Teorías del aprendizaje


Características de la familia que influyen en el manejo de los hijos con discapacidad



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Características de la familia que influyen en el manejo de los hijos con discapacidad


La configuración, el origen, funcionamiento y estructura de la familia son factores a considerar cuando se evalúa la influencia de ésta en la persona con discapacidad; revisamos aquí tres de ellos.

Nivel socio-económico


Muchos educadores consideran el nivel socioeconómico como un factor que afecta el rendimiento escolar y frecuentemente se cita como más o menos evidente por sí mismo. Sin embargo, un análisis estadístico de varios estudios encontró que el nivel socioeconómico típicamente definido (por ingresos, educación y ocupación de los padres) está muy débilmente correlacionado con el rendimiento escolar (White, 1982). La mayor influencia en el rendimiento escolar – a través de los límites socioeconómicos – es la atmósfera en el hogar (p. 549). Esto es cierto para los niños con discapacidad que estudiarán y recibirán los servicios educativos especiales en la medida de que los padres consideren que éstos le serán útiles y beneficiosos en un futuro.

Walberg (1984, citado por Guevara, 1996), después de revisar 29 evaluaciones de programas de intervención de los padres en apoyo a la educación de sus hijos, llegó a la conclusión de que “la intervención familiar, como factor, era más importante que el estatus socioeconómico” (p. 6).

De acuerdo a Lewis (1992), “los padres de bajo ingreso, la mayoría de veces, no tienen la preparación de una enseñanza formal, además de que no poseen los recursos para crear un ambiente rico de alfabetización” (p. 2), por lo que esta situación es la que podría afectar el rendimiento escolar del niño.

Marjoribanks (1994), examinó el involucramiento de los padres de diferentes clases sociales en la educación, concluyó que las relaciones entre las familias de clase trabajadora y las escuelas están caracterizadas por la separación. Estos padres creen que los maestros son los responsables de la educación de sus hijos. En contraste, los padres de clase media alta forjan relaciones caracterizadas por el escrutinio y una interconexión entre la vida familiar y la vida escolar. Estos padres creen que la educación es una responsabilidad compartida entre maestros y padres.

En educación especial, la importancia del nivel socioeconómico de la familia varía diferencialmente en su influencia en cuanto a la provisión de oportunidades de aditamentos, rehabilitación, cuidado médico y acceso a nuevas tecnologías; claramente las familias de mejores estratos económicos tendrán mejores prótesis, intervenciones quirúrgicas, escuelas especializadas etc. Igualmente la búsqueda de información acerca de la condición discapacitante tiende a ser mayor a medida de que los padres tienen mejores niveles de educación.

Sin embargo, en cuanto a la reacción a la presencia de un hijo con discapacidad, tal parece que familias de mayores niveles económicos tienden a sufrir más la presencia de discapacidad y estar más afectado por la presencia de un hijo con Necesidades Educativas Especiales (NEE), las mayores expectativas hacia los hijos parecen explicar este fenómeno.


Estructura de la familia


Aunque nuevamente la investigación en México al respecto de la estructura familiar y la discapacidad es escasa, tal parece repetirse el patrón reportado mundialmente.

La discapacidad es un estresor para la familia y en muchos casos la presencia de un hijo con discapacidad es un factor precipitante de ruptura conyugal y una importante fuente de conflicto, en el cual la imputación del origen y de la culpa mutua parecen ser procesos inevitables por los que pasan los padres. En este sentido es innegable que muchos niños con discapacidad tienen que afrontar también las limitaciones de la ruptura familiar y crecer en familias uniparentales.

Pero también la investigación demuestra que cuando la pareja confronta exitosamente el estresor de la discapacidad, el niño con discapacidad viene a ser un factor de unión, un vínculo entre los esposos que les lleva a luchar juntos y confrontar como pareja las demandas de la condición y en este sentido muchos padres con niños con NEE son ejemplo de unión, sinergia y apoyo y conforte mutuo. Nord (1998), reporta que los niños cuyos padres y madres están altamente involucrados, poseen un gran nivel de ‘capital social’, medido por las actividades que comparten con sus padres, y que los padres tienen altas expectativas educativas para el hijo.

La presencia del padre es especialmente notoria. Parece que los padres difieren de las madres en el grado de preocupación por el trabajo escolar de sus hijos, y mientras más interés tenga éste, les va mejor a sus hijos.

“Tanto en la educación especial como la regular son las actitudes que los padres poseen respecto a la educación y a la escuela del hijo las que tienen un efecto decisivo sobre el niño. Si los padres no valoran el aprendizaje, los hijos difícilmente lo harán” (Nord, 1988, p. 12). Si los padres poseen actitudes que fomenten la superación, la independencia, la autonomía y los sentimientos de valía seguramente los hijos con discapacidad mostrarán mejores niveles de adaptación y ajuste.

Género y Etnia


Otra característica que se debe de considerar al realizar estudios acerca de la participación de los padres es el género del hijo. Grolnick, Benjet, Kurowski & Apostoleris (1997) han encontrado que “los niños están más desfavorablemente afectados por la madre que las niñas” (p. 539). Las madres creen que las niñas son más vulnerables y requieren más atención que el niño; esto se debe a que “las madres perciben a sus hijos e hijas con necesidades diferentes de apoyo” (Grolnick, et al., 1997, p. 546). Parece que el género del hijo influye en la atención y apoyo que la madre le brinde. Esto puede deberse a la cultura de la familia, ya que existen familias que consideran que la madre es la responsable de vigilar la educación del hijo, y que los hijos varones deben ser más independientes que las niñas y una manera de lograrlo es no prestarles tanta atención. Sin embargo, lo ideal es que tanto el padre como la madre estén atentos a la educación del hijo y de la hija.

El desempeño académico de los niños que pertenecen a diferentes grupos étnicos difiere notablemente. Se han identificado factores que explican estas diferencias en el desempeño académico los cuales son mencionados por Okagaki & Frensch (1998), estos son:

Las diferencias motivacionales en el deseo del individuo para mejorar su estilo de vida (Buriel & Cardoza, 1988), las diferencias en la educación de los padres y el estatus socioeconómico (Laosa, 1978, 1982), las diferencias en las expectativas de los padres del aprovechamiento del niño (Wong, 1990), las diferencias de la congruencia entre la práctica cultural de la casa y la práctica cultural de la escuela (Delgado-Gaitan, 1992; Trueba, 1988), y la opresión de la sociedad en los grupos minoritarios (p. 124).

Estos factores al estar presentes en la cultura familiar pueden ejercer influencia en el desempeño académico del hijo, ya sea positivamente o negativamente.

