Trastornos del aprendizaje. Trabajo grupal. Dispraxia verbal



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Bibliografía




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DISCALCULIA

Concepto

La discalculia o dificultades en el aprendizaje de las matemáticas (DAM) es una dificultad de aprendizaje específica en matemáticas. A las personas quienes la padecen se les llaman como "Discalcúlico".

Las dificultades con el calcúlo aritmético se suelen detectar a lo largo de la enseñanza primaria, esto es entre los 6 y 10 años.

Características clínicas

Los niños con discalculia del desarrollo, pueden presentar una gran cantidad de dificultades con el cálculo aritmético. Algunos son incapaces de reconocer los números o de escribirlos; en otros casos, pueden tener problemas para contar hasta 10. Otros pueden mostrar dificultades para comprender la suma, la resta, la multiplicación y la división, así como para realizar estas operaciones. En algunos casos pueden efectuar operaciones sencillas, como la suma de cifras de un solo digito, pero no pueden sumar números de dos dígitos.

Aunque la discalculia puede aparecer de manera aislada, estos niños presentan también a menudo dislexia, disgrafía del desarrollo y tratorno por déficit de atención con hiperactividad.

Los errores observados en los niños con discalculia son múltiples e involucran una gran cantidad de capacidades, como organización espacial, atención visual, motricidad juicio, razonamiento y memoria. La discalculia con regularidad se asocia con problemas de lectura, déficit de atención y dificultades emocionales.

Los niños que presentan discalculia pueden manifestar una variedad de errores numéricos a la vez que su cuadro clínico quizá varíe con relación del tipo de discalculia o a la gravedad del trastorno.

Se describen seis subtipos de discalculia caracterizados por la presencia de dificultades en:


  • La verbalización de términos y relaciones matemáticas.

  • El manejo de símbolos y objetos matemáticos.

  • La lectura de números.

  • La escritura de números.

  • La comprensión de ideas matemáticas.

  • La habilidad para “trasladar” de manera adecuada las cifras al realizar operaciones aritméticas con conversiones.

No se debe llamar discalculia a cualquier dificultas en el aprendizaje matemático, ya que puede ser simplemente un síntoma de otro trastorno.

Primeras señales de alerta



  • Desarrollo normal del lenguaje, la lectura y la escritura con dificultades para aprender a contar y resolver problemas.

  • Buena memoria para palabras escritas, pero dificultad para leer números, o recordar secuencia numérica.

  • Buen desarrollo de conceptos matemáticos generales por fallan en el cálculos específicos.

  • Problemas para ordenar conceptos cronológicamente o hacer estimaciones de tamaño o altura.

  • Pobre capacidad para estimar tiempo o distancia.

Existen diferentes pruebas que se pueden utilizar para hacer el diagnostico de discalculia.

TEDI-MATH (test para el diagnostico de las competencias básicas en matemáticas).

Parte de un modelo cognitivo. Evalúa las destrezas matemáticas.

Aritmética (WISC-IV)

Evalúa habilidades para utilizar conceptos numéricos abstractos y operaciones numéricas.

Discalculia Screener (infer-Nelson) B. Butterworh

Instrumento computarizado en ingles, pero se puede usar en español. evalúa las destrezas matemáticas.

Tratamiento


En este caso, el tratamiento es individual y, en un primer momento, el niño deberá realizar actividades junto a un maestro de apoyo o bien con la familia (previo entrenamiento escolar). Después de un periodo de trabajo conjunto, se impulsará al niño a la práctica.

Todos los ejercicios de rehabilitación matemática deben presentar  un atractivo interés para que el niño se predisponga al razonamiento, en prime termino  por agrado o por curiosidad , y luego, proceder  al razonamiento matemático

En ausencia de trastornos orgánicos graves, hay que proceder a la reeducación, con el empleo progresivo de objetos que se ponen en relación con un símbolo numérico, para instaurar en el individuo la noción de cantidad y la exactitud del razonamiento

La adquisición  de destreza en el empleo de relaciones cuantitativas es la meta de la enseñanza a niños discalcúlicos. A veces es necesario comenzar por un nivel básico no verbal, donde se enseñan los principios de la cantidad, orden, tamaño, espacio y distancia, con el empleo de material concreto

Los procesos de razonamiento, que desde el principio se requieren para obtener  un pensamiento cuantitativo, se basan en la percepción visual, por bloques, tablas de clavijas

Además, hay que enseñar al niño el lenguaje de la aritmética: significado de los signos, disposición de los números, secuencia  de pasos en el cálculo y solución de problemas   

Bibliografía


AUTISMO


Priscila Soto Noyola

1080546


05/04/2012
El autismo es un trastorno del desarrollo en el que se producen alteraciones de diferente gravedad en áreas como el lenguaje y la comunicación, en el campo de la convivencia social y en la capacidad de imaginación. Suele iniciarse en los niños menores de tres años.

