Una concepcion microfisica del poder: las sociedades disciplinarias y las sociedades de control



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CAPÍTULO 12
UNA CONCEPCIÓN MICROFÍSICA DEL PODER: LAS SOCIEDADES DISCIPLINARIAS Y LAS SOCIEDADES DE CONTROL
1. INTRODUCCIÓN
Este capítulo tiene como objetivo aportar una resumida reseña de los testimonios empíricos reunidos en dos obras del pensador francés Michel Foucault921 y en algunos trabajos de Gilles Deleuze de los que se desprende que es necesario revisar completamente el concepto de poder tal como se ha venido utilizando tanto en la tradición liberal como en la marxista. La hipótesis que guía el desarrollo de este capítulo es que los supuestos básicos de estas tradiciones acerca del poder, de la naturaleza del hombre, de la ciencia, de la verdad y de la ideología no permiten comprender ni explicar el orden que gobierna a las sociedades modernas y, en consecuencia, que es necesario abandonar los postulados básicos de estas tradiciones si se quiere construir una Teoría Política que de cuenta de la realidad actual de las sociedades modernas. Deleuze y Guattari han llamado a este tipo de análisis “micropolítica” oponiéndolo a los métodos utilizados por los estructuralistas. Para la micropolítica “cada centro de poder también es molecular, se ejerce sobre un tejido micrológico en el que ya sólo existe como difuso, disperso, desmultiplicado, miniaturizado, constantemente desplazado, actuando por segmentaciones finas, operando en el detalle y en el detalle de detalles. El análisis de las «disciplinas» o micropoderes según Foucault (escuela, ejército, fábrica, hospital, etc.) da cuenta de esos «núcleos de inestabilidad» en los que se encuentran reagrupamientos y acumulaciones, pero también escapadas y fugas, y en los que se producen inversiones”922.
2. LA CONSTITUCIÓN DE LAS SOCIEDADES DISCIPLINARIAS
Hacia finales del siglo XVIII y comienzos del XIX se constituyen las sociedades disciplinarias. Su formación puede ser caracterizada por un hecho: la reforma y organización del sistema judicial y penal en los diferentes países de Europa y del mundo923.
A. La reelaboración teórica de la ley penal
Con la difusión de las ideas ilustradas, los juristas y teóricos del derecho concibieron reformas de los códigos con el fin de adecuarlos a la nueva concepción del hombre y de la sociedad. Beccaria, Bentham, Brissot, el primer y segundo código francés de la época revolucionaria se propusieron como objetivo humanizar los castigos y regularizar la acción del sistema judicial. “Creyendo como creían en la fuerza de la razón, los reformadores aspiraban a desplazar el lugar del castigo desde el cuerpo a la mente y a presentar a los delincuentes la perspectiva cierta de que sus actos causarían más dolor que placer, de suerte que, a fuer de seres racionales, en primer término evitarían cometer actos ilegales”924.

Tres rasgos diferencian la nueva concepción de la ley, del crimen y del criminal de la que caracterizaba al Antiguo Régimen:



1. La infracción no tiene ya relación con la falta moral o religiosa. El crimen es la infracción a la ley penal explícitamente establecida por el poder legislativo y efectivamente formulada por el poder político.

2. La ley penal debe representar lo que es útil para la sociedad.

3. El crimen se define clara y simplemente como un daño social, como una perturbación para el conjunto de la sociedad. Consecuentemente, el criminal es definido como el que damnifica, el que perturba a la sociedad, el enemigo social, el que ha roto el pacto social. El criminal es el enemigo interno. De ello se deriva que la ley penal deba reparar el daño causado a la sociedad e impedir que se cometan males semejantes en el futuro. De ahí que se consideren adecuados los siguientes tipos de castigo:

1. El castigo ideal sería expulsar a las personas, exilarlas: la deportación.

2. Aislamiento dentro de un espacio moral, psicológico público: exclusión mediante la humillación y la vergüenza públicas.

