a una breve recesión. En España, el pinchazo de la burbuja lo protagonizó Terra, que en 2000 compró el portal Lycos por 2,3 billones de las antiguas pesetas para venderlo luego por un ridículo 0,8% de lo pagado.

A diferencia de hace 10 años, cuando las puntocom reventaban en el parqué creando un efecto dominó, las participaciones se venden hoy como caramelos en mercados secundarios, donde entidades e inversores privados buscan fortuna. Y lo que preocupa es que Facebook, Twitter, Zynga, LivingSocial o Groupon, cuyos datos financieros son pura especulación, estén recibiendo cantidades irracionales de dinero; que bancos como Goldman Sachs especulen con sus participaciones, y que, de producirse salidas a Bolsa este año, acaben en completo fiasco.

“En lo que a redes sociales se refiere, no se está invirtiendo en resultados, sino en potencial. Pero la diferencia es que hay más parámetros para demostrarlo. La eficacia de la publicidad en Facebook o en Twitter y su poder de recomendación es impresionante. Y el futuro del marketing pasa por ahí”, asegura Pommerening.

Otros no piensan igual. Fred Wilson, de Union Square Ventures, accionistas en Twitter, Foursquare o Tumblr, reconoce en su blog que la competencia por los chollos está enloqueciendo a los inversores privados. “Si sólo se estuvieran disparando las valoraciones, no me preocuparía tanto. El problema es que grandes acuerdos de entre 5 y 15 millones de dólares se están cerrando en días sin apenas contrastar datos”, dice, a la vez que absuelve a Facebook de sospechas. “Todo el mundo sabe que es un ganador”.

Hasta Bono, el cantante de U2, se ha hecho accionista del negocio de Zuckerberg (posee un 1,5% a través de la entidad Elevation Partners). Aunque Facebook no parece que vaya a salir a Bolsa este año, ya ha levantado el recelo del regulador bursátil de EEUU, la SEC, por, supuestamente, saltarse las reglas para evitar publicar datos sobre cuánto gana o deja de ganar. JP Morgan calcula que solo genera cuatro dólares por visitante, lejos de los 24 de Google o los 189 de Amazon. Pero solo es una estimación. E igual ocurre con Twitter, Zynga o LinkedIn: sus cifras de facturación y rentabilidad son puras divagaciones.

Rafael Casado, quien vivió la anterior crisis de las puntocom al frente de Terra y hoy lidera la start-up Tooio, asegura que cualquier comparación con la situación de 2000 es infundada. “Hace 10 años no existían empresas con 600 millones de usuarios”. Y define las webs de descuentos como Groupon y LivingSocial, también en el punto de mira, como un negocio redondo. “Están llevando la publicidad local, un sector muy mal servido por canales tradicionales como Yelp o Páginas Amarillas, al mundo digital. Groupon es una idea gigantesca”.

Quizá por eso rechazaron la oferta de compra de Google por 6.000 millones de dólares, casi seis veces más de lo que les costó YouTube en su momento. Groupon, con sede en Chicago, ofrece ofertas diarias de negocios locales, desde tiendas de ropa hasta restaurantes, en ciudades de 150 países. Algunas fuentes sitúan sus ingresos de 2010 en 2.000 millones de dólares y lo definen como el “próximo gran negocio tras Google”. En pleno auge, ha comprado competidores en Israel (Grouper), Sudáfrica (Twangoo) e India (SoSasta), y le han surgido clones en España (Oooferton) y Francia (Bon-Privé). Pero la duda es la misma: ¿es un negocio tan sólido como venden sus inversores? ¿Aguantará la salida a Bolsa?

Zynga, creadores de Farmville, tampoco se libra de las especulaciones. Su valoración se ha disparado a los 5.500 millones de dólares, más que el gigante del sector Electronic Arts. Y Quora, una web de preguntas y respuestas fundada por el anterior director técnico de Facebook, se está convirtiendo en el último fenómeno online, al que ya adjudican un valor de 86 millones de dólares.

A las valoraciones infladas y modelos de negocio por cocinar se une la excesiva alegría en la compra de firmas de tecnología en una economía aún en fase de recuperación en EEUU y Europa. En 2010, JP Morgan contabilizó casi siete operaciones de compra por mes. La semana pasada, Skype se hizo con el servicio de vídeo Qik, Salesforce compró la firma de comunicación online Dimdim y Sourcefire, dedicada a la seguridad en Internet, adquirió Immunet. En total, 152 millones de dólares en solo tres operaciones.

