Ética general



Descargar 0.63 Mb.
Página19/23
Fecha de conversión26.03.2018
Tamaño0.63 Mb.
1   ...   15   16   17   18   19   20   21   22   23

con la técnica, que según Aristóteles es "según razón verdadera"? La definición tiene dos aspectos:

uno que remite a la noción de hábito y otro a la noción de razón, que alude al componente

intelectual o racional presente en el saber técnico. Este segundo aspecto tiene que ver con un tipo

específico de racionalidad: ¿qué tipo de racionalidad despliega el técnico?

Hay dos ejemplos favoritos de Aristóteles en la Ética a Nicómaco, el del piloto y el del

médico, que evidentemente se podrían multiplicar con muchos otros ejemplos del ámbito técnico.

¿Qué tipo de racionalidad despliega el piloto que tiene que guiar un barco a puerto, en un mar

tempestuoso? Y ¿qué tipo de racionalidad despliega el médico que, dado un determinado cuadro

clínico, tiene que tratar de restablecer la salud a través de ciertos mecanismos terapéuticos?

Básicamente, el tipo de razonamiento que está involucrado en estos ejemplos, y también en

cualquier otra actividad de tipo técnico productivo, es un razonamiento práctico, que apunta a la

determinación y aplicación de los medios concretos para obtener los fines que se espera. Y esta

determinación y aplicación de medios concretos tiene lugar a través de procesos deliberativos.

Cuando el médico se enfrenta a un determinado cuadro clínico patológico, por su propia

profesión se propone un fin: restablecer la salud al estado patológicamente alterado. Una vez que se

tiene el cuadro clínico, por un lado, y el fin, por otro, se abre un camino cuyo recorrido puede ser

muy incierto, pero cuyos punto de partida y punto de llegada, por así decir, están claros. El punto

de partida es la situación concreta que indica el diagnóstico; el punto de llegada esperable es el

restablecimiento de los parámetros normales. Desde el punto de vista práctico, la tarea que realiza

el médico a continuación es una deliberación, orientada a establecer qué camino lleva, de la mejor

manera posible, desde la situación con que se ve confrontado hasta el fin que espera alcanzar. La

determinación de esos caminos puede ser muy compleja, pues, dependiendo del cuadro con que se

vea confrontado el médico, puede haber más de un camino y será tarea del médico determinar cuál

es el más conveniente.DuocUC _ Centro de Ética Aplicada

Todo ese proceso deliberativo tiene que ver con el ajuste de medios a fines. No hay que ver

esto como algo simple; puede ser un proceso altamente complejo, puede haber una gran cantidad de

pasos intermedios que lleve desde el cuadro de la enfermedad hasta el objetivo final de la salud.

Este camino no es necesariamente lineal; puede haber en el medio una gran cantidad de subrutinas

en una dirección o en otra que el médico tiene que considerar. Puede haber además caminos

alternativos que el médico deberá evaluar y ponderar uno frente a otro antes de determinar qué

procedimiento aplica primero. Todo esto está involucrado en el tipo de racionalidad que se describe

como determinación y aplicación de medios correctos para alcanzar los fines esperados a través de

procesos deliberativos.

La referencia a procesos deliberativos en todos estos procedimientos no es trivial, aunque

haya muchas situaciones en que se vuelva fácticamente trivial, porque la experiencia del médico

permite que ya tenga resuelta de antemano una cierta cantidad de procesos. Por ejemplo, si alguien

va al médico porque está resfriado y tiene una jaqueca, el médico ya no necesita deliberar

nuevamente sobre todos los pasos a dar y le dirá rápidamente que se tome una aspirina en la noche,

porque ya ha visto una gran cantidad de casos parecidos. Pero el hecho de que estos procesos

deliberativos se estandaricen y sean aplicados de una manera más o menos instantánea no debe

ocultar el aspecto de deliberación que está en su base. Como ocurre con las virtudes morales, aquí

el hábito también tiene una función de descarga, ya que por él el médico se acostumbra a ver cierto

tipo de casos y no necesita deliberar de nuevo en cada uno de ellos. En este sentido el origen de la

solución que el médico aplica en cada caso tiene que ver siempre con un proceso deliberativo,

aunque este proceso esté descargado en un hábito.

