Una creación deliberada de la ignorancia (agnotología)



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. Lo malo es que todos, de un modo u otro, sentiremos sus consecuencias.



Adictos al Whatsapp: senderos de dependencia

Cada vez llamamos menos por teléfono y los SMS prácticamente han caído en el olvido. La aplicación de mensajería instantánea Whatsapp es la culpable. La llegada de aplicaciones de mensajería instantánea y llamadas online ha conseguido cambiar el panorama de las telecomunicaciones en nuestro país. En concreto, la aplicación que ha revolucionado la forma de comunicarnos ocupa el número uno en las listas de descargas de todos los sistemas operativos: Whatsapp”... ¿Estamos enganchados a Whatsapp? (Expansión - 31/10/15)





Según el último panel de Hogares de la CNMC, Whatsapp es la aplicación más empleada para enviar mensajes (8 de cada 10 internautas la usa) y también para realizar llamadas (1 de cada 3) a través de Internet, por delante de Skype.

Además, el teléfono móvil se ha convertido en el dispositivo preferido por los usuarios para conectarse a Internet, “es el primer dispositivo para acceder a la red, empleado por un 77,6% de los internautas”, según la CNMC.

El triunfo de aplicaciones como Whatsapp ha tenido una importante repercusión en los servicios tradicionales. Los mensajes de texto (SMS) han sido los más perjudicados, pues según el panel de Competencia, un 72,6% de los que usan a diario aplicaciones de telefonía para enviar mensajes ya no envía SMS y un 47% ha reducido su consumo de llamadas de móvil a la mitad. Además, un 21,8% declara que ha dejado de consumir telefonía fija.

En total, de los usuarios que tienen móvil un 72,4% posee un smartphone y el uso más habitual del mismo es la mensajería online (75,7% de uso diario), redes sociales (31,9%) y el correo electrónico (23,9%).

Los españoles, los que más utilizamos Whatsapp



El 34% de los españoles aseguran que están “continuamente” pendientes de los mensajes que les llegan a través de WhatsApp, según el barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) correspondiente al mes de marzo. Por su parte, el 27,6% del total de ciudadanos, casi el 40% de los que usan estas aplicaciones, mira los mensajes “varias veces al día”, mientras que el 4,2% (el 6% de los usuarios) lo hace al menos una vez al día.

Según el informe Telco Trends 2015+ que elabora Strategy&, con una cuota de penetración del 70% entre los usuarios de telefonía móvil, España se ha convertido en el cuarto país del mundo en uso de Whatsapp. Los españoles son los europeos que más utilizan este popular servicio de mensajería instantánea, por detrás de países como Italia (62%), Holanda (61% de cuota), y Alemania (57%)



En el mundo, durante el año 2014 se enviaron diariamente 30.000 millones de wathsapps, un promedio de cuatro por cada habitante del planeta.

- Beneficios sociales en la era de Uber (Project Syndicate - 31/10/15) Lectura recomendada

París.- Cuando se trata de compensación, la empresa para la que usted trabaja suele importar más que lo bien que usted se siente haciendo lo que hace. En 2013, el empleado promedio de Goldman Sachs, el banco de inversión, ganaba 383.000 dólares -mucho más de lo que el empleado de mejor desempeño en la mayoría de las empresas puede aspirar a llevarse a casa.

Las diferencias salariales entre las empresas son considerables. Una investigación realizada por Jason Furman, principal asesor económico del presidente estadounidense, Barack Obama, y Peter Orszag, ex director de presupuesto de Obama, ha determinado que las diferencias salariales, cada vez mayores, son la causa principal de la creciente desigualdad salarial de Estados Unidos en las últimas décadas. Representan un porcentaje mayor del incremento en la desigualdad de ingresos general que las diferencias salariales dentro de las empresas o el ingreso de capital.

