Terror sexual y control de las mujeres versus caperucita roja se come al lobo



Descargar 95.5 Kb.
Fecha de conversión05.06.2018
Tamaño95.5 Kb.
Vistas89
Descargas0


TERROR SEXUAL Y CONTROL DE LAS MUJERES versus caperucita roja se come al lobo.


Maitena Monroy Romero
“Es más difícil matar a un fantasma que una realidad” Virginia Woolf.

INTRODUCCIÓN:
El objetivo de esta ponencia es señalar las repercusiones que para la libertad de las mujeres tiene la producción y reproducción social, familiar, genérica, etc. del terror sexual como elemento de control sobre el conjunto de las mujeres.

Por otro lado, la aceptación general de éstas de un destino inexorable; que la violencia sexual es un mal “natural” y por extensión un daño “aceptable” frente al que no es posible actuar salvo evitando al lobo. Cosa harto difícil puesto que el lobo (agresor) suele estar enmascarado como un familiar o alguien del entorno de amistad, ya que según la mayoría de las estadísticas, las mujeres son agredidas sexual y físicamente por hombres de su entorno cercano (1).

El terror sexual genera muros simbólicos que frenan a las mujeres en el ejercicio y disfrute de sus derechos. Es una amenaza no concretada pero real, que facilita un control aceptable sustentado en una falsa protección.

Frente al terror debemos de repensar la violencia, primero reconociéndola para después pasar a una posición de agente, a una posición de poder, donde una se ve actuando y asumiendo estratégicas dependiendo del contexto y no sólo en función de lo que quiera el agresor. Cuanto más hayamos pensado en estrategias/ recursos, más seguras nos sentiremos y por tanto más libres para el ejercicio de nuestros derechos.

Sin olvidar, que el disfrute de los DDHH no es sólo cuestión de que una decida disfrutarlos o no, es una cuestión de derecho internacional que los estados e instituciones tienen el deber y la responsabilidad de defender y garantizar.
Utilizo el paralelismo del cuento de caperucita roja porque me parece el más acertado para identificar como desde, en este caso, la literatura infantil, pero también las novelas, teleseries, videojuegos, canciones y demás producciones culturales, de manera genérica se contribuye a construir los códigos culturales de creación e interpretación de la realidad desde una perspectiva sexista que consolida un imaginario donde no hemos conseguido resignificar la conceptualización de las mujeres que no pase por personas vulnerables además de victimarias, y a los varones como victimas de los comportamientos femeninos y/o de una biología que les impulsa a violentar a las mujeres.

También deseo señalar que todo esto, en la medida que es construido es modificable y cuáles son, bajo mi punto de vista, elementos necesarios para esta resignificación que permita un desmontaje de la desigualdad y una deslegitimación ideológica de la violencia sexista.


LA VIOLENCIA SIMBÓLICA Y PREVALENCIA DE LA VIOLENCIA DIRECTA.


Es imprescindible señalar las estrategias, viejas y nuevas, que facilitan la magnitud y prevalencia, la perdurabilidad “pandémica” de los estereotipos sexistas que promueven las relaciones sociales desiguales.

Nuestro imaginario colectivo se configura con prácticas simbólicas que tienen representaciones (expresiones) prácticas reales que a su vez retroalimentan este imaginario, configurando un círculo vicioso difícil de romper.

La transmisión de la violencia simbólica es una estrategia sistémica, “virulenta” por su capacidad de mutación y efectividad. Si deseamos erradicar la desigualdad se hace necesario reconocer las estrategias del sistema para mantener el orden social de dominación.
La violencia simbólica es la que se ejerce a través de los patrones culturales y de la imposición del género dicotómica, donde lo masculino sigue siendo lo característico/valorable y lo femenino lo específico/infravalorado, dotando a la discriminación sexista de un halo de naturalidad.

