Trabajo final de grado



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5.5 ADOLESCENCIA

La adolescencia es una etapa evolutiva por la que transita todo ser humano hasta llegar a la adultez a lo largo de su desarrollo, donde los aspectos biológicos, psicológicos y sociales cobran enorme importancia. De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (1990) la adolescencia oscila entre los diez y los 19 años.

Amorín, por ejemplo, afirma que el adolescente “en tanto adjetivo y sustantivo, proviene del latín adolescens, participativo presente de adolesceré: crecer, para los romanos: ir creciendo e irse convirtiendo en adulto” (Amorín, 2010, p.121). Durante este crecimiento se forma la identidad personal, entendida como la capacidad de conocerse a sí mismo en el tiempo y en el espacio, poseer una imagen corporal y la posibilidad de representarse en un pasado y proyectarse hacia un futuro a partir de un vínculo social con las figuras parentales y con el resto de la sociedad.

La adolescencia es también una edad especialmente dramática por los cambios que atraviesa el sujeto, su inestabilidad, sus estados pasionales, sus diferentes tensiones y por sus opiniones coincidentes u opuestas a su entorno o hacia los demás. El principal conflicto del adolescente responde a la disyuntiva dependencia/independencia, y aquí la rebeldía es un elemento trascendente para lograr la separación.

Como plantea Aberastury (1987), el adolescente suele transitar por tres duelos principales, entendiendo por duelo la pérdida o renuncia a un objeto que posibilitará el apego o la libidinización de nuevos objetos: 1) el duelo por el cuerpo infantil; 2) el duelo por los padres infantiles idealizados; y 3) el duelo por el rol o la identidad infantil.

Siguiendo a Mauricio Knobel (1994) podemos mencionar diez características por las cuales transita el adolescente transita, definidas por este autor como el síndrome normal de la adolescencia. Estás serian: 1) la búsqueda de sí mismo y de la identidad; 2) la tendencia grupal: 3) la necesidad de intelectualizar y fantasear; 4) las crisis religiosas; 5) la desubicación temporal; 6) la evolución sexual manifiesta que va desde el autoerotismo hasta la heterosexualidad genital adulta; 7) la actitud social reivindicativa; 8) las contradicciones en la manifestación de la conducta; 9) la separación progresiva de los padres; y 10) las constantes fluctuaciones del humor y del estado de ánimo.

Aunque en este capítulo conceptualizamos la adolescencia desde el punto de vista evolutivo, no debemos olvidar que el eje principal de esta monografía es profundizar en la etapa evolutiva de la adolescencia en términos de las elecciones vocacionales.

Resulta una vez más ineludible incluir aquí qué entiende Bohoslavsky (1984) por adolescencia: la etapa en la que se produce una crisis de identidad, entendiendo por crisis una ruptura de una forma establecida; implica la desestructuración y reestructuración de la personalidad del sujeto. Tanto su mundo interno como sus relaciones con el mundo externo serán cualitativamente diferentes a cómo eran. Lo que define a la persona es el hecho de poder ser un objeto para ella misma, lo que podría definirse como la sensación de que “yo soy yo”.

Es muy poco probable que un adolescente tenga cabalmente esta sensación de quién es. Para que ello ocurra, la experiencia deberá organizarse sobre tres parámetros: tiempo, espacio y los otros. En cuanto al tiempo, un sujeto puede reconocerse que es él a porque posee determinados ideales que le posibilitan producir proyectos que siente como propios, aunque no sean los mismos que arrastraba; estos proyectos dan cuenta de las aspiraciones del sujeto con una valoración de lo que puede alcanzar, y estarían ubicados entre las expectativas del propio sujeto y las del contexto.

Sobre el espacio puede decirse que el sentimiento del “yo soy yo” surge del esquema corporal, el que se ha ido cambiando y que nos diferencia, o entre un espacio propio (interno) y uno no propio (externo).

En el apartado de Otros, el sujeto se reconoce siendo él mismo en sus nuevas relaciones con los demás que se expresan fundamentalmente en un vínculo proporcionado por los procesos de proyección e introyección. La extensión de la persona nunca coincide con los límites de su piel sino que incluye a todos los objetos que puede llamar “míos”. Por lo tanto, los límites de la persona surgirán de la discriminación entre procesos proyectivos e introyectivos y de su carácter discriminativo o masivo.

