Tres ensayos de teoría sexual


I Las aberraciones [desviaciones, variaciones, variantes] sexuales (Die Sexuellen Abirrungen)14



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I
Las aberraciones [desviaciones, variaciones, variantes] sexuales (Die Sexuellen Abirrungen)14

Para explicar el hecho de la existencia de necesidades sexuales [derivadas de la condición sexuada animal] (die geschlechtlichen Bedürfnisse) en el hombre y el animal15 la Biología formula la hipótesis de una «pulsión16 sexual» (Geschlechtstriebes). En eso se procede por analogía con la pulsión de nutrición: el hambre17. El lenguaje popular carece de un término correspondiente a la palabra «hambre»; la ciencia usa para ello «libido»18.

La opinión popular tiene representaciones (Vorstellungen) bien precisas acerca de la naturaleza y las propiedades de esta pulsión sexual. Faltaría en la infancia, advendría [surgiría] en la época de la pubertad y se constituiría en conexión con el proceso de maduración [genital-somática]19 que sobreviene en ella y que le está asociado, se exteriorizaría en las manifestaciones de atracción más o menos irresistible que un sexo ejerce sobre el otro20, y su meta sería la unión sexual [el coito] o, al menos, las acciones que apuntan en esa dirección21.

Pero tenemos pleno fundamento para discernir en esas indicaciones un reflejo o copia [reproducción] muy infiel de la realidad; y si las miramos más de cerca [analizamos detenidamente], las vemos plagadas de errores, imprecisiones y conclusiones apresuradas.


[DEFINICIÓN DEL OBJETO SEXUAL Y DE LA META O FIN SEXUAL]
Antes de entrar en su discusión, introduzcamos dos términos y fijemos el sentido en que los utilizaremos: llamamos objeto sexual (das Sexualobjekt) al ente [una persona, por lo general] del que parece partir la atracción sexual, y meta sexual (Sexualziel) a la acción (die Handlung) hacia la cual presiona o empuja la pulsión. Si hacemos esto, la experiencia espigada científicamente [pasada por el tamiz de la ciencia] nos muestra la existencia de numerosas desviaciones [divergencias, variantes] respecto de ambos, el objeto sexual y la meta sexual, desviaciones cuya relación con la norma supuesta [lo considerado normal] exige una indagación a fondo.
1. Divergencias [Desviaciones, variaciones] en referencia [relativas] al objeto sexual (Abweichungen in bezug auf das Sexualobjekt).
La fábula poética de la partición [sección] del ser humano en dos mitades -macho y hembra- que aspiran a reunirse de nuevo en el amor se corresponde de maravilla con la teoría popular de la pulsión sexual22. Por eso causa una gran extrañeza enterarse de que hay hombres cuyo objeto sexual no es la mujer, sino el hombre, y mujeres que no tienen por tal objeto al hombre, sino a la mujer, es decir personas cuyo objeto sexual no es una persona de sexo contrario, sino otra de su mismo sexo. A esas personas se las denomina de sexo contrariado (Konträrsexuale) o, mejor, invertidas; y al hecho mismo, inversión. El número de esas personas es muy elevado, aunque es difícil averiguarlo con certeza23.
A. La inversión
1CONDUCTA DE LOS INVERTIDOS. Las personas en cuestión se comportan de manera por entero diversa en diferentes respectos.
[CLASIFICACIÓN SEGÚN EL COMPORTAMIENTO]
a. Pueden ser invertidos absolutos, es decir, su objeto sexual tiene que ser de su mismo sexo, de tal manera que el sexo opuesto nunca es para ellos objeto (Gegenstand) de anhelo (Sehnsucht) sexual, sino que los deja fríos y hasta les provoca repugnancia [aversión sexual]. Si se trata de hombres, esta repugnancia los incapacita para ejecutar el acto sexual normal, o no extraen ningún goce al ejecutarlo.

b. Pueden ser invertidos anfígenos (hermafroditas psicosexuales) [hoy se hablaría de bisexuales], es decir, su objeto sexual puede pertenecer tanto a su mismo sexo como al otro; la inversión no tiene entonces el carácter de la exclusividad.

c. Pueden ser invertidos ocasionales, es decir, bajo ciertas condiciones exteriores, entre las que destacan la inaccesibilidad del objeto sexual normal y la imitación, pueden tomar como objeto sexual a una persona del mismo sexo y sentir satisfacción [placer] en el acto sexual con ella.
[EL JUICIO DE LOS INVERTIDOS ACERCA DE SU INVERSIÓN]
Los invertidos muestran, además, una conducta diversa en su juicio acerca de la particularidad de su pulsión sexual. Algunos toman la inversión como algo natural, tal como el normal considera la orientación [heterosexual] de su libido, y defienden (vertreten) con energía su igualdad de derechos respecto de los normales; otros se sublevan contra el hecho de su inversión y la sienten como una compulsión patológica24.
[LAS RELACIONES TEMPORALES DE LA INVERSIÓN]
Otras variaciones se refieren a las relaciones temporales. El rasgo de la inversión data en el individuo desde siempre, hasta donde llega su recuerdo, o se le hizo notable sólo en determinada época, antes o después de la pubertad25. Este carácter puede conservarse durante toda la vida, o bien desaparecer en algún momento, o bien representar un episodio en la vía hacia el desarrollo normal; y aun puede exteriorizarse sólo más tarde en la vida, trascurrido un largo período de actividad sexual normal. También se ha observado una fluctuación periódica entre el objeto sexual normal y el objeto sexual invertido. Particular interés presentan los casos en que la libido se altera en el sentido de la inversión después que se tuvo una experiencia penosa con el objeto sexual normal.

En general, estas diversas variantes coexisten y se manifiestan con independencia unas de otras. En el caso de la forma más extrema tal vez pueda suponerse regularmente que la inversión existió desde una época muy temprana y que la persona se siente conforme con su peculiaridad.

Muchos autores se negarían a reunir en una unidad los casos aquí enumerados y preferirían destacar las diferencias entre estos grupos en vez de sus rasgos comunes, lo cual guarda relación estrecha con la manera en que prefieren apreciar la inversión. Ahora bien, por justificadas que estén las separaciones [diferenciaciones], no puede desconocerse que se descubre la existencia de numerosos grados intermedios, de suerte que el establecimiento de series graduales se impone en cierto modo por sí solo.
[ETIOLOGÍA DE LA INVERSIÓN]
2CONCEPCIÓN [CONCEPTO] DE LA INVERSIÓN. La primera apreciación de la inversión consistió en concebirla como un signo innato de degeneración nerviosa, en armonía con el hecho de que los observadores médicos tropezaron por primera vez con ella en enfermos nerviosos o en personas que producían esa impresión. Esta caracterización contiene dos notas que deben ser juzgadas independientemente: el carácter innato y la degeneración.
3DEGENERACIÓN [CRÍTICA DE LA NOCIÓN DE DEGENERACIÓN]. La degeneración está expuesta a las objeciones que se elevan, en general, contra el uso ambiguo e indiscriminado de este término. Se ha hecho costumbre imputar a la degeneración todo tipo de manifestación patológica que no sea de origen estrictamente traumático o infeccioso. La clasificación de los degenerados propuesta por Magnan hace que ni siquiera una actividad nerviosa de óptima conformación general quede necesariamente excluida de la aplicación de ese concepto. En tales circunstancias, cabe preguntarse qué utilidad y qué nuevo contenido posee en general el juicio «degeneración». Parece más adecuado hablar de degeneración sólo cuando:

1) coincidan varias desviaciones graves respecto de la norma;

2) la capacidad de rendimiento y de supervivencia aparezcan gravemente deterioradas26.

Varios hechos hacen ver que los invertidos no son degenerados en este sentido legítimo del término:


1. Hallamos la inversión en personas que no presentan ninguna otra desviación grave respecto de la norma.

2. La hallamos en personas cuya capacidad de rendimiento no sólo no está deteriorada, sino que poseen un desarrollo intelectual y una cultura ética particularmente elevados27.

