Trabajo social con familias y otros grupos sociales



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TRABAJO SOCIAL CON FAMILIAS Y OTROS GRUPOS SOCIALES



RESUMEN DE TEXTO: LA NOVELA FAMILIAR DEL NEURÓTICO

Cuando el individuo se libra de la autoridad de sus padres, incurre en una de las consecuencias más necesarias y dolorosas que le acarrea el curso de su desarrollo.


Es inevitable que dicha liberación se lleve a cabo por todo aquel que haya alcanzado un estado normal.
Hay una cierta clase de neuróticos cuyo estado se halla condicionado por el fracaso ante la tarea anteriormente mencionada.
Para el niño pequeño los padres son la única autoridad y su única fuente de fe, siendo el deseo del niño el de llegar a parecerse a sus padres, pero a medida que se desarrolla intelectualmente, conoce a otros padres, los compara con los propios y llega a dudar de las cualidades únicas e incomparables que anteriormente les había adjudicado.

Algunas experiencias infantiles despiertan en él sentimientos de disconformidad y empieza a preferir a otros padres.


La psicología de las neurosis dice que en este resultado intervienen los impulsos de rivalidad sexual.
Las ocasiones que los motivan son el sentimiento de ser despreciado, el lamento de tener que compartirlo con sus hermanos/as y llega a la idea de ser un hijastro o un hijo adoptado.
La influencia del sexo en el varón se inclina a desplegar más impulsos hostiles contra el padre que contra la madre y también a liberarse más de él que de ella, la actividad imaginativa de la niña tiende a ser mucho más atenuada.
Este incipiente extrañamiento de los padres se puede designar como novela familiar de los neuróticos y continua con una nueva fase evolutiva.
La esencia de la neurosis tiene por rasgo característico una actividad imaginativa de particular intensidad que se manifiesta primero en los juegos infantiles, y en la prepubertad domina todo el tema de las relaciones familiares.
Un ejemplo de estas fantasías es el sueño diurno, que sirve a la realización de deseos y a la rectificación de las expresiones cotidianas. Persigue principalmente dos objetivos: el erótico y el ambicioso.
La imaginación del niño tiene la tarea de liberarse de los padres menospreciados y reemplazarlos por otros. La técnica aplicada para realizar las fantasías depende de la habilidad y del material que el niño encuentre a su disposición. Es importante considerar si las fantasías son elaboradas con mayor o menor afán de verosimilitud.
En la siguiente fase el niño conoce las vinculaciones sexuales entre el padre y la madre, aquí se limita a exaltar al padre y ya no duda del origen materno.
Con el conocimiento de los procesos sexuales surge en el niño la tendencia a imaginarse situaciones y relaciones eróticas.
El tema de la venganza (que ocupa el primer plano en la fase anterior) reaparece de nuevo aquí.
Por regla general, los niños neuróticos son aquellos que fueron castigados por sus padres para corregir sus hábitos sexuales y se vengan de ellos mediante fantasías. Los hermanos menores son los que más tienden a utilizar estas creaciones imaginativas.
Puede darse una versión de esta novela familiar donde vuelve a reclamar la legitimidad para sí mismo y eliminar la de sus hermanos/as. También puede eliminar la relación de parentesco con una hermana de la cual se siente atraído sexualmente.
Estas obras de ficción no son malévolas, ya que en la sustitución de los padres por personajes más encumbrados, se advierte que estos nuevos padres están provistos de atributos derivados exclusivamente de recuerdos reales de los verdaderos padres y que la fantasía es solo la expresión de añoranza que el niño siente de un pasado feliz, cuando su padre le parecía el más noble y fuerte de los hombres y su madre la más amorosa y bella mujer.
RELACIÓN CON LOS TEMAS EXPUESTOS EN CLASE.
El tema con le que más guarda relación guarda el texto es el de la neurosis, esta es un modo de defensa contra la castración por fijación a un escenario edípico. Las neurosis se pueden distinguir según sus aspectos clínicos y sus mecanismos, así pues, de un lado están la neurastenia y la neurosis de angustia, cuyos síntomas provienen de la excitación sexual sin un mecanismo psíquico y por otro lado, las neurosis en las que interviene un mecanismo psíquico de defensa.
La neurosis tiene su origen en la primera infancia. La emergencia de las pulsiones sexuales constituye un trauma en sí misma y la represión consiguiente es el origen de la neurosis infantil, con frecuencia pasa inadvertida pero luego resurgen, de esta manera, la neurosis del adulto o del adolescente es una revivencia de la neurosis infantil.
El factor decisivo en la neurosis es un conflicto psíquico entre el yo y las pulsiones sexuales.
Las pulsiones son un concepto fundamental del psicoanálisis, destinado a dar cuenta de las formas de relación con el objeto y de la búsqueda de la satisfacción. Las características comunes a todas las pulsiones son la fuente, el empuje, el objeto y el fin.
