Titulo: El prd se Consolida Como Tercera Fuerza Electoral



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NUMERO: 50

FECHA: Septiembre-Octubre 1992

INDICE ANALITICO: Partidos Políticos

AUTOR: Miguel Angel Romero Miranda [*]

TITULO: El PRD se Consolida Como Tercera Fuerza Electoral


ABSTRACT:


El presente balance se inicia con los resultados del proceso federal electoral celebrado el 18 de agosto de 1991 y termina con el análisis de las consecuencias que generó al interior del PRD el discurso que pronunció Cuauhtémoc Cárdenas el 5 de febrero de 1991. Esto debido a que en anteriores ocasiones ya se abordó el período 1988-1990 [1] y no se considera necesario volver a referirse al mismo y a que al momento de escribir este artículo, no se contaba con la suficiente información de los resultados de las elecciones estatales realizadas el 2 de agosto.
TEXTO:
Las cifras
Un primer acercamiento con las estadísticas electorales muestra, en lo negativo, un evidente retroceso en cuanto a las expectativas que el PRD se había generado para sí mismo y las que logró despertar en la población. Esto es así si se considera que el 8.26% que obtuvo en la votación para elegir diputados federales, se encuentra más cercano al porcentaje obtenido por el PMS en sus momentos estelares -1979- y muy lejano al 37% que obtuvo el FDN en julio de 1988.
En lo positivo, se afianzó, al parecer en forma definitiva, como la tercera fuerza electoral. Esta situación lleva a que el PRD forme parte, por méritos propios, de la conformación del nuevo subsistema de partidos políticos que se está gestando en nuestro país y que necesariamente se tenga que tomar su parecer en la discusión de temas y tópicos de interés nacional.
El propio PRD, a través de la Secretaría de Acción Electoral, tiene otra manera de medir los resultados electorales. Parten de una hipótesis central: el PRD nació el 5 de mayo de 1989 y el mejor criterio de evaluación, es comparar los resultados de elecciones locales en donde el PRD ya haya competido con anterioridad (de junio de 1988 a agosto de 1991) y los resultados de 1991.
Si se valida ese criterio, el balance arroja saldos eminentemente positivos: de 21 estados donde hubo elecciones locales -de diverso tipo- entre 1988 y 1991 el PRD obtuvo un total de 900,744 votos, "en las elecciones federales de esos mismos 21 estados su votación es de 1'240,304 votos, lo que representa un crecimiento de la votación de 37% respecto de los comicios estatales". [2]
En términos absolutos, que son lo que contarán en 1994, las entidades en donde se registró mayor votación fueron: Estado de México que pasó de 212,680 a 309,794; Michoacán 224,027 a 293,312; Veracruz 58,629 a 107,690, y Guerrero de 89,018 votos a 120,376. [3]
El balance político interno
Pero incluso al interior del PRD, las frías estadísticas y el recuento numérico parece ser insuficiente, por ello, el balance electoral acerca de lo sucedido el 18 de agosto de 1991, significó una dura y cruda discusión, que se inició con el documento presentado por el Comité Ejecutivo Nacional (CEN), encabezado por el Ing. Cuauhtémoc Cárdenas, el cual fue rechazado por el pleno del Consejo Nacional (CN), los argumentos que la prensa ventiló en esa ocasión hacían referencia a una crítica de parte de los consejeros nacionales. Se aseguraba que la causa había sido la falta de una visión autocrítica que contemplara con mayor objetividad lo que realmente había ocurrido y que se culpara del retroceso electoral, exclusivamente a causas externas.
¿Qué se sostenía en ese balance inicial? Fundamentalmente que el PRI había recuperado votación debido a dos factores: por un lado, el clientelismo y la manipulación y, por el otro, el fraude y el uso de múltiples y variadas prácticas ilegales. [4] De Solidaridad se aseguraba que "a su amparo se realizaron todo tipo de obras públicas y sociales, precisamente en aquellas localidades donde la oposición tuvo fuerza en 1988". [5]
Parte sustancial del informe del CEN, documentaba la supuesta práctica fraudulenta que puso en marcha el gobierno mexicano, antes, durante y después del proceso electoral. Acusó al gobierno de ser el responsable de que en las campañas privara una pobreza ideológica, pues no defendió ni el TLC, ni la privatización y desmantelamiento del sector público.
