Título: Espejismo del Ascenso y Amor Ideal: Claves para el Estudio de la Violencia de Género



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Título: Espejismo del Ascenso y Amor Ideal: Claves para el Estudio de la Violencia de Género

Autoras: Esther Oliver y Olga Serradell
Introducción

En España se han destinado una gran cantidad de recursos públicos, económicos y humanos, a campañas y programas basados en la crítica al ideal de amor romántico con el objetivo de prevenir la violencia de género en jóvenes y adolescentes. La base teórica de dichos programas se encuentra en teorías como las de Barron et al. (1999) o Esteban y Tavora (2008) que unen el amor romántico a la subordinación y la dependencia de las mujeres. Pero la investigación sociológica en este campo y centrada en adolescentes (Duque, 2011-2012, Oliver 2010-2012,) señala que no existen evidencias científicas que demuestren que la causa de la violencia de género es el ideal de amor romántico. De hecho, algunas de estas investigaciones apuntan justo al resultado contrario. Es decir, que quienes creen en el amor ideal tienen menos riesgo de sufrir violencia de género en sus relaciones afectivas y sexuales. Entre los autores que cuestionan la existencia de una relación de causalidad entre amor romántico y violencia de género destacan Goldner et al. (1990), Bukowski et al. (2000), Gómez (2004), Oliver y Valls (2004), Flecha y Puigvert (2010). Otros, como De Munck y Korotayev (1999) explican que, en comparación con las sociedades que legitiman la desigualdad de género, aquellas que refuerzan la igualdad entre sexos son las que dan más importancia al amor ideal; e investigaciones como la de Duque (2010-2011) sostienen que el amor ideal se da cuando una relación es libre de violencia y buscarlo no hace a una persona más vulnerable ante la violencia de género.

La investigación vislumbra causas de la violencia de género, pero a partir de un conocimiento exhaustivo de la literatura científica internacional sobre esta temática se identifica que existe un vacío en su estudio. Este vacío sobre cuáles son las causas de la violencia de género pone de manifiesto la necesidad de obtener evidencias científicas en las que basar los programas de prevención. Esta comunicación se basa en una de las aportaciones más recientes en este campo, la del espejismo del ascenso, un concepto teórico acuñado por los investigadores Puigvert y Flecha y del que se derivó el proyecto I+D del mismo nombre, dirigido por Esther Oliver (2010-2012). Centrada en jóvenes y adolescentes, esta investigación demuestra que el espejismo del ascenso está relacionado con la estratificación del atractivo y que, a diferencia del ideal de amor romántico, su influencia refuerza relaciones afectivas y sexuales vinculadas a la violencia de género.

Esta comunicación recoge las evidencias científicas más recientes en el análisis sociológico de las causas de la violencia de género. De ahí que las aportaciones realizadas procedan de artículos científicos publicados en las mejores revistas internacionales y los resultados de proyectos de investigación públicos y competitivos, en concreto los dirigidos por Oliver (2010-2012) y Duque (2011-2012).

En primer lugar se presentan las evidencias científicas que muestran el impacto que tiene el inicio de las relaciones afectivas y sexuales en la vida de los y las adolescentes y en las siguientes relaciones que ellos/as elijan. A continuación se profundiza en la concepción del amor ideal y cómo éste afecta a la socialización de los niños y niñas, concluyendo la falta de evidencias científicas para vincularlo con la violencia de género. Esta cuestión se resuelve en el tercer apartado donde se abordan algunas de las causas de la violencia de género que sí han sido señaladas por la comunidad científica internacional, en concreto por los estudios sobre los modelos de masculinidad y el concepto de espejismo del ascenso. La comunicación termina con algunas conclusiones.

El impacto de las relaciones afectivas y sexuales en la vida de los/las adolescentes y jóvenes

La investigación científica y aha señalado que las relaciones afectivo-sexuales tienen gran importancia en el mundo social de. El momento de elegir tener una relación afectivo-sexual con una determinada persona es el contexto dónde se puede manifestar el fenómeno del espejismo del ascenso. En la última década ha proliferado la investigación sobre las citas y las relaciones afectivo-sexuales en los y las adolescentes y jóvenes. Estas investigaciones han puesto de manifiesto que las relaciones afectivo-sexuales son una parte fundamental en el desarrollo individual y en el mundo social de este colectivo, corrigiendo la idea de que suelen ser relaciones fugaces, transitorias y, por lo tanto, sin importancia (Smetana et al., 2006).