La naturaleza de la pulsión sexual es la lívido. La pulsión es el representante psíquico de una fuente continua de excitación proveniente del interior del organismo. En el plano sexual, cualquier punto del cuerpo puede estar tanto en el origen de una pulsión como en su término, cualquier lugar del cuerpo puede ser zona erógena a partir del momento en el que una pulsión lo inviste.
Freud define las pulsiones en la interfase de lo somático y de lo psíquico, destaca su diversidad, indica lo frecuente de su carácter inacabado y postula dos tipos principales y opuestos de pulsiones: las pulsiones sexuales y las pulsiones del yo.
Freud situó al Edipo como el núcleo de toda neurosis de transferencia.
El Complejo de Edipo no es superado porque las reivindicaciones libidinales edípicas son reprimidas y se hacen así perennes. El móvil de la represión es la angustia de la castración.
Lacan afirma que lo patógeno es la discordancia entre lo que el sujeto percibe del padre real y la función paterna simbólica y concluye diciendo que en la neurosis, lo que importa es la realidad psíquica.
El Complejo de Edipo es el conjunto de los investimientos amorosos y hostiles que el niño hace sobre los padres durante la fase fálica: proceso que debe concluir a la desaparición de estos investimientos y a su reemplazo por identificaciones.
Complejo de Edipo en el varón.
El Complejo de Edipo incluye, por una parte, una identificación primaria con el padre tomado como ideal, identificación desde el comienzo ambivalente, y, por otra parte, un investimiento libidinal primero que interesa a la persona que cuida al niño: la madre. Estas dos relaciones, en principio independientes, confluyen en la realización del complejo de Edipo.
Se reduce a la actitud ambivalente hacia el padre y a la tendencia tierna hacia la madre (parte positiva del complejo). En la parte negativa el varón adopta la posición femenina tierna hacia el padre y de hostilidad celosa respecto a la madre. Esta doble polaridad se debe a la bisexualidad originaria de todo ser humano.
En la fase fálica, el Complejo de Edipo es destruido por el complejo de castración. Una vez que el varón ha admitido la posibilidad de castración, ninguna de las dos posiciones edípicas es sostenible: ni la posición masculina, que implica la castración como castigo del incesto, ni la femenina que la implica como premisa. El varón debe abandonar el investimiento objetal de la madre, que será transformado en una identificación. La mayoría de las veces se trata de un refuerzo de la identificación primaria con el padre, pero también puede ser una identificación con la madre, o la coexistencia de estas dos identificaciones. Estas dos identificaciones secundarias constituyen el núcleo del superyó.
Freud observa que la elección de objeto edípica reaparece en la pubertad y que la adolescencia se encuentra ante la pesada tarea de rechazar sus fantasmas incestuosos y cumplir con una de las realizaciones más importantes pero también más dolorosas: la emancipación de la autoridad parental.
El Complejo de Edipo es un proceso que debe desembocar en la posición sexual y la actitud social adultas. No superado, continúa ejerciendo desde el inconsciente una acción importante y durable y constituyendo con sus derivados el complejo central de cada neurosis.
Complejo de Edipo de la niña.
La niña, como el varón, tiene como primer objeto de amor a la madre y para poder orientar su deseo hacia el padre, hace falta primero que se desprenda de esta. Por lo tanto en ella el complejo es más largo y complicado.
La asimetría entre el complejo de Edipo del varón y la niña se basa en sus relaciones respectivas con el complejo de castración. Este pone fin al complejo de Edipo en el varón mientras que por el contrario, le abre la vía con la niña.
Concepto del superyó.
Tiene su origen en la desaparición del Complejo de Edipo, aproximadamente a los cinco años.
Es la huella parental (exigencias morales y prohibiciones) internalizada en el momento del Edipo y diferenciada en el seno del yo como una de sus partes. Huella psíquica de la oposición entre la ley que prohíbe y la supuesta consumación del incesto, dicha ley no prohíbe el deseo, sino la plena satisfacción del deseo (goce).
El niño puede desdoblarse y encarnar a un mismo tiempo la ley y el deseo, la parte del yo que toma el lugar de la ley constituye el superyó. También de los tres gestos que supusieron la salida de Edipo: renunciar al goce prohibido, mantener su deseo hacia ese mismo goce considerado inaccesible y salvar su pene de la amenaza de la castración. El odio originario se volverá severidad sádica del superyó y la angustia sentimiento de culpabilidad del yo.
Existen dos categorías del superyó primordial:

  • Superyó conciencia: Definición clásica que designa a la instancia superyóica como parte de nuestra personalidad que regula nuestras conductas, nos juzga y se ofrece como modelo ideal. En el superyó solo reina una pura cultura de la pulsión de la muerte.