3. Si prescindimos de los pacientes que se nos presentan en nuestra experiencia médica y procuramos abarcar un círculo más vasto, en dos direcciones tropezamos con hechos que impiden considerar la inversión como signo degenerativo:

a) es preciso considerar que en pueblos antiguos, en el apogeo de su cultura, la inversión fue un fenómeno frecuente, casi una institución a la que se confiaban importantes funciones;

b) la hallamos extraordinariamente difundida en muchos pueblos salvajes y primitivos, mientras que el concepto de degeneración suele circunscribirse a la alta civilización [BLOCH, I. (1902-03) Beiträge zur Ätiologie der Psychopathia sexualis (2 vols.), Dresde.]; y aun entre los pueblos civilizados de Europa, el clima y la raza ejercen la máxima influencia sobre la difusión y el enjuiciamiento de la inversión28.
4CARÁCTER INNATO [CRÍTICA DEL INNATISMO]. Como es lógico, el carácter innato se ha aseverado únicamente respecto de la primera clase de invertidos, la más extrema, y precisamente sobre la base de la afirmación de estas personas en el sentido de que en ningún momento de su vida se presentó en ellas otra orientación de la pulsión sexual. Ya la existencia de las otras dos clases, en especial de la tercera [los invertidos «ocasionales»], es difícilmente compatible con la concepción de un carácter innato. Por eso los que sostienen esta opinión se inclinan a separar el grupo de los invertidos absolutos de todos los demás, lo que implica la renuncia a una concepción universalmente válida de la inversión. De acuerdo con ello, en una serie de casos esta poseería carácter innato; en otros, podría haber nacido de otra manera.
[CARÁCTER ADQUIRIDO]
Opuesta a esta concepción es la que afirma que la inversión es un carácter adquirido de la pulsión sexual. Esta hipótesis se apoya en las siguientes consideraciones:
1. En muchos invertidos (aun absolutos) puede rastrearse una impresión sexual que los afectó en una época temprana de su vida y cuya secuela duradera fue la inclinación homosexual.

2. En muchos otros es posible indicar las influencias externas favorecedoras e inhibidoras que llevaron, en época más temprana o más tardía, a la fijación de la inversión (trato exclusivo con el mismo sexo, camaradería en la guerra, detención en prisiones, los peligros del comercio heterosexual, el celibato, la insuficiencia sexual, etc.).

3. La inversión puede eliminarse por vía de sugestión hipnótica, lo cual sería asombroso si se tratara de un carácter innato.
Desde este punto de vista, puede ponerse en entredicho la existencia misma de una inversión innata. Cabe objetar [HAVELOCK ELLIS (1915), Studies in the Psychology of Sex: Sexual Inversión, 3ª ed., Filadelfia, 1915] que un examen más preciso de los casos aducidos en favor de la inversión innata probablemente traería a la luz también una vivencia de la primera infancia que fue determinante para la orientación de la libido. Esta vivencia no se habría conservado, simplemente, en la memoria consciente de la persona, pero sería posible hacérsela recordar mediante la influencia adecuada. De acuerdo con estos autores, la inversión sólo podría caracterizarse como una frecuente variación de la pulsión sexual, que puede estar determinada por cierto número de circunstancias vitales externas.

No obstante, la certeza que así parece haberse adquirido es contradicha por esta observación: se demuestra que muchas personas están sometidas a esas mismas influencias sexuales (aun en la temprana juventud: seducción, onanismo mutuo) sin por ello convertirse en invertidas o seguir siéndolo de manera duradera. Así, nos vemos llevados a esta hipótesis: la alternativa innato-adquirido es incompleta, o no abarca todas las situaciones que la inversión plantea.


5EXPLICACIÓN DE LA INVERSIÓN. La hipótesis de que la inversión es innata (die Inversión sei augeboren) no explica su naturaleza, como no la explica la hipótesis de que es adquirida (sie werde erworben). En el primer caso, sería necesario especificar qué es en ella lo innato; de lo contrario se caería en la burda explicación de que una persona trae consigo, innato, el enlace de la pulsión sexual con un objeto sexual determinado. En el otro caso, cabe preguntar si las múltiples influencias accidentales son suficientes para explicar la adquisición sin la necesaria cooperación (entgegenkommen) de algo que existiría en el individuo. Según nuestras anteriores puntualizaciones, no es lícito negar este último factor.
6EL RECURSO A LA BISEXUALIDAD. [HERMAFRODITISMO SOMÁTICO] Desde LYDSTON, G. F. [(1889), “A Lecture on Sexual Perversion, Satyriasis and Nymphomania”, Med. Surg. Reporter, Philadelphia, 61, 7 de septiembre], KIERNAN, J. G [(1888), “Sexual Perversion and the Whitechapel Murders”, Med. Standard Chicago, 4, p. 170] y CHEVALIER, J. [(1893), L’inversion sexuelle, Lyon], se ha recurrido, para explicar la posibilidad de una inversión sexual, a una serie de ideas que contienen una nueva discrepancia con la opinión popular. Para esta, un ser humano es hombre o es mujer. Pero la ciencia conoce casos en que los caracteres. sexuales aparecen borrosos y por tanto resulta difícil determinar el sexo29; en primer lugar, en el campo anatómico. Los genitales de estas personas reúnen caracteres masculinos y femeninos (hermafroditismo). En casos raros, las dos clases de aparato sexual coexisten plenamente desarrolladas (hermafroditismo verdadero), pero, en la mayoría, ambas están atrofiadas30.

Ahora bien, lo notable de estas anormalidades es que facilitan inesperadamente la comprensión de la formación [constitución] normal. En efecto, cierto grado de hermafroditismo anatómico es en verdad la norma: en ningún individuo masculino o femenino de conformación normal se echan de menos las huellas del aparato del otro sexo; las cuales, o bien han perdurado como una suerte de órganos rudimentarios carentes de su función original, o bien se han modificado para adoptar o asumir otras funciones.

La concepción que resulta de estos hechos anatómicos conocidos de antiguo es la de una disposición originariamente bisexual que, en el curso del desarrollo [ontogenético], se va alterando hasta llegar a la monosexualidad con mínimos restos del sexo atrofiado [debilitado, marchito].
[LA TRANSFERENCIA DE ESTA CONCEPCIÓN AL CAMPO PSÍQUICO. HERMAFRODITISMO PSÍQUICO]
Era sugerente transferir esta concepción al campo psíquico y comprender la inversión en sus distintas variedades como expresión de un hermafroditismo psíquico. Y para zanjar la cuestión sólo restaría una coincidencia regular entre la inversión y los signos anímicos [psíquicos] y somáticos del hermafroditismo.

Sólo que esta expectativa obvia no se cumple. No es lícito concebir tan estrechas las relaciones entre la hibridez psíquica supuesta y la hibridez anatómica comprobable. Lo que a menudo se halla en los invertidos es una disminución de la pulsión sexual en general (Havelock Ellis [1915]) y ligeras atrofias anatómicas de los órganos. A menudo, pero no de manera regular ni tampoco dominante, en la mayoría de los casos. Es preciso reconocer, por tanto, que inversión y hermafroditismo somático son, en líneas generales, independientes entre sí.

Además, se ha atribuido gran importancia a los caracteres sexuales llamados secundarios y terciarios y a su frecuente presencia en los invertidos (H. Ellis [Ibid.]). También en esto hay mucho de cierto o pertinente. Pero no es lícito olvidar que los caracteres secundarios y terciarios de un sexo aparecen con muchísima frecuencia en el otro. En tales casos son indicios de hibridez, más no por ello hay un cambio del objeto sexual en el sentido de una inversión.

El hermafroditismo psíquico ganaría en verosimilitud si con la inversión del objeto sexual corriera paralelo al menos un vuelco de las otras propiedades anímicas, pulsiones y rasgos de carácter, hacia la variante que es peculiar del otro sexo. Pero semejante inversión del carácter sólo se encuentra con alguna regularidad en las mujeres invertidas. En los hombres, la más plena virilidad anímica es compatible con la inversión. De conservar la tesis de un hermafroditismo psíquico, es preciso agregar que sus exteriorizaciones en los diversos campos permiten individualizar sólo un escaso condicionamiento recíproco. Lo mismo vale, por lo demás, para la hibridez somática; según HALBAN, J. [(1903), “Die Entstehung der Geschlechtscharaktere” (“La génesis de los caracteres sexuales”), Archiv für Gynaekologie., t. 70, p. 205.31], también las atrofias de órganos particulares y los caracteres sexuales secundarios se presentan con bastante independencia recíproca.