Sus medios de producción y reproducción están presentes en todos los ámbitos de la cultura. Hay un continium en el patrón socio-cultural que configura un sistema de prácticas reales y simbólicas que mantiene y perpetúa la superioridad masculina y legitiman la dominación, la violencia y el control de las mujeres (2).

Sin embargo, llama la atención que en las aproximaciones conceptuales, en la mayoría, se siga señalando al patriarcado (estructura) como responsable y por otra parte, en numerosos estudios se sigan buscando indicadores individuales ( alteraciones mentales, drogodependencia, origen étnico/cultural, etc.) para explicar la violencia contra las mujeres.

Si bien la violencia directa es ejecutada por hombres concretos, no son sus variables individuales lo que perpetúa la violencia sino el sexismo.

No digo que no haya factores individuales potenciadores de la violencia sexista (que además están siendo utilizados para construir nuevos mitos acerca del por qué de la violencia, inmigrante, pobre, hormonalmente incontrolable, etc.) en lo que incido es que hay un sustrato ideológico y una estructura social que autoriza a los varones al uso de la violencia selectiva contra las mujeres. Un continium en el tiempo que justifica la violencia sexista poniendo el acento en las actitudes, comportamientos, ropaje, cuerpo, etc. de las mujeres. Ejemplificado, entre otros, en las declaraciones del obispo Ulloa (2011), y las del fiscal jefe de Navarra (1995) (3).
Una nueva estrategia para ocultar la desigualdad es el ninguneo, la infravalorización a través de la equiparación de la desigualdad. Negando el sistema de dominación, sus estructuras, sus bases ideológicas y el feminicidio. Y es esto lo que me parece un retroceso con respecto a la lucha por la igualdad. El pasar de vivir la desigualdad como natural, a vivir la igualdad como real.

De sobra es conocido como se niega el deber de actuar frente a la violencia de género, alegando que también las mujeres maltratan, como si esto último aún siendo una realidad negase la primera. Se utiliza el dato para construir una realidad objetiva (“yo conozco a una mujer que maltrataba”), en la que todo el mundo se ve privilegiado, perjudicado de igual manera. Se hace de lo excepcional lo genérico construyendo realidades objetivamente objetivas.

Efectivamente, a todo el mundo le afecta el sexismo, si bien, no de igual manera ni intensidad. Como a todo el mundo afecta el capitalismo pero no es lo mismo, de manera general, ser una persona nacida en Europa que ser una persona del cuerno de África. Como no es lo mismo, social, política, cultural, económicamente ser hombre que mujer.

Las resistencias a la igualdad, versus negación del feminicidio, de la desigualdad, la falta de credibilidad de las mujeres, los ataques al feminismo/s, que niegan la autoridad de las mujeres en el terreno discursivo y en la descripción de sus realidades, así como evidencia este desequilibrio que genera privilegiados frente a explotadas, además de dotar a los violentos físicos de todo un aparato argumental para sus acciones.


En la encuesta del CIS del 2008 al 2010 el porcentaje de españoles que consideran grave la violencia contra las mujeres ha pasado del 2,7% de la población al 1,8% (4).

Lo cual debería de representar una incoherencia entre el éxito social conquistado en el rechazo hacía la violencia sexista pero sin embargo, es una evidencia de que el discurso dominante permisivo con los agresores sigue teniendo más peso y construye realidades paralelas a las realidades objetivas (70 muertas anuales de media en el estado español).

Si la violencia no responde a actos de locura sino a creencias, códigos culturales, etc., eso nos obligaría a un deber de actuación social y una responsabilidad en la misma.

El achacar los comportamientos agresivos a cuestiones patológicas, hormonales nos hace sentirnos, por una parte, más segur@s, menos inquiet@s, puesto que no hay nada que este en nuestras manos, es un destino inexorable el de los hombres al ejercicio de la violencia.

El patologizar a los agresores nos lleva a la pasividad (complicidad), puesto que al no responder a patrones culturales, nuestra responsabilidad en la erradicación de esta violencia es nula.