En el otro extremo del espectro, muchos participantes de la fuerza laboral tienen contratos temporarios, trabajan para firmas pequeñas o son autónomos. Algunos combinan diferentes empleos al mismo tiempo. Si, como esperan muchos, se desarrolla la llamada economía compartida, seguramente crecerán en número. Esos trabajadores no se benefician de la seguridad laboral y, por lo general, ganan menos.



Los países emergentes ofrecen el ejemplo de una desigualdad evidente entre los empleados en el sector formal -empresas como Petrobras en Brasil e Infosys en India- y aquellos que trabajan en la economía informal. Pero inclusive en las economías avanzadas, donde la protección social tiene un alcance amplio, el acceso a los beneficios dista de ser equitativo. Los empleados de empresas grandes y rentables tienden a tener una mejor cobertura médica, pensiones más generosas y un acceso más fácil a la capacitación. Es más, algunos beneficios -por ejemplo, la licencia por paternidad- están condicionados a la antigüedad dentro de una compañía.

Estos son datos perturbadores. Debería recompensarse el talento y el esfuerzo, pero dos personas de iguales capacidades y dedicación no deberían ser tratadas de manera diferente sólo porque una tiene relación de dependencia, con un empleo seguro en una compañía grande y exitosa.

Esas diferencias son cuestionables no sólo en términos de justicia; también son ineficientes desde un punto de vista económico, ya que tienden a limitar la movilidad laboral en las empresas y los diferentes sectores. Los empleados pueden pensar dos veces antes de irse de una empresa si, como resultado de ello, tal vez pierdan ciertos beneficios valiosos. Esto impide una correspondencia potencialmente positiva entre las capacidades que necesitan los empleadores y la oferta de habilidades disponible. También hace que contratar talento de primera clase les resulte excesivamente difícil a las empresas pequeñas.



La política pública no debería impedir que las empresas exitosas paguen más y ofrezcan mejores condiciones de trabajo. Pero debería asegurar que todos los participantes en la fuerza laboral, más allá de su condición, gocen de igual acceso a beneficios esenciales; y debería apuntar a minimizar las pérdidas que impiden la movilidad entre empresas, sectores y tipos de empleo.

La reforma sanitaria de Obama fue un paso importante en este sentido. Pero las reformas vinculadas al bienestar social deberían ir mucho más lejos. Por razones vinculadas a la justicia y a la eficiencia, se deberían adjudicar derechos y beneficios a los individuos, no a las compañías o a la condición de empleo, y estos se deberían poder trasladar plenamente entre diferentes sectores y empleos.



Para ajustar su sistema de bienestar social a una economía cambiante y reducir la desigualdad entre los individuos, Francia actualmente está considerando un sistema conocido como Cuentas de Actividad Individual (IAA, por su sigla en inglés). Mi colega Selma Mahfouz presidió una comisión que preparó un proyecto para este sistema.

En pocas palabras, a cada integrante nuevo de la fuerza laboral se le asignaría una cuenta individual vitalicia, acumulando así puntos de la misma manera que los viajeros de aerolíneas acumulan millas. Los ganarían trabajando tanto en el sector privado como en el público. Los empleos físicamente extenuantes otorgarían más puntos que los empleos de oficina. El servicio comunitario ad honorem también generaría puntos -quizá más que los empleos pagos.

Los puntos ganados se podrían gastar en educación y capacitación profesional para toda la vida y esto, en consecuencia, pasaría a ser independiente de la condición de empleo. Cada persona podría decidir retirar puntos de su IAA para prepararse para un cambio laboral o, directamente, para cambiar de empleo.

También podría movilizarse otro financiamiento con el mismo objetivo. Por ejemplo, un empleado podría decidir acortar la duración de sus beneficios de desempleo e invertir los puntos correspondientes para beneficiarse de mejores oportunidades educativas.

Pero financiar la educación no debería ser el único objetivo. Los puntos también podrían utilizarse para ayudar a financiar actividades de voluntariado o el cuidado de los miembros de más edad de la familia. Los puntos ganados a través de un trabajo duro podrían gastarse en una jubilación más temprana. Podríamos imaginar muchos más ejemplos de fungibilidad parcial.