La doctrina de la bisexualidad ha sido formulada en su variante más cruda por un portavoz de los invertidos masculinos: «Un cerebro femenino en un cuerpo masculino». Sólo que no conocemos los caracteres de lo que sería un «cerebro femenino». Sustituir el problema psicológico por el anatómico es tan ocioso como injustificado. El intento de explicación de Krafft-Ebing parece concebido con mayor exactitud que el de Ulrichs, pero en esencia no difiere de él; según KRAFFT-EBING [(1895a), “Zur Erklärung der conträren Sexualempfindung”, Jb. Psychiatr. Neurol., 13, p. 5], la disposición bisexual dota al individuo tanto de centros cerebrales masculinos y femeninos cuanto de órganos sexuales somáticos. Estos centros empiezan a desarrollarse en la época de la pubertad, las más de las veces bajo la influencia de las glándulas sexuales, que son independientes de ellos en cuanto a la disposición [constitucional]. Pero acerca de estos «centros» masculinos y femeninos cabe decir lo mismo que afirmamos para el supuesto cerebro masculino y femenino. Mientras tanto, ni siquiera sabemos si nos es lícito suponer para las funciones sexuales unas localizaciones cerebrales delimitadas («centros») como las que conocemos, por ejemplo, para el lenguaje32.
[DOS IDEAS QUEDAN EN PIE]
Tras estas elucidaciones, dos ideas quedan en pie: en la inversión interviene de algún modo (1) una disposición bisexual (eine bisexuelle Veranlegung), sólo que no sabemos en qué consiste más allá de la conformación anatómica33; además, intervienen (2) perturbaciones que afectan [se refieren] a la pulsión sexual en su desarrollo.
7OBJETO SEXUAL DE LOS INVERTIDOS. La teoría del hermafroditismo psíquico presupone que el objeto sexual de los invertidos es el contrario u opuesto al normal. El hombre invertido sucumbiría, como la mujer, al encanto que dimana de las propiedades del cuerpo y del alma viriles; se sentiría a sí mismo como mujer y buscaría al hombre.

Pero, si bien esto se aplica, o puede ser pertinente, a toda una serie de invertidos, se encuentra muy lejos de denotar un carácter universal de la inversión. No cabe ninguna duda de que una gran parte de los invertidos masculinos han conservado el carácter psíquico de la virilidad, presentan relativamente escasos caracteres secundarios del otro sexo y en verdad buscan en su objeto sexual rasgos psíquicos femeninos. De otro modo sería incomprensible el hecho de que la prostitución masculina, que hoy como en la Antigüedad se ofrece a los invertidos, copie a las mujeres en todas las exteriorizaciones del vestido y el porte; de no ser así, en efecto, semejante imitación ofendería el ideal de los invertidos. Entre los griegos, donde los hombres más viriles se contaban entre los invertidos, es claro que lo que despertaba el amor del hombre por el efebo no era su carácter masculino, sino su semejanza física a la mujer, así como sus propiedades anímicas femeninas: recato, timidez, necesidad de enseñanza y de ayuda. Tan pronto como el efebo se hacía hombre, dejaba de ser un objeto sexual para el hombre y tal vez él mismo se convertía en amante de [aficionado a] los efebos. Por tanto, en este caso como en muchos otros, el objeto sexual no es lo igual en cuanto al sexo, sino que reúne los caracteres de ambos sexos, acaso como un compromiso entre una moción que aspira al hombre y otra que aspira a la mujer, siempre bajo la condición de la virilidad del cuerpo (de los genitales): por así decir, el reflejo de la propia naturaleza bisexual.34



[HOMOSEXUALIDAD FEMENINA]
Más unívoca es la situación en el caso de la mujer: las invertidas activas presentan con particular frecuencia caracteres somáticos y anímicos viriles y requieren feminidad en su objeto sexual. No obstante, un conocimiento más detallado podría revelarnos también aquí la existencia de una mayor variedad.
8META O FIN SEXUAL (SEXUALZIEL) DE LOS INVERTIDOS. Es importante retener un hecho: de ningún modo puede hablarse de meta sexual única en el caso de la inversión. En los hombres, comercio per anum e inversión no coinciden totalmente; la masturbación es con igual frecuencia la meta exclusiva, y las restricciones de la meta sexual -hasta llegar a la mera efusión sentimental- son aquí todavía más comunes que en el amor heterosexual. También entre las mujeres invertidas son múltiples las metas sexuales; entre estas, el contacto con la mucosa bucal parece privilegiada.

9CONCLUSIONES. Es verdad que el material presentado hasta aquí no nos habilita para esclarecer satisfactoriamente la génesis de la inversión. No obstante, podemos consignar que esta indagación nos permitió inteligir algo que puede llegar a resultarnos más importante que la solución de la tarea indicada. Nos damos cuenta de que concebíamos demasiado estrecho el enlace [anudamiento] entre la pulsión sexual y el objeto sexual. La experiencia recogida con los casos considerados anormales nos enseña que entre pulsión sexual y objeto sexual no hay sino una soldadura (Verlötung)35, que corríamos el riesgo de no ver a causa de la regular correspondencia del cuadro normal, donde la pulsión parece traer consigo al objeto. Ello nos prescribe que debemos aflojar, en nuestra concepción, los lazos entre pulsión y objeto. Probablemente, la pulsión sexual es al comienzo independiente de su objeto, y tampoco debe su génesis a los encantos (Reizen) de este.36
B. Impúberes y animales como objetos sexuales.
[PAIDOFILIA]
Mientras que las personas cuyos objetos sexuales no pertenecen al sexo normalmente apto para ello, es decir, los invertidos, se presentan al observador como una colectividad de individuos quizá valiosos en todos los demás aspectos, los casos en que se escogen como objetos sexuales personas genésicamente inmaduras [impúberes] (niños) parecen de entrada aberraciones individuales aisladas. Sólo excepcionalmente son los niños objetos sexuales exclusivos; casi siempre llegan a desempeñar este papel cuando un individuo cobarde e impotente se procura semejante subrogado o cuando una pulsión urgente (que no admite dilación) no puede apropiarse en el momento de un objeto más apropiado. Comoquiera que sea, arroja luz sobre la naturaleza de la pulsión sexual el hecho de que admita una variación tan grande y semejante menosprecio [falta de consideración] de su objeto -el hambre, ligada mucho más fuertemente a su objeto, lo admitiría sólo en un caso extremo-.

[ZOOFILIA]


Una observación parecida es válida para el comercio sexual con animales, no raro entre los campesinos, y en el cual la atracción sexual parece traspasar la barrera de la especie.
[OPINIÓN MÉDICA Y MORAL]
Por razones estéticas, se querría atribuir a una enfermedad mental estos y otros extravíos graves de la pulsión sexual. Pero ello no es correcto. La experiencia enseña que en tales “enfermos” no se observan perturbaciones de la pulsión sexual diferentes de las halladas en personas sanas, en razas y en estamentos enteros. Así, el abuso sexual contra los niños se presenta con inquietante frecuencia en maestros y cuidadores, meramente porque se les ofrecen más oportunidades para ello. Los enfermos mentales presentan la desviación correspondiente sólo aumentada, tal vez, o, lo que reviste particular importancia, elevada a la condición de práctica exclusiva y en sustitución de la satisfacción sexual normal.

Da que pensar esta asombrosa distribución de las variaciones sexuales en la gradación que va de la salud a la enfermedad mental. Yo opinaría que este hecho, que resta por explicar, indicaría que los impulsos de la vida sexual se cuentan entre los menos dominados por las actividades superiores del alma, aun en las personas normales. Según mi experiencia, quien es mentalmente anormal en algún otro aspecto, por ejemplo en lo social o lo ético, lo es regularmente también en su vida sexual. Pero hay muchos que son anormales en su vida sexual, a pesar de que en todos los otros campos responden a la norma y han recorrido en su persona el desarrollo de la cultura humana, cuyo punto más débil sigue siendo la sexualidad.



