Un hogar dividido: el divorcio en la etapa infantil



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UNIVERSIDAD CENTRAL DE VENEZUELA

FACULTAD DE HUMANIDADES Y EDUCACIÓN

ESCUELA DE PSICOLOGÍA

CLÍNICA INFANTIL



UN HOGAR DIVIDIDO: EL DIVORCIO EN LA ETAPA INFANTIL.

Alumnas:


Aimara Flores.

Joyce Toro.

Mariana Tovar.

Miércoles 23 de Mayo de 2012



UN HOGAR DIVIDIDO: EL DIVORCIO EN LA ETAPA INFANTIL.
INTRODUCCIÓN
El presente trabajo se refiere al tema del divorcio siendo este definido por Rangel (2003) como aquella sentencia judicial que declara la disolución del vínculo matrimonial inicialmente válido, de igual manera se aborda la repercusión que el mismo tiene sobre los niños. En la primera parte del trabajo se ofrece todo aquello concerniente al ámbito familiar, a modo de ofrecer un bosquejo concreto referente a los aspectos más importantes involucrados en el tema principal. En una segunda parte, se participa la definición de divorcio, a raíz de la cual se introduce la presentación de contenidos pragmáticos a fin de revelar la importancia del mismo y sus principales efectos en los niños. Además, se llevará una aproximación psicoanalítica que permitirá conocer cuál es el impacto del divorcio en la infancia tomando en cuenta conceptos como la elección de objeto de los niños hijos de padres divorciados, cuál es el concepto de las figuras parentales en estos niños así como sus fantasías entorno a la problemática familiar del que éste forma parte.

La intención del presente trabajo es proporcionar información necesaria y de importancia acerca del tema principal, dándole a su vez un enfoque donde se aplican los conceptos psicoanalíticos manejados a lo largo de la materia tomando como referencia, algunos artículos que proporcionen una base sobre la cual plantear la orientación del trabajo. Otro de los objetivos que se plantean al levar a cabo esta indagación es poder proporcionar recomendaciones que reduzcan de cierta forma el impacto y las repercusiones negativas que posee el divorcio en los niño tratando con esto de mejorar la calidad de vida del infante al afrontar una situación de divorcio de los padre además proporcionando a los padres las herramientas necesarias para el afrontamiento de esta situación familiar.

1. FAMILIA


    1. Definición.

Bien se conoce que la familia es la célula fundamental de la sociedad, a la cual cada individuo como un ser bio-pisco-social desea llegar formar y/o a pertenecer en algún momento de su vida. Se entiende entonces por familia, dos o más personas que se relacionan por consanguinidad, matrimonio o adopción y que habitan la misma vivienda (Schiffman, 2005).

Vista esta concepción desde otro punto de vista se puede decir que la familia se define como dos o más personas que comparten recursos, comparten la responsabilidad de las decisiones, comparten valores y metas y tienen un compromiso mutuo a lo largo del tiempo (Esteinou, 2006).

La ONU la define como “aquella institución social de origen natural, basada en lazos de relación derivados del matrimonio, de la descendencia o de la adopción, y constituida, en su forma originaria o nuclear, por los padres, normalmente casados, aunque no necesariamente, y sus descendientes, los hijos, unidos por lazos familiares fortalecidos por el amor y respeto mutuo”.




    1. Funciones de la familia.

Dentro del contexto social, la familia desempeña ciertas funciones de importancia, destacándose entre estas, su contribución a la socialización de las personas durante la primera infancia, aunado a esta, existen dos tipos de objetivos que se encuentran ligados al funcionamiento de dicha estructura, el primero de ellos hace referencia al ámbito psicosocial y la protección que la familia puede brindarle, en este caso al niño durante su desarrollo y por otro lado, en un aspecto más externo que un objetivo que apunta hacia la acomodación a una cultura y la transmisión de la misma de generación en generación.