Por ejemplo, la dificultad que tienen los estudiantes negros para ser aceptados por la cultura americana origina conflictos entre estas culturas, especialmente para el estudiante negro, por pertenecer a un grupo minoritario. En un estudio con estudiantes negros con alto aprovechamiento, Fordham (1988, citado por Marjoribanks, 1994), examinó las tensiones y conflictos de los estudiantes cuando ellos intentaban definir la relación entre el sistema cultural de los negros y el sistema impersonal e individualista de la sociedad dominante. Este investigador encontró que “los estudiantes negros prefieren perder su lealtad a la comunidad negra y adaptarse a la cultura de la sociedad dominante, a pesar de su éxito escolar” (p. 443). Por lo tanto, es importante que el niño posea una comprensión de su cultura que le permita aceptarla. Esto depende de las experiencias que los padres, maestros, familiares y amigos le proporcionen al niño (Swick, 1995).

Por otro lado, Okagaki & Frensch (1998), examinaron las relaciones entre los múltiples aspectos de los padres y el desempeño escolar del niño y consideraron las variaciones en estas relaciones a través de diferentes grupos étnicos (asiáticos-americanos, latinos y europeos-americanos); ellos encontraron que “las creencias y conductas de los padres sobre la educación, difieren a través de los grupos étnicos. En general, los padres asiáticos-americanos tienen altas expectativas educativas para el hijo” (p. 139).

Okagaki & Frensch (1998) afirman que “las creencias y conductas de los padres, y las percepciones que el hijo tenga acerca de éstas y de las expectativas de sus padres, es una variable que está relacionada con el éxito escolar” (p. 142). Es decir, si el padre cree y espera que su hijo tenga éxito en la escuela, esto va influir en la formación de aspiraciones académicas del hijo, y se esperaría que tenga un alto aprovechamiento académico. Por otra parte, si el padre no tiene altas expectativas educativas, o no demuestra conductas que motiven al niño a desempeñarse exitosamente en la escuela, es posible que el hijo tenga un bajo rendimiento escolar, aún en educación especial.

Discapacidad y Familia


Ya sea que la persona con discapacidad sea ubicada en una escuela regular o en un centro especializado, el apoyo de la familia en la promoción y mantenimiento de la motivación para el logro escolar es fundamental para la permanencia del niño con discapacidad en el sistema educativo y el avance en los diferentes niveles de educación hasta alcanzar los máximos potenciales posibles.

La clave para que un niño con discapacidad sea un adulto independiente y productivo pudiera estar en el apoyo que le dé su familia (Barraga, 1991). Es por esto que en educación especial se debe considerar a cada niño como un caso individual, ya que cada familia es diferente en sus puntos de vista y circunstancias (Crespo, 1979).

Leonard (1986), reportó que niños con alguna discapacidad que presentaban pasividad y baja estima, las mismas estaban relacionadas con comparaciones desafortunadas de los padres quienes contribuían a aumentar la ansiedad en relación al desarrollo del niño.

La familia debe aceptar al niño como es y no debe intentar compensar su discapacidad creando falsas expectativas que con frecuencia lo llevan al fracaso. Es decir, la familia tiene la responsabilidad de promover el logro escolar y la permanencia en la escuela en la medida de los potenciales y capacidades actuales del niño.

De acuerdo con Flinstone (1993), los miembros de la familia deben enfocar en las fortalezas y la capacidad del niño para evitar sobreprotección e incorporar al niño a las tomas de decisión y a la convivencia con todos. De hecho, muchos de los temores, actitudes pasivas y justificantes del adulto con discapacidad le fueron enseñados de niño en el ámbito de la familia.

Por lo general los padres de los niños con discapacidad tienen bajas expectativas acerca de los logros de los hijos. Las expectativas de los padres son una fuerte influencia para las aspiraciones escolares y laborales de los niños con discapacidad ya que influyen en las conductas que se adoptan con respecto a ellos, por ello resulta importante que los padres y otros familiares deben sostener expectativas de logro optimistas y acordes con las capacidades potencial del niño.

Las actitudes que adopta mucha gente hacia las personas con discapacidad, como por ejemplo, que ellas están en un perpetuo lamento por su disminución y por ello no pueden ser felices y que son necesariamente diferentes y menos, son bastante comunes y no necesariamente ciertas. Estas creencias dan origen a actitudes de lástima hacia las personas con discapacidad, las cuales reemplazan las actitudes empáticas de verdadera ayuda.

Una persona con discapacidad está expuesta a la lástima de otros y a la sobreprotección en general de quienes están próximos a ella. El efecto que estas actitudes producen en la persona es de ‘profecía que se cumple’, es decir, se comportan de acuerdo a las expectativas de los demás, siendo a fin de cuentas como creen quienes los rodean.

Lo anterior ilustra la importancia de ayudar a las familias para facilitar que el miembro con discapacidad aprenda a vivir con las personas normales con naturalidad (Finestone, 1983).

Blackfelner & Ranallo (1998), realizaron un estudio para conocer las razones por las que los padres no participan, y así poder desarrollar actividades que mejoren este involucramiento. Estos investigadores encontraron que el miedo de los padres a la escuela, la falta de tiempo y transportación de los padres, así como la vergüenza que sienten de su propio nivel educativo son factores que dificultan la participación de los padres de los hijos con necesidades educativas especiales.

Ante estos obstáculos ha surgido la necesidad de diseñar programas escolares que respondan a las necesidades, a la cultura y a las características de la familia con la finalidad de motivarlos a participar en la educación del hijo.

Lewis (1992), menciona cinco maneras en que las escuelas intentan fomentar la participación de los padres de los niños con discapacidad en la educación. Estas maneras, (a) consideran las obligaciones básicas de la familia, y (b) de la escuela, (c) involucran a los padres en la escuela (para que ayuden a los maestros y a los niños voluntariamente), (d) involucran a los padres en las actividades de aprendizaje (los maestros deben guiar a los padres para que éstos puedan ayudar a su hijo en las tareas), e (e) involucran a los padres en la toma de decisiones y en la administración de la escuela (invitarlos a participar en la elaboración de normas de la escuela y en la formación de grupos de consejo de padres de familia).



En cada una de estas maneras se debe mantener una comunicación recíproca entre padres y maestros, ya sea por llamadas telefónicas, cartas que se les envíen a los padres, o por notas enviadas por medio del hijo, todo esto con el fin de mantener e incrementar el interés de los padres en la educación del hijo, de esta manera los padres podrán darse cuenta de que su participación es importante para los hijos.