En esto tiene también mucha responsabilidad la OMS (1996, 2000) al señalar la violencia como un problema de salud pública que ha servido no sólo de modelo para entender los daños causados en las víctimas sino para beneficiar a los violentos, eximiéndoles, al menos en parte, de su responsabilidad y negando la instrumentalidad de sus acciones.

Habría que interrogarse acerca de si consideramos que la bondad, la reciprocidad y la cooperación son inherentes al ser humano o una respuesta ética necesaria en relación no sólo a los DDHH sino a la interdependencia humana.
Hay responsabilidad en el actor (agente) actuante pero más grave, si cabe, es la responsabilidad de quién ideológicamente lo autoriza, legitima y/o no sanciona. Es la ideología la que ha permitido no sólo la pervivencia de los agresores sino su impunidad. Los agresores niegan, infravaloran, justifican su violencia y el sexismo facilita su impunidad.
Es este aparataje argumental y en específico la violencia simbólica y dentro de ésta la construcción del terror sexual como factores no individuales sino estructuradores del orden social sexista que necesita de la violencia, en todas sus expresiones, para controlar y coaccionar los comportamientos de las mujeres. Es esta violencia la que me interesa, puesto que es la no objetivable estadísticamente, la no nombrada, la que no necesita de brazos, ni piernas concretas pero que es imprescindible para la imposición del sexismo.

A esto se añade, puesto que las identidades son relacionales, el construir a las mujeres como objetos y no como agentes frente a esta violencia. Convirtiéndolas en víctimas pasivas, incapaces de resolver ninguna situación de agresión, puesto que responde a actos incontrolables que además son cometidos por seres fuera de sí, por lo que el ejercicio de prevención es prácticamente imposible y una vez producida la violencia física como ésta siempre va a tener lugar en el peor de los escenarios, no vamos a poder actuar.

Sumándose que habrá que asumir la responsabilidad de ser violentadas, puesto que el estar en el peor de los escenarios es responsabilidad nuestra; si no hubiera ido por esa calle, si no hubiera sonreído, si me hubiera ido antes, si no hubiera ido sola, etc., son pensamientos comunes o que se escuchan socialmente cuando las mujeres sufren violencia sexual.

La producción de nuevos referentes, aunque real, sigue siendo algo marginal y sin excesivas fisuras en el pensamiento hegemónico constructor de las identidades dominantes. La capacidad para producir modelos referenciales sigue estando en manos de los productores del pensamiento hegemónico, aunque algunas veces hagan concesiones a estereotipos ajenos a los dominantes, lo cual subraya su poder más que su debilidad.

Las series: Crepúsculo (entregarse y morir por amor) y patito feo (Las Divinas), Beyonce y su “single ladies” y un largo etc. (5), son productos y referentes sexistas, para multitud de niñas y adolescentes, necesarios para seguir manteniendo la desigualdad. Elijo estos tres ejemplos de producto cultural sexista por ser, en sí mismos, modelos de patrón o mejor dicho de patronaje, como antes se utilizaban para moldear los diseños.

TERROR SEXUAL


1-Diferencia entre terror y miedo. Definición que da la RAE (6):


  1. MIEDO:

1. m. Perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario.

2. m. Recelo o aprensión que alguien tiene de que le suceda algo contrario a lo que desea.

2- TERROR:



1. m. Miedo muy intenso.

2. m. Persona o cosa que produce terror. U. t. en sent. fest. De joven era el terror de las chicas del barrio.

La definición que da la RAE se queda corta, (obsérvese la 2ª def. de terror), para explicar ambos estados a nivel sicológico.

El miedo está definido por algo concreto, real o imaginario, pero concreto mientras que el terror no está definido por lo concreto. Está diferencia es sustancial ya que las mujeres somos socializadas no en el miedo concreto sino en el terror a que “algo” nos puede pasar. Frente al miedo es más fácil actuar porque está definido mientras que el terror conduce al pánico y a la no actuación.