Tomando en cuenta la clasificación nombrada anteriormente se pueden distinguir según Tavera y Rodríguez (2010) cinco funciones básicas que posee la familia; la primera de ellas denominada función biosocial o reproductiva se refiere al establecimiento sano y formal de la pareja donde se encuentra presente el deseo de procrear hijos y más allá de este deseo, la realización y cumplimiento del mismo, siendo satisfechas de este modo, los impulsos sexuales y afectivos de las personas que conforman la pareja; además de lo anterior esta función y como resultado de la estabilidad conyugal de la pareja se establece de igual manera, patrones de conducta adecuados que logran transmitirse fácilmente a los hijos instaurando de esta manera en ellos las bases ‘ara la seguridad emocional y la identificación con la familia.
Una segunda función es aquella que hace referencia al aspecto cultural, donde se encuentran inmersos todos aquellos valores que comparte una determinada familia los cuales son reproducciones de la sociedad de la que esta forma parte; además esta función posee un carácter educativo ya que como lo expresa Núñez (1999) la familia funciona como la primera escuela del niño y son los padres quienes de manera consciente o inconsciente asumen el rol de sus primeros maestros y de la forma de llevar a cabo este rol va a depender el cumplimiento con mayores o menores resultados su función educativa, la cual comienza desde el nacimiento y no culmina hasta la muerte.
Como tercera función que ejerce la familia, se encuentra la función económica, que se lleva a cabo mediante la convivencia en un hogar común donde se llevan a cabo diversas actividades que permiten la administración de la economía doméstica, para el cumplimiento de esta función familiar se necesita el establecimiento de ciertas actividades que dirigidas al mantenimiento de la familia (trabajo doméstico) cuya existencia es esencial para asegurar la existencia física y el desarrollo de cada uno de los miembros de la familia (Tavera y Rodríguez, 2010), en otras palabras, se puede afirmar que la función económica de la familia es una manifestación de responsabilidad de la cual depende la seguridad material y psicológica de sus miembros que supone la satisfacción de las necesidades.
Siguiendo los lineamientos de Tavera y Rodríguez (2010) la familia ejerce una cuarta función que “alude al hecho de proporcionar cobertura de necesidades físicas a través del cuidado y alimentación, así como el apoyo social y emocional brindado a sus miembros, ayudándolos así a afrontar situaciones de crisis” (p.14), dicha función es nombrada por las autoras como una función nutricia, la cual guarda íntima relación con la anterior, sin embargo, no hace alusión únicamente al factor económico sino que incluye adicionalmente otros factores como el psicológico y el factor social.
Como última función planteada por las autoras, se tiene la función socializadora la cual se encuentra integrada a su vez por la función educativa o cultural expuesta anteriormente, que se encuentra dirigida a formar, disciplinar y educar, pero además incluye todos aquellos procesos mediante los cuales los niños logran aprender opiniones, valores y conductas que los adultos que tienen de referencia consideran significativas y apropiadas en su contexto familiar y social. En esta función en particular, es importante tomar en cuenta todo el desarrollo evolutivo del niño desde el nacimiento donde el mismo se comunica mediante el llanto, posteriormente la sonrisa constituirá la principal herramienta de de contacto social y de atracción del otro y a medida que transcurre el tiempo, este repertorio comunicativo evoluciona volviéndose más complejo, evidenciándose así el movimiento o desplazamiento que realiza el niño “desde sí mismo”(posición totalmente egocentrista) “hacia los demás” estableciéndose así un proceso de interrelación, adaptación y integración social (Tavera y Rodríguez, 2010).
Tomando en cuenta lo expuesto anteriormente, se puede decir que en el ejercicio y buen cumplimiento de las funciones familiares, el reto de los padres radica por un lado, en saber satisfacer las múltiples necesidades de los hijos y por otro lado reconocer ante todo que éstas dependerán de la fase evolutiva de cada uno de los niños y que por esta razón exigirán de ellos cierta flexibilidad.
Tradicionalmente, la unidad familiar se ha concebido como una estructura que protege a los niños, a la vez que se ha considerado la ruptura conyugal capaz de generar problemas físicos, emocionales, escolares y sociales. (Amorós, Espada y Méndez, 2008).