La estructura de la personalidad se definirá por el interjuego de estos tres parámetros: tiempo, espacio y otros. El adolescente se acerca continuamente a nuevos objetos de la realidad y esto le habilita procesos de discriminación y jerarquización de éstos objetos, que solo son posibles si el conocimiento de sí lo permite y sobre todo, si el ejercicio de las funciones yoicas es el adecuado.



6. Profundización de la temática

Aquí se profundizan y articulan los diferentes conceptos ya definidos. Primero, se articula la etapa de la adolescencia con el término Orientación Vocacional. Partimos de que es justamente en la etapa crítica de la adolescencia que se pone más énfasis a las elecciones vocacionales y es por ello que debemos entender qué factores intervienen al momento de la elección vocacional del adolescente. Y una vez más se describen, tomando a diferentes autores, los diferentes momentos que atraviesa el adolescente para alcanzar su elección y elaborar su identidad vocacional.

La elección vocacional forma parte de un proyecto personal y a futuro del sujeto; significa proyectar y elaborar un plan de cómo le gustaría vivir y por ello resulta importante entender porqué el proyecto de vida es un pilar fundamental para la orientación vocacional. Por eso resulta imprescindible profundizar en el concepto.

Otro aspecto importante a desarrollar y articular con las elecciones vocacionales en la adolescencia es el contexto social en el cual el sujeto está inmerso, condicionando, de alguna manera, las elecciones vocacionales. A partir de la compresión del momento que atraviesa la sociedad se desarrolla el lugar de la Información en la orientación vocacional, y esto es relevante a la hora de tomar una elección. Cada día asistimos a nuevas profesiones u oficios de los cuales muchos adolescentes no tienen conocimiento y esa desinformación afecta las posibilidades de elección vocacional.

Por lo tanto, para lograr un conocimiento de sí mismo y su contexto el adolescente necesita el acompañamiento de otro que lo ayude a pensarse. De allí es que resulta imprescindible hablar del rol del orientador vocacional.

6.1 ADOLESCENCIA Y ORIENTACIÓN VOCACIONAL

Al entender que adolescencia es un momento evolutivo donde las crisis y los cambios se hacen patentes concluimos que durante este periodo existe una reestructuración de las identificaciones y también es generalmente en este momento de la vida que se debe tomar una decisión relacionada con la elección vocacional. Esto comprende el futuro del adolescente y de su proyecto de vida, lo cual genera ansiedades, inseguridad y muy probablemente miedo al fracaso. Así es que es a través de la elección ocupacional y del proyecto de vida que se consolida la identidad del sujeto.


Según Bohoslavsky (1984), la problemática vocacional se estructura y surge como dificultad justamente en la adolescencia. De acuerdo a la estrategia clínica el adolescente puede llegar a una decisión si elabora los conflictos y ansiedades ante el futuro. El autor pone sobre todo el énfasis en el rol activo del adolescente, siendo la tarea del orientador esclarecer e informar.

La elección de una carrera u otra deja al descubierto el nivel de aspiraciones y la imagen que tiene de sí mismo el propio adolescente, debiendo conciliar lo que es, sus proyectos y lo que esperan de él. En la medida en que las elecciones actuales integran la propia historia y también el futuro aparece una nueva experiencia relacionada al crecimiento, más allá de lo que se debe renunciar. (López Borelli, 2003).

Para López Borelli existen tres momentos en la elección y elaboración de la identidad vocacional y en la formación de las respectivas imágenes profesionales: 1) un periodo de elecciones fantaseadas (10-11 años) vinculado a las primeras identificaciones y regidas por la función del placer; 2) un periodo tentativo o de proyectos, que puede extenderse hasta los 17 años aproximadamente, basado en una imagen de sí en constante cambio. Existe entonces un mayor conocimiento de sus intereses personales, pero la crisis de identidad que atraviesa, propia de esta etapa vital, le hace difícil concretar una imagen de sí mismo a futuro; y 3) el último sería el periodo de elección realista (a partir de los 17-18 años) donde la resolución de crisis adolescente y las exigencias de la realidad ayudan a la toma de decisiones vocacionales; este periodo no tiene un límite cronológico marcado como los anteriores, depende más de la personalidad de cada persona y del contexto en el cual está inserto.

Bohoslavsky (1984) aporta que la elección está determinada por un proceso continuo donde se dan los cambios de personalidad: cada elección implica un proyecto. Afirma que el adolescente transcurre por tres etapas: de selección, elección y decisión. La selección está relacionada con la función yoica de discriminación; la elección supone el establecimiento de vínculos diferenciales con los objetos; y la decisión implica un proyecto a largo plazo ligado a la función yoica de regulación y control de los impulsos. La decisión abarca la posibilidad de elaborar duelos.

