Tesis doctoral


- Clasificación de estilos de crianza



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4.5.- Clasificación de estilos de crianza

Como resultado de la combinación de los hábitos de crianza, amor y control, resultan diferentes estilos educativos que recogemos en la Figura 1, de acuerdo con las propuestas de diversos autores (Baldwin, 1949; Baumrind, 1967, 1971; Maccoby & Martin, 1983; Musitu & García, 2001; Olson, Sprenkle, & Russell, 1979; Schaefer & Bell, 1958), identificamos cuatro tipos de estilos educativos: democrático o autorizado, autoritario, permisivo y negligente.




Control



+

+

Autorizado

Autoritario

_

+

Negligente

Permisivo

+

_

_

_

Figura 1. Clasificación de los Estilos de Crianza a Partir de los Hábitos de Crianza


Revisando las aportaciones de los distintos autores en la delimitación de los estilos de crianza, recogemos en la Tabla 8 todos los estilos definidos: estilo democrático, autoritario, negligente, permisivo, indulgente y sobreprotector. Así como las dimensiones en las que se fundamentan.

Tabla 8. Evolución de los Estilos de Crianza Propuesta por los Autores

Investigador

Año

Dimensiones

Democrático

Autoritario

Negligente

Permisivo

Indulgente

Sobreprotector

Otros

Baldwin

1955


Comunicación

El conflicto es negativo

Competencia

Control interno



Frialdad y hostilidad
















Schaefer


1959


Alto afecto

Alto control

Autonomía psicológica


Baja afectividad

Alto control psicológico

Hostilidad


Hostilidad

Control laxo

Indiferencia

Total autonomía









Alto afecto

Alto control

Autonomía




Becker

1964


Afecto

Autonomía

Actitud serena














Afecto

Control


Actitud ansiosa

Indulgente Organizado Instable Despreocupado

Hostil


Rígido

Baumrind


1967


Reciprocidad Jerarquica

Control-guía

Alta afectividad

El conflicto es inerente

Liderazgo de los padres


Muchas normas

Control severo






Máxima libertad

Mínimas exigencias

No hay control










Hoffman

1970


Comunicación

Normas claras

Aserción


Castigos

Retirada de privilegios















Retirada de afecto

McCoby y Martin


1983


Autoridad firme

Afecto y seguimiento

Individualidad

Reciprocidad



Alta exigencia

Baja sensibilidad

Control severo


Baja exigencia

Baja sensibilidad






Baja exigencia

Alta sensibilidad









Olson, Sprenkle y Russel

1979

Contol flexible

Afecto conectado



Control rígido

Afecto intrincado






Control caótico

Afecto desligado












Musitu y García

2001

Alta implicación

Alta coerción



Baja implicación

Alta coerción



Baja implicación

Baja coerción






Alta implicación

Baja coerción









Aunque el estudio de los estilos de crianza no tiene, en sus orígenes, una línea definida, éste surge con la búsqueda de los factores más salientes en la educación del núcleo familiar, Por este motivo, a veces estilos y hábitos cohabitan como factores de una misma dimensión, pero creemos que es enriquecedor revisar este recorrido para delimitar finalmente los estilos de crianza.

Cronológicamente, Baldwin es el primer autor que describe el estilo de crianza democrático. Junto con, Kalhorn y Breese (1945), identifican tres estilos educativos: democrático, de aceptación e indulgente. El patrón democrático se caracteriza por un alto nivel de comunicación entre padres e hijos y el razonamiento como estrategia de control. Los hijos criados bajo este estilo tienen mayor competencia social y se perciben con mayor confianza en sus capacidades que los criados en los otros estilos. Posteriormente, Baldwin (1947) extrae 3 factores, de los cuales sólo el estilo democrático se mantiene, junto con el nivel de control y nivel de actividad. En esta nueva conceptualización, el nivel democrático mantiene el mismo significado. Por su parte, el patrón de control enfatiza la existencia de restricciones sobre los comportamientos de los hijos cuando éstos sobrepasan lo establecido. Según el autor, ambos factores, democrático y control, correlacionaban altamente en los hogares democráticos. El último factor obtenido, nivel general de actividad, lo define como el grado de interacciones entre padres e hijos en el contexto familiar. Este factor es considerado como un prerrequisito para la socialización de los hijos. Finalmente, Baldwin (1955) hace un análisis de las variables parentales y recoge como mejores predictores: una dimensión mayor denominada calor/frialdad, junto con otras dos dimensiones ortogonales, democrático versus autocrático y afectividad emocional versus hostilidad (Maccoby & Martin, 1983), ver Tabla 8. Para Baldwin, la diferencia entre el estilo democrático y autoritario reside en el uso del control en la relación padres-hijos. Si lo ejercen unidireccionalmente los padres nos encontramos frente a un estilo autoritario, mientras que si el control lo comparten los padres y los hijos nos encontramos con un estilo democrático.