    1. ¿Qué pasa cuando la familia se separa?.

La ruptura de pareja implica un cambio en la estructura familiar y, por ello, modifica la relación entre todos sus miembros. Sin embargo, a pesar de la reestructuración que debe producirse, la disolución conyugal no exime la responsabilidad de la pareja como padres, por lo que los intereses de los hijos deben prevalecer sobre la ruptura. Es frecuente la aparición de numerosas dificultades para establecer acuerdos entre los ex cónyuges respecto al bienestar y pautas educativas de los hijos después de la separación. De hecho, a pesar de haberse producido un aumento significativo en las rupturas de mutuo acuerdo, los divorcios contenciosos todavía son muy frecuentes, influyendo en esos casos el conflicto interparental en el bienestar de los hijos (Amorós, Espada y Méndez; 2008)




  1. DIVORCIO.

El divorcio es una crisis que conmociona a todo el grupo familiar. De las crisis se puede aprender superándolas, o bien quedar detenido en ellas repitiendo situaciones de dolor, ira y fracaso; es una decisión de los adultos, que de este modo disuelven sus lazos conyugales y establecen las obligaciones y derechos hacia los hijos. El divorcio legal no alcanza para explicar el estancamiento en la crisis (Salzberg, 1992).




    1. Definición.

El termino divorcio es conocido como aquel acontecimiento (hecho) que tiene por intención abandonar una unión conyugal e iniciar una nueva vida, que comienza cuando por lo menos uno de los miembros del matrimonio decide terminar la relación. Es importante tener presente todo lo que implica un proceso de divorcio, como por ejemplo; quiénes suelen ser los más afectados, especialmente cuando existen hijos de por medio ya que la mayoría de las veces por un mal manejo de la situación de ambas figuras parentales, los niños suelen pasar a ser elementos de destrucción, críticas, entre otros, esto por supuesto en una posición extremista (Álvarez, Bouché e Hidalgo, 2005).


Es necesario cuando existen hijos dentro de la que ya dejó de ser una relación conyugal, tener en cuenta los efectos que un mal manejo de esta situación podría acarrearles pues, los niños por lo general se dan cuenta de lo que está sucediendo en su núcleo familiar y la mayoría de las veces asumen la culpa de la separación de sus padres cuando en realidad el conflicto proviene entre estos dos padres que ya sea por una u otra razón han decidido no permanecer unidos.
Oña (2010) señala que de hecho esta situación es considerada como una de las experiencias más traumáticas que pueden llegar a sufrir los seres humanos más sin embargo rescata que en varias ocasiones es necesario pues la convivencia dentro del hogar se vuelve caótica e inclusive aun más perjudicial para los niños, los cuales por lo general experimentan ansiedad ya que le temen a esta situación, por lo que de acuerdo a la edad que presente el infante y a las circunstancias de cada familia, se deben tomar ciertas medidas para comunicar la separación.
La manera en que los padres resuelven la crisis y superan el dolor por la pérdida del matrimonio es el primer factor a considerar en la repercusión del divorcio en los hijos. En el matrimonio confluyen dos tipos de lazos, los conyugales y los parentales. El divorcio solo disuelve los primeros. El éxito en la preservación de los hijos depende de la continuidad de los lazos parentales. Cuanto antes los padre recuperen su función parental, más protegidos estarán los hijos (Salzberg, 1992).