McCarthy y Casey (2008) señalan que en la adolescencia se empieza a construir la idea de relaciones románticas o afectivo-sexuales y que estos jóvenes pasan mucho tiempo “fantaseando” o hablando sobre las relaciones que se quieren más que teniendo estas relaciones. Según estos autores, el ideal de relaciones románticas que los y las chicas jóvenes tienen coincide con las expectativas de los hombres y las mujeres adultas sobre el deseo, el amor y el vínculo; y describen el mismo tipo de sentimientos, pensamientos y acciones que se asocian a la percepción adulta de “estar enamorado o enamorada”.
En la adolescencia es cuando se suele empezar a tener las primeras experiencias románticas y sexuales. McCarthy y Casey (2008) afirman que cada relación íntima que se establece aumenta la probabilidad de establecer otras, a menos que se encuentren con una persona que suponga un punto de inflexión, es decir, con una persona que no les corresponda. Una de las aportaciones que realizan estos autores es que el amor romántico que sucede durante la adolescencia influencia en las relaciones íntimas que se establecen de adulto. Así se ha demostrado que las relaciones afectivo-sexuales en la adolescencia tienen una gran influencia en el desarrollo psicosocial no sólo durante esta etapa sino en etapas posteriores (Smetana et al., 2006). No obstante, estas investigaciones no profundizan en cómo influencian el tipo de conversaciones que los y las jóvenes tienen sobre las relaciones y sus percepciones del ideal de relación romántica, cómo acaban materializándose, de quiénes se enamoran y a quiénes eligen para tener estas relaciones ni identifican qué impacto tiene en relaciones posteriores.
Algunos estudios han identificado diferentes tipos de relaciones afectivo-sexuales pero no profundizan en las consecuencias que tienen en la adolescencia y a lo largo de la vida. Collins et al. (2009) realizan un estado de la cuestión sobre tipos de relaciones afectivo-sexuales entre adolescentes. Definen las romantic relationships como interacciones voluntarias, mutuamente reconocidas y con expresiones de afecto y que pueden tener o no prácticas sexuales; y las romantic experiences como diversas experiencias cognitivas y emocionales con contenido “romántico” que pueden tener interacciones directas o no con la persona querida. Las autoras parten de que tanto unas como otras son significativas para el desarrollo individual y el bienestar de las personas en este periodo de la vida.
Algunos autores han definido otro tipo de relaciones sexuales entre adolescentes en las que no existe afecto. Bearman et al. (2004) las conceptualizan como nonromantic sexual relationship y las definen como relaciones sexuales en las que las personas implicadas no las identifican como especiales, no muestran expresiones de afecto como besarse, cogerse las manos o decir a la otra persona que les gusta. Otras investigaciones han salido a la luz para hacer frente al mensaje que se estaba generalizando de que las citas y el romance (noviazgo) entre los adolescentes había llegado a su fin en favor de casual hook-ups [“rollos” o relaciones esporádicas] vacías de sentimiento, intimidad y compromiso (Giordano et al., 2006). Estos autores realizan una revisión sobre literatura científica y afirman que no es cierto que estén desapareciendo las relaciones basadas en sentimientos, es más, la mayoría de los adolescentes definen sus relaciones como special romantic relationships.
Toda esta literatura científica contribuye al mayor conocimento sobre las relaciones afectivas y sexuales de los adolescentes y la influencia en sus vidas. No obstante, hay pocos estudios sobre la creación y superación del espejismo del ascenso que se da en las chicas. La investigación I+D dirigida por Esther Oliver (2010-2012) define el espejismo del asenso como la percepción equivocada que tienen las personas cuando asocian el establecimiento de una relación afectivo-sexual (con personas que responden a un modelo de masculinidad tradicional en los que predomina la imposición y el desprecio) a un incremento de su status social y de su atractivo, cuando en realidad lo que sucede es que ese estatus y ese atractivo decrecen. Dicha percepción está relacionada con la estratificación del atractivo y constituye un elemento relevante en el estudio de las vinculaciones entre violencia y los modelos de atractivo. El análisis de la relación del espejismo del ascenso con el surgimiento de relaciones afectivo-sexuales violentas y de las interacciones que lo fomentan o lo superan aporta información de gran importancia para identificar cuáles son las causas de la violencia de género. Como muestra esta investigación, socializarse en este espejismo contribuye a establecer relaciones ligadas a la violencia de género.
Sobre esta cuestión se han encontrado referencias sobre cómo las chicas que tienen relaciones sexuales esporádicas y repetidas con diferentes chicos tienden a ser insultadas y criticadas tanto por los chicos como por las chicas, incluso por sus propias amigas que las llegan a despreciar (O’Sullivan & Meyer-Bahlburg, 2003. Gómez 2004, Duque, 2006). También ante “juegos sexuales” consistentes en experiencias sexuales de varios chicos con una chica del grupo de iguales, se critica a la chica bajo sospecha de haber participado en estos juegos (aunque lo niegue) y no se hace ninguna crítica hacia los chicos. De acuerdo con O’Sullivan y Meyer-Bahlburg (2003) existe una degradación de la imagen social de la chica que participa en estos juegos sexuales o que tiene una actividad sexual fuera de las relaciones románticas, pero no de los chicos que participan en las mismas actividades.
En ocasiones los y las adolescentes, conscientes de ello, han manifestado el miedo a que les pongan una etiqueta que repercuta en su reputación. Pero los miedos de chicos y chicas son diferentes. En la investigación llevada a cabo por McCarthy y Casey (2008), las chicas expresaban que sentían miedo a esa presión social que las etiqueta de “putas” y, en cambio, los chicos explicaban que su miedo era que los identificaran como “los que se acuestan con putas”. Chicos y chicas manifestaban que era difícil ocultar aventuras sexuales que repercuten en su reputación cuando la vida en el instituto gira entorno a qué se hace y con quién. Estos datos apuntan elementos importantes que forman parte de los procesos que crean el espejismo del ascenso. Pensando que subirán su estatus, algunas chicas acceden a tener una relación con algún chico valorado (pero que luego las desprecia), o participan en los juegos sexuales para ser aceptadas por un grupo. Las consecuencias son, en realidad, todo lo contrario. Su estatus y reputación bajan hasta llegar a ser despreciadas tanto por los chicos como por las chicas y sus pretensiones de ascensión social alejadas de la realidad son tan solo un espejismo.
En el análisis de la superación del espejismo del ascenso se tienen que tener en cuenta también algunas aportaciones que se han hecho desde diversas investigaciones sobre quién se considera popular. Algunas investigaciones indican que la popularidad está asociada tanto a conductas aceptadas socialmente como a conductas consideradas antisociales. Aunque los adolescentes que son populares y agresivos pueden ser vistos como poseedores de habilidades sociales valoradas, también disgustan a parte de los y las compañeras. Otros/as adolescentes asocian la popularidad con otras conductas no agresivas, a valorar a personas que normalmente no son sancionadas, que no suele consumir alcohol y drogas. (Smetana et al., 2006). McCarthy y Casey (2008) afirman que las relaciones basadas en sentimientos crean la oportunidad para los y las adolescentes de construir un amor romántico que inspira seguridad, nuevas emociones y actitudes alejadas de la violencia. Estos autores apuntan a que el amor romántico desincentiva el abuso o violencia al fortalecer los lazos sociales. Superando el tópico de que los chicos buscan sexo y las chicas comprometerse, Giordano et al. (2006) ponen de manifiesto que no son sólo las chicas las que buscan una vinculación emocional en las relaciones sino que también hay chicos. Estos autores identificaban como muchos chicos adolescentes daban importancia al amor y a los sentimientos en las relaciones afectivas y sexuales cuando hablaban sobre ellas. Así, entre adolescentes, potenciar el mensaje y actuar de acuerdo a que estos chicos son los atractivos, deseados y populares es un elemento fundamental en la superación del espejismo del ascenso.
Las evidencias, o más concretamente la falta de ellas, nos conducen a preguntarnos sobre si existe realmente una vinculación causa-efecto entre el ideal de amor romántico y la violencia de género. A continuación se profundiza en los resultados de las dos investigaciones que hasta el momento han abordado esta cuestión (Duque, 2010-2011; Oliver, 2010-2012).