Si a ello añadimos los nuevos fondos que firmas de capital riesgo están creando para apostar por más puntocom, como el de 177 millones de euros cerrado el martes por la alemana

Holtzbrinck Ventures (curiosamente, inversores en Groupon), el resultado es una fiebre inversora en la que las cifras pierden su significado.

Está por ver si valoraciones y próximas salidas a Bolsa se indigestan o no. Por comparar a la inversa, falta aún un buen trecho para que Facebook, Twitter, Groupon y sus discípulos igualen en valor a Apple, Microsoft, Google o Amazon; las dos primeras, por encima de los 300.000 millones de dólares de capitalización. Pase lo que pase, algo es seguro: lo digital ya vale más que lo físico.

Los grandes chollos

Las últimas inversiones en firmas de Internet levantan sospechas sobre sus desmesuradas valoraciones. Los chollos más buscados son:

- Facebook: supera los 600 millones de usuarios. La inversión de Goldman Sachs y el fondo ruso DST valora la red social en 50.000 millones de dólares, 50 veces más que hace cuatro años. Se estima que ingresó 2.000 millones de dólares en 2010.

- Twitter: vale 4.100 millones de dólares y podría haber ingresado más de 150 millones en publicidad el año pasado. Cuenta con 160 millones de personas registradas.

- LinkedIn: con 85 millones de cuentas, su valoración se sitúa en los 2.200 millones de dólares. Saldrá a Bolsa en 2011.

- Zynga: cuenta con 80 millones de jugadores y está valorada en 5.500 millones de dólares. Se especula con su posible salida a Bolsa este año.

- Groupon: con 12 millones de registros, ha cerrado esta semana una inversión de 950 millones de dólares, operación que sitúa su valoración en 4.750 millones de dólares.



Eufemismos aparte: a las nuevas burbujas las llaman “bolsas de aires”. Son unos genios

- Facebook o Twitter no provocarán una nueva burbuja tecnológica (El Economista - 31/1/11)

(Por José Luis de Haro - Nueva York) Lectura recomendada

Esa sensación que en la década de los 90 hinchó sin piedad el precio de compañías tecnológicas como Netscape vuelve a hacer acto de presencia de la mano de Facebook, Groupon o Twitter. Una vez más la valoraciones no sólo de estas startups sino de la grandes compañías del sector vuelven a engordar con fuerza. Recientemente hemos visto como Apple alcanzaba el estatus de segunda compañía más valorada del mundo, por detrás de Exxon Mobile, con una capitalización de mercado de 305.000 millones de dólares.

Si a esto sumamos que la red social de Mark Zuckerberg podría costar más de 70.000 millones de dólares en el mercado privado mientras que Groupon rechazó una oferta de Google por valor de 6.000 millones de dólares porque su OPV podría recaudar hasta 15.000 millones de dólares, todo parece encaminado a que volvamos a caer sobre la misma piedra.

En estos momentos, algunos apuntan que, quizás, la Comisión de Mercados y Valores (SEC, por sus siglas en inglés) debería tomar cartas en el asunto, algo que ya ha comenzado a hacer. Cabe recordar que, hasta la fecha, una compañía no tiene obligación de rendir cuentas a la agencia mientras su número de accionistas no supere los 499. De todos modos, la SEC podría estar a punto de orquestar cambios para los mercados privados e, incluso, podría obligar a Facebook a presentar sus cuentas, sea o no una compañía que cotiza en bolsa.

Para John Prestbo, director ejecutivo y editor de los títulos que forman parte de los índices Dow Jones, los precios de estas compañías “son una locura” y “esto no es bueno para el futuro”. “Sólo porque Goldman Sachs pagó lo que pagó, no quiere decir que Facebook vale lo que piensa la gente”, explicó a elEconomista. De hecho dejó claro que “los precios en el mercado privado no van a traducirse en una nueva burbuja tecnológica”.

