Tres Prostitutas en el Teatro Chileno



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Universidad de Chile

Facultad de Artes

Departamento de Teatro

“Tres Prostitutas en el Teatro Chileno”

(La Chepita, la Pepa de Oro y la Negra Ester)
Tesis para optar al titulo de Actriz.

Jessica Vera Sánchez

Profesor guía: Sr José Pineda Debia

Santiago de Chile, 2004


Universidad de Chile

Facultad de Artes

Departamento de Teatro

“Tres Prostitutas en el Teatro Chileno”

(La Chepita, la Pepa de Oro y la Negra Ester)

Jessica Vera Sánchez

Profesor guía: Sr José Pineda Debia

PROLOGO

CONSIDERACIONES GENERALES SOBRE EL TEMA Y LAS OBRAS



La realización de esta tesis a más de diez años de haber egresado de la Escuela de Teatro de la Universidad de Chile me ha significado, la oportunidad de plasmar en ella algunas de las inquietudes e intereses que han ido surgiendo después de más de una década de ejercer en el mundo teatral, donde no solo me he desarrollado como actriz sino también en los aspectos técnicos del teatro junto a la pedagogía y la dramaturgia. Es este último punto el que me motiva a desarrollar esta investigación. Impulsada por Talleres de Dramaturgia con connotados autores nacionales, ha surgido el interés no solo por la escritura sino también por la lectura de nuestro teatro, lo cual, sumado a la orientación de mi Profesor Guía me ha permitido encausar esta memoria en una dirección que satisface mis intereses.
Nuestra dramaturgia nacional, es relativamente reciente si nos comparamos, por ejemplo, a la de las grandes potencias europeas, pero no por ello menos interesante y dentro del contexto de nuestro continente consecuente con su desarrollo. Podemos hablar de períodos, estilos, autores y obras clásicas de nuestro teatro. Y es precisamente una mirada global a estas obras y mi punto de vista de intérprete, lo que me ha hecho centrar mi atención en los personajes femeninos. Ha llamado mi atención la gran cantidad de prostitutas y la idealización que los autores nacionales han puesto en ellas a diferencia de la estigmatización con que la sociedad las ha tratado en la vida real. Y es desde esta coyuntura que surgen las interrogantes: ¿Cuál es el subtexto que hay detrás de este ennoblecimiento tan reiterado en nuestras dramaturgia?... ¿Qué significado encierra como ícono el personaje de la prostituta en el teatro chileno o qué nos han querido decir los autores a través de ellas?...
Las tres obras de teatro escogidas para la realización de este estudio pertenecen a tres autores contemporáneos. Dos de ellos, Alejandro Sieveking y Luis Alberto Heiremans son de una reconocida trayectoria teatral perteneciendo a la Generación de Dramaturgos del 57, que emergió a partir de la década del 50 y continuó durante los 60 entregando una importante cantidad de obras, a nuestro teatro, muchas de las cuales hoy en día son consideradas clásicas. Tal vez, la primera y única generación de dramaturgos en la historia de nuestro teatro, claramente identificable dentro de un periodo y con inquietudes similares, que a pesar de sus diferencias creativas pudieron igualar posiciones respecto a lo que debe ser el teatro, su valor y función dentro de la comunidad. Y que hoy, a poco más de 50 años desde que emergieran, muchos de ellos continúan hoy su labor.
Es el caso de "La Remolienda" de Alejandro Sieveking, que a casi 40 años de su estreno se ha constituido en una de las obras más representadas no solo en el ámbito profesional sino también en el educacional y el de aficionados, retratando con humor la ingenuidad y ternura del carácter campesino, que durante décadas ha hecho reír a un amplio segmento de espectadores, inclusive aquellos que no poseen ningún conocimiento escénico. Luego tenemos a "El Abanderado" de Luis Alberto Heiremans, una obra enmarcada en un teatro poético y simbólico. Y en último termino y entre las obras más recientes e importantes he seleccionado las décimas de la "La Negra Ester" del poeta y cantautor popular Roberto Parra, que dio origen a la obra de teatro del mismo nombre, que pusiera en escena la compañía Gran Circo Teatro bajo la mano de su creador y director Andrés Pérez, marcando un hito en el teatro chileno.
El método para abordar esta investigación es el análisis de las obras, cuyo énfasis está en el personaje de la prostituta, empleando una metodología similar a la que plantea Stanislavsky para abordar la interpretación de un rol y luego todo lo que es recopilación de material respecto a la mirada que nuestra sociedad chilena le da a la mujer prostituta, para finalmente hacer una comparación entre estas dos visiones, la teatral y la social, que permitan establecer diferencias y similitudes a partir de las cuales se podrían deducir posibles significados atribuibles al personaje de la prostituta, pudiendo ser éste el comienzo para nuevas investigaciones que permitan comprender mejor nuestra dramaturgia.