Sugerencias para un manejo efectivo de los hijos con discapacidad


Concluimos este capítulo con algunas recomendaciones prácticas derivadas de la discusión anterior que ayuden a los padres con un hijo con discapacidad el seno de la familia a afrontar de manera exitosa y eficiente esta situación.

  1. La presencia de un miembro con discapacidad de la familia ciertamente es un estresor, pero también es una fuerza que permite la reconfiguración de la constelación familiar para apoyar a este miembro. Es importante que los padres tengan en mente que los hijos con discapacidad muchas veces unen a la familia y la consolidan, en vez de destruirla.

  2. Es importante que los padres promuevan la independencia, la autosuficiencia y la seguridad personal de los hijos con discapacidad. Por lo anterior, es importante evitar la sobreprotección y la solución de todos los problemas al hijo. La función de los padres hacia los hijos no es hacerlos felices, sino proveerlos de las herramientas para salir adelante en la vida. Este principio es especialmente cierto cuando existe un hijo con discapacidad.

  3. Los padres de los alumnos con discapacidades tienen que tener expectativas realistas, pero altas y positivas hacia los beneficios que la educación puede dar a sus hijos. La participación de los padres en las actividades escolares es muy importante para que el alumno progrese y solucione muchas de las demandas de la escuela.

  4. En la atención de los hijos con discapacidad es primariamente importante atender las necesidades de tipo médico, fisiátrico y de rehabilitación. Las necesidades educativas deben ser la segunda prioridad y por último los padres deben enfocarse al fomento de las redes sociales y comunitarias y siempre actuar en consecuencia de esta jerarquía.

  5. Finalmente, es importante que los padres planeen y prevengan tempranamente la situación del hijo a futuro, principalmente ante la eventual e inevitable ausencia de los padres. La previsión y la planeación del futuro del hijo con discapacidad hace que la familia se mantenga unida y permanezca tranquila con vistas al futuro.

  6. Por último, recordar siempre como padres que el futuro y un hijo con discapacidad dependerán siempre de sus recursos, fortalezas y oportunidades, nunca de sus insuficiencias, limitaciones o debilidades.


CAPÍTULO XII. Familia y Adicciones.

Dr. Javier Vales García

Departamento de Psicología

Instituto Tecnológico de Sonora

México
Psic. Pedro Luis Arango Torrejón

Centros del Integración Juvenil Mérida A.C.

Hospital Psiquiátrico “Yucatán”

México
Visión panorámica del capítulo
En este capítulo se aborda el tema de las adicciones por consumo de drogas en adolescentes, haciendo referencia a los patrones de consumo y al contexto social y familiar en el que se desarrolla esta problemática. Se describen las consecuencias por dependencia a diferentes tipos de drogas, incluyendo tabaco y alcohol. Finalmente se hace un análisis de los factores de protección para prevenir las adicciones destacando la influencia de la familia en el desarrollo de los recursos personales de los adolescentes.


El consumo de drogas en México

Hoy en día, las adicciones constituyen en México una importante amenaza para el bienestar de las familias y especialmente para los adolescentes, por lo que son consideradas como un grave problema social y de salud. Su origen es multicausal, ya que intervienen factores sociales, familiares e individuales.

El consumo de drogas en México, incluyendo tabaco y alcohol, ha aumentado de manera importante derivando un grave problema de salud pública. En 1993 la Encuesta Nacional de Adicciones (ENA), publicó en sus informes que 4 de cada 100 personas habían reportado hacer uso de algún tipo de sustancia alguna vez en su vida (Tapia et al., (1995).

Según el Consejo Nacional para las Adicciones (CONADIC), en 1998, 5 de cada 100 personas admitieron hacer uso de algún tipo de sustancias alguna vez en su vida. Si a lo anterior se le agrega que en 2002 la ENA evidenció que 8 de cada 100 personas encuestadas expresaron consumo de sustancia con ‘alguna frecuencia’, entonces podemos observar que el consumo de drogas crece de manera insidiosa duplicándose en menos de 10 años.

En otros estudios, la ENA en 2002 reportó que 3.5 millones de personas referían haber consumido drogas al menos una vez en la vida; en 2008 este número ascendió a 4.2 millones de personas en los resultados preliminares (CONADIC, 2008).

Derivado de estos reportes, se ha constatado que la población donde existe mayor riesgo de usar drogas es aquella comprendida entre los 12 y 25 años. En la ENA de 2002, se precisa que el rango de edad en el que se utiliza por primera vez alguna droga es entre 10 y 18 años de edad (CONADIC, 2002). Por otra parte, la proporción de estudiantes que han usado drogas en los niveles educativos de secundaria y bachillerato corresponde a 8 de cada 100 estudiantes, por lo que puede considerarse a este grupo como población en riesgo para el inicio de consumo de drogas (Centros de Integración Juvenil, 2004).

En México la droga que más se consume es la marihuana, aproximadamente 5 de cada 100 habitantes la han probado por lo menos alguna vez en la vida. En rango de consumo le sigue la cocaína, ya que éste ha crecido notablemente en los últimos 5 años y las encuestas plantean que se ha triplicado la cantidad de personas que por lo menos la han probado. En tercer lugar de consumo se encuentran los inhalables como el thinner, pegamentos, gasolina, pinturas, entre otros solventes industriales, por ser estos productos legales y de bajo costo (Centros de Integración Juvenil A.C., 2003).

Las drogas y su clasificación

La definición del vocablo ‘droga’, en términos generales se refiere a toda sustancia que incorporada al organismo produce un cambio en el mismo, por la tanto se podrían incluir en esta categoría alimentos, medicamentos, productos de origen animal y vegetal, entre otro tipo de sustancias sin efectos psicoactivos (González, 2002).

El consumo de drogas forma parte de la vida diaria del ser humano pues se hace uso de éstas desde la primera etapa de la vida,con el consumo de vitaminas, analgésicos, antibióticos, entre otras, sin embargo este tipo de sustancias no alteran los estados de conciencia de las personas (Feldman, 2007).

Existen también otro tipo de sustancias psicoactivas que sí alteran los estados de conciencia, influyen en la percepción, emociones y comportamiento de los individuos, sin embargo su uso es cotidiano, y si no se cae en lo excesos, no deteriora significativamente el funcionamiento emocional, social, físico y cognitivo de sus usuarios, como el consumo moderado de café o vino tinto.

Adicionalmente se encuentran las drogas adictivas las cuales alteran los estados de conciencia de los usuarios, éstas producen dependencia biológica y/o psicológica en el usuario, razón por la cual su consumo va en aumento progresivo y resulta bastante difícil dejar de consumirlas. Este tipo de sustancias sí causa deterioro significativo en el funcionamiento emocional, social, físico y cognitivo del consumidor (Feldman, 2007).