Un sistema de estas características tendría tres beneficios adicionales. Primero, ayudaría a mejorar el acceso a la información. Los empleados hoy en día suelen perderse en la complejidad de los diversos beneficios sociales a los que tienen derechos. La creación de las IAA y la adopción de una unidad única de cuenta sería un gran avance en cuanto a facilitar las cosas, especialmente si los usuarios pueden acceder a toda la información individual relevante a través de una única aplicación de teléfono inteligente.

Segundo, las IAA le conferirían poder a los empleados, especialmente a los menos calificados, que suelen verse a sí mismos como subyugados. Junto con la información, la posibilidad de invertir sus beneficios sociales, en lugar de sólo consumirlos, fortalecería su autonomía y su libertad de elección.

Finalmente, las mismas cuentas podrían servir como vehículos para las políticas públicas. Por ejemplo, quienes abandonan tempranamente la escuela podrían recibir puntos para un uso posterior en capacitación profesional. En términos más generales, en lugar de ayudar a la gente sólo cuando se materializan los riesgos sociales, la política pública podría respaldar a los individuos a lo largo de toda su vida laboral, adoptando una estrategia a medida más efectiva que satisfaga mejor las necesidades de la gente que los esquemas personalizados de manera ordinaria.

Esto puede sonar utópico; en un sentido, lo es. Pero en un momento en que cada servicio digital se vuelve cada vez más personalizado, ¿por qué la política social debería seguir confinada a la filosofía y las soluciones del siglo XX?

(Jean Pisani-Ferry is a professor at the Hertie School of Governance in Berlin, and currently serves as Commissioner-General for Policy Planning for the French government. He is a former director of Bruegel, the Brussels-based economic think tank)

The Billionaires Index (el sector tecnológico y los multimillonarios del mundo)

Según datos del Bloomberg Billionaires Index, en lo que llevamos de 2015, los ricachones de este sector han generado un total de 70.300 millones de dólares. Una cifra que dista con diferencia de otros sectores y que alcanza los 625.200 millones de dólares si sumamos las fortunas totales de todos los miembros de este club relacionados con la tecnología”... Los multimillonarios de la tecnología se reparten un fortuna de 70.300 millones de dólares en 2015 (El Economista - 3/11/15)



Después de los históricos resultados de Apple, el renacer de Microsoft o el beneficio de Amazon, puede decirse que la tecnología se convierte en el pilar en el que se apoyan muchos de los individuos más acaudalados del planeta. Precisamente es el fundador de Amazon, Jeff Bezos, el más beneficiado dentro del sector este año. Su fortuna en lo que llevamos de año ha crecido en 26.800 millones de dólares hasta un total de 55.400 millones de dólares.

En el ranking general de multimillonarios, Bezos se coloca en quinta posición según el indicador elaborado por Bloomberg. Los títulos de Amazon, con un valor de mercado de 293.400 millones de dólares, se han revalorizado aproximadamente un 102,46% en lo que llevamos de año y tocan ya los 628,35 dólares por título.

A Bezos le pisa los talones el jovencísimo Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, quien este año ha sumado 10.100 millones de dólares a su cuenta corriente, que alcanza en estos momentos los 44.600 millones de dólares. El CEO de la red social más grande del mundo se sitúa en el puesto 8 dentro del listado de personas más ricas del planeta. Facebook, que también posee WhatsApp, Oculus e Instagram, ha visto cómo sus acciones han subido un 32,4% este año, hasta los 103,31 dólares. La red social cuenta con una capitalización de mercado de 287.310 millones de dólares.

