Tres ensayos de teoría sexual



Descargar 413 Kb.
Página2/11
Fecha de conversión10.12.2017
Tamaño413 Kb.
Vistas585
Descargas0
1   2   3   4   5   6   7   8   9   10   11

Juan Bauzá



Prólogo a la segunda edición de 19104

El autor, que no se llama a engaño sobre las deficiencias, las lagunas y oscuridades [zonas de sombra]5 de este pequeño escrito [opúsculo], ha resistido empero la tentación de incorporarle los aportes y resultados de la investigación en los últimos cinco años, con el propósito de no destruir su unidad como documento. Por eso reproduce el texto original [de la primera edición] con pequeñas modificaciones y se contenta con añadir algunas notas a pie de página, que se distinguen de las notas antiguas por llevar antepuesto un asterisco6. Por lo demás, es su ferviente deseo que este libro envejezca rápidamente, y que, en su momento y durante un tiempo, fuera una novedad sea algo que pueda ser aceptado por todos, y que las deficiencias e insuficiencias, derivadas de la imperfección de su ignorancia, sean sustituidas, en la medida de la ampliación y de la precisión de nuestros conocimientos, por algo más correcto y exacto.

Viena, diciembre de 1909

Prólogo a la tercera edición de 1915

Tras observar durante un decenio la recepción y los efectos que este libro ha tenido, quiero dotar a su tercera edición con algunas advertencias previas, destinadas a corregir malentendidos y responder a ciertas críticas desmesuradas que se le han hecho y a algunas que puedan planteársele en el futuro. Ante todo, me parece preciso señalar y destacar que la presente exposición (Darstellung) parte aquí enteramente de la experiencia clínica cotidiana, que la indagación psicoanalítica propiamente dicha procura profundizar, y del desarrollo a partir de la misma de un trabajo teórico sobre sus resultados destinado a conferirle significación científica. Así, los Tres ensayos de teoría sexual no quieren contener más que lo que el psicoanálisis hace necesario aceptar razonablemente o permite comprobar y confirmar7. Por eso queda excluido tanto que alguna vez puedan ir más allá en su ampliación, como el cerrarse a futuras investigaciones, para constituir, de una vez por todas, una «teoría sexual» completa. Por ello es comprensible que no pueda adoptar posición sobre muchos problemas, todavía parcialmente resueltos o irresueltos, y no menores sino importantes de la vida sexual. Pero no se crea que estos capítulos omitidos o insuficientemente desarrollados, del gran tema fueron necesariamente ignorados por el autor, o menospreciados y relegados por considerarlos secundarios o accesorios.

Ahora bien, si este escrito es tributario de, y se subordina a las experiencias psicoanalíticas que llevaron a redactarlo, esto se evidencia no sólo en la selección del material, sino también en su disposición y ordenamiento. En todas sus partes se mantiene una cierta jerarquía: se da prioridad a los factores accidentales8, que ocupan así el primer plano, mientras que los disposicionales9 son dejados en el trasfondo y el desarrollo ontogenético se considera con preferencia a la evolución filogenética. En efecto, lo accidental [y con ello lo adquirido a través de la experiencia histórica del sujeto] desempeña el papel principal en el análisis, y este lo domina casi íntegramente. En cambio, lo disposicional [genético o constitucional] sólo sale a la luz tras él, como algo evocado por el vivenciar, pero cuya consideración excedería ampliamente el campo de trabajo y de acción del psicoanálisis.

Una condición análoga gobierna la relación entre ontogénesis y filogénesis. La primera puede considerarse en cierto modo como una repetición de la filogénesis en la medida en que esta no es modificada por un vivenciar más reciente. Por detrás del proceso ontogenético se hace notar necesariamente la disposición filogenética. Pero, en el fondo, la disposición podemos considerarla como la sedimentación de un vivenciar anterior de la especie, al cual viene a agregarse el vivenciar más reciente del individuo como suma de los factores accidentales10.

Junto a su fundamental dependencia de la investigación psicoanalítica, tengo que destacar, como característica fundamental de este trabajo mío, su deliberada independencia respecto de la investigación biológica. Así, he procurado evitar cuidadosamente introducir expectativas [extrapolaciones] científicas basadas en especulaciones provenientes de la biología sexual general, o de la biología de las diversas especies animales, en el estudio que la técnica del psicoanálisis hace posible y nos permite realizar sobre la función sexual en el ser humano. En verdad, mi propósito fue dar a conocer todo cuanto puede colegirse acerca de la dinámica de la vida sexual humana con los medios de la investigación psicológica; a la vez que me parecía lícito señalar las relaciones de consecuencia y de concordancia obtenidas a raíz de esa indagación, pero el hecho de que en muchos puntos importantes el método psicoanalítico llevara a perspectivas y resultados muy diversos de los producidos por la teoría biológica sola, y que discrepaban de ella, no me han convencido como razón suficiente para apartarme de mi camino.