Schaefer (1959) propone cuatro estilos de crianza, democrático, autoritario, sobreprotector y negligente, que surgen de la combinación de los hábitos de crianza, amor/hostilidad y autonomía/control (ver Tabla 8). El estilo democrático definido por alta afectividad y alto control. El estilo sobreprotector propio de padres que expresan habitualmente su afecto a los hijos y ejercen un control continuado sobre la conducta del hijo. El estilo autoritario caracterizado por escaso afecto y elevado control y hostilidad Finalmente el estilo negligente, el cual combina la hostilidad, la dejadez de funciones y la total autonomía a los hijos.

Becker (1964) identifica ocho estilos de crianza (democrático, superindulgentes, superprotectores, organizados, despreocupados, hostiles y rígidos) de la conjunción de los distintos habitos de crianza, afecto/hostilidad, actitud serena/actitud ansiosa, autonomía/control (ver Tabla 8). Los padres superindulgentes son aquellos que muestran afecto y respeto a la autonomía de los hijos con a una actitud emocional ansiosa. Los democráticos son afectuosos y muestran respeto por la autonomía de los hijos con una actitud de serena y objetiva. Los padres superprotectores manifiestan afecto e intento de control con una actitud emocional ansiosa. Los organizados son afectuosos e intentan controlar a los hijos con una actitud de serenidad y objetividad. Los inestables trasmiten hostilidad y respecto por la autonomía de los hijos con una actitud emocional ansiosa. Los despreocupados son hostiles y muestran respeto por la autonomía de los hijos con una actitud serena y objetiva. Los hostiles son hostiles e intentan controlar a los hijos con una actitud emocional ansiosa. Finalmente los rígidos son hostiles e intentan controlar con una actitud serena y objetiva.

Baumrind (1967) sigue la estela de Lewin y Baldwin y define tres estilos de crianza, el autoritario, el no restrictivo (permisivo) y el autorizado (democrático). Aunque el estilo democrático y autorizado puede identificarse, siguiendo a Musitu (2001), el estilo autorizado de Baumrind y el estilo parental democrático de Baldwin mantienen diferencias. Baumrind interpreta el conflicto como parte natural e incluso positiva del sistema familiar para clarificar normas, roles y tareas, pero esto se resuelve de forma positiva sólo con un estilo autorizado; el estilo democrático para Baumrind, tal como se conceptualiza en los trabajos sobre la atmósfera de grupo, se aproxima demasiado a lo permisivo (Rojo, Monleón, Moscarsó, García, Alonso & Valdemoro, 2003), mientras que los hijos autocontrolados, sociables, autónomos, enérgicos, realistas y competentes eran criados en hogares consistentes, afectuosos y exigentes, potenciado por estilos autorizados. Estos padres respetan las decisiones del niño, pero mantienen firmes su posición una vez tomadas; son exigentes, pero con razones; el clima familiar no es de discordia y alternan los cuidados, la cercanía y el aliento con una alta exigencia, pero comunicando claramente, a su vez, las razones de las normas. Los padres de los hijos más maduros educan bajo un firme control sobre sus acciones, están más comprometidos en una educación que fomenta la independencia y no refuerzan la dependencia; asimismo, tienen normas familiares claras y las hacen cumplir. Estos hijos están satisfechos con las interacciones proporcionadas por sus padres (ver Tabla 8). En resumen, los padres de hijos maduros son menos autoritarios, aunque firmes y afectuosos (Baumrind & Black, 1967). La clave del rol de los padres, para Baumrind, está en ejercer las necesarias demandas de los otros sobre el niño y, a la vez, conservar su sentido de integridad personal (Darling & Steinberg, 1993).