Con Bezos y Zuckerberg se codean Larry Page y Sergey Brin, fundadores de la compañía antes conocida como Google y actualmente reestructurada bajo el nombre de Alphabet.  Page ha visto su fortuna crecer en alrededor de 8.400 millones de dólares mientras Brin ha añadido alrededor de 7.900 millones de dólares. Ambos acumulan una riqueza de 38.100 millones de dólares y 37.300 millones de dólares respectivamente, a las puertas del top 10 de las personas más ricas del mundo. Tras la reestructuración de Google, ahora subsidiaria de Alphabet, se pretende agilizar las operaciones de una compañía que a día de hoy cuesta 497.940 millones de dólares, según su valor bursátil. Sus acciones acumulan una rentabilidad este año del 40,9% en 2015.

Un total de 34 multimillonarios que analiza el indicador elaborado por Bloomberg han generado su riqueza gracias al sector tecnológico. 2015 no está siendo un buen año para todos los vinculados con el sector tecnológico. Bill Gates, el hombre más rico del mundo con una fortuna de 85.100 millones de dólares, ha perdido este año 1.500 millones de dólares aproximadamente. Dentro del sector, el peor parado es Larry Ellison, fundador de Oracle y la novena persona más rica del planeta con una fortuna de 41.700 millones de dólares. Desde el arranque de 2015, su cuenta corriente ha sufrido cerca de 7.100 millones de dólares.

Las tecnológicas superan a General Electric y se colocan en el sexto y séptimo puesto del ranking de capitalización bursátil

Los resultados de Facebook, presentados el miércoles al cierre de la sesión de Wall Street están animando a la compañía norteamericana en Bolsa, donde ha subido casi un 5% en la última sesión. Este impulso llevó a la mayor red social del mundo a superar los 300.000 millones de dólares (274.700 millones de euros) de capitalización bursátil. En lo que va de año, sus acciones se han revalorizado casi un 40% y, desde su primera jornada en el Nasdaq, en mayo de 2012, Facebook vale un 185% más”... Amazon y Facebook valen ya más de 300.000 millones (Expansión - 5/11/15)



El avance de Amazon en los últimos meses es aún más espectacular. Las acciones de la compañía de comercio electrónico se han más que duplicado desde enero y la empresa también ha logrado rebasar en Bolsa la barrera de los 300.000 millones de dólares. Tras subir un 2,29%, Amazon vale 307.340 millones de dólares en el Nasdaq, por encima incluso de los 306.440 millones de dólares de Facebook.

Con estas cifras, el grupo fundado por Marck Zuckerberg y la empresa de Jeff Bezos superan al conglomerado industrial General Electric, que vale algo más de 299.000 millones de dólares y cuyas acciones solo han subido un 15% desde enero.

Así, Amazon y Facebook ocupan ya la sexta y séptima posición entre las mayores empresas del mundo por valor en Bolsa, solo detrás de las tecnológicas Apple, Google y Microsoft, la petrolera ExxonMobil y el conglomerado inversor Berkshire Hathaway.

En el caso de Facebook, el mercado aplaude especialmente el crecimiento del 14% en el número de usuarios en el tercer trimestre, cuando elevó un 40% las ventas, hasta 4.500 millones de dólares, y ganó un 11% más, hasta 806 millones. Por su parte, Amazon está intensificando su política de diversificación y, además, ha logrado dejar atrás las pérdidas en el tercer trimestre, cuando registró un beneficio de 79 millones de dólares. Los ingresos se impulsaron un 23%, hasta 25.400 millones de dólares.

Por comparación, los beneficios de General Electric superaron los 2.500 millones de dólares entre julio y septiembre.

Entrada


Tanto Facebook como Amazon irrumpieron hace apenas cuatro meses en el ranking de los diez gigantes norteamericanos de la Bolsa, donde superan ya el tamaño de veteranos como la farmacéutica Johnson & Johnson y el banco Wells Fargo.

Los diez primeros puestos de las mayores empresas del mundo por capitalización están en manos de compañías de Estados Unidos. En la posición número once, figura el banco chino ICC, por delante de China Mobile, PetroChina, la suiza Nestlé y el banco norteamericano JPMorgan.

¿Qué pasa cuando no puedes Tuitear?