Ahora bien, como resultado más general de estas elucidaciones extraeríamos el siguiente: bajo gran cantidad de condiciones, y en un número sorprendentemente elevado de individuos, la clase y el valor del objeto sexual pasan a un segundo plano. Alguna otra cosa es lo esencial y lo constante en la pulsión sexual.37

2. Divergencias [Desviaciones, variaciones] en referencia a la meta sexual.38
La unión de los genitales es considerada la meta sexual normal en el acto que se designa como coito, y que conduce al alivio de la tensión sexual y a la extinción temporal de la pulsión sexual (satisfacción análoga a la saciedad en el caso del hambre). Sin embargo, ya en el proceso sexual más normal se anuncian los gérmenes de aquello que, si se desarrolla plenamente, lleva a las aberraciones que han sido caracterizadas como perversiones. En efecto, ciertas maneras intermedias de relacionarse con el objeto sexual (jalones en la vía hacia el coito), como el tocarlo y mirarlo o contemplarlo, se reconocen como metas sexuales preliminares. Por una parte, estos actos conllevan un placer en sí mismos; por la otra, aumentan la excitación que debe mantenerse hasta que se alcanza el fin sexual definitivo. Además, a uno de estos contactos, el de las dos mucosas labiales, se le ha otorgado en muchos pueblos (entre los que se cuentan los de más alta civilización) un elevado valor sexual, por más que las partes corporales que intervienen en el beso no pertenezcan propiamente al aparato sexual, sino que constituyen la entrada del tubo digestivo. Esto nos ofrece, entonces, aspectos que enlazan las perversiones a la vida sexual normal, aplicables aun a la clasificación de aquellas. Las perversiones consisten en fenómenos de dos órdenes, son, o bien: a) transgresiones (desplazamientos o traspasos) anatómicas respecto de las zonas del cuerpo destinadas a cumplir la unión sexual, o b) demoras o detenciones en ciertas relaciones intermediarias con el objeto sexual, relaciones que normalmente se recorren con relativa rapidez como jalones en la vía hacia la meta sexual definitiva.



  1. Trasgresiones (desplazamientos) anatómicas.

(anatomische Überschreitungen)
10SOBREESTIMACIÓN DEL OBJETO SEXUAL. La valoración o estima psíquica que recae sobre el objeto sexual como meta deseada de la pulsión sexual no se circunscribe salvo en rarísimos casos a sus genitales. Más bien comprende todo su cuerpo y tiende a incluir todas las sensaciones que emanan del objeto sexual [es decir sensaciones del propio cuerpo pero que requieren de la presencia del objeto sexual y de una actividad concreta con el mismo]. La misma sobrestimación aparece en el campo psíquico, manifestándose como una ceguera lógica (debilidad del juicio), respecto de los productos anímicos y de las perfecciones del objeto sexual, y también como una docilidad crédula para con los juicios que parten de este último. La credulidad del amor pasa a ser así una fuente importante, si no la fuente originaria, de la autoridad39.

Y bien; esta sobrestimación sexual es lo que apenas tolera la restricción de la meta sexual a la unión de los genitales propiamente dichos y contribuye a elevar actos en que entran en juego otras partes del cuerpo a la condición de metas sexuales40.


[OPINIÓN DE FREUD SOBRE LA MUJER]
La importancia de este factor de la sobrestimación sexual puede estudiarse mejor en el hombre, cuya vida amorosa es la única que se ha hecho asequible a la investigación, mientras que la de la mujer permanece envuelta en una oscuridad todavía impenetrable, en parte a causa de la atrofia cultural, pero en parte también por la reserva y la insinceridad convencionales de las mujeres41.
11USO SEXUAL DE LA MUCOSA DE LOS LABIOS Y DE LA BOCA. El uso de la boca como órgano sexual suele considerarse una perversión cuando los labios (lengua) de una persona entran en contacto con los genitales de la otra, pero no cuando ambas ponen en contacto sus mucosas labiales. En esta última excepción reside el anudamiento con lo normal. Quien, considerándolas perversiones, abomina de las otras prácticas, usuales sin duda desde los tiempos originarios de la humanidad, cede en ello a un nítido sentimiento de asco que lo resguarda de aceptar una meta sexual de esa clase. Empero, los límites de ese asco son a menudo puramente convencionales. Alguien que besa con pasión los labios de una bella muchacha quizás usaría con asco su cepillito de dientes, aunque no tenga fundamento alguno para suponer que su propia cavidad bucal, que naturalmente no le produce asco, esté más limpia que la de la muchacha. Este factor del asco que estorba el camino a la sobrestimación libidinosa del objeto sexual, puede sin embargo a su vez ser vencido por la libido. En el asco o la repugnancia se puede discernir entonces uno de los poderes que contribuyen a restringir las metas sexuales. Estos poderes se detienen, por regla general, ante los genitales; pero no cabe duda de que también los genitales del otro sexo, en sí y por sí, pueden constituir objeto de asco, y esta conducta es una de las características de los histéricos (sobre todo de las mujeres). La fuerza de la pulsión sexual se complace en afirmarse venciendo este asco.
12USO SEXUAL DEL ORIFICIO ANAL. En lo que se refiere al uso sexual del ano, puede reconocerse con mayor claridad todavía que en el caso anterior que es el asco lo que pone a esta meta sexual el sello de la perversión. Pero no se me impute partidismo si observo que el hecho de que esta parte del cuerpo sirva a la excreción y entre en contacto con lo repugnante en sí -la mierda- no es, como fundamento del asco, mucho más concluyente que el aducido por las muchachas histéricas para explicar su asco hacia los genitales masculinos: por donde se mea.

El papel sexual de la mucosa anal en manera alguna se restringe al comercio entre hombres; la predilección por él tampoco es característica de la sensibilidad de los invertidos. Al contrario, parece que la paedicatio del hombre debe su papel a la analogía con el acto realizado con la mujer, mientras que la masturbación recíproca suele ser la meta sexual predominante en el comercio de los invertidos.


13SIGNIFICATIVIDAD (BEDEUTUNG) DE OTRAS PARTES DEL CUERPO. La extensión sexual hacia otros lugares del cuerpo, con todas sus variaciones, no ofrece nada nuevo en principio; nada agrega al conocimiento de la pulsión sexual, que en esto no hace sino proclamar su propósito de apoderarse del objeto sexual en todas sus dimensiones. Pero en las transgresiones [desplazamientos] anatómicas se anuncia, junto a la sobrestimación sexual, otro factor que es ajeno al conocimiento popular. Ciertas partes del cuerpo, como las mucosas bucal y anal, que aparecen una y otra vez en estas prácticas, reclaman el derecho, por así decir, de ser consideradas y tratadas ellas mismas como si fueran genitales. Ya veremos que esta pretensión está justificada por el desarrollo de la pulsión sexual y es satisfecha en la sintomatología de ciertos estados patológicos.
14SUSTITUTO INAPROPIADO DEL OBJETO SEXUAL. FETICHISMO. Un aspecto totalmente particular ofrecen los casos en que el objeto sexual normal es sustituido por otro que guarda relación con él, pero es completamente inapropiado por sí mismo para servir a la meta sexual normal. Con miras a la clasificación, habría sido mejor que mencionásemos este grupo de aberraciones de la pulsión sexual, en extremo interesante, ya al hablar de las desviaciones con respecto al objeto sexual. Pero lo pospusimos hasta tomar conocimiento del factor de la sobrestimación sexual [del objeto o del fin], del cual dependen estos fenómenos, que conllevan un abandono de la meta sexual normal.

El sustituto del objeto sexual es, en general, una parte del cuerpo en principio muy poco apropiada a un fin sexual (el pie, los cabellos), o un objeto inanimado que mantiene una relación demostrable con la persona sexual, y especialmente con la sexualidad de esta (prenda de vestir, ropa interior). No sin acierto se ha comparado este sustituto con el fetiche en que el salvaje ve encarnado a su dios.

Los casos en que se exige al objeto sexual una condición fetichista para que pueda alcanzarse la meta sexual (determinado color de cabellos, ciertas ropas, aun defectos físicos) constituyen la transición hacia los casos de fetichismo en que se renuncia a una meta sexual normal o perversa. Ninguna otra variante de la pulsión sexual que linde con lo patológico ha atraído tanto nuestro interés como aquella, a causa de los extraños fenómenos a que da lugar. Requisito previo en todos estos casos parece ser cierta disminución del impulso hacia la meta sexual normal (debilidad funcional del aparato sexual42). El anudamiento con lo normal es procurado por la sobrestimación, psicológicamente necesaria, del objeto sexual; que se extiende inevitablemente a todo lo que se halla conectado con el objeto en cuestión por asociación. Por tanto, podemos hablar propiamente de cierto grado de este tipo de fetichismo en el amor normal, donde aparece regularmente asociado a esta sobrestimación del objeto sexual y lo que con él se halla asociado, y muy en particular en los estadios del enamoramiento en que la meta sexual normal es de algún modo o en alguna medida inalcanzable o su cumplimiento aparece aplazado:
«Procúrame un pañuelo de su seno,

una liga para el amor que siento».

