Tres ensayos de teoría sexual



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74 Podríamos decir un exceso de represión sexual incompatible con una vida sexual suficientemente satisfactoria, que comporta ciertamente una cuota pagable de insatisfacción. En el neurótico la “renuncia” sexual es excesiva, más allá de lo necesario, y es lo que le confiere su carácter patógeno, operando como factor patologizante.

75 Breuer [en BREUER, J. y FREUD, S. (1895), Estudios sobre la histeria] escribe, acerca de la paciente en la cual aplicó por primera vez el método catártico: “El factor [elemento] sexual estaba sorprendentemente no desarrollado”

76 [NT] Este tema fue desarrollado por Freud en su trabajo: “Sobre los tipos de contracción de neurosis” (1912c).

77 [NT] Hay que considerar todas las posibilidades que subyacen a este término, das Negativ, podemos hacerlo traduciendo das por los diferentes artículos determinados: masculino, “el negativo”, en sentido del cliché, el revelado lo positivizaría en una fotografía: detrás de la neurosis tendríamos tras su revelado en un análisis un trozo de sexualidad perversa; femenino, “la negativa”, en el sentido del enunciado negativo, la negativa de la sexualidad perversa produciría la neurosis; neutro, “lo negativo”, lo que va asociado a la sexualidad perversa como negativo y cuya negación produciría la neurosis.

78 Las fantasías conscientes de los perversos, que en circunstancias favorables pueden transformarse en actos; los temores delirantes de los paranoicos [psicóticos], proyectados en sentido hostil sobre otras personas; y las fantasías inconscientes de los histéricos [neuróticos], que es posible descubrir tras sus síntomas mediante psicoanálisis, coinciden hasta en los detalles en cuanto a su contenido.

[NT:] Esta aproximación puede dejar entender que la perversiones constituyen la puesta en acto (o en escena), la actualización en la realidad factual, de los modos de satisfacción sexual que en las psiconeurosis no hallarían una salida actual, sino que rechazadas como tales no por ello dejarían de estar activamente presentes (presionando, empujando) bajo formas disfrazadas. Es en este sentido que Freud puede decir que: “los síntomas neuróticos se forman en parte a expensas de la sexualidad anormal (no normativizada). Pero en este punto se ha desarrollado un malentendido bastante generalizado, alrededor de a idea de que a la inversa del neurótico el perverso no reprimiría, puesto que actuaría directamente en la realidad lo que el neurótico rechaza en beneficio de la formación sustitutiva de los síntomas mórbidos. La perversión está igualmente sujeta a la defensa frente a la castración, frente a cierta realidad intolerable (véase nota 66)



79 [NT] En el sentido que lo indica el psicoanálisis como estructura defensiva frente a una sexualidad que el sujeto no puede integrar en su yo.

80 La psicoaneurosis se asocia también muy a menudo con una inversión manifiesta. En esos casos, la corriente heterosexual ha sido víctima de una sofocación plena. Hago justicia si comunico que sólo presté atención a la universalidad necesaria de la tendencia a la inversión en los psiconeuróticos a raíz de unas manifestaciones privadas que me hizo Wilhelm Fliess en Berlín, después que yo la había descubierto en casos aislados. – [Agregado en 1920: ] Este hecho, no apreciado suficientemente, no podía menos que ejercer una influencia decisiva sobre todas las teorías de la homosexualidad.

81 [NT] Esta es la primera vez que aparece explícitamente la expresión “pulsión parcial” en las obras que Freud publicó, si bien el concepto ya había sido introducido al final del &3.

82 [NT] Sobre este término el lector puede consultar nuestro trabajo: “Theoria, Poiesis y Praxis del inconsciente. Del inconsciente en Freud a ‘posición’ del inconsciente en Lacan”, en la revista Trauma, nº 3, Barcelona, 2011.