En un mundo en el que parece no existir la vida social más allá de la pantalla de un “Smartphone”, imaginarse un día entero sin acceso a las más variopintas “app” parece el más cruel de los castigos. Sin embargo, a pesar de la “terrible” experiencia que esta “soledad virtual” provocaría en muchos, Helena Horton quiso ponerse a prueba pasando nada menos que una semana lejos de su móvil. Esta veinteañera londinense ha querido contar cómo vivió siete días al margen de las nuevas tecnologías en un artículo publicado en “The Telegraph”, donde se confiesa “adicta al smartphone” y reconoce que se preocupó cuando se dio cuenta de que se había hecho más de 5.000 “selfies”... Esto es lo que ocurre cuando una veinteañera pasa una semana sin su “Smartphone” (El Confidencial - 5/11/15)



La propia Helena -periodista de profesión- recuerda que no hacía caso a las “regañinas” de sus familiares y amigos cuando, en conversaciones con ellos, la joven se distraía con el móvil o directamente no prestaba atención alguna a la charla. Según ella misma admite, su “Smartphone” era prácticamente una extensión de su brazo y lo usaba para todo: como despertador, cámara, mapa, espejo… Por eso se sintió tan “perdida” cuando se le rompió y se vio obligada a estar una semana alejada de él.

Helena escribe que su primera jornada sin móvil fue bastante dura desde primera hora de la mañana, pues no pudo remolonear ni un poquito en la cama al tener que levantarse para apagar la alarma que había activado en su ordenador portátil. Apenada porque no podía hacerse un “selfie” para compartir con sus amigos, Horton tampoco se alegró cuando se dio cuenta de que su viaje al trabajo no iba a ser demasiado entretenido: no podía reproducir su “playlist” favorita y tuvo que contentarse con leer un libro. Además, casi se pasa de parada y no pudo tuitear tan “importante” momento.

En la hora de la comida echaba mucho de menos su “Smartphone” al no poder entretenerse con nada entre bocado y bocado. “Me dio mucha rabia que todo el mundo en la cafetería estuviera con sus teléfonos”, reconoce. La “mala suerte” parecía haber encontrado en la joven a su perfecta aliada y, de manera accidental, su mirada se cruzó con la de un antiguo compañero subiendo el rubor a sus mejillas -algo que no hubiera ocurrido si hubiera estado distraída chequeando su Instagram-.

Las horas pasaban y pronto comenzó una segunda jornada sin móvil. “Sin distracciones tecnológicas, los pasos de la gente suenan muy alto y constantemente establezco contacto visual sin querer con la gente”, escribe Helena, que añade: “Las escaleras mecánicas parecen ser interminables y los pasillos del Metro son como laberintos”. La joven, usuaria de transporte público, utilizó un tren para ir a ver a sus padres a las afueras de Londres y se sintió ansiosa por saber que no iba a poder avisar ni ser informada sobre si se producía algún retraso en la línea.

Su encuentro familiar fue sobre ruedas. “Dimos un paseo con nuestro perro en el campo y tuve que hablar con la gente en lugar de estar todo el rato actualizando la pantalla de Twitter”, recuerda. “Creo que mi nivel de atención está mejorando día a día”, notó durante tercera jornada en la que estuvo sin “Smartphone”. Sin embargo, no todo el mundo estaba tan contento con su experimento y al cuarto día sus amigos le pidieron que parara de hacerlo. “No he sabido de ti en años”, le dijo uno de sus allegados tan solo 96 horas después de haber dicho “hasta luego” a su móvil.



Cosas tan habituales como hacer la lista de la compra recordaron a Helena que papeles y bolígrafos seguían siendo de utilidad en el siglo XXI. “Me gustaría saber si algo realmente sucede cuando no podemos documentarlo usando una app”, aseguró la joven después de haber hecho un riquísimo plato y no poder subir la foto a Instagram. Además, su vínculo con el mundo se hizo más estrecho, pues ya no podía utilizar la pantalla de su teléfono para hacerse la distraída y evitar conversar con la gente.