3. Trabajo forzado para compensar el daño producido a la sociedad.



4. Pena del Talión: hacer que el daño no pueda ser cometido nuevamente.
B. Cómo funcionó efectivamente la penalidad
El sistema de penalidades adoptado fue enteramente diferente del proyectado por los reformadores. “No es que la práctica haya desmentido a la teoría –observa Foucault- sino que se desvió rápidamente de los principios teóricos”. Los tipos de castigo fueron sustituidos por una pena: el encarcelamiento o prisión, que surge como una institución de hecho. También la legislación penal sufre una inflexión: en lugar de señalar lo socialmente útil, trata de ajustarse al individuo (organización de circunstancias atenuantes). Se busca, no la defensa de la sociedad, sino “el control y la reforma psicológica y moral de las actitudes y el comportamiento de los individuos”925. El concepto de «peligrosidad» hace referencia no a los actos efectivos sino a las virtualidades del comportamiento individual. No se trata de si los individuos han violado efectivamente la ley promulgada, sino del peligro potencial de lo que están en condiciones de hacer.

Sobre esta base, la institución penal no puede quedar en manos de un poder judicial autónomo, sino que pasa a manos de “una serie de poderes laterales”, de toda una red de instituciones de vigilancia y corrección que se encuentran al margen de la justicia, como son la policía, para la vigilancia, y las instituciones psicológicas, psiquiátricas, criminológicas, médicas y pedagógicas, para la corrección. La función de esta red institucional es la de corregir virtualidades.

El poder disciplinario funciona de un doble modo: en el de la división binaria y la marcación (loco-no loco; peligroso-inofensivo; normal-anormal); y en el de la asignación coercitiva, de la distribución diferencial (quién es; dónde debe estar; por qué caracterizarlo; cómo reconocerlo; cómo ejercer sobre él, de manera individual, una vigilancia constante; etc.). Surge así un conjunto de técnicas y de instituciones que se atribuyen la tarea de medir, controlar y corregir a los anormales926.

Las investigaciones de Foucault sobre el poder disciplinario son, en cierto sentido, la continuación de los estudios de John Stuart Mill y Alexis de Tocqueville sobre la injerencia ilegítima del poder social en la esfera exclusiva de la libertad individual. Foucault se pregunta cómo la medicina, la psiquiatría, la sociología o la criminología han llegado a tener la autoridad que se le confiere para decidir sobre cuestiones que debieran ser privativas de los individuos como el vestido, la alimentación, los sueños, el aseo y muchos otros. Si Stuart Mill y Tocqueville denunciaban un despotismo de las costumbres o de las mayorías, Foucault se asombra de la dominación ejercida por los profesionales, los científicos y los técnicos, del poder de los “saberes”.
C. El panóptico
“Entramos así -dice Foucault- en una edad que yo llamaría de ortopedia social”927. Fue Jeremías Bentham quien definió y describió de manera precisa las formas de poder de estas sociedades en el Panóptico (forma arquitectónica que permite un tipo de poder del espíritu sobre el espíritu), una institución que vale tanto para las escuelas, como para los hospitales, las prisiones, los reformatorios, los hospicios o las fábricas.

“El Panóptico era un sitio en forma de anillo en medio del cual había un patio con una torre en el centro. El anillo estaba dividido en pequeñas celdas que daban al interior y al exterior y en cada una de esas pequeñas celdas había, según los objetivos de la institución, un niño aprendiendo a escribir, un obrero trabajando, un prisionero expiando sus culpas, un loco actualizando su locura, etc.. En la torre central había un vigilante y como cada celda daba al mismo tiempo al exterior y al interior, la mirada del vigilante podía atravesar toda la celda; en ella no había ningún punto de sombra y, por consiguiente, todo lo que el individuo hacía estaba expuesto a la mirada de un vigilante que observaba a través de persianas, postigos semicerrados, de tal modo que podía ver todo sin que nadie, a su vez, pudiera verlo. [...] El Panóptico es la utopía de una sociedad y un tipo de poder que es, en el fondo la sociedad que actualmente conocemos, utopía que efectivamente se realizó. Este tipo de poder bien puede recibir el nombre de panoptismo”928.

El panóptico es una forma arquitectónica en la que cada cual “es visto, pero él no ve; es objeto de una información, jamás sujeto de una comunicación”929. El efecto mayor del panóptico es “inducir en el detenido un estado consciente y permanente de visibilidad que garantiza el funcionamiento automático del poder. Hacer que la vigilancia sea permanente en sus efectos, incluso si es discontinua en su acción. Que la perfección del poder tienda a volver inútil la actualidad de su ejercicio; que este aparato arquitectónico sea una máquina de crear y de sostener una relación de poder independiente de aquel que lo ejerce; en suma, que los detenidos se hallen insertos en una situación de poder de la que ellos mismos son los portadores”930. Bentham ha sentado el principio de que el poder debía ser visible e inverificable.