¿Es el amor ideal la causa de la violencia de género?

En la extensa búsqueda documental realizada por las investigaciones de Duque (2010-2011) y Oliver (2010-2012) no se han encontrado estudios que relacionen dirctamente la violencia de género como consecuencia de haverse educado, socializado y/o de creer en un concepto de “amor romántico y amor ideal”, así como tampoco se han encontrado otras investigaciones que planteen el tema del espejismo del ascenso.

El objetivo principal del proyecto sobre espejismo del ascenso y amor ideal (Duque, 200-2011) es contribuir a la prevención de la violencia machista en la población adolescente y joven analizando la incidencia de dos elementos en la socialización de esta violencia: el espejismo del ascenso y la concepción de amor ideal. Concluye que basar la prevención de la violencia de género en rechazar el “el amor ideal”, no creer en “príncipes” y culpar “al enamoramiento” de la violencia de género es un error. Esta autora destaca la falta de investigaciones científicas que lo demuestren, de ahí que sus recomendaciones se dirijan a eliminar estos planteamientos de las campañas de prevención de la violencia de género. Y más allá, que dichas campañas no rechacen el amor ideal sino que planteen como avanzar en busca de un ideal vacío de violencia.

Duque (2011-2012) define el amor ideal unido al concepto de amor platónico que erróneamente se ha identificado como algo inaccesible e irreal. En esta línea, Garcia et al. (2009) definen el amor ideal como aquello que se anhela y que al mismo tiempo es posible de conseguir. Se aleja de la concepción común y errónea que se posee sobre el concepto de amor platónico cuando se entiende como un amor que no se consigue nunca, perfecto, pero imposible, y que se aleja del contacto físico. La idea de amor platónico, como el amor ideal, se entiende como aquel amor que soñamos y que no está separado de la realidad.Este punto de partida conduce a plantear una cuestión clave para profundizar en las causas reales de la violencia de género: “el problema no es enamorarse sino de quién te enamoras y por qué” (Duque, 2011-2012). De acuerdo con este planteamiento, la cuestión recae en la atracción hacia la violencia, por lo que el problema no es buscar una “relación ideal”, pues la relación “ideal” por definición está vacía de violencia.

A continuación se presentan los resultados de la búsqueda y análisis realizados sobre amor ideal y violencia de género y las causas que la literatura científica identifica con la violencia de género y que pueden sustentar el concepto de espejismo del ascenso (Oliver, 2010-2012).

