Tres ensayos de teoría sexual



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36 [NT] Freud critica, como podemos ver, no sólo la concepción popular, sino también la primera definición que el mismo había propuesto cuando definió el objeto como la persona que ejerce una atracción sexual. Ahora dice, en cambio, que es incluso un error creer que la pulsión sexual esté determinada por la excitación proveniente del objeto. Podríamos decir que el fin sexual a través del objeto y las acciones correspondientes con este es la satisfacción: la obtención de placer, y esta satisfacción es prioritaria respecto de aquello “en lo cual” esta acción placentera encuentra su culminación. En este sentido podemos hablar de una contingencia del objeto, pues en la medida en que el objeto es aquello “en lo cual” el fin logra realizarse, poco importa después de todo la especificidad, la individualidad del objeto: basta con que posea ciertos rasgos capaces de permitir que la acción satisfactoria pueda realizarse, esto es, en sí mismo permanece relativamente indiferente, contingente, y puede decirse que la fijeza y flexibilidad del mismo se deben a esto. El carácter atractivo del objeto, que lo hace objeto del deseo para el sujeto en cuestión se halla no en los caracteres intrínsecos de este que despertarían el estímulo sexual, sino en la condición extrínseca al mismo e inherente al sujeto de deseo que lo determina como argumento de la función causal del deseo que se halla en el sujeto para el que el objeto deviene objeto de deseo sexual en función de las condiciones eróticas del mismo. Será la idea que después promoverá Lacan con su noción de objeto a causa de deseo, cuya relación con el sujeto dividido determinará el fantasma como mediador erógeno con el otro semejante.

37 [Nota agregada en 1910: ] La diferencia más honda [radical] entre la vida sexual de los antiguos y la nuestra reside, acaso, en el hecho de que ellos ponían el acento en la pulsión misma, mientras que nosotros lo ponemos sobre su objeto. Ellos celebraban la pulsión y estaban dispuestos a ennoblecer con ella incluso a un objeto inferior, mientras que nosotros menospreciamos el quehacer pulsional mismo y lo disculpamos sólo por las excelencias del objeto.

38 [NT] Esta segunda sección versa sobre ‘las desviaciones en referencia al fin sexual’. Se refiere en otros términos a todas las prácticas perversas, las que se realizan en el seno de un acto sexual que culmina, no obstante en el coito, en el orgasmo –por lo tanto lo que se ha dado en llamar fines preliminares-, como a las perversiones en que los fines sexuales no genitales o extragenitales, están fijados, ocupan el primer plano o incluso son exclusivas. Aquí lo que Freud va a mostrar es la fragmentación y, por lo tanto la multiplicidad de los fines sexuales. El hecho es que estos fines que parecen ser únicos y estar incluidos en cierta tendencia que culmina en el orgasmo, son, en rigor múltiples, diversificadas, y susceptibles de ser independientes. Por consiguiente, el fin sexual no es único; se halla fragmentado, diversificado en fines parciales, y estos se vinculan sobre todo con zonas o partes del cuerpo que son, justamente, las zonas erógenas.

39 No puedo dejar de recordar a raíz de esto la crédula obediencia del hipnotizado a su hipnotizador, que me hace sospechar que la esencia de la hipnosis ha de situarse en la fijación inconsciente de la libido sobre la persona del hipnotizador [por medio de los componentes masoquistas de la pulsión sexual]. [Agregado en 1910:] FERENCZI, S. [(1909), “Introjektion und Übertragung”, Jb,. psychoanalyt. psychopath. Forsch., 1, pág. 422. [Trad. cast.: “Introyección y transferencia” en FERENCZI, S., Obras completas, vol. I, RBA, col Biblioteca de Psicoanálisis, cap. VII, p. 129-164; asimismo en Sexo y psicoanálisis, Bs. Aires, Hormé, cap. II, p. 35-] ha vinculado este carácter de la sugestionabilidad con el “complejo parental”.

40 [En las ediciones anteriores a 1920 se añadía al final de este párrafo la siguiente oración: “El surgimiento de estas extensiones anatómicas extremadamente variadas implica una necesidad de variación que Hoche denominó ‘hambre de estímulo’ (Reizhungers)”. Las primeras dos oraciones de la nota que sigue se agregaron en 1915; antes de esa fecha la nota comenzaba así: “Ulteriores consideraciones me han llevado a concluir que I. Bloch sobrestimó la importancia teórica del factor del ‘hambre de estímulo’ ”. En 1920 Freud dio su forma definitiva actual a toda la nota y al párrafo correspondiente del texto:] Cabe observar, sin embargo, que la sobrestimación sexual no se despliega a raíz de todos los mecanismos de la elección de objeto, y que más adelante conoceremos otra explicación, más directa, del papel sexual de las otras partes del cuerpo. El factor del ‘hambre de estímulo’, aducido por Hoche y Bloch para explicar la extensión del interés sexual a otras partes del cuerpo además de los genitales, no me parece merecer la importancia que ellos le dan. Los diversos caminos que sigue la libido se comportan entre sí como vasos comunicantes, y es preciso tener en cuenta el fenómeno de la corriente colateral.