Con lo que respecta al PRD, el saldo general del proceso electoral era positivo, porque el gobierno no pudo desaparecerlos y sus votos se elevaron con respecto a las elecciones locales. Además el partido del sol azteca demostró "que su programa tiene ya sentido. Los votos de nuestros candidatos son votos a favor de la democracia, de un régimen de derecho, del ejercicio pleno de la soberanía nacional, del empleo y la elevación de los niveles de vida; fueron al mismo tiempo votos contra el entreguismo, la corrupción, el corporativismo y el régimen de partido de Estado". [6]
Esta postura fue ampliamente discutida en el XIV pleno del Consejo Nacional del PRD. Las repercusiones fueron amplias. Además del rechazo ya señalado, se formó una comisión integrada por Arnaldo Martínez Verdugo (coordinador), Octavio Moreno Toscano, Pedro Peñaloza y Antonio Tenorio Adame con la finalidad de que evaluaran las actividades desarrolladas por esa instancia y presentaran una propuesta. La comisión presentó un informe en el cual establece, en primer término, el marco político adverso que privó en el desarrollo del proceso electoral de agosto. La cuestión principal que destacaron fue la referente al marco jurídico (COFIPE), la que según ellos fue la responsable de que la jornada electoral fuera "gris y carente de entusiasmo, con excepción de unos pocos distritos y de algunos estados, en particular Guanajuato y San Luis Potosí". [7]
La crítica a esta visión salta a la vista. Al señalamiento de gris y carente de entusiasmo, habría necesidad de agregarle otra pequeña característica que inmediatamente entra en contradicción con lo arriba señalado: fueron las elecciones más concurridas de los últimos tiempos.
Sin embargo, a diferencia de lo que se sostenía en el primer informe presentado por el CEN, en está ocasión se reconoce que "los resultados electorales del 18 de agosto no pueden ser atribuidos solamente al carácter faccioso del Código Electoral o a los ostensibles mecanismos del fraude que este propicia, ni a las formas de soborno en que incurre Pronasol. Hay que tomar en cuenta también que el grupo de Salinas supo generar expectativas de mejoramiento entre algunos sectores de la población frente a la perspectiva de la firma del Tratado de Libre Comercio y, más en general, debido a los signos iniciales de una nueva fase del ciclo económico, de cierta recuperación de la actividad económica que ya propició una reducción del índice inflacionario". [8]
Aparte del reconocimiento anterior, esta comisión ponía énfasis en los errores o deficiencias del trabajo en que incurrió el PRD:
"...debemos examinar las responsabilidades que corresponden de manera directa a errores o deficiencias del trabajo de nuestro partido, en especial de sus órganos dirigentes... el error principal que cometió fue el no haber realizado una campaña con rasgos comunes, bien definidos a lo largo de todo el país; tampoco (existió) una concepción común de la forma de selección de los candidatos del PRD a todos lo puestos, ni de los objetivos precisos que nos proponíamos en la campaña de 1991, y de las particularidades de nuestra relación con otros partidos, así como de la actitud frente a las organizaciones y movimientos sociales." [9]
Derivado de lo anterior se concluye -en el mismo documento- que el discurso electoral de los candidatos fue desarticulado como resultado de la carencia de un proyecto nacional. En lo que respecta a la selección de candidatos, hubo desatención para promover a exponentes del movimiento cultural y democrático de diferentes regiones del país y dirigentes sociales, aunque no estuvieran inscritos formalmente en el partido.
A partir de este momento, la comisión perredista analiza la situación interna del PRD y propone mecanismos para mejorar la actuación de sus órganos de dirección interna. En el mismo evento -Consejo Nacional del 8,9 10 de noviembre de 1991-, el Comité Ejecutivo Nacional presentó un nuevo balance del proceso electoral de agosto de 1991, que diferían sustancialmente del rechazado en septiembre.