Un día antes de terminar su “martirio”, la periodista reconoció sentirse como una “auténtica adulta que no necesitaba un pequeño aparato tecnológico para vivir”. La última jornada transcurrió sin ningún tipo de ansiedad por estar desconectada del mundo, aunque su vida social seguía mermada al no enterarse de los planes que se hacían a través de las redes sociales y de los cuales ella permanecía al margen. No todo había sido malo: “Mis niveles de atención y paciencia han crecido de manera notable”.

Conclusión: cuando Helena recuperó su móvil, se sintió aliviada. Al fin y al cabo, ella misma aseguró que echaba de menos Google Maps y hacerse “selfies”. A pesar de todos los inconvenientes de su vida sin “Smartphone”, la joven había aprendido a valorar la interacción cara a cara, vivir sin tanto estrés y mantener conversaciones con la gente. “La mitad de las charlas que hemos tenido no hubieran tenido lugar si hubieras tenido el teléfono”, le dijo su novio. “Intentaré alejarme del móvil hasta que sea realmente necesario”, concluye la veinteañera como resultado de su experiencia.

- Así es como la élite de Silicon Valley va a cambiar la educación para siempre (El Confidencial - 9/11/15) Lectura recomendada

De Salman Khan al matrimonio Hothi pasando por Elon Musk, cada vez son más las propuestas que desde el ámbito tecnológico proponen cambiar la metodología escolar. Estas son sus ideas

(Por Héctor Barnés)

Que vivimos un momento de cambio educativo en el que ya no hay vuelta atrás es algo en lo que todos nos podemos poner de acuerdo. No se trata únicamente de propuestas aisladas como la de los jesuitas, por poner un ejemplo, sino que es evidente que las nuevas necesidades de la sociedad requieren nuevas maneras de aprender. De lo que no somos tan conscientes es del papel como agentes educativos que van a jugar grandes multinacionales tecnológicas como Google, IBM, Microsoft, Samsung o Apple que, como recordaba José Antonio Marina, están realizando fuertes inversiones en “el próximo negocio del trillón de dólares”.

No cabe ninguna duda de que, al igual que ha ocurrido con otros aspectos de nuestra vida, gran parte de los cambios educativos vendrán promovidos desde Silicon Valley, que dispone de los recursos económicos y de la influencia comercial y económica necesaria para convertirse en motor del cambio. No siempre va a salir bien -el caso más evidente es el fiasco de la donación de 100 millones de dólares a los colegios públicos de Newark por Mark Zuckerberg-, pero la vanguardia se encuentra allí. “La zona de la bahía es el destino para todos los educadores que quieran ver los primeros signos de lo que estos nuevos modelos educativos pueden ser”, explica en un artículo de “Wired” Brian Greenberg, el CEO de la Silicon Schools Fund, organización que apoya las nuevas propuestas.

Basta con entrar en su página web para entender lo que proponen muchas de estas organizaciones: que los estudiantes aprendan más y exploren sus propios intereses con un apoyo individualizado a través de la tecnología y nuevos métodos educativos. Otro buen ejemplo es el de Elon Musk, que abrió su propia escuela para sus hijos llamada Ad Astra y que se centra, ante todo, en el aprendizaje a través de la resolución de problemas.



La gran pregunta es, obviamente, si todos esos avances tan bonitos pero al mismo tiempo, tan caros pueden implementarse a un nivel global. Mientras la resolvemos, estos son los ejes en los que gran parte de estas propuestas se mueven.

El alumno decide



Todas las propuestas innovadoras pasan por esta máxima del constructivismo, que ya se aplica en colegios de nuestro país como el Montserrat de Vallvidrera. De acuerdo, el alumno debe ser el protagonista de su proceso de aprendizaje y no ir a remolque del profesor, pero ¿cómo? La respuesta la tiene, por ejemplo, la Khan Lab School fundada por el inversor Salman Khan, al que Bill Gates considera como su profesor favorito, y que abrió el pasado curso como una prolongación de sus populares cursos “online” que siguen 26 millones de alumnos de todo el mundo. La escuela, que es descrita en profundidad en de “Wired” abrió sus puertas el curso 2014/2015 con el objetivo de situarse a la vanguardia de la educación estadounidense basándose en el libro de Khan “The One World Schoolhouse” (Twelve).