CAPÌTULO I




LA MUJER PROSTITUTA

Susana y los viejos” de Tintoreto


ANTECEDENTES HISTÓRICOS

Algunos estudiosos del tema, han considerado que desde épocas remotas, la mujer se ha relacionado con el varón a través de una forma incipiente de prostitución. Ya en la Era Paleolítica, por ser la mujer considerada una divinidad con las virtudes esenciales del goce y la fecundidad, el hombre la adora entregándole el producto de su cacería o mediante la realización del coito. Esta relación entre religión y prostitución se hace más evidente aún hacía el año 2000 A.C., donde ciertos cultos a divinidades femeninas como: Millta, Astarte, Isis; supone la hospitalidad y entrega carnal de sus sacerdotisas a los forasteros como forma de celebración del culto y veneración a su divinidad.


Recién, durante la época del gran legislador griego Solón, la prostitución pasa a formar parte de las costumbres de la vida pública, como una forma de salvaguardar el orden y recaudar impuestos. Sin embargo, la mujer como tal no perdía su dignidad, a pesar que las que ejercían en estas primeras casas de tolerancias llamadas "Dicterion", eran esclavas explotadas cruelmente. El hecho que una mujer se entregara a más de un hombre pasó a considerarse vergonzoso e inmoral con el advenimiento de la moral latina, que estableció el matrimonio y la monogamia. En Roma surgieron los Lupanares que reunía a mujeres adúlteras, plebeyas que hubieran sido objeto de abusos por parte de los Patricios como mujeres jóvenes que se rebelaban a la autoridad paterna. Es así como en el año 180 A.C., surge el primer sistema de "cartillas" una manera de reglamentar y controlar a las mujeres que ejercía este oficio, calificándolas con el término de prostitutas.
Con el advenimiento del cristianismo surgió una moral específica que consideró pecaminosa la relación entre mujer y fornicación: "La iglesia y la moral rechazan la prostitución como todo comercio sexual fuera del matrimonio y la considera pecado