Este es el tipo de razonamiento que, según Aristóteles y en general en la concepción

moderna de lo que significa el saber técnico, juega un papel central en la actividad técnica. Es

decir, la técnica tiene que ver fundamentalmente con el ajuste de medios a fines y con los procesos

deliberativos vinculados con el proceso de medios a fines. Desde la tarea más elemental de un

zapatero hasta las más complejas realizaciones de la NASA para poner un satélite en órbita, el tipo

de razonamiento involucrado en estas tareas es el mismo. Lo que puede variar es el grado de

complejidad de las cadenas de medios a fines y de los procesos deliberativos que hay que establecer

en cada uno de esos casos.

Corresponde ver ahora en qué se parece a la técnica la prudencia, que ya no es un tipo de

razonamiento técnico, sino de índole moral. La definición que da Aristóteles de la prudencia en

Ética a Nicómaco VI 4, 1140a3 ss., dice que es una disposición habitual práctica acompañada de

razón verdadera.

En esta definición, nuevamente hay un componente que remite a la noción de hábito y otro

que remite a la de racionalidad. Técnica y prudencia están caracterizadas igualmente como hábitos

y tampoco en el proceso de adquisición de hábitos hay gran diferencia entre ellas. De hecho,

generalmente se dan ejemplos técnicos, como aprender a manejar, y luego se traslada este tipo de

casos al ámbito de la educación moral: cómo el niño aprende a comportarse valientemente,

educadamente, etc. Básicamente el proceso es el mismo: un proceso de reiteración de actos en

cierto tipo de contexto que lleva a generar como sedimento una disposición habitual a producir el

mismo tipo de respuestas en el mismo tipo de situaciones.DuocUC _ Centro de Ética Aplicada

También la referencia al componente racional es básicamente equivalente para la técnica y

para la prudencia. Esta es una diferencia entre la ética clásica y algunos modelos éticos modernos

como el kantiano, como ya se dijo (en la introducción, b.3). En este punto, Kant es una excepción,

porque la mayor parte de los modelos contemporáneos de filosofía moral comparte la opinión de la

ética clásica, mientras que Kant elimina el razonamiento de medios a fines del ámbito de la

justificación moral. Allí donde se trata de justificar moralmente los actos, el razonamiento de

medios a fines no tiene ningún papel, porque, para Kant, tal racionalidad es racionalidad

estratégica, que no tiene nada que ver con la racionalidad moral. Pero tanto la ética clásica como

algunas éticas contemporáneas, como el utilitarismo y el consecuencialismo, concuerdan en que no

hay una diferencia esencial entre el razonamiento técnico y el moral, en la medida en que ambos

son razonamientos que apuntan a la conexión de medios a fines, es decir, ambos son formas de

razonamiento teleológico. La justificación técnica apunta a la conexión de medios a fines, al igual

que la justificación moral, y esto vale tanto para la ética clásica como para posiciones que están en

las antípodas de la ética clásica, como el consecuencialismo o el utilitarismo. Incluso el relativismo

podría tener una posición idéntica respecto de la racionalidad práctica. Frente a esto, un relativista

diría que cada quien se da los medios que le parecen y que no hay manera de evaluar esos fines,

pero respecto de qué tipo de estructura tiene el razonamiento moral, no lo diferenciaría del técnico.

c) Diferencias entre prudencia y técnica

Hay que ver ahora las diferencias entre prudencia y técnica, que son importantísimas.