Este especialista considera que “la prueba de fuego llegará con su posible salida a bolsa, cuando todo el mundo tenga oportunidad de examinar sus cuentas”. De todas formas, Prestbo dejó claro que “duda” que Facebook pueda correr la misma suerte que otras compañías como Google. “Desde mi punto de vista, Facebook carece de la misma sustancia que tuvo Google cuando comenzó a cotizar en bolsa”, señaló. Al fin y al cabo en estos momentos el modelo de negocio de la red social carece de un equilibrio entre crecimiento y sostenibilidad, según muchos expertos.



Por su parte, Robert Buckland, director ejecutivo de estrategia global para Citi Investment, en estos momentos el sector tecnológico mantiene una perspectiva neutral, aunque reconoce que algunas valoraciones puedan considerarse “algo enriquecidas”. No hay que olvidar que el sector tecnológico se divide claramente en empresas ya asentadas, como Google, Microsoft, Intel, “cuyas valoraciones en estos momentos podrían considerarse bajas”, explica, y luego las nuevas compañías, cuyo valor suele ser más elevado en estos momentos.

“En el caso de las establecidas, muchos se preguntan qué harán para seguir innovando aunque su nivel de efectivo sea envidiable mientras las startups están en pleno periodo de expansión y crecimiento, de ahí sus valoraciones elevadas”, apunta.



Barry Silvert, uno de los capitanes de SecondMarket, una plataforma que permite a compañías privadas como Facebook vender acciones, no dudó en afirmar durante la conferencia Digital Life Design que las diferencias entre la burbuja tecnológica de las Dot.com y la situación actual es evidente. “Hace 10 años podías ser una compañía valorada en 150 millones de dólares y salir a bolsa, ahora tienes que valer más de 500 o 1.000 millones para poder dar el salto”.

Para Silvert, compañías como Facebook o Groupon son únicas en su género, como sucedió con Google en su época, por eso rechazó el hablar de burbujas, un hecho que sólo ayuda a vender periódicos, desde su punto de vista. David Liu, analista del banco de inversión Jefferies & Co. en estos momentos “existe una desorbitada euforia en algunas partes” pero “se tratan más de bolsas de aire que de una nueva burbuja”.

Si a la bolsa de aire (sic) le agregamos el trading de alta velocidad, el splash está servido

¿Se acuerdan del flash crash de mayo, cuando el Dow Jones llegó a caer un 8% en una sola sesión? Pues ahora puede llegar una catástrofe todavía mayor que se extendería más allá de las bolsas y afectaría a las divisas, las materias primas y los bonos. Los norteamericanos lo han bautizado como splash crash (splash significa salpicar”... Después del flash crash, puede llegar el splash crash (El Economista - 4/2/11)

Las interconexiones entre plataformas de trading de alta velocidad hacen cada vez más probable un acontecimiento así. Los problemas geopolíticos como los de Egipto y el resto de países árabes son claros candidatos a provocar este crash, que secaría la liquidez de estas plataformas y provocaría el desastre en varios mercados.

“Los efectos dominó ya no están limitados a un solo activo, los algoritmos son cada vez más sofisticados y acompasan todos los elementos que pueden tener impacto en la operativa de cualquier mercado”, advierte John Bates, director tecnológico de la empresa Progress Software.

El flash crash del 6 de mayo (2010) tuvo como detonante la crisis de la deuda europea. Las investigaciones han determinado que hubo una gran orden de venta que dejó sin liquidez al mercado, lo que provocó que varias grandes empresas cotizaran momentáneamente a un centavo. Pero el daño quedó limitado a la bolsa.

Onda expansiva

Bates cree que, si se produce un acontecimiento similar en el futuro, y hay un shock en los programas algorítmicos que controlan el trading más agresivo, los efectos serán mucho más extendidos. Y este experto no es el único que teme un derrumbe en cascada si el miedo vuelve a apoderarse del mercado.

“Estamos convencidos de que va a pasar. Estamos constantemente en alerta naranja en busca de señales de su desarrollo, porque, por definición, no vendrá de donde todo el mundo está mirando. Tiene que venir de donde nadie mira. Creemos que empezará en las divisas y se trasladará a la deuda”, opina Kevin Ferry, presidente de Cronus Futures Mangement.

Un ejemplo de cómo sería un splash crash es el siguiente, según Bates: los traders que operan en una petrolera multinacional como BP -por decir una- se ponen nerviosos si la economía China empieza a debilitarse y la demanda de petróleo cae. Dado que el crudo está denominado en dólares, eso provoca una subida de esta divisa a la vez que se derrumban los futuros que apuestan por una subida del petróleo. Y eso, a su vez, impactaría en los precios de otras grandes petroleras como Exxon o Chevron.

