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DE LA INICIATIVA A LA EXPERIENCIA

Dr. J. Miguel Hoffmann

En proceso de revisión por el Comité de Redacción de

“CLINICA PSICOLOGICA” - No citar sin expresa autorización.


DE LA INICIATIVA A LA EXPERIENCIA

Dr. J. Miguel Hoffmann1



INTRODUCCIÓN

En marzo de 1993 la I. P. A. organizó en Londres el III Encuentro sobre Investigación en Psicoanálisis. Se eligieron seis relato­res para contribuir al tópico general “El bebe observado y el bebe reconstruido”. Los discutidores eran, entre otros, Joseph Sandler, Daniel Stern, Otto Kernberg, Horst Kächele, Cristopher Bollas, Daniel Widlöcher, Peter Hobson y Robert Wallerstein. Hubo tres relatores por Europa, dos por Norteamérica y este aporte como contribución por Latinoamérica. Las discusiones fueron muy intensas, encendidas, participativas, con un público de 200 psicoanalistas clínicos, básicamente del área de Londres. Al organizarse el primero de éstos encuentros en el año 1991 teníamos pocas esperanzas de ver nuevas ediciones de este importante esfuerzo de integración entre el psicoanálisis clínico y la actividad de los psicoanalistas volcados parcial o totalmente a investigaciones empíricas ya que la resistencia a estos esfuerzos integrativos es, por momentos, muy fuerte. Sin embargo en 1994 se realizó el cuarto encuentro y el próximo ya está programado para 1995.

La idea central de esta ponencia es la postulación de las iniciativas del bebé, de su organización en acciones, de su impacto sobre el medio ambiente, de la respuesta del bebé a dicho impacto y de la internalización de la respuesta ambiental en el bebé. También se considera cuáles son los puntos que pueden llevar a un descarrilamiento de los eventos evolutivos, las puertas a la patología, pero sobre todo la significación de las iniciativas para el desarrollo normal. La comprensión de los mecanismos de constitución de funciones psíquicas y/o de las “estructuras” psíquicas que llevan a un funcionamiento normal facilitan además de la comprensión de la patología, la de la normalidad. Qué funciones psíquicas son las que permiten al individuo un desarrollo dentro de la salud, cuáles son los emergentes de dicha salud psíquica, por ejemplo la creativi­dad y la capacidad de procesamiento de experiencias de comple­jidad creciente, son temas derivados del nuevo campo del psicoanálisis observacional y experimental. También lo son una mayor comprensión de la constitución del polo subjetivo, de la conformación del sujeto de la interacción. Elegí un solo punto para discutir: la integración, basándome en mis observaciones y en su posterior elaboración teórica.

El primero en mencionar la integración, dentro de una descripción evolutiva, fue Donald Winnicott (1945) atribuyendo al sostén materno la progresiva integración psicofísica. Por medio del holding se llegan a reunir psique y soma. Este proceso se ve reforzado por el handling, o manejo de los cuidados corporales. Para Melanie Klein, en la misma década, se da la integración del yo junto con la integración del objeto en la posición depresiva, a la salida de la posición paranoide‑esquizoide. Esta concepción, basada en la propuesta anterior de Ronald Fairbairn, va tomando cuerpo en las teorizaciones de Klein y sus seguidores. En la explicación kleiniana lo primario no es una fuerza integradora sino el cambio de posición y su consecuencia la integración del yo y del objeto.

En las publicaciones modernas la integración ocupa un papel mucho más destacado, pero a la vez más variado también. La inclusión de nuevos elementos teóricos hizo que se volviera relevante el grado de cohesión logrado en la experiencia vivida desde el nacimiento, por ejemplo el mantenimiento de una cierta identidad histórica a lo largo del tiempo, una progresiva integración de las experiencias dentro de un continente/Self que va expandiéndose, el establecimiento de ciertos conjuntos de representaciones o “escenarios representativos”, que dan cuenta de los principales patrones de respuesta e interacción con el mundo. Con la inclusión de las teorizaciones del Self, integración pasa a ser un sinónimo de cohesión o grado de consolidación de un sistema o conjunto de estructuras. La cohesión garantiza la perdurabilidad de los sistemas. Otra acepción es la integración longitudinal o histó­rica que implica el eslabonamiento continuado de las experien­cias vividas por un mismo individuo, constituyéndose en el eje de su propia identidad a lo largo del tiempo, ser el mismo que en tal o cual época, reconocerse como igual a sí mismo. De estas diferencias me ocupé más extensamente en un trabajo publicado recientemente en Francia (Hoffmann 1994).

Haré una breve referencia al concepto de experiencia que es postulado en esta presentación como el objeto principal de la actividad psíquica. La búsqueda de experiencias es el motor de la acción psíquica. La experiencia puede ser tanto del orden de las pulsiones como de otros órdenes. Es una categoría abarcativa del fenómeno pulsional y por lo tanto más extensa que el mismo. Se trata de un cambio conceptual importante, formu­lado originalmente por Winnicott, retomado luego por Stern y otros. La acción que surge de la iniciativa tiene como finalidad justamente la realización de una experiencia.