  1. INFANCIA.

    1. Definición

La definición de infancia viene originariamente de la palabra latina “infantia” que es el periodo de la vida humana desde que se nace hasta la pubertad (Arranz y García, 2011). Sin embargo, el concepto de infancia, ha ido evolucionando a lo largo del tiempo, por lo que se puede decir que la infancia según Tavera y Rodríguez (2010) es una construcción social que va evolucionando y cambiando según el momento histórico e una cultura u otra. Por su parte la Enciclopedia Internacional de Ciencias Sociales (s.f.,c.p. Tavera y Rodríguez, 2011) define infancia como una “época clave de la vida, en la cual se configuran todos los resortes afectivos e intelectuales del individuo, de cuyo correcto desarrollo depende buena parte del éxito o fracaso posterior de cada individuo en su proyecto vital”. Un concepto que se debe tomar en cuenta al hablar de infancia es la definición de desarrollo, ya que juega un papel importante al momento de establecer el periodo al cual se le puede denominar infancia y de igual forma delimitar las fases de esta etapa, tomando en cuenta esto Tavera y Rodríguez (2010) plantean el desarrollo como el resultado de la interacción entre el individuo y el entorno, un individuo que tiene determinadas necesidades básicas que solo son satisfechas si el entorno cumple determinadas condiciones.


Al hablar de la etapa de la infancia, en ella se distinguen según Arranz y García (2011) tres grandes fases, en principio, la fase de lactancia que se inicia al momento del nacimiento hasta la adquisición del lenguaje y la capacidad de andar, una segunda fase llamada primera infancia desde el segundo año de vida hasta el sexto o séptimo y que está caracterizada por e desarrollo de la capacidad exploradora del niño y por el desarrollo intelectual con un progresivo dominio del lenguaje y por última fase se encuentra la segunda infancia la cual está comprendida desde los seis siete años hasta la pubertad, con la cual se va a iniciar la adolescencia.



  1. IMPACTO DEL DIVORCIO EN LA INFANCIA.

    1. Efectos fisiológicos, comportamentales y psicológicos.

Asimismo, Oña (2010) logra destacar las múltiples reacciones que los niños pueden presentar y que éstas principalmente estarán sujetas al funcionamiento psicológico de cada infante al igual que las edades comprendidas de cada uno, entre los cuales se encuentran:


2 a 5 años: Tristeza, pesadillas e insomnio, temor de ser abandonado, conducta regresiva, sentimientos de culpa, agresividad, comportamientos de oposición, alteraciones del juego, fantasía de reconciliación, negación de la ruptura marital.
6 a 8 años: Tristeza por la separación, rendimiento escolar bajo, sentimiento de culpa, fantasía de reconciliación, Sentimiento de lealtad hacia el progenitor ausente y cólera hacia el padre custodio, haciéndole responsable de la separación.
En este rango de edad, aumenta o disminuye la capacidad de concentrarse y de realizar ciertos trabajos escolares. También se observa la presencia de cambios, a veces súbitos, de sus comportamientos sociales, en la escuela o con sus amigos.
9 a 12 años: Tristeza, sentimiento de fastidio y vergüenza por la separación, enfado con el padre responsable del divorcio, negación para ocultar su tristeza, aumentan los síntomas somáticos, aumentan los síntomas somáticos, de ansiedad y cuadros depresivos, sentimiento de culpabilidad y aislamiento social.


      1. Angustia de separación.

Estadísticamente un 60% de las parejas que deciden divorciarse aun tienen hijos viviendo en casa (McKay, 2000). El mismo autor indica que para estos niños la ruptura de la familia genera un período de incomparable estrés y dolor psicológico, el shock inicial comienza cuando se les comunica o cuando lo descubren, luego de esto le siguen una serie inimaginable de emociones y sentimientos como miedos, ira, culpa, etc., ante esto es común que los niños experimenten graves angustias al sentir que sus vidas han quedado completamente rotas, a raíz de la separación de sus padres.