En relación a las carreras como objeto, el autor afirma que cuando el adolescente no menciona ninguna opción concreta revela un mundo externo confuso. El hecho de optar por demasiadas carreras por igual refleja un mundo tan confuso como el anterior: un yo inmaduro pero catectizado. Cuando habla de dos carreras el mundo externo parece ser claro y diferenciado para el adolescente, el yo posee un grado de madurez para elegir.

Haciendo nuestras las palabras de Bohoslavsky (1984): “Quizás el problema de orientación vocacional del adolescente este más vinculado a todo lo que tenga que dejar, que a lo que tiene que tomar. Pero no solo a lo que tiene que dejar, sino también a las fantasías respecto de lo que deja y de las consecuencias fantaseadas ante el abandono de los objetos que desecha” (p.57)


6.2 PROYECTO DE VIDA

La orientación vocacional se refiere a la elaboración por parte de los adolescentes de un proyecto de vida, estos proyectos futuros son inherentes a este momento vital (Elizalde, 2002 , p.287). En su etimología, la palabra “proyecto” se refiere a la acción de “lanzar hacia adelante”. “Proyecto es la acción que uno se propone realizar en un futuro que aun no existe, pero que pone en juego a su vez el pasado y el presente que le dan un determinado significado” (Íbid). “Crear un proyecto es una re-interpretación del pasado y el presente en donde se pretende superar el presente, llegar a un futuro deseado viendo que medios se deben emplear para lograrlo” (Íbid).

El proyecto de vida se encuentra en estrecha relación con la identidad, puesto que uno contribuye con la formación del otro.

A juicio de Mosca, A., y Santiviago, C. (2012), visualizar la dimensión futura cobra relevante importancia en los adolescentes y jóvenes ya que imaginar y construir lo que “quiero ser y hacer” es fundamental para definir cualquier tipo de trayectoria.

De esta forma, diferentes aspectos intervienen en relación a la elección vocacional en los jóvenes: factores económicos, relacionados con prestigio social, con los ideales familiares y otras según sus propios deseos; uno y otros se destacan en el momento de elegir una orientación.

Carina Santiviago (2003) enumera tres proyectos diferentes de representación de futuro entre distintas poblaciones de jóvenes en relación a la construcción de un proyecto de vida. Entre los proyectos que tienen los jóvenes en relación a su futuro se destacan aquellos en los cuales consideran la profesión como un medio para poder progresar socialmente, donde la carrera elegida o fantaseada se vincula con la idea de otorgarle un prestigio social, muchas veces influenciados por los deseos familiares, no propios. Otro proyecto se relaciona con el bienestar económico que se logra a través de la fama (medios masivos de comunicación, actores, actrices, modelos, jugadores de futbol, etc.); o con actividades como el narcotráfico o la corrupción. Y un proyecto fantaseado sobre todo por un segmento de mujeres es la realización a través del matrimonio, donde el trabajo remunerado es depositado en la figura masculina. Para otro segmento, tanto de hombres como mujeres, los proyectos se centran en las etapas biológicas asignadas a la vida: niñez, adolescencia, madurez, hijos, vejez.


6.3 CONTEXTO SOCIAL

Otro aspecto fundamental a tomar en cuenta para entender la orientación vocacional es el contexto en el cuál se inserta el adolescente y las transformaciones del mismo. Y es que a los cambios evolutivos que transita el adolescente se debe sumar las vicisitudes coyunturales: cambios tecnológicos, económicos, sociales, culturales, formas de producción y oportunidades laborales son todos factores determinantes para una decisión vocacional dada.

Bohoslavsky (1984) plantea que la realidad sociocultural cambia en forma continua, y por ello importa conocer la situación sociocultural y profesional para poder anticiparse a los cambios futuros. Las nuevas tecnologías y los medios masivos impactan en la construcción de las subjetividades de los adolescentes, a tiempo que producen efectos en todos los órdenes de la vida del sujeto. La cultura de lo instantáneo, de lo veloz, de los placeres inmediatos y de las tendencias consumistas crea vínculos transitorios, virtuales, donde las gratificaciones resultan fugaces. Esto se refleja también en el mercado laboral: cada día se necesita estar “actualizado”, preparado y especializado permanentemente. Así, a la hora de elegir una profesión es necesario conocer la realidad social.