Desde un punto de vista clínico, ciertas patologías se vinculan a la pérdida de un logro evolutivo: la integración. Por ejemplo, Winnicott relaciona los trastornos psicosomáticos con la anulación transitoria de la personalización. En el trabajo de Liberman (1981), los trastornos psicosomáticos se ven asociados a un comportamiento descrito como “sobreadaptación”, en el cual se observa un excesivo acatamiento a las expectativas ambientales y pocos deseos propios del sujeto.

La mayoría de nosotros estamos familiarizados con la idea del “Falso Self” desarrollado por Winnicott. Las publicaciones contemporáneas se refieren a una amplia gama de trastornos subjetivos, asociados o no con la concepción del Falso Self. Síntomas tales como futilidad, vacío, sentimientos de irrealidad, deseos poco desarrollados, escasa creatividad, falta de conductas lúdicas, poca o ninguna actividad cultural, ausencia de realización. Más que sufrir de ansiedad como consecuencia de conflictos, estos síntomas parecen ser el resultado de alguna forma de déficit o ausencia.

En la psicología psicoanalítica del Self, Heinz Kohut y sus seguidores también hacen esta descripción. La explicación elaborada por esta corriente teórica es la pérdida de cohesión del Self o bien su desarrollo deficiente.

Estudiando las diferentes teorías evolutivas de las escuelas post freudianas, se encuentran numerosos indicios para comprender algunas de estas manifestaciones clínicas. Entre los más recientes teóricos se encuentra Daniel Stern (1985) quien comienza a hablar del sentido de agencia de los propios actos. Este es un tema de gran importancia clínica para los casos de sobreadaptación mencionados en el cuadro clínico descrito por David Liberman. Tomando como referencia un comentario de Heinz Kohut en el sentido que no existía una explicación teórica en el psicoanálisis para la función psíquica de la iniciativa sumado a los aportes realizados por D. Stern en cuanto a sentido de agencia, comencé a interesarme por el tema de las conductas auto iniciadas.

En general el bebé es descrito siguiendo la teoría de “de tal palo tal astilla”. Existen pocas descripciones o ninguna que involucre al bebé como un agente causal de su propio desarrollo o que estudie el origen de sus actos autos iniciados. En los relatos de Spitz (1968), encontramos las primeras referencias a una voluntad propia en bebés de 15 meses, cuando expresan su capacidad para decir o expresar “no”.

En búsqueda de mayores correlaciones entre los estudios empíricos sobre el desarrollo y la comprensión clínica decidí iniciar un programa de entrenamiento en investigación y pasé los últimos 13 años dividiendo mi tiempo entre la tarea clínica y la investigación empírica. El foco de mi interés se circunscribió al despliegue de la individualidad expresada como iniciativa y voluntad propia y la correlación con las respuestas y la influencia ambiental en la negociación del espacio psíquico.

HALLAZGOS EMPÍRICOS

Durante mi entrenamiento en investigación psiquiátrica fui asignado a una tarea donde se utilizaba la situación de alimentación. Por aquella época, 1981, se buscaban signos tempranos del apego. Pude hacer en aquella investigación, mi primer descubrimiento: los bebés de una edad de seis meses desarrollaban conductas muy complejas independientemente de lo que el ambiente \ madre tratara de hacerlos hacer. Estas actividades de las cuales pude identificar una gran cantidad, no se encuentran descriptas en la bibliografía.

Hice dos descubrimientos suplementarios: Primero, la madre siempre reacciona, abiertamente o no a estas actividades del bebé; Segundo, las actividades del bebé y las respuestas maternas constituyen un campo interactivo caracterizado por diferentes formas de negociación, confrontación y encuentros.

Los primeros descubrimientos se tornaron en interrogantes e investigación: ¿Cuánto de su comportamiento determina el propio bebé (de 5 a12 meses de edad)? ¿Qué capacidad tienen estos bebés de iniciar una conducta significativa? ¿Cuál es la influencia ambiental sobre este proceso? ¿Tiene el bebé formas de hacer su voluntad? ¿Es posible hablar de voluntad propia a los pocos meses de edad? ¿Existe alguna forma de decisión tomada por los bebés? ¿Podrían dichas decisiones chocar con el ambiente? ¿Podría conducir esto a conflictos y confrontaciones? ¿Habría entonces señales de protesta que podrían anunciar tempranamente formas silenciosas de confrontación?