Amorós, Espada y Méndez (2008) indican que la ansiedad de los niños al separarse de los padres es uno de los problemas psicológicos más frecuentes en la población infantil. En los hijos de padres divorciados la vulnerabilidad a presentar el trastorno es mayor debido a la separación brusca de uno de los padres después de la ruptura, que el niño puede vivir como una experiencia traumática que le predispone a reaccionar de forma ansiosa ante las separaciones cotidianas. Por su parte, Mckay (2008) señala que el trauma del divorcio representa para un niño algo mayor a que uno de sus progenitores se marche de la casa, sino que también experimentan un súbito y desagradable distanciamiento del progenitor que se queda.
Entre los problemas de ansiedad, el trastorno de ansiedad por separación se considera el más frecuente en hijos de padres divorciados (Aguilar, 2006). La ansiedad por separación se caracteriza por la presencia de ansiedad excesiva ante la separación de las figuras de apego o del hogar, o ante la anticipación de estas situaciones. Se acompaña de una serie de síntomas, como malestar excesivo, quejas somáticas, preocupación persistente y negativa a permanecer o dormir solo. Su diagnóstico requiere una persistencia de dichos síntomas al menos durante cuatro semanas y una repercusión negativa en la vida y en el desarrollo del niño (Amorós, Espada y Méndez, 2008).
Un estudio realizado por los autores antes mencionados pretendía evaluar la ansiedad ante la separación de las figuras afectivas en una muestra de escolares procedentes de familias en las que la pareja se ha divorciado, examinando también los niveles de ansiedad general, comparando estos resultados con los obtenidos en una muestra que procede de familias en las que la pareja no se ha disuelto. Del estudio se concluye que los niños que han vivido una ruptura conyugal presentan niveles de ansiedad por separación más elevados que los niños cuyos padres permanecen unidos. Manifiestan además niveles de ansiedad general en el momento actual significativos, pero similares a los niños cuyos padres no han roto su unión. Existen diversos factores que pueden contribuir a la adquisición del trastorno de ansiedad por separación, entre ellos la separación brusca del niño de las figuras afectivas, que constituye para él un suceso muy estresante.
Al producirse una ruptura de pareja, suele ser común que el niño resida con uno de los padres, con mayor frecuencia la madre, y permanezca con el padre eventualmente, sin embargo, durante los períodos vacacionales el niño se traslada al hogar del padre, siendo el contacto con la madre muy esporádico e incluso inexistente cuando la relación entre los ex cónyuges es conflictiva. La separación de la madre en esas situaciones puede condicionar la ansiedad del niño en ocasiones futuras, aumentando su vulnerabilidad a reaccionar de forma ansiosa ante cualquier separación cotidiana. La cooperación entre los ex cónyuges y la ausencia de desavenencias entre ellos favorece un contacto frecuente del niño con ambos, y por tanto puede reducir su conducta de temor ante la ausencia de las figuras de apego y fomentar su confianza y autonomía (Amorós, Espada y Méndez, 2008).
Muchas fobias, depresiones y trastornos graves del comportamiento de los hijos son reacciones al abandono de uno de los padres. El padre/madre fantasma que desaparece hace más difícil la vida del niño. Elaborar el abandono de un progenitor es una pesada carga, un duelo difícil de superar. La experiencia de divorcio y abandono sensibilizan a estos niños ante situaciones de pérdida o separación, provocan ansiedad y los enfrentan a los sentimientos de desvalidez y denigración. Ahí se deben buscar las causas de tantos trastornos de conducta, expulsiones escolares, rechazos por sus compañeros de niños con tanta facilidad para hacerse “enemigos” (Salzberg, 1992).


    1. Efectos a largo plazo.

La Asociación Americana de Psiquiatría considera el divorcio de los padres como una experiencia muy estresante para los hijos que puede tener consecuencias a corto, medio y largo plazo (Amorós, Espada y Méndez; 2008).

Siguiendo los lineamientos de Oña (2010), es posible determinar algunos efectos que genera el divorcio a largo plazo en los niños, pues se señala que la dinámica de relación que se logra establecer entre padres e hijos una vez llevado a cabo el divorcio, suele constituir un factor altamente significativo en relación a la adaptación de los infantes con respecto a los nuevos ciclos que embarcarán. Destaca en este apartado el hecho de que si ambos padres no sostienen un buen manejo de la situación, lo más recomendable en función de sostener el equilibrio emocional en el niño, es asistir a un terapeuta que logre mediar y proporcionar herramientas para una buena administración de la situación a nivel de la estructura familiar de cada caso.


