Ética general



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dispuesta a realizar. Cuando los jóvenes dicen que "no están ni ahí" con la moral, tengo la

impresión de que apuntan realmente a esto, a que notan que la gente predica principios muy nobles,

muy altos, muy exigentes, que después poco y nada tienen que ver con lo que su ejemplo delata. Se

habla del amor al prójimo, pero por la calle se opera como un cavernícola, etc.

Este tipo de asimetría no sólo resulta totalmente ineficaz en la formación de hábitos de otros

sujetos, sino al mismo tiempo contraproducente, en la medida en que forman al mismo educador en

el hábito del doble discurso o del doble estándar.DuocUC _ Centro de Ética Aplicada

4.3 Propiedades de las virtudes morales

a) Doble relatividad de la virtud moral

Un aspecto importante que caracteriza a las virtudes morales, y que además las diferencia de

las intelectuales, es la doble relatividad que posee la virtud ética como hábito del carácter. Esto

también vale para los vicios morales, pero estamos concentrados en la virtud.

¿A qué se refiere esto de la doble relatividad de las virtudes morales? Las virtudes éticas

son hábitos del carácter, específicamente vinculados o internamente referidos, por un lado, a un

tipo de situaciones y, por otro, a un tipo de emoción o de respuesta emocional. Aristóteles formula

esto diciendo que el ámbito de referencia propio de las virtudes éticas son, por un lado, las acciones

o las situaciones de acción y, por otro, las emociones o pasiones. Las virtudes morales, los hábitos

morales, están referidos a situaciones de acción y a determinadas emociones. Por ejemplo: la

valentía, como cualquier virtud ética, es un hábito del carácter del sujeto que la posee y hace que el

sujeto, frente a un cierto tipo de acción, esté predispuesto a determinado tipo de respuesta

emocional y, por lo mismo, a determinado tipo de acciones en respuesta a esa situación.

Las situaciones de acción y las emociones no están inconexas, sino íntimamente conectadas,

en el siguiente sentido: las situaciones de acción provocan reacciones emocionales, que hacen “ver”

la situación de cierta manera. Si no se sintiera miedo nunca, no se vería nada como amenazante,

pero se siente miedo por algo del exterior que nos alcanza, es decir, hay un ir y venir entre

situaciones y respuestas emocionales. La situación produce una respuesta emocional, que, al mismo

tiempo, abre el significado de la situación de acción.

Esto es un círculo muy interesante, en el cual no hay por dónde empezar. Primero, la

persona se acostumbra a comportarse en situaciones de acción, pero al mismo tiempo está

confrontada con sus respuestas emocionales frente a ese tipo de situaciones. Y si esas respuestas

emocionales no estuvieran dadas, no se percibirían las situaciones como se las percibe, es decir, se

dejarían de lado rasgos importantes que la situación presenta para poder guiar correctamente la

conducta.

No hay que vincular las emociones con aquello que debe ser evitado o eliminado. Las

emociones, en el modelo ético clásico, tienen un papel positivo, al ser orientadas adecuadamente, es

decir, nunca eliminadas. Por ejemplo, el hombre valiente es aquel que sabe tratar con la emoción

del miedo: no es el que nunca siente miedo, sino el que lo siente frente a las cosas frente a las que

se debe sentir miedo y actúa en consecuencia. Hay una definición de la valentía que puede resultar

provocativa: saber qué cosas son realmente temibles, pues para la ética clásica el que no

experimenta nunca miedo no es un valiente, sino un temerario. Hay cosas frente a las cuales se

debe sentir miedo y si el sujeto no fuera capaz de sentir miedo frente a ellas no evaluaría

adecuadamente la situación con la que está confrontado. Viceversa, hay cosas frente a las cuales no

se debe sentir miedo y, si el sujeto siente miedo frente a ellas, tampoco evalúa adecuadamente la

situación con la que está confrontado.DuocUC _ Centro de Ética Aplicada

Situaciones de acción y emociones corresponden entonces a los dos aspectos a que está

referida la virtud moral, en la medida en que, frente a las situaciones de acción, permite producir el

tipo de respuesta emocional adecuada. Así, una virtud como la valentía es el hábito del carácter que

permite tratar adecuadamente con las situaciones de riesgo y con el miedo que esas situaciones

provocan, de manera tal que, sobre la base de ese trato adecuado con la situación y con la emoción

correspondiente, produce las respuestas requeridas por el caso y no otras.