Aunque los programas algorítmicos están preparados para manejar un acontecimiento de este tipo, su traslado a los bonos afectaría a los bancos y los hedge funds. Y como estos mercados cada vez están más controlados por los mismos programas informáticos, que suponen más de la mitad del volumen de las bolsas, los efectos serían muy grandes, según este escenario.

“Si se produce una gran inestabilidad o algo imprevisto y unos de estos algoritmos hace algo extraño o inesperado, el efecto dominó sería enorme en todas las clases de activos”, opina. “Los sistemas se colgarían, el limitado ancho de banda haría que las órdenes se colapsaran, los mercados se congelarían y eso salpicaría a todos los activos. El Apocalipsis”, concluye.

Es cierto que se trata de un caso extremo, pero si algo nos ha enseñado esta crisis es que los riesgos que se ignoran porque parecen inverosímiles, ocurren. Son los famosos cisnes negros.



Web 2.0 y Webonomics “buscan” Webonazos 2 para dejarlos en 0 (y si no, al tiempo)

Facebook y Google han negociado con Twitter una posible oferta. Durante la negociación, el valor de la red social se ha situado entre 5.865 y 7.330 millones de euros, más del doble de la última tasación, realizada en diciembre tras una ronda de financiación. Estos precios han reavivado los fantasmas de otra burbuja online”... La “subasta” por Twitter reaviva el fantasma de otra burbuja en internet (Cinco Días - 10/2/11)

En los años 2000 y 2001, la industria de internet vivió su peor momento a causa de la explosión de una burbuja generada por los excesos en la valoración de las empresas. Ahora, los comentarios sobre otra burbuja se han extendido por las altas valoraciones que se están haciendo de los nuevos gigantes de la red.

Según publicaba ayer The Wall Street Journal, Facebook y Google han mantenido negociaciones con Twitter, para sondear una oferta. La cuestión clave es el precio. Y es que la red social de microblogging (se escriben post de hasta 140 caracteres) se está valorando entre 8.000 y 10.000 millones de dólares (entre 5.865 y 7.330 millones de euros). Las alarmas sobre burbuja saltan cuando se recuerda que, en la ronda de financiación que Twitter cerró en diciembre (2010), liderada por Kleiner Perkins Caufield & Byers, y en la que captó 200 millones, la sociedad se valoró en 3.700 millones. Twitter, que tiene 175 millones de usuarios, fue tasada en 1.000 millones en septiembre de 2009.

¿Son lógicos estos precios? Quién sabe. Twitter no ha publicado resultados nunca, si bien en la prensa de EEUU se dice que en 2010 alcanzó unos ingresos de entre 40 y 50 millones de dólares, procedentes de sus negocios de publicidad y los acuerdos con buscadores. Pero perdió dinero por el coste procedente de la gestión de los centros de datos. Para 2011, las estimaciones apuntan a un volumen de negocio cercano a 100 millones.

Claro que ha habido ya una serie de valoraciones que han causado asombro. Facebook fue valorada en 50.000 millones de dólares tras cerrar una ronda de financiación de 1.500 millones. A su vez, la empresa de cupones de e-commerce Groupon rechazó una oferta de 6.000 millones de Google y planea salir a Bolsa este año. Una opción que ha escogido la red profesional LinkedIn, que ha sido valorada en 2.000 millones. Y la lista de nombres con movimientos de inversores no para: Forsquare, Pandora, Quora, Yammer, GroupMe...

Las empresas de la web 2.0 se están enfrentando ya a su reválida. Deben demostrar que la gran cantidad de datos que manejan tienen un alto valor y son una fuente de negocio. De lo contrario, los comentarios sobre una nueva burbuja irán a más.

Popularidad en el exterior y agitación interna máxima

Las revueltas en Egipto han puesto de manifiesto el poder de Twitter. Ahora, quién no conoce a la red de microblogging. Pero para llegar a este punto de reconocimiento exterior, la empresa ha vivido una acelerada expansión interna.

Durante el año 2010, Twitter ha elevado su plantilla en 100 empleados hasta superar los 350, contratando ingenieros y responsables de ventas. Todo bajo el mando de un nuevo consejero delegado, Dick Costolo.