83 [Nota agregada en 1924:] La teoría de las pulsiones es la pieza más importante, pero también la más inconclusa [incompleta, inacabada], de la teoría psicoanalítica. He desarrollado otras contribuciones a ella en mis obras posteriores: “Pulsiones y destinos pulsionales” (1915), Más allá del principio de placer (1920g) y El yo y el ello (1923b) [El lector puede referirse si lo desea a nuestras traducciones críticas y anotadas de estos escritos de Freud en la web: www.auladepsicoanalisis.com “Textos - Freud”

84 [Nota agregada en 1915: ] No es fácil justificar aquí estas hipótesis, tomadas del estudio de determinada clase de afecciones neuróticas. Pero, por otra parte, sería imposible enunciar algo concluyente acerca de las pulsiones ahorrándose la mención de estas premisas

85 En este punto nos viene a la memoria la tesis de Moll, quien descompone la pulsión sexual en pulsión de contrectación y de detumescencia. La primera significa [conlleva] una necesidad de contacto con la piel, que lleva al impulso de entrar en contacto con otra persona, y la segunda es descrita por Moll como un impulso tendiente al alivio de la tensión de los órganos sexuales. Este último aparecería antes del primero en la evolución del individuo. Digamos que es la necesidad de alivio de la tensión sexual en los órganos sexuales (pulsión de detumescencia), la que lleva a la necesidad de contacto con la piel de otro (pulsión de contrectación)

86 [NT] Habrá que ver qué quiere decir esto más allá de un juicio de valor negativo, al modo de una falta de madurez o de desarrollo acabado de la sexualidad que la habría detenido o congelado de alguna manera en la que es propia de la infancia. Esto nos conecta con los dos ensayos siguientes.

87 [NT] Por otra parte es precisamente esa negación de la sexualidad infantil la que lleva a un mal procesamiento de la misma que desembocará en las estructuras defensivas (neurosis, psicosis o perversiones) que conforman una psicopatología sexual, entendida esta como una mala gestión o una gestión deficiente de la misma.

88 [NT] Lo que nos permitiría una adecuada elaboración de la misma al no negarla como tal.

89 [Nota agregada en 1915: ] Por cierto, no es posible determinar la aportación correspondiente a la herencia sin antes haber estudiado y apreciado la que pertenece a la infancia.

90 Tiempo después, esta afirmación me pareció a mi mismo tan atrevida que me impuse la tarea de volver a cotejarla revisando de nuevo la bibliografía, lo que no hizo sino confirmar mi primera opinión, el resultado, por consiguiente fue dejarla como estaba. El estudio considerado científico de la fenomenología de la sexualidad en la infancia, tanto de sus manifestaciones somáticas como psíquicas, se encuentra aun en sus primeros pasos. Un autor, BELL, J. SANFORD [(1902), “A Preliminary Study of the Emotion of Love between the Sexes”, Amer. J. Psicol.., XIII, p. 327.], observa: “I know of no scientist, who has given a careful analysis of the emotion as it is seen in the adolescent” [“No conozco ningún científico que haya hecho un cuidadoso análisis de la emoción tal como la vemos en los adolescentes”]. Manifestaciones sexuales somáticas del período anterior a la pubertad han sido objeto de atención solamente a raíz de fenómenos degenerativos y como signos de degeneración. En ninguna de las exposiciones [presentaciones] (Darstellungen) de psicología infantil que he leído se encuentra un capítulo sobre la vida amorosa y erótica del niño; esto vale para las conocidas obras de:

PREYER, W. (1882), Die Seele des Kindes, Leipzig;

BALDWIN, J. M. (1895), Mental Development in the Child and the Race, Nueva York [Trad. al alemán, Die Entwicklung des Geistes beim Kinde und bei der Rasse, Berlín, 1898];

PÉREZ, B. (1886, 1894), L’enfant de tríos à sept ans, Paris;

STRÜMPELL, L. (1899), Die pädagogische Pathologie, Leipzig;

GROOS, K. (1904), Das Seelenleben des Kindes, Berlin;

HELLER, Th. (1904), Grundriss der Heilpädagogik, Leipzig;

SULLY, J. (1895), Studies of Childhood, Londres. [Trad. al alemán, Untersuchungen über die Kindheit, Leipzig, 1898.];

y otras.