Las drogas tienen un impacto en el sistema nervioso central del usuario que impide el funcionamiento adecuado y eficaz del mismo. Desde la perspectiva psicológica se observa la aparición de una serie de síntomas y signos que deterioran las capacidades cognitivas, sociales y emocionales de quien las consume (Santrock, 2004).

Esta aseveración va en contra de la creencia popular de la naturalidad de las drogas, la cual afirma que algunas pudieran ser de carácter ‘natural’, por lo que no tienen efectos perjudiciales como en el caso del consumo de marihuana. Con esta droga se ha comprobado que entre otras cosas, los fumadores de la misma desarrollan enfermedades pulmonares obstructivas crónicas, incluso la intensidad de los síntomas en el caso de los fumadores de marihuana es mucho más severa cuando se compara con la de los fumadores de tabaco (CIJ, 2004).
La adicción a las drogas

La relación que se establece con una droga es considerada una adicción; esta relación produce cambios en el organismo afectando la salud, las relaciones con la familia, los amigos, la escuela y el trabajo, y por lo general afectan de una forma u otra todo lo concerniente con el funcionamiento del individuo. Es importante considerar que las adiciones modifican el carácter y el comportamiento de las personas, generan cambios en su estado de ánimo, hábitos alimenticios y ocupaciones diarias entre otros aspectos.

Por lo general el individuo comienza a consumir drogas de manera social u ocasional, pero los efectos que ocasiona la misma hace que insidiosamente se vaya desarrollando en el sujeto la tolerancia, es decir, la necesidad de usar dosis cada vez mayores para obtener los mismos efectos o sensaciones placenteras; posteriormente se genera un síndrome de abstinencia que puede ser de carácter físico y/o psicológico, el cual se caracteriza por la presencia de vivencias displacenteras cuando no se ha consumido la sustancia. Ambos procesos llevan a un mayor consumo de la sustancia lo cual ocasiona que el ciclo se repita una y otra vez con mayores implicaciones negativas para la adaptación social del individuo.

Cuando se identifica que una persona ha desarrollado ‘tolerancia’ y ‘síndrome de abstinencia’ se puede hablar de dependencia. No obstante se habla de abuso de drogas cuando una persona sin desarrollar aún todo el cuadro de la dependencia, consume alguna droga ilegal a pesar de que conoce las consecuencias que esto le puede generar. En el caso de las drogas legales como alcohol y tabaco, se considera que una persona abusa de la misma cuando continúa el consumo aún sabiendo que le trae consecuencias negativas en su vida personal, familiar o social.

De acuerdo a la Asociación Psiquiátrica Americana (American Psychiatric Association, 2005) el abuso de drogas puede definirse como un patrón mal adaptativo de consumo de sustancias que conlleva un deterioro o malestar clínicamente significativo, donde se presenta uno o más de los siguientes factores durante un período de 12 meses: a) consumo recurrente de sustancias que da lugar al incumplimiento de obligaciones; b) consumo recurrente de sustancias en situaciones en las que hacerlo es físicamente peligroso; c) problemas legales repetidos relacionados con el uso de sustancias; d) consumo continuo de la sustancia a pesar de tener problemas sociales, interpersonales recurrentes asociadas al uso de la sustancia; y e) consecuencias del abuso de la sustancia.

Consecuencias del consumo de drogas

Resulta importante que los padres conozcan los efectos de las drogas más comunes para que puedan informar a los hijos al respecto, evitando algunas creencias erróneas que se mantienen acerca de las mismas. Además les permitirán identificar en su caso, de manera temprana, el consumo de algunas de estas drogas por parte de los hijos.



Efectos de la marihuana o cannabis.

La marihuana es una de las drogas ilegales más polémicas en la actualidad, por lo que a nuestro juicio sus efectos requieren de una explicación mucho más detallada en relación con el resto de las drogas.

La marihuana, cuya denominación botánica es Cannabis Sativa, hasta 1937 era un componente obligatorio en más de treinta preparados farmacéuticos en Estados Unidos. Sin embargo, fueron congelados absolutamente todos los estudios curativos relacionados con la misma a inicios de 1938. El cannabis contiene los cannabinoides, que son las sustancias químicas en ese vegetal. A su vez entre los cannabinoides se encuentran distintas sustancias, la más conocida es el tetrahidrocannabinol, responsable directo del carácter psicoactivo de la sustancia (González, 2002).

Las pequeñas dosis del consumo de cannabis provocan un estado de relajación e inducen sueño, acentuando además los sentidos del tacto, el olfato y el gusto. Se pueden producir accidentes domésticos y de tránsito bajo los efectos de la marihuana, debido a que el consumidor experimenta marcadas distorsiones en el tiempo y en el espacio, siendo muy marcado el problema de coordinación cuando se consumen dosis que rebasan el umbral de capacidad del sujeto que la consume.

Al igual de lo que sucede con otras drogas, el consumo frecuente de esta sustancia provoca efectos en el sistema nervioso modificando su funcionamiento; inicia con la fase eufórica y desinhibidora y posteriormente se presenta depresión, además se presentan alteraciones en la percepción del tiempo, alteraciones de la memoria y el orden de sucesos, dificultades en la capacidad de juicio y cambios en el umbral perceptivo de colores y sonidos.

La consecuencia más grave del consumo de marihuana es la progresiva y gradual instauración de un síndrome amotivacional, el cual se caracteriza por la apatía, el desinterés, el deterioro de los hábitos, la sensación subjetiva de depresión y tristeza. Este cuadro detiene, paraliza y frena cualquier intento de crecimiento y desarrollo cognoscitivo y espiritual a mediano y largo plazo. Además esta es una de las drogas que induce al consumo de otras drogas nocivas.



Efectos por consumo de cocaína.

Se produce una sensación de euforia y excitación, elevación del estado de ánimo, mayor energía y capacidad de trabajo, insomnio, hiperactividad motora y verbal, incremento de la frecuencia cardiaca y la presión arterial, elevación de la temperatura corporal, afectación de los sistemas cardiovascular y respiratorio.



Efectos por consumo de éxtasis.

Euforia y locuacidad, desinhibición y aumento de energía; promueve las interacciones sociales, por ello es conocida como ‘la droga del amor’, ya que bajo sus efectos se facilitan los contactos amistosos y sexuales; ansiedad, insomnio, irritabilidad y taquicardia; aumento de la presión arterial y de la temperatura corporal; en dosis elevadas produce estados de confusión, alucinaciones visuales y auditivas.