También los inversores han estado ajetreados. Durante la primera semana de febrero de 2011 se ha sabido que la firma del inversor Marc Andreessen ha comprado títulos de Twitter a otros accionistas por 80 millones. Quizá esté tomando posiciones. Y es que, como se recuerda en blogs especializados, el cofundador Evan Williams y el citado Costolo ya han vendido en el pasado alguna empresa a Google.

La cifra: 315 millones de dólares casi en efectivo va a pagar AOL por la web de noticias Huffington Post, en torno a 10 veces los ingresos de 2010.



El retorno de la “exuberancia irracional” de los mercados (mañana digo basta…)

Los osos hace meses que están hibernando y los escépticos comienzan a creer. Ayer, el Standard & Poor´s 500 volvió a dar muestras de la fortaleza del rally: sumó 8,31 puntos para alcanzar los 1.336,32 enteros o, lo que es lo mismo, ya se encuentra al doble de sus mínimos de marzo de 2006, en los 666,79 enteros”... El S&P 500 “cumple” un 100% de subida en dos años para volver al nivel previo a Lehman (El Confidencial - 17/2/11)

De esta manera, el índice ha registrado la subida de un 100% más rápida desde 1936, cuando acumuló 501 días de rally alcista. En esta ocasión el optimismo en los mercados viene durando 707 días, según publica The Wall Street Journal.

Además, el último empujón registrado en las primeras semanas de 2011 ha venido a desafiar los augurios de inversores y analistas que aseguraban por lógica se tenía que producir una corrección tras un magnífico 2010.

“En menos de dos años, el S&P500 ha doblado, algo estupendo para aquellos que fueron lo suficientemente prudentes como para aguantar”, asegura en The Wall Street Journal Erik Davison, director de inversiones de Wells Fargo Private Bank. “Pero tienen que ser cautelosos con la sobreconfianza, sabemos que las correcciones ocurren con regularidad”.

En este sentido, el analista asegura que cuando has subido un 100% y existe una exuberancia irracional, a lo único que se debe tener miedo es, precisamente, a la ausencia de miedo. Es lo mismo que ocurrió con las acciones tecnológicas con el pinchazo de la burbuja puntocom o con el mercado inmobiliario japonés





Zuck, Goldman, and so on: ¿todo preparado para atrapar a los próximos “burbu-giles”?

Vuelve a hablarse de burbuja en Silicon Valley. Empresas de Internet no cotizadas están alcanzando de pronto valoraciones altísimas, aunque todavía tienen que demostrar que pueden captar dinero a estos precios”... ¿Estamos ante una nueva burbuja de Internet? (El Economista - 18/2/11)

Algo que recuerda mucho a lo ocurrido en el año 2000, que acabó con la mayor caída de la Historia del Nasdaq, que se encuentra aún casi a la mitad de su máximo histórico.

Zygna, una empresa de juegos en red, fue valorada en 5.000 millones de dólares en varias pequeñas colocaciones privadas de acciones hace tres meses, y ahora planea captar una nueva ronda de capital a una valoración de 9.000 millones.

Groupon, el club de ventas locales que rechazó una oferta de Google por 6.000 millones a finales de 2010, ha recibido informes de bancos de inversión para su salida a bolsa que la valoran entre 15.000 y 20.000 millones.

Y Facebook, que el mes enero cerró una operación con Goldman Sachs a un precio de 50.000 millones, va a ayudar a que sus directivos vendan parte de sus acciones con una valoración de 60.000.

Dada la velocidad con la que estas cifras se han disparado en cuestión de semanas, es tentador considerarlo fruto de un mercado sobrecalentado, con el añadido de la falta de información real sobre la marcha de estas empresas.

Para algunos analistas, esa explicación ignoraría las grandes fuerzas que hay detrás de este fenómeno. Las redes sociales y el Internet móvil están cambiando la naturaleza del comportamiento online, y cambios tan grandes como estos en la tecnología suelen generar nuevos líderes... aunque a menudo también son una excusa para que se formen burbujas de las de toda la vida.

Según Richard Waters, redactor jefe del Financial Times en la Costa Oeste de EEUU, hay tres pruebas básicas para este nuevo grupo de niños bonitos de Internet; si han encontrado un modelo de ingresos rentable; si los mercados que están creando llegarán a ser suficientemente grandes para sostener sus valoraciones; y qué impacto puede tener la competencia futura en su crecimiento y sus márgenes.