La revista Die Kinderfehler [Las deficiencias del niño], desde 1896 en adelante, nos parece reflejar mejor que ninguna otra publicación el estado actual de cosas en este campo. No obstante, es evidente que la existencia y la importancia del amor en la vida del niño no necesita ya ser demostrada. Pérez (1886, loc. cit., págs. 272 y sigs.) aboga a favor de ella; K. GROOS [(1899), Die Spiele der Menschen, Jena, pág. 326) menciona como cosa generalmente conocida el hecho de que “muchos niños se muestran desde muy pronto accesibles a mociones sexuales y sienten hacia el otro sexo un impulso de contacto”; el caso más precoz de emergencia de mociones amorosas sexuales (sex-love) en la serie de observaciones de Bell (1902 [pág. 330]) concierne a un niño a mediados de su tercer año. Véase también al respecto: Havelock ELLIS, Das Geschlechtsgefühl (trad. de H. von Kurella), Würzburg, 1903, apéndice II.

[Agregado en 1910: ] El juicio formulado en el texto sobre la bibliografía acerca de la sexualidad infantil ya no puede sostenerse plenamente tras la publicación de la gran obra de HALL, G. STANLEY [(1904), Adolescence: its Psychology and its relations to Physiology, Anthropology, Sociology, Sex, Crime, Religión and Education, 2 vols., Nueva York]. Por el contrario el libro de MOLL, A. [(1909), Das Sexualleben des Kindes, Berlin] no ofrece motivo para una modificación de esa índole. Véase, por otra parte, BLEULER, E. [(1908), “Sexuelle Abnormitäten der Kinder”, Jb. schweiz. Ges. Schulgesundpfl., 9, p. 623].

[Agregado en 1915: ] Después, un libro de HUG-HELLMUTH, H. von [(1913b), Aus dem Seelenleben des Kindes, Leipzig y Viena], ha tomado plenamente en cuenta el descuidado factor sexual en los niños y le ha dedicado la atención que merece y que hasta ahora se le negara.



91 En mi ensayo “Sobre los recuerdos-pantalla” (1899a) intenté solucionar uno de los problemas relativos que se enlazan con los recuerdos infantiles más tempranos.

[Agregado en 1924: ] Cf. también el capítulo IV de mi Psicopatología de la vida cotidiana (1901b)



92 [Nota agregada en 1915: ] No puede comprenderse cabalmente el mecanismo de la represión si se tiene sólo en cuenta uno de estos factores y no la acción conjunta y confluyente de ambos. Podemos comparar este proceso con el modo en que los turistas son llevados hasta la cúspide de la gran pirámide de Gizeh: de un lado los empujan, del otro los atraen [en nuestro caso sería tal vez no para llevar a la cúspide sino al fondo: el núcleo causal de la represión atrae lo que puede asociarse al mismo hacia sí, y la defensa del yo repele asimismo eso displacentero.]

93 [NT] Véanse los artículos de Freud sobre las psiconeurosis de esta época, en particular desde 1893 hasta la publicación de La interpretación de los sueños en 1899.

94 El material de observación en que se basa el cuadro resulta utilizable por la justificada opinión de que podemos esperar que la infancia de los futuros neuróticos no puede diferir esencialmente de la infancia de los después normales [agregado en 1915:], sino sólo en cuanto a la intensidad y claridad [nitidez] de los fenómenos involucrados.

95 Una posible analogía con la trayectoria de la función sexual infantil, tal como yo la postulo, la proporcionaría el descubrimiento de BAYER, H. [(1902), “Zur Entwicklungsgeschichte der Gebärmutter”, Dtsch. Arch. klin.Med., 73, p. 422.] de que los órganos sexuales internos (útero) de los recién nacidos son, por lo general, más grandes que en los niños de más edad. Sin embargo, esta concepción de una involución posterior al nacimiento, que Halban comprobó también para otras partes del aparato genital, no ha sido objeto de una explicación justificada. Según HALBAN, J. [(1904), “Schwangerschaftsreaktionen der fötalen Organe und ihre puerperale Involution”, Z. Geburtsh. Gynäk., 53, p. 191.], este proceso involutivo termina a las pocas semanas después del comienzo de la vida extrauterina.