El proceso de feminización es un proceso de castración de la agresividad, de la violencia ni hablemos, un proceso de construcción de la vulnerabilidad y los sentimientos de indefensión aprendida que generan la búsqueda de factores externos que faciliten la (auto) protección.

A este respecto, es muy clarificador el informe de la juventud 2005 en el que las mujeres jóvenes ven a su pareja ideal como un hombre musculoso y fuerte, que a parte de cuestiones estéticas tiene también incidencia en cómo se viven y se sienten las mujeres necesitadas de protección (7). Por lo que además, podríamos considerar interesante para el estudio el nexo existente entre la creación del terror sexual y la dependencia emocional de las mujeres. Ya que el amor, además de ser una referencia que marca ser o no ser, también es un refugio de seguridad y por ende de no empoderamiento (vivir para ser amada y no vivir para ser una misma).

Ya qué “algo” nos puede pasar si decidimos caminar solas por la vida, sin tener el necesario “cuidado”, esto conlleva renuncias que nos podrían llevar a hablar de un “apartheid encubierto”, donde hay espacios y situaciones vetados para las mujeres. Esta amenaza no concretada, supone una coacción para los comportamientos y la libertad individual y colectiva de las mujeres, asumida además como algo natural.
A las mujeres se les niega el derecho fundamental a la seguridad y al libre movimiento, haciéndolas responsables de lo que les pueda pasar y a la vez victimizandolas puesto que no se las dota de estrategias y recursos, salvo el dejar de hacer cosas, renunciar a espacios, coartar el libre disfrute del cuerpo y de la sexualidad, etc. Esta socialización controladora se hace efectiva por todos los medios posibles tanto a nivel social, familiar como en el entorno de amistad, espacio en el que muchas veces se lanzan mensajes de control y de terror haciendo de correa de transmisión al orden sexista con el agravante que se realiza en/desde un espacio vinculado con los afectos y la emoción, con lo que la carga de control se hace menos consciente.


  1. Algunas claves de género del terror sexual: La vulnerabilidad, la indefensión aprendida.

- La no apropiación del cuerpo (el cuerpo femenino sigue viéndose como un objeto al que decorar para el disfrute masculino, un cuerpo para los otros, para el disfrute ajeno y además sinónimo de culpa y de provocación) y la falta de seguridad en los recursos del propio cuerpo.

El cuerpo de las mujeres, a través de la feminización sufre un proceso de domesticación para justificar la vulnerabilidad de las mujeres y la necesidad de protección externa. El cuerpo es construido para la sumisión (representación del género en el cuerpo) y para el otro. Desde la disminución de la base de sustentación corporal, al ropaje, calzado, la posición de los brazos pegados al cuerpo, etc. todo lo genérico femenino debe emanar inseguridad/sumisión corporal desde la que es muy difícil ejercer la libertad individual. Es necesario, tener equilibrio y seguridad para poder caminar y ser libre. Apropiarse del cuerpo, reconocerse en él.
-La culpa y la vergüenza como elementos indisolubles que facilitan la percepción de que la violencia recibida es merecida o de alguna manera aceptable. Esta idea del “daño aceptable”, es una codificación constante de todos los sujetos adscritos a una categoría de inferioridad.
-La idea de que la violación es lo peor que le puede pasar a una mujer, anteriormente al menos en estas latitudes, basada en la pureza religiosa (virginidad) debida de las mujeres y en la deshonra (familiar, puesto que es un honor no propio sino prestado por la familia o por los varones). Esto conlleva, todavía hoy en día, el silencio de las victimas, la no reparación del daño y nuevamente la impunidad de los agresores. Se estima que sólo se denuncian entre el 8 al 12% de los casos de violencia sexual (8).