“Lo que no quería era el deprimente proceso que a veces tiene lugar en las clases: el aprendizaje por repetición y las fórmulas preconcebidas que no sirven para nada más que para sacar una buena nota en el siguiente examen”, explica en el prefacio del libro. Por eso, los estudiantes de la Khan Lab School eligen su propio ritmo de aprendizaje, los contenidos que más les llaman la atención y fijan sus logros. Cada semana deben seleccionar aquello que van a aprender durante los días siguientes y el tiempo que les va a llevar. Todos los días, y tal y como ocurre en el colegio Montserrat, los alumnos reflexionan sobre la jornada que está a punto de empezar y se encuentran con sus tutores en reuniones privadas.

El profesor, otro material más



Ello provoca que la función del maestro cambie sensiblemente, de ser el emisor del conocimiento a convertirse en un acompañante. Son ellos los que vigilan que el proceso de aprendizaje del alumno se esté desarrollando en la dirección adecuada, pero no diseñan ni los currículos ni deciden su ritmo de aprendizaje. El objetivo es, como en otros aspectos, eliminar la homogeneidad de los procesos de aprendizaje e individualizarlos.

En ello es muy importante, cómo no, la tecnología, y en concreto el “software” que pueden utilizar los estudiantes para aprender. Khan lo tenía claro cuando decidió dar el paso de sus vídeos educativos de la Khan Academy a la apertura de sus escuelas: se trataba de un suplemento necesario, pero no un cambio de paradigma. Aunque el auge de los MOOC sugiere un futuro en el que el profesor desaparecerá, lo más probable es que este ocupe el lugar de mentor, como en una universidad a distancia. Es lo que también sucede en Knowledge Academy, un proyecto internacional fundado por Dilshad y Barinder Hothi y que ha sido considerado el “Amazon del mundo educativo”.

Aunque su sistema se basa en cursos en línea, también ofrece “consultorios de atención sin cita previa” en los que el alumno puede acudir a un centro para que un profesor le resuelva sus dudas. No hay ninguna duda de que la pareja es ambiciosa. Como explican en un artículo publicado en la “BBC”, piensan ser en 10 años “tan grandes o incluso más que Google o Facebook”. Más allá de los castillos de arena del emprendedor, Knowledge Academy ya funciona en 210 países con más de 5.000 cursos, una facturación anual de casi 30 millones de euros y clientes como Disney o PriceWaterhouse.

La educación no terminará a los 18 (ni a los 30)



Si hay algo en que coincide todo el mundo, es que estamos entrando en una nueva era del conocimiento, en la que uno ya no dejará de estudiar después del instituto (o la licenciatura, o el máster), sino que estará obligado a formarse durante toda su carrera, y no necesariamente en los centros educativos que hemos conocido hasta la fecha como las universidades o las Escuela de Negocio.

Como el propio Hothi explica a la “BBC”, su negocio tenía como objetivo proporcionar a todos estos trabajadores experimentados que se encontraban en el paro una manera de ofrecer una cualificación formal para encontrar un nuevo empleo acorde con sus capacidades: “Había tan pocos puestos vacantes que necesitabas tener más medallas en tu currículum”. En una línea semejante se encuentra la propuesta de la Universidad de Arizona, que está ofreciendo un MBA gratis a los emprendedores que tengan una buena idea con el objetivo de crear una comunidad de egresados potente… y de paso mejorar en los “rankings” de su país.