[Agregado en 1920: ] Los autores que consideran a la región intersticial de las glándulas genitales como el órgano determinante del sexo se vieron forzados a raíz de ciertas investigaciones anatómicas, a hablar a su vez de sexualidad infantil y de período de latencia sexual. Cito un pasaje del libro de LIPSCHÜTZ, A. [(1919), Die Pubertätsdrüse und ihre Wirkungen, Berna, pág. 168], al que ya hice alusión en la n. : “Se responde mucho más a los hechos si se afirma que la maduración de los rasgos sexuales, tal como se produce en la pubertad, no consiste sino en el discurrir de unos procesos que en esa época se aceleran fuertemente, pero ya habían empezado mucho antes –según nuestra concepción, ya en la vida embrionaria-”. “Es probable que lo que hasta ahora se ha denominado simplemente ”pubertad” no sea sino una segunda gran fase de la pubertad, que se inicia a mediados de la segunda década de vida [...] La infancia, contada desde el nacimiento hasta el comienzo de la segunda gran fase, podría designarse como la “fase intermediaria de la pubertad”” (ibid., pág 170). Esta concordancia entre los hallazgos anatómicos y la observación psicológica, destacada en una reseña de FERENCZI, S. [(1920), Reseña de A. Lipschütz, Die Pubertätsdrüse, Int. Z. Psychoanal., 6, pág. 84.], desaparece por la indicación de que el “primer punto de inflexión” del desarrollo del órgano sexual cae dentro del período embrionario temprano, mientras que el temprano florecimiento de la vida sexual ha de situarse en el niño en su tercero y cuarto años. Desde luego tampoco se requiere la total simultaneidad de la conformación anatómica con el desarrollo psíquico. Las investigaciones de referencia se hicieron para las glándulas germinales del ser humano. Puesto que a los animales no les corresponde un período de latencia en sentido psicológico, importaría mucho saber si esos hallazgos anatómicos sobre cuya base los autores suponen dos puntos de inflexión del desarrollo sexual pueden rastrearse también en otros animales superiores.



96 La designación “período de latencia sexual” la he tomado también de Fliess.

97 [NT] Es porque la meta derivada de la pulsión sexual no podría cumplirse, que el peso de la fuerza pulsional se desplaza a una fuerza anímica contraria, que captamos por sus efectos, para preservar el narcisismo y evitar así el displacer.

98 [Nota agregada en 1915: ] En el caso aquí considerado, la sublimación de las fuerzas pulsionales sexuales se realiza por la vía de la formación reactiva. Pero, en general, conviene distinguir conceptualmente sublimación y formación reactiva como dos procesos diversos [la sublimación parece que lograría una descarga parcial de la pulsión sexual]. También puede haber sublimaciones por otros caminos, más simples. [ Un examen teórico posterior de la sublimación se hallará en “Para introducir el narcisismo” (1914c), AE, XIV, y en varios pasajes de El yo y el ello (1923b), caps. III, IV y V. El lector puede si lo desea leer nuestra traducción crítica de estos textos en la web: www.auladepsicoanalisis.com Textos - Freud]

99 [NT] Y con ello tal vez pueda realizarse un tratamiento de la misma más acorde con la tarea de civilización.

100 [NT] Se señalan aquí dos puntos: la idea de que existe una actividad rítmica, algo que puede suscitar o evocar el recuerdo de la actividad sexual, en general; y, por otra parte, una actividad que carece de finalidad vital, esto es no estrictamente necesaria para la vida, y cuyo fin, en este caso, no es la absorción de alimentos (la nutrición).

101 [NT] Obsérvese como Freud no cita aquí como objeto del chupeteo un objeto exterior al niño. Podría decirse que el placer se obtiene in situ, en el lugar mismo en que se genera la excitación, en el propio cuerpo, y que lo más característico es la idea de que los labios mismos pueden ser chupeteados. Pese a todo se escoge en general un objeto distinto de los labios, otra parte del cuerpo, en especial el pulgar, que puede llegar a ser –como dirá Freud- una especie de zona erógena secundaria.