Es llamativo que muchas de las mujeres asistentes a los cursos prefieran releer la violencia sexual como actos sexuales no deseados pero en los que no ha mediado violencia física y por tanto no hay violencia. Estrategia sicológica que puede servir inicialmente pero que a la larga aumenta, en general, los sentimientos de culpa, vergüenza, vulnerabilidad y malestar con una misma, porque “se dejo hacer” y además no lo puede nombrar como siente que ha sido.



-En el terreno de la violencia sexual sigue existiendo una política de privacidad que deja impunes a los verdugos asentando la idea de que es algo que pertenece a la esfera de lo privado, obviando que se trata de un problema público que vulnera los DDHH. El supuesto intento de protección de las víctimas no hace sino forjar la vergüenza de las víctimas y es una vía de escape para los agresores. Además una mujer para demostrar su credibilidad debe de ser buena (no puta) y demostrarlo con su comportamiento sexual que si es de la esfera de lo privado. Véase el caso de DKV y como se ha intentado desacreditar a la victima “acusándola” de mantener relaciones con clientes del hotel, lo cual hace que la “supuesta” violación no sea reconocida como tal sino como gajes del oficio, puesto que una puta no puede ser violada ya que no tiene ni la pureza debida y es una deshonra en sí misma (9).

-“Indefensión aprendida” de Seligman (1975). La idea muy recurrente que aparece en los cursos de autodefensa es la de que hagamos lo que hagamos siempre vamos a fallar y nada esta en nuestras manos para modificar la situación o salir victoriosas de las situaciones de violencia. Esto ocurre, incluso, cuando las mujeres relatan vivencias personales de violencia que han sido resueltas con éxito. Su sentimiento es “que no han podido o no hicieron lo suficiente para resolver la situación y que si volviese a ocurrir posiblemente fallarían”.

-La construcción física de las ciudades, escuelas, los espacios en general, las discotecas (alejadas de las zonas céntricas, con mala comunicación, mal iluminadas) en Bilbao, Santa Ana sería un ejemplo de ello, a la que numerosas mujeres refieren no ir solas por miedo a…… (¿?) lo que no se nombra.

Muchas veces, se nombra a las mujeres como colectivo vulnerable de sufrir violencia, este es un hecho descriptivo de la realidad pero no explicativo. Sería como decir que África es más vulnerable a la hambruna que Europa. Lo que hay que analizar es qué pasa, a quién le pase y porqué le pasa, para poder transformar lo transformable.


-La creencia de que la ley no defiende los derechos, cuando de las mujeres se trata, cosa curiosa si se repasa las “teorías conspiradoras contra los hombres” de algunos grupos que exigen la custodia compartida. También las recomendaciones incoherentes del TS, como en el 91 y el 98: En la primera aconseja a las víctimas de agresión sexual deponer su resistencia (29/IV/91, El País), en la segunda, levanta dos condenas de violación porque la mujer no opuso clara resistencia (7/X/98, ABC). De sobra es conocido que el sistema no necesita de coherencia ni de racionalidad puesto que se fundamenta en un orden natural de la dominación, en la que se admiten las incoherencias, empezando porque ninguna dominación es natural sino construida. Aún así, sería necesario y exigible un informe de judicatura con respecto a los delitos contra la libertad sexual y los delitos de malos tratos habituales para saber qué es lo que está pasando en nuestro sistema judicial porque las sentencias mencionadas son de hace tiempo aunque me interesaba exponerlas no por su actualidad sino por su contradicción.

3-Cómo convertir el terror en miedo, cómo erradicar el miedo dotándose de alertas.

Explica Gerda Lerner en su libro “La Creación del patriarcado” que la humanidad pronto comprendió que, para someter a otros seres humanos, no hacían falta las armas ni la fuerza, sino que era suficiente con usar la violencia psicológica, cuyos recursos son el lenguaje verbal y el no verbal.