Durante los siguientes años recolectamos unas 350 situaciones de alimentación correspondientes a unas 140 díadas madre - bebé; 250 de estas pertenecen a un estudio longitudinal efectuado en 40 díadas filmadas a intervalos mensuales desde el comienzo de la alimentación con sólidos hasta el año cumplido. Las conductas iniciadas por los bebés pudieron clasificarse en categorías estableciendo además la existencia de valores diferentes para la complejidad creciente (análisis cualitativo). Las respuestas maternas se clasifican como favorables hacia las iniciativas del bebé o adversas. Las reacciones negativas del bebé pueden presentarse en dos categorías diferentes: a) disminución en la cantidad y calidad de las iniciativas y b) respuestas negativas activamente conducidas. Codificando con este método las conductas pudimos obtener una comprensión del desarrollo longitudinal a lo largo del primer año de vida. Este instrumento permite entonces observar primero: modificaciones en el desarrollo individual bajo la influencia de una relación continua con el ambiente; segundo, el proceso de negociación entre una individualidad que se está desplegando y un ambiente intensamente involucrado, y tercero, determinación de la cantidad de espacio que le va asignando el medio ambiente al infante en expansión.

La hipótesis original fue la siguiente: respuestas ambientales favorables hacia la iniciativa del bebé producirán un mayor desarrollo cuanti-cualitativo de las mismas; concurrentemente observaremos menos conductas negativas (aversivas) y pocas o ninguna confrontación. Por el contrario, una respuesta adversa del ambiente generaría una disminución cuanti-cualitativa de las iniciativas junto a un incremento en las respuestas aversivas y la conflictividad.

Si el desarrollo infantil evoluciona en un ambiente favorable hacia sus iniciativas, predecimos una creatividad mayor en la situación de juego a los 2 y 3 años (Hoffmann, Benito Silva, Segal 1994 proyecto de investigación sobre juego) y una mayor capacidad de aprendizaje a los 4.

FUNDAMENTOS TEÓRICOS

Se pueden observar tanto acciones destructivas como autoeróticas pero, al menos en nuestra muestra, son escasas si se las compara con las exploraciones, experimentaciones, juego o conductas interactivas del bebé. En Winnicott encontré una formulación de esto que resultó valiosa para la comprensión de mis observaciones, cito: "...La relación entre el adentro y el afuera es mucho mas importante que los eventos pulsionales y aún que las relaciones objetales mismas...” (1963, pp.72-73).

Esta afirmación permite sacar diferentes conclusiones, especialmente si uno piensa que la relación entre el adentro y el afuera es un puente de doble vía entre el sujeto y su ambiente.

En algunos trabajos anteriores (1989, 1991, 1992a, b, 1994, Hoffmann en prensa) desarrollé un esquema teórico para lograr una comprensión adecuada de los hallazgos empíricos. Trataré de resumirla muy brevemente: Tanto en un bebé como en un adulto que interactúa, tiene mucha vigencia lo que se hace, casi más que lo que se dice, solo que el psicoanálisis prácticamente no tiene una teoría de la acción a no ser en un sentido patológico como “acting out” o “acting in”. El descubrimiento subyacente a esta investigación es la capacidad de un bebé de iniciar un comportamiento significativo, tener iniciativas, sostenerlas aún hasta el punto de entrar en conflicto de intereses, confrontaciones y luchas por el poder con su objeto principal.

La primera referencia a la acción de un bebé, la encontré en un trabajo de Hoffer (1949) Allí señala el autor que cualquier contacto hecho por el bebé con la comida es o bien un intento de autoalimentación o bien una falta de destreza que hace que la mano del bebé caiga en el plato de la comida.

Esto no es lo que yo pude observar. Mis observaciones muestran bebés que inician conductas complejas relacionadas con la comida y la alimentación, que tienen iniciativas, las que sostienen aún en contra de la voluntad ambiental. El concepto más cercano al de iniciativa que pude encontrar, es la idea del gesto espontáneo (para usar tan sólo uno de sus múltiples sinónimos formulados por D. Winnicott). Este autor no desarrolló una teoría del gesto espontáneo, pero sí escribió que éste es la expresión del Self verdadero. Cito textualmente: “El gesto espontáneo es el Self verdadero en acción. Únicamente el Self verdadero puede ser creativo y tan solo el Self verdadero puede sentirse real...” (1960). Esta es una frase breve pero muy cargada de implicancias teóricas y clínicas. Desafortunadamente no muestra el camino por el cual esto se llega a hacer realidad.

¿Qué podría ser más importante para un psicoanalista que los eventos pulsionales o de relaciones objetales? ¿No son estos los límites del pensamiento psicoanalítico? Otra afirmación, en éste caso hecha por D. Stern, me ayudó a resolver esta dificultad; cito textualmente: “...El sentido de sí mismo es el principio organizante de la actividad psíquica. Las experiencias subjetivas son el contenido y el motor de la vida psíquica...” (1985, p.26).

Para otros autores el proceso decisivo de la actividad psíquica es el de asignar sentido a la experiencia, el proceso de semantización (Gear & Liendo, 1970; Palombo, J. 1991).