41 [Nota agregada en 1920] Típicamente, falta en la mujer una “sobreestimación sexual” del hombre, en cambio, salvo en raras ocasiones, hace objeto de la misma a sus hijos.

42 [Nota agregada en 1915:] Esta debilidad correspondería a una premisa constitucional. El psicoanálisis ha mostrado, como condición accidental, la temprana intimidación sexual, que aparta del fin sexual normal por miedo e incita a la sustitución.

43 [Nota agregada en 1920: ] Una indagación psicoanalítica llevada más a fondo permitió formular una justificada crítica a la afirmación de Binet. Todas las observaciones pertinentes contienen un primer encuentro con el fetiche en que este ya había suscitado el interés sexual, sin que por las circunstancias concomitantes pudiera comprenderse cómo llegó a hacerlo. Y, además, todas estas impresiones sexuales “tempranas” corresponden al período posterior al quinto o sexto año, mientras que el psicoanálisis nos hace dudar que unas fijaciones patológicas puedan ser neoformaciones tan tardías. He aquí el verdadero estado de cosas: tras el primer recuerdo de la emergencia del fetiche hay una fase sepultada y olvidada del desarrollo sexual que es subrogada por el fetiche como si fuera un “recuerdo encubridor”, cuyo resto y decantación es entonces el fetiche. El vuelco al fetichismo de esta fase, que corresponde a los primeros años de la infancia, así como la elección del fetiche mismo, están determinados constitucionalmente.

44 [Nota agregada en 1910: ] Y correlativamente, el zapato o la pantufla son símbolos de los genitales femeninos.

45 [NT] Freud se refiere a las pieles de animales utilizadas como abrigo. Aunque también es verdad que la piel misma, su finura, su tersura, su color pueden funcionar como fetiche.

46 [Nota agregada en 1910: ] El psicoanálisis ha llenado una de las lagunas que subsistían en la comprensión del fetichismo señalando la importancia, en la elección del fetiche, de un placer de oler coprófilo, perdido por represión. El pie y los cabellos son objetos fuertemente olorosos, elevados a la condición de fetiche tras la renuncia a la sensación olfativa devenida displacentera. De acuerdo con esto en la perversión correspondiente al fetichismo del pie, sólo es objeto sexual el pie sucio y maloliente. Otra contribución al esclarecimiento de la preferencia fetichista por el pie resulta de las teorías sexuales infantiles a las que más adelante nos referiremos. El pie sustituye al “pene” faltante de la mujer, cuya falta se echa fuertemente de menos. [Agregado en 1915: ] En muchos casos de fetichismo del pie puede demostrarse que la pulsión de ver, originariamente dirigida a los genitales y que quería alcanzar su objeto desde abajo, quedó detenida en su camino por prohibición o represión y por eso retuvo como fetiches al pie o al zapato. Y en este proceso los genitales femeninos se imaginaron, de acuerdo con la expectativa infantil, como masculinos.

En la versión de Strachey (en la Standard Edition inglesa de las obras completas de Freud en 24 vols.) figura aquí la siguiente aclaración: La importancia de la represión del placer de oler había sido señalada por Freud a Fliess en sus cartas del 11 de enero y el 14 de noviembre de 1897. Volvió sobre el tema al final de su historial clínico del “Hombre de las ratas” (1909d), SE, X, págs. 247-8, y lo examinó con extensión considerable en dos largas notas al pie de El malestar en la cultura (1930a), SE, XXI, págs. 99 y 106. El tema del fetichismo fue desarrollado en su trabajo de este título (1927e), y de nuevo en un fragmento publicado póstumamente sobre “La escisión del yo en el proceso defensivo” (1940e), SE, XXIII, pág. 277, y en el Esquema del psicoanálisis (1940a), SE, XXIII, págs. 202-204.]