Estos analistas aportan algunas pruebas con las que sustentan su confianza en estas compañías. Groupon espera duplicar sus ingresos este año hasta 3.500-4.000 millones, de los cuales la mitad son para la empresa y la otra mitad para sus distribuidores. Zygna espera un crecimiento de entre el 150% y el 200% de sus ingresos desde los 1.000 millones del pasado, ya que su modelo de negocio es muy rentable. Y Facebook, que aloja algunos productos de Zygna como FarmVille, se queda con una buena porción de estas ventas.

Según esta medida, Twitter sigue siendo el mejor ejemplo de una empresa de Internet cuyo valor se basa más en la esperanza que en los hechos. Pese a un cambio de moldeo orientado a ganar dinero, sus ingresos apenas superarán los 100 millones este año, pese a lo cual se la valora entre 4.000 y 8.000 millones.

En todo caso, las grandes dudas surgen al plantear el posible impacto de la competencia en todas estas empresas.

Como las barreras de entrada son mínimas, Internet puede ser despiadado, como han comprobado muchas empresas de comercio electrónico -donde el precio es el factor decisivo-, de juegos o incluso los grandes buscadores de Internet 1.0, como Yahoo y AOL, arrasados posteriormente por Google. ¿Alguien se acuerda de AskJeeves?...

Una burbuja se define por demasiado dinero buscando activos, una mayor producción de esos activos, y la necesidad de encontrar un tonto mayor para comprarlos

Casi todas las semanas aparece una nueva estimación del precio de una empresa tecnológica que, a ojos de algunos, parece astronómica”... La web 2.0 y el temor a la burbuja (BBCMundo - 21/2/11)

Pero el mundo de la tecnología recuerda todavía el colapso sufrido por la industria en abril de 2000.

Ahora la comparación es inevitable: ¿estamos ante una nueva burbuja especulativa de internet, esta vez de la web 2.0?

Se supone que Facebook vale US$ 50.000 millones, Groupon rechaza ofertas por US$ 6.000 millones y algunos valoran a Twitter en cerca de US$ 10.000 millones.

El más reciente anuncio de una firma tecnológica alcanzando valoraciones estratosféricas parece ser el del servicio de música Spotify, que según el blog sobre tecnología TechCrunch está a punto de cerrar un acuerdo con la inversora Digital Sky Technologies (DST) para captar financiación. El sitio informa que DST valora en US$ 1.000 millones a Spotify.

En muchas de estas empresas confluyen dos elementos: son compañías de la web 2.0 y son valoradas a cifras impensables hace poco más de un año.

Hay quienes aseguran (me incluyo entre ellos) que, al igual que ocurrió en 2000 con la primera generación de empresas punto.com, los precios sugeridos para algunas de estas firmas no guardan relación con su valor económico real, y que eventualmente sería inevitable una corrección del mercado que refleje aspiraciones más modestas.

Y es que no está claro si la facilidad para atraer alto número de visitas, lo que ha puesto en la mira de los inversores a muchas de estas empresas, es algo que se puede traducir siempre en utilidades.

El antecedente



La burbuja de las punto.com estalló en abril de 2000, después de que el avance de las empresas vinculadas a lo que entonces era un sector relativamente nuevo, internet, provocara un sostenido aumento en las valoraciones de muchas de ellas.

Los movimientos especulativos coincidieron con una enorme disponibilidad de capital de riesgo que ayudó a alimentar la burbuja, pero al final terminaron con el desplome de muchas de esas empresas.

Otros analistas no creen que el actual aumento en los precios de las firmas tecnológicas refleje necesariamente una burbuja. “Las empresas de Internet, de la mano de Google inicialmente, han demostrado que pueden ser muy rentables, y las valuaciones están justificadas, al menos en parte, por la posibilidad de generar ganancias”, sostienen.

“Muchos negocios web están haciendo dinero con la publicidad. Y esa es sólo una parte. Otro punto interesante es la simplicidad de los pagos online de montos pequeños en relación al año 2000, que permite por ejemplo la venta de bienes virtuales en juegos y micropagos en tiendas online”, agregan.

“Tonto mayor”

Sin embargo, muchas de esas empresas de la web 2.0 no cotizan en bolsa y por lo tanto no están sometidas a los rígidos controles regulatorios de las que sí lo hacen.