(GOETHE, Fausto, parte I, escena 7, v. 2661-2662)
El caso patológico parece surgir sólo cuando la aspiración al fetiche se fija, más allá de la condición mencionada, y sustituye a la meta sexual normal sistemáticamente; o, cuando el fetiche se desprende de esa persona determinada y se convierte por sí mismo en objeto sexual exclusivo. Estas son las condiciones generales para que lo que son meras variaciones de la pulsión sexual se conviertan en desviaciones patológicas.
[CONEXIÓN METONÍMICA]
En la elección del fetiche se manifiesta -BINET [(1888), Etudes de psychologie experiméntale: le fétichisme dans l’amour, Paris] fue el primero en aseverarlo y luego se documentó abundantemente- la influencia persistente de una impresión sexual recibida casi siempre en la primera infancia. Se puede parangonar esto con la proverbial pervivencia del primer amor en las personas normales («On revient toujours à ses premiers amours»). Una derivación de esa índole es particularmente nítida en los casos que presentan una simple condicionalidad fetichista del objeto sexual. Más adelante retomaremos esta cuestión de la significatividad de las impresiones sexuales tempranas43.
[CONEXIÓN SIMBÓLICA (METAFÓRICA)]

En otros casos es una conexión simbólica de pensamientos, las más de las veces no consciente para el individuo, la que ha llevado a sustituir el objeto por el fetiche. Los caminos de estas conexiones no siempre pueden señalarse con certeza (el pie es un símbolo sexual arcaico, ya en el mito44; la «piel»45 debe sin duda su papel de fetiche a la asociación con el pelo que recubre el mons Veneris); no obstante, tampoco este simbolismo parece ser siempre independiente de vivencias sexuales de la infancia46.


B. Fijaciones a metas sexuales preliminares.
15SURGIMIENTO DE NUEVOS PROPÓSITOS [FINES SEXUALES]. Todas las circunstancias y condiciones externas e internas que dificultan el logro de la meta sexual normal o la posponen (impotencia, coste elevado del objeto sexual, peligros asociados al acto sexual) refuerzan, como parece lógico, la inclinación a demorarse en los actos preliminares y a constituir a partir de ellos nuevas metas sexuales que pueden llegar a remplazar a las normales. Un examen más atento muestra siempre que estos nuevos propósitos, aun los más extraños en apariencia, ya están esbozados en el acto sexual normal.
16TOCAR Y MIRAR.
[TOCAR]
Al menos para los seres humanos, un cierto grado de uso del tacto, el tocar en mayor o menor medida, parece indispensable para el logro de la meta sexual normal. Es universalmente sabido qué fuente de placer, por un lado, y qué aflujo y aumento de nueva excitación, por el otro, se obtienen de las sensaciones de contacto con la piel del objeto sexual. Por tanto, el demorarse en el tocar, siempre que el acto sexual siga adelante hasta su culminación o fin normal, difícilmente puede contarse entre las perversiones.
[MIRAR]
Algo semejante ocurre con el mirar, derivado en último análisis del tocar. La impresión visual sigue siendo el camino más frecuente por el cual se despierta la excitación libidinosa. Y sobre la transitabilidad de ese camino se apoya -si es que resulta permisible este abordaje teleológico- la selección natural (Zuchtwahl), en la medida en que dicha selección hace desarrollarse al objeto sexual en el sentido de la belleza [fomenta la supervivencia de los más bellos, véase al respecto la nota 46]. La ocultación del cuerpo [o de partes del mismo], que progresa [de manera cada vez más sofisticada] junto con la cultura humana, excita y mantiene despierta la curiosidad sexual, que aspira a completar [lo invisible o insinuable de] el objeto sexual mediante el desnudamiento [imaginario o fantasioso] de las partes ocultas. Empero, puede ser desviada («sublimada»47) en el ámbito del arte, si uno puede apartar su interés de los genitales para dirigirlo a la totalidad del cuerpo y a la forma del mismo como tal48. La mayoría de las personas normales se demoran en cierto grado en esa meta intermediaria que es el mirar teñido sexualmente. Y esto les da aun la posibilidad de dirigir cierto monto de su libido a metas artísticas más elevadas. Por el contrario, el placer de ver se convierte en perversión cuando: a) se circunscribe con exclusividad a los genitales; b) se liga con el vencimiento del asco o de la repugnancia (p. ej. aquel cuyo placer lo encuentra en mirar a otro en sus funciones excretorias), o c) cuando el placer de mirar (como es el caso de los voyeurs), suplanta (verdrängt) a la meta sexual normal como finalidad, en lugar de servirle de preliminar. Este último caso [en el sentido de la voz pasiva del verbo: el placer de ser contemplado o mirado, o que busca hacerse mirar] es, marcadamente lo que constituye la característica más típica de los exhibicionistas, quienes, si me es lícito inferirlo tras numerosos análisis49 enseñan sus genitales para que la otra parte les muestre los suyos como contraprestación50.

En la perversión cuya aspiración consiste en mirar y ser mirado puede verse un rasgo asombroso, del que habremos de ocuparnos con mayor intensidad a raíz de la aberración que sigue; a saber: la meta sexual se presenta en doble configuración, en forma activa y pasiva51.

El poder que se contrapone al deseo y al placer de mirar y ser mirado y que llegado el caso es suprimido por este (como ocurría en el caso anterior con el asco o la repugnancia) es el pudor o la vergüenza.
17SADISMO Y MASOQUISMO. La tendencia a causar dolor al objeto sexual y su contraparte, el ser maltratado por él, es la más frecuente e importante de todas las perversiones, y ha sido bautizada por Krafft-Ebing [Cf. Psychopathia Sexualis] en sus dos conformaciones, la activa y la pasiva, como sadismo y masoquismo respectivamente. Otros autores [p. ej., SCHENCK-NOTZING, A. von (1899) “Literaturzusammenstellung über die Psychologie und Psychopathologie der Vita sexualis”, Z. Hypnot., 9, p. 98] prefieren la designación más estricta de algolagnia52, que destaca el placer por el dolor, la crueldad, mientras que los nombres escogidos por Krafft-Ebing ponen en primer plano el placer por cualquier clase de humillación y de sometimiento.
[SADISMO]
Es fácil pesquisar en las personas normales las raíces de la algolagnia activa, el sadismo. La sexualidad de la mayoría de los hombres exhibe un componente de agresión, de tendencia a dominar [sojuzgar], cuyo valor biológico quizá resida en la necesidad de vencer la resistencia del objeto sexual también de otra manera, esto es no sólo por los actos del cortejo (Werbung)53. El sadismo respondería, entonces, a un componente agresivo de la pulsión sexual, devenido independiente, reforzado, y elevado por desplazamiento [descentramiento] al papel principal54.

En el lenguaje usual, el concepto de sadismo fluctúa entre una actitud meramente activa y dominadora, o aun violenta, hacia el objeto sexual, hasta el sometimiento y el maltrato infligidos a este último como condición exclusiva de la satisfacción. En sentido estricto, sólo este segundo caso, extremo, merece el nombre de perversión.


[MASOQUISMO]
De manera similar [análoga], la designación «masoquismo» comprende todas las actitudes pasivas con respecto a la vida erótica y el objeto sexuales, la más extrema de las cuales es el condicionamiento de la satisfacción al hecho de padecer un dolor físico o anímico producido por el objeto sexual. Como perversión, el masoquismo parece alejarse de la meta sexual normal más que su contraparte, el sadismo; en primer lugar, es dudoso que aparezca primariamente; quizá nace, de manera regular, por trasformación a partir del sadismo55. A menudo puede reconocerse que el masoquismo no es otra cosa que una continuación del sadismo vuelto hacia la propia persona, la cual se coloca ahora en el lugar que en un principio ocupaba el objeto sexual56. El análisis clínico de casos extremos de perversión masoquista revela en general la cooperación de una vasta serie de factores que exageran la originaria actitud sexual pasiva y le hacen experimentar una fijación (complejo de castración, conciencia de culpa).

El dolor que en esta perversión ha de ser superado, sobre el que hay que pasar por encima, se alinea junto con el asco y la vergüenza, que se oponían a la libido en calidad de resistencia.

Sadismo y masoquismo ocupan una posición particular entre las perversiones y la importancia de este par sobrepasa ampliamente su sentido estricto como perversiones, pues la oposición entre actividad y pasividad57 que está en su base pertenece a los caracteres universales de la vida sexual.

La historia de la cultura humana nos enseña, sin lugar a dudas, que crueldad y pulsión sexual están íntimamente ligados. Para esclarecer ese nexo, empero, no se ha ido más allá de hacer resaltar e insistir en el componente agresivo de la libido. Según algunos autores, el factor agresivo mezclado con la pulsión sexual constituye un resto de apetitos caníbales58; sería, entonces, una coparticipación del aparato de apoderamiento, puesto al servicio de la satisfacción de la otra gran necesidad, ontogenéticamente más antigua59. También se ha sostenido que todo dolor contiene, en sí y por sí, la posibilidad de una sensación placentera. Por lo pronto aquí nos conformaremos con hacer constar nuestra creencia de que la explicación dada hasta ahora de estas perversiones no nos parece en manera alguna satisfactoria, y es posible que en ellas se reúnan varias aspiraciones anímicas para producir un solo efecto60.