47 [NT] Según parece esta sería la primera vez que en una obra de Freud aparece el término “sublimación”, cuyo concepto no es fácil de definir a partir del contexto. El arte en sus diversas facetas: literatura, pintura, escultura, artes visuales, permite sin duda producir de algún modo objetos sexuales que sólo existen realmente en el ámbito de la ficción, lo cual no impide que produzcan su efecto excitador de la sexualidad y de ahí su función en este sentido. La excitación sexual es necesaria como condición para la descarga libidinal que anime la pulsión de vida del sujeto y reduzca su pulsión de muerte, siempre en terminología freudiana.

48 [Nota agregada en 1915: ] Me parece indudable que el concepto de lo “bello” tiene su raíz en el campo de la excitación sexual y originariamente significó lo que estimula sexualmente. [La palabra alemana Reiz significa tanto “estímulo” como “encantos”.] Puede conectarse con eso el hecho de que en verdad no parece demasiado justificado per se encontrar “bellos” los genitales cuya vista o contemplación puede suscitar la más viva excitación sexual [y que sin duda normalmente están relacionados con el placer].

49 [NT] En las ediciones anteriores a 1924 decía aquí: “tras un solo análisis”.

50 [Nota agregada en 1920: ] El análisis revela en esta perversión –así como en la mayoría de otras- una inesperada multiplicidad en cuanto a sus motivos y significaciones. La compulsión exhibicionista, por ejemplo, depende también estrechamente del complejo de castración; insiste una y otra vez en la integridad de los propios genitales (masculinos) y repite la satisfacción infantil por la falta de miembro en los genitales femeninos, en la mujer [por así decirlo habría una necesidad de reafirmar: “Yo lo tengo o todavía lo tengo”, y tal vez “tu no”, respondiendo a una necesidad de humillación o de agresión a la mujer o buscando que ella muestre si lo tiene, etc., en una forma de control de la angustia de castración]

51 [NT] Es interesante llegado este punto constatar la relación que puede hacerse entre estas formas fenoménicas de la perversión y las formas o voces verbales (asociadas al verbo): voz activa: mirar; voz pasiva: ser mirado. A estas podrían agregarse incluso la voz reflexiva: mirar-se y la voz activa con fin pasivo: hacerse mirar. Y hasta podría hablarse de una voz pasiva con fin activo, como es el caso de la seducción: ser mirado para que el otro haga lo que yo deseo.

52 [NT] Del griego, , “dolor”, y , “libertinaje”.

53 [NT] La ambigüedad del término conquistar respondería a esta doble vía para lograr poseer al objeto sexual. Así pues, Freud vincula el sadismo con la necesidad sexual de dominar al objeto de la pulsión para que esté disponible para satisfacer el fin sexual. El sadismo como efecto de la necesidad de poseer al objeto sexual por la fuerza, comporta la negación del mismo en su condición de sujeto de deseo a su vez lo que de ponerse en juego opera como factor limitante del goce del sujeto en cuestión, que sólo puede vencerlo, al no obtener su aquiescencia de buen grado, esto es sin su consentimiento, imponiéndose al deseo del otro, es decir contrariándolo.

54 [NT] En las ediciones de 1905 y 1910, en este punto del texto aparecían las siguientes dos oraciones: “Con la misma certeza puede derivarse al menos una de las raíces del masoquismo. Proviene de la sobreestimación sexual como consecuencia psíquica necesaria de la elección de un objeto sexual”. Desde 1915 estas dos oraciones se suprimieron, intercalándose en su reemplazo los dos parágrafos que siguen.

55 [Nota agregada en 1924] Consideraciones posteriores, que pudieron apoyarse en determinadas hipótesis acerca de la estructura del aparato anímico y de las clases de pulsiones operantes en él, me hicieron modificar en buena medida mi juicio sobre el masoquismo, mi concepto del mismo. me vi llevado a admitir finalmente un masoquismo primario –erógeno-, a partir del cual se desarrollan dos formas posteriores: el masoquismo femenino y el masoquismo moral. Por reversión hacia la propia persona del sadismo que no encuentra aplicación en la vida, nace un masoquismo secundario que viene a añadirse al primario. [Para un desarrollo de estos conceptos, véase el artículo de FREUD al respecto (1924c) “El problema económico del masoquismo”, AE, XIX.]

56 [NT] Hace de sí mismo ahora el objeto sexual mediante un desplazamiento de la cadena verbal en el sentido de maltratar – maltratar-se – hacerse maltratar - ser maltratado.