Tiene una mayor incidencia en niños que en niñas. Las habilidades de un niño autista pueden ser altas o bajas dependiendo tanto de su nivel de cociente intelectual y de su capacidad de comunicación verbal.

Las causas del autismo aún se desconocen, pero existen algunas teorías que pueden explicar la enfermedad.

Causas del autismo



  1. Las relaciones del niño autista con su entorno y su ambiente social. Algunos estudios relacionan el autismo con una falta de afectividad en la infancia. En ocasiones, se ha relacionado el autismo con una educación sostenida por padres distantes, fríos y demasiado intelectuales.

  2. Deficiencias y anormalidades cognitivas. Parece existir alguna base neurológica en el desarrollo de esta enfermedad, aunque no está demostrada.

  3. Procesos bioquímicos básicos. Se ha encontrado un exceso de secreción de serotonina en las plaquetas de los autistas.

Aunque actualmente no se puede aceptar la base psicológica del autismo ante la sólida evidencia de su base orgánica, proporcionada por estudios genéticos, neurofisiológicos, neuropatológicos, neuroradiológicos y bioquímicos, hay pruebas que indican que el autismo puede ser causado por una variedad de problemas:



  • Influencias genéticas en el autismo: hay una mayor probabilidad que dos gemelos monocigóticos (idénticos) tengan autismo que dos gemelos dicigóticos. En el caso de los gemelos monocigóticos, hay una coincidencia en el 100% de los genes; mientras que con los gemelos dicigóticos, hay una coincidencia del 50% de los genes, que es la misma que se da entre hermanos que no son gemelos. En un estudio se identificaron a 11 familias en las cuales el padre tenía autismo. En las 11 familias, había un total de 44 hijos, de los cuales 25 fueron diagnosticados con autismo.

  • Virus: existe un riesgo aumentado de tener un hijo autista si la madre estuvo expuesta al virus de la rubéola durante el primer trimestre del embarazo. El citomegalovirus también se ha asociado con autismo. Además, se especulaba que los virus asociados con las vacunas como el de la vacuna contra la rubéola y el componente pertussis de la inyección DPT, pueden causar autismo. Un estudio publicado recientemente en una revista médica de enorme prestigio (The Lancet) ha llegado a la conclusión de que no hay evidencias que apoyen la hipotética relación entre la vacuna de la rubéola, viruela y sarampión, y el autismo.

  • Toxinas y la contaminación ambiental.

  • Anormalidades físicas. Se han encontrado diferentes anormalidades cerebrales en las personas afectadas por la enfermedad, aunque no se conocen las causas de estas anormalidades y su influencia sobre la conducta. Se realizaron exámenes en cerebros de autistas y se localizaron dos zonas que estaban subdesarrolladas (amígdala e hipocampo) que son las zonas identificadas como responsables de las emociones, la agresividad, los estímulos sensoriales y el aprendizaje.

  • Alteraciones bioquímicas: muchos individuos autistas tienen niveles elevados de serotonina en sangre y en líquido cefalorraquídeo pero otros lo tienen disminuido. Es importante saber que otros trastornos, como el síndrome de Down, también se asocian con niveles anormales de serotonina. También algunos individuos autistas tienen niveles elevados de endorfinas, considerada como un analgésico natural, lo que puede provocar una tolerancia aumentada al dolor.

  • Sistema inmune: los investigadores han visto que muchas personas autistas tienen una menor cantidad de linfocitos T, que son los que ayudan al sistema inmune a combatir la infección. Creen que una infección viral o una toxina ambiental pueden ser responsables de la enfermedad por los daños al sistema inmune.