En primer lugar, se enlistan algunos elementos que sirven para enmarcar las diferencias entre el proceso electoral federal del 88 y el 91: en 91 es la primera vez que el PRD participa: fue prácticamente solo a la contienda; el PRD se encontraba en un difícil proceso de organización; no fueron elecciones presidenciales; el marco económico en que se desarrollaron fue diferente; el gobierno y su partido remontaron notablemente su deteriorada imagen pública; existe en el mundo una hegemonía ideológica de la derecha y el pensamiento neoliberal; y, aunque no es diferencia, los resultados están influidos por procedimientos fraudulentos.
Por lo que respecta a los resultados electorales, el balance repite una tesis que la dirección del PRD ha mantenido como constante: "No existe razón para sentirnos plenamente satisfechos. Sin embargo, es importante reconocer que el PRD supo sobreponerse a una innegable actitud de confrontación por parte del gobierno que busco aniquilarnos". [10]
El CEN del PRD también consideró importante reconocer la falta de una sólida propuesta política y realizar esfuerzos en el terreno organizativo, táctico y de acción política, para todos estos elementos definió, con precisión, cuáles eran los puntos en los que debería avanzarse en lo interno. Sin embargo, la parte más sobresaliente se observa cuando analizan el aspecto de la transición democrática, se asegura que el problema "estriba en crear y consolidar un bloque social y político hegemónico en la sociedad mexicana dispuesto a asumir la responsabilidad de emprender las acciones necesarias para obligar al cambio de régimen político. Las experiencias recientes indican la fuerza de la sociedad civil en esta empresa". [11]
Un analista suspicaz bien podría entender este como un nuevo mensaje del máximo órgano de dirección perredista. En él se encuentra implícito el reconocimiento a una situación de minoría política y la necesidad de establecer un trabajo de mediano y largo plazo que permita -al PRD- crear ese bloque social hegemónico capaz de obligar al cambio. Sin embargo, el propio documento perredista aclara la cuestión un poco más adelante cuando afirma:
"Asumamos que en tres años el gobierno ha remontado la situación de desprestigio en que se encontraba durante las elecciones presidenciales de 1988. La política económica del salinismo ha tenido relativo éxito en algunos rubros, particularmente en el control de la inflación, que si bien no logra estrictamente sus propias expectativas, sí ha superado la situación que se presentó en gobiernos anteriores. También reconozcamos que Salinas ha aplicado una inteligente política de construcción de obra pública y de bienestar social, más espectacular que efectiva, pero que ha redituado en prestigio político para su gobierno. Con escasas pero efectivistas acciones, ha logrado en cierta medida neutralizar la enorme desconfianza que el gobierno generaba entre sectores de la clase media del país; es un hecho que su política económica ha refrendado cierta seguridad entre los sectores económicamente más poderosos." [12]
¿Hacia un cambio de terreno?
Este tono y tipo de discurso -aunado a la propuesta que Cristóbal Arias empieza a esbozar a principios de año- parecía indicar un cambio profundo en la orientación de la concepción y política perredista. Las principales modificaciones que se introdujeron fueron las siguientes:
a) Nombrar una Comisión Especial que se encargara de crear las condiciones mínimas y fijar los puntos de una agenda para iniciar un diálogo directo con el Gobierno Federal (estuvo integrada por Rosa Albina Garavito, Cuauhtémoc Cárdenas y Pablo Gómez).
b) Evitar las confrontaciones estériles y organizar y articular esfuerzos de las corrientes internas. Para este efecto se creo otra comisión -llamada coordinadora-, integrada por Heberto Castillo, Rosa Albina Garavito, Pablo Gómez, Porfirio Muñoz Ledo, Graco Ramírez Abreu, Saúl Escobar, Ricardo Pierce y Mario Saucedo. Como puede observarse está comisión se encuentra integrada por representantes de diversos grupos que conforman el PRD.
c) Iniciar conversaciones con el PAN para discutir y definir una Propuesta para la Transición Democrática, así como buscar una relación con el Gobierno Federal donde el PRD confluya en un diálogo con todas las fuerzas políticas del país para pactar una Transición Política Integral.
d) Dar pauta al nombramiento de candidatos de unidad, con el fin de que la selección de los mismos no origine enfrentamientos internos.
e) Incrementar los foros y mesas redondas donde los perredistas discutan los problemas nacionales y a partir de ahí, iniciar una política propositiva que incorpore acciones, metas y programas alternativos, viables y atractivos para el electorado.