¿Qué podemos decir de la integración? Tenemos la descripción realizada por Winnicott cuando profundiza el rol del Holding durante el desarrollo emocional primitivo durante los primeros cinco a seis meses de vida. A partir de los trabajos con bebés prematuros (Als, H., 1983) conocemos la importancia que tiene la integración en la sobrevida por estabilización fisiológica. La coincidencia de diferentes sistemas en una unidad organizada por el sistema nervioso central. En la descripción de Piaget sobre el desarrollo del pensamiento (1952), la base es la integración sensorio motriz. En la descripción de Emde (1983), la experiencia afectiva se ve integrada por repeticiones construyendo el núcleo del Self, la primera continuidad que persiste.

PROPUESTA TEÓRICA

A partir de aquellos antecedentes bibliográficos, pude formularme una primera visión del sentido de la acción en los bebés como respondiendo al proceso de adquisición de experiencias y, adicionalmente, darle un sentido a dichas experiencias. También interviene la necesidad de integrar las diferentes experiencias en un flujo central. Estas serían entonces las fuerzas que mueven tanto la salida del sujeto hacia el exterior como la búsqueda de incorporación de vivencias obtenidas en el exterior.

Hasta aquí este rompecabezas teórico tendría los siguientes componentes: La integración de un funcionamiento corporal, en particular la integración de los eferentes sensoriales y los eferentes motores. Experiencias sensoriales, sensuales y cognitivas. La espontaneidad como modo. La relación entre un adentro y un afuera referido al sujeto. La concreción de experiencias a través de acciones. El proceso de darle un sentido a las experiencias o sea, la semantización. La continuidad establecida por la experiencia afectiva.
Voy a tratar ahora de integrar estos diferentes elementos con mis observaciones proponiendo la siguiente definición para la iniciativa:

Se refiere literalmente a “iniciar” que es diferente a reaccionar. Por lo tanto hace referencia a la idea de agencia. Esto estaría en el lado opuesto al comportamiento adaptativo en el sentido de acatamiento. La iniciativa está sostenida por formas claras de voluntad propia temprana llevando a confrontaciones y luchas. Lleva a acciones cuyo significado es accesible a un observador empático a través de las observaciones e inferencias; de acuerdo a la propuesta hecha por Stern (1985, p.7). Las implicancias generales para el bebé de sus iniciativas son la producción de experiencias, por un lado, y la canalización expresiva, incluyendo formas tan complejas como juego o creatividad. También produce un sentido, hacer sentido, y de ese modo contribuye a la semantización. No se trata de una descarga de tensiones ni de una actividad refleja, estando su naturaleza en la espontaneidad que emerge del Self verdadero. De hecho es la forma que tiene el Self de hacer que algo se vuelva real, tanto en el sentido de realización (para el sujeto) y de alcanzar la realidad (para el ambiente). Funciona integrando los estados afectivos, las actividades sensorio motrices y la experiencia previa. Por lo tanto sirve al intercambio entre el adentro y el afuera. Está al servicio de la participación. Abre el camino al conocimiento y la interacción, en un sentido literal de dos “inter-actuando” entre sí. La iniciativa reúne diferentes cuentos y por lo tanto podría considerarse un logro y un paso mayor en el desarrollo de la vida psíquica. En base a las observaciones realizadas por nosotros, podría ubicarse como apareciendo al final del cuarto mes de la vida; está precedido por conductas regulatorias que indican alguna forma de decisión y voluntad. En este sentido deberían interpretarse por ejemplo, el funcionamiento de la deglución, el chupar o no chupar, retener o eliminar las heces y la orina e inclusive la regulación de la frecuencia respiratoria. Parece ser el principal evento evolutivo durante el segundo semestre. En un trabajo reciente (Hoffmann, 1994) hablo de la centralidad del eje “gesto espontáneo-iniciativa-acción” en la organización del funcionamiento psíquico en esta etapa del desarrollo que comenzaría con los cambios en la alimentación (leche a sólidos), la posición de sentado y la organización de la motricidad y que finaliza aproximadamente al año con la adquisición de la deambulación y los orígenes de la locuela. Ya que la iniciativa parte del gesto espontáneo, en general es seguida de acciones conducentes a una experiencia; propongo considerar a la iniciativa como formando parte de un circuito: “Gesto espontáneo - iniciativa - acción - experiencia”. La interrupción del circuito en cualquier punto, se acompaña de la aparición de conductas aversivas. Esto probaría la necesidad del bebé de hacer experiencias a través del circuito que se considera por lo tanto como una unidad indivisible.

Una forma particular de experiencia merece un párrafo aparte, debido a la importancia que le atribuimos: Las respuestas ambientales a las iniciativas del bebé, pueden ser leídas por éste como una reacción global a su Ser; como aprobación o confirmación, o bien su opuesto. Lo que ha sido llamado período especular en diferentes escuelas del psicoanálisis, es una referencia a esta experiencia de obtener reconocimiento del propio ser por parte de la madre. Recientemente hice la distinción entre un período especular primario y otro secundario (Hoffmann, 1992b). La ubicuidad de este fenómeno es fácilmente observable: El bebé está permanentemente barriendo con los ojos las expresiones faciales maternas, tratando de leer las respuestas de la misma.