La técnica está definida como una "disposición habitual productiva acompañada de razón

verdadera" y la prudencia, en cambio, como una "disposición habitual práctica acompañada de

razón verdadera". Evidentemente, entonces, hay que explicar la diferencia entre lo práctico y lo

productivo. Voy a mencionar tres rasgos diferenciales entre la técnica y prudencia. Mucho de estos

aspectos tienen conexión con debates muy interesantes y actuales.

–Fin extrínseco y fin intrínseco

El primer rasgo diferencial entre técnica y prudencia apunta al carácter de los fines en uno y

otro tipo de contexto. En efecto, es esencial distinguir el tipo de fines que están en juego en cada

caso. Las actividades técnicas son productivas, porque apuntan a fines exteriores a la propia

actividad. Lo que se traduce por "producción" o "creación", dependiendo del contexto, es lo que

Aristóteles llama poíesis. La poíesis se caracteriza por el hecho de que se trata de actividades en las

cuales el fin es exterior a la actividad misma. Por ejemplo, la actividad del zapatero es una

actividad productiva, es un tipo de técnica, porque tiene un fin, el zapato, que es un "producto" y el

producto es exterior a la actividad misma, no intrínseco a ella.

Al comienzo de la Ética a Nicómaco, Aristóteles dice que cuando las actividades apuntan a

fines exteriores, el fin es preferible a la actividad. Es decir, en actividades como la zapatería, la

actividad tiene importancia sólo en la medida en que conduce hacia el objeto, que es exterior a la

actividad. Por eso no implica ningún problema reemplazar la actividad humana de confeccionar

zapatos por una actividad realizada por máquinas, porque el fin al que se apunta en toda la cadena

de eventos es el zapato. Y no es tan relevante para el zapato mismo, si el resultado es bueno, laDuocUC _ Centro de Ética Aplicada

actividad que lleva a la producción como tal de ese producto exterior. Lo relevante es el producto

exterior y la actividad sólo es deseada en vistas del fin, que es exterior a la actividad misma.

Voy a poner el mismo ejemplo, pero en otro contexto, para mostrar la diferencia entre lo

productivo y lo práctico. Supóngase que alguien hace zapatos o trabajos de talabartería no para

vender zapatos ni porque tenga una fábrica de zapatos, sino porque trabaja en una oficina y los

fines de semana hace zapatos a la manera de hobby, para despejarse, porque está muy cansado

mentalmente. Puede parecer que esa actividad es la misma que la otra, pero en este caso se trata en

realidad de una actividad técnica realizada de manera tal que deja de ser una actividad técnica. En

efecto, ¿qué es lo que busca el que realiza un hobby?, ¿busca primariamente el zapato o la actividad

por la actividad misma? Sin duda, busca esta última, pues no tendría sentido proponer al que hace

zapatos como hobby instalar en su casa una máquina para hacer los zapatos.

En este caso, se trata de una actividad técnica modalizada en actividad práctica. Por lo tanto,

depende del contexto decir si una actividad técnica es una actividad propiamente productiva o está

enfocada a otra cosa. Un hobby suele estar montado en actividades productivas, pero como tal no es

una actividad productiva, sino práctica, pues no tiene un fin exterior a la actividad misma, sino que

el que lo realiza lo realiza por la actividad como tal. Otro ejemplo, todavía más claro, son las

actividades prácticas no productivas, como un paseo, como el gozo estético. En estas actividades

nadie adoptaría mecanismos que supriman la actividad para obtener el mismo resultado externo, si

lo tuviera. Lo que se busca allí por sí mismo es la actividad como tal.