Efectos por consumo de heroína.

Producción de sentimientos de tranquilidad y euforia, reduce las sensaciones desagradables derivadas del hambre, cansancio y preocupaciones; descenso en la temperatura, resequedad en la boca, estreñimiento, apatía, disminución de la actividad, dificultades de concentración, náuseas y vómitos.



Efectos por consumo de alcohol.

Desinhibición y euforia en dosis bajas y posteriormente efectos depresores, descoordinación de los movimientos del cuerpo, dificultad para articular adecuadamente las palabras, lentitud de reflejos, visión restringida y borrosa, somnolencia, falta de lógica en las ideas; afecta severamente al hígado, aunque también en un menor grado el corazón, estómago, así como otros órganos vitales.



Efectos por consumo de tabaco.

Inflamación de los bronquios, insuficiencia respiratoria, cáncer de pulmón, arterioesclerosis, acidez estomacal, irritación del tracto digestivo, de los pulmones y vías respiratorias.



Clasificación de usuarios de drogas

Las personas pueden esperar del consumo de drogas obtener sensaciones de bienestar, excitación y relajación, modificación de la percepción, de los sentimientos o la conducta. En muchos casos, especialmente en el caso de los adolescentes, su consumo se asocia con la necesidad de ser aceptados dentro de determinados grupos sociales.

Los usuarios de drogas pueden ser experimentadores, sociales, funcionales y disfuncionales de acuerdo a la frecuencia y el impacto de las drogas en su vida. Cabe señalar que por lo general existe un continuo entre estos patrones de consumo, donde los individuos empiezan siendo experimentadores y terminan siendo clasificados como disfuncionales, aunque no siempre ocurre de esa manera.

Los usuarios experimentadores son aquellos que utilizan las drogas en una sola ocasión para satisfacer su curiosidad. Los sociales por su parte consumen drogas sólo cuando están en grupo, o para hacer frente a una situación esporádica y/o temporal. Los funcionales son aquellos que necesitan las drogas para ser parte activa de la sociedad, sólo cuando la consumen sienten que pueden funcionar adecuadamente y realizar correctamente sus actividades; cuando no la consumen presentan trastornos debidos a que su organismo requiere de la droga. Aunque puede haber una influencia negativa de las drogas en el individuo, por lo general éstos se mantienen esencialmente funcionales en las diversas áreas de su vida. Los usuarios disfuncionales son aquellos que a consecuencia del abuso de drogas presentan un desajuste importante en su adaptación social, por lo que funcionan de manera inadecuada, su vida gira alrededor de las drogas dedicando la mayor parte de su tiempo y sus esfuerzos a conseguirlas y consumirlas.

Considerando los tipos de sustancias que se consumen, los individuos pueden clasificarse cono monousuarios, cuando usan un solo tipo de droga por ocasión; y poliusuarios, cuando son consumidores de más de una droga.

El adolescente en riesgo.

Si se parte de la perspectiva de que la adolescencia es una etapa del desarrollo de crecimiento y búsqueda, de experimentación de nuevas conductas, del procesamiento de una nueva identidad, de autoafirmación de rasgos y características de la personalidad, del desarrollo de nuevas relaciones fuera del hogar y de ciertas actitudes de rebeldía y sensación de libertad, entonces estaremos visualizando a este período como el momento donde pueden desarrollarse nuevas habilidades, capacidades y potencialidades; por lo tanto es donde más necesidad existe de darle cause a esos cambios e inquietudes actuando con mesura, calma, paciencia y muy especialmente, adelantándose a los cambios normales que se avecinan.

Durante la adolescencia el joven se reúne con amigos en la búsqueda de intereses comunes; necesita la aceptación de un grupo social diferente al de su familia y siempre muestra la intención dentro de su nuevo grupo de coetáneos de encontrar respuestas a sus inquietudes, mismas que no siempre son resueltas de forma adecuada y objetiva por su nuevo grupo de pertenencia.

Es probable que la mayoría de los adolescentes sean tentados a consumir drogas en alguna oportunidad, invitación que llega generalmente por alguien cercano; entonces será necesario que hagan valer los recursos que han internalizado para hacer lo correcto. En gran parte esto dependerá del trabajo realizado por las tres instancias a las que pertenece en esa etapa de su vida: la familia, la escuela y la sociedad, que son los encargados de construir suficientes muros de contención, a los riesgos que supone el inicio de consumo de drogas.

Desafortunadamente las drogas forman parte de la vida de muchos adolescentes, pues tienen amigos que la consumen y pláticas que giran alrededor de los mitos y creencias que se han construido alrededor de las mismas y de su consumo; se ha producido un fenómeno de cierta ‘integración’ de las drogas en la vida cotidiana del mundo adolescente. Esto provoca que el inicio del consumo de drogas en su fase experimental comience con mucha frecuencia desde los primeros años de la adolescencia.

La familia

La familia no es un simple conglomerado de personas unidas o no por una relación consanguínea, tampoco es razonable considerar a la familia como un conjunto de individualidades que interactúan entre sí. La familia es un complejo sistema interactivo, cambiante, que se retroalimenta con todas las influencias de su entorno, que vive y experimenta procesos de crisis, cambios y transformaciones que dan pautas al establecimiento de nuevos sistemas de comunicación, siendo permeados por la sensibilidad que siempre han mostrado los núcleos familiares a la influencia externa.

La familia es un microsistema dentro de la sociedad, que de manera constante está en una interacción e intercambio con otros microsistemas, mismos que incluyen las comunicaciones que se dan con todas las personas que están presentes en el quehacer diario. Los amigos, compañeros de escuela o de trabajo, vecinos y toda la gama de personas que en mayor o menor medida influyen en los miembros del sistema familiar, forman parte de las comunicaciones, intercambios, influencias e interacciones que establecen cada miembro del sistema familiar.

A lo anterior es importante agregarle que cada sistema familiar posee una estructura, que se define de acuerdo a los patrones transaccionales, operativos y funcionales de comunicación que se han establecido en el decursar histórico del sistema.

Una familia es competente y eficaz en la medida en que el sistema pueda manejar los cambios, transiciones y crisis, en ocasiones impredecibles, que se producen invariablemente dentro de su estructura y funcionamiento, de manera tal que los miembros del sistema familiar tengan cierta capacidad y habilidad para reestructurar sus conductas y comportamientos, ajustándose a las condiciones cambiantes, respondiendo de forma efectiva y operativa a las nuevas situaciones y demandas que indiscutiblemente se presentan. Esto implicaría que la familia competente, eficaz, adaptable y con capacidad de cambio logre hacer un reajuste a las novedosas situaciones que en ocasiones ponen en peligro la estabilidad de todo el sistema o de algunos miembros.