En conjunto, las acciones mencionadas significaban un viraje importante en la concepción y practica política del PRD en la cual la parte más relevante era la derrota interna de la corriente que sostenía una visión apocalíptica del gobierno de Salinas. La discusión adquiría nuevos matices. La gran mayoría reconocía la recuperación de la legitimidad que el gobierno había tenido a lo largo de tres años de gobierno. Eran escasos quienes aún sostenían la tesis de ingobernabilidad que permeó la actuación del PRD durante este tiempo.
Las grandes interrogantes eran las siguientes: ¿Quién discute?, ¿qué discute?, ¿que negocia? y ¿hasta dónde negocia? El acercamiento con lo primeros niveles del gobierno rápidamente empezó a tener manifestaciones concretas. Varios son los indicadores que demuestran este hecho, entre los que encuentran la incorporación de Ramón Sosamontes como parte del Comité Ciudadano Plural, órgano creado por la PGR y el nombramiento de Leonel Godoy como fiscal especial en el esclarecimiento de la muerte de Francisco Javier Ovando.
La distensión dentro de la política interna del PRD tuvo repercusiones. La lucha interna se hizo más abierta. Una de sus manifestaciones fue que una de la corrientes importantes -la negociadora- trató de generar una imagen, ante la opinión pública, de ser los principales impulsadores de la táctica de movilización-concertación. Por ello filtraron entre los medios de comunicación la información de que ellos personalmente fueron gestores directos con el gobierno mexicano para encontrar una salida negociada al llamado Exodo por la Democracia.
También se pretendió aprovechar la elección para elegir gobernador en Michoacán, y este mismo grupo insistía en mantener la imagen de principal impulsora de la candidatura de Cristóbal Arias. A ello se deben las constantes referencias en sus respectivas colaboraciones periodísticas en donde Heberto Castillo, Ramón Sosamontes, Arnaldo Córdoba, Pedro Peñaloza, entre otros, fueron los primeros en dedicar más de una columna para elogiar la figura de Arias. Además de ser pioneros en recolectar fondos para apoyar los gastos de la campaña perredista en ese estado.
En ese período se manifestaron con mayor nitidez las diferencias de concepción estratégica existentes entre los perredistas. La preocupación de la corriente que encabeza Cuauhtémoc Cárdenas era evitar que la relación con el gobierno se diera fuera de los marcos institucionales perredistas. Sus propuestas se dirigían a evitar que los miembros de su organización establecieran acuerdos unilaterales y sin una postura global que los encuadrara.
De nuevo al punto de partida
Antes de iniciar el viaje de retorno en la postura perredista, conviene detenernos un poco en los resultados de las elecciones celebradas en Veracruz y Tabasco en diciembre de 1991. Cuando parecía que el PRD entraba en un período de reflujo debido a lo ocurrido en las urnas durante agosto del 91, sorpresivamente genera alrededor de la disputa por supuestos triunfos en algunos municipios, una movilización que concentra la atención nacional y que deriva prácticamente en una aceptación de todas las demandas que enarbolaban.
Ello se afirma así porque después de cincuenta días de larga caminata, la solución ofrecida por el gobierno mexicano, a través de la Secretaría de gobernación, incluía la siguientes propuestas: en Cárdenas se integró un nuevo Consejo Municipal, de composición plural, encabezado por Carlos Alberto Wilson del PRD; en Nacajuca se integró también un Consejo en el que participan miembros del PRI y el PRD y ese encabezado por una persona sin militancia, elegida de común acuerdo; en Macuspana renunció el presidente municipal y fue reemplazado por otro del mismo instituto.
Veracruz también fue parte del arreglo, en Angel R. Cebada, se renovó la dirigencia del consejo municipal y al frente fue puesto Arturo Hervis del PRD; en San Andrés Tuxtla, renunció el presidente electo -de filiación priísta- y fue reemplazado por otro del mismo partido; en Tezonapa se realizó el mismo mecanismo. [13]
Este triunfo político-electoral vino a darle un respiro importante al partido del sol azteca. Algunos analistas consideran que el mismo se debió a una variable externa e inmanejable: México se eligió como sede para la firma del Tratado de Paz de El Salvador, entre las fuerzas insurgentes y la guerrilla. La presencia de la prensa extranjera era inminente y el gobierno no podía darse el lujo de mantener tomado el Zócalo y deteriorar su imagen en el exterior.