Eliminar los elementos superfluos

Musk lo tenía claro a la hora de desarrollar Ad Astra: si queremos ofrecer una nueva educación debemos deshacernos sin miedo de gran parte de las cosas que conocíamos, como las clases divididas por edades o los currículos cerrados. “Alguna gente ama la Literatura o la lengua. Alguna gente ama las matemáticas. Alguna gente ama la música. Diferentes habilidades, tiempos distintos”, explicaba el cofundador de Tesla Motors. “Tiene más sentido dar forma a la educación para que encaje con sus aptitudes y habilidades”. No por casualidad, educar a los niños en casa es la última moda en Silicon Valley.

Es algo muy semejante a lo que ocurre con la Khan Lab School, donde no hay vacaciones de verano, ni lecciones de 50 minutos, ni clases organizadas por edad. Nada de crear una cadena de montaje en la que todos deban aprender lo mismo al mismo tiempo. Lo que sí hay son momentos dedicados al bienestar interior (una media hora en la que practican “mindfulness”) y al exterior (en los que hacen ejercicio físico), así como un par de horas por la tarde en las que deben solucionar algún problema del mundo real, como rediseñar la biblioteca del centro o realizar investigaciones en profundidad sobre un tema determinado. Y también hay exámenes (tres al año), esos que acaban de ser denostados por Barack Obama, pero que juegan un papel importantísimo en la configuración del centro.

Experimentación gracias a los datos

Si hay algo que convierte la Khan Lab School en algo especial es su manera de implementar el cambio. No, no se abrieron los cielos y una voz les explicó lo que deberían hacer, sino que el instituto es un lugar de experimentación en constante desarrollo que pone a prueba diferentes medidas que deben valorar los profesores. Para ello, la recogida de datos es clave: los alumnos deben tomar nota constantemente de sus intervenciones para llevar un registro del desarrollo de su carácter personal.

“Se trata de una mentalidad de ingeniero”, explicaba Khan. “Puedes empezar con una base sólida, pero cuando observas, mides y repites, puedes conseguir algo sorprendente. Funcionó para la industria de los automóviles, de los ordenadores y del “software”. ¿Por qué no podemos hacer lo mismo con la escuela?” Al final del primer curso, por ejemplo, la escuela llegó a la conclusión de que los estudiantes no se habían centrado demasiado en las materias sociales y que los alumnos debían organizarse según su nivel de independencia, no por su rendimiento académico. La experimentación, no obstante, no es un medio, sino un fin.

El objetivo último de la Khan Lab School es crear tácticas educativas que puedan ser implementadas en otros centros y a un nivel global. No se trata únicamente de educar a los hijos de los más privilegiados, sino también, de descubrir en entornos plenamente controlados y de élite aquello que puede funcionar en otros rincones del mundo. Por eso conviene no perder de vista lo que está ocurriendo en California, pues puede marcar la pauta de lo que está por venir.



La Unión Europea frente al desafío de las nuevas tecnologías: sin “barcos” y sin “redes”… solo “peces” (consumidores cautivos)

Cada año la consultoría especializada en marketing Interbrand publica un listado con las marcas más valiosas del mundo. Una vez más, las empresas tecnológicas copas los primeros puestos: seis de las diez primeras posiciones corresponden a este tipo de firmas. Apple y Google lideran la clasificación por tercer año consecutivo, con Coca-Cola en el tercer puesto. Microsoft, IBM, Samsung y Amazon completan el top 10.

Apple está valorada en 170.000 millones de dólares por Interbrand, mientras que el valor estimado de Google es de unos 120.000 millones. Esta cifra se calcula según los resultados financieros de la empresa, el papel que juega la marca en la compra y la lealtad del consumidor. Dicho esto, no es de extrañar que los de la manzana haya experimentado un crecimiento del 43%, uno de los mayores de la lista.

El crecimiento experimentado por Google respecto al año anterior ha sido de un 12%. En este sentido, Facebook (+54%) y Amazon (+29%) son las que más crecen. Entre las tecnológicas que más han decrecido se encuentran Hp y eBay, con una pérdida en su valor del 3%.



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