A decir de David Amorín, (2008), en el siglo XXI asistimos a una importante revolución científica-tecnológica que produce un dramático efecto en la curva vital y en los fenómenos de desarrollo, ya que la niñez sucede hasta los 8-9 años y la adolescencia se extiende hasta el final de la década de los 20 o más. Debemos tener en cuenta varios fenómenos que se producen en el contexto para considerar estos efectos, como lo son el cambio en la organización empresarial, social, ecológica y tecnológica, la incidencia de la globalización y los medios masivos de comunicación, de la crisis del estado, la sociedad, la familia y la subjetividad.

Asistimos, comparte el autor, a una era del vacío, de lo instantáneo, lo rápido y de la inmediatez, de un futuro de incertidumbre, de una subjetividad adictiva ya que el individuo se constituye en un consumidor voraz y de una revolución tecnotrónica, aparte de una saturación de información a través de internet y el mundo digital transformando las lógicas de comunicación humana, con un marcado predominio de la cultura de la imagen, del individualismo y el narcisismo.

A eso mismo refiere Zygmunt Bauman (2000) al hablar de “modernidad liquida”: al hecho social al que asistimos, donde el consumo es la forma por la cual las sociedades juzgan y evalúan a sus miembros, y éstos son interpelados por su calidad y conducta en relación al consumo. Significa una novedad en relación a otras etapas de la humanidad. En esta sociedad de consumo los sujetos nunca parecen estar totalmente convencidos de haber actuado de la manera correcta, de haber conseguido lo que se habían propuesto, y eso conduce a nuevas elecciones e inseguridades. Y éstas empujan permanentemente a los consumidores a buscar nuevas satisfacciones a través de nuevos objetos y de nuevas experiencias.

Esta sociedad descrita por Bauman integra a sus miembros a la misma temporalidad en la cual la gratificación no puede demorar, se rige por “el hoy y ahora”, reduce al mínimo la distancia entre el hoy y el mañana. Con esto ha emergido un orden laboral donde los individuos no pueden planificar trayectorias lineales y estables, sino permanentemente redefinidas en un entorno incierto.

Avanza Bauman (2005) que en el mundo de la modernidad liquida la solidez de las cosas y de los vínculos humanos representan una amenaza, que las relaciones humanas se han hecho también muy individualistas e inestables. Cualquier compromiso a largo plazo restringe la capacidad de movimiento y con ello la oportunidad de tener nuevas y desconocidas oportunidades. Que se debe evitar las posesiones de larga duración de las que es difícil liberarse. “El consumismo de hoy no se define por la acumulación de cosas, sino por el breve goce de las cosas” (Bauman, 2005, p.29). Por todos estos cambios el conocimiento se ajusta al uso instantáneo y se adapta para que se utilice una sola vez.

En la modernidad liquida la clave para el éxito parece ser “ser uno mismo”, no ser “como los demás. Lo que mejor se vende es la diferencia y no la semejanza” (p.39-40): poseer conocimientos y aptitudes para un trabajo ya explorado por otros puede considerarse una desventaja. Es necesario poder adaptarse a los cambios acelerados que origina la modernidad liquida: “El único valor heterorreferenciado es la necesidad de hacerse con una identidad flexible y versátil que haga frente a las distintas mutaciones que el sujeto ha de enfrentar a lo largo de su vida.” (Bauman, Z. 2000)

Angela Lopez Borelli (2003) agrega que la complejidad social hace difícil el proceso de decisión; en sociedades tradicionales existían pocas y prefijadas opciones al momento de la elección vocacional, en cambio la sociedad contemporánea, por la complejidad de los trabajos y las especializaciones, impone estudios cada vez más prolongados. Esta complejidad y el proceso de industrialización llevaron a la creación de carreras “no tradicionales”, existiendo el desconocimiento por parte de los jóvenes de todas las opciones de elección de las carreras, oficios o profesiones.

Frente al acelerado cambio socioeconómico, mientras que en las generaciones adultas el título universitario es símbolo de estatus y continua la idea que es la vía de abrirse camino en la competitiva sociedad, en los adolescentes surge la pregunta de si realmente será necesario ser universitario. “¿Para qué?”, es una pregunta recurrente entre no pocos adolescentes.

6.4 INFORMACIÓN EN ORIENTACIÓN VOCACIONAL

Es importante el lugar de la información en relación a las decisiones vocacionales de los jóvenes. Bohoslavsky (1984) plantea que las consultas que los adolescentes realizan sobre orientación vocacional muestra la carencia de información de los mismos en cuanto a este tema.