“El panóptico es una máquina de disociar la pareja ver-ser visto: en el anillo periférico se es totalmente visto, sin ver jamás; en la torre central, se ve todo, sin ser jamás visto”931.

estamos en la mitad de la p. 205 de VyC El panoptismo es una forma de poder-saber que se apoya ya no sobre la indagación (propia de las épocas premodernas) sino sobre la vigilancia, sobre el examen. Se trata de establecer una vigilancia permanente sobre los individuos (durante toda su existencia) por alguien que ejerce sobre ellos un poder, y que, porque ejerce ese poder, tiene la posibilidad de constituir un saber sobre aquellos a quienes vigila932. Se trata de saber si un individuo se conduce o no como debe, para lo cual se construye una norma que establece qué es normal y qué no lo es, qué se debe o no hacer. La forma del poder-saber (de las ciencias humanas: psiquiatría, psicología, sociología) es la base del poder disciplinario933.

Foucault analiza el sistema carcelario pero no con el objeto de encontrar una solución a problema de los delitos sino “en la medida en que se instituye un sistema de poder que puede transferirse a otras instituciones sociales y produce efectos por ser una estructura nueva de dominación934.
D. Los instrumentos del poder disciplinario935
La función principal del poder disciplinario es «enderezar conductas». Persigue la eficiencia y el beneficio, multiplicar las fuerzas y usarlas provechosamente, y para ello, “separa, analiza936, diferencia, lleva sus procedimientos de descomposición hasta las singularidades necesarias y suficientes”. El poder disciplinario es “modesto, suspicaz, que funciona según el modelo de una economía calculada pero permanente”. Es un poder que usa instrumentos simples: (a) la vigilancia jerárquica, (b) la sanción normalizadora, (c) el examen.

(a) La vigilancia jerárquica es un “dispositivo que coacciona por el juego de la mirada; un aparato en el que las técnicas que permiten ver inducen efectos de poder”937. Desarrolla y construye «observatorios» de la multiplicidad humana, cuyo modelo ideal es el campamento militar, concebido como “el diagrama de un poder que actúa por el efecto de una visibilidad general”, cuyo principio subyacente es “el encaje espacial de las vigilancias jerarquizadas”.

Se desarrolla entonces el problema de una arquitectura que permita “un control interior, articulado y detallado -para hacer visibles a quienes se encuentran dentro”; una arquitectura que opere una “transformación de las poblaciones: “obrar sobre aquellos a quienes abriga, [...] conducir hasta ellos los efectos del poder, ofrecerlos a un conocimiento, modificarlos”938. Desde esta arquitectura se organizan el edificio de la prisión, el edificio del hospital, el edificio de la escuela, etc..

Las instituciones disciplinarias han generado “un aparato de observación, de registro y de encauzamiento de la conducta”. “El aparato disciplinario perfecto permitiría a una sola mirada verlo todo permanentemente. Un punto central sería a la vez fuente de luz que iluminara todo, y lugar de convergencia para todo lo que debe ser sabido: ojo perfecto al cual nada se sustrae y centro hacia el cual están vueltas todas las miradas”939.

La mirada disciplinaria ha tenido necesidad de relevos, de “descomponer sus instancias, pero para aumentar su función productora. Especificar la vigilancia y hacerla funcional”.