Obviamente, esto se dice fácil, pero llegar a esta condición es resultado de un proceso largo

y muchas veces penoso de habituación del carácter, en el cual se tiene que vencer la tendencia a

uno de los dos extremos, por así decir. En efecto, hay personas que por naturaleza suelen tener más

miedo que el que hace falta tener y personas que por naturaleza suelen sentir menos miedo que el

que hace falta sentir, y en los dos casos la educación del carácter tiene que apuntar a la dirección

opuesta. No hay en consecuencia una receta única para que un sujeto se vuelva valiente. Hay

sujetos que tienen que ser más cautos de lo que son y otros, más arriesgados. Por eso, no se puede

trazar en abstracto un programa para educar el carácter, sino que se debe partir de un buen

diagnóstico de la situación inicial. Esto depende de las disposiciones que el sujeto trae consigo. Por

todo esto, la relación entre situaciones y emocionalidad es compleja.

Este punto es muy importante y además la ética contemporánea lo ha resaltado mucho,

concretamente y sobre todo, en la escuela fenomenológica. Contemporáneamente, autores como

Max Scheler y, de otra manera, Martin Heidegger, han recapturado y potenciado en una dirección

muy peculiar este motivo según el cual las emociones no son simplemente reacciones subjetivas,

sino al mismo tiempo maneras a través de las cuales se presenta la realidad. Las emociones abren

una significación de la realidad, de manera tal que el mero intelecto, si alguien estuviera en

condiciones de no sentirse afectado por las emociones, nunca podría, por ejemplo, darse cuenta de

que un vehículo que se aproxima a tal velocidad es peligroso y debe ser visto como una amenaza.

Esto es una respuesta emocional frente a la situación; las emociones, en este sentido, abren marcas

de la situacion objetiva, aspectos del mundo que la mera racionalidad por sí sola no abre.

Este aspecto, presente en la teoría aristotélica, ha sido recapturado por filósofos

contemporáneos, como Scheler y Heidegger, frente a la tendencia racionalista, típica de la

modernidad, a reducir el papel de la emocionalidad a lo meramente subjetivo.

Lo interesante en esta relación estructural entre la emocionalidad y cierto tipo de situación

es que la emocionalidad aparece como una forma de acceder al mundo, y no simplemente como un

modo de verse subjetivamente afectado. A través de la emoción, el mundo se manifiesta de alguna

manera; por eso, las emociones deben ser educadas, de manera tal que el sujeto llegue a estar en

condiciones de acceder a la situación del modo más adecuado, según ciertos parámetros de

decisión.DuocUC _ Centro de Ética Aplicada

b) La definición aristotélica de virtud moral

Hay una definición de virtud moral en la Ética a Nicómaco, en II 6 (o 7) 1106b36-1107a3:

"Una disposición habitual13 de la decisión deliberada (héxis proairetiké) consistente en un término

medio relativo a nosotros, determinado según la razón, a saber, tal como lo haría el

hombre prudente en cada caso" (traducción mía).

Un tema central para entender la ética clásica y en general las posiciones éticas, incluida la

de Kant, es la referencia a un componente de racionalidad en la motivación moral.

Para Aristóteles, las virtudes del carácter o virtudes morales son virtudes y no vicios en la

medida en que involucran un componente de racionalidad. Son hábitos que llevan a producir

decisiones justificables racionalmente, de acuerdo a ciertos estándares de justificación racional,

mientras que los hábitos que llevan a producir actos que no son justificables racionalmente son los

que se llaman normalmente vicios. La virtud ética no es un hábito intelectual, sino un hábito del

carácter, pero involucra factores intelectuales.

En la definición, Aristóteles dice expresamente que en la virtud moral intervienen factores o

componentes de tipo intelectual. Hay tres elementos, en la definición, que aluden a factores o

componentes intelectuales en las virtudes éticas:

1) Al hablar de la decisión deliberada se alude a la deliberación, que es un proceso de índole

intelectual14.

2) La noción de término medio, que no es cualquier término medio sino, como se dice, el que

está "determinado según razón".

13 Nótese que traduzco el término griego héxis como "disposición habitual" y no como "hábito", por las razones dadas

en 4.1.a). En efecto, resulta preferible, como se dijo, hablar de "disposición habitual" más que de "hábito" porque la

noción de hábito en el lenguaje coloquial no hace recaer el énfasis en la disposición interna del sujeto, sino más bien en

una cadena externa de acontecimientos repetidos de una manera no deliberada. En cambio, "disposición habitual"

indica un rasgo estable del carácter de un sujeto, un rasgo que motiva a producir determinado tipo de acciones o

determinado tipo de reacciones afectivas.