Ahora bien, la propiedad más llamativa de esta perversión reside en que su forma activa y su forma pasiva habitualmente se encuentran juntas en una misma persona. El que siente placer en producir dolor a otro en una relación sexual es capaz también de gozar como placer del dolor que deriva de unas relaciones sexuales. Un sádico es siempre también al mismo tiempo un masoquista, y al contrario, aunque uno de los dos aspectos de la perversión, el pasivo o el activo, puede haberse desarrollado en él con más fuerza y constituir (darstellen) su práctica sexual predominante61.

Así, vemos que algunas de las inclinaciones perversas se presentan regularmente como pares de opuestos, lo cual, por referencia a un material que aportaremos después, puede tener gran significación teórica62. Es iluminador, además, que la existencia del par de opuestos sadismo-masoquismo no pueda derivarse sin más de la injerencia de un componente agresivo. Por el contrario, estaríamos tentados de poner en relación la presencia simultánea de esos opuestos con la oposición de lo masculino y lo femenino, conjugada en la bisexualidad -el psicoanálisis a menudo se ve precisado a reemplazar esta última oposición por la que media entre activo y pasivo.


3. Consideraciones generales sobre todas las perversiones.
18VARIACIÓN Y ENFERMEDAD. Los médicos que primero estudiaron las perversiones en casos muy acusados y bajo circunstancias particulares se inclinaron, desde luego, a atribuirles el carácter de un signo patológico o degenerativo, tal como hicieron respecto de la inversión; no obstante, en el caso que nos ocupa es más fácil demostrar la debilidad de este punto de vista o concepción. La experiencia cotidiana muestra que la mayoría de estas desviaciones o transgresiones [desplazamientos] de la norma, por lo menos las menos graves de ellas, son un ingrediente de la vida sexual que raramente falta en las personas normales o que no consideraríamos insanas, quienes las juzgan como a cualquier otra intimidad o que forman parte de las peculiaridades de su vida íntima. Si las circunstancias lo favorecen, también la persona normal puede reemplazar durante un tiempo la meta sexual normal por una perversión de esta clase o hacerle un sitio junto a aquella. En ninguna persona sana faltará algún complemento de la meta sexual normal que podría llamarse perverso, y esta universalidad basta por sí sola para mostrar cuán inadecuado es usar reprobatoriamente o en sentido peyorativo el nombre de “perversión”. En el campo de la vida sexual, justamente, se tropieza con dificultades particulares, en verdad insolubles por ahora, si se pretende trazar un límite tajante entre lo que es mera variación dentro de la amplitud fisiológica y la desviación que constituyen los síntomas patológicos.

Comoquiera que sea, en muchas de estas perversiones la cualidad de la nueva meta sexual es tal que requiere una apreciación particular. Algunas de ellas se alejan tanto de lo normal por su contenido que no podemos menos que declararlas «patológicas», en particular aquellas en que la pulsión sexual ejecuta asombrosas operaciones (lamer o comer excrementos [coprofagía], violación o abuso de cadáveres) en los cuales el fin sexual es particularmente eficaz en cuanto a la superación de las resistencias (pudor, vergüenza, asco, espanto, dolor). Pero ni aun en estos casos puede esperarse con seguridad hallar regularmente en el sujeto otras anormalidades graves, o producto de un trastorno mental. Tampoco aquí es posible pasar por alto el hecho de que personas que en todo lo demás tienen una conducta normal se acreditan como enfermas solamente en el campo de la vida sexual, bajo el imperio de la más indómita de las pulsiones. En cambio, una manifiesta anormalidad en otras relaciones vitales suele mostrar invariablemente o hallarse en conexión con un trasfondo de conducta sexual anormal.


[LA PERVERSIÓN CONSIDERADA COMO PATOLOGÍA]

En la mayoría de los casos podemos encontrar en la perversión un carácter patológico, no por el contenido de la nueva meta sexual, sino por su proporción respecto de lo normal. Si la perversión no se presenta junto a lo normal (meta sexual y objeto) cuando circunstancias favorables la promueven y otras desfavorables impiden lo normal, sino que suplanta [reprime] (verdrängen) y sustituye a lo normal en todas las circunstancias, consideramos legítimo casi siempre juzgarla como un síntoma patológico; vemos este último, por tanto, en la exclusividad y en la fijación de la perversión63.


19LA CONTRIBUCIÓN DE LO ANÍMICO [IMPLICACIÓN PSÍQUICA] EN LAS PERVERSIONES. Quizá precisamente en las más horribles perversiones es preciso admitir la más vasta contribución psíquica a la transformación de la pulsión sexual. He aquí una obra del trabajo anímico a la que no puede negarse, a pesar de su horrible resultado, el valor de una idealización de la pulsión. Tal vez en ninguna parte la omnipotencia del amor se muestre con mayor fuerza que en estos desvíos suyos. En la sexualidad, lo más sublime y lo más bajo aparecen por doquier en íntima dependencia («Desde el cielo, a través del mundo, hasta el infierno» (“vom Himmel durch die Welt zur Hölle”)64.
20DOS CONCLUSIONES O RESULTADOS. El estudio de las perversiones nos ha procurado esta intelección: la pulsión sexual tiene que luchar contra ciertos poderes anímicos en calidad de resistencias; entre ellos, se destacan claramente el pudor o la vergüenza y el asco. Es lícito conjeturar que estos poderes han contribuido a circunscribir la pulsión dentro de las fronteras consideradas normales, y que si se han desarrollado temprano en el individuo, antes que la pulsión sexual alcanzara la plenitud de su fuerza, fueron justamente ellos los que marcaron la dirección de su desarrollo65.

Hemos observado, además, que algunas de las perversiones investigadas sólo podían comprenderse por la acción conjunta o conjugada de varios factores o motivos. Si admiten un análisis -una descomposición-, es señal de que son de naturaleza compuesta. De ahí podemos deducir o conjeturar que quizás la pulsión sexual no es algo simple, sino compuesto y que consta de diversos componentes que en las perversiones vemos disociados66. La clínica nos habría revelado así la existencia de unas fusiones o amalgamas que no se dan a conocer como tales en la conducta normal uniforme67.


4. La pulsión sexual en los neuróticos [neurotizada68].
21EL PSICOANÁLISIS. Una importante contribución al conocimiento de la pulsión sexual en personas que por lo menos se aproximan a lo normal se obtiene de una fuente asequible por un único y especial camino. Para conseguir una información exhaustiva y certera acerca de la vida sexual de los llamados psiconeuróticos ([los que sufren de] histeria, neurosis obsesiva, la falsamente llamada neurastenia, con seguridad también la dementia praecox y la paranoia) existe un único medio: someterlos a la exploración psicoanalítica, que tiene su origen en el procedimiento terapéutico introducido por Josef Breuer y por mí en 1893, y que, por entonces, denominábamos «catártico»69.

Debo anticipar, repitiendo lo que he dicho en otras publicaciones, que estas psiconeurosis, hasta donde llegan mis experiencias, se basan en fuerzas pulsionales de carácter sexual. Con esto no quiero decir que la energía de la pulsión sexual preste una mera contribución a las fuerzas que sustentan a y mantienen los fenómenos patológicos (síntomas), sino afirmar expresamente [para subrayarlo] que esa participación es la única fuente energética constante de las neurosis, y la más importante, de suerte que la vida sexual de las personas afectadas se exterioriza [desviada o cifrada] de manera exclusiva, o predominante, o sólo parcial, en estos síntomas. Como he expresado en otro lugar70, los síntomas son la participación sexual de los enfermos (die Sexual betätigung der Kranken)71. La prueba de esta aserción me la ha brindado un creciente número de psicoanálisis de personas afectadas de histerias y de otras neurosis, que vengo realizando desde hace veinticinco años [desde 1895], acerca de cuyos resultados he dado detallada cuenta en otros lugares, y seguiré haciéndolo72.