Es en el núcleo familiar donde nacen, se desarrollan y maduran los sentimientos y donde se realizan los aprendizajes sociales básicos que posibilitan una adaptación de cada miembro a lo concerniente a los cambios sociales. En la familia se debe permitir el crecimiento de sus miembros, se debe estimular el bienestar de los que conforman el sistema de interacciones, desarrollar su potencial y habilidades; sin embargo, a pesar de que la familia debe ser el soporte de la personalidad sana, estructurada y funcional, también puede ser un contexto de sufrimiento, arbitrariedad, opresión, violencia, abuso sexual y distorsión de valores, que imponen un sello que deteriora a cada miembro cuando los cimientos son débiles, desarraigados y desajustados, especialmente, cuando la violencia se convierte en estilo de funcionamiento y todas las pautas de comunicación dentro del sistema familiar tienen como denominador común la violencia entre sus miembros.



El adicto y su familia

Considerando que el crecimiento y desarrollo de cada uno de los miembros de la familia debe ser una prioridad en el sistema familiar, una de las funciones debe estar encaminada a promover cambios que estimulen y posibiliten mayor expansividad de cada miembro del sistema familiar, mayor capacidad de desarrollo, mejores opciones de crecimiento y el surgimiento de alternativas de cambio que tengan un adecuado impacto en todos y cada uno de los miembros.

Al respecto Valdés et. al. (2007) refieren que estos cambios abarcan ajustes en los límites, reglas, alianzas y normas entre los miembros de la familia, los cuales están determinados por factores sociales, mismos que facilitan el ajuste de la familia a su contexto.

Lo anterior induce a pensar que, cuando existen miembros del sistema familiar que fallan en su capacidad educativa, formadora y desarrolladora, comienza de forma indiscutible un proceso de deterioro, de desajuste y de conflictos que generalmente culminan en la aparición de uno o varios miembros del sistema familiar, con problemas y dificultades en su adaptación y en su inserción a las cambiantes condiciones actuales.

Uno de estos problemas es la adición a las drogas, lo cual genera que la interacción del adicto con el sistema familiar, sufra una modificación sustancialmente nociva. En la gran mayoría de las familias la presencia de un miembro adicto produce un estancamiento que ocasiona que se detenga su desarrollo como tal e impida incluso el desarrollo de otros miembros.

Todos los integrantes de la familia en mayor o menor medida entran en la fase de no cambio, en la estática de las adicciones. Se inicia el ciclo de la culpabilidad, el enganche en toda la cantidad de problemas que el adicto vende, el deterioro de los valores esenciales de sustento familiar, sin darse cuenta que los demás miembros del sistema familiar, en su afán de parar la escalada de dificultades de toda índole que está promoviendo el adicto, permiten y admiten que el adicto haga lo que indica su voluntad adicta y resquebrajada, herida, enferma y deteriorada, culminando lo anterior en la coadicción, patología familiar ocasionada por la adicción de uno de sus miembros.

La coadicción se va instaurando de forma progresiva e insidiosa, de manera lenta y gradual, de menos a más y de menos eficaz a más patológico. La coadicción incluye que los miembros del sistema familiar dejen de vivir su vida, funcionen en virtud de lo que piensa dice y hace el adicto, y hacen esfuerzos frenéticos por controlar y posponen absolutamente todos los planes, objetivos y metas.

Es perfectamente válido plantear entonces que adicción y coadicción son dos conceptos indisolublemente unidos en el proceso patológico en el cual, el sistema familiar comienza una fase de desajuste, de inadecuados e inoperantes manejos, de la pérdida de control de los fundamentos que sostenían a la familia y a sus miembros más vulnerables.

Otro acontecimiento visible y sumamente doloroso en el sistema familiar son las manifestaciones de violencia ante tanto descontrol, exceso de ira, culpa, remordimientos, resentimientos, confusiones, sentimientos encontrados entre cada miembro del sistema familiar y las reacciones de agresividad, que incluyen desmedidas conductas violentas y demás acciones de los miembros para enfrentar al adicto y a todas las situaciones y acontecimientos que genera y su variedad de conductas asociadas, desatinadas y también con un tinte violento.

Aparece la violencia como manifestación desgastante y dolorosa, que incluye que se consolide el deterioro de las interacciones familiares. Las relaciones de coadicción, de enganche, de ataduras, de dificultad para lograr el desprendimiento emocional; promueven disforia, molestia, irritabilidad, enojo, agresividad y alto grado de violencia de todo tipo. Incluyen además un elemento adicional que es un estado de ánimo predominantemente bajo, deprimido, con culpas y con remordimiento, por haber defendido la integridad psicológica con agresión, frenesí y violencia, con resultados generalmente desastrosos.



Factores de protección

Los factores de protección se consideran atributos o características individuales y condiciones situacionales y contextuales que inhiben, reducen o atenúan la probabilidad del uso y/o abuso de drogas o la transición a un nivel de implicación con las mismas. Son situaciones o características que aumentan la probabilidad de que un individuo no se inicie en el consumo de drogas.

Los factores protectores, aplicados en programas preventivos del abuso de drogas apoyan o favorecen el pleno desarrollo del individuo; están orientados hacia el logro de estilos de vida saludables que determinan normas, valores y patrones de comportamiento contrarios al consumo de drogas y que a su vez sirven de amortiguadores o moderadores de los factores de riesgo.

El Modelo de Competencia Social propuesto por Trianes, Muñoz y Jiménez (2000) centra su interés en la conceptualización positiva de la salud y la focalización de las competencias existentes más que en el déficit de los individuos. Este modelo expone la necesidad de desarrollar actividades preventivas diseñadas para promover el desarrollo cognitivo, las destrezas conductuales socio-emocionales que proporcionan conductas adaptativas y por ende mayor capacidad para afrontar situaciones de gran estrés, cambiantes y críticas, especialmente en la etapa adolescente.

Bajo este enfoque, la competencia individual para la interacción social actúa como factor de protección frente al consumo de drogas, por lo que resulta de mayor relevancia ir formando en los adolescentes capacidades y habilidades que puedan implementar a la hora de afrontar situaciones de riesgos y estrés. Dicho de forma más concreta, fortalecer la personalidad con un modelo de autoprotección y de competencia y seleccionar núcleos básicos de valores que sean fuente inagotable de una subjetividad reflexiva.