Enseguida nos indicará una transición, un desplazamiento acompañado por una masturbación ya más explícita: se explora el cuerpo, se descubren zonas más particularmente adecuadas a la satisfacción.



102 Encontramos y aquí algo que será vigente toda la vida: la satisfacción sexual es el mejor relajante y el mejor remedio contra el insomnio, de tal manera que podemos llegar a atribuir la mayoría de los casos de insomnio nervioso a una insatisfacción sexual. Se sabe que algunas niñeras sin escrúpulos calman y duermen a los niños acariciándoles los genitales.

[NT] Obsérvese como Freud aduce como uno de los argumentos que le permiten afirmar que nos hallamos ante una manifestación sexual la presencia de fenómenos de apariencia orgásmica. Freud describirá en otros lugares esos fenómenos paraorgásmicos o pseudoorgásmicos, si podemos decirlo así, como fenómenos vasomotores, de congestión, de espasmos, o como una actividad rítmica que desemboca en un adormecimiento, una vez el placer ha alcanzado su punto culminante.



103 [Nota agregada en 1920: ] En 1919, en el número 20 del Neurologisches Zentralblatt, un tal doctor GALANT [“Sexualleben im Säuglings- und Kindesalter”, Neurol. Zbl., 38, p. 652. Reimpreso en Int.Z. Psychoanal., 6 (1920)], publicó, bajo el título: “Das Lutscherli” (“El chupete”), la confesión de una muchacha adolescente que no había abandonado esta actividad sexual infantil y que describe la satisfacción que le procura el chupeteo (Lutscherli) como enteramente análoga a una satisfacción sexual, en particular comparable a la que emana de los besos de la persona amada. “No todos los besos se asemejan al placer que da el chupeteo. ¡No, no; ni mucho menos! Es imposible transmitir mediante una descripción el goce que a una le recorre todo el cuerpo mientras chupa; simplemente una pierde el mundo de vista, hasta quedar totalmente feliz y satisfecha y no se desea nada más (wunschlos glücklich). Es una sensación maravillosa, inefable, no se siente ningún dolor ni pena durante el acto, una sensación de paz y bienestar que pide no ser interrumpida; realmente una se ve transportada a otro mundo”.

104 [NT] Basándose en la descripción anterior del chupeteo Freud pasa a definir el concepto de Autoerotismo.

105 [Nota agregada en 1920: ] Es verdad que Havelock Ellis ha definido el término “Autoerótico” de manera un poco distinta, en el sentido de una excitación que no es provocada desde fuera, sino que se engendra en la propia interioridad. Para el psicoanálisis, en este caso, lo esencial no es el origen o la génesis, sino la relación con un objeto.*

*[NT] H. Ellis en el artículo citado acuña el término y formula la siguiente definición de Autoerotismo: “Por autoerotismo entiendo los fenómenos de sensación y emoción sexual espontánea producidos en ausencia de todo estímulo externo, ya sea directo o indirecto”. Así H. Ellis, parece definir más bien el autoerotismo en relación con la presencia o ausencia de una estimulación externa o interna, mientras que para Freud el peso de la definición del autoerotismo recae sobre la relación con el objeto, ya que efectivamente el autoerotismo aquí se define por la ausencia de objeto (externo).



106 [NT] El ‘objeto externo’ cae y sobre ese ‘agujero’ o vacío, dejado por esa pérdida o caída, se fundan el resto de los objetos sustitutos. Así pues los labios buscarían el placer en sí mismos, o acaso en otros labios, en el beso, que no sería más que un ‘peor-es-nada’ del placer en su propio lugar.

107 [NT] Tal vez a falta de besos

108 [NT] Podemos definir zona erógena como toda parte del cuerpo susceptible de ser el asiento de una excitación y de sensaciones de tipo sexual, es decir capaces de provocar placer sensual.