La información ocupacional es fundamental, según este autor, para cualquier proceso. Es parte de los recursos y las técnicas que tiene el psicólogo para manejar la información y trabajar con las imágenes que los adolescentes tienen del mundo adulto; necesario además para administrar las ansiedades y fantasías personales. Es sumamente relevante en estos casos tener claro qué informar, cómo informar y a quien informar.

Los objetivos de la información ocupacional son trasmitir información y por otro lado corregir imágenes distorsionadas que el joven tiene del mundo adulto. En la práctica también puede observarse que los jóvenes muchas veces manifiestan distorsiones que no solo se deben a la falta de información sino a factores intrapersonales, relacionados con la edad que atraviesan, y a factores afectivos, cognitivos, propios de esta etapa. Otros serian los factores Interpersonales referidos a las identificaciones con otros significativos desplazando las características a profesionales o actividades que ejercen. También hay factores Transpersonales o culturales, referidos a la relación que tiene el adolescente con la comunidad a la cual pertenece, donde se valoran determinadas profesiones consciente e inconscientemente.

Es digno de atención el poder vincular el conocimiento que el adolescente tiene previamente con la información a trabajar y de allí llegar a nuevos conocimientos que incluya ambos aspectos, la información real y la opinión personal.

De allí que el orientador debe promover y acompañar la búsqueda de información por parte de los jóvenes, no se trata únicamente de transmitir la información sino de generar interés y cuestionamientos para instalar el deseo de saber y la búsqueda activa.

Observa Elizalde (1990) que los jóvenes la dificultad que encuentran los jóvenes ante la búsqueda de información tiene que ver con “tomar contacto con lo desconocido, replantearse lo que se tiene seguro, someter a prueba viejos esquemas y conocimientos (p.66). Plantea que los programas de información no solo deben dirigirse a los orientados sino también es necesario que puedan extenderse a la familia y docentes ya que muchas veces estos no tienen los elementos para acompañar en la orientación de los jóvenes.

Conviene destacar que la búsqueda de información es un proceso que requiere de tiempo para procesarla; es gradual y progresivo. Este proceso de información tiene por objetivos: aportar elementos para mejorar las condiciones en las que se elige, diferenciar las fantasías previas de los elementos reales de la información, estimular preguntas más que trasmitir respuestas, estimular la incorporación de nueva información para un nuevo conocimiento y trabajar en base a las ansiedades que provoca el proceso de información. (Santiviago, C, Mosca, A, 2010, p.22).



6.5 El ROL DEL ORIENTADOR VOCACIONAL

Nadie puede ponerse en la situación de nadie



pero sí es posible ponerse con alguien

a su lado, en el verdadero encuentro”

G. Marcel
Un rasgo esencial de un orientador es la capacidad para ponerse en el lugar del otro, brindar el sostén y acompañar el proceso de elección vocacional. El orientador deberá promover la reflexión y el conocimiento del orientado, aportando desde el vínculo establecido para que este último elija con la mayor responsabilidad y autonomía posible.

Es significativo que el orientador no sea alguien quien de consejos, sino que actúe desde una postura ética. Con esta idea retomamos a Bohoslavsky (1984), quien afirma que “la ética surge del hecho de considerar al hombre sujeto de elecciones. Consideraremos que la elección del futuro es algo que le pertenece, y que ningún profesional por capacitado que esté, tiene derecho a expropiar”.

A su vez es imprescindible que el orientador pueda construir un perfil propio con el cual pueda trabajar de una manera cómoda, sin posicionarse en el lugar del saber y solo trasmitir información, ubicar su rol en facilitar la reflexión y orientar en la búsqueda de información, promoviendo una posición proactiva por parte del adolescente: construyendo la necesidad y el deseo del saber.

Para Elizalde (2002) la posibilidad de acompañar a otro se encuentra íntimamente relacionada al esclarecimiento que hemos logrado en nosotros mismos de nuestros conflictos. Por ello al orientador también le surgen interrogantes de forma implícita y explicita, por ejemplo: “¿Cómo elegimos?”, “¿estamos conformes con esa decisión?”, “¿cuál es el valor de nuestro rol en relación con otras profesiones?”, “¿nos sentimos útiles?”, “¿cuáles son nuestras posibilidades de trabajo?” o “¿cómo vemos esas posibilidades en el futuro?” (p.58). Todos estos cuestionamientos movilizan al orientador a confrontar con las posibilidades a las que renunció y remover los duelos relacionados con la decisión elegida.