La actividad moral es de esta estructura: el acto moral no apunta a fines exteriores, sino al

acto mismo; el acto moral se realiza por sí mismo. Por ejemplo, el que es valiente lo es por la

valentía y no por otra cosa; si es valiente por otra cosa en realidad no puede decirse que sea

valiente. Si por ejemplo alguien se enfrenta a tiros con la policía y sale corriendo en medio del

tiroteo para robar un banco, se podría decir por la situación exterior que ese hombre es valiente,

pero desde el punto de vista de la ética clásica no lo es. Quizá fue un delito cometido con arrojo,

pero eso no es la virtud de la valentía, que se realiza en contextos en los cuales el acto de valentía

es buscado por sí mismo y no para enriquecerse robando, por ejemplo. Cuando el acto moral es

escogido con referencia a algo exterior al acto mismo, se convierte en otro acto. El acto moral no se

deja instrumentalizar para fines extramorales: o es escogido por sí mismo o se convierte en otro

acto. Es un tipo de acto que no puede apuntar a fines exteriores al acto mismo, que no puede ser

puesto al servicio de algo externo al acto mismo. Esto es un poco difícil de ver en abstracto, pero

ayuda para descubrir por qué los criterios con que se evalúan actos técnicos y actos de tipo

práctico-moral son totalmente distintos. El carácter de no instrumentalización del acto moral es

esencial a él, es un acto que tiene un fin intrínseco, es decir, contiene en sí mismo su propio fin.

Esta es una diferencia que Aristóteles establece entre la poíesis como tal y la acción moral.

Ésta no está en el ámbito de la poíesis, sino en el de la praxis. La prudencia es la virtud racional que

permite operar bien en el ámbito de la praxis, donde está incluida la acción moral. La praxis es más

amplia que la acción moral, pero la moral está situada dentro del ámbito de la praxis, no dentro del

ámbito de la poíesis. En cambio la virtud que permite desenvolverse bien dentro del ámbito de la

poíesis, es decir, de la producción, es la técnica.

Ahora bien, estos dos ámbitos no están desconectados. Hay que recordar que en la jerarquía

de los fines que da Aristóteles en el libro I de la Ética a Nicómaco, muestra que, en definitiva, losDuocUC _ Centro de Ética Aplicada

objetos técnicos son buscados para fines prácticos. ¿Para qué se quiere un zapato? Para movilizarse

bien y, así, para hacer bien otras cosas. En definitiva la poíesis está subordinada a la praxis, el

ámbito de la técnica está subordinado al ámbito de la moral. ¿Por qué los fines a los que apuntan las

realizaciones técnico-productivas son fines instrumentales?, ¿por qué los objetos de producción

técnica, los artefactos, los bienes que la técnica produce son bienes que no se buscan por sí mismos,

sino a su vez para realizar actividades prácticas? Por ejemplo, no se quiere un pizarrón por sí

mismo, sino para realizar una clase. Es un artefacto diseñado con fines educativos, que están

situados en el ámbito de la praxis, no en el de la poíesis. Es decir, el hecho de que la técnica apunte

a fines exteriores, que son instrumentales respecto de otras actividades, implica al mismo tiempo

que el ámbito de la producción técnica está subordinado al ámbito práctico de la acción moral y que

por lo tanto la técnica, que es la virtud del ámbito de la producción técnica, está subordinada a la

prudencia, a la phrónesis.

Este primer aspecto diferenciador entre técnica y prudencia es muy importante, pues, de la

diferencia de fines intrínsecos y extrínsecos, se sigue una gran cantidad de consecuencias, como se

acaba de ilustrar.

De este punto depende además la posición que se asuma frente al debate acerca de la

neutralidad moral de la técnica, que es un tema actual. Desde el punto de vista de la ética clásica, se

puede decir que la técnica sí es moralmente neutral, pero que justamente porque es moralmente

neutral los criterios que regulan la actividad técnica no pueden ser técnicos como tales, sino que

tienen que venir dados desde otro ámbito, que es el ámbito práctico-moral. La técnica puede

proveer una gran cantidad de instrumentos, pero no se puede decir con criterios meramente técnicos

para qué usar esos instrumentos. Por ejemplo, la técnica puede proveer bisturíes muy eficientes,

pero si se los debe usar para realizar operaciones o para asesinar sujetos no es una discusión

técnica, sino moral. De igual manera, la técnica puede proveer métodos de diagnóstico intrauterino

muy eficaces, pero si se los utiliza o no para eliminar individuos mal formados no es una discusión

técnica, sino moral.