Debemos diferenciar entre ser víctima de un sistema injusto y modificable del de ser un objeto pasivo que padece pero no tiene capacidad de actuar frente a lo que le pasa. Tampoco se trata de construirnos en el pensamiento infantil y omnipotente de “querer es poder” que niega la estructura y pone el peso en lo individual. Como el de “No hay nadie que me pueda discriminar”, pensamiento bastante infantil, que tiende a hacernos sentir omnipotentes sin ser conscientes de los obstáculos y que vuelve a negar el orden social

Saber y reconocer los efectos nocivos del sistema en mi propia persona para obtener y planificar estrategias eficaces para enfrentar la discriminación, convirtiendo las estrategias en colectivas y enfrentando la discriminación desde todos los ordenes sociales.


ACCIONES DESDE LA AUTODEFENSA FEMINISTA A LA VIOLENCIA SIMBÓLICA Y EL TERROR SEXUAL
Ser agente y situarse en una posición de actuación que es sinónimo de poder. Hay que pasar de victima pasiva/ser no sufriente a la de agente actuante. No se puede luchar sin saber cómo ni sin reconocer que lo qué le sucede a una le está sucediendo y además es injusto y reversible.

Convertir el terror en miedo, lo fantasmagórico en real y terrenal, ser conscientes de los recursos y de los límites de una misma pero para ello hay que experimentar, no hay seguridad sin adquisición de experiencias. Uno de los elementos que más señalan las mujeres en los cursos de autodefensa como ítem que les genera inseguridad es el estar sola, LA SOLEDAD con mayúsculas porque estar sola para una mujer es un fracaso vital (amoroso) pero también supone aumentar el riesgo de sufrir agresiones, puesto que en el imaginario subyace la idea de que las mujeres que sufren violencia sexual son aquellas que están solas y además hacen lo que no deben.

Hay que convertirse en protagonista, saber lo que se ha vivido, reconocer el daño para poder afrontarlo y enfrentarlo. Negar o infravalorar el daño solo conduce al autocastigo así como sobredimensionarlo sólo conduce a la pasividad. No renunciar a los espacios, cuántas menos mujeres hay en los espacios más inseguros se vuelven estos.
Al respecto, me gustaría señalar lo que ocurrió tras el asesinato y posterior juicio de Nagore Laffage, tras el cuál, muchas de las mujeres asistentes a los cursos sentían indignación pero esa indignación no les llevo a hacer una lectura de identificación, más allá de “vale he aprendido la lección, no puedo hacer lo que quiera, no estoy a salvo con ningún hombre”.

Si revisáramos la violencia sufrida por mujeres concretas como una violencia injusta, que responde a relaciones de desigualdad social, que le puede pasar a cualquier mujer, eso nos llevaría a la lucha, a ser agentes contra la discriminación. Sin embrago, la lectura propia y ajena suele ser de restricción de libertades y de mayor control social.

Llama la atención no que las mujeres no actúen frente a situaciones de violencia física sino que no actúen antes cuando lo están viendo venir y la situación es más fácil de controlar o no al menos no tan peligrosa, en el aspecto físico.

En el interesante libro “Teoría king kong” de Virginie Despentes (10) ella cuenta cómo fue violada, a pesar de que llevaba una navaja encima, la cuál sabía usar con cierta soltura, pero que lo que le preocupaba durante la agresión sexual era que ellos no encontraran el arma.

También relata que si le hubieran intentado robar la chaqueta no hubiera dudado en utilizar la navaja.

Lo que me asombra (aún siendo significativo) no es que VD no utilizará la navaja, a pesar de la soltura, puesto que ya sabemos que son las mujeres las que mayoritariamente utilizan los cuchillos con soltura para cocinar mientras que los maltratadores machitas los utilizan para matar a “sus” mujeres. Tampoco me extraña que frente al robo de su chaqueta pensara en la posibilidad de actuar, siempre es más “respetable” actuar frente al robo del patrimonio que frente al robo de la libertad sexual (11).

Lo qué me inquieta del relato es que previamente a que se produjera la agresión, ella estaba en una gasolinera, donde podía llamar la atención de la gente, y a pesar de que supo que algo iba a ir mal, decidió montarse en el coche.