7. discusión o reflexión de la temática
Muchos aspectos se ponen en juego a la hora de comprender las decisiones vocacionales en la adolescencia y el desarrollo del concepto de “orientación vocacional” y su articulación con la teoría expuesta es una invitación a indagar, ya no solo en una etapa colmada de crisis y cambios (psicológicos, biológicos y de relacionamiento social) sino también en el marco de una búsqueda de identidad propia. Y el desafío, entonces, es ayudar a descubrir los deseos del joven, más allá de los factores externos que puedan afectar sus decisiones (como los mandatos familiares y sociales) y por consiguiente a un proyecto de vida que, quizás, no lo tenga.

Es allí donde el orientador encuentra un espacio posible. No para apostar a la utopía de convertir a un sujeto en un alguien ajeno a los condicionamientos externos (familia, grupo de pares o ciertas ideas de éxito y prestigio social y fantasías), sino para propiciar los caminos que le marca su deseo.

La elección de una carrera u oficio, dice Bohoslavsky, debe conciliar el nivel de aspiraciones que tiene el adolescente, la imagen de sí mismo, sus proyectos y lo que espera su familia de él. Y es posible llegar a una decisión acabada si el joven elabora sus conflictos y ansiedades antes el futuro.

En esa línea y partiendo de que la teoría no está por encima de las personas, quisiera exponer mi experiencia de trabajo sobre esta temática en un centro educativo de nivel secundario (UTU Paso Carrasco) que me resultó reveladora y conmovedora. La idea de poder desarrollar algunos conceptos teóricos y articularlos con mi actividad como pasante en el Servicio de Orientación Vocacional Ocupacional de la Facultad de Psicología, en el marco del programa Compromiso Educativo, me impulsó para ir un poco más allá y estudiar a fondo el tema.

A lo largo de esa intervención constaté la vigencia de los aportes de Boholavsky, y también observé que la situación actual es aún más compleja que décadas atrás al momento de abordar esa búsqueda de la verdad singular de cada joven para tomar una decisión vocacional. Hoy el mundo ofrece más distracciones y nuevas formas de subjetividades a partir del acelerado avance tecnológico, cada vez más accesible que a la vez que democratiza la información y las conexiones, problematiza el análisis de los contenidos que se transmiten.

¿Por qué?

La adolescencia, está dicho, es un período complejo. Las pulsaciones eróticas reaparecen en toda su magnitud, y a los evidentes cambios físicos se le suman los cambios psíquicos que suelen provocar un estado de angustia o tristeza y ansiedad. La familia, que hasta entonces fue el lugar de contención de los miedos y el refugio afectivo y moral, pierde este espacio porque el adolescente, en su necesidad de empezar a encontrar un lugar propio en el mundo, relaciones fuera de casa, grupos de pertenencia, que le permitan experimentar su sexualidad sin culpa, transforma lo que hasta entonces era su hogar en un lugar hostil del cual siente la necesidad de diferenciarse, de tomar distancia.

Ante este panorama, el orientador debe contar con la ética necesaria para respetar al orientado y anteponer sus deseos a cualquier emoción o anhelo personal. Su tarea presupone indagar el porqué de los propósitos del orientado, pero en ningún caso plantear que sabe lo que es bueno o malo para él. Y a su vez aprender a moverse en ese mundo complejo y a veces hostil.

Durante mi trabajo semanal en espacios de referencia con los adolescentes, en los que solíamos abordar las temáticas de las opciones vocacionales, comprobamos por ejemplo cómo hoy los jóvenes manejan nuevos códigos que afectan hasta el habla de esos sujetos; sujetos que viven, se cuestionan, disfrutan o sufren en una vida que es, a veces, complicada.

Allí también pudimos constatar que las elecciones vocacionales (cuando existían) muchas veces obedecían más que a presiones familiares, a opiniones generales del grupo de pares o se hacían “por descarte”, por no tener disponibilidad de cupos en otras áreas, carreras u oficios; opciones desconectadas de sus deseos vitales.

En los hechos, muy pocos adolescentes se planteaban seriamente un proyecto de vida que incluya una ocupación vocacional, ni siquiera el hecho de estar ante una encrucijada en al que lo que se juega es ni más ni menos que su destino. La mayoría parecía concentrada en el “aquí y ahora” y en un “me da igual”, más ocupada en saber las últimas publicaciones en las redes sociales de sus contactos, aparentemente ajenos a cualquier pregunta sobre el mañana que llegue a una verdad, al corazón mismo de sus deseos más profundos para que pueda emerger su decisión.
La vocación no es algo innato, definitivo e inmodificable, sino que se construye permanentemente.