A pesar de no haber encontrado investigaciones que vinculen la socialización en el concepto de amor ideal con el sufrimiento de la violencia de género, sí existen algunos análisis críticos sobre la idea de amor romántico y amor ideal que lo vinculan a las desigualdades de género, discriminaciones e influencia en consecuencias perjudiciales hacia las mujeres. La gran mayoría de los estudios realizados sobre esta temática al respecto, parten de la idea que en los cuentos de hadas se genera una vinculación entre el amor romántico y el amor ideal. En los cuentos infantiles el amor romántico que se muestra está identificado como amor ideal (Wolkomir, 2009). Una de las primeras afirmaciones que hacen algunas investigaciones es que los cuentos de hadas fomentan un modelo de belleza femenina estereotipado que algunos autores consideran perudicial para las mujeres (Gilbert, 2002; Nelson, 2000). Este modelo estereotipado vincula la belleza femenina a la bondad y a la pasividad, a la vez que representa la maldad en las mujeres con la fealdad física. En este modelo también está representada la belleza masculina, que en este caso está asociada a la acción. Un ejemplo de esta diferenciación de género se encuentra en la elección de los disfraces por parte de niños y niñas. Mientras que las chicas tienen una tendencia general a elegir disfraces de reinas y princesas, los chicos optan mayoritariamente por disfraces de guerreros y personajes vinculados a la acción (Nelson, 2000).

A pesar de que en algunos cuentos de hadas se da un modelo de feminidad tradicional, hasta el momento no se han localizado evidencias científicas que determinen que en las relaciones de amor que narran los cuentos de hadas se den relaciones de imposición, violencia y/o menosprecio por parte de los “Príncipes Azules” hacia las mujeres. Aunque los personajes femeninos se puedan identificar con una belleza vinculada a la pasividad y a la bondad, estas no son cualidades que generen de forma directa la violencia de género, ya que no hay evidencias de que las mujeres que sufren violencia de género sean las que siguen un modelo más tradicional. Asimismo, sobre los valores de acción, valentía, iniciativa, etc. vinculados a los personajes masculinos tampoco hay evidencias que determinen actos de violencia de género. En cambio, hay autores que ven en este modelo de feminidad una relación directa con la capacidad de perdurar de los cuentos de hadas a lo largo del tiempo. En este sentido afirman que los cuentos que más han potenciado el ideal de belleza femenina tradicional han perdurado más en el tiempo convirtiéndose en los cuentos clásicos (Baker-Sperry & Grauerholz, 2003). Estos cuentostienen más de cien años de antigüedad (versiones populares escritas en 1812 por los hermanos Grimm donde encontramos La Cenicienta, La Bella Durmiente, Blanca Nieves, yotros).

Del modelo de feminidad tradicional descito parten otras hipótesis que ven en los cuentos de hadas una de las razones que pueden causar frustración a las mujeres que no consiguen mantener relaciones románticas duraderas (Sanchez & Kwang, 2007). Estas teorías están basadas en la idea que el nivel de autoestima está estrechamente relacionado con los sentimientos de aceptación o rechazo de las demás personas hacia uno/a mismo/a y que las relaciones interpersonales son una fuente importante de autoestima. Se parte de la idea que, por un lado las relaciones descritas en los cuentos de hadas son un modelo de relaciones románticas deseables, y por otro la aceptación que la apariencia física de las mujeres es un criterio importane para los hombres a la hora de mantener relaciones afectivas y sexuales. Vincular las relaciones románticas duraderas a los cuentos de hadas, según algunas investigaciones, comporta vincular la imagen ideal de feminidad a la belleza y atractivo físico. Es en este punto donde algunos autores consideran que, dado que conseguir la apariencia física promovida por los cuentos de hadas es muy difícil (hasta el punto de llegar a reproducir actitudes poco saludables), la no consecución de la imagen física deseada puede conducir a un sentimiento de frustración. Este sentimiento puede convertirse en desagrado y vergüenza del propio cuerpo y acabar provocando problemas y trastornos alimentícios en las chicas (Sanchez & Kwang, 2007).

Estudios estadísticos que muestran que las mujeres con sobrepeso tienen un 20% menos de probabilidades de casarse que las mujeres de un peso normal (Gaesser, 1996 citado por Sanchez & Kwang, 2007) no hacen más que incentivar esta tendencia. Relacionar la autoestima con la apariencia física comporta avergonzarse del propio cuerpo cuando este no se ajusta a las normas sociales. Vincular la belleza física a un cuerpo atractivo al deseo de los hombes, pone a las mujeres en una situación de vulnerabilidad. La presión social por conseguir ese cuerpo atractivo y llegar a mantener una relación romántica duradera, aumenta con los mensajes publicitarios donde se dan prototipos de belleza que no se pueden llegar a conseguir y los criterios más valorados por los hombres son el atractivo físico identificado, en gran medida, con el peso de las mujeres.