57 [NT] Tal vez sería mejor hablar de fines activos y fines pasivos de la pulsión sexual que conforma la vida sexual del sujeto, pues la pulsión siempre es activa como tal. De todos modos en relación con la vida sexual el sujeto se encuentra sometido a una posición doble: como sujeto del deseo, o agente activo o pasivo del mismo, y como objeto del deseo, paciente activo o pasivo del mismo; por otra parte, como subraya Lacan: “El deseo es deseo del otro/Otro”, tanto en el sentido del genitivo objetivo (de tener a otro como objeto), como en el sentido del genitivo subjetivo (de proceder del Otro de uno mismo, y de ahí que como deseo no es dominable en su aparición), en todo caso el deseo introduce la dependencia del sujeto de una alteridad intrínseca o extrínseca, lo que de algún modo contraría su independencia y su autonomía como sujeto, de ahí la ambivalencia universal del sujeto con respecto al deseo, que hace que “no quiera lo que desea” y/o “quiera lo que no desea”, o dicho de otra manera que “desee lo que no quiere” o “no desee lo que quiere”. En todo caso la dificultad se halla en “querer lo que uno desea” y “desear lo que uno quiere” afrontando las consecuencias de la acción que puede derivarse de la realización del deseo.

58 [NT] En lenguaje figurado podría hablarse de incorporar o devorar al objeto sexual para hacerlo suyo, para tenerlo para sí, sin que su dependencia del mismo esté a merced de sus movimientos ajenos o autónomos o de su disponibilidad como objeto sexual, “evitando” así el sufrimiento que pueda comportar su ajenidad y alteridad. El problema, como loe sucedía a la paloma de Kant que pretendía que sin la resistencia del aire podría volar a sus anchas, es que en el proceso mismo de apropiación o de devoración del objeto lo destruye como tal.

59 [Nota agregada en 1915:] Cf. Sobre esto mi posterior comunicación sobre las fases pregenitales del desarrollo sexual, que confirman esta perspectiva.

60 [Nota agregada en 1924: ] Mis indagaciones antes mencionadas [nota anterior] me han permitido derivar, para el par de opuestos sadismo-masoquismo, una posición especial basada en su origen pulsional, posición que lo hace sobresalir en la serie de las otras “perversiones”.

61 En vez de multiplicar las pruebas en apoyo de esta afirmación, me limito a citar un pasaje de H. ELLIS [(1903), Das Geschlechtsgefühl (El sentimiento sexual)]: “La investigación de historiales de sadismo y masoquismo, incluso los comunicados por Krafft-Ebing, revelan –como ya lo señalaron Colin Scott y Féré-, constantemente las huellas de ambos grupos de fenómenos en el mismo individuo”.

62 [Nota agregada en 1915: ] Cf. más adelante mi examen de la “ambivalencia”.

63 [NT] La perversión no cesa de subrayar frente al instinto o a la necesidad, frente a la fijeza del objeto y del fin asociado a estos, la plasticidad asociada a los procesos de la pulsión sexual. Plasticidad que, por otra parte, halla un lugar legítimo en la vida sexual normal de los sujetos. A partir de ahí será todo el proceso sexual que quedará enmarcado dentro de las vicisitudes de la pulsión o de la deriva habitual del deseo sexual. De todos modos aquí la idea de perversión como “patológica” está asociada a un mecanismo de defensa del sujeto de la misma que desvía, reprime –dice Freud- de algún modo una parte de su sexualidad.

64 GOETHE, Fausto, “Preludio en el teatro”. El verso en cuestión cierra este preludio que sigue a la “Dedicatoria” y que continúa con un “Prólogo al cielo”

65 [Nota agregada en 1915: ] Por otra parte, en estos poderes que aparecen como un dique al desarrollo sexual –asco, pudor o vergüenza y moralidad- es preciso ver también un sedimento o residuo histórico de las inhibiciones externas que la pulsión sexual experimentó en la psicogénesis de la humanidad. En el desarrollo del individuo se observa que emergen en su momento, como espontáneamente, a una señal de la educación y de la influencia externa.

66 [NT] El estudio de las perversiones conduce así a Freud a la idea de pulsión parcial, a la que dedicará todo un desarrollo (Cf. &5) después de la confrontación neurosis / perversión (&4). En los neuróticos, al igual que en los niños, las pulsiones parciales dialectizan el conjunto de la dinámica sexual. Freud puede señalar que estos componentes pulsionales de la sexualidad, primero autónomos o aislados, se organizan secundariamente, desde el período de la pubertad, alrededor de la primacía de la zona genital, que aparecerá entonces como la zona erógena colectora de todas esas pulsiones parciales, a través de la cual la libido, procedente de aquellos podrá derivarse. Estas pulsiones parciales son las que persisten como tendencias perversas en el acto sexual normal bajo la forma de “placer preliminar”. En la perspectiva freudiana, la sexualidad perversa se halla en el fundamento mismo de la sexualidad normal o normativizada (véase el & 7 de este mismo capítulo o ensayo).