Por ejemplo, Twitter jamás ha hecho públicos sus resultados. Por eso es más complejo determinar si las valoraciones de que son objeto son las correctas.

Alan Patrick, de la consultora tecnológica Broadsight, opina que efectivamente estamos ante un nuevo episodio de especulación.

“Una burbuja se define por demasiado dinero buscando activos, una mayor producción de esos activos, y la necesidad de encontrar un tonto mayor para comprarlos”, opina Patrick, citado por el diario británico The Guardian…



El dispensador de razones (¿me estoy perdiendo algo?)

El futuro es siempre incierto, aún en los días (negocios) en que no lo parece. No obstante ello, si este es el cambio revolucionario de modelo (paradigma) a la altura de la crisis, vamos dados.

No es mi intención hacer predicciones, ni hablar en profundidad del tema bursátil, únicamente pretendo hilvanar algunos datos e ideas para que racionalmente tomen las decisiones más oportunas en sus inversiones. Mi consejo es que cada cual se guíe por su sentido común.

Internet es una magnífica herramienta para la búsqueda de información, pero a su vez es perfecto para los manipuladores.

Las redes sociales, con su dependencia devenida o adicción provocada, pueden lograr la matanza de los cerebros; entonces, cuando “salgan a bolsa” al fraude intelectual (el control de nuestras mentes), agregaran el fraude económico (la apropiación de nuestros bolsillos), y si no, al tiempo (quedan avisados).

¿“Estamos presenciado la historia”, como dice Obama, o estamos presenciando “otra historia” (desde la Tierra de la Fantasía) como decía el viejo Walt Disney (antes de quedarse congelado)?

Lo único que puedo decirles (tómenlo como una “leve percepción”, si quieren) es que el estallido de la próxima burbuja de las puntocom será más grave y profundo que el anterior y ya no habrá “manguera” de Greenspan, ni “helicóptero” de Bernanke (los grandes “estimuladores”), con que paliarla. Será el fin del riesgo moral. Daremos la bienvenida al riesgo real (y total). Y que cada especulador aguante su vela. ¡Al fin!

A partir de esta “leve percepción”, son ustedes los que deben tomar decisiones. Como decía mi padre: “con tu dinero has lo que quieras” (con el vuestro, por favor, no con el prestado).

Aunque en mi caso “nunca” vaya a realizar este tipo de inversiones (probablemente pueda perder de ganar, bastante -en su caso-, pero seguramente podré ganar de perder, mucho más -en caso contrario-), asigno altas probabilidades de fracaso a una economía que parece más fruto de la ciencia ficción que de mejoras reales, y actúo en consecuencia.

Como siempre no animo ni desanimo a la compra, esta es una simplificación carente de valor para tomar una decisión que debe ser profundamente meditada. Eso sí, les recomiendo que no crean en la “pura magia creativa” y mucho menos adopten un “comportamiento de manada” (y se dejen arrear al matadero mansamente, por las serpientes encantadoras de hombres).

En un mundo plagado de hipocresía el dilema del pequeño inversor, tal vez, no sea una cuestión de “redes” y de “poder” (siempre, de los otros), sino de poder escapar de las redes (siempre, de los otros). Que de eso se trata.

Y así es como la mentira, las medias verdades o incluso la manipulación de los hechos con frases medianamente ingeniosas sacadas del laboratorio hueco de las ideas se han apoderado de la vida económica.

Sin duda no pertenezco “a ese mundo” de las redes sociales, los SMS, Facebook, los artículos en Twitter, y los “videítos” de YouTube, pero me permito preguntarles (perdón): ¿en todas esas “fantasías enredadas”, cuál es su activo subyacente? Mientras buscan la respuesta, por las dudas (perdón), no hagan del capital riesgo un capital en riesgo. Por ahora, en vez de ‘cadenas de valor’ lo único que veo son ‘cadenas de papel’.

No se crean el argumento: “esta vez es diferente”. Tal vez, logren separar la vida del video juego y la billetera de la mesa de juego. Suerte.

En este punto se plantea la “gran pregunta”: ¿qué pasará cuando la “morfina” -segunda ronda de estímulos financieros- sea retirada? Esto será lo que realmente separe el grano de la paja y permita comprobar si el paciente puede mantener su “danza frenética” sin estimulantes extremos. Entonces se sabrá finalmente si las altas valoraciones de las “redes sociales” y sus negocios colaterales, son grano o paja. Un nuevo hito u otro timo.