Pero no son las mujeres las únicas víctimas de la presión social por conseguir una relación romántica con chicos, y por tanto, conseguir un cuerpo atractivo para los hombres. Los hombres homosexuales, según Sanchez & Kwang (2007), sufren efectos parecidos a la hora de establecer relaciones afectivas y sexuales duraderas. Este hecho contrasta con que en las mujeres homosexuales existe la tendencia a no darse esta presión. Este hecho desvincula aquellas acciones que hacen determinadas mujeres para conseguir un cuerpo atractivo de la imagen estereotipada que se podría dar gracias a la influencia de los cuentos de hadas y, en cambio, la vincula a la visión que puedan tener determinados hombres de la belleza femenina. Para Sanchez & Kwang (2007) este ideal de belleza va acompañado de la idea que la felicidad aparecerá en nuestras vidas en el momento que aparezca un “Príncipe Azul” y nos conduzca a la consecución del amor romántico. Aún así, esta investigación no evidencia en ningún momento que el deseo obsesivo de tener un cuepro atractivo por parte de las mujeres que les lleva a situaciones de frustración tenga relación directa con los cuentos de hadas, sino que como él mismo indica, es fruto de medios de comunicación, modas, etc. Por otro lado, tampoco evidencia que esto implique tener relaciones con personas que les maltraten ni que en ningún cuento aparezca un “Príncipe Azul” que maltrata a una mujer por no ser suficientemente atractiva.

En relación al amor reperesentado en los cuentos de hadas, a menudo existe la idea de que finalizar una relación en la que se da violencia de género a partir de la implicación de otro hombre que identifiquemos como un “Príncipe Azul” salvador, fomenta las relaciones de dominación con hombres, ya que es un hombre quien soluciona los problemas de la chica, en lugar de hacerlo ella por sí misma. Coincidiendo con esta línea, uno de los caminos propuestos por las revistas más consultadas por la población joven y adolescente de los EEUU para salir de relaciones en las que se dan situaciones de violencia de género es vivir la experiencia del amor romántico de cuentos de hadas, es decir, que un “Príncipe Azul” te saque de una situación de dominación machista (Kettrey & Emery, 2010). Hay autores como Rosen (1996, citado por Kettrey & Emery, 2010) que ven efectos negativos en buscar este final de cuento de hadas como medio para terminar las relaciones abusivas. Es lo que él define como fantasia cenicienta, que decribe como la situación de esperar que un “Príncipe Azul” te solucione los problemas amororos. Para este autor se da la situación de salir de una relación abusiva para entrar en una relación de abusos, ya que depender de la acción de un “Príncipe Azul” fomenta una relación de dependencia hacia los hombres, hecho que mantiene a las mujeres en relaciones de dominación machista (Kettrey & Emery, 2010). Aún así, la figura del hombre “salvador” no tiene relación directa con la de hombre “maltratado”. De hecho, “salvar” a una persona es opuesto a “maltratarla”.

Otros autores señalan que la relación entre el amor de los cuentos de hadas y el amor ideal desemboca en la concepción del modelo de relación ideal, modelo que aparece en estos cuentos. Se genera un modelo de relación único, un modelo de heterosexualidad que tiene su representación en el matrimonio y que forma parte de un modelo social heteronormativo. Para Martin y Kazyak (2009), dado que los medios de comunicación son una via importante de socialización de los niños , las relaciones que se establecen en los cuentos de hadas se pueden convertir en un fundamento ideológico. Este modelo de relación heterosexual se define como una relación, entre un hombre y una mujer, monógama, de exclusividad, basada en la fidelidad, patriarcal y con una división del trabajo marcada, donde el hombre se encarga de aportar sustento económico y la mujer desarrolla la tarea de cuidadora. Son relaciones inexplicables que surgen de la “química” entre las dos personas y tienen un vínculo emocional que solo se da cuando hombre y mujer están hechos “el uno para el otro” (Wolkomir, 2009).

El amor ideal que aparece en los cuentos de hadas es el ideal a partir del cual se construye el matrimonio y representa el final feliz de los cuentos de hadas. También es el camino por el cual se normalizan las relaciones de amor, unas relaciones heterosexuales que excluyen al resto de posibles relaciones, por ejemplo las homosexuales. Según Wolkomir (2009) querer vivir la experiencia de amor romántico de los cuentos de hadas nos lleva a vivir de forma inevitable una relación de matrimonio. Podemos afirmar que los cuentos infantiles acostumbran a mostrar un mismo modelo de relación (heterosexual, monógama…), pero este modelo de relación está conectado con el contexto sociohistórico de la invención de estos cuentos, antes de 1812. En este sentido, lo que fomenta un modelo único de relación no es la existencia de estos cuentos sino cómo se presentan. Es distinto si las personas que enseñan estos cuentos los explican como el único ideal a seguir, o bien si los presentan como uno de los ideales existentes entre otros. La diversidad de ideales no implica la destrucción del modelo tradicional; implica, como su nombre indica, la diversidad, que incluye tradicionales y no tradicionales. De lo que no se han encontrado evidencias es que estos cuentos infantiles presenten relaciones de maltrato como relación ideal, sino al contrario, presentan relaciones de no maltrato.

En contraposición a las críticas expuestas sobre el amor romántico Martin & Kazyak (2009) hacen un estudio sobre cómo se muestra la sexualidad en las películas con categoría “aptas para todos los públicos” de más recaptación entre los años 1990 y 2005. Ponen de manifiesto que el amor promovido por cuentos de hadas y películas infantiles no solo no es negativo sino que es un amor potente, excepcional y mágico. Según estos autores, el amor romántico se presenta como un amor excepcional, increíblemente poderoso y tranformador. Tanto es así que es capaz, por ejemplo en el caso de Aladdin, de romper una ley antigua que obligava a casar a las princesas con príncipes y substituirla por una ley donde se determina que las princesas se casarán por amor. Losprotagonistas construyen, así,un espacio de libertad y de elección donde la mujer puede elegir a su pareja. Es un amor tan tansfomador que está fuera del control de cualquier fuerza política y social (Martin & Kazyak, 2009).