A lo anterior es necesario agregar un ingrediente más. Fue precisamente en el mes de enero cuando el Congreso de la Unión aprobó la reglamentación final al Artículo 27 constitucional, con lo cual se cerraba prácticamente un largo período de ofensiva estatal para avanzar en su proyecto de modernización económica con vías a lograr la firma del TLC con Estados Unidos y Canadá.
Al finalizar enero, el PRD contaba con un triunfo electoral importante, con una lucha política abierta y con un claro malestar por las modificaciones al 27 constitucional. [14] Es en este contexto en donde Cuauhtémoc Cárdenas pronuncia su discurso de la celebración de la promulgación de la Constitución de 1917. En el cual rompe de tajo con todas las posturas que hasta ese momento mantenían una frágil hegemonía al interior de su partido y retoma las viejas consignas de enfrentamiento frontal contra el salinismo.
Para ilustrar esta afirmación conviene reproducir algunas de las afirmaciones contenidas en el ya famoso discurso:
a) El gobierno ha procedido a reformar la Constitución en algunos de sus artículos esenciales, alterando su espíritu reivindicatorio y su contenido social y popular, dando con ello un vuelco histórico al desarrollo social del país.
b) Algunas de las reformas emprendidas por este gobierno significan, técnicamente, un golpe de Estado Legislativo. Se dan como producto de una cuartelazo parlamentario.
c) En campaña el PRI no presentó esta opción y por ello no cuenta con mandato ni aval de sus electores.
d) El gobierno se sustenta en los artificios de un falso crecimiento y estabilidad económicos financiados con el remate de la propiedad pública y con un costosísimo endeudamiento político y económico con el extranjero.
e) Es posible que el nuevo golpe a la economía del pueblo mexicano se intente disfrazar con otra gran mentira, quitándoles ceros al peso y presentado su devaluación ante el dólar como un fortalecimiento de la moneda nacional.
f) Los riesgos de una nueva asfixia económica de la economía están a la vista de nueva cuenta. La estabilidad de la economía está en manos de especuladores y se hará insostenible cuando ellos decidan que los años de la política oficial les resultan tan insoportables que impongan una nueva devaluación al peso y restricciones sociales y cargas más pesadas al pueblo en su conjunto.
g) Voces oficiales del PRI reviven pretensiones para echar abajo el principio de la no reelección. ¿Queremos a Carlos Salinas en la presidencia y a su equipo entreguista, represor, corrompido, en el gobierno por los años que le quedan de vida?
El discurso terminaba haciendo un llamado "a todas las fuerzas y organizaciones democráticas del país para que pensemos juntos en la propuesta de una nueva constitucionalidad y en las estrategias que hagan posible la victoria ciudadana sobre el despotismo y la instauración de un gobierno democrático, representativo y soberano en 1994".
¿Por qué la dureza del pronunciamiento de Cuauhtémoc Cárdenas, en un período, como ya señalamos, de distensión con el gobierno mexicano? La respuesta es difícil de precisar, sin embargo, parece que tres fueron los motivos principales: una concepción -equivocada o no- que sostenía que el gobierno mexicano estaba a punto de ceder en aspectos estratégicos ante el gobierno norteamericano en la firma del TLC; la gran ofensiva publicitaria que desarrolló el sector dialoguista en los medios de comunicación; y, la Ley Reglamentaria del 27 constitucional que fue un duro golpe a sectores cercanos y afiliados al PRD.
Aparte de este fuerte discurso, en la prensa nacional trascendió que la reunión del CEN del PRD celebrada en Oaxtepec los días 8 y 9 de febrero del 92, llegaron al acuerdo de dejar en disponibilidad de Cuauhtémoc Cárdenas todas las carteras que integran esa instancia con la finalidad de que su máximo líder pudiera realizar una reestructuración que posibilitará hacer más operativo este órgano. Finalmente la ansiada reestructuración nunca se llevó a efecto, sin embargo, sirvió -junto con el discurso del 5 de febrero- para disciplinar a los grupos que integran ese partido.