En síntesis, qué se debe hacer con los instrumentos que la técnica pone a disposición no es

una discusión que el técnico pueda resolver con los criterios de racionalidad propios de su ámbito,

sino que para poder discutir sobre este punto hay que apelar a otros criterios de racionalidad que el

técnico en cuanto técnico no posee.

Por eso, en los debates específicamente morales, los expertos en aquellos aspectos técnicos

involucrados en la discusión están en igualdad de condiciones que el resto de la gente. Es claro que

no porque alguien sepa cómo funciona una técnica está en mejores condiciones para decir si

moralmente son o no aceptables los fines a los que se piensa aplicar la implementación de esa

técnica. Es muy importante tener en cuenta la diferencia entre las dos discusiones, sobre todo en el

ámbito de una sociedad de expertos como la actual.

–Identificación con el ser personal

Un segundo rasgo diferencial entre técnica y prudencia tiene que ver con el grado de

identificación con el ser personal del sujeto que involucran estas dos virtudes. Usando una metáfora

espacial, se puede decir que los hábitos técnicos se asientan en una capa superficial de las personas,

porque no involucran sus deseos, sus apetitos y sus emociones de la misma manera que los hábitosDuocUC _ Centro de Ética Aplicada

morales. En el caso de la educación moral el tipo de hábito que se desarrolla involucra al sujeto de

una manera totalmente distinta que en el ámbito técnico. Los hábitos técnicos no involucran

plenamente el núcleo de la persona, la dimensión volitiva, es decir, la vinculada con los deseos,

aspiraciones y apetitos de las personas, mientras que los hábitos morales están directamente

relacionados con esa dimensión. Por ejemplo, aprender a ser un buen pianista es algo que puede

costar mucho trabajo e involucrar por eso indirectamente las emociones, pero aprender a tocar el

piano como tal no involucra la emocionalidad del sujeto, tampoco el aprender a manejar

adecuadamente el automóvil, o al menos no lo hacen de la misma manera que el desarrollo de

hábitos morales. Los hábitos morales, en cambio, están directamente dirigidos a la emocionalidad,

a los deseos y apetitos del sujeto.

De este punto, como del anterior, también se sigue una gran cantidad de consecuencias. Por

ejemplo, si alguien aprende medicina muy bien, eso no significa que deje de ser un canalla, por

ejemplo, si ya lo era antes de estudiarla. Se puede ser un gran técnico médico, pero un canalla, y se

puede ser una buenísima persona, sin entender nada de medicina, y también por supuesto se puede

ser un gran médico y una buenísima persona. Lo que quiero decir es que el aprendizaje de una

técnica o de una ciencia práctica como la medicina, incluso en un grado de excelencia suma, no

modifica por sí solo el horizonte de deseos y expectativas del sujeto. Si uno tiene profesores que le

hacen ver otros aspectos, puede ocurrir un cambio moral, pero el aprendizaje de la técnica como tal

no incide sobre la voluntad del sujeto, de manera tal que un sujeto por el solo hecho de aprender

medicina se transforme necesariamente en una persona moralmente noble. E incluso ciertas formas

de enseñanza de la técnica, que, por caso, aspiren a dejar por completo de lado la dimensión moral

de los aspectos abordados en cada caso, pueden constribuir directa o indirectamente al

empobrecimiento moral de los sujetos que participan de tales procesos de enseñanza. En cambio, es

impensable que alguien aprenda virtudes morales y siga siendo un canalla: si alguien es valiente, no

es cobarde, si alguien adquiere la virtud de la prudencia no puede ser un insensato, etc.

La formación de hábitos morales compromete de tal modo los deseos y expectativas y la

voluntad, que el sujeto se identifica con los fines propios y característicos de la voluntad moral y ya

no desea obrar de una manera distinta en el futuro, sino en correspondencia con esos fines. Un

hombre virtuoso desde el punto de vista moral no puede usar sus deseos para fines innobles: si lo

hiciera, no sería virtuoso.