¿Mark Zuckerberg for President? or ¿Mark Zuckerberg will be the next Bernie Madoff?

Los portales de socialización y las pilas de efectivo. En esta realidad virtual de gadgets (video juegos, teléfonos inteligentes, tabletas…), animaciones express, redes sociales, reportajes de autor, mensajes -poco alfabetizados- contenidos en 140 caracteres, frivolidades varias y otras memeces, puede que se mantenga la estrategia (premeditada) de vender las participaciones accionariales fuera de los circuitos bursátiles, con operativa “over the counter”, escaza transparencia, uso indebido de información privilegiada, rumores intencionados o manipulación fraudulenta del valor de la acción.

En ese caso, vislumbro el riesgo de una “implosión -nuclear- controlada”, que a los viejos, como yo, puede recordarles los ensayos nucleares que se realizaban en el Atolón de Mururoa (Polinesia Francesa). Entonces la burbuja podría estallar fuera de la bolsa y sólo quedaría el tendal de los “burbugiles”, para dar testimonio del estropicio (evitando el contagio al resto del mercado bursátil). Un flagrante ejercicio de premeditación, complicidad y alevosía. Business as usual…

Después del “día de la víctima”, The Wall Street Journal, Financial Times, Newsweek, ciertos gurús mediáticos u otros “quiebra cabezas” similares, sólo hablarán de “daños colaterales” y comenzarán a “inflar” la próxima burbuja. Sic transit gloria mundi…

Probablemente tenga mucho (todo) de ingenuo, pero poco (nada) de cínico, por ello me permito reiterarles (rogarles): no actúen como manada, no se dejen arrear, no sigan demostrando algo que no se sabe si es una virtud excelsa o un defecto reprobable: unas grandes, inmensas, tragaderas. Tragaderas ante la mentira o el ocultamiento pertinaz.

Cuidado con la exuberancia enredadora de las redes sociales (y otras redes más nebulosas) en las que probablemente los usuarios (adictos) “piensen de que existen”.

(Reciente estudio) National Sleep Foundation: Son muchos los datos que arroja este estudio, pero quédense con uno especialmente relevante: uno de cada diez adolescentes estadounidenses duerme con el móvil encendido, y lo que es peor, se despierta con cada correo, SMS o Tweet que llega de madrugada.

(Y al final) Si ustedes creen que se pueden hacer grandes negocios con estos “tontos del culo”, compren acciones de las empresas que los arrean, espían, analfabetizan, manipulan y prostituyen (si pueden). Si no creen en ello (y además les provoca náuseas, como a mí), pues actúen en consecuencia (y en conciencia). De no ser así, además de cómplices (por omisión), serán los próximos “burbugiles” o “webonazos” (por inversión). Mi propuesta es: “no invertir en actividades autodestructivas”. That’s all.



En el Paper - La economía del entretenimiento (la civilización del espectáculo y el pastel de las redes sociales), publicado el 15/2/13, relataba:

‘Una giornata particolare’ de ‘@un-mundo-feliz’ (según la interpretación de la BBC):

Catálogo: papers
papers -> Xii congreso de aecpa ¿Dónde está hoy el poder? San Sebastián País Vasco, del 13 al 15 de Julio de 2015
papers -> Paper El “Big-cuent” del Bitcoin (¿de “burbu-giles” a “gili-coins”?) Introducción y cuenta la historia…
papers -> Las noticias televisivas españolas en las cadenas generalistas y la temática del acoso
papers -> “Jóvenes inmigrantes: una identidad en construcción”
papers -> Deslocalización inversa
papers -> Imagining Keynes (It’s time to get stimulated vs. ¡Take the money and run!)
papers -> 5th laccei international Latin American and Caribbean Conference for Engineering and Technology (laccet’2007)
papers -> Submission Format for ims2004 (Title in 18-point Times font)
papers -> ¿Qué funciones desarrollan las aplicaciones de internet en la relación escuela familias? Un análisis piloto de 10 centros educativos. Autores
papers -> Paper Los hijos del umbral de la pobreza (la niñez indigente en los países ricos) (Parte II) Los caminos de la corrupción política son inescrutables No se puede


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