67 [Nota agregada en 1920: ] Anticipándome a lo que diré luego acerca de la génesis de las perversiones, hago notar que se puede suponer con buenos fundamentos que antes de que se fijasen preexistió, tal como ocurre en el caso del fetichismo, un esbozo de desarrollo sexual normal. La investigación psicoanalítica ha podido mostrar, hasta ahora en casos aislados, que también la perversión es el saldo de un desarrollo hacia el complejo de Edipo, tras cuya represión retornan los componentes de la pulsión sexual que en la constitución del sujeto poseían mayor intensidad.

68 [NT] También podría hablarse de pulsión sexual neurotizada, si se quiere, o no (bien o adecuadamente) erotizada. Aquí también queda subrayado el aspecto defensivo frente a un deseo sexual rechazado o no incorporado asociado a la neurosis, que constituye el efecto de este proceso defensivo.

69 [NT] El método “catártico”, realizado bajo hipnosis y que buscaba la llamada abreacción del afecto o de la emoción estancado vinculado a un acontecimiento traumático para el sujeto y que por consiguiente sigue activo afectivamente asociado a ciertas representaciones inconscientes, es pues el antecedente prepsicoanalítico inmediato del psicoanálisis freudiano.

70 [NT] En el “Epílogo” al historial clínico de “Dora”, en AE, vol VII, p. 100.

71 [NT] Participación (Betatigung) sexual, es decir el modo en que la pulsión sexual (sexualidad), impedida u obstaculizada de algún modo, interviene o se manifiesta de manera “patógena” en ellos, el modo como estas dan parte o comunican la pulsión sexual. Be-, partícula que convierte en activo algo neutro; Tatig, campo de acción de algo.

72 [Nota agregada en 1920: ] No restrinjo ese enunciado, más bien lo completo, al modificarlo de este modo: Los síntomas neuróticos se basan, por una parte, en la reivindicación [exigencia] (Anspruch) de las pulsiones libidinales y, por otra, en la objeción, el veto o contrareacción [contraexigencia] (Einspruch) del yo [por razones que habrá que dilucidar y explicitar].

[NT] Obsérvense los dos términos que utiliza Freud en alemán y que hemos puesto entre paréntesis en esta nota, prácticamente indistinguibles a nivel fonemático, que comportan una suerte de condensación de sentidos antitéticos.



73 [NT] Podríamos hablar de una escritura cifrada, a la manera de un jeroglífico [rebus], eso constituye la formación de compromiso del inconsciente (p. ej. sueño, síntoma analizable, etc.], que como tal el sujeto no sabe leer, debido a que el código que la haría susceptible de una lectura correcta es también inconsciente. El método analítico, aplicado con éxito, permitiría recuperar ese código [singular y no universal] y realizar una lectura correcta de la formación del inconsciente, lo que de acuerdo con Freud pondría en contacto [haría consciente] el sujeto con su deseo sexual en souffrance, en espera sufriente, por así decirlo, en tanto no realizado y tal vez no realizable. De ahí la ambivalencia del yo, entendido como la instancia con la que se identifica el sujeto consciente, respecto de la razón del síntoma, al aparecer como problemática la realización del deseo. El deseo se funda en la pulsión sexual, que el sujeto necesariamente debe afrontar en tanto la misma [Cf. FREUD, S. (1915), Pulsiones y destinos de la pulsión. Trad. de J. Bauzá en www.auladepsicoanalisis.com ] constituye un estímulo interno irreductible salvo por satisfacción real [o “sublimada” (?)], esto es el sujeto no puede huir verdaderamente de la misma cual si se tratara de un estímulo externo y necesariamente debe afrontarla, darle respuesta. La formación del inconsciente puede interpretarse así como una formación de compromiso del sujeto, entre la defensa del yo que lo incita a la huida [sólo realizable en la fantasía ilusoriamente] y la presión del Ello que lo incita al trabajo de satisfacción de la pulsión. El sufrimiento de la insatisfacción sexual se ha desplazado o transferido, por así decirlo, al sufrimiento asociado al síntoma, que aparece así como una formación sustitutiva, evitándole así al sujeto la responsabilidad de su causa, hacerse cargo de ella. El sujeto vive así el síntoma como una “enfermedad” ajena, esto es, como un mal que le viene de afuera, y esta vivencia opera como resistencia.



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