Es evidente, a esta alturas del artículo, que el discurso del "hijo del general" poco o nada tenía que ver con la discusión interna, y menos con el cambio de postura que se evidenciaba en las posturas perredistas. Lo extraño es que la inmensa mayoría de militantes se plegaron al discurso y tácita declaración de guerra al gobierno mexicano. [15] Detrás de esta postura se encuentra la recuperación ideológica de la corriente que ha hegemonizado al PRD desde su fundación. Esa misma tendencia que apuesta a la concatenación de varios fenómenos externos, que sumados, pongan en jaque al gobierno mexicano y reediten una situación similar a la vivida en julio de 1988.
Entre los cuales se encuentran en lo tocante al deterioro económico: falta de inversión, incremento inflacionario, aumento de la deuda externa, caída del PIB, cierre de empresas, aumento considerable del desempleo, en fin la apuesta se enfila hacia la reedición de una crisis sexenal tal y como ha ocurrido en los tres últimos sexenios. En lo político: se apuesta a la crisis interna del PRI derivada de una mala selección del candidato, que se traducirá en un incremento considerable de las filas perredistas. En lo externo: al triunfo de los demócratas, la resistencia de este grupo a la firma del TLC en los términos en que se encuentra actualmente, por mencionar solamente alguno.
El PRD volvió al punto de partida, no se trata de crear y consolidar un bloque social y político hegemónico en la sociedad, lo cual evidentemente lleva tiempo, esfuerzo, organización y para el cual es necesario elaborar una propuesta programática que vaya más allá de la lucha por la democracia. No, por el contrario, se vende un discurso que asegura que existen condiciones para que el PRD gane las elecciones en 1994 sin demostrar como se arribó a esa situación. Discurso que en mucho se asemeja al que por años enarbolamos los marxistas -"las condiciones objetivas están maduras para el cambio revolucionario"- sólo que se trataba de otros tiempos, otros integrantes, otros principios y sobre todo, se generaron en un mundo totalmente diferentes al que hoy existe. Pero una cosa es necesario recordar: las aventuras que se emprendieron bajo esos supuestos terminaron siempre, o casi siempre, en dolorosas derrotas de las cuales todavía no se logran recuperar cientos de militantes.
CITAS:
[*] Profesor-Investigador del Depto. de Sociología. UAM-A.
[1] Ver los números 38, 39 y 42 de El Cotidiano, en especial los artículos dedicados al análisis de partidos políticos.
[2] Ver Informe de la Secretaría de Defensa del Voto, CEN, en especial, ver p. 12.
[3] Ver los números 38, 39 y 42 de El Cotidiano, en especial los artículos dedicados al análisis de partidos políticos. Ver Informe de la Secretaría de Defensa del Voto, CEN, en especial, ver p. 12.
[4] Informe del Comité Ejecutivo Nacional al XIV pleno del Consejo Nacional.
[5] Informe del Comité Ejecutivo Nacional al XIV pleno del Consejo Nacional.
[6] Informe del Comité Ejecutivo Nacional al XIV pleno del Consejo Nacional. p. 10.
[7] Ver las elecciones de agosto y la política del PRD, Arnaldo Martínez Verdugo. et al
[8] Ver las elecciones de agosto y la política del PRD, Arnaldo Martínez Verdugo. et al. p. 4.
[9] Ver las elecciones de agosto y la política del PRD, Arnaldo Martínez Verdugo. et al. p 6 y 7.
[10] Táctica política del PRD, documento presentado al Consejo Nacional del 8, 9 y 10 de noviembre de 1991 por el Comité Ejecutivo Nacional.
[11] Táctica política del PRD, documento presentado al Consejo Nacional del 8, 9 y 10 de noviembre de 1991 por el Comité Ejecutivo Nacional. p. 12.
[12] Táctica política del PRD, documento presentado al Consejo Nacional del 8, 9 y 10 de noviembre de 1991 por el Comité Ejecutivo Nacional. p. 12.
[13] Ver La Jornada. 13 de enero de 1992.
[14] Sólo existía molestia real por lo ocurrido en el 27 constitucional, porque en el 130 el PRD estaba de acuerdo en lo general.
[15] Entre otros, Cristóbal Arias, quien fue finalmente derrotado en su intento por generar un nuevo tipo de relación con el gobierno mexicano. El caso de Michoacán, y en general de todos los procesos electorales será abordado en futuros artículos.


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