Con el transcurrir del tiempo, la mayoría de los niños y adolescentes han logrado mejorar todo lo concerniente a la asimilación de éste proceso tan complejo; donde las distintas ansiedades y/o preocupaciones en ocasiones suelen reducirse, dejando todo aquello referente al ámbito escolar culminado finalmente. Vale acotar que este proceso de integración y adaptación puede acortarse si el infante aborda dicha situación con la ayuda de un profesional experto en el área. Más adelante, con el acompañamiento del tiempo, dos o quizás tres años más tarde es posible apreciar un equilibrio un tanto más funcional, el cual por lo general suele ir de la mano con una notable mejoría de la relación entre padres e hijos. En términos de unos cinco años, es factible que al menos el 30% de los infantes aprueben el divorcio de sus padres, aceptando el cambio familiar como un hecho consumado; más sin embargo no toman posturas a favor o en contra de alguna de las figuras parentales (Oña, 2010).
Una vez comprendido lo explicado anteriormente, no se puede dejar por fuera el factor de que alguno de los padres decida rehacer su vida al lado de otra pareja, pues en éste caso es importante resaltar que el padre o la madre en cuestión se encargue de hacerle ver a su(s) hijo(s)(a) que éste(a) seguirá siendo amado(a) como lo ha sido anteriormente de modo que no se sienta desplazado(a) o abandonado(a). Si bien fue recalcado en varias oportunidades la recomendación de llevar a cabo el proceso bajo la ayuda y soporte de una figura terapéutica, esto se presenta ya que es bastante probable que el niño intente de múltiples formas unir a sus padres, a modo de evitar la separación por lo que es predecible que también intenten interferir en las nuevas relaciones que los padres de éste decidan formar, por lo que resulta fundamental la ayuda del profesional, el cual ayudara a mediar la situación de conflicto para los hijos (Oña, 2010).
A modo de comprensión, es necesario visualizar y concientizar que el niño es afectado por ésta separación de los padres en diferentes áreas de su vida cotidiana en las cuales suele representar lo que observa, escucha y vive en su núcleo familiar, exteriorizándolo por ejemplo en el área escolar mediante continuas peleas con los compañeros del salón, disminuyendo su desempaño escolar y/o sosteniendo conductas de rebelión ante entes de autoridad como los maestros.
Del mismo modo, es conveniente que haya un buen y sano afrontamiento del divorcio por parte de los padres ya que en numerosas ocasiones pueden llegar a colocar a los hijos de mensajeros entre un hogar y otro, por ejemplo. Destaca también, la comunicación, la cual debe ser un elemento fundamental en estos casos ya que también suelen darse aquellas situaciones en las cuales los padres subestiman la capacidad de los hijos creyendo que el infante no se da cuenta, lo cual resulta totalmente erróneo pues son estos últimos quienes más rápidamente perciben los cambios que se están presentado en su núcleo familiar.
Finalmente, es pertinente que sea tomado en cuenta que ninguno de los dos padres debe incurrir por así decirlo en la descalificación de la otra figura parental pues esto tiene repercusiones serias para el infante por lo que resulta aconsejable la abstinencia de cualquier tipo de comentario que perjudique la imagen de alguno de los padres, pues a pesar de los sentimientos que invadan a cada uno de ellos deben hacer todo lo posible por mantener una actitud de cooperación con la situación que se está presentando y no una actitud de competencia; por el contrario deben hacer el mayor de sus esfuerzos por lograr que el niño comprenda y asimile que a pesar de que ellos como pareja han decidido separarse, siguen siendo sus padres y sobretodo, que lo seguirán amando de la misma manera.