109 [NT] Con esto se formula la idea de que hay una erogeneidad general que supera ampliamente, como potencialidad, lo que va a concretarse como localización particular, hasta el punto de que es una erogeneidad atribuible no sólo a la piel, sino también al sistema músculo-esquelético o a los órganos internos

110 [Nota agregada en 1920: ] En las explicaciones de carácter biológico es muy difícil dejar de recurrir a la teleología, aunque sepamos muy bien que esta orientación tiene una base especulativa y que no garantiza contra el error.

111 Véase acerca de esto la bibliografía sobre la masturbación, muy abundante, pero casi siempre desorientada en cuanto a los puntos de vista que adopta; por ejemplo ROHLEDER, H. [(1899), Die Masturbation, Berlin].

[Agregado en 1915: ] También el informe del debate en torno a este tema en la Sociedad Psicoanalítica de Viena (Diskussionen der Wiener Psychoanalytischen Vereinigung, Die Onanie, Wiesbaden, 1912 [y en particular la contribución del propio Freud a dicho debate (1912f), “Zur Onanie-Diskussion”, AE, XII]



112 [Nota agregada en 1910: ] Cf. mi ensayo “Carácter y erotismo anal” (1908b)

[Agregado en 1920:] y “Sobre las transposiciones de la pulsión, en particular del erotismo anal” (1917c).



113 [NT] ¿Podrían tal vez, si no en todos los casos al menos en algunos, considerarse las hemorroides como el síntoma de una zona anal descuidada como zona erógena?

114 [Nota agregada en 1920:] En un trabajo que ha contribuido extraordinariamente en la comprensión de la importancia y del significado del erotismo anal, Lou ANDREAS-SALOMÉ [(1916) “‘Anal’ und ‘Sexual’”, Imago, 4 (Trad. castellana en Imago, 10, p. 7-47; asimismo en)] consigna la historia de la primera prohibición que recibe el niño, la prohibición de procurarse placer por medio de la actividad anal y sus productos. La manera en que se haya ejercido esta prohibición así como el aprendizaje del control de los esfínteres ejerce una influencia determinante sobre todo su desarrollo posterior. A raíz de ella, el pequeño comienza a darse cuenta de la existencia de un mundo exterior hostil a sus impulsos pulsionales, y puede comenzar a aprender a separar y a diferenciar su propio ser de esos otros incomprensibles que le rodean y a desarrollar progresivamente la primera “represión” de sus posibilidades de placer. Lo “anal” permanecería desde entonces como el símbolo de todo lo prohibido, de todo lo que hay que desechar [rechazar] (verwerfen), segregar de la vida [la mierda]. El tajante divorcio que más tarde se exige entre procesos anales y genitales está sin embargo en contradicción con las estrechas analogías y vínculos anatómicos y funcionales entre ambas zonas y los procesos asociados a las mismas. El aparato genital sigue vecino a la cloaca [conjunto de órganos vinculados a la excreción] y [para citar a Lou Andreas-Salomé] “más aún en el caso de la mujer, donde constituye una “dependencia” del mismo [en el caso del meato urinario] o prácticamente adosado al mismo [caso del orificio anal]”*

*[NT] De todos modos no deja de llamar la atención el que en el caso del hombre el aparato genital sea a su vez el aparato urinario y que exista un orificio único por el que se expulsa tanto la orina como el liquido seminal; mientras que en el caso de la mujer pueden distinguirse tres órganos: el clítoris, como órgano exclusivo generador de placer, el meato urinario y el orificio vaginal. No podemos subestimar esa diferencia anatómica por lo que al destino sexual de ambos sexos se refiere, y que por cierto en absoluto podríamos confundir con una falta, si no como la presencia de otros órganos genitales, precisamente estos “agujeros” de los que no puede gozar como tales el hombre, lo que sin duda también es el caso respecto a la mujer por lo que se refiere al genital propiamente masculino, se puede gozar con él, pero no de él. Así pues si no se niega esta diferencia sexual la “castración fálica” o la falta del otro genital vale para ambos sexos. La falta se refiere a ciertos órganos o partes del cuerpo en el cuerpo propio y a la falta de objeto sexual o de ciertas partes del cuerpo de este en él.




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