grave, independiente de la legislación estatal al respecto” 1 . Fue así como el emperador católico Teodocio El Grande, dio un duro golpe a la prostitución, al promulgar un decreto por el cual condenaba al exilio a toda persona que prostituyera a mujeres o esclavas. Siguiendo una política similar, el emperador Justiniano, en el siglo VI, estableció hogares para mujeres prostitutas donde se les daba alojamiento y enseñaba un oficio. A pesar de la enérgica condenación a la esclavitud de blancas durante la época medieval por parte de los monarcas cristianos tales como: Recaredo en España, Alarico en Francia, Carlomagno en las Capitulaciones o San Luis en el siglo XIII, es durante este periodo cuando las enfermedades venéreas se difunden más y aunque se ignora su causa, se supone que las prostitutas tienen que ver con ellas. No obstante, la sociedad cristiana debió aceptar la prostitución, limitándose a prohibir lo que ofendía o provocaba escándalo. Fue así como notables teólogos, a partir de San Agustín y Santo Tomás, terminaron por aceptar que el Estado no puede prohibir todas las inmoralidades y por ello no tiene otra opción que tolerar la prostitución en las grandes ciudades, como un mal menor.
Es así como en 1306, las autoridades de la ciudad de Regensburg, frente a la creciente propagación de las enfermedades venéreas, dictan las primeras leyes de control sanitario, lo cual no impide que la sífilis y la gonorrea viajen a los nuevos territorios americanos descubiertos por los europeos. Es así como en el siglo XVI una fuerte epidemia de sífilis azota a Europa llevando a las autoridades a poner fin a la legislación de control sanitario, promulgando una ley que termina de una vez con los burdeles y el comercio sexual. A pesar de estos esfuerzos, no se pudo controlar la prostitución clandestina ni a las mujeres públicas, que seguían a los ejércitos durante las campañas militares.
Es con el avance de las ciencias médicas que el tema de la prostitución alcanza una nueva dimensión. Se la considera un peligro para la salud pública, ordenándose la hospitalización de prostitutas y medidas de profilaxis, enfatizándose la represión de dicha actividad. Finalmente durante el siglo XVII en Europa se crean los primeros organismos de control, que se encargan de la salud de las prostitutas y de la seguridad de sus clientes. Se realizan Congresos y Conferencias de higiene y salud pública, tendientes a lograr acuerdos y reglamentar el comercio sexual, asegurando la salud de la población. Entre estas propuestas cabe destacar: que la administración pública ejerza una vigilancia en los prostíbulos y que las prostitutas porten obligatoriamente una cartilla o identificación. Sin embargo, con el correr del tiempo, estas medidas más allá de cumplir su objetivo han facilitado el surgimiento de la prostitución organizada y clandestina que funciona a espaldas de la autoridad y que logra mantenerse hasta nuestra días sin mayor control.


COMERCIO SEXUAL EN CHILE Y SUS TRANSFORMACIONES

Primeramente debemos entender que la prostitución ha sido considerada por los estudiosos del mundo entero como un fenómeno social que puede explicarse desde diversos puntos de vista. Las investigaciones les han dado mayor importancia a las condicionantes sociales, en el más amplio sentido de la palabra, que a las individuales o psicológicos. Vale decir a los elementos históricos, políticos, culturales y económicos que participan en la aparición y permanencia del fenómeno.