Otro aspecto a destacar de este análisis sobre cómo se presenta el amor romántico en los cuentos de hadas es el papel de la sensualidad, que está representada por el cuerpo de la mujer. Martin & Kazyak (2009) explican que en muchos casos la sensualidad se representa como un poder que tiene la mujer y que utiliza para llamar la atención de los hombres, hecho que contrasta con la clásica imagen estereotipada de la belleza femenina vinculada a la pasividad. Por otro lado, estos autores idnican que casi todas las situaciones sexistas que aparecen en estos cuentos y películas vienen de la mano de personajes que están fuera de las relaciones románticas. No son actitudes que muestran la pareja de enamorados protagonistas, sino que están protagonizadas por personajes secundarios muchas veces vinculados a la competitividad y a la frivolidad. Son relaciones que se dan en un segundo plano, en claro contraste con los protagonistas y la importancia de las relaciones de amor romántico. Ello aleja de las relaciones de violencia de género al amor romántico que se encuentra en los cuentos de hadas y que se vincula al “Príncipe Azul”.

Las investigaciones científicas internacionales clarifican que el ideal de amor comporta violencia cuando implica la asunción de creencias tales como que amar a una persona es suficiente para cambiarla. Towns y Adams (2000) destacan cómo las mujeres víctimas de violencia machista establecen mecanismos para justificar que la persona con la que están manteniendo una relación no se corresponde con el ideal de amor que afirman tener. Por eso la tarea educativa debe centrarse en el reconocimiento de esta incongruencia, dejando de justificar al hombre que ejerce violencia y responzabilizarlo de la misma. Así, el trabajo educativo en la prevención de la violencia machista será más productivo y tendrá más probabilidades de éxito si no se niega la narrativa romántica, pero explora sus limintaciones, los dilemas y aspectos problemáticos, a la vez que potencia el apoderamiento de las narrativas culturales que superen estas limitaciones (Jackson, 2001). Wood (2001) propone generar otras narrativas y discusos rigurosos sobre el amor romántico que descubran lo que es aceptable en las relaciones románticas de pareja, a través del trabajao conjunto de toda la comunidad (familias, escuela, medios de comunicación, lugar de trabajo, etc.)Es decir, potenciar narrativas en las que se unan amor, ideal, libertad, pasión e igualdad, ya que el “amor ideal” o“amor romántico” no van separados de la igualdad y la libertad sexual.



Para profundizar en las causas reales de la violencia de género, el próximo apartado se centra en la influencia socializadora del espejismo del ascenso y en los modelos de masculinidad.