En el fenómeno especular, por lo tanto, las respuestas maternas producen experiencias de sí, o sea experiencias acerca de uno mismo visto por la madre. Estas experiencias de sí se asimilan en el sujeto quedando ordenadas en diferentes niveles de complejidad.

En otra publicación (Hoffmann, 1994) referimos a tres niveles: a) experiencia de sí; b) sentimiento de sí (sentir-se tal o cual cosa); c) auto abstracciones (imagen de sí- identidad- etc.).

CONCLUSIONES

La realización de experiencias y la integración

Durante el segundo semestre de vida, el bebé logra acceso al manejo de su ambiente inmediato a través del circuito “gesto espontáneo - iniciativa - acción”. El bebé hace experiencias específicas que reúnen un producto psíquico, el gesto espontáneo con la implementación corporal. Por lo tanto, durante este período de tiempo, la reunión entre psique y soma -creando la unidad psicosomática (Winnicott, 1945)- continúa. El resultado inmediato es una experiencia psicosomática de integración entendida también como “ser uno”. El circuito “gesto espontáneo - iniciativa - acción”, activa el fenómeno vital del experienciar, cualquiera sea el objetivo primario o secundario, del mismo. Como las dos caras de la moneda, un aspecto de cualquier evento psíquico es la producción de una experiencia para el sujeto: la experiencia subjetiva2. Este lado de la moneda, y nuestro interés por él, es lo que hace la diferencia entre el psicoanálisis y las psicologías experimentales o conductuales. Si bien la acción no es la única fuente para las experiencias, debemos coincidir en la conveniencia de distinguir entre experiencias buscadas activamente y aquellas que han sido sufridas pasivamente.

Al mismo tiempo, el circuito “gesto espontáneo - iniciativa - acción - experimentación” constituye un nexo entre las experiencias externas y las internas. Hacen los eventos externos accesibles al mundo de las representaciones internas. Viceversa, las acciones acarrean consigo contenidos expresivos hacia el exterior sirviendo, por ejemplo, a los fines de la transmisión de señales sociales o afectivas. No solo se transmiten estados a través de las acciones, sino también numerosas transformaciones de la realidad externa, consecuencia de los propósitos creativos.

Las experiencias producidas por este proceso de experienciar, desencadenados por el circuito “gesto espontáneo - iniciativa - acción - experimentación”, han de ser necesariamente integrados, después, al Self. Aquello que le ocurre a uno especialmente como consecuencia de procesos auto iniciados, se hace parte de uno mismo. Las experiencias van ya sea a la memoria o retornan a un ciclo de experienciar, agregando nuevas capas. Como acabamos de mencionar es necesario hacer alguna distinción entre las experiencias buscadas activamente y las que se sufrieron pasivamente. Sin embargo, desde las observaciones hechas por Freud, en el juego de su nieto con el carretel (1920), sabemos en psicoanálisis que el proceso de elaboración involucra un cierto monto de acción. A partir de cierto momento, la acción se vuelve pensamiento. Aún así el pensamiento sigue siendo para Freud (1911, 1932), la forma mínima de acción.

Esto nos permitiría hacer una propuesta para el concepto de working in, comprendido como el proceso de hacer parte de sí experiencias obtenidas a partir del circuito “gesto espontáneo - iniciativa - acción - experimentación”. Puede ser algo relacionado con el propio cuerpo o algo que está sucediendo en un vínculo o en la realidad externa en la cual uno toma parte activamente. También se podría ver como el proceso de asignar sentido o significado a través de las acciones generadas por las propias iniciativas. La naturaleza de aquellos que son alcanzados por el working in es amplia: desde experiencias cognitivas y sensoriales (llevando a un mayor conocimiento del propio cuerpo y del mundo circundante) hasta las formas más complejas de auto representaciones. Se diferencia del working through en que este último es un proceso sobre experiencias ya internalizadas, que han de ser adaptadas a necesidades internas. Lo que ha pasado por el working in puede, en una segunda etapa, pasar por un proceso de working through. Es mi impresión que el working through es mas importante en las experiencias sufridas pasivamente, aquellas que acontecieron sin una participación activa buscada por el sujeto.

Hasta el momento tendríamos iniciativas que sirven al propósito integrativo de diferentes maneras: 1) Utilizando los eferentes sensoriales y los esquemas motrices se vuelve una fuente directa de integración sensorio motriz. 2) El manejo de la realidad externa al igual que las propias inclinaciones expresadas espontáneamente, incrementan o sostienen la integración psicosomática que ha sido definida como personalización (Winnicott, 1995). 3) A través del proceso de working in se transmutan experiencias en partes de uno mismo. Esto podrá ocurrir en dos planos: a) a través de la construcción de representaciones; b) como concatenación de experiencias personales y vivenciales aún no procesadas al nivel de representación3.