14 Donde se dice "decisión deliberada", he traducido la palabra proaíresis, que en realidad no tiene una traducción

exacta. En otras traducciones se habla de "elección" o de "elección preferencial" o simplemente de "decisión". Prefiero

entre todas esas traducciones "decisión deliberada", pero no voy a entrar en un problema de traducción, que es bastante

técnico, porque proaíresis es un término propio de Aristóteles, que en la lengua griega no filosófica prácticamente no

aparece. No está construido de la nada, sino a partir de elementos que en la lengua cotidiana sí aparecen, pero el

término como tal es un término técnico sobre el que los intérpretes han discutido mucho acerca de cómo traducirlo. En

todo caso es un término que tiene que ver con escoger algo. La segunda parte de la palabra tiene que ver con escoger

sobre la base de una decisión y la primera, con la preferencia. La idea es que alguien opta deliberadamente por un

rumbo de acción o por otro y, por lo tanto, privilegia algo frente a otra cosa. Cuando uno toma una decisión, está

confrontado con alternativas. Si estas alternativas están dadas de antemano, se habla de escoger, más que de decidir. En

cambio en la decisión primero se tiene que elaborar las oposiciones y luego escoger entre ellas. Por eso prefiero el

término amplio de "decisión deliberada", pero esto es opinable.DuocUC _ Centro de Ética Aplicada

3) Un tercer componente de tipo intelectual es la referencia al hombre prudente. Se dice, en

efecto, que la virtud es un "término medio determinado según razón tal como lo haría el hombre

prudente en cada caso", es decir, se remite a la virtud intelectual de la prudencia.

Voy a comentar ahora estos tres aspectos, para que se entienda qué son la virtud ética, como

hábito del carácter, y la virtud intelectual de la prudencia.

1) La decisión deliberada

¿A qué alude la referencia a la decisión deliberada, que aparece en la definición de la

virtud?

Obviamente, todo lo que tiene relación con procesos deliberativos es, por su propia



naturaleza, de índole intelectual. La decisión deliberada no es, pues, cualquier decisión, sino una

decisión mediada por procesos racionalmente orientados. La decisión deliberada es aquella que

surge como resultado de la deliberación, por oposición a la decisión no precedida de reflexión, en

ningún sentido mediato o inmediato. En cambio, las decisiones deliberadas son aquellas que son un

resultado, mediato o inmediato, de un proceso de deliberación previo.

Esta precisión de "mediato o inmediato" es fundamental para entender lo que es un hábito

de la decisión deliberada, porque ésta no siempre responde a un proceso expreso de deliberación

que la haya precedido, sino que, en la gran mayoría de los actos que cuentan como deliberados, no

precede al acto un proceso expreso de deliberación. Generalmente, el sujeto produce el acto como

si no hubiera deliberado, porque descansa en un "hábito de decisión deliberada", como se define la

virtud, hábito que internaliza, por así decir, o interioriza determinados estándares de decisión

racional, de modo tal que una vez configurado este hábito el sujeto está en condiciones de producir

de una manera “espontánea” –se trata de una espontaneidad mediada por un largo proceso de

aprendizaje– el mismo tipo de decisión que habría producido si hubiera deliberado expresamente.

Un hábito de la decisión deliberada es un hábito que interioriza determinados estándares de

decisión racional, de modo tal que el sujeto que consolide ese hábito esté en condiciones de

producir “espontáneamente” el mismo tipo de decisión, y se sobreentiende de acción, que habría

producido si efectivamente hubiera deliberado.

Voy a poner un ejemplo trivial y que ya apareció antes: un hábito operativo no moral, el

hábito de conducir. Cuando alguien ha aprendido a manejar, produce “espontáneamente” –entre

comillas, porque es una espontaneidad mediada por un período de aprendizaje– el mismo tipo de

decisión que si hubiera efectivamente deliberado. Quien sabe conducir produce “espontáneamente”

un tipo de respuestas motrices a una gran cantidad de situaciones; quien sabe conducir, quien ha

desarrollado el hábito correspondiente produce “mecánicamente" una gran cantidad de respuestas a

diferentes tipo de situaciones. Aquí "mecánicamente" no tiene nada de despectivo, es una