  1. IMPACTO DEL DIVORCIO EN LA INFANCIA DESDE UNA PERSPECTIVA PSICOANALÍTICA.




    1. Concepción de las figuras parentales e importancia dentro de la psique del niño.

La obra de Klein es sugestiva en relación con el padre ausente pero, insiste en las dimensiones individuales más que en las culturales, por lo que su obra sugiere que si el padre real se marcha permanentemente o está ausente durante largos períodos de tiempo es probable que el niño lo idealice, en ocasiones para ocultarse a sí mismo su enojo con el padre.




    1. Repercusión del divorcio en la elección objetal y las fantasías del niño que experimenta la ruptura de sus padres.

Basándose en la teoría Kleiniana Minsky (2000) indica que dado que la idealización es poco realista porque oscurece a la persona con la fantasía, se pueden afectar las relaciones de ese hijo con una futura pareja que puede ser idealizada al principio pero que es denigrada con el paso del tiempo. Si el niño está muy enfadado con el padre que lo abandona se pueden suscitar atemorizadoras fantasías de ser atacado por el padre en forma de ladrones, violadores y otros atacantes de pesadilla, estas pueden estar basadas en la experiencia real con el padre y en parte en los propios temores del niño de que sus deseos hostiles destruyan a la madre; se basan en la percepción de ella como una atacante potencial, como consecuencia de la proyección de sus malos sentimientos en ella.


En ocasiones cuando el padre se marcha el niño tiene la percepción de que es su culpa y que esto, es consecuencia directa de sus impulsos destructivos, con el resultado de que otras fantasías más reparadoras y creativas no pueden desarrollarse con posterioridad, sin embargo, el padre ausente continua desarrollando un papel fundamental en los planos conscientes e inconscientes de niño (Minsky, 2000). Esto se ve relacionado con las posiciones trabajadas por la teoría kleiniana en la que propone que en la etapa esquizoparanoide se presenta una angustia persecutoria por el temor al objeto y la angustia depresiva que trae consigo culpa y ambivalencia lo cual es característico de la posición depresiva.
Por otra parte, la teoría Lacaniana trata de recuperar un equilibrio frente a la postura de mantener al margen el significado del padre haciendo insistencia en el lugar de este, argumentando que la importancia psíquica que posee el padre simbólico propuesto por Freud queda diluida y casi borrada por la obsesión con la madre, sin embargo, otras direcciones más recientes con respecto a la teoría de las relaciones objetales señalan que existe una importancia del padre y que esta es más bien crucial para la identidad y para desarrollar el significado del mismo (Minsky, 2000).


  1. RECOMENDACIONES.




  • Acordar entre ambos conyugues la manera más apropiada de comunicarle al infante a cerca de la separación que se va a llevar a cabo.

  • No subestimar al niño creyendo que éste no se da cuenta de lo que en casa está sucediendo, ya que al ser otro miembro de la familia merece y debe saber sobre la situación actual que atañe referente a sus padres y la estructura familiar en la que se encuentra inmerso.

  • En el momento en que ambos conyugues toman la decisión de comunicar la separación a los hijos, deben tratar de que la información proporcionada sea lo más clara posible a modo de no confundir más al niño ya que de por sí es una situación nueva para él, que probablemente le genere ansiedad entre otras cosas por lo que a menor claridad mayor ansiedad y confusión presentará el niño en torno a ésta situación.

  • Aclararle al niño que no existe un culpable de la separación de sus padres sino que este cambio dentro de la dinámica familiar se ha dado como una decisión que ambas figuras parentales han tomado.

  • Los conyugues deberán intentar ser lo más flexibles en cuanto a los distintos hogares que ahora el niño tendrá, pues probablemente el niño presente algunas oposiciones ante esto.

  • Aclararle al niño de que a pesar de que sus padres han decidido separase y ya no vivirán juntos, éstos siguen siendo sus padres; que se desligan de ese otro (pareja) más no de el niño rescatando por sobre todas las cosas que el amor que sienten por el no cambiará y que su relación para con él seguirá siendo la misma.