Por ello resulta importante desarrollar en los adolescentes estrategias adecuadas para afrontar el estrés, ya que el estrés ocasiona efectos positivos y negativos en el sistema nervioso que se asocia tanto con el inicio como con el mantenimiento del consumo de drogas. Ward (2008) sostiene que el estrés genera una serie de procesos bioquímicos al nivel del sistema nervioso con efectos placenteros para el individuo, los cuales se mantienen con el uso de drogas; por otra parte, los efectos displacenteros del estrés pueden ser evitados con el consumo de drogas.

Al respecto Sandin (1999), menciona que los recursos de afrontamiento son características personales y sociales en los que se basan las personas cuando tienen frente a situaciones difíciles para ellos. Por su parte autores como La Rue y Herrman (2008) señalan que por lo general los adultos minimizan la presencia de estrés en los adolescentes, ya que parten del supuesto que las situaciones que enfrentan los adolescentes, al no ser verdaderamente propias del mundo adulto, no son verdaderamente difíciles para ellos.

En cuanto a recursos de afrontamiento personales, la resilencia es considerada como el conjunto de atributos y habilidades individuales para enfrentar eficazmente factores que causan estrés y situaciones que implican un riesgo. Este término proviene de la física y se refiere a la capacidad que tiene un material de recobrar su forma original después de haber estado sometido a altas presiones. En las ciencias humanas se comenzó a utilizar esta palabra para designar la facultad que permite a las personas, a pesar de atravesar por situaciones adversas, salir a salvo, pero también transformados y fortalecidos por la experiencia.

Así, la resilencia describe a aquellas personas que a pesar de nacer y vivir en situaciones de alto riesgo, se desarrollan sana y exitosamente. La teoría de resilencia señala que hay factores internos y externos que protegen contra el estrés social, la ansiedad o el abuso. Si una persona cuenta con factores protectores fuertes, podrá resistir las conductas poco saludables que a menudo resultan de elementos de estrés o de riesgo.

Los sujetos resilentes tenían por lo menos una persona, fuera familiar o no, que los aceptó en forma incondicional, independientemente de su temperamento, su aspecto físico o su inteligencia. Los adolescentes necesitan contar con alguien y, al mismo tiempo, sentir que sus esfuerzos, su competencia y su autovaloración son reconocidos y fomentados por una relación cariñosa y estrecha con un adulto, por lo que la aparición o no de la resilencia en las personas depende de la interacción entre éstas y su medio ambiente.

Más allá de los efectos negativos a los que los adolescentes están expuestos, existen factores internos que resultan protectores para los mismos: a) autoestima estable, la cual es la base para que la persona salga adelante; además, es consecuencia del cuidado afectivo, por parte de un adulto; b) introspección, entendida como la habilidad de preguntarse a sí mismo acerca de sus cualidades y decisiones y darse una respuesta honesta. Depende en parte de la solidez de la autoestima que se desarrolla a partir del reconocimiento del otro; c) autonomía, la cual es la capacidad de fijar límites entre uno mismo y el medio con problemas, de mantener distancia emocional y física sin aislarse; d) capacidad de relacionarse y establecer lazos con otras personas, primero, para satisfacer la propia necesidad de afecto, y segundo, para brindárselo a otros; e) humor o capacidad de encontrar lo divertido de la vida, incluso en situaciones problemáticas; y f) capacidad de pensamiento crítico, lo que permite analizar con razón y lógica las causas y responsabilidades de la adversidad que se sufre y se propone modos de enfrentarla y cambiarla (CONADIC, 2008).

En este mismo sentido, el primordial factor de protección lo constituye la familia, la cual es un elemento esencial para que el adolescente pueda hacerle frente de manera efectiva al estrés, ya que por lo general constituye la fuente principal de apoyo social para el mismo. Por lo tanto es importante que los padres tengan en cuenta que las principales situaciones de estrés para los adolescentes se relacionan con la escuela y las relaciones con los compañeros.

Lexcen y Redding (1999) proponen como resultado de sus investigaciones que los jóvenes cuyos padres están más involucrados con ellos y les proporcionan influencias positivas contra las drogas a través de sus conductas y actitudes, son menos proclives al abuso de sustancias. Por ello la atención, vigilancia y supervisión de los padres es el principal factor de protección de las adicciones; uno no de cada cuatro jóvenes que utilizan drogas sienten no haber recibido suficiente supervisión de sus padres (Sánchez y Vales, 2007).

Los padres que no aportan suficiente apoyo emocional o que no desaprueban activamente los problemas de conducta exhibidos por sus hijos pueden tener más adolescentes con problemas de consumo de alcohol y otras drogas (Comission on Substance Abuse Among American’s Adolescent, 1997).

En este mismo sentido, los padres conscientes de esta problemática deben desarrollar habilidades personales de protección en sus hijos que les permitan hacer frente a las situaciones generadores de estrés y las drogas, destacando las siguientes:

Canalización adecuada de emociones. Los seres humanos conocen al mundo a través de la exploración que realizan de su ambiente. En este proceso de conocimiento se descubren sensaciones placenteras y otras desagradables.

Para algunos adolescentes las emociones fuertes y las sensaciones intensas son una fuente de satisfacción muy importante, por lo cual los sucesos o las sensaciones provocan este tipo de experiencias se incorporan a sus vidas. Al respecto, se plantea que una de las causas que influyen en el consumo de drogas y por ende el desarrollo de una adicción, es la curiosidad propia del adolescente, que en su afán de explorar lo desconocido, tanto la influencia del discurso que manejan sus coetáneos como el deseo de adquirir nuevas sensaciones, promueven la experimentación de lo que se siente al consumir drogas y los efectos colaterales de las mismas.

Hay que considerar que en nuestra cultura se enaltecen los efectos placenteros de las drogas tales como distorsión de los sentidos, alteración positiva del estado de ánimo, aumento o disminución de la actividad sexual entre otras.

Los padres deben de estar pendientes de las alternativas que tienen al alcance sus hijos para divertirse, promoviendo actividades que no impliquen costo social, como por ejemplo práctica de deportes, incorporación a algún club social entre otros.

Otro aspecto importante relacionado con el desarrollo emocional se refiere al autocontrol emocional, especialmente en lo que se relaciona con la tolerancia a la frustración. Es importante que los adolescentes aprendan a manejar de manera productiva las emociones negativas y a posponer las gratificaciones relacionadas con su conducta.

Percepción de apoyo social. Para que los adolescentes puedan afrontar de manera efectiva las diversas situaciones de estrés es necesario que se sientan apoyados por los adultos más importantes en su vida, especialmente por los padres y demás familiares. Esto les da fuerza y seguridad para enfrentar los problemas al saber que cuentan con el apoyo y experiencia de los padres.