(b) La sanción normalizadora: Mientras que los teóricos liberales como Hobbes y Locke pensaban que los silencios de la ley abrían los espacios a las libertades civiles e individuales, Foucault advierte que “las disciplinas establecen una «infra-penalidad»; reticulan un espacio que las leyes dejan vacío”: “micro-penalidad del tiempo (retrasos, ausencias, interrupciones de tareas, etc.), de la actividad (falta de atención, descuido, falta de celo), de la manera de ser (descortesía, desobediencia), de la palabra (charla, insolencia), del cuerpo (actitudes «incorrectas», gestos impertinentes, suciedad), de la sexualidad (falta de recato, indecencia). Al mismo tiempo se utiliza, como castigos, una serie de procedimientos sutiles, que van desde el castigo físico leve, a privaciones menores y a pequeñas humillaciones”940. Todo lo que no se ajusta a las reglas, las inobservancias y las desviaciones, compete a la penalidad disciplinaria. La función del castigo disciplinario es esencialmente correctiva: reducir las desviaciones. Ya no se trata de vengar la ley violada, sino de “su repetición, su insistencia redoblada”, de modo que “castigar es ejercitar”, es sancionar pero también gratificar, es penalización y recompensa.

La penalidad perfecta normaliza, tiene por función esencial referirse a un conjunto de fenómenos observables, diferenciar a unos individuos, jerarquizar, homogeneizar. A través de las disciplinas aparece el poder de la norma941.

(c) El examen “combina las técnicas de la jerarquía que vigila y las de la sanción que normaliza. Es una mirada normalizadora, una vigilancia que permite calificar, clasificar y castigar”942. El examen conlleva un mecanismo que sintetiza una forma de ejercicio del poder con un tipo de formación del saber: 1) El examen invierte la economía de la visibilidad en el ejercicio del poder: el poder disciplinario “se ejerce haciéndose invisible; en cambio, impone a aquellos a quienes somete un principio de visibilidad obligatorio”. Se inicia la época del examen infinito y la objetivación coactiva. 2) El examen hace entrar también la individualidad en un campo documental, en una red de escritura. 3) El examen hace de cada individuo un «caso»: es el individuo tal como se le puede describir, juzgar, medir, comparar a otros y esto en su individualidad misma; y es también el individuo cuya conducta hay que encauzar o corregir, a quien hay que clasificar, normalizar, excluir, etc.. Con el examen cada cual recibe un estatuto de su propia individualidad.

El panoptismo inicia una inversión del eje político de la individualización, sustituyendo la individualidad del hombre memorable por la del hombre calculable943.
E. Genealogía de las sociedades disciplinarias
¿De qué manera se dio este proceso? ¿De dónde provienen estos mecanismos de vigilancia? ¿A qué responden las técnicas de control disciplinario?

(a) El ejemplo de Inglaterra: 1) Primeramente surgieron en las comunidades religiosas disidentes del anglicanismo (cuáqueros, metodistas) grupos de autocontrol, una policía propia, con la doble tarea de vigilar y asistir. Eran grupos espontáneos de vigilancia, de origen, funcionamiento e ideología profundamente religiosos. 2) Luego emergieron unas sociedades relacionadas con las anteriores aunque situadas a una cierta distancia como, por ejemplo, la “Sociedad para la Reforma de las Maneras” que se proponía hacer respetar el domingo, impedir el juego, las borracheras, reprimir la prostitución, el adulterio, las imprecaciones y blasfemias, etc.. Se trataba de “impedir que la clase más baja y vil se aprovechara de los jóvenes sin experiencia para arrancarles su dinero”. La “Sociedad para la supresión del vicio” tenía por finalidad hacer respetar el domingo, impedir la circulación de libros licenciosos y obscenos, mandar a cerrar las casas de juego y prostitución. 3) Luego, aparecieron grupos de autodefensa de carácter paramilitar ligados a los sectores más acomodados de la burguesía y la aristocracia, surgidos como respuesta a las primeras grandes agitaciones sociales, con la función de hacer imperar el orden. 4) Finalmente aparecen agrupaciones propiamente económicas: policías privadas, organizadas por las grandes compañías para defender sus stocks, sus mercancías y barcos anclados en el puerto. Estas sociedades respondían a una necesidad demográfica, a una transformación económica y a una nueva situación política.