Hoffman (1970) establece tres estilos parentales basándose en el estudio de la disciplina que los padres utilizan con sus hijos: afirmación de poder (autoritario), retirada del afecto e inducción (democrático). La afirmación de poder incluye el uso de castigos físicos, amenazas verbales y retiradas de privilegios, entre otras técnicas coercitivas. Este estilo se asemeja al estilo autoritario de Baumrind. La retirada de afecto engloba el enfado de los padres, la desaprobación ante las conductas negativas y la retirada de atención al niño. La inducción abarca explicaciones de las normas, principios y valores a través de las cuales se razona e “induce” una motivación intrínseca en el niño. Este último se asemeja al estilo democrático de Baumrind, excepto que no utiliza un control-guía para establecer las normas y exigir su cumplimento (Ceballos y Rodrigo, 1998). La inducción es un medio de control más indirecto que estimula el desarrollo cognitivo y moral mediante la toma de conciencia del niño de las causas de su propia conducta, atendiendo al dolor o daño producido en la otra persona, y fomentando de esta manera una respuesta de empatía (ver Tabla 8). La afirmación de poder y la retirada del afecto son directas y extrínsecas, es decir, cumplen una función motivadora directa, porque dirigen la atención del niño sobre sí mismo; y extrínseca porque el control es externo (e.g., tengo que merendar porque si no, no me dejan ir al parque) (Hoffman, 1970). Posteriormente, Hoffman (1983) defendió un modelo que denominó disciplinario. Este modelo está basado en la incorporación del uso apropiado de técnicas de afirmación de poder (para obtener su atención) y de inducción, para maximizar los efectos positivos en el desarrollo de los hijos.

Maccoby y Martin (1983) a partir de la combinación de los hábitos de control (exigencia/no exigencia), y el afecto (aceptación/no aceptación), distinguen cuatro estilos de crianza: democrático, autoritario, indulgente y negligente. En el estilo democrático, los padres muestran una autoridad firme, consistente, razonada y exigen el cumplimento de las normas establecidas con claridad; tienen muestras de afecto y supervisión; favorecen la independencia y autonomía de los hijos; y dejan participar a los hijos en las decisiones. En el estilo autoritario, los padres se muestran muy exigentes y tienen poca sensibilidad ante las demandas de los hijos a quienes no les dejan participar ni mostrar su opinión; utilizan la postura de superioridad para imponer su criterio y castigan con dureza las faltas. En el estilo indulgente, hay poca exigencia por parte de los progenitores pero mucha sensibilidad a las demandas de los hijos; evitan mostrar superioridad y favorecen la autorregulación de los hijos; en ningún caso utilizan el castigo y son muy tolerantes con los impulsos infantiles. Los padres con estilo negligente muestran una baja exigencia y baja sensibilidad; invierten poco tiempo y esfuerzo en las interacciones con los hijos (ver Tabla 8).

El Modelo Circumplejo de Olson, Sprenkle y Russell (1979) parte del afecto mostrado en la cohesión familiar y la adaptación al control parental, para presentar tres tipos de estilos parentales: Familias extremas (autoritarias), inestables (Permisivas) y equilibradas (democráticas). Las familias extremas, donde los padres ejercen un control rígido o caótico con afecto desligado o intrincado; las familias inestables, donde los padres funcionan con un control flexible y un afecto desligado o intrincado; y las familias equilibradas, caracterizadas por un control flexible y un afecto conectado o separado (ver Tabla 8).

Musitu y García (2001), en línea con Maccoby y Martin (1983), establecen cuatro estilos en función del afecto (implicación/aceptación) y el control (coerción/imposición): autoritativo, indulgente, autoritario y negligente. El estilo parental autoritativo, se caracteriza por tener una alta implicación y coerción/imposición con el hijo; los padres muestran afecto, cariño y elogio ante comportamientos adecuados y les transmiten aceptación y respeto; fomentan el diálogo y se comunican bien con sus hijos. Ante conductas no deseadas de éstos, utilizan el diálogo y el razonamiento, además de la coerción física y verbal; controlan bien los desacuerdos, pero con una actitud dialogante. El estilo parental indulgente viene representado por padres con una alta implicación y una baja coerción en la educación de los hijos; comparten el talante dialogante y razonado del estilo autoritativo, pero ante conductas inadecuadas no muestran estrategias coercitivas, tan sólo utilizan el diálogo y el razonamiento, como estrategias para establecer el control; actúan como si sus hijos fuesen adultos capaces de autoregular sus conductas; bajo este ambiente educativo, se permite al hijo regular sus propias actividades, ayudándole con explicaciones y razonamientos, pero evitando la imposición o coerción. El estilo autoritario, se caracteriza por una escasa implicación con el hijo y por emplear muchas estrategias coercitivas; suelen ser padres muy exigentes con sus hijos, poco atentos y poco receptivos a sus necesidades y deseos; no son comunicativos y su relación es claramente unidireccional y asimétrica; no razonan sus decisiones y difícilmente modifican sus posiciones ante las argumentaciones de sus hijos; valoran la obediencia y no refuerzan las conductas adecuadas de sus hijos (Cava & Musitu, 2001). El estilo negligente, lo representan padres muy poco implicados y muy poco coercitivos; normalmente, este estilo otorga demasiada independencia e irresponsabilidad; son padres que no dialogan ni argumentan sus decisiones, no refuerzan comportamientos adecuados ni castigan, tampoco controlan las conductas inapropiadas (ver Tabla 8).




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