El psicoanálisis puede llegar a eliminar los síntomas histéricos a partir de la premisa [como hipótesis fundada] de que son el sustituto (der Ersatz) -la transcripción (die Transkription)73, por así decir- de una serie de procesos anímicos investidos de afecto, deseos [anhelos] y aspiraciones, a los que en virtud de un particular proceso psíquico (la represión) se les ha denegado [impedido, frustrado] (versagt) el acceso a su tramitación [y con ella a su satisfacción o suavización, alivio o aplacamiento] en una actividad psíquica susceptible de conciencia [y con ello su descarga o su desenlace adecuados]. Y entonces, estas formaciones de pensamiento que han quedado relegadas al, y retenidas en, estado de lo inconsciente aspiran a una expresión o exteriorización proporcionada a su valor afectivo, a una descarga (Abfuhr), y en el caso de la histeria, por ejemplo, la encuentran, de algún modo, en el proceso de la conversión en fenómenos somáticos: precisamente, los síntomas histéricos. Ahora bien, siguiendo ciertas reglas, con ayuda de una técnica específica, es posible retransformar [reconvertir] (Rückverwandlung) los síntomas en representaciones (Vorstellungen) ahora devenidas concientes, investidas de afecto; y así se consigue la averiguación más exacta acerca de la naturaleza y el linaje [procedencia, origen y descendencia] (Abkunft) de estas formaciones psíquicas antes inconscientes.
22RESULTADOS Y LOGROS DEL PSICOANÁLISIS. Por esta vía se averiguó que los síntomas representan (darstellen) un sustituto de aspiraciones [anhelos, tendencias] (Strebungen) que toman su fuerza de la fuente de la pulsión sexual. Armoniza plenamente con esto lo que sabemos sobre el carácter de los histéricos (los tomamos como modelo [muestra o paradigma] (zum Muster) de todos los psiconeuróticos) antes de contraer su [su entrada en la] enfermedad, y sobre las causas desencadenantes [ocasiones] que ocasionaron esta última. El carácter histérico permite revelar una cuota [fragmento, porción] (Stück) de represión sexual excesiva [no necesaria en función de las circunstancias del sujeto], por así decirlo, respecto a la medida normal74; un aumento [desarrollo exagerado] de las resistencias a la pulsión sexual, resistencias que se nos han dado a conocer como pudor o vergüenza, asco y moral; una especie de huida instintiva frente a todo examen intelectual [en el sentido de tener el pensamiento ocupado con] del problema sexual, que en los casos más acusados tiene por consecuencia mantener una total ignorancia sexual aun después de alcanzada la madurez somática genésica75.

Este rasgo de carácter, esencial en la histeria, no rara vez se oculta a la observación superficial por la presencia del segundo factor constitucional de la histeria: el potencial oculto hiperpotente (übermächtige Ausbildung) de la pulsión sexual; sólo el análisis psicológico permite descubrirlo en todos los casos y resolver lo enigmático y aparentemente contradictorio de la histeria al comprobar la existencia de ese par de opuestos: una necesidad sexual superior a la normal (von übergrossem sexuellen Bedürfnis) y una repulsa [no admisión, rechazo] de eso sexual exagerada y llevada demasiado lejos.



La ocasión favorable de enfermar se presenta para la persona predispuesta a la histeria cuando, a consecuencia de su propio y progresivo proceso de maduración o de circunstancias externas de su vida, el reclamo sexual objetivo se hace imperativo o insoslayable para ella. Entre el apremio de la pulsión y la acción contrarrestante de la repulsa sexual se sitúa el recurso a la enfermedad, que no resuelve realmente el problema, pues esta no da una solución efectiva al [o una resolución del] conflicto subyacente, sino que es un intento de escapar a él, de eludirlo o sortearlo, mudando las aspiraciones libidinosas en síntomas76. El hecho de que una persona histérica, por ejemplo un hombre, enferme a raíz de una emoción (Gemütsbewegung) trivial [banal], de un conflicto en cuyo centro no parece situarse el interés sexual, no es más que una excepción aparente. En tales casos, el psicoanálisis puede demostrar regularmente que fue el componente sexual no manifiesto [puesto en primer plano] del conflicto el que posibilitó la contracción de la enfermedad, privando a los procesos anímicos implicados de una tramitación normal adecuada.
23NEUROSIS Y PERVERSIÓN. Buena parte de la oposición que han suscitado estas tesis mías se explica por el hecho de que se hace coincidir la sexualidad de la cual yo derivo los síntomas psiconeuróticos con la pulsión sexual normal. Pero el psicoanálisis enseña todavía algo más. Muestra que los síntomas en modo alguno se desarrollan únicamente a expensas de la pulsión sexual llamada normal (no, al menos, de manera exclusiva o predominante), sino que constituyen (darstellen) la expresión convertida [representan una conversión] (konvertierten Ausdruck) de pulsiones que podrían calificarse de perversas (en el sentido más amplio de la palabra) si pudieran exteriorizarse directamente, sin difracción por la conciencia, en actos imaginados, actividades de [acciones en] la fantasía y en actos reales, acciones en la realidad. Por tanto, los síntomas se forman en parte a expensas de una sexualidad anormal [contraria a la norma] (abnormer); la neurosis es, por así decir, el negativo77 de la perversión (die Neurose ist sozusagen das Negativ der Perversion)78
La pulsión sexual de los psiconeuróticos permite discernir todas las aberraciones que en lo anterior hemos estudiado como variaciones respecto de una vida sexual normal y como manifestaciones de una vida sexual mórbida79.
a. En la vida anímica inconsciente de todos los neuróticos (sin excepción) se encuentran mociones de inversión, de fijación de la libido en personas del mismo sexo. Sin una elucidación que vaya al fondo no es posible apreciar como corresponde la importancia de este factor para la configuración del cuadro de la enfermedad; sólo puedo asegurar que la inclinación inconsciente a la inversión nunca falta y, en particular, presta los mayores servicios al esclarecimiento de la histeria masculina80.

b. En el inconsciente de los psiconeuróticos pueden pesquisarse, como formadoras de síntoma, todas las inclinaciones a la trasgresión [desplazamiento] anatómica; entre ellas, con particular frecuencia e intensidad, las que reclaman para las mucosas bucal y anal el papel de los genitales.
[PULSIONES PARCIALES]
c. Entre los formadores de síntoma de las psiconeurosis desempeñan un papel sobresaliente las pulsiones parciales81, que las más de las veces se presentan [entran en escena] en pares de opuestos; ya tomamos conocimiento de ellas como promotoras de nuevas metas sexuales: la pulsión del placer de ver y de la exhibición, y la pulsión a la crueldad, en sus configuraciones activa y pasiva. La contribución de esta última se hace indispensable para comprender la naturaleza penosa de los síntomas, y casi regularmente gobierna una parte de la conducta social de los enfermos. Por medio de este enlace [anudamiento] de la libido con la crueldad se produce también la transformación del amor en odio, de sentimientos tiernos en sentimientos hostiles, característica de toda una serie de casos de neurosis y aun, al parecer, de la paranoia en su conjunto.
El interés de estos resultados aumenta más todavía si se tienen en cuenta algunas particularidades que presenta el material fáctico [objeto de estudio].
. Cuando se descubre en el inconsciente una pulsión de esa clase, susceptible de ir apareada con un opuesto, por regla general puede demostrarse que también este último produce efectos [al actuar ambos simultáneamente]. Por tanto, toda perversión «activa» es acompañada así por su contraparte pasiva. Quien en el inconsciente es exhibicionista, es al mismo tiempo voyeur; quien padece las consecuencias de la represión de tendencias sádicas, recibe otro suplemento a sus síntomas desde las fuentes de una inclinación masoquista. Es por cierto muy notable la concordancia con la conducta de las correspondientes perversiones «positivas»; pero en los cuadros patológicos, una u otra de las inclinaciones opuestas desempeña el papel prevaleciente.

. En un caso de psiconeurosis más acusado, rara vez se encuentra una sola (einzig) de estas pulsiones perversas: las más de las veces -hallamos un gran número de ellas y, por regla general, huellas de todas. Empero, la intensidad de cada pulsión singular [tomada aisladamente, caso por caso o uno por uno] (Einzeln) es independiente del desarrollo de las otras. También en este punto el estudio de las perversiones «positivas» nos proporciona la exacta contrapartida.