A lo largo de esta historia se da un triple desplazamiento:

a) Inicialmente eran grupos provenientes de los sectores populares, que se reunían con el propósito de establecer el orden entre ellos, como medio de escapar al poder político (que contaba con el instrumento de la legislación penal a su favor). Reforzar los controles y las penalidades internas era una manera de escapar a la penalidad del estado y de los sectores dominantes. Paulatinamente, los grupos se irán componiendo o siendo alentados por personajes de la aristocracia y de las clases acomodadas, que les darán un nuevo contenido. “Se produce así un desplazamiento social que indica claramente cómo la empresa de reforma moral deja de ser una autodefensa penal para convertirse en un refuerzo del poder de la autoridad penal misma”944.

b) El segundo desplazamiento consiste en que mientras que en un comienzo el grupo trataba de hacer reinar un orden moral diferente de la ley que permitiese a los individuos escapar a sus efectos, los mismos grupos controlados por aristócratas y personas de la clase dominante, se dan como objetivo obtener del poder político nuevas leyes que ratificaran ese esfuerzo moral.



c) Al final, el control moral pasa a ser ejercido por las clases altas, que detentan el poder político, sobre las capas más bajas y pobres, “de quienes explotan sobre quienes son explotados”. Hay una estatización progresiva del control, que se desplaza de la autodefensa a instrumento de poder.

(b) El ejemplo de Francia: A diferencia de Inglaterra, hay en Francia una monarquía absoluta, cuyo aparato de Estado se apoya en un instrumento judicial clásico (parlamentos, cortes, etc.) y un instrumento para-judicial (la policía), que contaba con el recurso a las lettres-de-cachet. Éstas eran una orden del rey referida a una persona a título individual, por la que se le obligaba a hacer alguna cosa, la mayoría de las veces un castigo. La lettre-de-cachet bajo su aspecto de “instrumento terrible de la arbitrariedad real, es investida de una especie de contrapoder, un poder que viene desde abajo y que permite a grupos, comunidades, familias o individuos ejercer un poder sobre alguien. Eran instrumentos de control en alguna medida espontáneos, que la sociedad, la comunidad, ejercía sobre sí misma, una manera que tenían los grupos de asegurar su propio orden.”

“Tres tipos de conductas suscitaban el pedido de las lettres: de inmoralidad (represión moral), conductas religiosas peligrosas o disidentes, y de conflictos laborales.”

“La prisión, que no es una forma de castigo en el siglo XVIII, se convierte en el gran castigo del siglo siguiente y tiene su origen en la práctica para-judicial de las lettre-de-cachet. Aparece la idea de una penalidad que no tiene por función responder a una infracción sino corregir un comportamiento. La idea de una penalidad que intenta corregir metiendo en prisión a la gente es una idea policial, nacida paralelamente a la justicia, fuera de ella, en una práctica de los controles sociales, o en un sistema de intercambio entre la demanda del grupo y el ejercicio del poder”945.

En resumen: “En Inglaterra los grupos, para escapar al derecho penal, crearon para sí mismos unos instrumentos de control que fueron finalmente confiscados por el poder central. En Francia, donde la estructura del poder político era diferente, los instrumentos estatales establecidos en el siglo XVII por el poder real para controlar a la aristocracia, la burguesía y los rebeldes fueron empleados de abajo hacia arriba por los grupos sociales”946. La intuición central de Foucault que está a la base de sus hipótesis en estos trabajos es que en las condiciones de la revolución industrial se generó un tipo de entramado de relaciones entre los hombres, ajeno al ejercicio de la justicia, que se extendió por todo el tejido social conteniendo, limitando, corrigiendo y direccionando el ejercicio de las libertades individuales y sociales.

Para comprender por qué los mecanismos de control se desviaron hay que considerar la nueva forma que asumió la producción. En primer lugar, se dio una creciente inversión dirigida a acumular capital, que ya no es pura y simplemente monetario (fortuna o tierras) sino “mercancías, stocks, máquinas, oficinas, materias primas, mercancías en tránsito y expedición”, que están “directamente expuestas a la depredación” (robo de barcos, pillaje de almacenes, depredaciones en las oficinas). “El gran problema del poder en esta época es instaurar mecanismos de control que permitan la protección de esta nueva forma material de la fortuna”. En segundo lugar, el parcelamiento de tierras, expuso a los propietarios a la depredación. “En consecuencia, puede decirse que la nueva distribución espacial y social de la riqueza industrial y agrícola hizo necesarios nuevos controles sociales a finales del siglo XVIII”947.

Lo que “merece nuestra consideración es un hecho histórico importante: el que esta teoría legalista fuese duplicada en un primer momento y posteriormente encubierta y totalmente oscurecida por el panoptismo que se formó al margen de ella, colateralmente”948.


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