Como se ve, es inmensa la diferencia entre la técnica y la prudencia en cuanto al grado de

identificación con el ser personal del sujeto. En la educación moral el sujeto se identifica con todo

lo que es posible identificarse profundamente. A partir de ella, el sujeto será un vicioso –o un

virtuoso, pues esto vale también para los vicios–. En el ámbito de la moral, la identidad nuclear de

las personas está en juego de una manera que no es comparable con lo que ocurre en el ámbito del

aprendizaje técnico-operativo.

Por supuesto, también es deseable aprender técnicas, que además ayudan a formar aspectos

del carácter relevantes desde el punto de vista moral. Pero lo que estoy queriendo decir no es que la

técnica no sea deseable, sino que una cosa no conlleva necesariamente a la otra.

En muchos lugares de formación técnica se pretende hacer prescindente a la educación

técnica sobre cuestiones morales. A mi juicio, esta es una pretensión totalmente vana, porque es

imposible ser prescindente en estas cuestiones. A veces se declara esta prescindencia de cuestionesDuocUC _ Centro de Ética Aplicada

morales, en ámbitos de formación técnica, con la idea de enseñar una técnica concreta para que la

aplique cada cual como quiera. Pero esto en el fondo es imposible, aunque quienes lo pretenden se

basen en la neutralidad moral de la técnica. Efectivamente, la técnica es moralmente neutral, pero

en el sentido de que por medios meramente técnicos no es posible determinar para qué fines utilizar

los instrumentos que la técnica pone a disposición. Los fines para los que se aplican en definitiva

los instrumentos técnicos parecen deseables por consideraciones no de tipo técnico, sino moral. Por

ejemplo, que la salud es un fin a alcanzar y que a ello se debe aplicar la medicina no es una

consideración técnica sino una consideración moral. Por eso, la actitud de neutralidad moral en la

educación técnica es a mi juicio esencialmente farisaica, pues quien dice que es moralmente

neutral, en realidad está enseñando una actitud moral determinada, porque la prescindencia en

cuestiones moralmente relevantes es ella misma una actitud moral. No hay manera de refugiarse en

un ámbito realmente neutral en materia moral. El alegato de supuesta neutralidad moral de la

educación en realidad es imposible; en el ámbito moral nadie puede sustraerse completamente,

nadie puede situarse en una esfera desde la cual no sea sujeto de evaluación. Por ejemplo, si una

maestra ve que un niño le pega en la cabeza a otro y obra prescindentemente, eso es moralmente

evaluable. La pregunta es si debió o no intervenir, es decir, cuando no interviene también es

moralmente evaluable, porque tal vez debió intervenir, y en tal caso, lejos de ser una actitud




Compartir con tus amigos:
1   ...   15   16   17   18   19   20   21   22   23


La base de datos está protegida por derechos de autor ©psicolog.org 2019
enviar mensaje

    Página principal
Universidad nacional
Curriculum vitae
derechos humanos
ciencias sociales
salud mental
buenos aires
datos personales
Datos personales
psicoan lisis
distrito federal
Psicoan lisis
plata facultad
Proyecto educativo
psicol gicos
Corte interamericana
violencia familiar
psicol gicas
letras departamento
caracter sticas
consejo directivo
vitae datos
recursos humanos
general universitario
Programa nacional
diagn stico
educativo institucional
Datos generales
Escuela superior
trabajo social
Diagn stico
poblaciones vulnerables
datos generales
Pontificia universidad
nacional contra
Corte suprema
Universidad autonoma
salvador facultad
culum vitae
Caracter sticas
Amparo directo
Instituto superior
curriculum vitae
Reglamento interno
polit cnica
ciencias humanas
guayaquil facultad
desarrollo humano
desarrollo integral
redes sociales
personales nombre
aires facultad