En esta tercera edición he introducido numerosas adiciones [abundantes intercalaciones], pero renuncié a marcarlas en el texto, como en las ediciones anteriores, mediante un signo particular. Es verdad que, en el campo que aquí abordamos, los progresos del trabajo científico se han hecho en la actualidad más lentos; pero hacía falta complementar este escrito para actualizarlo y hacerlo congruente con la bibliografía psicoanalítica más reciente11.

Viena, octubre de 1914

Prólogo a la cuarta edición de 1920

Concluido el reflujo de la marea bélica, podemos comprobar con satisfacción que el interés por la investigación psicoanalítica ha permanecido incólume y se ha extendido en el ancho mundo. Empero, no todas las partes de nuestra teoría han tenido el mismo destino. Las nociones, las formulaciones y postulados puramente psicológicos del psicoanálisis acerca del inconsciente, la represión, el conflicto patógeno, el beneficio [goce] de la “enfermedad”, los mecanismos de la formación de síntoma, etc., gozan de una creciente aceptación y son reconocidos y tenidos en cuenta aun por quienes son nuestros adversarios y los cuestionan en principio. Pero la parte de la doctrina lindante con la biología [con las teorías biologistas], cuyas bases [fundamentos] se ofrecen en este pequeño escrito, sigue suscitando un permanente antagonismo, que no ha cedido, y aun personas que durante un lapso se ocuparon intensamente del psicoanálisis se vieron movidas a abandonarlo para adoptar nuevas concepciones, por lo general destinadas a restringir y a reducir, una vez más, el papel del factor sexual tanto en la vida anímica considerada normal, como en la tenida por patológica.

A pesar de ello, no puedo resolverme a creer que esta parte de la doctrina psicoanalítica difiera mucho más que las otras de la realidad que colegimos. Tanto el recuerdo que de ella tengo, como las comprobaciones incesantemente renovadas y repetidas una y otra vez, me demuestran que la misma es el producto de una observación tan minuciosa como libre de prejuicios. Por lo demás, no es difícil explicar esa disociación que advertimos con su reconocimiento público. En primer lugar, los comienzos que aquí se describen de la vida sexual humana sólo pueden ser confirmados por aquellos investigadores que posean la suficiente paciencia y habilidad técnica necesarias para llegar a observarlos y llevar el análisis hasta los primeros años de la infancia del paciente [o a una suficiente profundidad estructural inconsciente]. Y con frecuencia aun suele faltar la posibilidad de realizar esta exploración, pues a la acción médica se le pide, y la misma suele exigir una solución más expeditiva, en apariencia, una resolución más rápida del caso clínico12. En cuanto a los no médicos, que ejercen el psicoanálisis, no pueden acceder a estos casos, y, por tanto, tampoco posibilidad alguna de formarse una opinión sensata o un juicio razonable, no influido por sus propias aversiones y prejuicios13. Si los hombres supieran aprender de la observación directa de los niños, estos tres ensayos bien podrían haber quedado sin ser escritos.

Pero, además, es preciso recordar que una parte del contenido de este trabajo, a saber, su insistencia en la importancia de la vida sexual para todas las actividades humanas y su intento de ampliar el concepto de sexualidad, constituyó desde siempre el motivo más fuerte de resistencia al psicoanálisis. En el afán de acuñar frases grandilocuentes, se ha llegado a hablar del «pansexualismo» del psicoanálisis y a lanzarle el absurdo reproche de que lo explica “todo” a partir de la sexualidad. Esto solamente nos asombraría si olvidáramos la confusión y la desmemoria que inducen los factores afectivos. En verdad, hace ya mucho tiempo, el filósofo Arthur SCHOPENHAUER expuso a los hombres el grado en que sus actos y sus aspiraciones son movidos por impulsos sexuales -en el sentido habitual del término- ¡Y parece mentira que todo un mundo de lectores haya podido borrar de su mente hasta tal punto una advertencia tan perentoria! Pero en lo que se refiere a la “ampliación” y “extensión” del concepto de sexualidad, que el análisis de los niños y de los llamados perversos impone [hace necesaria], todos cuantos miran con desdén al psicoanálisis desde su encumbrada posición deberían advertir cuán próxima se encuentra esa sexualidad ampliada del psicoanálisis al Eros del divino Platón. [Cf. NACHMANSOHN, M. (1915), “Freud Libidotheorie verglichen mit der Eroslehre Platos” (La teoría de la libido de Freud comparada con la doctrina del Eros de Platón), Int. Z. ärztl. Psychoanal., 3, p. 65]

Viena, mayo de 1920




Compartir con tus amigos:
1   2   3   4   5   6   7   8   9   10   11


La base de datos está protegida por derechos de autor ©psicolog.org 2019
enviar mensaje

enter | registro
    Página principal


subir archivos