5. Pulsiones parciales y zonas erógenas.
Si reunimos lo que la indagación de las perversiones positivas [las perversiones propiamente dichas] y negativas [las neurosis] nos ha permitido averiguar, resulta sugerente referirlas a una serie de «pulsiones parciales» que, empero, no son algo primario, pues admiten una ulterior descomposición [corte suplementario] (Zerlegung).
[DEFINICIÓN DE PULSIÓN]
Por «pulsión» podemos entender al comienzo nada más que la representancia [agencia representante] (Repräsentanz)82 psíquica de una fuente de excitación [estímulos] (Reizquelle) intrasomática en continuo fluir; ello a diferencia del «estímulo» (Reize), que es producido por excitaciones singulares provenientes del exterior. Así, «pulsión» es uno de los conceptos límite [frontera] entre lo anímico y lo corporal. La hipótesis más sencilla y cómoda acerca de la naturaleza de las pulsiones sería esta: en sí no poseen cualidad alguna, sino que han de considerarse sólo como una medida de exigencia de trabajo para la vida anímica. Lo que distingue a las pulsiones unas de otras y las dota de propiedades específicas es su relación con sus fuentes somáticas y con sus metas. La fuente de la pulsión es un proceso excitador en el interior de un órgano, y su meta inmediata consiste en cancelar ese estímulo de órgano83.

[DEFINICIÓN DE ZONA ERÓGENA]


Otra hipótesis provisional en la teoría de las pulsiones, que no podemos omitir aquí, reza lo siguiente: los órganos del cuerpo brindan excitaciones de dos clases, basadas en diferencias de naturaleza química. A una de estas clases de excitación la designamos como la específicamente sexual, y al órgano correspondiente, como la «zona erógena» de la pulsión parcial sexual que emana y arranca de él84.

En el caso de las inclinaciones perversas que reclaman significación (Bedeutung) sexual para la cavidad bucal y el orificio anal, el papel de la zona erógena es muy sencillamente manifiesto. Puede observarse con toda precisión como esta zona se comporta como una parte del aparato sexual. En el caso de la histeria, estos lugares del cuerpo y los tractos de mucosa asociados a ellos se convierten en la sede de nuevas sensaciones y cambios o alteraciones de inervación -y aun de procesos comparables a la erección-, en un todo similares a las de los órganos propiamente genitales cuando están sometidos a las excitaciones de los procesos sexuales normales.



Entre las psiconeurosis, es en la histeria donde resalta más nítidamente la importancia y significación de las zonas erógenas como aparatos anexos y subrogados de los órganos genitales; pero ello no implica afirmar que deban subestimarse en las otras formas de enfermedad. En estas (neurosis obsesiva, paranoia) es solamente menos notoria, pues la formación de síntoma se cumple en regiones del aparato anímico más alejadas de los diversos centros que gobiernan al cuerpo. En la neurosis obsesiva, lo más llamativo es la importancia de los impulsos, que crean nuevas metas sexuales y parecen independientes de las zonas erógenas. No obstante, en el placer de ver y de exhibirse, el ojo es el equivalente de una zona erógena; en el caso del dolor y la crueldad en cuanto componentes de la pulsión sexual, es la piel la que asume el mismo papel: la piel, que en determinados lugares del cuerpo se ha diferenciado en los órganos de los sentidos y se ha modificado hasta constituir una mucosa, y que es, por tanto, la zona erógena  [por excelencia]85.

6. Explicación de la aparente preponderancia de la sexualidad perversa en el caso de las psiconeurosis.
Las elucidaciones precedentes pueden haber puesto bajo una luz falsa la sexualidad de los psiconeuróticos. Quizá sugirieron que, en virtud de su disposición, ellos se aproximan mucho a los perversos por su conducta sexual, distanciándose de los normales en la misma medida. Ahora bien, es muy posible que la disposición constitucional de estos enfermos contenga, junto a un grado hipertrófico de represión sexual y a una hiperpotencia de la pulsión sexual, una desacostumbrada inclinación a la perversión en el sentido más amplio. No obstante, la indagación de casos más leves muestra que este último supuesto no es indispensable, o que al menos en el juicio sobre sus efectos patológicos tiene que restarse [deducirse, descontarse] la acción de otro factor. En la mayoría de los psiconeuróticos, la enfermedad se contrae sólo después de la pubertad y frente a las exigencias de la vida sexual normal; en contra de esta apunta, sobre todo, la represión. O bien se la contrae más tardíamente, cuando se frustran (versagt) las vías normales de satisfacción de la libido. En uno u otro caso, la libido se comporta como una corriente cuyo cauce principal queda cortado; llena entonces las vías colaterales que hasta entonces quizás habían permanecido vacías. Así, la inclinación, en apariencia tan grande, de los psiconeuróticos a la perversión (la inclinación negativa o negada, es cierto) puede estar reforzada colateralmente; y en todo caso, su acrecentamiento tiene que ser colateral. El hecho es, justamente, que es preciso alinear la represión sexual, en calidad de factor interno, junto con los factores externos que, como la restricción de la libertad, la inaccesibilidad del objeto sexual normal, los peligros que trae aparejado el acto sexual normal, etc., generan perversiones en individuos que de lo contrario acaso habrían seguido siendo normales.
[SERIES COMPLEMENTARIAS]

En distintos casos de neurosis las proporciones pueden variar en esto; una vez, lo decisivo será la fuerza innata de la inclinación a la perversión, otra, su acrecentamiento colateral por retracción [desvío] de la libido de la meta y objeto sexuales normales. Sería erróneo suponer una oposición donde existe un nexo [una relación] de cooperación. La neurosis obtendrá siempre sus máximos logros cuando la constitución y el vivenciar [la experiencia vivida] cooperen en el mismo sentido. Una constitución pronunciada podrá quizá prescindir del apoyo de impresiones vitales, y tal vez una vasta conmoción vital provocará la neurosis aun en una constitución ordinaria. Por lo demás, estos puntos de vista valen de igual manera en otros campos respecto del alcance [significatividad] etiológico de lo innato y de lo accidentalmente vivenciado.

Pero si se privilegia la hipótesis de que una inclinación particularmente marcada a las perversiones es una de las peculiaridades de la constitución psiconeurótica, se abre la perspectiva de poder distinguir una gama de tales constituciones según la preponderancia innata de esta o estotra zona erógena, de esta o estotra pulsión parcial. Como ocurre con tantas cosas en este campo, no se ha investigado todavía si la disposición perversa guarda particular correspondencia con la elección de la forma de enfermedad.

7. Referencia al infantilismo de la sexualidad
Con el descubrimiento de las mociones [impulsos] perversas en cuanto formadoras de síntoma en las psiconeurosis hemos elevado considerablemente el número de hombres a quienes podría calificarse de perversos. No sólo los neuróticos mismos constituyen una clase muy numerosa; también ha de tenerse en cuenta que desde todas las formas de neurosis pueden establecerse series descendentes, sin solución de continuidad, hasta la salud. Por eso pudo decir Moebius, con buenos fundamentos, que todos somos un poco histéricos. Así, la extraordinaria difusión de las perversiones nos fuerza a suponer que tampoco la disposición para ellas es una rara particularidad, sino que tiene que formar parte de la constitución juzgada normal.

Es discutible, según dijimos, que las perversiones se remonten a condiciones innatas o nazcan, tal como lo supuso Binet respecto del fetichismo, en virtud de vivencias contingentes. Ahora se nos ofrece esta resolución del dilema: en la base de las perversiones hay en todos los casos algo innato, pero algo que es innato en todos los hombres, por más que su intensidad fluctúe y pueda con el tiempo ser realzada por influencias vitales. Se trata de unas raíces innatas de la pulsión sexual, dadas en la constitución misma, que en una serie de casos (perversiones) se desarrollan hasta convertirse en los agentes efectivos de la actividad sexual, otras veces experimentan una sofocación (Unterdrückung) (represión (Verdrangung)) insuficiente, a raíz de lo cual pueden atraer a sí mediante un rodeo, en calidad de síntomas patológicos, una parte considerable de la energía sexual, mientras que en los casos más favorecidos, situados entre ambos extremos, permiten, gracias a una restricción eficaz y a algún otro procesamiento, la génesis de la vida sexual llamada normal.

Pero hemos de decirnos, también, que esa presunta constitución que exhibe los gérmenes de todas las perversiones sólo podrá rastrearse en el niño, aunque en él todas las pulsiones puedan emerger únicamente con intensidad moderada. Vislumbramos así una fórmula: los neuróticos han conservado el estado infantil86 de su sexualidad o han sido remitidos a él. De ese modo, nuestro interés se dirige [de modo natural] a la vida sexual del niño; estudiaremos el juego de influencias en virtud del cual el proceso de desarrollo de la sexualidad infantil desemboca en la perversión, en la neurosis o en la vida sexual normal [del adulto].




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