Espejismo del ascenso y modelos de masculinidad en las relaciones heterosexuales entre adolescentes
Las investigaciones de Duque (2010-2011) y Oliver (2010-2012) apuntan a que las causas de la violencia de género pueden estar relacionadas con el concepto de espejismo del ascensoun concepto muy nuevo pero con gran capacidad explicativa. Estas investigaciones señalan algunas causas de la violencia machista tanto en jóvenes y adolescentes como en personas adultas. Una de ellas se encuentra en el hecho que existe un modelo de relación normalizado entre hombres y mujeres.
El modelo de relaciones afectivas y sexuales más común está basado en el poder del hombre sobre la mujer (Expósito et al., 2010). Se trata de un modelo de patriarcado arraigado a muchas culturas en el que, a pesar de los esfuerzos, estudios, movimientos en defensa de las mujeres y ayudas de las Naciones Unidas, tiene una dificultad de cambio social por la visión que tienen de los roles establecidos tanto los hombres como las mujeres. Algunos autores ven en este modelo de relaciones una influencia sobre la perpetuación de la violencia de género identificada en una forma de dominio y control socioeconómico (Rubin, 2008). También se ha identificado la existencia de una diferenciaón de género entre los chicos y las chicas jóvenes y adolescentes respecto a la percepción que tienen sobre la existencia de las primeras relaciones sexuales y las causas que las motivan. Giordano et al. (2006) y Walsh et al. (2011) explican que las chicas dan una mayor importancia a una cierta conexión, a la naturaleza de la relación que mantiene con el chico, al sentimiento de sentirse preparada y, además, también se sienten motivadas por la presión de su pareja. En general las chicas buscan relaciones duraderas y románticas, en cambio, la principal motivación de los chicos es la excitación sexual. Los chicos mantienen relaciones en busca de sexo y, en esta motivación sexual e interés para la consecución sexual, autores como Lindgren et al. (2008) ven una de las causas del acoso sexual por parte de los chicos.
La valoración de la primera relación sexual también muestra diferencias de género importantes. Mientras que los chicos son más propensos a valorar la primera relación como positiva y agradable, las chicas, en cambio, tienden a hacer una valoración radicalemnte distinta, como una experiencia emocional, dolorosa y negativa. Es un hecho relevante si tenemos en cuenta que vivir unas primeras relaciones como negativas puede tener efectos perjuciales para la salud mental (Straus et al., 2009). Estas valoraciones personales sobre la primera relación cambian a medida que se dan en edades más avanzadas donde se encuentra una tendencia a percibir la primera relación como más positiva. Donde sí que hay una coincidencia de género es en la concepción que se tiene de las habilidades personales en estas relaciones. Tanto los chicos como las chicas coinciden en pensar que cuanto más jóvenes son, menos habilidades desarrollan en estas relaciones (Walsh et al., 2011).
Otra afirmación que aparece en la literatura científica es la relación que existe entre el consumo excesivo de alcohol en chicas adolescentes y las relaciones abusivas por parte de los chicos. El fuerte interés sexual de los chicos a la hora de mantener relaciones afectivas y sexuales gana relevancia en el momento en que las chicas se encuentran en estado de embriaguez. Existe una relación entre la ingesta de alcohol por parte de chicas y la propensión a la práctica de relaciones sexuales fruto de la deshinibición que provocan los efectos del alcohol. Ello ha creado entre los jóvenes adolescentes la imagen estereotipada de la chica ebria como una chica hipersexual, promíscua e irresponsable. Pero la imagen de una chica ebria contrasta con la idea tradicional de buen comportamiento que se espera de las chicas. Esto comporta que, en caso de sufrir alguna classe de abuso sexual, romper con la idea de cómo debe ser el comportamiento femenino hace de la idea de compasión hacia una víctima de abusos sexuales y/o violación se pase a considerar que ha recibido un justo castigo por su comportamiento inapropiado (Young et al., 2007).En este caso encontramos una diferenciación de género respecto a las consecuencias sociales del consumo de alcohol. No solamente en cuanto a la situación de vulnerabilidad por parte de las chicas a sufrir abusos sexuales, sino también en cuanto a la imagen social. Hay una diferencia en las concepciones sociales sobre el consumo de alcohol entre hombres y mujeres, siendo mucho más negativa la visión que se tiene de las chicas que consumen alcohol en comparación con los chicos.
Una última causa que señalamos es el hecho que muchas chicas tienen relaciones fruto de la presión social y que en ocasiones consideran que mantener ciertos tipos de relación mejora su estatus dentro del grupo de iguales. Giordano (2003) plantea que las adolescentes sufren una fuerte presión por parte de otras chicas para iniciar relaciones sexuales con chicos. Según O’Sullivan y Meyer-Bahlburg (2003) se confirma que la presión de grupo hace que muchas adolescentes se inicien de forma precoz en las relaciones sexuales. De esta forma consideran que tendrán más prestigio social, se sienten adultas y más maduras. Estos autores coinciden con Collins et al. (2009) en plantear que para muchos adolescentes tener pareja les hace aumentar su estatus dentro del grupo. Para algunas chicas adolescentes conseguir novio antes que sus amigas las hace ganar a las demás. Pero el estudio de O’Sullivan y Meyer-Bahlburg (2003) muestra cómo las adolescentes que tienen determinados tipos de relaciones, tales como las relaciones sexuales esporádicas y habituales con diferentes chicos, acostumbran a ser criticadas e insultadas, e incluso menospreciadas. Esta situación, que ya era planteada por Giddens (1995) en La transformación de la intimidad, se explica a través del concepto de espejismo del ascenso.
Después de este análisis es imoprtane recordar que una de las principales consecuencias del espejismo del ascenso es que el prestigio de las chicas que mantienen relaciones con chicos considerados populares pero que siguen una masculinidad tradicional dominante disminuye en vez de aumentar. Así lo muestran testimonios de la investigación de Oliver (2010-2011), cuando explican la pérdida de prestigio de unas chicas por salir con un mismo chico dominante. Según una chica entrevistada, el desprestigio ocurre porque la valoración del chico en el grupo de iguales es peor de lo que las chicas podían imaginar. Esta aportación resulta novedosa pues apunta a un doble espejismo: el espejismo de que manteniendo una relación afectivo-sexual con un chico se va a ganar atractivo y el espejismo de que el chico en cuestión es bien valorado por la mayoría del grupo donde se quiere ascender.
El fenómeno del espejismo se ve reforzado por un aparente éxito de la chica afectada entre los chicos. Este éxito, sin embargo y como avalan otras citas de la investigación, no se debe a su atractivo. Otra chica entrevistada explica el caso de una joven a la que de pronto le empiezan a “entrar” muchos más chicos que antes. El factor desencadenante, comenta su amiga, es haber mantenido algunos rollos esporádicos con chicos que responden al modelo de masculinidad tradicional dominante, pasando a ser considerada una “chica fácil” (Oliver, 2010-2012). O’Sullivan y Meyer-Bahlburg (2003) explican cómo se degrada la imagen de estas chicas que tienen relaciones con una pluralidad de chicos fuera de las relaciones románticas, pero especifican que no ocurre lo mismo con los chicos.
De acuerdo con Duque (2010-2011), la postura de los chicos y las chicas ante relaciones vinculadas al espejismo del ascenso social, en escasas ocasiones es el de eviatarlas y/o prevenirlas, sino más bien potenciarlas. Esta autora explica que en el análisis realizado con chicos y chicas sobre la imagen que se genera alrededor de la chica, todas las afirmaciones hacían referencia a imágenes negativas. Aún así, el análisis de estas situaciones por parte de los chicos y chicas, también muestra algunas interacciones transformadoras que hacen referencia al establecimiento de un diálogo sincero con la chica. Esto se da cuando, a pesar de estar presentes las críticas hacia ella, se le explica con sinceridad y transparencia y con voluntad de ayudar, cómo está disminuyendo su atractivo y cuál es la imagen real que tienen de ella los demás. A pesar de que esta medida no evita ni prevé la situación, sí que muestra cómo a partir del diálogo entre iguales se puede llegar a cambiar una situación socialmente desfavorable.
Finalmente, es importante señalar los últimos reslutados en los estudios sobre masculinidad. El terreno de las relaciones heterosexuales, se distinguen 3 tipos de modelos (Flecha et al., 2013): masculinidad tradicional dominante, masculinidad tradicional oprimida y nuevas masculinidades alternativas. La masculinidad tradicional dominante se basa en el dominio y menosprecio hacia las mujeres. Es la masculinidad creadora de la violencia de género y de la doble moral. La vinculación de este modelo con la atracción genera relaciones basadas en la violencia de género. La masculinidad tradicional oprimida describe a los hombres que tienen relaciones igualitarias pero sin pasión con mujeres. Esta masculinidad se ha identificado equivocadamente como nueva masculinidad, cuando en realidad ha existido siempre. Tampoco es alternativa porqué es la otra cara de la misma moneda que representa la masculinidad tradicional dominante. Las nuevas masculinidades alternativas representan un modelo diverso de hombres que tienen relaciones igualitarias basadas en el deseo y el amor. Suelen ser fuertes y valientes frente a situaciones de violencia de género, defienden a las víctimas y se posicionan en contra de los agresores.