Construcción del sujeto

La formación de diferentes niveles de organización de las experiencias de sí mismo es otro ejemplo de integración de experiencias. El circuito “gesto espontáneo - iniciativa - acción - experimentación” podría entonces completarse con el “reflejo ambiental “y por lo tanto estar al servicio de la “construcción del sujeto”. Cuando el reflejo ambiental se vuelve el objetivo del circuito de acción estamos fuera del ámbito de la espontaneidad y acercándonos hacia el campo del comportamiento de acatamiento y sobreadaptación. Esto abre el camino a la patología del Self; ya no estamos obteniendo experiencias de sí al servicio de la construcción del sujeto. Comienza a ocurrir lo opuesto a la integración, o al menos esta no se incrementa. Mientras las experiencias de sí se basan en iniciativas genuinas, obtenemos un reforzamiento de las anteriormente existentes. Esto se expresa en términos clínicos como un incremento en la cohesión o una mayor integridad. Entre el acto auto engendrado y el acatamiento sobre-adaptado, tenemos el amplio campo de la negociación del espacio psíquico.

Por lo tanto el circuito “gesto espontáneo - iniciativa - acción - experimentación” sirve a la integración en otras dos formas, a saber 4) Construyendo el Self a través de experiencias provocadas por uno mismo; en tanto uno se transforma por aquello que le ocurre, en el doble proceso de working in y working through, lográndose de este modo una continuidad en la propia memoria e historia. 5) Integrando las experiencias de si generadas a través de las propias acciones y respuestas ambientales específicas (mirroring secundario); las experiencias de sí se integran en diferentes capas de complejidad creciente que oscilan desde la experiencia simple a la abstracción compleja.

Una forma de referirnos al bienestar psíquico o salud, es la experiencia de la continuidad de uno mismo a lo largo del tiempo. La propia historia, organizada en la continuidad de las experiencias significativas es, de otro modo, un producto principal del psicoanálisis. La patología con frecuencia se expresa también en la tendencia a quebrar la continuidad, en una suerte de compulsión a la repetición de impedimentos históricos a la continuidad en el propio ser o a la ausencia dramática de capacidades integrativas. La reducción de las iniciativas, la ausencia de soluciones creativas para los distintos acontecimientos vitales, poca satisfacción en el propio campo de actividad, son solo algunas de las expresiones de la ruptura en el funcionamiento del circuito descrito, que liga la espontaneidad con la acción y sus reflejos en experiencias de distinto tipo.

RESUMEN

Las iniciativas tal como fueron definidas en este trabajo, son eventos psíquicos de particular complejidad que muestran un grado de integración y un cierto nivel de organización.



Las iniciativas serían el nexo entre los gestos espontáneos y la acción. Por lo tanto proponemos definir un circuito: “gesto espontáneo- iniciativa - acción - experiencia”, que lleva al fenómeno vital del experienciar. Los actos, con sus diferentes modalidades observables se vuelven la expresión del Self Verdadero. La increíble intensidad de las repuestas infantiles a los impedimentos a su propio programa de acción, solo pueden compartirse a través de la experiencia visual directa. Algunas de estas situaciones requieren de técnicas micro analíticas. Las palabras son, apenas, un pobre sustituto de la observación directa de estas situaciones. El papel que cumple este circuito descrito para el proceso de integración, es doble: 1- a través del proceso de working in de las experiencias generadas por medio del circuito y 2- por el proceso de construcción del sujeto. Una función de un tipo particular de experiencia lograda en el campo internacional, las experiencias de sí.

Se pueden derivar implicancias clínicas de la importancia que le cabe a las iniciativas en el proceso de integración. Estas implicancias se describen en 5 puntos: como expresiones clínicas debemos recordar la experiencia de continuidad de uno mismo a lo largo del tiempo, la organización de la propia historia. La patología suele mostrarse como rupturas repetidas en la continuidad, o bien, la ausencia dramática de capacidades integrativas. Otros derivados de déficit del proceso descrito como circuito, sería una limitación en el número y calidad de las iniciativas o de sus derivados, las capacidades creativas, para hallar soluciones originales para eventos de la vida personal. La despersonalización, entendida como la reversión del proceso normal de integración psique - soma puede relacionarse con trastornos psicosomáticos o enfermedades físicas. La desintegración que se observa como consecuencia de la ruptura de estas estructuras en situaciones de tensión extrema es combatida terapéuticamente, involucrando la actividad física, como se puede apreciar en el desarrollo creciente de las disciplinas aliadas al campo médico - psiquiátrico. Esto podría entenderse ahora como la repetición de estadios tempranos de un desarrollo normal en el cual la acción iniciada, por el sujeto, se vuelve constructora del sujeto mismo. Ciclos sucesivos de iniciativa - acción derivados de la espontaneidad resultarán en un aumento creciente de la integridad o cohesión en términos clínicos. Por el contrario, aquellos circuitos de acción basados en un acatamiento al medio ambiente. Sin participación espontánea del sujeto llevará a la patología de sobreadaptación. Entre ambos extremos está el campo amplio de la negociación humana.