Pese a que su criterio le decía una cosa ella actuó en contra de él.

Muchas mujeres relatan en los cursos que antes de producirse la agresión ellas ya veían que las cosas iban mal o no les gustaba lo que estaba pasando y a pesar de ello esperaron a “ver” que ocurría. Es esta no actuación, la no confianza en el criterio propio, lo que me preocupa porque nos habla de la autoridad que nos concedemos las mujeres y del lugar en él que nos situamos “dejando” a los agresores actuar, dotándoles del poder para decidir por nosotras. A no ser que ello responda a lo que mencionaba del pensamiento omnipotente de que “a mí nadie me discrimina, agrede, yo puedo con todo, etc.” que no mide la capacidad de actuar de una, ni los límites a los que una puede llegar.

Es imposible defenderse, golpear, si una no sabe cómo hacerlo o si antepone el no “hacer daño”, el bienestar del agresor, el no pecar de exagerada, paranoica, etc. tan genérico femenino.



NOTAS:
(1)-Datos sobre el vínculo de los agresores con las mujeres:
-Las mujeres entre 15 a 44 años tienen más probabilidades de morir a manos de un familiar hombre que debido a la malaria, el cáncer, accidentes de tráfico o la guerra, todos juntos. Consejo de Europa año 2000.

- La violencia contra la mujer está generalizada en todo el mundo. Las mujeres que han sido víctimas de abusos físicos o sexuales presentan tasas más elevadas de enfermedad mental, embarazo no deseado y aborto, tanto espontáneo como inducido, que las que no han sufrido esos abusos. La mayoría de las agresiones contra las mujeres son cometidas por varones con los que tienen una relación íntima”. Centro de prensa de la OMS, noviembre 2009.


-Estudio de la Universidad de Salamanca (2004) realizado por las profesoras Ramos y Fuentes, de las mujeres entrevistadas (427 con edad media 19,7 años) el 41% había mantenido alguna vez relaciones sexuales bajo coacción. El agresor había sido un hombre de su entorno de amistad.
-Del total de mujeres asesinadas en España, el 70% pierden la vida a manos de una persona de su entorno familiar. III Informe Internacional de Violencia contra las Mujeres. Centro Reina Sofía. Madrid, abril 2010.

(2)-Datos sobre la prevalencia de la violencia sexista:

-Cada ciclo de 2 a 4 años reporta al mundo un recuento de mujeres víctimas de violencia comparable al holocausto nazi. “The Economist”. 24 noviembre 2010.
-Existen en todo el mundo entre 113 y 200 millones de mujeres demográficamente desaparecidas. Ayaan Hirsi Alí, diputada holandesa que ha escrito el libro: “Yo acuso”.
-En un análisis de 25 estudios en todo el mundo se indica que entre el 11 al 32% de las mujeres declararon haber sufrido abuso sexual durante su infancia. Informe del grupo de expertos de la ONU en colaboración con la OMS y CEPE. Ginebra, Suiza.11 al 14 de abril del 2005.
- Cada 15 segundos una mujer es agredida, según el Fondo de Desarrollo de Naciones Unidas para la Mujer (UNIFEM). Informe de noviembre del 2010
-Además, entre 100 y 140 millones de niñas y mujeres en todo el mundo han sufrido mutilación o ablación genital. UNIFEM. Noviembre del 2010.
-Aún así: “El enemigo más común en mujeres es la celulitis”.

(3)- En las declaraciones del Obispo Ulloa, Julio del 2011, Costa Rica, dicho señor conminaba a las mujeres a vestir recatadamente para no ser violadas, similares declaraciones aparecieron en el informe anual de la Fiscalía de Navarra en el año 1995. Cómo vemos, es un tema que presenta un continium en el discurso desde sectores e instituciones diversas en sus responsabilidades y en sus latitudes.