Autoestima. Una característica importante para la realización de tareas individuales y sociales con éxito es una adecuada valoración de sí mismo. Las personas con baja autoestima tienen dificultades para establecer relaciones con otros; incapacidad para la búsqueda de actividades placenteras, angustia, fracasos escolares, laborales e inadaptación. La autovaloración adecuada permite al sujeto conducirse de una manera gratificante con el mismo y con otros.

Habilidades sociales. Los seres humanos somos seres sociales y necesitamos de la interacción con otras personas para poder sobrevivir. Es necesario que los adolescentes desarrollen habilidades que les permitan relacionarse de manera efectiva tanto con los adultos como con sus coetáneos.

Educar en los valores de respeto, aceptación incondicional de los demás, inculcar la espiritualidad como fuente de enriquecimiento emocional y abrir espacios al diálogo, son formas de orientar hacia la desaparición de errores conceptuales y de juicio que pueden estar presentes en las relaciones interpersonales. Dentro de las habilidades sociales más importantes están el manejo adecuado de la agresión, la habilidad de pedir ayuda y de hacer valer sus decisiones sin dejarse presionar por los demás, es decir, ser asertivo.

Cuanto antes la familia actúe ante un problema de drogas, mejores posibilidades de recuperación, por lo tanto es de esencial importancia conocer las situaciones que pueden ser síntomas del inicio del consumo de drogas y conductas desadaptativas asociadas.

Siempre se cumple en materia de adicciones, que adelantarse a la aparición de un problema de drogas evita consecuencias dramáticas. Según Arango (2007) algunas de las situaciones que más comúnmente se relacionan con el inicio de abuso de drogas son el fracaso escolar desde la enseñanza media, cambios bruscos y dramáticos de conducta en los inicios de la adolescencia, aumento excesivo de necesidades económicas, variedad de conflictos con familiares y amigos, dificultades para establecer relaciones afectivas honestas, desaparición de objetos y dinero en el seno familiar, sensibilidad y susceptibilidad a comentarios intrascendentes, alteraciones en el apetito y el peso corporal, problemas en la autoestima, frecuentes mentiras y tendencia a la manipulación en las relaciones interpersonales, impulsividad y falta de control ante dificultades cotidianas e intolerancia a la frustración.

Con base en lo anterior, a continuación se describen algunas prácticas educativas promotoras del desarrollo sano de la personalidad y protectoras contra las adicciones. Al aplicarlas los padres puedan disminuir el riesgo de que sus hijos adolescentes incurran en el consumo drogas.

Comunicación efectiva con los hijos. Es necesario que los padres desarrollen con los hijos una comunicación clara y precisa, donde se discutan, analicen y generen alternativas de solución a diversos problemas en el marco del respeto y la tolerancia a la diversidad de intereses. Al respecto resulta muy útil y enriquecedor que todos los miembros de la familia participen en diversas actividades lo que les posibilita compartir experiencias y conocerse mutuamente.

Se debe buscar que tantos los padres como los hijos puedan expresar sus agrados y preocupaciones sin preocuparse de ser valorados negativamente como personas. Ambos deben dejar claro que lo que se cuestiona son los actos nunca a la persona misma.



Comprensión. Los padres deben desarrollar la capacidad de escucha. Cualquier relato, anécdota, vivencia o experiencia que exprese el joven debe ser escuchada con mucha atención; es deseable demostrar interés en lo que se narra como evento significativo para todos. Cuando nos sentimos escuchados habitualmente, nos sentimos comprendidos, aceptados y disminuyen las angustias, ansiedades y preocupaciones.

Participe en la educación de su hijo con respecto a las drogas. Dedique y destine tiempo para explicar y razonar en términos muy simples y coloquiales los hechos relevantes sobre las drogas, sus efectos, sus repercusiones y el impacto a corto, mediano y largo plazo. Es un mensaje que debe reforzarse constantemente.

Supervise actividades. Disponga del tiempo necesario para saber con la mayor exactitud posible las actividades que realiza su hijo y con quién las realiza habitualmente, intereses de él y de sus amigos; hasta donde sea posible, verificar los datos que ofrece en las conversaciones diarias y ser un agudo observador de las inquietudes que plantean y reflejan en sus conductas y actitudes.

Muestre interés por sus hijos. Comente, confirme y ratifique a sus hijos que está interesado en todo cuanto le suceda. Disponga del tiempo necesario y suficiente para conversar y dialogar de los asuntos que usted considere puede analizar y discutir con sus hijos, desde problemas, conflictos, situaciones desagradables, desacuerdos, hasta todo lo que incluyen excelentes experiencias y vivencias. Es de vital importancia manifestar cariño, afectos, sentimientos y amor incondicional para producir y hacer que aparezca la sensación de confianza, de certeza, de seguridad y fortaleza, que constituye el factor protector más relevante del desarrollo emocional de nuestros hijos.

Refuerce la autoestima de sus hijos. Es necesario que se enfoque en las habilidades y aspectos positivos de los hijos, haciéndoles notar sus fortalezas y enseñándoles a desarrollar optimismo ante las dificultades.

Aprendiendo. Para poder educar y orientar a los hijos sobre el peligro que representan las drogas, resulta de fundamental importancia que los padres se preocupen por estar informados, enterados y capacitados, de todo lo concerniente al tema de las drogas, las adicciones, los riesgos y las protecciones.

Finalmente, hay que señalar que ante esta problemática es importante generar un estado de alerta y acciones inmediatas enfocadas en la prevención, tanto por parte de la familia como por la sociedad en su conjunto, ya que el consumo de drogas constituye un gravísimo flagelo que lacera y lastima lo más valioso del futuro de la sociedad, que es la niñez y la juventud.

Para la atención a esta problemática se requieren acciones coordinadas de todos los actores sociales en las que la familia juega un papel central en la atención a la misma, por lo que es necesario realizar acciones para que ésta cuente con los mecanismos adecuados y la capacitación real; así desde las primeras etapas de la crianza de los hijos se estará llevando a cabo un trabajo preventivo y de orientación. Por esta razón, los padres de familia, especialmente aquellos con hijos adolescentes, deben estar atentos a su crecimiento y desarrollo, conociendo sus actividades, hábitos, grupos de reunión entre otros aspectos, ya que en la adolescencia se dan muchos cambios físicos y cognitivos, y si el joven se siente acompañado, amado y tomado en cuenta, contará con factores de protección ante el riesgo de consumir drogas

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