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Resumen en inglés:
INTRODUCTION

From the clinical prospective certain pathologies relate to the undoing of the developmental achievement of integration. For example, Winnicott relates psychosomatic distress to a reversal in personalization.

The idea of a "False Self" developed by Winnicott is now familiar to many. Modern publications refer to a vast array of subjective symptoms, associated or not with a "false" Self. More than suffering from anxiety due to conflicts it seems that these symptoms are the result of some kind of absence.



In Self Psychology, Heinz Kohut and his followers make these descriptions as well. Their explanation is the loss of cohesion of the Self, or its deficient development.

Exploring the developmental theories of these post‑freudian contributions to psychoanalysis we find hints for the understanding of those clinical pictures. Nonetheless, there are no studies on the origins of self‑initiated behavior. The infant is depicted following the "chip of the old block"‑ theory. In Spitz's account (1968) we find the first signal of own will at 15 months, with the capacity to say or express No.
EMPIRICAL FINDINGS

Our empirical studies showed infants aged 6 months that would develop very complex behaviors, independently from what the mother/environment would be trying to get them to do. Those activities are not mentioned by the literature.

Two more discoveries: 1.‑ mother would always (openly or not), react to those activities; 2.‑ infant's activities and maternal responses constitute an interaccional field, characterized by different forms of negotiations, confrontations and encounters.

In the following ten years we collected over 300 feeding‑ situations, of 135 mother/infant pairs; 200 of them belong to a longitudinal study of thirty‑five dyads, videotaped at monthly intervals, from the beginning of spoon‑feeding up to one year of age. The infants' self‑initiated behaviors could be classified by categories, establishing also different values for growing complexity (qualitative analysis). Maternal responses are classified as favorable towards the infant's initiative, or as adverse. Infant's reaction to adverse replies could be distinguished as twofold: reduction in quantity and quality of initiatives and actively negative responses. Therefore, by coding this way, we could get a picture of longitudinal development. It is an instrument to observe: 1) changes in individual development under the influence of an ongoing relationship with the environment; 2) the process of negotiation between an unfolding individuality and a concerned and intensively participating environment; 3) the amount of psychic space allotted ‑ progressively‑ to the newcomer.

The original hypothesis was: favorable environmental attitudes towards the infant's initiative will produce a greater development of the latter, both in quantity and in quality; concurrently, we will observe less aversive behavior and little or no confrontations. The opposite would become true if the environmental attitude were adverse to the infant's initiative. Our pilot study (HOFFMANN 1992a) seems to confirm the hypothesis.
THEORETICAL BACKGROUND

Both erotic and destructive activities can be observed but, at least in my sample, they are scarce when compared to explorations, experimentations, play or contact‑making (interactive behavior, in the line of emerging communicational and interpersonal skills, in the sense of intersubjectivity and empathic behavior).

It was Winnicott who helped me out of trouble, with the following quotation: "...the relationship between the inside and the outside is far more important than drive events and even object relations..." (1963, p. 72‑73).

This statement makes space for many observations, especially if one thinks that relationship (between inside and outside) as a two way bridge between the subject and his environment.

Regarding integration we have Winnicott's account of the role of Holding during primitive emotional development in the first 5 or 6 months of life. From the work with premature infants (ALS, H. 1983) we know of the importance of integration for survival and stabilization. The coming together of different systems into one unit, ordered by the central nervous system. In Piaget's (1952) account of the development of thinking, integration of sensory inputs and motor scheme are the basis. In Emde's description (1983) the affective experience gets integrated by repetition, giving us the core self, the first persistent continuity.
THEORETICAL PROPOSAL

I could now envision the infant's activities as the process of making experiences and, additionally, making sense out of experience; Also the process of getting together different experiences by integration. Being those the forces behind the move from inside to outside and vice versa.
So far the theoretical puzzle would have the following components:

Integration of body functioning, in particular the coming together of sensory inputs and motor outputs. Sensuous and cognitive experiences. Spontaneity as a mode. Relation between inside and outside the subject. Actions. The making of experience and particularly subjective experience. The process of giving a meaning or semantization. The continuity established by affective experience.