Perfil del niño autista

El niño autista tiene una mirada que no mira, pero que traspasa. En el lactante, se suele observar un balbuceo monótono del sonido, un balbuceo tardío y una falta de contacto con su entorno, así como un lenguaje gestual. En sus primeras inteacciones con los demás, lo primero que se detecta es que no sigue a la madre en sus intentos de comunicación y puede entretenerse con un objeto sin saber para qué sirve.

En la etapa preescolar, el niño empieza a parecer extraño porque no habla. Le cuesta asumir el yo e identificar a los demás. No establece contacto con los demás de ninguna forma. Estos niños autistas pueden presentar conductas agresivas, incluso para sí mismos. Otra característica del autismo es la tendencia a llevar a cabo actividades de poco alcance de manera repetitiva como dar vueltas o llevar a cabo movimientos rítmicos con su cuerpo (aletear con sus brazos). Los autistas con un alto nivel funcional pueden repetir los anuncios comerciales de la televisión o llevar a cabo rituales complejos al acostarse a dormir.

En la adolescencia, se dice que 1/3 de los autistas suelen sufrir ataques epilépticos, lo cual hace pensar en una causa de origen nervioso.

Síntomas

- Acentuada falta de reconocimiento de la existencia o de los sentimientos de los demás.

- Ausencia de búsqueda de consuelo en momentos de aflicción.

- Ausencia de capacidad de imitación.

- Ausencia de juego social.

- Ausencia de vías de comunicación adecuadas.

- Marcada anormalidad en la comunicación no verbal.

- Ausencia de actividad imaginativa, como jugar a ser adulto.

- Marcada anomalía en la emisión del lenguaje con afectación.

- Anomalía en la forma y contenido del lenguaje. - Movimientos corporales estereotipados.

- Preocupación persistente por parte de objetos.

- Intensa aflicción por cambios en aspectos insignificantes del entorno.

- Insistencia irracional en seguir rutinas con todos sus detalles.

- Limitación marcada de intereses, con concentración en un interés particular.

A nivel intelectual, el grado de afectación varía enormemente; aunque se considera que en la mayoría de las ocasiones hay una deficiencia intelectual asociada, en algunos casos pueden ser normales o incluso encontrarse por encima de la media. La capacidad intelectual del autista puede ser normal o incluso alta pero la dirección que sigue no necesariamente sigue el curso del resto de los niños.

Se realizaron estudios psicométricos en autistas que demostraron que un 75% de ellos tenían un coeficiente intelectual (CI) inferior a 70. Pero si no consideramos únicamente los trastornos autísticos puros y ampliamos el concepto a Trastornos Generalizados del Desarrollo (Pervasive Developmental Disorders en ingles), la incidencia de retraso mental se reduce a un 20%.

Lo más característico de la enfermedad es la falta de reciprocidad en la relación social. El autista generalmente observa el mundo físico con una intensidad no habitual. La realidad que percibe puede ser placentera o infeliz, pero no puede compartir las sensaciones que percibe con sus semejantes. El autista suele evitar el movimiento anticipativo de los brazos que suelen hacer los niños cuando van a cogerles. En ocasiones evitan las caricias y el contacto corporal, aunque puede que lo busquen y deseen, como si esta fuera su forma de comunicación con las personas que consideran extrañas. A menudo ven a las personas como objetos y los tratan como tal.

Ya desde la guardería se suelen evadir de la interacción social que establecen los niños entre sí, no comparten los intereses de la mayoría y sus acciones no parecen tener un objetivo o este objetivo cambia constantemente.

Al niño autista le resulta muy difícil aceptar una negativa y tolera muy mal la frustración. La imposición de normas le genera una gran ansiedad y funciona como elemento potenciador de una conducta hiperactiva. Aprende con enorme facilidad conductas manipuladoras para conseguir sus objetivos.

La mirada del autista suele prescindir de la mirada de las otras personas, como si la mirada directa careciera de contenido comunicativo. En otras ocasiones la mirada es fría, pero debemos descartar la idea que el autista nunca mira a los ojos. La forma de mirar es uno de los elementos que contribuyen a dar a su cara un aspecto inexpresivo. Ni la expresión de su cara ni su conducta nos dará una pista de lo que piensa, de lo que ocurre en su interior.

Es probable que nos sintamos ante el autista como él ante nosotros; nosotros no podemos entender su mundo en la misma medida que él no entiende el nuestro.