Conclusión

La normalización y atracción a la violencia suscita relacionar elementos antagónicos como son el amor, la pasión y el afecto con la violencia, el odio y el desprecio. El exhaustivo análisis y revisión teórica realizados por los dos proyectos en que se basa esta comunicación (Duque, 2010-2011 y Oliver, 2010-2012), constata la falta de producción científica sobre la vinculación ente el amor ideal y la violencia de género y el bajo número de artículos que vinculen las principales figuras de los cuentos de hadas y la violencia de genero. Este hecho pone de manifiesto que a pesar de la proliferación de campañas de prevención que tratan el amor ideal y/o romántico como generador de la violencia de género, hay una falta de estudios científicos reconocidos por la comunidad científica internacional que estudien las vinculaciones entre el amor ideal y la violencia machista.


Los resultados de las investigaciones sobre espejismo del ascenso, amor ideal y violencia de género señalan la importancia de promover relaciones libres de violencia a la vez que fomentar la libertad de elección de relaciones. La relación “de amor ideal” no es un modelo único. Cada persona puede elegir su ideal de relaciones, la orientación es que esté libre de violencia. La clave no está en seguir un rol más o menos tradicional, ni en enamorarse o no, ni en tener pareja o tener relaciones esporádicas, la clave está en potenciar que cada persona elija libremente las relaciones que quiera y que no sufra malos tratos en estas relaciones.
El amor ideal entendido como exclusor aparece, según la investigación científica, unido al amor romántico como una relación agobiante y de dependencia. A la vez, la persona ideal, a veces unida a la imagen de “Príncipe Azul”, se asocia a un modelo tradicional. Por otro lado se comenta con frecuencia que el “amor ideal” o la “persona ideal” no existen. También se critica el ideal en el amor haciendo referencia al peligro de idealizar a una persona que trata mal. Pero lo que no se ha identificado como elemento exclusor es que la búsqueda de un amor ideal lleve a la violencia de género. Como elementos transformadores destaca el acuerdo en que el amor ideal está vacío de violencia, que la persona ideal por definición es deseable y que no se conoce ningún “Príncipe Azul” de cuento que maltrate a la princesa. Es cierto que el contexto en que los cuentos de hadas promueven un modelo de relación heterosexual y heteronormativo pero este modelo no es ni se debería enseñar como un modelo único pero sí que es un modelo más de no maltrato entre otros identificados.De ahí la importancia de investigar sobre cómo la búsqueda del amor ideal contribuye a avanzar hacia relaciones sin violencia y si existen vinculaciones reales entre la socialización en el concepto de ideal de amor romántico y la violencia machista.
Finalmente, no se ha encontrado ninguna evidencia científica que identifique que las personas educadas y socializadas en la creencia y la búsqueda de un amor ideal sufran violencia machista ni que sea esta socialización la que genera el sufrimiento de esta violencia. En cambio, en lo que se refiere al espejismo del ascenso social se confirma que la chica que entra en este espejismo pierde atractivo y es criticada por chicos y chicas, muchas veces sin ser consciente de ello. Como contribución para la superación de esta situación se plantea la sinceridad, explicar a la chica las críticas que está recibiendo y la imagen real que de ella tienen las personas a su alrededor. En este proceso de transformación y superación de estas situaciones, el diálogo y la solidaridad entre amigas y amigos también se manifiestan como elementos clave indispensables que deben conducir a la condena de cualquier situación de violencia y al apoyo a las víctimas.

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