El termino vocación ha cambiado a través de la historia y hoy entendemos que la elección vocacional no es algo externo al sujeto, algo que debe ser “descubierto” por otro, sino algo que le es propio: que es el mismo sujeto quien debe informarse, reflexionar y lograr un conocimiento de sí y de su deseo profundo. La tarea como orientadores vocacionales, psicólogos y promotores de salud es acompañar al sujeto en la encrucijada de elegir una ocupación, así como la creación y proceso de alternativas para su proyecto de vida, tomando en cuenta las mutaciones del mundo y las prácticas sociales.

Así, la Orientación Vocacional se encuadra en la conflictiva intrapsíquica del sujeto donde la estructura identificadora, los ideales y el deseo son esenciales en esta práctica, porque el objetivo es que el orientado se situé más allá del presente y pueda elaborar de manera creativa un proyecto que lo involucre y asuma. Hablamos de ese encuadre analítico que habilite la pregunta que se vuelva tan importante para el sujeto que lo impulse a la búsqueda de su verdad.

La técnica que considero fundamental para intervenir en Orientación Vocacional:
Para poder acompañar al adolescente en este proceso de orientación vocacional considero determinante adherir a la postura de Bohoslavsky, al entender que para contribuir con el adolescente a resolver sus problemáticas vocacionales debemos utilizar como técnica esencial la entrevista abierta, práctica donde predomina la escucha y que resulta de enorme utilidad, no solo para recoger datos hacia la elaboración un diagnostico vocacional sino porque posibilita acciones por parte del entrevistador que ayuda al entrevistado en su toma de decisiones vitales, ya que apunta a un esclarecimiento de toda su situación.

La entrevista colabora además a que el orientado perfile una identidad vocacional, entendiendo sus conflictos y particularidades. Este tipo de entrevista tiene por objetivo además compartir información, ofrecer mayor poder de decisión, la cual contribuye a discriminar aspectos del universo ocupacional adulto, suministra datos necesarios para introducirse y asumir cierto rol adulto y las posibilidades que da una profesión.

Por todo ello es que la entrevista de orientación vocacional resulta un “pensar con” el adolescente, donde el orientador debe entender al orientado en el modo que elije o perfila su futuro, y a su vez el entrevistado confronta con un experto sus propias fantasías, dudas y miedos relacionados a su decisión.

De hecho, ante una entrevista de orientación vocacional el orientado suele recurrir a modelos adultos conocidos cuando intenta elegir una carrera, por eso quizás también "fantasee encontrar en el orientador un profesor, un amigo mayor, una figura paternal, permisiva o restrictiva según su propia historia y su estructura personal" (pp 135).


El contexto social atraviesa las elecciones vocacionales:

Hay que tomar en cuenta que el cambiante contexto sociocultural e histórico ofrece opciones vertiginosas, ciertas especificidades, crea nuevas condiciones de subjetividad y estados de confusión en cuanto a la inserción laboral y a la creación de un proyecto de vida que condicionan las decisiones. Es por eso que a medida que el individuo va creciendo sus necesidades e intereses van cambiando, el contexto social también cambia e intervienen otros factores.

Con la lógica de la “modernidad liquida”, término introducido por Bauman, vemos que la realidad sociocultural cambia vertiginosamente y la fragilidad de los vínculos y de las relaciones laborales nos impulsa a estar permanentemente actualizados y especializados para formar parte del mercado de trabajo. Así, el adolescente suele tentarse con la opción más cómoda: aquellas alternativas que le permitan una rápida inserción laboral, carreras u oficios, cortoplacistas.

Mi vivencia en el centro educativo UTU Paso Carrasco confirma lo expuesto por Bauman, en el sentido que para la mayoría de los adolescentes lo instantáneo y fugaz cuenta más que cualquier proyección sólida de futuro. Que la lógica del consumo, del “úselo y tírelo”, del “copy paste” y lo fácil y gratis impera sobre otros valores y genera nuevas subjetividades. Todo ello parece desdibujar cualquier opción vital de mediano o largo plazo. La idea de los “fast” es algo que se ha instalado en la cultura de un modo tal que todos creen saber de qué se trata. Pero el tema se presta a confusiones.

En estas situaciones en las que todo parece empantanarse se hace necesario apoyarse en la teoría y reflexionar sobre estas resistencias y el rol de las nuevas formas de comunicación adolescente, permeadas por la mensajería celular, internet y las redes sociales, y analizar de qué manera esto puede condicionar sus decisiones y entre ellas las elecciones vocacionales. En este sentido la bibliografía es casi nula; hay muy pocos estudios o abordajes sobre esta temática se antoja relevante una investigación más acabada.