Una característica que se da con mucha frecuencia es la ignorancia del peligro; un niño normal aprende de sus padres que se puede hacer daño y lo que tiene que hacer para evitarlo, pero el autista suele tener un concepto muy rudimentario del sentido de autoprotección.

El lenguaje en el niño autista

El retraso en el lenguaje es el motivo más frecuente de consulta médica; si a los dos años no se ha iniciado el lenguaje es necesario valorar su conducta social. En muchas ocasiones sustituyen el lenguaje por una jerga muy elaborada que puede parecer una imitación del lenguaje de los adultos pero que está desprovista de cualquier contenido semántico. Dentro de la jerga que utilizan, en ocasiones aparece una palabra o frase sofisticada pero totalmente fuera de contexto. Otra característica del lenguaje es la ecolalia (trastorno caracterizado por la repetición desordenada de frases o palabras que tienden a invadir todo el discurso) y la ausencia de interlocutor durante las largas conversaciones que pueden acompañar a los juegos infantiles; discursos vacíos de contenido pero con cuidada entonación como si fueran perfectamente elaborados. En el lenguaje suele haber falta de gesticulación o de expresión facial, o esta está disociada de la comunicación; por el contrario, puede utilizar el gesto para dirigir el adulto hacia su fin, pero como si el adulto fuera un objeto más, utilizado para satisfacer sus deseos.

Un fenómeno lingüístico indicativo de la enfermedades el uso del "tu" o el "él" en lugar del "yo".

En resumen, las principales alteraciones del lenguaje son:



  • Agnosia auditiva verbal: Es la incapacidad para descodificar el lenguaje recibido por vía auditiva y no se compensa con un esfuerzo para comunicarse mediante elementos no verbales (dibujos, gestos, etc.). El niño utiliza al adulto como simple objeto para alcanzar su objetivo. Los niños con esta disfunción lingüística son los más graves, ya que se suele acompañar de retardo mental. Se asocia con frecuencia a epilepsia.

  • Síndrome fonológico-sintáctico: pobreza semántica y gramatical acompañada de una vocalización deficiente.

  • Síndrome léxico-sintáctico: Incapacidad de recordar la palabra adecuada al concepto o a la idea.

  • Trastorno semántico-pragmático del lenguaje: Alteración del uso social o comunicativo del lenguaje. Los aspectos prácticos del lenguaje se basan en las habilidades lingüísticas pero también en la capacidad de comunicación, en la dificultad o facilidad para interpretar el pensamiento del interlocutor. Los aspectos del lenguaje que pueden estar alterados son los siguientes:

  • Turno de la palabra: en una conversación, mientras uno habla el otro escucha y viceversa y si no es así la comunicación queda muy limitada. En niños con trastorno del lenguaje puede haber dificultad en mantener un turno de palabra correcto durante la comunicación y tienden a adoptar el papel de "hablador". Además, los autistas tienen dificultad para utilizar el contacto visual para identificar el turno de palabra.

  • Inicios de conversación: se necesitan ciertas habilidades lingüísticas y saber qué se quiere decir y como se puede decir. La capacidad de iniciar una conversación o cambiar de tema requiere ciertas habilidades mentales – sociales, saber identificar en qué momento el interlocutor está receptivo para recibir un mensaje e incluso utilizar claves no verbales que indiquen el comienzo de una conversación. Los niños autistas tienen problemas para el inicio de una conversación y para cambiar de tema. Dentro de esta alteración del lenguaje se podría incluir la tendencia de los autistas a repetir la misma pregunta, independientemente de la respuesta.

  • Lenguaje figurado: nos volvemos a encontrar con una característica del lenguaje en la que se unen habilidades lingüísticas con habilidades sociales. Cuando hablamos, nuestras frases están llenas de dobles sentidos, significados implícitos, formas de cortesía, metáforas, giros gramaticales, etc. que regulan el uso social del lenguaje. Un niño con trastorno específico del lenguaje se encuentra con serias dificultades para entenderlo y por lo tanto tenderá a desconectar. Es necesario comprender el pensamiento del otro para participar en el intercambio de ideas, sentimientos y afectos y el niño autista se encuentra en este aspecto totalmente desbordado.