(4)- Encuestas de poblacionales del CIS realizadas en los meses de noviembre del 2008 y del 2010. http://www.cis.es/cis/opencms/Archivos/Indicadores/documentos_html/TresProblemas.html
(5)- Canción estrella de Las Divinas: http://www.youtube.com/watch?v=CxigU4w1h44. “Aquí mandan las Divinas porque somos gasolina, gasolina de verdad. Sea como sea, aquí no entran feas…..Fuera feas para ustedes no hay lugar”.

Para consultar la saga crepúsculo: http://www.lasagacrepusculo.es/




Canción de Beyonce a través de la cual nos canta a todas las chicas solteras y por extensión a los chicos solteros: “Si te ha gustado lo que has visto, ¡Debes poner un anillo aquí...Tu amor es lo que prefiero, lo que yo me merezco... El es un hombre que me domina y me hace ser yo...
¡El me llevará a mi destino, al infinito, y más allá!”

(6)- http://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&LEMA=miedo


(7)- http://www.educarenigualdad.org/media/pdf/uploaded/old/Mat_29_Informe%20menores.doc


(8)- http://www.observatorioviolencia.org/noticias.php?page=58&id=1397
(9)http://www.elpais.com/articulo/internacional/Nuevo/giro/caso/DSK/elpepiint/20110725elpepuint_15/Tes
(10)- Despentes, V. Teoría king kong. Ed. Melusina, 2007. Pág.29-46.
(11)- Hay un ejercicio que hacemos en los cursos que es imaginarse actuando frente a un abuso sexual en un transporte público. Cuando realizó una de las posibles respuestas que es alertar de que se esta produciendo una agresión contra mi persona, muchas mujeres contestan que ellas no lo harían por no llamar la atención, por no “generar” conflicto, por no “montarla” por algo así. Ahora bien, cuando les planteo que cuál sería su respuesta si les robasen el bolso ahí no tienen problemas en llamar la atención, “generar” un conflicto con el ladrón, dar la voz de alarma, etc.

BIBLIOGRAFÍA:


AMORÓS, C; FERNÁNDEZ, C. Violencia y sociedad patriarcal. Madrid: Pablo Iglesias, 1990.

- LERNER, Gerda. La creación del patriarcado. Barcelona: Crítica, 1990 (Historia y Teoría)

-BIGLIA B.; SAN MARTÍN, C. Estado de wonderbra. Barcelona: Virus, 2007.

-MOYA, I. Sin contraseña. Discurso mediático y trasgresión. Madrid: AMECO, 2010.

-HIRIGOYEN, M.F. El acoso moral. El acoso psicológico en la vida cotidiana. Barcelona: Paidós, 1999.

-IZQUIERDO, M.J.: El malestar en la desigualdad. Madrid: Cátedra, 1998.

-IZQUIERDO, M.J.: Cuando los amores matan. Madrid: Libertarias, 2000.

-MILLÁN DE BENAVIDES, C.; ESTRADA, A.M. Pensar en género. Teoría y práctica para nuevas cartografías del cuerpo. Colombia: Pensar, 2002.

-MOLINER, M. Diccionario de uso del español. Madrid: Gredos, 2007.

-TÁVORA, A. Cambios de valores, cambios de actitudes, amor y subordinación: cambio de actitudes y de valores. Gijón: Escuela Feminista Rosario Acuña, 2004.

-URRA, J. Agresor sexual: casos reales, riesgo de reincidencia. Madrid, E.O.S., 2003.

-WOLF, N. El mito de la belleza. Barcelona: Emecé, 1991.

-OSBORNE, R. Apuntes sobre violencia de género. Barcelona: Bellatera 2009.

-EVANS, P. El abuso verbal. Barcelona: Javier Vergara Editor, Grupo Zeta ; Buenos Aires : Ediciones B, 2000.






Compartir con tus amigos:


La base de datos está protegida por derechos de autor ©psicolog.org 2019
enviar mensaje

enter | registro
    Página principal


subir archivos