Si tuviéramos que dar una fecha de cuando surgió la prostitución en nuestro país, sin duda diríamos que fue un fenómeno que trajeron los españoles, pues no existen antecedentes que confirmen que se daba entre los indígenas, en cambio en la historia europea si los hay. Y sin duda que su llegada y la conquista de América significaron la implantación de su modelo religioso, político, económico y cultural, con todos sus vicios y virtudes.
Al pretender hacer una historiografía de la prostitución en Chile, nos encontramos que en nuestro país el tema ha sido poco estudiado por la disciplina histórica. Sin embargo, a través del material existente, y que se centra fundamentalmente en los siglos XIX y XX, podemos constatar una evolución del fenómeno prostitución a comercio sexual.
Gabriel Salazar en una de sus investigaciones sobre la historia del siglo XIX nos señala que, “...la crisis en la economía campesina, las guerras en los comienzos del siglo XIX y el incesante oleaje comercial extranjero, corroyeron la posición dominante de la mujer en la sociedad de los labradores; miles de mujeres se vieron desplazadas de la sociedad rural y se vieron obligadas a deambular de un lugar a otro.”2 Aquí el autor señala las causas que obligaron a muchas mujeres campesinas a emigrar a las ciudades, en busca de su sustento, debiendo establecerse en los suburbios de las grandes ciudades, dedicándose al pequeño comercio, venta de comidas y bebidas al burgués y entretención a campesinos de paso y peones itinerantes. El autor define este peonaje femenino ilegal como prostitución, pero hace una diferencia entre las mujeres semicampesinas “arranchadas”, que vivían solas dependiendo de sus actividades de aposentamiento, pues su mancebo solo paraba allí, donde solía llevar regalos, como, alimentos, vestidos, dinero y otras especies. Y las “asiladas”, que se ubicaban en el puerto y oficinas salitreras, y que vivían del pago de los servicio sexuales que prestaban a los hombres que allí laboraban.
Así es como en la segunda mitad del siglo XIX, Chile se encuentra en una controversia en cuanto a cómo enfrentar el tema de la prostitución y qué hacer con ella, “Por una parte los reglamentarista acogiendo formulas modernas privilegiando el punto de vista científico, propuesto como una “profilaxis”de las sífilis o de las enfermedades venéreas en general y como un control policial que evitase los excesos; por otro los antireglamentarista asumiendo una posición más conservadora, favoreciendo en esta materia el punto de vista religioso, combatiendo la medida por inmoral.”3 Sin haberse resulto esta controversia, en 1896 se publica para Santiago la primera reglamentación al respecto, la cual se centra en aspectos de salud venérea y morales, cuyas normas básicas establecen: “...el certificado médico obligatorio, registro de las prostitutas, burdel reglamentado, prohibición de ejercer la prostitución a menores de edad, control policial y la instalación de burdeles a más de 50 metros de distancia de templos, escuelas y cuarteles”.
Cabe destacar que la mayoría de las mujeres que se dedicaban a la prostitución, lo hacían por razones de sobrevivencia, pues no tenían educación, ni familia que respondiera por ellas y las opciones de trabajo eran humillantes en el trato y muy mal remuneradas. Muchas habían llegado a la prostitución por engaño. Al parecer, la población que no contaba con recursos y además tenía un estatus social bajo, se encontraba en el más absoluto desamparo. Era común escuchar que una niña había sido llevada del campo a la ciudad bajo engaño y encerrada en una casa de prostitución, donde era abusada sistemáticamente. Muchas prostitutas no recibían dinero sino que sus proxenetas o cabronas les daban la comida y la ropa y siempre ellas estaban en deuda y si se enfermaban eran abandonadas a su suerte. La vida útil de una prostituta era de diez a quince años. Por lo general comenzaban a los quince, debiendo aumentarse la edad, pues la prostitución de menores siempre ha sido penada, pero no siempre se ha velado por el cumplimiento de ésta legalidad.
Durante el S XIX y hasta mediados del S XX, el prostíbulo, llamado también burdel, casa de remolienda o de tolerancia, fue el espacio característico y más importante donde se desarrolló la vida de estas mujeres. La ubicación de estos espacios era de preferencia en los sectores donde había una mayor concentración de hombres, como puertos y poblaciones mineras y a la vez en calles periféricas de las ciudades. Aunque sin duda había para todos los gustos y de todos los precios, su pretensión no era ser un lugar clasista. En la cuidad o en el pueblo, el prostíbulo o casa de remolienda era un lugar de encuentro y de sociabilidad distendida e interclasial, donde mujeres mayoritariamente pobres y socialmente marginadas, se relacionaban con hombres de distintas situaciones y niveles socioculturales: comerciantes, estudiantes, intelectuales, trabajadores, políticos y traficantes. En estos lugares transcurría la vida de cientos de mujeres, que no tenían posibilidades de acceder a otros espacios de convivencia social y que por lo tanto dependían totalmente de sus protectores, cabronas o cafiches. Trabajaban de noche y dormían de día, pero sin importar la hora debían acudir al llamado de “llegó gente niñas”, viviendo un mundo cercano a la esclavitud, pero donde se aseguraban el techo, la comida e incluso el afecto de sus patrones. Estas casas contaban con piezas destinadas a los encuentros sexuales entre las niñas y los clientes y también con salones donde se podía conversar de variados temas, leer una obra literaria a viva voz, tratar negocios y por supuesto bailar, emborracharse y desinhibirse.

Las casas de remolienda eran un espacio de socialización.

Foto del estreno de “La Remolienda” de Alejandro Sieveking en el año 1965, en el Teatro Nacional bajo la dirección de Víctor Jara.

Otro espacio similar al anterior fueron las


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