I will try now to integrate these different elements with my observations. The following description for Initiative is being proposed:



Initiative refers literally to initiating, which is different from reacting. Thus it refers to the idea of agency. This would be on the opposite end of adaptive (in the sense of compliant) behavior. Initiative is supported by clear forms of early willfulness, leading to struggles and confrontations. It leads to actions whose meaning is accessible to an empathic observer through observation and inference (STERN, 1985). Overall implications of initiative for the infant are experiencing and expression, creativity (like in play) included. It also produces meaning as making sense, thus contributing to semantization. It is neither tension discharge nor reflex activity; its nature is rooted in spontaneity that emerges from the True Self. Actually, it is the Self's way of getting something to become real, both in the sense of realization (for the subject) and of getting into reality (for the environment). It works by putting together affective states, sensorial inputs, motor activities, previous experiences. Therefore it serves the exchange between inside and outside. It is in the service of participation. It opens up to knowledge and to inter‑action in the literal sense of two inter‑acting with one another. Initiative reunites several events and therefore could be considered an achievement and a major step in developing psychic life. Through observation it could be situated as appearing at the end of the forth month of life. It is preceded by regulatory behaviors that imply some form of decision and will. It seems to be the main developmental event during the second semester. As initiative comes from spontaneous gestures and is mostly followed by actions leading to experiencing I propose to consider it part of a circuit: "spontaneous gesture‑ initiative‑action". The interruption of the circuit at any point goes along with aversive behavior. This would prove the need of the Infant of making experiences through the circuit, considering it therefore as a unit.
CONCLUSIONS

1.‑ The making of experience and Integration:

During the second semester of life, the infant gains access to the handling of his/her immediate environment through the circuit "spontaneous gesture‑initiative‑action". "Hands‑on", the infant makes specific experiences that bring together psychic products (spontaneous gesture) with somatic implementation. Thus, during this time period the coming together of psyche and soma forging psycho‑somatic unity (WINNICOTT 1945) continues. The immediate result is a psycho‑somatic experience of integration, understood as well as "belonging together".

The circuit "spontaneous gesture‑initiative‑ action" constitutes a link between external and internal experiences. They make external events accessible to the world of internal representations. Vice versa, actions carry expressive contents into the outside, serving for example as social signaling of affects.



So far we would have Initiative serving the purpose of integration in many ways: 1) by using sensory inputs and motor schemes it becomes a direct source of sensory motor integration; 2)Handling of external reality, as well as of the infant's own inclinations expressed spontaneously, increase (or sustain) psychosomatic integration, that has been defined as personalization (WINNICOTT, 1945) . 3) through the working‑in process of transmuting experiences into parts of oneself. This might happen through the construction of representations.
2.‑Building the Subject

The formation of different levels of organization of the subject's experiences about him/herself is another example of integration of experiences. The cycle "spontaneous gesture‑initiative‑ action", could then be completed with "environmental reflection" and thus be in the service of "building the subject". When the environmental reflection becomes the aim of the action‑circuit we are out of the realm of spontaneity and drifting away towards the field of (over‑) adaptive, compliant behavior. This opens the road to pathology of the Self. No longer are we getting self‑experiences constructing the subject. Also, the opposite of integration is starting to happen.

Therefore the circuit "spontaneous gesture‑initiative‑action" serves integration in two other forms: 4) Constructing the self through provoked experience, as far as one becomes what happens to oneself through the double process of working‑in and working‑through mechanisms, and so getting continuity into one's memory, history. 5) Integrating self‑experiences generated through one's actions and environmental specific responses (secondary mirroring) to them; self‑ experiences integrate into different layers of growing complexity ranging from simple experiences to complex abstractions.

These different forms of integration account for the self‑ building function we may attribute to Initiatives.


SUMMARY

Clinical implications may be derived from the importance of initiatives in the process of integration, described in five different forms. We mentioned the experience of continuity of oneself along time, the organization of the subject's own history. Pathology shows as a repetitive break in continuity or dramatic absence of integrative skills. Limited initiatives or creative capacities to find original solutions for life events are also deficit products of the above described process. De‑personalization, understood as the reversing of the normal integration of psyche‑soma, might be related to psychosomatic disorders or illness. Dis‑integration, in the breaking up under extreme tensions is counteracted therapeutically through involvement of corporal activity, as we might appreciate in the growing development of allied disciplines in the psychiatric field.

This could be understood now as the repetition of early stages of normal development were action, initiated by the self, becomes self‑building.



Cycles of initiative/action derived from spontaneity result in tightening of integrity or "cohesion" in clinical terms. On the contrary, action circuits based on compliant non spontaneous behavior, leads to over‑adaptive pathology. In between, we have the entire range of human negotiations.

1Director del Centro de investigación y Asistencia al Desarrollo (CIAD). Fundación Infancia y Desarrollo Humano. Mansilla 3766 - Buenos Aires (1425) - Argentina.

2Hacer un descubrimiento involucra varias experiencias superpuestas: a) la experiencia cognitiva de lo descubierto; b) la experiencia de estar descubriendo, el “estado eureka”, como una vivencia particular del psiquismo; c) la experiencia subjetiva de descubrirse descubridor, encontrarse con los frutos del propio accionar y con la vivencia de la propia eficacia o la excitante sensación de la expansión del mundo, externo e interno, como consecuencia del acto de descubrir.

3 En este contexto, representación es entendida como: a) representación de palabra, en la conceptualización de Freud de la meta psicología, como la forma comunicable del psiquismo; b) como la forma de registro mental en tanto “conciente” y “operable” como en la teoría de Piaget, fruto de la integración sensorio motriz.





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