condición básica para poder atender a otras cosas. Si el sujeto no puede mecanizar nada, como le

pasa al principiante, cuando atiende a un aspecto desatiende al otro. Entonces, cuando atiende a la

luz roja, se le va el volante, cuando atiende al volante se la pasa la luz roja, etc. La capacidad de

mecanizar permite descargar la concentración, de manera tal de concentrarse sólo en lo importante

y no en todo a la vez. Sin esa mecanización, no habría manejo eficiente, naturalmente. Hay que queDuocUC _ Centro de Ética Aplicada

poder mecanizar lo normal de las situaciones para poder atender a lo anormal de ellas. Si se tuviera

que poner todo al mismo nivel y atender a toda temáticamente, el resultado sería catastrófico.

Lo más relevante del ejemplo para entender qué ocurre en el caso de la virtud es que, si uno

le preguntara a quien sabe manejar por qué hizo lo que hizo, podría dar razón de cada una de sus

respuestas mecánicas como si la hubiera deliberado. Por ejemplo, el que sabe manejar pone

primera en determinadas circunstancias sin pensar por qué lo hace, pero si alguien le pregunta por

qué puso primera, él le daría una respuesta que sería equivalente a lo que habría pensado si hubiera

deliberado. En este sentido el hábito tiene una función de descarga de los procesos deliberativos, en

la medida en que justamente interioriza estándares de decisión que permiten al sujeto, frente a

situaciones típicas, producir respuestas típicas, que responden a estándares de racionalidad por los

que pueden ser justificadas. Si el individuo desarrolla malos hábitos al manejar, por ejemplo no

señalizar que va a doblar, y alguien le pregunta ¿por qué no señalizas?, ya no podría dar el mismo

tipo de razones de por qué no lo hizo, porque eso es un vicio.

En el caso de los hábitos virtuosos, siempre es posible dar razón en términos de justificación

racional de la respuesta producida, pero en el caso de los vicios no, aunque la manera en que se

produce la acción es básicamente la misma en los dos casos, es decir, se produce de manera

espontánea, sin deliberación expresa.

A esta diferencia apunta la caracterización de la virtud como un hábito de la decisión

deliberada; es un hábito que internaliza, que "hace carne", por así decir, determinados estándares de

decisión racional, que permiten al sujeto producir respuestas típicas frente a situaciones, de modo

tal que pudiera justificar sus respuestas por referencia a esos estándares de racionalidad si tuviera

que hacerlo.

La función de la virtud consiste justamente en que el sujeto en cada caso no tenga que

deliberar. Gran parte de la eficacia de la virtud se basa en que no haya que deliberar sobre todo

aquello a lo que hay que responder. Así como el buen conductor es aquel que por tener mecanizada

una gran cantidad de procesos y rutinas puede resolver lo nuevo e inesperado de una situación, así

también ocurre en la vida moral. Analógicamente, de una manera distinta pero comparable, también

aquel sujeto que ha desarrollado los hábitos correspondientes del carácter y tiene por lo tanto

mecanizada una serie de respuestas correctas, puede dedicar más energía o concentración para

deliberar sobre aquellos aspectos más novedosos de la situación, que no se dejan tratar sobre la

base de una respuesta típica.

Por ejemplo, piénsese en el que maneja en la ruta y de repente se le cruza un perro. Esa es

una situación que, además de una gran cantidad de aspectos típicos, tiene algo que sale de lo

habitual, ante lo que hay que responder de manera temática expresa, es decir, no sobre la base del

hábito. Lo mismo pasa, analógicamente, en el ámbito de la moral, es decir, cuando un individuo

tiene control de sí mismo, cuando reúne una serie de presupuestos que le permiten responder

adecuadamente a situaciones típicas, está en mejores condiciones de responder frente a situaciones

no típicas, en la medida en que en esas situaciones también hay una gran cantidad de elementos que

se dejan enmarcar dentro del ámbito de lo típico y hay otros que destacan o sobresalen para el

sujeto, quien, justamente por tener una respuesta "preparada” para una gran cantidad de elementos

puede concentrar su energía de deliberación sobre aquello que no se deja tratar de la misma

manera.DuocUC _ Centro de Ética Aplicada

2) Término medio

¿Por qué se define la virtud no sólo como un hábito de decisión deliberada sino como un

hábito de decisión deliberada cuyo estándar de racionalidad puede ser caracterizado como un

término medio? No es evidente cómo entender esto de "un término medio", que además es "relativo

a nosotros", como dice el texto.