Algunas de las preguntas que se presentan al atender los acelerados cambios que surgen en el contexto en el cual estamos inmersos tienen que ver con rápidos avances tecnológicos, la influencia de los medios masivos y las nuevas formas de comunicación, como las redes sociales (Facebook, Twitter, etc.): ¿Qué influencia tienen estos fenómenos en las elecciones vocacionales? ¿Se elige por el oficio que se encuentra de moda, como por ejemplo últimamente programas televisivos de fácil consumo, como las tertulias de chismes o deportes, o la moda gastronómica? ¿Y qué influencia tienen hoy las redes sociales en la elección de una ocupación o carrera? ¿La publicidad realmente impone o sugiere lo que hay que elegir para ser “exitoso”?


¿Cómo intervenir desde nuestro rol?

Un último desafío se le presentó a este análisis: todo esto nos interpela en nuestro rol como psicólogos y cómo orientadores vocacionales, y resulta imprescindible desde nuestro lugar habilitar espacios en los cuales los adolescentes logren ser consciente del contexto en el cual están inmersos, ya sea por los cambios tecnológicos y las influencias a nivel familiar, social y cultural. Definir no solo la elección de una carrera u otra, sino trabajar en relación a la elaboración de un proyecto de vida que puedan sentir como propio.

Por ello también entiendo que debemos trabajar, sea como psicólogos y promotores de la salud, en desmitificar la orientación vocacional como una acción de afuera hacia adentro en un momento dado, y entenderla como un proceso interno que se extiende durante toda la vida: el rol de acompañar la construcción de la identidad vocacional, personal y social, ayudando a que el sujeto orientado logre el conocimiento de sí mismo, de su entorno y de sus deseos.

Partiendo de que la vocación se desarrolla durante toda la vida en un constante juego dialéctico entre el individuo y el contexto, cabe cuestionarse que si ésta se va gestando durante los primeros años de vida, porqué no existe antes de la etapa de la adolescencia un acompañamiento y educación en tal sentido. Para que el momento de la elección no resulte traumático, muchas veces en situaciones de emergencia, acotado a un tiempo que exige una elección “ya”, sino que se eduque para generar una identidad vocacional desde los primeros años de nuestras vidas.

También considero importante lograr que el proceso de orientación vocacional y de información pueda dirigirse a padres y docentes para acompañar y ayudar al adolescente. Entiendo la orientación vocacional primordial para la realización de un proyecto de vida, una necesidad que debe satisfacerse y universalizarse, llegando a todos los involucrados. Eso, sumado a una práctica ya no solo enfocada en la etapa adolescente, puesto que los replanteos vocacionales se producen durante toda la vida, que podría formar parte de los programas educativos desde un nivel inicial, y en diversos espacios, para contribuir así a la elección consciente del sujeto.

Por todo ello entiendo que el orientador vocacional debe estar mejor informado, actualizado tanto en las nuevas formas de comunicación adolescentes así como en el lenguaje que utilizan; estar al tanto de las demandas de una sociedad más digital que plantea una manera diferente de relacionarse, pensar, sentir y reconstruir al sujeto. De una sociedad donde la capacidad de tolerar frustraciones y de esperar para satisfacer deseos se reduce cada vez más.

Como orientadores debemos estar al tanto de la gran incertidumbre y confusión que esto genera en la sociedad y particularmente en los adolescentes. Por ello orientar es también escuchar al joven con respeto y atención, y ayudarlo a una comprensión profunda de la situación global y a tomar conciencia de sí mismo, a conectarse con sus deseos, a visualizar sus posibilidades y potencialidades, y encontrarle sentido a una vida, apropiándose de la realidad para transformarla.

8. REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS

Aberastury, A., y Knobel, M. (1987). La adolescencia normal. Un enfoque psicoanalítico. Buenos Aires: Paidós.


Amorín, D. (2008). Apuntes para una posible psicología evolutiva. Montevideo: Psicolibros.

Bauman, Z. (2000). Modernidad líquida. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

Bauman, Z. (2005). Los retos de la educación en la modernidad liquida. Barcelona: Gedisa.

Bohoslavsky, R. (1974). Lo vocacional: Teoría, técnica e ideología. Buenos Aires: Nueva Visión.

Bohoslavsky, R. (1984). Orientación vocacional: La estrategia clínica. Buenos Aires: Nueva Visión.
Carbajal, M. (2003). Orientación vocacional ocupacional: Educación y trabajo. Montevideo: Frontera.
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