  • Exponerle al niño que la decisión que ha sido tomada es un hecho de modo que así se podría lograr disminuir aquellos intentos que muy probablemente el niño haga por pretender unir de nuevo a sus padres.

  • Ambos conyugues deben evitar a toda costa entrar en una dinámica de competencia entre ellos mismos pues son los hijos quienes sufren más estos constantes enfrentamientos.

  • Con respecto al punto anterior, también es importante que estos padres no opten por la descalificación del otro pues siempre deben tener presente que son el padre y la madre de ese niño, y tratar de dañar o maltratar esa imagen parental del otro solo puede generar más dolor en el niño.

  • Si la situación económica de la familia lo permite, intentar abordar ésta separación con la facilitación de un experto profesional en el área, de modo que para el niño y para los padres, pueda ser más llevadero.

  • Sensibilizarse un poco respecto a esta situación y al impacto o efecto que pueda tener en los hijos, es decir, tratar de estar pendiente de la actitud del niño y de cómo este se comporta a raíz de lo que se le fue informado (separación) ya que por lo general los niños no suelen expresar verbalmente como se sienten respecto a la situación pero si logran manifestarlo conductualmente.

  • Tener presente que los niños suelen repetir en otros contextos, como por ejemplo el escolar, aquellas conductas que observan dentro de su núcleo familiar, por lo que las agresiones verbales y conductuales que se presenten (si es que se presentan) deben ser evitadas en la medida de lo posible.

  • Recordar que el niño como otro miembro de la familia, merece ser escuchado, es decir no hay que desvalorizar lo que éste tenga que decir o cómo se sienta ya que lo más importante es intentar que la separación le afecte lo menos posible.

  • En el caso de que alguno de los padres decida formar un nuevo hogar con otra pareja, esperar primero que el niño afronte bien el proceso de separación para que después de forma más calmada y con sutileza se aborde la introducción de ésta nueva pareja; ya que de lo contrario, el niño podría tomarlo a mal y comportarse de manera agresiva con este(a) extraño(a) por considerarlo(a) responsable de la desunión de sus padres o, también podría llegar a pensar que ahora este padre o madre según sea el caso prefiere a su pareja antes que a él (ella).




  1. CONCLUSIONES.

Para finalizar este trabajo resulta importante enfatizar ciertos puntos que se consideran vitales. En primer lugar la familia es considerada la célula fundamental de la sociedad, todo individuo social debe pertenecer a ella, sin embargo, el hecho de que haya existido un divorcio no significa que para el niño la familia deje de existir, simplemente se modifica la estructura de la misma. Si bien se dice que todo individuo debe formar parte de una familia es porque esta posee ciertas funciones que resultan directrices y formativas para que el individuo aprenda a ser un ser social, tal es el caso de inculcar valores, conformar criterios, educar, proporcionar soporte y apoyo en la cotidianidad y especialmente ante las crisis.


La infancia es un período crítico para afrontar la situación de divorcio por todo lo que ocurre en la psique del niño, dependiendo de las edad que tenga al momento de recibir la noticia experimentará una serie de sintomatología física y psicológica que se irá paleando con el tiempo, es importante no dejar de lado lo fundamental de un acompañamiento terapéutico para subsanar esta situación y además de esto de un buen soporte parental que le permita configurar correctamente las figuras parentales en las representaciones que se encuentran dentro de su psíque a fin de no alterar las identificaciones, relaciones objetales y demás procesos que ocurren en la psique del pequeño niño.
La angustia de separación es un síntoma muy común que se desprende a raíz del divorcio de los padres de un niño, esta, ocasiona una serie de efectos psíquicos que marcarán en distinta intensidad la vida futura de un niño. La forma en la que se lleve a cabo el divorcio y la forma en la que los padres mantengan su relación con los hijos va a determinar la forma en la que el niño afronta las distintas separaciones a lo largo de su vida.


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