Esta referencia al término medio se comprende mejor si se la conecta con lo que se dijo

antes, en 4.3 a), acerca de la doble referencia o relatividad de la virtud moral.

Las virtudes éticas, y también los vicios éticos, están referidos a situaciones de acción y a

emociones, que a su vez están conectados entre sí de manera compleja. Un aspecto importante de la

situaciones de acción y de la emociones es que ambas presentan rasgos que son susceptibles de

grado: por ejemplo, una situación de acción puede ser más o menos amenazante, más o menos

peligrosa, más o menos comprometedora, etc. Una situación no queda bien definida diciendo

simplemente qué tipo de situación es, sino que para entender bien de qué situación se trata, hay que

establecer diferencias de grado.

Por ejemplo, hay cierto peligro de que ahora se caiga esta lámpara, pero ese es un tipo de

peligro diferente a que ahora tengamos un terremoto, etc. Al decir que la situación es "peligrosa",

no la hemos caracterizado suficientemente, pues hay una variación enorme de grados.

De la misma manera, hay una variación enorme de grados en las emociones, que van

conectados con las situaciones: el miedo puede ser menor o mayor, la ira puede ser mayor o menor,

la alegría lo mismo, etc.

Situaciones de acción y emociones aparecen dotadas de aspectos que se dejan tratar en

términos de diferencia de grados. Y justamente esos aspectos son los que conectan entre sí las

situaciones y las emociones. Si una situación es muy peligrosa debería producir mucho miedo.

"Debería", digo, porque a veces no es el caso, pues es tarea de la educación moral tratar de hacer

convergentes estos dos aspectos: el grado de peligro de una situación y el grado de respuesta

emocional del sujeto frente a ella. Un sujeto valiente es un sujeto que teme más aquello que es más

temible y teme menos aquello que es menos temible; un sujeto que teme a todo por igual o es

temerario o es cobarde. Gran parte de la educación moral consiste en acoplar, por así decir, estos

dos termómetros, el que mide el grado objetivo de la situación con el que mide la respuesta

subjetiva del agente frente al tipo de situación. Quizá uno subestima estos aspectos, pero lo que se

le enseña a los niños es que aprendan a tener miedo a ciertas cosas y le pierdan el miedo a otras:

"esto es muy peligroso", "cuidado con el gas...". Hay una gran cantidad de relaciones que se le dan

al niño para que vaya acoplando sus respuestas emocionales a ciertas pautas de evaluación objetiva

de la situación, pautas que el niño de hecho no trae de la cuna de ninguna manera.

En síntesis, es claro que hay susceptibilidad de grado en las situaciones y en las respuestas

emocionales que abren a esas situaciones de acción. Las pasiones afectan de manera más o menos

violenta: la ira acomete de manera más o menos violenta según se sea irascible o no. Y el modo de

ser emocionalmente afectado por una situación y el modo de reaccionar a través de las acciones

están vinculados: si se siente gran ira, se produce un tipo de acción proporcionado, es decir, siDuocUC _ Centro de Ética Aplicada

alguien siente excesiva ira también gritará excesivamente, si alguien no siente la ira que tiene que

sentir, no enfrentará las cosas frente a las cuales debería indignarse. Además de la conexión que

hay entre los grados que presenta una situación y los grados de las emociones, hay una relación

muy importante entre el grado de las emociones y el grado de las acciones que responden a las

situaciones. Al enojarse más o menos violentamente, entonces se castigará más o menos

violentamente. Suele haber correlación entre estas dos cosas o puede haberla.

Por todo esto, para decir si se actuó bien o mal no hay respuestas hechas, porque es muy

difícil decir si alguien actuó bien o mal, indicando simplemente qué hizo, sin agregar además

indicaciones acerca de cómo lo hizo, en qué medida, etc. Por ejemplo: ¿estuvo bien o estuvo mal

retar al niño por lo que hizo? Pues depende de cómo se lo rete.

Es muy difícil tipificar respuestas morales adecuadas sin tener en cuenta el grado de la

respuesta, producida a su vez sobre la base de la emoción experimentada y sobre la base de las

marcas que presenta la situación que motivó las emociones.

Ahora bien, si las virtudes tienen que ver con situaciones y con emociones, y a su vez éstas

están correlacionadas, se puede confeccionar un esquema que ayude a entender la noción de




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