  • Superyó tiránico: Se origina de modo intempestivo del desgarramiento traumático padecido por el yo en el momento del rechazo de una palabra simbólica.


Concepto de identificación.
Se produce en el espacio psíquico de un solo y mismo individuo y sólo tiene lugar entre dos instancias inconscientes.

Es el proceso de transformación efectuado en el seno mismo del apto psíquico, fuera de nuestro espacio habitual y que no puede ser percibido en forma directa por medio de nuestros sentidos. Relación de intrincación entre dos instancias inconscientes – el yo y el objeto-.



Concepto de castración.
El complejo de castración masculino se divide en cuatro tiempos:

  • Primer tiempo: Todo el mundo tiene un pene: tiempo preliminar de las creencias infantiles, según las cuales no habría diferencia anatómica entre los órganos sexuales masculinos y femeninos. El descubrimiento de la realidad de un ser cercano que no posee este atributo abrirá la vía a la angustia de ser un día también él privado de igual manera.

  • Segundo tiempo: el pene está amenazado: tiempo de las amenazas verbales que apuntan a prohibir al niño sus prácticas autoeróticas y a obligarlo a renunciar a sus fantasmas incestuosos. Las advertencias verbales, en especial aquellas proferidas por el padre, que poco a poco van siendo internalizadas por el niño, darán origen al superyo.

  • Tercer tiempo: hay seres sin pene, la amenaza entonces, es real: tiempo del descubrimiento visual de la zona erógena femenina, el niño descubre que la vagina no es un pene. El niño, dada la adhesión afectiva narcisista con que carga su pene, no puede admitir que existen seres semejante a él que están desprovistos de ese miembro. Las amenazas verbales oídas durante el segundo tiempo conferirá ahora su plena significación a la percepción visual de un peligro hasta entonces desestimado. En lugar de reconocer la ausencia radical en la mujer prefiere atribuirle un órgano peniano. La niña tiene un pene chiquito pero que va a crecer.

  • Cuarto tiempo: la madre también está castrada; emergencia de la angustia: Cuando el niño descubra que las mujeres pueden parir, llegará a la idea de que también su madre está desprovista del pene. Momento en el cual, surgirá realmente la angustia de castración.

La visión de la ausencia de pene en la mujer por un parte, y la evocación auditiva de las amenazas verbales parentales por otra, definen las dos condiciones principales del complejo de castración.

  • Tiempo final: fin del complejo de castración y fin del complejo de Edipo: aceptación de la ley de la interdicción, elige salvar su pene a costa de renunciar a la madre como objeto sexual. Con la renuncia a la madre y el reconocimiento de la ley paterna finaliza la fase del amor edípico y se hace posible la afirmación de la identidad masculina. El final del complejo de castración es el final del complejo de Edipo.

El complejo de castración en la niña:

Tiene rasgos en común pero se origina de formas diferente, la creencia de la universalidad del pene, es la premisa necesaria para la constitución del complejo de Edipo en ambos sexos, y por otro lado la importancia del rol de la madre, personaje principal hasta que el niño se separa de ella con angustia y la niña con odio.
Diferencias con la castración masculina:

El complejo de castración en el varón termina con la renuncia al amor de la madre, mientras que en la mujer, abre la vía al amor del padre. El Edipo en la mujer se inicia con la castración, pero no se termina con ésta.


El complejo de castración en la niña está compuesto por tres tiempos:



  1. Todo el mundo tiene pene, el clítoris es un pene.

  2. El clítoris es demasiado pequeño para ser un pene: yo fui castrada, envidia fálica.

  3. La madre también está castrada, resurgimiento del odio hacia la madre (destete): la madre es despreciada por no haberle trasmitido los atributos fálicos y más tarde por no haberle enseñado a valorar su cuerpo de mujer.


Sublimación:
Responde fundamentalmente a la necesidad de la teoría psicoanalítica de dar cuenta del origen sexual del impulso creador del hombre. Es un medio de trasformar y de elevar la energía de las fuerzas sexuales, convirtiéndolas en una fuerza positiva y creadora. También es el medio de atemperar y atenuar la excesiva intensidad de esas fuerzas.
Es una de las defensas del yo contra la irrupción violenta de lo sexual, uno de los medios de defensa que se oponen a la descarga directa y total de la pulsión.
La sublimación es la expresión positiva elaborada y socializada de la pulsión o el medio de defensa susceptible de atemperar los excesos y los desbordamientos de la vida pulsional. Es una defensa contra el recuerdo sexual intolerable.
La causa de esta patología es la voluntad inconsciente del enfermo de olvidar una escena de seducción paterna de carácter sexual.

LA NOVELA FAMILIAR DEL NEURÓTIC


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