  • Clarificaciones: con este término hacemos referencia a la necesidad, para una mejor comprensión de la conversación, de repetir frases con distintos giros, repetir ideas y conceptos de manera distinta. Evidentemente es necesario poseer capacidades expresivas lingüísticas pero también saber cuando el mensaje es detectado de manera correcta. Igualmente, cuando el interlocutor no entiende bien lo que le dicen pide aclaraciones. El niño autista o con trastornos del lenguaje puede interpretar que el problema reside en su incapacidad para hacerse entender y ello le conduce a no preguntar ni pedir aclaraciones.

  • Mutismo selectivo: los niños que padecen esta alteración pueden hablar correctamente, pero en determinadas situaciones no utilizan prácticamente ningún lenguaje. Suele darse en niños autistas de funcionamiento alto.

  • Trastornos de la prosodia: la prosodia se refiere a la entonación y al ritmo que se aplica al lenguaje. En niños autistas de funcionamiento alto no es raro observar una anomalía en esta propiedad del lenguaje.

  • Hiperlexia: es un trastorno de la lectura que se da con mucha frecuencia en los niños autistas, aunque no exclusivamente en ellos, que consiste en la capacidad de leer con una perfección impropia para su edad pero con una comprensión muy limitada; leen muy bien pero no entienden nada. Esta dificultad conduce al fracaso escolar y si el problema no es detectado el niño no puede recibir la ayuda adecuada. Este trastorno se da con mayor frecuencia en niños autistas de funcionamiento elevado.

Patrones de conducta

La conducta del autista puede tener un carácter obsesivo por mostrar un interés excesivo por determinados objetos o actividades. El autista puede mostrar una autentica fijación por un objeto por su color, olor, textura, movimiento y lo considera como algo que le pertenece, por lo que sentirá gran frustración si no lo consigue.

En otras ocasiones sucede que no acepta un cambio de rutina, se siente seguro cuando existe un orden donde los sucesos son predecibles y lo inesperado lo toman como amenazante. Esta obsesión por el orden puede conducir a conductas ritualistas, repetitivas.

La epilepsia se da con mucha mayor frecuencia entre los autistas, entre el 4% y el 32%. La epilepsia, en niños con trastorno autista tiende a manifestarse en dos picos de edad: la época de lactante y la adolescencia.

Alrededor del 10% de las personas autistas tienen habilidades especiales, tienen una capacidad que se considera sobresaliente. Con frecuencia estas destrezas son espaciales por naturaleza, como los talentos especiales para la música y el arte. Otra destreza común es la capacidad matemática: algunas personas autistas pueden multiplicar cifras grandes mentalmente en un lapso corto de tiempo; otros pueden determinar el día de la semana al darles una fecha específica de la historia, etc.

Diagnóstico

La detección de los primeros signos del autismo antes del primer año de edad podría ayudar al niño y a su familia a mejorar su capacidad de adaptación a la enfermedad y a mejorar la evolución del paciente.

Para establecer un diagnóstico de autismo se deben dar seis o más manifestaciones del siguiente conjunto de trastornos:

Trastornos cualitativos de la relación. Se tienen que dar como mínimo dos de las siguientes manifestaciones:

Trastorno importante de conductas de relación no verbal, como la expresión de la cara, la forma de mirar, las posturas corporales y los movimientos que dirigen las relaciones sociales.

Incapacidad para desarrollar relaciones adecuadas con iguales.

Ausencia de conductas espontáneas encaminadas a compartir placeres, intereses o logros con otras personas.

Falta de reciprocidad social o emocional.

Trastornos cualitativos de la comunicación. Se tiene que dar un elemento como mínimo de los siguientes:

Retraso o ausencia completa de desarrollo del lenguaje oral . Además, no se intenta compensar con métodos alternativos de comunicación, como pueden ser los gestos o la mímica.

En personas con habla adecuada, que exista un trastorno importante en la capacidad de iniciar o mantener conversaciones.

Lenguaje estereotipado o repetitivo.

Falta de juego de ficción espontáneo y variado, o de juego de imitación social adecuado al nivel evolutivo.

Trastornos de la flexibilidad. Patrones de conducta, interés o actividad restrictivos, repetidos y estereotipados. Se tiene que dar como mínimo una de las manifestaciones siguientes:

Preocupación excesiva por un foco de interés (o varios) restringido y estereotipado, anormal por su intensidad o contenido.

Adhesión aparentemente inflexible a rutinas o rituales específicos y no funcionales.




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